LA MUJER DEL RETRATO
AUSCHWITZ
Y aquel nombre , aquel lugar ,
volvía a golpearla de nuevo, sobrecogiéndola.
La última oportunidad que
poseía de poder encontrar una respuesta , por vaga que ésta fuera, se teñía de
negras negativas bajo excusas sin sentido .
Cientos de permisos por
estudios e investigaciones era solicitados cada año, pero sólo unos pocos ,
debidamente justificados , eran concedidos. Dicha autorización , la más deseada
de todos los que de verdad tuvieran el interés de adentrarse en las
instalaciones, comportaba una forma de
acceder completamente diferente a la que
se permitía a los grupos de curiosos o turistas , conllevando , incluso, a que
los cordones de seguridad desaparecieran, que el toque de cada piedra , de cada
madero que servía de sostén a las cochambrosas literas que aún continuaban en
píe, supusiese una sensación de inmensidad interior difícil de descifrar según
los testimonios de quiénes sí tuvieron oportunidad de llevarlo a cabo.
Durante las tres semanas que
Esther permaneció en Polonia tratando de continuar con la última línea de
investigación en la que se estaba apoyando, intentó que le concedieran el
acceso hasta en tres ocasiones , siendo denegadas todas ellas, pero a
diferencia de otras solicitudes rechazadas de las que había oído hablar ,en
algunos casos a través de sus propios protagonistas , en las suyas no se constataban argumentos que pudieran considerarse de peso
suficiente como para resultar convincentes .
No obstante , volvió a intentarlo
una cuarta vez , y ante la recepción de una nueva negativa sin sentido, montó
en cólera y optó por entrevistarse con el Director del museo estatal de Auschwitz-Birkenau, la
entidad que gestiona el campo en la actualidad.
De dicha entrevista, sólo se
sacó en claro una llamada tras voces en grito dadas en un despacho y un desalojo realizado
por seguridad. De la misma , un agente del consulado británico se presentaba en
la habitación del hotel en el que se hospedaba para rogarle que recogiera sus
cosas y ofrecerse , “amablemente “ , a
acompañarla hasta el Aeropuerto donde un
avión la esperaba para regresar a Londres.
Ese es todo el recuerdo que
podía conservar de Polonia en aquella ocasión , más una declaración no oficial
como persona nada grata tanto para el cónsul como para el director del Museo.
Todo lo demás , sólo pertenece
a la historia , a los recuerdos .
Una motivación más personal
que profesional la llevaban hasta allí, y quizás , en su día, fuera esta
oportunidad la que le otorgara el valor que siempre le faltó para afrontar esa
parte de su historia familiar no tan
lejana .
Encerrada en su despacho
tratado de centrarse, apenas anotaba dos o tres datos de los aportados en los
informes que le habían pasado y sentía la imperiosa necesidad de levantarse de
nuevo .
Altamente nerviosa necesitó
salir de allí , pero antes de hacerlo , finalizó una relación con encargos
urgentes que requería para comenzar a trabajar sobre los cuadros, dejándola en
manos de la asistente de Eugénie y
comunicándole que saldría durante un instante pero que no tardaría en regresar.
Con la luz del sol comenzando
a oscurecerse por las nubes que se interponían amenazando lluvia, comenzó a
caminar por las calles sin destino concreto en el que recalar .
Luces de navidad que no
pasaban nada desapercibidas , escaparates decorados para la ocasión llamando la
atención hasta de quiénes resguardaban sus sentimientos , fueran éstos acordes
o no a las fechas que les tocaba vivir, nieve que se convertía en peligroso
hielo incluso para los vehículos que circulaban y frío . Un reinante frío
desagradable y húmedo contra el que
pareciera que no se podía luchar y que
te atravesaba la piel hasta hundirse en la carne del más profano por muy
abrigado que éste estuviese.
Una cafetería oportunamente cruzada en su camino la ayudó a
decidirse por detener su paseo aunque fuera temporalmente , adentrarse en
aquella decoración original de principios de la década de los años veinte , con
sus sillas de madera antigua y panelados
que dividen las estancias en pequeños semiprivados , su barra larga de
madera oscura y las lámparas de techo
tan acordemente vintage . El mejor panorama posible para que le
apeteciera una deliciosa taza de chocolate bien caliente y unas pastas de
acompañamiento. La mejor presentación de aquel momento de absoluto relax que
parecía necesitar para olvidarse del mundo, de los recuerdos y de lo que la
había traído de vuelta a esta ciudad.
La música chillout de
acompañamiento suavemente interpuesta y
una posición privilegiada , le permitieron continuar disfrutando del deambular
del resto de la humanidad , con sus
bolsas y sus prisas , sus conversaciones
a través del móvil , sus discusiones por temas presuntamente familiares
y de la pausa desconsolada de quienes simplemente se sentían solos .
Una ciudad vista a través del
gran ventanal de un local y mostrada por unos actores improvisados , sus
propios habitantes , que no distaba mucho de lo que podría haber encontrado en
cualquier calle de Londres , incluyendo aquello que la cogió desprevenida justo
cuando más concentrada parecía encontrarse en la visión exterior.
·
ADAM: ¿Puedo sentarme?
Antes de contestar , trató de
encajar mentalmente lo que a priori podría parecer una extraña coincidencia .
·
ESTHER: Claro.
Sin evitar mostrar su
extrañeza por tal reencuentro, el Adam que
volvía a presentarse ante ella
tomaba asiento justo en el sofá
situado al otro lado de la mesa y
colocaba su abrigo, portado en el brazo de forma meticulosa, con mucho cuidado
justo a su lado, colocando encima de él el sombrero que protegía parte de su
cabeza y ocultaba en parte sus ojos , aquellos inmensos y siempre penetrantes
ojos azules con los que hablaba sin tener que pronunciar una sola palabra.
·
ESTHER: No creo en las coincidencias .
·
ADAM: Yo tampoco.
La atenta camarera que se
acercó rauda y veloz para anotar su comanda , parecía más dada a la conversación aduladora de
alguien a quién hubiese enfilado desde la barra que en la rapidez por ofrecer
el mejor servicio posible, conducta que fue gratamente correspondida por un
Adam que pese a los años no parecía haber perdido sus seductoras formas de
actuar , escandalosamente imperceptibles
salvo para los que ya se preciaban conocerlo.
Tras solicitarle una copa de
vino blanco , el silencio entre ellos fue el detonante de la compañía.
Sólo la música de fondo ,
servía de banda sonora a lo que de nuevo
volvían a ser aquellos diálogos sin palabras a los que estaban
acostumbrados .
Un corto sorbo del vino solicitado , una degustación discreta en un paladar
exigente y un leve gesto de aprobación fue
todo lo que se necesitó para continuar.
·
ESTHER:
Veo que hay cosas que no cambian por muchos años que pasen.
·
ADAM: ¿En serio creías que habría cambiado ?
Aquella sonrisa maliciosa y
tan suya volvía a hacer acto de presencia . Aquella sonrisa que a ella la
desquiciaba en el fondo porque resultaba el arma perfecta para desarmarle
cualquier intento de enfado serio que pudiera provocarle. Un gesto natural y nada inocente cuyos
efectos le eran de sobra conocidos, y a su provocador propietario también.
·
ESTHER: Yo no tengo por qué creer nada , de
entrada no tendría ni por qué estar aquí.
·
ADAM: ¿La cafetería o la ciudad?
·
ESTHER : Salvo que París haya empequeñecido,
preferiría que me dijeras que andabas por aquí por gestiones a que se confirme
la extraña sensación creencia de que me estás siguiendo.
Un nuevo sorbo del manjar
dorado ligeramente fresco, y aquella sonrisa reaparecía.
·
ADAM: ¿La Pinacothéque?
Aquello resultaba muy extraño,
incluso para una persona acostumbrada a ver determinadas cosas no siempre lógicas.
·
ADAM: Andaba realizando algunas tareas
pendientes y te vi salir , y sí , te he seguido, pero desde que te encontré
hasta aquí.
Ahora era ella la que
necesitaba apurar su taza de chocolate antes de que terminase de enfriarse.
·
ADAM : No me has respondido.
·
ESTHER: Sólo es un trabajo temporal, un encargo.
·
ADAM: - Mostrándose muy sorprendido- ¡Vaya! Y yo
que pensaba que tenían a sus propios catalogadores.
·
ESTHER: ¿Y tú?
·
ADAM: ¿Esquivando el tema? Eso no es propio de
ti .
·
ESTHER: Ni el interrogar algo muy tuyo.
·
ADAM:
Vamos ¿a la defensiva? Por un instante creí que habrías enterrado el
hacha de guerra .
·
ESTHER: He de irme.
Cogiendo su bolso y
levantándose para marcharse , él depuso
su actitud y trató de evitarlo.
·
ADAM: Quédate – al ver que se hubo detenido –
Por favor.
Tras apenas dos segundo de
asimilación , volvía a sentarse dejando
de nuevo el bolso a su lado.
Al verle , su actitud había
cambiado. Se mostraba serio , preocupado , como nunca le había visto desde que
le conociera.
·
ADAM: Tuve que dejarlo .
·
ESTHER: Debió ser algo muy fuerte lo que te
motivase a abandonarlo. Un creativo deja todo de lado pero nunca lo deja para siempre.
·
ADAM: Mi principal motivación se había marchado.
Ya no me quedaba nada .
Recuerdos asociados a esa
ciudad que reaparecían de nuevo , y un sentimiento de culpabilidad que no
apareció jamás , salvo por una
incipiente y profunda tristeza reflejada en sus ojos al mirarla directamente.
·
ESTHER: Entonces ¿ por qué seguir aquí? ¿Por qué
no volviste a casa?
·
ADAM: ¿Y estar lejos de la única posibilidad de
volver a verte? No.
El centro de la conversación ,
así se sentía ella , y aquello no le gustaba . Jamás le gustó ser el centro de
atención de nada ni de nadie .
·
ESTHER: No te conviene continuar por ahí.
·
ADAM: ¿Y por dónde quieres que continúe? Me
dejaste con la palabra en la boca , dando un portazo . Ni una sola respuesta a ninguna de mis llamadas , ni
una contestación a mis mensajes . Como si la tierra se te hubiera tragado.
·
ESTHER: ¿A caso hacía falta una palabra más?
Creí que ya nos lo habíamos dicho todo .
Agarrándose al bolso como
medio de guardar las formas y recordar dónde se encontraba , él se levantó de
su sofá y se acercó al de ella haciéndola que se rodara hacia la pared.
Sentado hacia ella , con uno de los brazos sobre sus piernas y el otro sobre el
espaldar , detrás de su cuello, aquella forma de mirarla no le era desconocida
, ni la sensación que transmitía con
ella.
·
ADAM: Que yo recuerde, aquel día no hablamos
demasiado – se acercó discretamente a su
rostro vocalizando muy lentamente mientras ella le observaba con detenimiento
el movimiento de sus labios – salvo que tus suplicas en susurros mencionando mi
nombre para que me detuviera pudiese considerarse parte de una conversación.
Reaccionando bruscamente trató
de levantarse , pero la mano libre de él , pasó a posarse bruscamente de su
muslo en el de ella impidiéndole levantarse.
·
ESTHER: ¿Qué es lo que quieres de mí Adam?
·
ADAM: Lo mismo que tú, ni más ni menos.
·
ESTHER: Yo hace mucho que no quiero nada .
·
ADAM: Yo
diría que es justo al contrario, que siempre lo has querido todo y no lo has
obtenido porque te da miedo saber qué
hay después.
·
ESTHER: Sigues sin contestarme .
Acercándose a ella aún más , oscilaba su cabeza hacia el
resto de la sala de vez en cuando , casi rozándola cuando volvía a ella.
·
ADAM: Sé que la Pinacothéque te ha hecho un
encargo muy especial , algo que ya has hecho antes , sólo que en
este caso cobra especial relevancia , digamos, personal dado a lo que está vinculada.
La tensión en su cuerpo se
hacía patente por mucho que tratase de disimular, mientras su mano relajó la
fuerza del agarre continuando apoyada en su muslo. Sintiéndose de nuevo
observada , prefirió continuar fijando su mirada hacia el resto de la sala.
·
ADAM: Sé lo qué estás pensando .
·
ESTHER: ¿Ah sí?
·
ADAM: Te preguntas cómo lo sé, cómo puedo saber
hasta los detalles más nimios de un encargo del que incluso a ti se te ordenó
guardar en secreto. Siempre me he movido muy bien en ese ambiente . Este es mi
mundo y aquí todos los hilos acaban recalando en mis manos , algunos los cojo y
no los suelto jamás , a otros nunca me hubiera gustado dejarlos escaparse de
entre mis dedos.
Su mano comenzó a deslizarse
muy lentamente por encima de la ropa recorriendo territorios que ya conocía
bien , generándole sensaciones que ella no había olvidado, y con cada nuevo
milímetro de piel abarcado, con cada palabras nuevamente pronunciada y en la que pudo sentir su cálido aliento , el
escalofrío continuo más placentero se hacía con ella.
Recuerdos de otra época . Piel con memoria tras las huellas dejadas en lo más profundo y
que ahora volvían a resurgir. Reacciones biológicas que la posicionaban en aquel entonces , en
aquel loft que le servía tanto de hogar como de taller, rodeados de sus obras
terminadas nunca expuestas y de las que
aún quedaban por concluir. Rememoranzas
de como su propio cuerpo se convertía en su mejor obra aún por descubrir ,
cuyas manos pulían continuamente mientras se recreaba mentalmente en que era exclusivamente suya .
Un solo gesto la llevó de
vuelta a aquel suelo de madera cubierto por las telas que recubrían instantes
antes las obras y que , en un arrebato de locura, terminaron en el suelo, con
las partículas de polvo como la atmósfera de ese otro mundo al que se
transportaban cada vez que estaban juntos.
Sí, fue suya , siempre tuvo la
sensación de serlo , de no poder ser de nadie más, ni de ella misma, y sin
embargo ,no quiso jamás dejar de serlo y
dejar de sentirse así.
Y mientras todo aquello la
transportaba , su voz la retrotraía a esta realidad.
·
ADAM: Los dos tenemos el mismo interés . Tú
tienes que encontrar el eslabón que falta para cerrar la cadena , yo al que porta ese eslabón y tiene la llave
que la cierra. Déjame ayudarte.
Cuando su mano varió la
dirección tratando de cubrir su inmersión por la parte interna del muslo, ella
le giró la cabeza.
·
ESTHER: Memoria selectiva la tuya. Solicitas
ayudarme cuando en realidad eres tú el que me necesitas . – Se acercó aún mucho
más a sus labios – Cuando yo te necesité y necesité de esos contactos de los
que hablas , simplemente desapareciste . No. Esta vez tendrás que arreglártelas
solo.
Con una de sus manos retiró la de él bruscamente levantándose de
la mesa tras coger el bolso, saliendo del local sin mirar atrás.
La noche , en ciernes , iba
variando el aspecto de la ciudad a la que se enfrentaban todos los que
habitaban en ella . El invierno parecía otorgar otros colores , otros olores
más dulzones si cabe que el resto del año.
Una ciudad que ofrecía fotos
vivas de una evolución tranquila que pareciera involución, de un mundo aparte
en una de las capitales de Europa que
más oportunidades ofrecían a los fotógrafos adoradores de los paisajes
urbanos.
Una noche en la que las horas
parecían acumularse para todos , y en donde , aunque no fuese lo habitual, en
la Pinacothéque quedaba alguien trabajando.
Eugénie salió de su
despacho tras casi terminar su trabajo
después de confirmar que Christopher continuaba aún en el suyo , en dirección
al mismo.
Al salir del ascensor vio que
de su puerta salía luz emitida desde su interior . Al encontrarse frente a ella
comprobó que se encontraba entreabierta. Un leve empujón bastó para ver que él
no se encontraba sentado en su mesa , aun así decidió tocar dos veces y pasar.
Mientras se acercaba a la mesa
, pudo comprobar que entre todas las montañas de papeles que en ella se
encontraban dispersos , unos documentos más viejos destacaban por encima de los
demás , unas especie de registros con varias columnas y muchas filas llenos de
nombres y números .
Tras atreverse a retirar
ligeramente un papel que le quitaba visibilidad , comprobó que en la columna
situada más cerca de la unión del libro constaban una serie de números
ordenados de menor a mayor , como si fuese un número de orden o de ocupación .
A continuación se podían leer nombres ,
algunos incluso finiquitados con especie
de motes o sobrenombres entrecomillados como para facilitar, posiblemente , su
identificación.
Una tercera columna parecía estar destinada a profesiones , y la cuarta , la situada en
el lado exterior del libro , le llamó poderosamente la intención. Su nominación
constaba de una letra en mayúsculas separada por un guion de una cifra numérica
que oscilaba según la fila y que nunca se repetía.
Mientras , concentrada,
trataba de saber qué podía ser, una mano rodeó su cintura y un cuerpo se estrechó contra su espalda,
mientras su cabeza sobresalía por encima
de su hombro derecho comprobando a lo que prestaba atención.
·
CHRISTOPHER: ¿Cuántas veces tengo que decirte
que no me gusta que curioseen en mi mesa?
·
EUGÉNIE:
La puerta estaba entreabierta.
·
CHRISTOPHER: ¿Y eso justifica que andes
curioseando?
Christopher la estrechaba aún
más si cabe apretando su bajo vientre
con la mano atrayéndola hacia él .
·
EUGÉNIE: No, supongo que no , pero…
Un apretón mucho más
contundente la cogió por sorpresa dejándola
casi sin aire .
·
CHRISTOPHER: Excusas . Sabes lo poco que me
agradan y siempre te empeñas en interponerlas .
Sólo cuando la soltó, pudo relajarse un poco más y recuperar la compostura .
·
CHRISTOPHER: Te hacía en casa a estas horas.
Él se sentó y colocó algunos
papeles encima del libro de registro.
·
EUGÉNIE: Tuve que salir y regresé más tarde de
lo que tenía previsto así que el trabajo se me acumuló.
·
CHRISTOPHER: ¿Y bien? ¿Por qué supongo que no
habrás venido sólo para darme tu memoria del día o despedirte ?
Colocó el papel donde
constaban las exigencias de Esther para comenzar a trabajar con las obras
delante suya . Tras reconocer el formulario, él lo volvió a poner dónde mismo
lo hubo cogido y espero a la explicación complementaria con gesto de no
entender dónde radicaba el problema.
·
EUGÉNIE: ¿De verdad estás dispuesto a concedérselo?
·
CHRISTOPHER:
El escáner de grafeno evitará el deterioro de los cuadros , así no tendrá
que tomar muestras. Procura cursar la
solicitud al laboratorio mañana a primera hora.
·
EUGÉNIE:
¿En serio ?
·
CHRISTOPHER: ¿Para qué se supone que la hemos contratado? Si
no le damos los medios y se los facilitamos no habrá trabajo que realizar y la
colección deberá permanecer por la eternidad resguardada en la cámara.
·
EUGÉNIE: Bastaría con localizar el cuadro que
falta , y que la catalogación se realizase por los cauces habituales.
·
CHRISTOPHER: Vamos Eugénie , hablamos de Neuman.
·
EUGÉNIE: Precisamente . ¿Qué crees que pensará y
dirá él cuando sepa que no sólo la has contratado de forma insistente sino que
además le allanas el camino?
Volviéndose a poner de pie ,
rodeó de nuevo la mesa mientras ella daba apenas dos pasos arás.
·
CHISTOPHER: Para tu información, él es quién lo
ha mandatado, y por mi parte no hay nada más que añadir – se acercó a ella
amenazadoramente - ¿quieres decírselo tú
o prefieres fiarte de lo que yo te diga?
Con ambas manos , fue recolocándole
la blusa bien.
·
CHRISTOPHER: Ahora te irás a casa como una buena
chica , te preparás un relajante baño caliente
y te meterás en la cama tú solita , para que mañana por la mañana vengas
despejada y curses de forma inmediata la
solicitud al laboratorio , así como el resto de pruebas , esperando me des una
respuesta satisfactoria antes del mediodía .
Además ,
deberás encargarte personalmente de gestionar su próxima visita a Polonia ,
haciendo lo
que haga falta para convencer al gestor del Museo de Auschwitz-Birkenau de que
le interesa mucho facilitarle el libre acceso al mismo ¿Lo has entendido?
Ella sintió como le agarraba
fuertemente de las solapas de la camisa, acercándola a él.
·
CHRISTOPHER: Y cuando digo lo que haga falta ,
es lo que haga falta .
Tras soltarla y recoger la
hoja , se dispuso a darse la vuelta para
marcharse cuando él la retuvo de forma involuntaria.
·
CHRISTOPHER: Por cierto – ella volvió la cabeza –
espero que esto no vuelva a repetirse.
Sus ojos se dirigieron a una
de sus manos apoyada encima de los papeles que ocultaban el registro.
Su tono no mentía . Su
advertencia no eran en falso, jamás lo era , pero nunca tuvo la suficiente
capacidad para saber de lo qué podía ser capaz, acrecentando un miedo que sólo él
era capaz de transmitirle.
Ana Patricia Cruz López
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