domingo, 20 de noviembre de 2016

LA MUJER DEL RETRATO . .AUSCHWITZ. ( Registrado en SAFE CREATIVE OCTUBRE 2016)

LA MUJER DEL RETRATO
AUSCHWITZ

Y aquel nombre , aquel lugar , volvía a golpearla de nuevo,  sobrecogiéndola.

La última oportunidad que poseía de poder encontrar una respuesta , por vaga que ésta fuera, se teñía de negras negativas bajo excusas sin sentido .
Cientos de permisos por estudios e investigaciones era solicitados cada año, pero sólo unos pocos , debidamente justificados , eran concedidos. Dicha autorización , la más deseada de todos los que de verdad tuvieran el interés de adentrarse en las instalaciones,  comportaba una forma de acceder  completamente diferente a la que se permitía a los grupos de curiosos o turistas , conllevando , incluso, a que los cordones de seguridad desaparecieran, que el toque de cada piedra , de cada madero que servía de sostén a las cochambrosas literas que aún continuaban en píe, supusiese una sensación de inmensidad interior difícil de descifrar según los testimonios de quiénes sí tuvieron oportunidad de llevarlo a cabo.

Durante las tres semanas que Esther permaneció  en Polonia  tratando de continuar con la última línea de investigación en la que se estaba apoyando, intentó que le concedieran el acceso hasta en tres ocasiones , siendo denegadas todas ellas, pero a diferencia de otras solicitudes rechazadas de las que había oído hablar ,en algunos casos a través de sus propios protagonistas ,  en las suyas no se constataban  argumentos que pudieran considerarse de peso suficiente como para resultar convincentes .  No obstante ,  volvió a intentarlo una cuarta vez , y ante la recepción de una nueva negativa sin sentido, montó en cólera y optó por entrevistarse con el Director del  museo estatal de Auschwitz-Birkenau, la entidad que gestiona el campo en la actualidad.

De dicha entrevista, sólo se sacó  en claro una llamada  tras voces en grito  dadas en un despacho y un desalojo realizado por seguridad. De la misma , un agente del consulado británico se presentaba en la habitación del hotel en el que se hospedaba para rogarle que recogiera sus cosas  y ofrecerse , “amablemente “ , a acompañarla  hasta el Aeropuerto donde un avión la esperaba para regresar a Londres.


Ese es todo el recuerdo que podía conservar de Polonia en aquella ocasión , más una declaración no oficial como persona nada grata tanto para el cónsul como para el director del Museo.
Todo lo demás , sólo pertenece a la historia , a los recuerdos . 

Una motivación más personal que profesional la llevaban hasta allí, y quizás , en su día, fuera esta oportunidad la que le otorgara el valor que siempre le faltó para afrontar esa parte de su  historia familiar no tan lejana .

Encerrada en su despacho tratado de centrarse, apenas anotaba dos o tres datos de los aportados en los informes que le habían pasado y sentía la imperiosa necesidad de levantarse de nuevo . 
Altamente nerviosa necesitó salir de allí , pero antes de hacerlo , finalizó una relación con encargos urgentes que requería para comenzar a trabajar sobre los cuadros, dejándola en manos de la asistente de Eugénie  y comunicándole que saldría durante un instante pero que no tardaría en regresar.

Con la luz del sol comenzando a oscurecerse por las nubes que se interponían amenazando lluvia, comenzó a caminar por las calles sin destino concreto en el que recalar .
Luces de navidad que no pasaban nada desapercibidas , escaparates decorados para la ocasión llamando la atención hasta de quiénes resguardaban sus sentimientos , fueran éstos acordes o no a las fechas que les tocaba vivir, nieve que se convertía en peligroso hielo incluso para los vehículos que circulaban y frío . Un reinante frío desagradable  y húmedo contra el que pareciera que no se podía luchar y que  te atravesaba la piel hasta hundirse en la carne del más profano por muy abrigado que éste estuviese.

Una cafetería  oportunamente cruzada en su camino la ayudó a decidirse por detener su paseo aunque fuera temporalmente , adentrarse en aquella decoración original de principios de la década de los años veinte , con sus sillas de madera antigua y panelados  que dividen las estancias en pequeños semiprivados , su barra larga de madera oscura y las lámparas de techo  tan acordemente vintage . El mejor panorama posible para que le apeteciera una deliciosa taza de chocolate bien caliente y unas pastas de acompañamiento. La mejor presentación de aquel momento de absoluto relax que parecía necesitar para olvidarse del mundo, de los recuerdos y de lo que la había traído de vuelta  a esta ciudad.

La música chillout de acompañamiento suavemente interpuesta  y una posición privilegiada , le permitieron continuar disfrutando del deambular del resto de la humanidad  , con sus bolsas y sus prisas , sus conversaciones  a través del móvil , sus discusiones por temas presuntamente familiares y de la pausa desconsolada de quienes simplemente se sentían solos .

Una ciudad vista a través del gran ventanal de un local y mostrada por unos actores improvisados , sus propios habitantes , que no distaba mucho de lo que podría haber encontrado en cualquier calle de Londres , incluyendo aquello que la cogió desprevenida justo cuando más concentrada parecía encontrarse en la visión exterior.

·        ADAM:  ¿Puedo sentarme?

Antes de contestar , trató de encajar mentalmente lo que a priori podría parecer una extraña coincidencia .

·        ESTHER: Claro.

Sin evitar mostrar su extrañeza por tal reencuentro, el Adam que  volvía a presentarse ante ella  tomaba asiento justo en el sofá  situado al otro lado de la mesa  y colocaba su abrigo, portado en el brazo de forma meticulosa, con mucho cuidado justo a su lado, colocando encima de él el sombrero que protegía parte de su cabeza y ocultaba en parte sus ojos , aquellos inmensos y siempre penetrantes ojos azules con los que hablaba sin tener que pronunciar una sola palabra.

·        ESTHER: No creo en las coincidencias .
·        ADAM: Yo tampoco.

La atenta camarera que se acercó rauda y veloz para anotar su comanda , parecía  más dada a la conversación aduladora de alguien a quién hubiese enfilado desde la barra que en la rapidez por ofrecer el mejor servicio posible, conducta que fue gratamente correspondida por un Adam que pese a los años no parecía haber perdido sus seductoras formas de actuar , escandalosamente  imperceptibles salvo para los que ya se preciaban conocerlo.

Tras solicitarle una copa de vino blanco , el silencio entre ellos fue el detonante de la compañía.
Sólo la música de fondo , servía de banda sonora a lo que de nuevo  volvían a ser aquellos diálogos sin palabras a los que estaban acostumbrados  .

Un corto sorbo del vino solicitado  , una degustación discreta en un paladar exigente y un leve gesto de aprobación  fue todo lo que se necesitó para continuar.

·        ESTHER:  Veo que hay cosas que no cambian por muchos años que pasen.
·        ADAM: ¿En serio creías que habría cambiado ?

Aquella sonrisa maliciosa y tan suya volvía a hacer acto de presencia . Aquella sonrisa que a ella la desquiciaba en el fondo porque resultaba el arma perfecta para desarmarle cualquier intento de enfado serio que pudiera provocarle.  Un gesto natural y nada inocente cuyos efectos le eran de sobra conocidos, y a su provocador propietario también.

·        ESTHER: Yo no tengo por qué creer nada , de entrada no tendría ni por qué estar aquí.
·        ADAM: ¿La cafetería o la ciudad?
·        ESTHER : Salvo que París haya empequeñecido, preferiría que me dijeras que andabas por aquí por gestiones a que se confirme la extraña sensación creencia de que me estás siguiendo.

Un nuevo sorbo del manjar dorado ligeramente fresco, y aquella sonrisa reaparecía.

·        ADAM: ¿La Pinacothéque?

Aquello resultaba muy extraño, incluso para una persona acostumbrada a ver determinadas cosas  no siempre lógicas.

·        ADAM: Andaba realizando algunas tareas pendientes y te vi salir , y sí , te he seguido, pero desde que te encontré hasta aquí.

Ahora era ella la que necesitaba apurar su taza de chocolate antes de que terminase de enfriarse.  

·        ADAM : No me has respondido.
·        ESTHER: Sólo es un trabajo temporal, un encargo.
·        ADAM: - Mostrándose muy sorprendido- ¡Vaya! Y yo que pensaba que tenían a sus propios catalogadores.
·        ESTHER: ¿Y tú?
·        ADAM: ¿Esquivando el tema? Eso no es propio de ti .
·        ESTHER: Ni el interrogar algo muy tuyo.
·        ADAM:  Vamos ¿a la defensiva? Por un instante creí que habrías enterrado el hacha de guerra .
·        ESTHER: He de irme.

Cogiendo su bolso y levantándose para marcharse , él  depuso su actitud y trató de evitarlo.

·        ADAM: Quédate – al ver que se hubo detenido – Por favor.

Tras apenas dos segundo de asimilación , volvía a sentarse  dejando de nuevo el bolso a su lado.

Al verle , su actitud había cambiado. Se mostraba serio , preocupado , como nunca le había visto desde que le conociera.

·        ADAM: Tuve que dejarlo .
·        ESTHER: Debió ser algo muy fuerte lo que te motivase a abandonarlo. Un creativo deja todo de lado  pero nunca lo deja para siempre.
·        ADAM: Mi principal motivación se había marchado. Ya no me quedaba nada .

Recuerdos asociados a esa ciudad que reaparecían de nuevo , y un sentimiento de culpabilidad que no apareció jamás , salvo  por una incipiente y profunda tristeza reflejada en sus ojos al mirarla directamente.

·        ESTHER: Entonces ¿ por qué seguir aquí? ¿Por qué no volviste a casa?
·        ADAM: ¿Y estar lejos de la única posibilidad de volver a verte? No.

El centro de la conversación , así se sentía ella , y aquello no le gustaba . Jamás le gustó ser el centro de atención de nada ni de nadie .

·        ESTHER: No te conviene continuar por ahí.
·        ADAM: ¿Y por dónde quieres que continúe? Me dejaste con la palabra en la boca , dando un portazo . Ni una  sola respuesta a ninguna de mis llamadas , ni una contestación a mis mensajes . Como si la tierra se te hubiera tragado.
·        ESTHER: ¿A caso hacía falta una palabra más? Creí que ya nos lo habíamos dicho todo .

Agarrándose al bolso como medio de guardar las formas y recordar dónde se encontraba , él se levantó de su sofá y se acercó al de ella   haciéndola que se rodara hacia la pared. Sentado hacia ella , con uno de los brazos sobre sus piernas y el otro sobre el espaldar , detrás de su cuello, aquella forma de mirarla no le era desconocida , ni la sensación que transmitía  con ella.

·        ADAM: Que yo recuerde, aquel día no hablamos demasiado  – se acercó discretamente a su rostro vocalizando muy lentamente mientras ella le observaba con detenimiento el movimiento de sus labios – salvo que tus suplicas en susurros mencionando mi nombre para que me detuviera pudiese considerarse parte de una conversación.

Reaccionando bruscamente trató de levantarse , pero la mano libre de él , pasó a posarse bruscamente de su muslo en el de ella impidiéndole levantarse.

·        ESTHER: ¿Qué es lo que quieres de mí Adam?
·        ADAM: Lo mismo que tú, ni más ni menos.  
·        ESTHER: Yo hace mucho que no quiero nada .
·        ADAM:  Yo diría que es justo al contrario, que siempre lo has querido todo y no lo has obtenido  porque te da miedo saber qué hay después.
·        ESTHER: Sigues sin contestarme .

Acercándose a  ella aún más , oscilaba su cabeza hacia el resto de la sala de vez en cuando , casi rozándola cuando volvía a ella.

·        ADAM: Sé que la Pinacothéque te ha hecho un encargo  muy especial ,  algo que ya has hecho antes , sólo que en este caso cobra especial relevancia , digamos, personal dado  a lo que está vinculada.

La tensión en su cuerpo se hacía patente por mucho que tratase de disimular, mientras su mano relajó la fuerza del agarre continuando apoyada en su muslo. Sintiéndose de nuevo observada , prefirió continuar fijando su mirada hacia el resto de la sala.

·        ADAM: Sé lo qué estás pensando .
·        ESTHER: ¿Ah sí?
·        ADAM: Te preguntas cómo lo sé, cómo puedo saber hasta los detalles más nimios de un encargo del que incluso a ti se te ordenó guardar en secreto. Siempre me he movido muy bien en ese ambiente . Este es mi mundo y aquí todos los hilos acaban recalando en mis manos , algunos los cojo y no los suelto jamás , a otros nunca me hubiera gustado dejarlos escaparse de entre mis dedos.

Su mano comenzó a deslizarse muy lentamente por encima de la ropa recorriendo territorios que ya conocía bien , generándole sensaciones que ella no había olvidado, y con cada nuevo milímetro de piel abarcado, con cada palabras nuevamente pronunciada  y en la que pudo sentir su cálido aliento , el escalofrío continuo más placentero se hacía con ella.

Recuerdos  de otra época . Piel con memoria  tras las huellas dejadas en lo más profundo y que ahora volvían a resurgir. Reacciones biológicas  que la posicionaban en aquel entonces , en aquel loft que le servía tanto de hogar como de taller, rodeados de sus obras terminadas nunca expuestas  y de las que aún quedaban por concluir.  Rememoranzas de como su propio cuerpo se convertía en su mejor obra aún por descubrir , cuyas manos pulían continuamente mientras se recreaba mentalmente en que  era exclusivamente suya .

Un solo gesto la llevó de vuelta a aquel suelo de madera cubierto por las telas que recubrían instantes antes las obras y que , en un arrebato de locura, terminaron en el suelo, con las partículas de polvo como la atmósfera de ese otro mundo al que se transportaban cada vez que estaban juntos.

Sí, fue suya , siempre tuvo la sensación de serlo , de no poder ser de nadie más, ni de ella misma, y sin embargo ,no  quiso jamás dejar de serlo y dejar de sentirse así.

Y mientras todo aquello la transportaba , su voz la retrotraía a esta realidad.

·        ADAM: Los dos tenemos el mismo interés . Tú tienes que encontrar el eslabón que falta para cerrar la cadena ,  yo al que porta ese eslabón y tiene la llave que la cierra. Déjame ayudarte.

Cuando su mano varió la dirección tratando de cubrir su inmersión por la parte interna del muslo, ella le giró la cabeza.

·        ESTHER: Memoria selectiva la tuya. Solicitas ayudarme cuando en realidad eres tú el que me necesitas . – Se acercó aún mucho más a sus labios – Cuando yo te necesité y necesité de esos contactos de los que hablas , simplemente desapareciste . No. Esta vez tendrás que arreglártelas solo.

Con una de sus manos  retiró la de él bruscamente levantándose de la mesa tras coger el bolso, saliendo del local sin mirar atrás.

La noche , en ciernes , iba variando el aspecto de la ciudad a la que se enfrentaban todos los que habitaban en ella . El invierno parecía otorgar otros colores , otros olores más dulzones si cabe que el resto del año.
Una ciudad que ofrecía fotos vivas de una evolución tranquila que pareciera involución, de un mundo aparte en una de las capitales de Europa que  más oportunidades ofrecían a los fotógrafos adoradores de los paisajes urbanos.

Una noche en la que las horas parecían acumularse para todos , y en donde , aunque no fuese lo habitual, en la Pinacothéque quedaba alguien trabajando.

Eugénie salió de su despacho  tras casi terminar su trabajo después de confirmar que Christopher continuaba aún en el suyo , en dirección al mismo.
Al salir del ascensor vio que de su puerta salía luz emitida desde su interior . Al encontrarse frente a ella comprobó que se encontraba entreabierta. Un leve empujón bastó para ver que él no se encontraba sentado en su mesa , aun así decidió tocar dos veces  y pasar.

Mientras se acercaba a la mesa , pudo comprobar que entre todas las montañas de papeles que en ella se encontraban dispersos , unos documentos más viejos destacaban por encima de los demás , unas especie de registros con varias columnas y muchas filas llenos de nombres y números .
Tras atreverse a retirar ligeramente un papel que le quitaba visibilidad , comprobó que en la columna situada más cerca de la unión del libro constaban una serie de números ordenados de menor a mayor , como si fuese un número de orden o de ocupación . A continuación  se podían leer nombres , algunos incluso  finiquitados con especie de motes o sobrenombres entrecomillados como para facilitar, posiblemente , su identificación.
Una tercera columna  parecía estar destinada  a profesiones , y la cuarta , la situada en el lado exterior del libro , le llamó poderosamente la intención. Su nominación constaba de una letra en mayúsculas separada por un guion de una cifra numérica que oscilaba  según la  fila y que nunca se repetía.

Mientras , concentrada, trataba de saber qué podía ser, una mano rodeó su cintura  y un cuerpo se estrechó contra su espalda, mientras  su cabeza sobresalía por encima de su hombro derecho  comprobando  a lo que prestaba atención.

·        CHRISTOPHER: ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me gusta que curioseen en mi mesa?
·        EUGÉNIE:  La puerta estaba entreabierta.
·        CHRISTOPHER: ¿Y eso justifica que andes curioseando?

Christopher la estrechaba aún más si cabe apretando su  bajo vientre con la mano atrayéndola hacia él .

·        EUGÉNIE: No, supongo que no , pero…

Un apretón mucho más contundente  la cogió por sorpresa dejándola casi sin aire .

·        CHRISTOPHER: Excusas . Sabes lo poco que me agradan y siempre te empeñas en interponerlas .

Sólo cuando la soltó,  pudo relajarse un poco más y recuperar  la compostura .

·        CHRISTOPHER: Te hacía en casa a estas horas.

Él se sentó y colocó algunos papeles encima del libro de registro.

·        EUGÉNIE: Tuve que salir y regresé más tarde de lo que tenía previsto así que el trabajo se me acumuló.
·        CHRISTOPHER: ¿Y bien? ¿Por qué supongo que no habrás venido sólo para darme tu memoria del día  o despedirte ?

Colocó el papel donde constaban las exigencias de Esther para comenzar a trabajar con las obras delante suya . Tras reconocer el formulario, él lo volvió a poner dónde mismo lo hubo cogido y espero a la explicación complementaria con gesto de no entender dónde radicaba el problema.

·        EUGÉNIE: ¿De verdad estás dispuesto a concedérselo?
·        CHRISTOPHER:  El escáner de grafeno evitará el deterioro de los cuadros , así no tendrá que tomar muestras.  Procura cursar la solicitud al laboratorio mañana a primera hora.
·        EUGÉNIE:  ¿En serio ?
·         CHRISTOPHER:  ¿Para qué se supone que la hemos contratado? Si no le damos los medios y se los facilitamos no habrá trabajo que realizar y la colección deberá permanecer por la eternidad resguardada en la cámara.
·        EUGÉNIE: Bastaría con localizar el cuadro que falta , y que la catalogación se realizase por los cauces habituales.
·        CHRISTOPHER: Vamos Eugénie , hablamos de Neuman.
·        EUGÉNIE: Precisamente . ¿Qué crees que pensará y dirá él cuando sepa que no sólo la has contratado de forma insistente sino que además  le allanas el camino?

Volviéndose a poner de pie , rodeó de nuevo la mesa mientras ella daba apenas dos pasos arás.

·        CHISTOPHER: Para tu información, él es quién lo ha mandatado, y por mi parte no hay nada más que añadir – se acercó a ella amenazadoramente  - ¿quieres decírselo tú o prefieres fiarte de lo que yo te diga?

Con ambas manos , fue recolocándole la blusa bien.

·        CHRISTOPHER: Ahora te irás a casa como una buena chica , te preparás un relajante baño caliente  y te meterás en la cama tú solita , para que mañana por la mañana vengas despejada  y curses de forma inmediata la solicitud al laboratorio , así como el resto de pruebas , esperando me des una respuesta satisfactoria antes del mediodía .
Además , deberás encargarte personalmente de gestionar su próxima visita a Polonia ,
haciendo lo que haga falta para convencer al gestor del Museo de Auschwitz-Birkenau de que le interesa mucho facilitarle el libre acceso al mismo  ¿Lo has entendido?

Ella sintió como le agarraba fuertemente de las solapas de la camisa, acercándola a él.

·        CHRISTOPHER: Y cuando digo lo que haga falta , es lo que haga falta .

Tras soltarla y recoger la hoja  , se dispuso a darse la vuelta para marcharse cuando él la retuvo de forma involuntaria.

·        CHRISTOPHER: Por cierto – ella volvió la cabeza – espero que esto no vuelva a repetirse.

Sus ojos se dirigieron a una de sus manos apoyada encima de los papeles que ocultaban el registro.

Su tono no mentía . Su advertencia no eran en falso, jamás lo era , pero nunca tuvo la suficiente capacidad para saber de lo qué podía ser capaz, acrecentando un miedo que sólo él era capaz de transmitirle.  

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados


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