Y yo , ilusa, vivía pensando que por fín todo había
cambiado,
que la vida había decidido darme una oportunidad ,
algo a lo que aferrarme
que mereciera la pena
por una vez.
Debí volverme exigente en serio,
no debí permitir que nada de esto pasara ,
debí ser lo suficientemente fuerte como para resistirme
y seguir adelante tal y como ya estaba ,
y , posiblemente ,
todo hubiera seguido igual.
Engañada por esa
venda invisible que tan hábilmente pusiste ,
adentrándote en mí justo por dónde más duele ,
ganaste un corazón inmerecido
al que no quisiste ni supiste cuidar ,
respetar ,
amar.
Envuelto en tu maravilloso mundo de excusas ,
oportunas y hábiles para todas las circunstancias ,
yo siempre me sentí ese cero a la izquierda que siempre odié,
cuando nunca se trató de lo que hiciera
si no de lo que tan sólo requería,
y era sentirme un poco más tuya ,
un poco más yo .
Buscando una libertad que me hacía falta ,
buscando ser yo misma por una vez ,
volví a errar en los brazos equivocados
entregándome como siempre
para recibir lo mismo por desgracia ,
como si el destino mío estuviera fijado
para continuar adorada por mi fiel compañera ,
la soledad perpetua,
la única que sí me otorga lo que quiero ,
atención a tiempo completo ,
por irónico que parezca.
Y una y otra vez ,
mirando a través del cristal de aquella maldita ventana,
continúo preguntándome cuán difícil es complacerme
bajo mi mando de casi inexistente exigencia ,
en donde mis brazos , ahora rotos ,
reciben siempre a manos llenas
mientras no encuentran un sostén cuando les hace falta.
Y una y otra vez ,
admirando lo que mis ojos ven al otro lado de aquel
cristal,
me pregunto si realmente
merece la pena seguir esperando
por aquel que realmente quiera tenerme a su lado ,
por aquel que realmente me escuche cuando hablo ,
por aquel que entienda mis palabras ,
por aquel capaz de ponerse en mi lugar alguna vez ,
por aquel con el que sentirme preferente aunque sólo sea
un instante .
Pero por más que suplico a esa imagen del otro lado de la
ventana,
la respuesta sigue siendo el frío silencio ,
y al abrigo de la incógnita permanente ,
voy desgastando mis esperanzas ,
encontrando apoyo , como siempre ,
en quién menos se
espera .
Un apoyo casi fantasma
con cuerpo real y belleza extrema ,
que desconociendo , en la realidad , toda la historia ,
en mi cabeza jamás pregunta
porque se la sabe de memoria .
Aquel que nunca ha dejado de estar pero del que no puedo
hablar
porque la lógica impone el silencio ,
y al igual que los niños solos buscan refugio en sus
amigos imaginarios,
yo, sola y tratando de conservar la cordura ,
vuelvo a recalar en sus brazos reales y nada cercanos
en busca de un consuelo silenciado
y miradas cómplices capaces de decirlo todo.
Locura voluntaria y hermosamente racional
de quién busca apoyo dónde cree que sólo podrá
encontrarlo,
en quién sabe que, como buena persona, podrá confiarle su
alma ,
porque ya es suya ,
en quién las palabras permanecen y no son vanos
recuerdos,
y los secretos son verdades absolutas ,
y los errores simples sucesos.
Sí, aún continúo bajo las mismas paredes ,
asomada en la misma ventana
tratando de imbuirme de lo que veo a través de ella ,
de esos aires de libertad absoluta que tú me inspiras ,
de creencias en finales posibles y felicidad extrema ,
en la positividad como arma ante todo
y en la creencia de que los miedos propios son los que
nos impiden evolucionar .
Asomada , observando a través del cristal ,
con tus manos en mis hombros
y tu cálido aliento cercano ,
siento que eres lo único que tengo y he tenido siempre ,
lo único que no me ha fallado ni lo haría ,
lo único en lo que puedo confiar.
Asomada
esperando escuchar una sola palabra tuya de aliento
que rompa este silencio marcado por la distancia ,
que confirme, que
al menos , continúo siendo importante ,
al menos para ti .
Ana Patricia Cruz López
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