martes, 15 de noviembre de 2016

MOMENTOS . Siempre tuya (177)

No sé qué esperar,
ni tan siquiera si merece la pena seguir esperando.
Envuelta en un permanente mar de dudas sobre lo que me haces sentir
sólo sé que no puedo vivir así,
contigo ,
sin ti.

Torbellino de pasiones encerradas en una hermosa caja de cristal
de la que nadie y todos parecen tener la llave .
Todos menos tú y yo.


Dos corazones en uno ,
privilegio de los amantes el liberarlo
cuando no hay miedo a herirlo
porque el perdón no existe ,
ni nos hace falta.

Seres humanos acostumbrados a errar,
a añorarse
aunque permanezcan juntos.
Seres racionales en la mayor de las irracionalidades
dónde no somos capaces de reconocernos.

Doble vida para sobrevivir,
para podernos mantener.
Seria formalidad con traje de chaqueta oscuro de día
travestida de rebeldía envuelta en frío cuero
y desvergüenza total  de noche.

Mundo confuso en el que nos desenvolvemos
cuando los roles se nos confunden,
siendo  la templanza  tuya
mientras mi impetuosidad libra su propia batalla.

Almas nacidas para morir juntas
durante la travesía de la barca marcada por la luna como timón,
y aún , pasados los años,
me sigues preguntando por qué te sigo amando
cuando ni yo misma soy capaz de responder.

Humanos acostumbrados a no decir “ perdón”,
hasta que la necesidad surgió.
Errores pasados por alto ,
hasta que el muro de contención no aguantó
y todo acabó estallando en mil pedazos que aún ando recogiendo,
mientras sigo preguntándome
 qué fue lo diferente esta vez,
un error más  o la suma de todos,
la venda que poseíamos  o su caída al suelo por fín.

Humanos acostumbrados a decirse te quiero ,
 que ahora buscan un sentido que les haga tenerse ganas de escucharlo
sin que la falsa complacencia  haga  acto de presencia.
Humanos acostumbrados a no dejar de mirarse a los ojos como espejo  mutuo,
cuando en este instante  ni éstos pueden ni saben mentir.

Humanos acostumbrados a necesitarse
y que aún siguen necesitándose.

Y yo en mitad de la noche ,
en mi merecida soledad,
oso preguntarle al aire qué es lo que ha ocurrido en realidad ,
de quién fue la culpa de verdad ,
creyendo con fé ciega que la tuvimos los dos.

Soledad que lo acompañas
escucha mis plegarias y dime que es lo qué siente ,
por qué no me contesta ,
por que sólo él lo sabe,
porque sólo él lo abraza y consuela .

Amiga mía , mi soledad ,
apiádate de mí y pregúntale a él cuánto consuelo es capaz de prestarle,
cuántas lágrimas le ha visto derramar,
cuánta rabia interior le ha presenciado desatar,
cuántas veces le ha escuchado gritar mi nombre en mitad de su sueño
convertido en pesadilla desquiciante y mortal,
pregúntale si sabe cuánto dolor  será capaz de soportar
mientras la distancia se hace cada vez más grande en nuestro interior.

Tiempo que corres en nuestra contra
detén tu proceder ,
para esas malditas agujas invisibles
que se me clavan a cada segundo que pasa .

Tiempo que te sonríes por el dolor
de los que jamás debieron  conocerse ,
de los que nunca tuvieron que entenderse,
de los que marcaron el final de lo que habían comenzado.

Tiempo que marcas pasos de baile con mi adorada soledad ,
sigue tu curso a base del sufrimiento,
del dolor
de los que jamás debieron haber nacido .

Ana Patricia Cruz López
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