No sé qué esperar,
ni tan siquiera si merece la
pena seguir esperando.
Envuelta en un permanente mar
de dudas sobre lo que me haces sentir
sólo sé que no puedo vivir
así,
contigo ,
sin ti.
Torbellino de pasiones
encerradas en una hermosa caja de cristal
de la que nadie y todos
parecen tener la llave .
Todos menos tú y yo.
Dos corazones en uno ,
privilegio de los amantes el
liberarlo
cuando no hay miedo a herirlo
porque el perdón no existe ,
ni nos hace falta.
Seres humanos acostumbrados a
errar,
a añorarse
aunque permanezcan juntos.
Seres racionales en la mayor
de las irracionalidades
dónde no somos capaces de
reconocernos.
Doble vida para sobrevivir,
para podernos mantener.
Seria formalidad con traje de
chaqueta oscuro de día
travestida de rebeldía
envuelta en frío cuero
y desvergüenza total de noche.
Mundo confuso en el que nos
desenvolvemos
cuando los roles se nos
confunden,
siendo la templanza tuya
mientras mi impetuosidad libra
su propia batalla.
Almas nacidas para morir
juntas
durante la travesía de la
barca marcada por la luna como timón,
y aún , pasados los años,
me sigues preguntando por qué
te sigo amando
cuando ni yo misma soy capaz
de responder.
Humanos acostumbrados a no
decir “ perdón”,
hasta que la necesidad surgió.
Errores pasados por alto ,
hasta que el muro de
contención no aguantó
y todo acabó estallando en mil
pedazos que aún ando recogiendo,
mientras sigo preguntándome
qué fue lo diferente esta vez,
un error más o la suma de todos,
la venda que poseíamos o su caída al suelo por fín.
Humanos acostumbrados a
decirse te quiero ,
que ahora buscan un sentido que les haga
tenerse ganas de escucharlo
sin que la falsa
complacencia haga acto de presencia.
Humanos acostumbrados a no
dejar de mirarse a los ojos como espejo
mutuo,
cuando en este instante ni éstos pueden ni saben mentir.
Humanos acostumbrados a
necesitarse
y que aún siguen
necesitándose.
Y yo en mitad de la noche ,
en mi merecida soledad,
oso preguntarle al aire qué es
lo que ha ocurrido en realidad ,
de quién fue la culpa de
verdad ,
creyendo con fé ciega que la
tuvimos los dos.
Soledad que lo acompañas
escucha mis plegarias y dime
que es lo qué siente ,
por qué no me contesta ,
por que sólo él lo sabe,
porque sólo él lo abraza y
consuela .
Amiga mía , mi soledad ,
apiádate de mí y pregúntale a
él cuánto consuelo es capaz de prestarle,
cuántas lágrimas le ha visto
derramar,
cuánta rabia interior le ha
presenciado desatar,
cuántas veces le ha escuchado
gritar mi nombre en mitad de su sueño
convertido en pesadilla desquiciante
y mortal,
pregúntale si sabe cuánto
dolor será capaz de soportar
mientras la distancia se hace
cada vez más grande en nuestro interior.
Tiempo que corres en nuestra
contra
detén tu proceder ,
para esas malditas agujas invisibles
que se me clavan a cada
segundo que pasa .
Tiempo que te sonríes por el
dolor
de los que jamás debieron conocerse ,
de los que nunca tuvieron que
entenderse,
de los que marcaron el final de
lo que habían comenzado.
Tiempo que marcas pasos de
baile con mi adorada soledad ,
sigue tu curso a base del
sufrimiento,
del dolor
de los que jamás debieron
haber nacido .
Ana Patricia Cruz López
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