Lágrimas de recuerdos de otra época
en que la felicidad vestía de
blanco,
el viento nos daba la mano,
y la lluvia nos abrazaba hasta penetrar en nuestra piel .
Lágrimas de algo maravilloso
que creció de forma infinita
en nuestro corazón
de la misma forma que los
chiquillos se conocen y juegan,
nublando una realidad que
aventuraba un final.
Lágrimas que nunca podré detener ,
ni creo que quiera parar jamás
mientras este amor que siento permanezca
vivo,
arrancando un rayo de luz donde siempre ha habido oscuridad ,
aunque ya no pueda tenerte
en mi corazón
estás.
Destinado desde tu nacimiento
a acompañar a la DAMA,
nadie supuso que ella te
requiriera tan pronto ,
ni que las notas del vals
del que tú debías obrar como
acompañante ,
comenzasen a escucharse
aquella noche.
Lágrimas que no puedo contener
ni quiero,
muestra de mi rabia contenida ,
mientras los celos me van devorando
con sus dientes afilados
porque ella te tiene en su
regazo.
Un regazo construido en unos brazos fríos y sin forma
que no te conocen,
que no saben cómo abrigarte en
realidad ,
que no pueden amarte ,
pero que ella ,
hermosamente egoísta,
alargó antes de que pudiese
intentar decirte adiós.
Egoísta y con una razón tan
grande como ella misma,
se sonrió mientras me veía
hundida en mi propio sufrimiento y desesperación,
y es que , ciertamente ,
es imposible no haberte amado
más,
pero tampoco merecías menos,
por todo lo entregado a manos
llenas sin pedir nada a cambio,
por tus inolvidables buenos
días , siempre con una sonrisa ,
por tus dulces buenas noches ,
con tus labios rozando mis mejillas ,
por tus sorpresas con cada palabra dicha
y cada sentimiento puesto con
cada verbo,
por tus abrazos , en donde mi
espalda se acurrucaba en tu pecho,
por tu calor ante mi frío,
por tu consuelo sin solicitar
y que predecías necesitaba,
por todo lo que eras capaz de
dar ,
conformándote , como pago
dado,
con una mirada ,
una sola mirada sincera
traducida en lo único que
siempre te importó.
Sentimientos que aún permanecen
en mi interior
y que no dejaré se marchen nunca ,
capaz de ser entregados a la que te retiene
a cambio de recuperarte,
al menos un solo instante ,
ese instante en el que pueda
volver a mirarte a los ojos
llenos de la vida que siempre
me transmitiste ,
y pueda decirte mi último adiós.
Un último “te amo”
tan grande , alto y sincero
que mi voz se pierda en el grito silenciándolo
todo ,
abarcando con ello ese último
suspiro exhalado ,
ese que necesitaré para irme
contigo.
Ana Patricia Cruz López
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