![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
LA MUJER DEL RETRATO
AUSCHWITZ- BIRKENAU. EL CAMPO
Aquella noche le costó dormir . Por más que trató de pensar las posibles
causas , todo acababa llevando al mismo resultado y por ende a la misma persona
: Adam.
Una reaparición no prevista y
nada deseada con la única parte de su
pasado de la que no guardaba precisamente buen recuerdo.
Pero aun así, dado que aún la
luz del sol no había hecho acto de presencia , aprovechó para acercarse al museo
pensando que con la tranquilidad ofertada por la soledad del lugar , podría
adelantar todo lo referente a su próximo viaje.
Conforme el vigilante pudo
reconocerla le concedió el paso
terminando de iluminar los pasillos a efectos de facilitarle visibilidad dentro del edificio.
Sola como se encontraba , ciertamente
aquello impresionaba más que de costumbre. Pasillos enormemente largos que
parecían no llevar a ninguna parte y que en realidad no lo eran tanto o ese
juego sugerente de luces y sombras cuando aún la oscuridad se adentra por las
ventanas trayendo su frío consigo.
Sí, el lugar
impresionaba, incluso la gran sala por
cuyas puertas de acceso debía pasar la
hacían empequeñecer ante tal inmensidad.
Siempre le resultó extraña
aquella sensación de envolvimiento en la que se sumergía cuando se rodeaba de
obras , aunque éstas estuviesen simplemente colgadas en las paredes. Como si de un manto protector se tratara ,
aquello que las pinturas le decían , lo que sus autores le transmitían, la
embaucaban en un mundo en el que sólo contaban
ella sola y ellos, en el que nadie
más tenía cabida porque nadie era capaz de llegar hasta ese nivel de
entendimiento natural y de simbiosis.
Esther era una amante del arte
, selectiva en algunos casos ,pero amante , y nadie que se preciara conocerla podría
dudar de que hasta parecía otra persona cuando se hallaba en su ambiente .
Respiraba ese mismo arte en
las venas y a través de los poros de la piel , y sólo a través de él, conseguía
encontrarse a sí misma y mostrarse como únicamente se encontraba más cómoda .
Las salas de arte , los museos
o incluso las grandes bibliotecas
conformaban los “salones de juego “ de una niña que apenas alzaba dos
palmos del suelo y ya parecía disfrutar de cada obra cuando su padre la llevaba
a esos lugares , consciente de que algo
en aquella niña era diferente .
Esther siempre mostró un
talento innato por las artes y la creatividad , desechando muy pronto las
muñecas que el resto de familiares y amigos de los mismos podían regalarle .
Con lo que su padre y sus
profesores denominaron como un talento y
sensibilidad sorpresivamente impropio para su corta edad respecto al nivel que
demostraba , pronto se destacó en estas
lides artísticas apreciando en demasía esas especies de excursiones que para
cualquier otro niño hubieran resultado un incordio pesado de asumir y soportar.
No obstante , con el tiempo ,
aquella maravillosa rareza la hizo , a su vez , exquisitamente solitaria e
introvertida. Pese a no ser nunca considerada como un niña normal , no gozó de un número destacado de amigos desde
su más tierna infancia , y conforme fue creciendo , tampoco se le conocieron
amistades de aquella época que gozase de haber conservado.
Ni siquiera durante sus años
de madurez, ya adulta, se le reconocía como una persona excesivamente sociable
o que gustase de acudir a los actos y recepciones a los que frecuentemente la
invitaban dados los contactos generados a raíz de su trabajo y los artistas con
los que se relacionaba , pero ella siempre prefería declinar tales invitaciones
y disfrutar de una buena copa de vino en su casa , frente a la chimenea y con una deliciosa pieza musical , bien de
jazz o clásica , con la que amenizar una larga noche en soledad.
Aquella tranquilidad de la que
parecía gozar más que nadie aquel día , fue tornándose en ruidosos pasos de
tacones sobre el suelo . Eugénie acababa de llegar a su despacho.
El sonido del agitado tráfico
sobre la calzada lograba traspasar los ventanales cerrados a cal y canto. Las
bandadas de pájaros sobrevolaban una
ciudad que comenzaba a reactivarse y que
se había acostumbrado a desoír su ruidoso cantar conjunto, y el resto de sonidos e incluso de olores a un perfume
de reciente reconocimiento pero que con cuya potencia , ya invadía la capacidad
olfativa con más facilidad de la que se
deseaba que la abandonase.
Tratando de volver a su núcleo
de concentración, el sonido apresurado de aquellos indiscutibles tacones
acercándose hacia ella la predispuso para una nueva conversación del todo inesperada.
·
EUGÉNIE: Buenos días - dijo desde la puerta - ¿Se puede?
Pidiendo un permiso que más
bien formaba parte de una formalidad, se adentró portando una carpeta entre las
manos que fue abriendo conforme se acercaba. Sin tener la intención de sentarse
, comenzó a explicarle el motivo de la visita y a quién se destinaba tal
documentación , colocada estratégicamente delante suya según iba hablándole.
·
EUGÉNIE: Estos son los billetes para Varsovia en
el primer vuelo de mañana a las seis y media . Aquí tiene los datos del
hotel y el régimen de estancia . Se han
calculado que tres días deberían bastar no obstante , el Señor Kauffman ha
dispuesto que en caso de necesitar más tiempo baste nos los comunique al menos
con veinticuatro horas de antelación y desde aquí trataríamos de arreglarlo.
Conforme los papeles le eran
entregados , Esther los ojeaba por encima.
·
EUGÉNIE: También se le ha facilitado la
solicitud firmada de cita con el Gerente del Múseo y la carta de recomendación
justificativa de su visita guiada por el Campo. Dispondrá de un apersona que la espere en el
Aeropuerto y que ejercerá de chofer durante toda su estancia , dado el relativo
poco tiempo que posee , estimamos la mejor forma de sacarle el mayor
partido. ¿Alguna pregunta?
Apabullada por el exceso de
organización en tan poco tiempo, apenas pudo pronunciar palabra.
·
EUGÉNIE: Bien , entonces será mejor que vuelva a
mi despacho, aún he de gestionar la solicitud del scanner con el laboratorio.
·
ESTHER: ¿Tan pronto?
La directora de la exposición
se sonrió ante la duda planteada.
·
EUGÉNIE:
¿Sorprendida? No sé realmente cómo están acostumbrados a hacer las cosas en Inglaterra , pero aquí llevamos muchos años
de tradición en cuanto a la agilización de
nuestros propios trámites simplemente porque al final repercute en nuestra eficiencia a la
hora de gestionar.
·
ESTHER:
Jamás me atrevería a dudar ese aspecto , de hecho, no lo recordaba de
otra forma.
·
EUGÉNIE: Me he permitido adjuntar mi teléfono a
la lista de los contactos accesibles en caso necesario . Sobra decir que para la Pinacothéque en general y para el
señor Kauffman en especial, el éxito de este viaje y de las pesquisas que pueda
conseguir averiguar son lo más importante .
Respirando resignada , Esther
comenzó a entender lo que el concepto de presión significaba para la mayoría de
los mortales .
·
ESTHER: Soy perfectamente consciente de ello ,
puedo asegurárselo.
·
EUGÉNIE: Entonces ahora sí me marcho
definitivamente. Feliz viaje .
Y la dejó en aquel despacho,
rodeada de papeles propios extraídos de sus informes y de los ajenos que le
acababan de ser traídos , mientras trataba de no pensar qué podría pasar si
nada salía bien, si los resultados no fueran satisfactorios.
No era posible esquematizar nada
. La maraña entretejida de datos
recabados desde antaño , concedía al investigar casi la opción impuesta por
empezar de cero como única posibilidad
de sacar algo en claro.
No habían datos concretos , y
entre medio de las nebulosas, las anotaciones marginales y que rodeaban los textos principales ,
casi transmitían más información que las
supuestas fuentes oficiales y datos
registrados .
Apenas tres páginas de
anotaciones propias la acompañarían en su pequeña libreta de trabajo,
debidamente resguardada con la carpeta
ensobrada que Eugénie le proporcionó. Una
previsión de salida temprana, justo a medio día , para almorzar en uno de sus
lugares favoritos y encontrarse con ella
misma mientras caminaba un poco por el centro de la ciudad , culminarían su
provisional último día hasta su vuelta .
No obstante , pese a sus
numerosos intentos por tratar de olvidarse hacia dónde se dirigía , su mente revoloteaba una y otra vez hacia aquel
mísero ilusorio convertido en imposible,
y a su vez , trataba de prepararse para una
inimaginable reacción suya en cuanto se encontrase delante de aquel arco
de entrada a un mundo que , en parte , le pertenecía.
Tras dos horas y media en su vuelo reservado con Air France , aterrizaba en el Aeropuerto de
Varsovia- Chopin donde tal y como
Eugénie le había comunicado, la esperaba un
chofer apostado en la puerta de llegada
portando un cartel con su
apellido.
Otros treinta minutos de caos circulatorio y locura
absoluta tuvieron que pasar antes de
poder depositar la maleta en la habitación ,
escogida , sin duda, por las
vistas que proporcionaba desde sus ventanas .
Sin descanso y no deseando
desperdiciar ni un solo minuto de su escaso tiempo prestado , Esther se dirigió al Museo Auschwitz-
Birkenau a efectos de reunirse lo antes
posible con su gerente y organizar la visita al campo en la mayor brevedad.
Enviada a la primera planta
por el recepcionista que la atendió
y apostada en uno de los asientos
situados en un largo y ancho pasillo con
suelos y columnatas de mármol , esperó impaciente que alguna de las dos puertas
que visualizaba se abriera y de ella saliese algún amable asistente
que le diese la venia para adentrarse en el despacho de la discordia como a ella le gustaba llamarlo desde que
estuviera allí por última vez.
Sin poder evitar observar el
reloj una y otra vez , casi de forma automática, jugueteaba con sus dedos
tratando de que el resto de su cuerpo transmitiera una compostura de relativa
tranquilidad , aunque el sudor que comenzaba a hacer acto de presencia en sus
palmas indicase lo contrario.
De pronto , un extraño y
repentino silencio se apoderó de aquel largo y frío pasillo , sólo el sonido de
una puerta abrirse, al fondo del mismo , indicaba que aún aquel lugar gozaba de
relativa normalidad . Pero pese a su apertura no parecía salir nadie . Sólo la
madera de la hoja de la misma abierta , sin sonidos que sobresalieran ni pasos en el suelo .
Mientras ella centraba su
atención en la que se encontraba delante suya , algo la indujo a girar su
cabeza hacia el final de aquel pasillo . Se sentía observada y sus razones
tenía . Un hombre con vestimenta elegante , portando un abrigo largo de color
oscuro sin abotonar y sombrero que ocultaba parte de su rostro la
miraba fijamente , como si esperase algún tipo de respuesta por su parte , sin
embargo , sin retirarle la atención , se
limitó a deslizar ligeramente su cabeza hacia abajo y a saludarla tocando
livianamente la parte delantera del ala del sombrero con dos de sus dedos.
Absorta en tal extraña imagen ,
no fue capaz de escuchar que la llamaban
, sólo llegando a distinguir su nombre en un segundo intento por parte de la
asistente de la Gerencia .
Acompañada por aquella regia
mujer , atravesaron dos puertas más antes de encontrarse en el despacho de la entonces Gerente del
complejo museístico la cual, la esperaba de píe extendiéndole la mano nada más
verla aparecer.
·
GERENTE : ¿Srta Neuman? Soy Leine Libermann, la Gerente del AUSCHWITZ-
BIRKENAU.
Ella le correspondió
estrechándosela antes de aceptar su invitación para tomar asiento justo en
frente suya.
·
ESTHER: No sé cómo expresarle que haya accedido
a esta solicitud por parte de La Pinacothéque.
·
GERENTE: No fue ningún sacrificio especial por
nuestra parte viniendo de tan ilustre amigo nuestro .
·
ESTHER: Me he permitido traerle la carta de
recomendación firmada por ….
Sólo alzar su mano le bastó
para que la visitante entendiera que la rechazaba con toda la cortesía del
mundo que era capaz de mostrar tras un
semblante que se tornó serio sin previo aviso.
·
GERENTE : Como también le manifesté al Sr.
Kauffman en su momento , no es la ausencia o presencia de cartas de
presentación o solicitudes formales lo
que me preocupa, que ésta versase sobre una persona integrada en nuestra lista
negra de visitantes sí.
Aquel no era un tema
recurrente , era una realidad palpable que
ni el museo ni ella habían logrado olvidar.
·
GERENTE : Yo ni siquiera trabajaba en este centro, pero todos los que entramos a
formar parte del equipo de la gerencia del mismo tenemos ese especial libro
negro como cabecera siempre presente, de hecho, antes de que me fuera entregado
, mi predecesor , al que sí tuvo
oportunidad de conocer , me informó debidamente de los hechos que acontecieron.
·
ESTHER: Srta. Libermann, si me permite…
Pero aquella mujer , de
apariencia imponente y tez blanquecina y seria , volvió a interrumpirla de nuevo no
permitiendo que se explicase.
·
GERENTE: Voy a serle todo lo franca que mi cargo
me permite Srta. Neuman. Si se le ha
permitido el acceso, eso sí, con un guía encomendado por nosotros que la dejará
moverse con la amplitud necesaria para el desarrollo de su investigación ,
siempre dentro de unos márgenes establecidos, es exclusivamente por la
intermediación del Señor Kauffman , un reputado viejo amigo de esta entidad y
al que se estima sobre manera. De no haber sido así , nunca se la hubiera permitido acceder más
allá del vestíbulo e incluso se podría haber encontrado a los hombres de
seguridad acompañándola al exterior.
Christopher
es además un amigo personal al que tengo mucho aprecio – aquello sonó con cierto
tono de sorna por su parte - y pocas
cosas puedo negarle. Apenas tuvo que esforzarse en convencerme . Las palabras
justas dichas de la manera adecuada y todo el expediente queda olvidado en la
trasera de un cajón, debajo de una maraña de papeles y documentación variada.
No
obstante, algo que no le dije a él y si le advertiré a usted esperando le quede claro y no deba tener que
repetírselo, es que si bien el anterior gerente no pudo impedir sus reacciones
desmedidas y sus constantes faltas de respeto , por mi parte debe saber que no
soy tan benevolente como él. A la mínima norma que decida saltarse , será
trasladada directamente de AUSCHWITZ al
Aeropuerto y enviada de nuevo a París
con carácter inmediato en el primer avión que se encuentre disponible, sin que
ni la policía ni el consulado británico
tengan constancia de nada de lo que haya podido ocurrir ¿me ha entendido Srta.
Neuman?
Sorprendida por la
contundencia de la aseveración , convertida en cruda advertencia que no debía ser tomada a la ligera y ante el temor de que un nuevo intento por
intercalar una palabra suya fuese detenido abruptamente , Esther se limitó a afirmar con la cabeza su
entendimiento, tras lo cual , la gerente se incorporó ofreciéndole de nuevo la
mano , interpelando a su asistente para que la acompañase hasta la salida.
Las órdenes y el permiso de
visita tenían una caducidad de dos días
durante los cuales se incluía la posibilidad de acceder a los archivos , pero
dada la hora que era y lo cansada que se encontraba , prefirió posponer la
visita a la mañana siguiente desde muy temprano.
De vuelta al hotel , habiendo
quedado con el chofer para que pasase a recogerla en torno a las seis de la mañana , ya que les esperaban más de
trescientos kilómetros de recorrido en coche , se adentró en el vestíbulo dirigiéndose a la recepción para solicitar la
llave de su habitación.
Con la vista puesta sobre sus propios
zapatos y la cabeza pensativa , a pocos
metros de llegar al mostrador, mientras caminaba justo al lado de una zona de
espera acotada con grandes y cómodos
sillones y pequeñas mesas auxiliares de cristal , se sintió de nuevo observada
girando su cabeza hacia su izquierda , justo donde se encontraba esa zona.
De píe , conversando , el
mismo individuo que la había saludado en el Museo , con los mismos elegantes
ropajes y el sobrero portado en una de
sus manos. Situado a menor distancia que la primera vez , en esta ocasión pudo verle bien la cara , y sólo pudo sentir la desagradable sensación de un
tremendo escalofrío que le ascendía por la espalda.
Aquellos imponentes y
penetrantes ojos que no podían obviarse
, mirándola como si la conocieran , como si supieran quién era en realidad, con
aquella confianza tomada por la fuerza y sin permiso , no dada.
Esta vez no hubo saludo de
cortesía , por su parte, sólo la
interrupción de la conversación que venía llevando a cabo , por la de ella ,
una visualización fija y perfecta envuelta
en una mente temporalmente en blanco a
la que le aturdía tanta familiaridad. Una temeraria visión, sólo suavizada tras
retirársela para continuar dirigiéndose hasta el mostrador donde el
recepcionista le entregaba la tarjeta-llave , para posteriormente coger el
ascensor que la llevase hasta su necesitado descanso.
Y tras una noche en la que el
sueño tardó en hacer acto de presencia , en parte por los nervios de lo que habría de
acontecer y que permanecieron durante el
resto del día , con el consiguiente desgaste que ello suponía, sin necesidad de
despertador, Esther hubo dispuesto todo para salir a la hora convenida.
Aproximadamente tres horas y
media más tarde , las primeras alambradas comenzaban a vislumbrarse. De ser
apenas un punto que adoptaba forma conforme el vehículo se acercaba , la
construcción se imponía en toda su extensión, en toda su grandeza de antaño aún
conservada en gran medida. Una grandeza
que imponía mucho respeto aún hoy.
Un respeto que ella sintió al
salir del vehículo mientras el guía contactado por el museo se acercaba a él.
Hechas las presentaciones de
rigor , el buen hombre quedó por delante de ella en un momento dado al
detenerse la invitada . Frente a aquella puerta
y muros de la entrada de ladrillo rojo a las que una maldecida vía de
tren llevaba de forma irrefutable.
Un silencio atronador mezclado con el sonido leve de una suave
brisa , como preámbulo del aún mayor sonido silencioso que habitaba , como el
rey y señor de todo, una vez se
atravesase la verja .
Conforme más se acercaban ,
los vellos se erizaban con más profusión sin que nada pudiera detenerlos. El
estómago, encogido por momentos , llegaba a doler de forma muy puntiaguda y
desagradable , y el cuerpo, como si se tratase de un guiñapo de sí mismo,
parecía arrugarse como sistema de autoprotección.
Atravesar la puerta , aquel
arco culminado por aquella torre de vigilancia , supuso un antes y un después
en todo absolutamente , incluso en las sensaciones.
La brisa parecía haberse
detenido y no por el hecho de que el muro aún se mantuviera a sus espaldas, sencillamente,
pareciera que no corriera el aire que necesitaban para
respirar en aquella extensión de tierra.
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
Todos los que lo habían
visitado alguna vez , hablaban de la sensación de profanar un lugar sagrado que
entraba en tu interior , de olores especiales y hasta desagradables que a uno
podían llegarle y que para nada eran
fruto de la imaginación más portentosa. No. No se trataba de algo psicosomático
de lo que hablaban y Esther lo sabía muy
bien porque eso que ella también había escuchado , sin dejar de creer nunca en esas percepciones
, era lo que ella sentía , lo que olía, lo que la atemorizaba y acrecentaba
,aún más si cabe , su enorme respeto por aquella enorme tumba que aún se
conservaba como recuerdo de lo que la historia no debe repetir jamás. Una tumba
que , ironías de la vida , la UNESCO declaraba en 1979 patrimonio de la
humanidad como uno de los lugares de mayor simbolismo del holocausto.
Mientras que la mayoría de los
pabellones donde permanecían judíos , gitanos y rusos se encontraban en pie y en buen estado , algunos
de aquellos destinados a crematorios y a las famosas “duchas “ de gas-pesticida
SYKLON B, fueron destruidos por los bombardeos de los
aliados quedando sólo algunos vanos recuerdos de lo que fueron entonces.
Desde el muro de las ejecuciones ,
al que se llegaba tras atravesar un largo pasillo flanqueado por las
paredes de los barracones de convivencia, hasta las zonas habilitadas como comedor de oficiales o enfermerías en donde la
curación no era precisamente la mejor excusa para ser utilizadas, todo en ese
campo sobrecogía y dolía en vena.
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
Cada nueva estancia sobrecogía
mucho más que aquella de la que se acababa de salir . Era imposible tratar de
prepararse mentalmente para cada nueva visión. Sólo cabía entrar e imbuirse en
aquellos lugares con miles de nombres propios imposibles de recordar .
Los arañazos en las paredes de
“las duchas” , resultaban el mejor símbolo de aquellos gritos descarnados que aún
podían escucharse dentro de aquel silencio sepulcral, y con cada repaso
individualizado , tratando de ponerse en el lugar de quienes dejaron tales
marcas , el dolor agudo en su interior
se hacía más patente . Un dolor propio y nada compartido que se reflejaba en lo
compungido de su rostro y en la sensación de pena inmensa y profundo respeto
que el lugar merecía .
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
Nada, comparado al momento en
que el guía la llevase a uno de los hornos ubicado a pocos metros.
La mente, en ocasiones , juega
las peores pasadas . Casi podía pensarse en la influencia del cine para los más
avispados en base a los datos proporcionados por los propios supervivientes y
lo que a ellos les fue contado a su vez, pero aquel sobrecogimiento, aquel no
poder casi respirar por temor a ser escuchado de forma entrecortada , aquellas
inmensas ganas de llorar que de forma incontenible pudieron con ella en ese
instante , hicieron que no pudiese resistir por más tiempo en su interior y pidiese
salir fuera para tratar de tomar aire.
De píe , en mitad de ninguna
parte y de todo aquel mundo, tras unos
segundos en los que pareció que asumía verdaderamente que estaba allí , su
cabeza comenzó a girar y sus ojos miraban sin buscar algo concreto pero captando
las fotografías memorísticas de cada lugar , de cada edificio , de cada valla electrificada
, de cada cártel, de cada puerta que llevaba a una muerte segura.
Sentada en el frío suelo de
piedra ante la imposibilidad de hacerlo en otro lugar , el guía le preguntaba
insistentemente si se encontraba bien . Su rostro, pálido , no le daba a pensar
lo contrario , pero ella le insistió en
esperar unos instantes puesto que no creía poder volver y requería poder
acceder a dos estancias concretas : los archivos y la residencia- despacho de
HIMMLER.
Tras unos momentos en los que
trató de tranquilizarse , le solicitó al guía que le llevase a ambas
estancias por el orden dicho.
La parte destinada a los
archivos , lejos de la apariencia del resto de barracones , resultaban ser las
antiguas oficinas de gestión alemanas debidamente restauradas , y como recuerdo
de quiénes estuvieron allí y no vivieron para contarlo , de los mismos archivos
, se extrajeron las fotografías de los que allí
acabaron sus últimos días ,
enmarcadas y colgadas de sus paredes , resultando muy difícil poder andar por
ellos conservando la normalidad o
tratando de ignorar sus rostros .
En un lado , las mujeres . En
el otro , los hombres . Y al final del mismo, en una inmensa pared , los retratos
individulizados de las mujeres y hombres
que como manos ejecutores por el bien y los principios de un régimen con
vocación de nuevo imperio, obedecían de forma ciega las órdenes del Führer y
sus subalternos al mando.
Los soldados con sus nombres ,
rango o puesto ocupado y destino . Las mujeres, mal llamadas cuidadoras , que
ejercían de las fieles guardianas de este sin sentido bajo el que fue creado el
lugar .
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
Y los papeles . Miles de
archivos guardados cuidadosamente en murales “submarino” . Catalogados por
actividades , barracones afectados y años . Pero entre todos , sólo unos pocos
centraban su interés en este instante, aquellos que se referían a la entrada y
salida de mercancías personales de
Himmler poco antes de la inauguración y apertura oficial del campo.
De entre todos los objetos ,
muebles y demás enseres , destacaban una
serie de cajas planas traídas a parte en un vagón independiente durante una
mañana de finales de Abril de 1940. Un cargamento fuertemente custodiado por seis
soldados pertrechados y bien armados a los que no se les permitió salir del vagón
en ningún momento hasta que la última caja se encontrase en su lugar , y entre
todos los detallados datos , porque de entre los archivos que conformaban la guía
diaria sobre el acondicionamiento de las estancias de alto mando alemán, un
detalle que no pasó nada desapercibido.
Los informes hablaban de
doce cajas planas . Doce y no once ,
pero también se matizaba que una de ellas no gozaba de las mismas medidas de
seguridad que las demás , siendo la última
e transportarse al interior .
Doce cuadros que sólo alguien
de mucha confianza de Himmler extraería de su halo protector de seguridad para
ser disfrutados por el comandante a espaldas de quién de verás sería su final
destinatario y principal encargante : Hitler. La misma persona que se designaría para volver
a asegurarlo dentro de sus cuidadosos envoltorios para que parecieran no
haberse abierto jamás, lo que hubiera enfurecido al que ahora era su
propietario.
Doce cuadros y no once. La
confirmación que necesitaba para comenzar a buscar.
Un vez hubo tomado las
anotaciones precisas que allí se apuntaban , se retrotrajo a algunas de sus
anteriores páginas , escritas por ellas , donde se relacionaban tres nombres ,
las últimas tres personas que habían mantenido, de alguna forma, algún contacto
con la colección, y junto con sus nuevas notas , volvió a anotar sus nombres .
El sonido de los archivadores
rodando y cerrándose tras de sí, una puerta que se dejaba atrás y otra frente a
la que se enfrentaba , de madera vieja y casi mohosa aunque trataran de
conservarla, la que daba acceso a la residencia del mando alemán ideólogo de
aquel campo de muerte .
Austeridad alemana como no podía
ser menos como parte del ideario del soldado alemán , lo que difería notablemente
de los lujos nada austeros de su casa familiar en Berlín. Un camastro , un
armario pequeño y una mesa con su silla de madera , nada más . En principio
, nadie pondría en duda la practicidad
del lugar , especialmente porque Himmler jamás pasó largas temporadas en él, ya
que rotaba entre los campos satélites y los otros dos principales : AUSCHWITZ I
y AUSCHWITZ III MONOWITZ ( el principal centro
industrial químico alemán, dónde se fundó
la IG FARBEN , compuesto por las cuatro
principales industrias alemanas del sector : BAYER, BASF, HOECHST Y AGFA a la
que más tarde se uniría PELIKAN , que
además proporcionaba la tinta con el que se tatuaba el número a los prisioneros
de los campos).
Resultaba muy difícil imaginar
que aquellos cuadros pudieran estar
colgados allí alguna vez , especialmente por su posible deterioro dados los
cambios tan extremos de temperatura y la
falta de acondicionamiento adecuado en dicha estancia , cuyas paredes de madera
no parecían gozar de demasiado revestimiento ,
compensando los tiempos fríos con una gran estufa abierta . Todo hacía pensar a Esther , que posiblemente jamás fuesen extraídos por
entero de sus cajas , que era más que probable , que Himmler sólo ordenase retirar la tapa frontal
de los mismos y que , colocados por su
debido orden , apoyados entre el suelo y las paredes , gozase en sus ratos
libres de semejante y embaucadora visión
, y que incluso , yendo mucho más ,
pudiese incluso sentir cierta congoja al desprenderse de ellos cuando se los entregó personalmente al Führer,
pudiendo incluso debiendo ocultar cierto odio o envidia hacia su persona por el
simple hecho de poseerlos para su exclusivo disfrute privativo.
Una sucesión de imágenes
perturbadoras y difíciles de olvidar con las que llegaba la hora de marcharse. Un lugar al
que por el momento no pensaba regresar y que aún le dejaría una última fotografía
: la puerta de acceso a un barracón
desgraciadamente especial y aún más difícil de reconocer pero al que se negó a
entrar , el barracón número diez. Habilitado como hospital y supuesta enfermería donde realmente todo el mundo sabía lo que
sucedía en el interior de sus muros , a puerta cerrada , y dónde el catálogo de
principios de lo que podría considerarse
una buena praxis médica no existía.
Una mirada sentenciadora y mortal
hacia un lugar que ella , por desgracia , conocía muy bien , y ante el que sólo pudo bajar la mirada y respirar hondo
antes de continuar dirigiéndose hacia la salida .
Con su cabeza baja , tratando
de asumir todo lo vivido tras la visita , sólo fue capaz de alzarla cuando ,
acercándose al vehículo que la esperaba , vio unas piernas de alguien que
permanecía apoyado en él.
Despidiéndose del guía que visiblemente
preocupado y con exquisita amabilidad volvió a preguntarle por su estado , se acercó
al coche . Sólo le bastó mirarle . Su
semblante lo decía todo , y sin mediar palabra alguna entre ellos , ambos se
subieron al vehículo.
Había venido sola , pero no lo
estaba . Adam se encontraba allí.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
![]() |
| AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE |
















No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página