jueves, 8 de diciembre de 2016

LA MUJER DEL RETRATO . AUSCHWITZ- BIRKENAU. EL CAMPO. ( Registrado en SAFE CREATIVE OCTUBRE 2016)




AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE
LA MUJER DEL RETRATO
AUSCHWITZ- BIRKENAU. EL CAMPO


Aquella  noche le costó dormir .  Por más que trató de pensar las posibles causas , todo acababa llevando al mismo resultado y por ende a la misma persona : Adam.

Una reaparición no prevista y nada deseada con  la única parte de su pasado de la que no guardaba precisamente buen recuerdo.
Pero aun así, dado que aún la luz del sol no había hecho acto de presencia , aprovechó para acercarse al museo pensando que con la tranquilidad ofertada por la soledad del lugar , podría adelantar todo lo referente a su próximo viaje.

Conforme el vigilante pudo reconocerla  le concedió el paso terminando de iluminar los pasillos a efectos de facilitarle  visibilidad dentro del edificio.
Sola como se encontraba , ciertamente aquello impresionaba más que de costumbre. Pasillos enormemente largos que parecían no llevar a ninguna parte y que en realidad no lo eran tanto o ese juego sugerente de luces y sombras cuando aún la oscuridad se adentra por las ventanas   trayendo su frío consigo.

Sí, el lugar impresionaba,  incluso la gran sala por cuyas puertas de acceso debía pasar  la hacían empequeñecer ante tal inmensidad.


Siempre le resultó extraña aquella sensación de envolvimiento en la que se sumergía cuando se rodeaba de obras , aunque éstas estuviesen simplemente colgadas en las paredes.  Como si de un manto protector se tratara , aquello que las pinturas le decían , lo que sus autores le transmitían, la embaucaban en un mundo en el que sólo contaban   ella sola y ellos, en el que nadie más tenía cabida porque nadie era capaz de llegar hasta ese nivel de entendimiento natural  y de simbiosis.

Esther era una amante del arte , selectiva en algunos casos ,pero amante , y nadie que se preciara conocerla podría dudar de que hasta parecía otra persona cuando se hallaba en su ambiente .
Respiraba ese mismo arte en las venas y a través de los poros de la piel , y sólo a través de él, conseguía encontrarse a sí misma y mostrarse como únicamente se encontraba más cómoda .

Las salas de arte , los museos o incluso las grandes bibliotecas  conformaban los “salones de juego “ de una niña que apenas alzaba dos palmos del suelo y ya parecía disfrutar de cada obra cuando su padre la llevaba a esos lugares  , consciente de que algo en aquella niña era diferente .

Esther siempre mostró un talento innato por las artes y la creatividad , desechando muy pronto las muñecas que el resto de familiares y amigos de los mismos podían regalarle .
Con lo que su padre y sus profesores denominaron  como un talento y sensibilidad sorpresivamente impropio para su corta edad respecto al nivel que demostraba  , pronto se destacó en estas lides artísticas apreciando en demasía esas especies de excursiones que para cualquier otro niño hubieran resultado un incordio pesado de asumir  y soportar.

No obstante , con el tiempo , aquella maravillosa rareza la hizo , a su vez , exquisitamente solitaria e introvertida. Pese a no ser nunca considerada como un niña normal ,  no gozó de un número destacado de amigos desde su más tierna infancia , y conforme fue creciendo , tampoco se le conocieron amistades de aquella época que gozase de haber conservado.

Ni siquiera durante sus años de madurez, ya adulta, se le reconocía como una persona excesivamente sociable o que gustase de acudir a los actos y recepciones a los que frecuentemente la invitaban dados los contactos generados a raíz de su trabajo y los artistas con los que se relacionaba , pero ella siempre prefería declinar tales invitaciones y disfrutar de una buena copa de vino en su casa , frente a la chimenea  y con una deliciosa pieza musical , bien de jazz o clásica , con la que amenizar una larga noche en soledad.

Aquella tranquilidad de la que parecía gozar más que nadie aquel día , fue tornándose en ruidosos pasos de tacones sobre el suelo . Eugénie acababa de llegar a su despacho.
El sonido del agitado tráfico sobre la calzada lograba traspasar los ventanales cerrados a cal y canto. Las bandadas de pájaros  sobrevolaban una ciudad que comenzaba a reactivarse  y que se había acostumbrado a desoír su ruidoso cantar conjunto,  y el resto de  sonidos e incluso de olores  a un  perfume de reciente reconocimiento pero que con cuya potencia , ya invadía la capacidad olfativa  con más facilidad de la que se deseaba que la abandonase.

Tratando de volver a su núcleo de concentración, el sonido apresurado de aquellos indiscutibles tacones acercándose hacia ella la predispuso para una nueva conversación  del todo inesperada.

·        EUGÉNIE: Buenos días  - dijo desde la puerta - ¿Se puede?

Pidiendo un permiso que más bien formaba parte de una formalidad, se adentró portando una carpeta entre las manos que fue abriendo conforme se acercaba. Sin tener la intención de sentarse , comenzó a explicarle el motivo de la visita y a quién se destinaba tal documentación , colocada estratégicamente delante suya según iba hablándole.

·        EUGÉNIE: Estos son los billetes para Varsovia en el primer vuelo de mañana a las seis y media . Aquí tiene los datos del hotel  y el régimen de estancia . Se han calculado que tres días deberían bastar no obstante , el Señor Kauffman ha dispuesto que en caso de necesitar más tiempo baste nos los comunique al menos con veinticuatro horas de antelación y desde aquí trataríamos de arreglarlo.  

Conforme los papeles le eran entregados , Esther los ojeaba por encima.

·        EUGÉNIE: También se le ha facilitado la solicitud firmada de cita con el Gerente del Múseo y la carta de recomendación justificativa de su visita guiada por el Campo.   Dispondrá de un apersona que la espere en el Aeropuerto y que ejercerá de chofer durante toda su estancia , dado el relativo poco tiempo que posee , estimamos la mejor forma de sacarle el mayor partido.  ¿Alguna pregunta?

Apabullada por el exceso de organización en tan poco tiempo, apenas pudo pronunciar palabra.

·        EUGÉNIE: Bien , entonces será mejor que vuelva a mi despacho, aún he de gestionar la solicitud del scanner con el laboratorio.
·        ESTHER: ¿Tan pronto?

La directora de la exposición se sonrió ante la duda planteada.

·        EUGÉNIE:  ¿Sorprendida? No sé realmente cómo están acostumbrados a  hacer las cosas  en Inglaterra , pero aquí llevamos muchos años de tradición en cuanto a la agilización de  nuestros propios trámites simplemente porque  al final repercute en nuestra eficiencia a la hora de gestionar.
·        ESTHER:  Jamás me atrevería a dudar ese aspecto , de hecho, no lo recordaba de otra forma.
·        EUGÉNIE: Me he permitido adjuntar mi teléfono a la lista de los contactos accesibles en caso necesario . Sobra decir  que para la Pinacothéque en general y para el señor Kauffman en especial, el éxito de este viaje y de las pesquisas que pueda conseguir averiguar son lo más importante .

Respirando resignada , Esther comenzó a entender lo que el concepto de presión significaba para la mayoría de los mortales .

·        ESTHER: Soy perfectamente consciente de ello , puedo asegurárselo.
·        EUGÉNIE: Entonces ahora sí me marcho definitivamente. Feliz viaje .

Y la dejó en aquel despacho, rodeada de papeles propios extraídos de sus informes y de los ajenos que le acababan de ser traídos , mientras trataba de no pensar qué podría pasar si nada salía bien, si los resultados no fueran satisfactorios.

No era posible esquematizar nada . La maraña  entretejida de datos recabados desde antaño , concedía al investigar casi la opción impuesta por empezar de cero  como única posibilidad de sacar algo en claro.
No habían datos concretos , y entre medio de las nebulosas, las anotaciones marginales y  que rodeaban los textos principales , casi  transmitían más información que las supuestas fuentes oficiales  y datos registrados .

Apenas tres páginas de anotaciones propias la acompañarían en su pequeña libreta de trabajo, debidamente resguardada  con la carpeta ensobrada que Eugénie le proporcionó.  Una previsión de salida temprana, justo a medio día , para almorzar en uno de sus lugares favoritos  y encontrarse con ella misma mientras caminaba un poco por el centro de la ciudad , culminarían su provisional  último día hasta su vuelta .

No obstante , pese a sus numerosos intentos por tratar de olvidarse  hacia dónde se dirigía , su  mente revoloteaba una y otra vez hacia aquel mísero ilusorio convertido en  imposible, y a su vez , trataba de prepararse para una  inimaginable reacción suya en cuanto se encontrase delante de aquel arco de entrada a un mundo que , en parte , le pertenecía.

Tras  dos horas y media   en su vuelo reservado con Air  France , aterrizaba en el Aeropuerto de Varsovia- Chopin  donde tal y como Eugénie le había comunicado, la esperaba un  chofer apostado en la puerta de llegada  portando un cartel con  su apellido.

Otros treinta   minutos de caos circulatorio y locura absoluta  tuvieron que pasar antes de poder depositar la maleta en la habitación ,  escogida ,  sin duda, por las vistas que proporcionaba desde sus ventanas .

Sin descanso y no deseando desperdiciar ni un solo minuto de su escaso tiempo prestado ,  Esther se dirigió al Museo Auschwitz- Birkenau   a efectos de reunirse lo antes posible con su gerente y organizar la visita al campo en la mayor brevedad.

Enviada a la primera planta por el recepcionista que la atendió  y  apostada en uno de los asientos situados en un largo y  ancho pasillo con suelos y columnatas de mármol , esperó impaciente que alguna de las dos puertas que visualizaba  se abriera     y de ella saliese algún amable asistente que le diese la venia para adentrarse en el despacho de la discordia  como a ella le gustaba llamarlo desde que estuviera allí por última vez.

Sin poder evitar observar el reloj una y otra vez , casi de forma automática, jugueteaba con sus dedos tratando de que el resto de su cuerpo transmitiera una compostura de relativa tranquilidad , aunque el sudor que comenzaba a hacer acto de presencia en sus palmas indicase lo contrario. 

De pronto , un extraño y repentino silencio se apoderó de aquel largo y frío pasillo , sólo el sonido de una puerta abrirse, al fondo del mismo , indicaba que aún aquel lugar gozaba de relativa normalidad . Pero pese a su apertura no parecía salir nadie . Sólo la madera de la hoja de la misma abierta , sin sonidos que sobresalieran  ni pasos en el suelo .

Mientras ella centraba su atención en la que se encontraba delante suya , algo la indujo a girar su cabeza hacia el final de aquel pasillo . Se sentía observada y sus razones tenía . Un hombre con vestimenta elegante , portando un abrigo largo de color oscuro sin abotonar    y sombrero que ocultaba parte de su rostro la miraba fijamente , como si esperase algún tipo de respuesta por su parte , sin embargo  , sin retirarle la atención , se limitó a deslizar ligeramente su cabeza hacia abajo y a saludarla tocando livianamente la parte delantera del ala  del sombrero con dos de sus dedos.

Absorta en tal extraña imagen ,  no fue capaz de escuchar que la llamaban , sólo llegando a distinguir su nombre en un segundo intento por parte de la asistente  de la Gerencia .

Acompañada por aquella regia mujer , atravesaron dos puertas más antes de encontrarse  en el despacho de la entonces Gerente del complejo museístico la cual, la esperaba de píe extendiéndole la mano nada más verla aparecer.

·        GERENTE : ¿Srta Neuman? Soy  Leine Libermann, la Gerente del AUSCHWITZ- BIRKENAU.

Ella le correspondió estrechándosela antes de aceptar su invitación para tomar asiento justo en frente suya.

·        ESTHER: No sé cómo expresarle que haya accedido a esta solicitud por parte de La Pinacothéque.
·        GERENTE: No fue ningún sacrificio especial por nuestra parte viniendo de tan ilustre amigo nuestro .
·        ESTHER: Me he permitido traerle la carta de recomendación firmada por ….

Sólo alzar su mano le bastó para que la visitante entendiera que la rechazaba con toda la cortesía del mundo que era capaz de mostrar  tras un semblante que se tornó serio sin previo aviso.

·        GERENTE : Como también le manifesté al Sr. Kauffman en su momento , no es la ausencia o presencia de cartas de presentación  o solicitudes formales lo que me preocupa, que ésta versase sobre una persona integrada en nuestra lista negra de visitantes sí.

Aquel no era un tema recurrente , era una realidad palpable que  ni el museo ni ella habían logrado olvidar.

·        GERENTE : Yo ni siquiera trabajaba  en este centro, pero todos los que entramos a formar parte del equipo de la gerencia del mismo tenemos ese especial libro negro como cabecera siempre presente, de hecho, antes de que me fuera entregado ,  mi predecesor , al que sí tuvo oportunidad de conocer , me informó debidamente de los hechos que acontecieron.
·        ESTHER: Srta. Libermann, si me permite…

Pero aquella mujer , de apariencia imponente y tez blanquecina y seria ,  volvió a interrumpirla de nuevo no permitiendo que se explicase.

·        GERENTE: Voy a serle todo lo franca que mi cargo me permite Srta. Neuman.  Si se le ha permitido el acceso, eso sí, con un guía encomendado por nosotros que la dejará moverse con la amplitud necesaria para el desarrollo de su investigación , siempre dentro de unos márgenes establecidos, es exclusivamente por la intermediación del Señor Kauffman , un reputado viejo amigo de esta entidad y al que se estima sobre manera. De no haber sido así ,  nunca se la hubiera permitido acceder más allá del vestíbulo e incluso se podría haber encontrado a los hombres de seguridad acompañándola al exterior.
Christopher es además un amigo personal al que tengo mucho aprecio – aquello sonó con cierto tono de sorna por su parte -  y pocas cosas puedo negarle. Apenas tuvo que esforzarse en convencerme . Las palabras justas dichas de la manera adecuada y todo el expediente queda olvidado en la trasera de un cajón, debajo de una maraña de papeles y documentación variada.
No obstante, algo que no le dije a él y si le advertiré a usted  esperando le quede claro y no deba tener que repetírselo, es que si bien el anterior gerente no pudo impedir sus reacciones desmedidas y sus constantes faltas de respeto , por mi parte debe saber que no soy tan benevolente como él. A la mínima norma que decida saltarse , será trasladada directamente de  AUSCHWITZ al Aeropuerto  y enviada de nuevo a París con carácter inmediato en el primer avión que se encuentre disponible, sin que ni la policía  ni el consulado británico tengan constancia de nada de lo que haya podido ocurrir ¿me ha entendido Srta. Neuman?

Sorprendida por la contundencia de la aseveración , convertida en cruda advertencia  que no debía ser tomada a la ligera  y ante el temor de que un nuevo intento por intercalar una palabra suya fuese detenido abruptamente ,  Esther se limitó a afirmar con la cabeza su entendimiento, tras lo cual , la gerente se incorporó ofreciéndole de nuevo la mano , interpelando a su asistente para que la acompañase hasta la salida. 

Las órdenes y el permiso de visita tenían  una caducidad de dos días durante los cuales se incluía la posibilidad de acceder a los archivos , pero dada la hora que era y lo cansada que se encontraba , prefirió posponer la visita   a la mañana siguiente  desde muy temprano.

De vuelta al hotel , habiendo quedado con el chofer para que pasase a recogerla en torno a las seis  de la mañana , ya que les esperaban más de trescientos kilómetros de recorrido en coche , se adentró en el vestíbulo  dirigiéndose a la recepción para solicitar la llave de su habitación.

Con la vista puesta sobre sus propios zapatos y la cabeza  pensativa , a pocos metros de llegar al mostrador, mientras caminaba justo al lado de una zona de espera  acotada con grandes y cómodos sillones y pequeñas mesas auxiliares de cristal , se sintió de nuevo observada girando su cabeza hacia su izquierda , justo donde se encontraba esa zona.
De píe , conversando , el mismo individuo que la había saludado en el Museo , con los mismos elegantes ropajes  y el sobrero portado en una de sus manos. Situado a menor distancia que la primera vez , en esta  ocasión pudo verle bien la cara , y sólo  pudo sentir la desagradable sensación de un tremendo escalofrío que le ascendía por la espalda.

Aquellos imponentes y penetrantes ojos  que no podían obviarse , mirándola como si la conocieran , como si supieran quién era en realidad, con aquella confianza tomada por la fuerza y sin permiso , no dada.

Esta vez no hubo saludo de cortesía , por su parte,  sólo la interrupción de la conversación que venía llevando a cabo , por la de ella , una visualización fija y perfecta  envuelta en una mente temporalmente en blanco  a la que le aturdía tanta familiaridad. Una temeraria visión, sólo suavizada tras retirársela para continuar dirigiéndose hasta el mostrador donde el recepcionista le entregaba la tarjeta-llave , para posteriormente coger el ascensor que la llevase hasta su necesitado descanso.

Y tras una noche en la que el sueño tardó en hacer acto de presencia , en parte  por los nervios de lo que habría de acontecer  y que permanecieron durante el resto del día , con el consiguiente desgaste que ello suponía, sin necesidad de despertador, Esther hubo dispuesto todo para salir a la hora convenida.

Aproximadamente tres horas y media más tarde , las primeras alambradas comenzaban a vislumbrarse. De ser apenas un punto que adoptaba forma conforme el vehículo se acercaba , la construcción se imponía en toda su extensión, en toda su grandeza de antaño aún conservada en gran medida.  Una grandeza que imponía mucho respeto aún hoy.
Un respeto que ella sintió al salir del vehículo mientras el guía contactado por el museo se acercaba a él.

Hechas las presentaciones de rigor , el buen hombre quedó por delante de ella en un momento dado al detenerse la invitada . Frente a aquella puerta  y muros de la entrada de ladrillo rojo a las que una maldecida vía de tren llevaba de forma irrefutable.

Un silencio atronador  mezclado con el sonido leve de una suave brisa , como preámbulo del aún mayor sonido silencioso que habitaba , como el rey y señor de todo,  una vez se atravesase la verja .

Conforme más se acercaban , los vellos se erizaban con más profusión sin que nada pudiera detenerlos. El estómago, encogido por momentos , llegaba a doler de forma muy puntiaguda y desagradable , y el cuerpo, como si se tratase de un guiñapo de sí mismo, parecía arrugarse como sistema de autoprotección.

Atravesar la puerta , aquel arco culminado por aquella torre de vigilancia , supuso un antes y un después en todo absolutamente , incluso en las sensaciones.


La brisa parecía haberse detenido y no por el hecho de que el muro aún se mantuviera a sus espaldas, sencillamente,  pareciera  que no corriera el aire que necesitaban para respirar en aquella extensión de tierra.
AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE


Todos los que lo habían visitado alguna vez , hablaban de la sensación de profanar un lugar sagrado que entraba en tu interior , de olores especiales y hasta desagradables que a uno podían llegarle  y que para nada eran fruto de la imaginación más portentosa. No. No se trataba de algo psicosomático de lo que hablaban  y Esther lo sabía muy bien porque eso que ella también había escuchado  , sin dejar de creer nunca en esas percepciones , era lo que ella sentía , lo que olía, lo que la atemorizaba y acrecentaba ,aún más si cabe , su enorme respeto por aquella enorme tumba que aún se conservaba como recuerdo de lo que la historia no debe repetir jamás. Una tumba que , ironías de la vida , la UNESCO declaraba en 1979 patrimonio de la humanidad como uno de los lugares de mayor simbolismo del holocausto.

Mientras que la mayoría de los pabellones donde permanecían judíos , gitanos y rusos  se encontraban en pie y en buen estado , algunos de aquellos destinados a crematorios y a las famosas “duchas “ de gas-pesticida   SYKLON B,  fueron destruidos por los bombardeos de los aliados quedando sólo algunos vanos recuerdos de lo que fueron entonces.

Desde el muro de las  ejecuciones ,  al que se llegaba tras atravesar un largo pasillo flanqueado por las paredes de los barracones de convivencia,  hasta las zonas  habilitadas como comedor  de oficiales o enfermerías en donde la curación no era precisamente la mejor excusa para ser utilizadas, todo en ese campo sobrecogía y dolía en vena.
AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE


Cada nueva estancia sobrecogía mucho más que aquella de la que se acababa de salir . Era imposible tratar de prepararse mentalmente para cada nueva visión. Sólo cabía entrar e imbuirse en aquellos lugares con miles de nombres propios imposibles de recordar .

Los arañazos en las paredes de “las duchas” , resultaban el mejor símbolo de aquellos gritos descarnados que aún podían escucharse dentro de aquel silencio sepulcral, y con cada repaso individualizado , tratando de ponerse en el lugar de quienes dejaron tales marcas ,  el dolor agudo en su interior se hacía más patente . Un dolor propio y nada compartido que se reflejaba en lo compungido de su rostro y en la sensación de pena inmensa y profundo respeto que el lugar merecía .
AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE


Nada, comparado al momento en que el guía la llevase a uno de los hornos ubicado a pocos metros.  
La mente, en ocasiones , juega las peores pasadas . Casi podía pensarse en la influencia del cine para los más avispados en base a los datos proporcionados por los propios supervivientes y lo que a ellos les fue contado a su vez, pero aquel sobrecogimiento, aquel no poder casi respirar por temor a ser escuchado de forma entrecortada , aquellas inmensas ganas de llorar que de forma incontenible pudieron con ella en ese instante , hicieron que no pudiese resistir por más tiempo en su interior y pidiese salir fuera para tratar de tomar aire.

De píe , en mitad de ninguna parte  y de todo aquel mundo, tras unos segundos en los que pareció que asumía verdaderamente que estaba allí , su cabeza comenzó a girar y sus ojos miraban sin buscar algo concreto pero captando las fotografías memorísticas de cada lugar , de cada edificio , de cada valla electrificada , de cada cártel, de cada puerta que llevaba a una muerte segura.

Sentada en el frío suelo de piedra ante la imposibilidad de hacerlo en otro lugar , el guía le preguntaba insistentemente si se encontraba bien . Su rostro, pálido , no le daba a pensar lo contrario , pero ella  le insistió en esperar unos instantes puesto que no creía poder volver y requería poder acceder a dos estancias concretas : los archivos y la residencia- despacho de HIMMLER.

Tras unos momentos en los que trató de tranquilizarse , le solicitó al guía que le llevase a ambas estancias  por el orden dicho.
La parte destinada a los archivos , lejos de la apariencia del resto de barracones , resultaban ser las antiguas oficinas de gestión alemanas debidamente restauradas , y como recuerdo de quiénes estuvieron allí y no vivieron para contarlo , de los mismos archivos , se extrajeron las fotografías de los que allí  acabaron sus últimos días  , enmarcadas y colgadas de sus paredes , resultando muy difícil poder andar por ellos conservando la normalidad o  tratando de ignorar sus rostros .

En un lado , las mujeres . En el otro , los hombres . Y al final del mismo, en una inmensa pared , los retratos individulizados de las mujeres y hombres  que como manos ejecutores por el bien y los principios de un régimen con vocación de nuevo imperio, obedecían de forma ciega las órdenes del Führer y sus subalternos al mando.
Los soldados con sus nombres , rango o puesto ocupado y destino . Las mujeres, mal llamadas cuidadoras , que ejercían de las fieles guardianas de este sin sentido bajo el que fue creado el lugar .
AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE

AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE

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Y los papeles . Miles de archivos guardados cuidadosamente en murales “submarino” . Catalogados por actividades , barracones afectados y años . Pero entre todos , sólo unos pocos centraban su interés en este instante, aquellos que se referían a la entrada y salida de mercancías  personales de Himmler poco antes de la inauguración y apertura oficial del campo.

De entre todos los objetos , muebles  y demás enseres , destacaban una serie de cajas planas traídas a parte en un vagón independiente durante una mañana de finales de Abril  de 1940. Un  cargamento fuertemente custodiado por seis soldados pertrechados y bien armados a los que no se les permitió salir del vagón en ningún momento hasta que la última caja se encontrase en su lugar , y entre todos los detallados datos , porque de entre los archivos que conformaban la guía diaria sobre el acondicionamiento de las estancias de alto mando alemán, un detalle que no pasó nada desapercibido.
Los informes hablaban de doce  cajas planas . Doce y no once , pero también se matizaba que una de ellas no gozaba de las mismas medidas de seguridad que las demás  , siendo la última e transportarse  al interior .
Doce cuadros que sólo alguien de mucha confianza de Himmler extraería de su halo protector de seguridad para ser disfrutados por el comandante a espaldas de quién de verás sería su final destinatario y principal encargante : Hitler.  La misma persona que se designaría para volver a asegurarlo dentro de sus cuidadosos envoltorios para que parecieran no haberse abierto jamás, lo que hubiera enfurecido al que ahora era su propietario.

Doce cuadros y no once. La confirmación que necesitaba para comenzar a buscar.

Un vez hubo tomado las anotaciones precisas que allí se apuntaban , se retrotrajo a algunas de sus anteriores páginas , escritas por ellas , donde se relacionaban tres nombres , las últimas tres personas que habían mantenido, de alguna forma, algún contacto con la colección, y junto con sus nuevas notas , volvió a anotar sus nombres .

El sonido de los archivadores rodando y cerrándose tras de sí, una puerta que se dejaba atrás y otra frente a la que se enfrentaba , de madera vieja y casi mohosa aunque trataran de conservarla, la que daba acceso a la residencia del mando alemán ideólogo de aquel campo de muerte .

Austeridad alemana como no podía ser menos como parte del ideario del soldado alemán , lo que difería notablemente de los lujos nada austeros de su casa familiar en Berlín. Un camastro , un armario pequeño y una mesa con su silla de madera , nada más . En principio ,  nadie pondría en duda la practicidad del lugar , especialmente porque Himmler jamás pasó largas temporadas en él, ya que rotaba entre los campos satélites y los otros dos principales : AUSCHWITZ I  y  AUSCHWITZ III MONOWITZ ( el principal centro industrial  químico alemán, dónde se fundó la IG FARBEN  , compuesto por las cuatro principales industrias alemanas del sector : BAYER, BASF, HOECHST Y AGFA a la que más tarde se uniría  PELIKAN , que además proporcionaba la tinta con el que se tatuaba el número a los prisioneros de los campos).

Resultaba muy difícil imaginar  que aquellos cuadros pudieran estar colgados allí alguna vez , especialmente por su posible deterioro dados los cambios tan extremos  de temperatura y la falta de acondicionamiento adecuado en dicha estancia , cuyas paredes de madera no parecían gozar de demasiado revestimiento ,  compensando los tiempos fríos con una gran estufa  abierta .  Todo hacía pensar a Esther , que  posiblemente jamás fuesen extraídos por entero de sus cajas , que era más que probable , que  Himmler sólo ordenase retirar la tapa frontal de los mismos  y que , colocados por su debido orden , apoyados entre el suelo y las paredes , gozase en sus ratos libres  de semejante y embaucadora visión , y que incluso , yendo mucho más ,  pudiese incluso sentir cierta congoja al desprenderse de ellos  cuando se los entregó personalmente al Führer, pudiendo incluso debiendo ocultar cierto odio o envidia hacia su persona por el simple hecho de poseerlos para su exclusivo disfrute privativo.

Una sucesión de imágenes perturbadoras y difíciles de olvidar con las que llegaba la hora de marcharse.  Un  lugar  al que por el momento no pensaba regresar y que aún le dejaría una última fotografía  : la puerta de acceso a un barracón desgraciadamente especial y aún más difícil de reconocer pero al que se negó a entrar , el barracón número diez. Habilitado como hospital y supuesta enfermería  donde realmente todo el mundo sabía lo que sucedía en el interior de sus muros , a puerta cerrada , y dónde el catálogo de principios de lo que podría considerarse  una buena praxis médica no existía.
Una mirada sentenciadora y mortal hacia un lugar que ella , por desgracia , conocía muy bien , y ante  el que sólo pudo bajar la mirada y respirar hondo antes de continuar dirigiéndose hacia la salida .

Con su cabeza baja , tratando de asumir todo lo vivido tras la visita , sólo fue capaz de alzarla cuando , acercándose al vehículo que la esperaba , vio unas piernas de alguien que permanecía apoyado en él.

Despidiéndose del guía que visiblemente preocupado y con exquisita amabilidad  volvió a preguntarle por su estado , se acercó al coche .  Sólo le bastó mirarle . Su semblante lo decía todo , y sin mediar palabra alguna entre ellos , ambos se subieron  al vehículo.

Había venido sola , pero no lo estaba . Adam se encontraba allí.

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados





 
AUSCHWITZ II - BIRKENAU. Cred Ag EFE

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