Amor incomprendido desde el
principio ,
el mundo ,
aburrido de sus propias
barbaridades,
se dedicó a juzgarnos .
Pecados vulgares para los
demás ,
mundo que parece no darse
cuenta de que los suyos
distorsionan toda la realidad ,
donde una caricia se realiza con púas de cristal,
hiriendo en lo más profundo
del alma destrozada
de quién ve romperse sus
sueños delante suya
por obra y gracia de los
demás.
Máscara de plata unida a la piel con acero hirviente ,
que me recuerde la vergüenza del
ser humano y de lo que es capaz
cuando al envidia se apodera
de él.
Negros sentimientos los que
atesoran
Al que pretende redimirse con
la desgracia que causa ,
cuando las mentiras se
convierten en verdades decoradas de realismo ,
de imágenes perfectas ,
mientras el dolor se apodera de todo
extendiéndose como la peor de
las pestes.
Cadenas que pusiste en mis
manos y que me impiden llegar hasta ti.
Cadenas que rodean mis piernas
sin que pueda acercarme .
Cadenas amordazantes de una libertad
manifiesta
que ocultan mis palabras
cubiertas de verdades no escuchadas,
de verdades ínfimas ,
minúsculas frente a las mentiras que preferiste creer.
Venganza sin sentido , sólo
oportunidad.
Risas en la lejanía más
cercana .
Manos que ates portaban las
piedras ,
ahora escondidas tras los
cuerpos de sus lanzadores.
¿De qué ha servido todo el amor que te he entregado,
de qué servirá el que aún conservo
con la esperanza de que
vuelvas a mí
en busca de la explicación que
te mereces?
Vivir muriendo de amor es
posible ,
sobre todo cuando la verdad se
tiñe de negro luto
y de oídos cubiertos por
palabras insultantes llenas de dolor,
cuando se comienza a añorar aquello
que antes era habitual y deseado
y ahora no es más que un
recuerdo que manchas una y otra vez.
Morir viviendo con un amor que
no vuelve ,
que otros te arrebataron ,
es la kimera imposible de la
desaparición más cruelmente dulce ,
en la que mi cuerpo se va desvaneciendo
entre tus caricias por mí soñadas y
obtenidas,
en la que mis labios aún
rememoran el sabor de unos besos que jamás cesaron ,
y el tacto de una piel que demostraba a cada
instante añorar la mía.
Dobles juegos ,
dobles caras .
Mentiras en base a salvaguardar algo que no nos
pertenecía ,
entregados en falso por
necesidad ,
reproches mundanos a algo
divino,
vida terrenal en un sueño que
no cesa,
ni cesará
mientras conserve la esperanza
de que puedas escucharme,
de que aún quede algo mío en
ti
y creas en la única verdad que
siempre mereció la pena,
la nuestra.
Ana Patricia Cruz López
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