sábado, 7 de enero de 2017

LA MUJER DEL RETRATO . ADAM Y EL HOMBRE CLAVE. JOSEPH ( Segunda parte) ( Registrado en SAFE CREATIVE OCTUBRE 2016)

LA MUJER DEL RETRATO
ADAM Y EL HOMBRE CLAVE. JOSEPH
(Segunda  parte)


Ni siquiera era amante del arte contemporáneo, lo suyo eran los clásicos , los renacentistas y los impresionistas. Eso que los especialistas llamaban nuevo arte  ,  no le resultaba atrayente simplemente porque la gente normal , sin conocimientos , sería incapaz de conectar .

Sin capacidad para meterse en la mente del artista , fuera éste pintor o escultor, nunca extraía ninguna conclusión cuando se disponía a enfrentarse a una de ellas , pero aquel cuadro cuya indefinición la atraía tanto, la tenía ensimismada sin saber por qué.

Una voz muy particular , casi engañosa con el aspecto del individuo que se encontraba tras ella , y la imagen de un dorado cubierto por el vaho de una humedad propia del contraste por temperatura, fue lo que la trajo de aquel estado de percepción absoluta en la que sus sentidos parecieron bloquearse entre medio de aquel conjunto de líneas incoloras y aparentemente sin orden  que jugaban al libre albedrío sobre un lienzo.

De pronto , aquellos ojos que la observaban  resguardando un interior infranqueable tras una apariencia opulentamente atractiva , se convirtieron en el siguiente objetivo. Imposibles de esquivar , profundos, aseveraban una temible seguridad en sí mismo por parte de su portador , especialmente en cuanto al dominio de la  historia de quién tenía delante  o del espacio que le rodeaba.


Observadora innata , de la misma forma que se sentía analizada , con disimulo, trató de extraer sus iniciáticas propias conclusiones  . Excesivamente perfeccionista a juzgar por la exquisita colocación de la ropa , no conducía su propio coche o si lo hacía , posteaba ser inmensamente cuidadoso, tanto, como para evitar ver una sola arruga en los lugares habituales en que debieran estar .

Demasiado correcto en su pronunciación, pese a no aparentarlo, efectivamente podía presumir de  llevar la insigne Alemania  en todo él , tal y como ya le había puesto en sobre aviso Adam, pero de lo que nadie la había puesto al corriente , es de lo sumamente intrigante que parecía .
Ejerciendo  un papel muy bien aprendido, se mostraba educado e interesado en cada una de las posibles reacciones que ella tuviera . Cogerla por sorpresa  podría haber sido sólo el comienzo de una prueba de la que aún no se podía determinar el propósito, pero no había nada en él, ningún gesto, que no estuviera milimétricamente medido.

Gozaba de una ventaja que ella no tenía o ésa , al menos , era la impresión que Esther profesaba. A ella nunca le gustó ir a ciegas con nadie  y menos cuando se trataba de trabajo. ¿Cómo comenzar a desarrollar una conversación con alguien que con tan sólo mirarte  daba la impresión inequívoca de saber las preguntas ?

No hizo falta ser la primera en avivar un fuego en apariencia extinto , ni derretir el hielo ocasionado por la impresión . Él se bastó solo para eso.

·        JOSEPH: ¿Le gusta?

Hablaba del cuadro frente al cual llevaba un tiempo demasiado largo para ser ella , y sin embargo tardó en reaccionar antes de volver a girar la vista hacia él.

·        ESTHER: Me temo que el arte contemporáneo y yo somos bastante discordantes.

·        JOSEPH: Exclusivamente  cabe la apreciación del artista y su banal intento porque sea el propio público quién se embauque y le otorgue el sentido que crea.

·        ESTHER: Quizás es que nunca me haya gustado la indefinición como concepto.

·        JOSEPH: ¿Impresionistas quizás?

·        ESTHER: Románticos y Renacentistas podríamos incluir.

·        JOSEPH: Vaya , justo lo que apenas necesita de su experta opinión porque está todo dicho .

Una afirmación tan contundente como peligrosa . Una opinión vertida para provocar , exclusivamente . Un anzuelo lanzado que sólo resultaba medianamente efectivo.

Centrada de nuevo su atención en él, le ofreció ahondar en su paseo de observación por el resto de la sala a fin de continuar la conversación, a lo que ella aceptó siguiéndole .

·        JOSEPH: Esta es una ciudad pequeña  y  en París aún conservo importantes amistades . Quizás este sea el eslabón que le falte para entender el inicio de nuestro encuentro.

·        ESTHER: Si lo que pretendía era captar mi atención y avivar mi curiosidad  debe felicitarse por ello , lo ha conseguido, aunque supongo que esas mismas amistades también le habrán dicho qué hago aquí y por qué le busco, así que ¿por qué no vamos directamente al grano y me evita tener que preguntarle?

Sonriéndose ampliamente , él bebió un sorbo largo de su vino mientras la guiaba a uno de los apartados de la sala donde se encontraban solos.

·        JOSEPH: ¿Le gustan las personas directas y la ausencia de argumentos superfluos? Bien, entonces creo que debe saber que efectivamente sé quién es , sé quién la envía y sé por qué,   ya que esos mismos que la contratan ya  han intentado lo mismo que usted  intenta ahora hasta en dos ocasiones , la más reciente hace algunos años, cuando aún Viena no les había concedido los derechos sobre la colección, pero lejos de evaluar el posible respeto que pudiera tener sobre la Pinacothéque  como museo o sobre quién o cómo se gestiona , lo que no me gustaría es rebajar el alto concepto que tengo de usted como profesional del ramo tratando de averiguar , como si esto fuese un juego , unas preguntas que sé que no tiene , no al menos en su cabeza , porque sinceramente , si osase repetir las mismas formuladas por sus antecesores , me temo que recibirá peor respuesta que ellos .

Bajo otras circunstancias la palabra que mejor podría definirle es cargante  hasta casi resultar obsceno. Ese exceso de seguridad en sí mismo  y su enquistada actuación , no otorgaban demasiadas opciones  al contrario.

·        ESTHER: ¿Y qué preguntas se supone que serían las óptimas en este caso?

·        JOSEPH: Las justas . Precisas .
·        ESTHER: ¿Y qué garantías tengo de recibir las respuesta apropiadas a tal nivel de exigencia?

·        JOSEPH: Ninguna. Yo no ofrezco garantías , no lo hago en ninguna de las facetas que desarrollo en mi vida , pero puede que de los silencios , si es tan lista como  tengo entendido y aparenta, extraiga sus propias conclusiones.

·        ESTHER: Así que este es su juego y estas son sus reglas.

·        JOSEPH:  ¿No le gusta jugar verdad Sra . Neuman?

·        ESTHER: No. No me gustan los juegos ni los jugadores .

·        JOSEPH: Curioso proceder teniendo en cuenta en el mundo en el que se mueve dónde las apuestas más altas se realizan desde mesas invisibles a golpe de teléfono.

·        ESTHER: Yo sólo evalúo y catalogo obras Sr. Weigel, lo que mis clientes hagan con ellas no me  ha incumbido nunca.

·        JOSEPH: Extraño escuchar eso en boca de una persona que se declara  amante del arte.

No hacía falta más . Ella sabía que preguntase lo que preguntase  no obtendría ninguna respuesta concluyente . La estaba tanteando, comprobando sus propias averiguaciones , las informaciones de que disponía. Poniéndola a prueba .

Receloso hasta decir basta , resultaba tan inaccesible y acaparador como su aspecto profería  de él, y sin embargo , lejos de amedrentarse , Esther  se interesó por saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar . Contrariamente al efecto esperado, su contrincante optó por desinteresarse .

·        ESTHER: Y lo amo , pero no tengo por costumbre cuestionar la práctica de mis clientes.

·        JOSEPH: Conformista , no lo esperaba .

·        ESTHER: ¿Cuestiona usted lo que hacen los suyos?

·        JOSEPH: En cuanto a mi faceta de abogado ,  mis clientes , una vez se ponen en mis manos , dejan de ser dueños de sus propias decisiones  hasta que todo ha finalizado. Como apoderado de artistas , simplemente preservo aquello que ellos quieren resguardar, sean proyectos, obras, domicilios o … identidades.

·        ESTHER: Un estricto deber de sigilo profesional , extraño viniendo de alguien que pasa la mayor parte de su tiempo libre haciendo pública dichas obras y debiendo promocionarlas. Lo que sí resulta asombroso , más si tenemos en cuenta como se mueve este mundo, que más de un interesado , sobre todo si rige galerías , no le haya puesto como condición inexcusable la presencia del artista.


·        JOSEPH: Quienes se ponen en contacto conmigo saben a lo que se atienen y saben el tipo de apoderados que mayoritariamente llevo. Es la obra lo que realmente importa no el hombre que está detrás. Es la obra la que debe sobrevivir , venderse a sí misma y no la firma . Quienes sólo se interesan por esto último , son los que consideran esto como una simple inversión ,sin nada más que aportar . Números en una cuenta y una enorme caja fuerte privada en algún prestigioso banco en el que quedar relegada.

Y aunque pareciera extraño ella coincidía en aquel virtuoso planteamiento. La primera cosa coherente que desentrañaba parte de su personalidad . Indudablemente amaba el arte , porque nadie que no lo amara podía afirmar con tanta rotundidad su desprecio por los sólo veían y presumían de su fácil acceso al arte como inversión de futuro , tratando de captar jóvenes promesas  con proyección cierta y segura a efectos de poder deshacerse de esas obras cuando ya resultaran afamados y rentables.

El mercado del arte a veces resultaba  de mayor riesgo que la bolsa , especialmente si el experto, que bien podría sustituir al típico bróker , se equivocaba en la previsión .
Un cuidadoso estudio de la oscilación del mercado y gusto  combinado con la evolución de la modas y las cifras en ventas era primordial para que estos “carroñeros” sacasen tajadas limpias de cada operación y de cada nuevo cliente captado, y en el que la palabra escrúpulos , se movía oscilante entre la de su valor como principio y el chiste del mes.

Sí, ciertamente estaba de acuerdo con aquella argumentación , y lo estaba de forma aplastante, pero aún así, su deber de sigilo profesional , llevado hasta las últimas consecuencias , no le daría la oportunidad de obtener las respuestas que tanta falta le hacían.

·        ESTHER: Una auténtica pena. La conversación comenzaba a parecer interesante  pero… - mirando su reloj – ya es hora de que me marche.

·        JOSEPH: ¿Volverá a París?

·        ESTHER: Mañana por la mañana . Nada hago ya aquí . Sin respuestas , tendré que comenzar a investigar otras alternativas.

·        JOSEPH: ¿No tira la toalla nunca verdad?

·        ESTHER: No tengo por costumbre hacerlo.

·        JOSEPH: ¿Entonces por qué rendirse ahora? ¿Por qué está dispuesta a marcharse de Polonia sin sus ansiadas respuestas?

·        ESTHER: Porque éste es su juego Sr. Weigel, y como le dije antes , no me gustan los juegos ni los jugadores. Si me disculpa …

Simplemente se dio la vuelta , dándole la espalda mientras se dirigía a la salida ante su atenta observación . Una observación en la que no quedaba  indiferente ante una mujer que le había causado una impresión que no esperaba.

Sola,  de regreso al hotel y dispuesta a recoger sus cosas y finiquitar su equipaje de nuevo , en cuanto llegó a recepción solicitó su llave y , a paso presto, se incorporó en el ascensor nada más llegar éste al vestíbulo.

Tratando de recopilar mentalmente sus notas y de buscar una vía alternativa en la que poder  fundamentar  su regreso , tras entrar en la habitación , sin encender la luz  aún ,  se quitó los zapatos dejándolos cerca de la entrada  .
Conforme iba acercándose hacia la mesita auxiliar situada a su izquierda para encender la pequeña lámpara  , se desabrochó la falda y la dejó caer.  El sonido del interruptor dio lugar a la visión situada justo delante suya .

No sabía por qué , pero no se sorprendía. En el fondo , pudiera parecer que todo era demasiado previsible con él ahí, y como antaño, su imagen , sentado en aquella silla con aspiraciones a antigüedad de mercadillo , con sus piernas cruzadas y los brazos en el pecho, le traía una detención en el tiempo , una ubicación en otro lugar, y sólo por un instante  no había preguntas qué hacerse  ni se querían . Por sólo un instante , ella volvía a verse en sus profundos y enormes ojos , como siempre se vio  reflejada , con aquellos aires de libertad  que siempre le otorgó  mientras otros se lo habían impedido, con aquellos silencios eternos  bajo la musicalidad de una respiración entrecortada y asfixiante , con la desesperación de los amantes que no volvieran a encontrarse nunca aunque permaneciesen en la misma habitación.

Así eran ellos. Incisivos , distantes hasta que él la viera en aquella exposición y coincidiera poco después en la facultad, cuando pasar a posta por detrás del lugar dónde estuviera situada sólo para deleitarse escuchándola hablar  era la mejor excusa para conocerla ;  cuando  a sabiendas de sus horarios , la coincidencia en los pasillos , resultaba todo en ese  día amén de su más alta pretensión por captar su atención .

Cuando todo estuvo hecho, cuando la casi imposible seducción acometió el mayor grado de locura , aquella atracción nunca fue a menos . Cuando ella vio de lo que él era capaz de forjar con sus propias manos , en su estudio , de lo que parecía casi imposible de extraer en un modelo de arcilla primario  y cómo lo convertía en algo maravilloso  dando calidez a la fría piedra o al basto bronce ,  él obtuvo lo que siempre deseó , tenerla , que fuera suya hasta convertir la ansiedad en insaciabilidad  y su no compañía o su no presencia , en la falta de aire más cruel.

Ninguno de los dos pudo suponer entonces  que aquella destructiva relación lo abarcaría todo, que lo que empezó como una atracción hacia una escondida inteligencia  nunca mostrada en público, acabaría pasándoles factura .

Una locura en la que ambos pervivían y que se encargaban de alimentar cada día, pero de la que trataron de desprenderse sin conseguirlo , hasta que una obsesión y una llamada de teléfono lo cambiarían todo .

·        ESTHER: ¿Cómo has entrado? – cayó en la forma - ¡Ah, claro! Tus amistades .

·        ADAM: Has vuelto pronto.

·        ESTHER: Quizás tú puedas decirme por qué.

Incorporándose hacia delante , mostró sorpresa .

·        ESTHER: Le avisaste de que iría. Apenas diez minutos allí y me enfiló de forma directa viniendo hacia mí.

·        ADAM: ¿Qué le avisé? Pero… Pero  ¿de qué estás hablando?
·        ESTHER: Lo que aún no logro entender es qué pintas tú en toda esta ecuación. Te presentas en París de pronto , me cuentas una historia que me lanza directamente hacia lo que denominaste como la única pista posible y fiable , vengo aquí y reapareces de nuevo sin explicación  ocultando o mediatizando la información que sobre mí tenía él, y ahora estás aquí. Afirmaste conocerle e incluso haber hablado con él. Afirmaste tener un objetivo necesario sin dar las razones de por qué , y en vez de dirigirte tú directamente hacia esa pista tan espléndida , me envías a mí como intermediaria perfecta , alguien no molesto , muy cómodo para él , alguien  que desconoce todo sobre la aparentemente única persona que puede llevarla hasta el cuadro que busca . Dime Adam , ¿por qué?

Una labor analítica absolutamente magistral que él debía tratar de sostener  y que , como siempre , resultaba demasiado difícil de afrontar.

·        ADAM: ¿En serio crees que todo esto es una de esas teorías conspiranóicas? Yo sólo te puse en el camino y te dije lo que necesitabas saber, y pese a todo ¿me acusas de estar detrás ? ¿De qué?

·        ESTHER :  Reapareces en mi vida después de tantos años dando muestras de volver a controlarlo todo, dónde vivo, mis horarios , dónde trabajo y en qué, hasta te atreves a utilizarme .

Apenas un leve intento de acercamiento provocó que ella retrocediera.

·        ESTHER: ¿Por qué?

El mutismo en él , difícil de olvidar , no hizo que ella se compadeciera .

·        ESTHER: ¿Sabes qué es lo peor Adam? Que pese al paso de los años , el silencio siga siendo tu única respuesta.

Dirigiéndose hacia el baño cerró la puerta tras de sí dejándolo solo , con  la cabeza baja hasta que logró reaccionar .
Comprobando que no podía abrir la puerta , apoyó su cuerpo en ella .

·        ADAM: No puedo .

Al otro lado , sentada en el filo de la bañera , trataba de hacer acopio de fuerzas para volver a desprenderse del sonido de aquella voz lastimosa que le hablaba a través de  la puerta.

·        ESTHER: Nunca has podido.

·        ADAM: Ábreme la puerta , por favor.

Y ante el silencio de ella como respuesta , él volvió a reiterar su petición .

·        ADAM: Esther , ábreme la puerta.

·        ESTHER: Ya saliste una vez de mi vida  Adam, te será fácil volver al mismo lugar.

Sin más súplicas que hacer , sin más ruegos que escuchar, esperó inquieta a que el siguiente sonido fuese el  cerrar de la puerta de la habitación  , pero lejos de imaginar que eso se produciría, la imposición  de la presencia de él tras dar una patada en la puerta , la sobresaltó e hizo que se incorporase.

Sus ojos , húmedos y más brillantes que nunca ,  fue lo único que pudo ver . Trató de que no le influyese , de no perder la objetividad , lo que no resultaba nada fácil con él. Nunca lo  había sido.

·        ADAM: No pude contestar .

“No puedo”. Aquellas dos palabras tan familiares entre ellos , convertidas en haz de los celos,  el empecinamiento y la mala interpretación  en un “no quiero” .  Dos palabras que quedaron marcadas en ambos.

·        ESTHER: Te supliqué . Te rogué hasta  en tres ocasiones  y sólo recibí el silencio por respuesta .

·        ADAM: No po...- fue interrumpido abruptamente -.

·        ESTHER : ¡ No pudiste! ¡La maldita excusa ! ¡Me dejaste sola cuando más te necesitaba , en aquel calabozo ! ¡Sin mi equipaje , sin mis objetos personales, sin nada !  Sola, con tu silencio. Y ahora reapareces en mi vida de la misma forma que entraste en ella , sin esperarlo, cuando había dado por sentado que te habrías ido de París o con la esperanza de que siendo una ciudad tan grande , un país  , el francés , tan enorme, no tendría porque encontrarme contigo. Pero no. Tú y tus maravillosas amistades  que no utilizaste para evitar que me deportaran.

Visiblemente afectado, casi se podría decir que hundido o al menos tocado y no en superficie en mitad de un bombardeo que ya iniciase él hace años, trataba de encontrar las palabras que le ayudasen a continuar , a dirigirse a ella y darle la explicación que mejor pudiera ofrecerle .
Sabía que no podría compensarla pero intentaba , al menos , otorgarle algunas de las palabras que fue incapaz de decirle por teléfono. Sin embargo, una vez más , no pudo .

La contundencia escuchada no le permitió  pensar nada creíble que decirle cuando la posibilidad de contarle las verdaderas razones  no era una opción.
Un incidente diplomático resuelto en cuestión de horas  y en el que la única llamada que se le permitió realizar fue a él  , no sirviendo absolutamente para nada .

Una reacción no tan desmedida como el entonces gerente del Museo declaró en su informe y ante la policía . Un altercado provocado por respuestas inconexas y sin sentido a sus preguntas , por una imposibilidad de saber la verdad , querer saciar unas ansias nos satisfechas por quienes tenían la obligación  de hacerlo.

Él era en lo único que podía confiar en ese momento . Su familia , o lo que quedaba de ella , no era una opción. No entonces . Y sin embargo, su único respiro , su salvavidas , la dejó sola y sola continuó sintiéndose el tiempo que prosiguió a aquella llamada .  

No alzó la cabeza . Parado frente a ella , cerrando los puños con fuerza desmedida , acabó con sus manos en sus piernas tratando de contenerse , tratando de sobrellevar una serenidad necesaria.

Esther simplemente esperaba que se fuera , pero él continuaba allí, de pie , delante de ella , hasta que por fin pudo verle el rostro .  
No habían sido muchos los años que permanecieron juntos  pero sí el tiempo , lo suficiente como para poder interpretar cada gesto, cada expresión de su hermoso rostro , y aquel, le hizo caminar buscando alejarse  impidiéndoselo la pared cercana a su espalda.

Silencio. Justificado silencio en el que ahora las palabras sí sobraban y en el que su acercamiento , pausado , iba  desgarrándola como sólo recordaba que él era capaz de hacerlo.
No pudo mantenerle la mirada,   siendo su pecho lo que vi a continuación junto al suyo.

El calor de su mejilla , tan cerca de la suya , hizo que todo se paralizase  autocastigándose a sí misma , desde su interior , por sentirse así.
Apenas sentir el roce de sus labios en un solo pero mantenido beso,  la hizo desear que todo aquello no fuese real ,  que se odiase a sí misma por aceptar este trabajo que la trajera de vuelta a su pasado , a todo su pasado , el habido con él y aquel en el que él no formaba parte, sin embargo allí estaba , volviendo a sentir aquella calidez , aquel gesto aparentemente sincero que ella prefirió entender como una disculpa aunque su significado real fuese otro.

Y el frío volvió , y la soledad , tras el sonido de una puerta cerrarse , regresó como compañera de viaje.


Seis de la tarde del día siguiente .  En un chateau a las afueras de París.

La verja permanecía abierta de par en par a la espera del resto de invitados . El primero de ellos ya se encontraba en él desde hacía horas , y el segundo  llegaba en ese instante  aparcando su vehículo junto con el que ya se encontraba allí estacionado. Su ocupante, descendió de él dirigiéndose hacia la puerta , introdujo la mano derecha en el bolsillo de su abrigo y extrajo una llave con la que  abrió.
Tras entrar en la casa se dirigió hacia la parte trasera donde un salón no demasiado grande,  ofrecía el paso intermedio hacia su culminación perfecta , un pequeño patio con vides colgadas de un enrejado de jardín.

Conforme se acercaba a él, fue quitándose los guantes  dejándolos encima de una pequeña cómoda con espejo situada a su izquierda.

·        JOSEPH: ¿Cuántas llevas  ya?

·        CHRISTOPHER : No las suficientes , pero tampoco demasiadas.

Con una copa balón con brandy hasta casi la mitad  y un aspecto sereno , Chistopher le recibía , dispuesto a servirle otra a él mientras éste se quitaba el abrigo.

·        CHRISTOPHER : ¿Estamos solos?

·        JOSEPH: Por el momento .

Tras coger su copa se la acercó  a la nariz para disfrutar del olor añejo de aquel brandy tan especial , y conforme sus labios y su paladar degustaban el delicioso sabor  del mismo en un minúsculo sorbo, mostraba lo que se podría denominar como la muestra del mejor “saber vivir” que se podía disfrutar.

·        CRISTOPHER : ¿Crees que ha sido una buena idea ?

·        JOSEPH: Dados los acontecimientos , necesario.

·        CHRISTOPHER: Yo no estoy tan seguro.

El sonido de un coche en el exterior atrajo las miradas de ambos hacia el otro lado de la casa .  Joseph se apostaba en la puerta visualizando el exterior mientras Christopher  esperaba de pie , observando la entrada a la sala.

De pronto la puerta se abrió.

·        CHRISTOPHER: Ya estamos todos .

·        JOSEPH: El hijo pródigo se ha dignado comparecer.

Aquel tono irónico sin que le acompañase una cara , resultaba difícil de asimilar .

·        CHRISTOPHER : ¿Una copa ?

·        ADAM: No gracias .  Yo también me alegro de verte Joseph.

·        JOSEPH: No presupongas tanto. Que te haya dado la bienvenida no significa que me alegre .

·        ADAM : El sentimiento es mutuo .

Una tensión que cortaba el aire y que Christopher trataba de paliar.

·        CHRISTOPHER : Me gustaría que por una vez, sólo por una vez , hubiese algún adulto extra que no fuera yo solo.

·        ADAM: Eso deberías decírselo al jefe supremo que es el que presume de comportamiento y rectitud.

·        CHRISTOPHER : Adam…..

·        ADAM: Esa forma tan germana de hacer las cosas  y de creer que los demás debemos obedecer.

·        CHRISTOPHER : Adam…. No sigas .

·        ADAM: Realmente me pregunto porque diablos …

La voz de Joseph le silenció.

·        JOSEPH: ¿Va a suponer  un problema , Adam?

·        CRISTOPHER: ¿De qué estás hablando?

La tensión se imponía en su rostro mientras  Joseph ,por fin, se dignaba darse la vuelta mirando fijamente a Adam.

·        JOSEPH: Me refiero a ella y a ti  .¿Va a suponer esto un problema?



Ana Patricia Cruz López
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