LA MUJER DEL RETRATO
Adam , como ya era habitual en
él ante la presencia de Joseph , no
terminaba por encontrarse cómodo. Se sentía vigilado al milímetro y eso
no era algo que llevase bien.
Él se encontraba trabajando en
su estudio, o por lo menos intentándolo. Una nueva que culminase una serie de
cuatro sobre el paso del tiempo , sobre la vida , algo que le había inspirado
durante una tarde de verano sentado en un banco en un parque .
El paso de las horas había mudado de tal forma que la mañana
empató con la noche y ni siquiera él se dio cuenta , hasta que tras encontrarse sentado frente a su proyecto
a medio terminar, tocaron a la puerta .
Nada más abrir , se extrañó de que apenas entrase luz por las ventanas
de la escalera del edificio , pero no portaba reloj , nunca lo hacía mientras
trabajaba , y tampoco se acordaba de ello.
Christopher había ido a
buscarle . Hacía mucho tiempo que no se habían visto y aparentemente lo que comenzó como una visita de cortesía e interés por los avances de sus
últimos trabajos y la confirmación de los rumores que circulaban sobre su
vuelta con una gran exposición, acabó en
una cena en el mismo estudio , preparada por el propio Adam, y en el que la
conversación inicial sobre el recordatorio amable de los viejos tiempos acabó
convirtiéndose en una propuesta casi temeraria y difícil de explicar.
Para Christopher , Joseph era
un viejo conocido. Un socio de negocios
demasiado acostumbrado a hacer las cosas por sí mismo, sin delegaciones
, de hecho , no sólo montó su despacho de abogados apenas finalizase la carrera sin contar con
nadie y sin un plan de previsión , si no que lo mantenía, muchos años después, en las mismas condiciones , de forma exitosa,
bajo el fundamento de no deberle favores
ni “gracias “a nadie .
El tema del arte , para el
germano , le venía de familia , pero hasta en eso resultaba excesivamente
controlador. Pese a su prestigio , no gozaba de “demasiados “ protegidos. Sus
formas pasaban por la ausencia de independencia en la toma de decisiones de los
auténticos protagonistas bajo la excusa de que todo se realizaba por su bien ,
y que ellos sólo debían preocuparse de crear , que de los otros menesteres ya
se encargaban los burócratas varios, entre los que él, por supuesto, se daba
por incluido.
La primera vez que se vieron
Joseph y Adam , con Christopher como intermediario y maestro de ceremonias ,
fue determinante para su relación posterior. Sólo se trataba de negocios , de
una propuesta en la que lo único que el artista debía otorgar a manos llenas y
sin demasiadas preguntas , era su habilidad para la socialización y su sangre fría , pero aunque su valedor
oficial, aquel que más le conocía , ya hubiera dado buena cuenta de sus
virtudes , Joseph nunca terminó de confiar demasiado en él.
Desconfiado por naturaleza ,
provocador nato de situaciones límites y
amante de introducir a personas en ellas para estudiar sus reacciones como
punto débil fundamental, el germano,
como era conocido, presumía de ello con su talante e imposición , con sus
aspecto férreo y su exquisita prepotencia que aplicaba como don natural, algo
que al escultor le desquició desde el primer momento en que le vio, sin que aún
se hubieran cruzado ni media palabra.
Pese a todo , la relación de
negocios se mantuvo y la tensión en el aspecto personal le siguió a la zaga
. Guardar las formas en público para
despellejarse en privado cada vez que era posible , así se iban conformando los
sucesivos encuentros , así , se conformó este nuevo que se producía en el château.
Así que , ante aquella
pregunta de aquel que disfrutaba
haciéndose el imponente jefe y manipulador de todo , a Adam sólo le bastó el
silencio , pero a quien la había formulado, sin embargo, no.
·
JOSEPH:
Parece ser que nuestro amigo no esperaba encontrarse tan cómodo con
parte de su pasado.
Viéndole beber un nuevo sorbo,
Adam , sin dejar de observarle con rabia, se acercó hasta el mueble bar
sirviéndose una copa de la primera botella que tenía delante , sin importar de
qué fuera.
Christopher, situado a su
lado, observando su perfil , trataba de
hallar algún gesto que justificase tal acusación , encontrándola en sus
ojos cuando le giró la cara mientras bebía.
Aquella expresión le bastó
para tratar de asumir el papel de mediador , lo que nunca dejó de ser ,
intentando poner algo de calma entre ambos.
·
CHRISTOPHER: Nadie dijo que esto sería fácil. En
el mismo instante que se pronunció su nombre todos sabíamos a qué nos ateníamos
, y al proponérselo a él mucho más. Adam fue honesto y dijo lo que había.
·
JOSEPH: Temerario por su parte .
Adam se contenía , y lo hacía
con todas sus formas refugiándose en mantener su boca llena de alcohol antes de
darse la vuelta y contestarle en su
estado.
·
CHRISTOPHER: Joseph, nadie dijo que esto sería
fácil , pero tampoco nadie ha dudado jamás de la competencia de cada uno para
desenvolver el papel que tiene que realizar , ni siquiera nosotros lo hacemos contigo, y no creas que ese
encuentro en la galería me ha hecho demasiado gracia , más si partimos de que
Adam la mandase hacia ti , mucho menos.
·
JOSEPH: Mi querido Christopher , a estas alturas
¿no pretenderás que justifique mis acciones ? A diferencia de nuestro querido
amigo , el artista , que sin duda , hasta ahora , ha dado muestras notables de
saber lo que hacía , yo diría que es posible , sólo meramente posible ,
que su intento de vendernos a ambos que
aquello que tuviera con ella estuviera más que volatilizado chocase , de forma
involuntaria, con la realidad , la de tenerla delante en carne y hueso, y es que
hablar sin esa muestra de prueba es muy fácil, pero no tanto cuando la tienes a menos de cinco
quince centímetros ¿verdad Adam?
Soltando la copa de forma
brusca e el mueble , rabioso se dio la vuelta hacia él. Veía su rostro,
disfrutando del instante , mientras un Christopher que no se separaba de
él, trataba de tocarle la espalda
disimuladamente para que se calmase.
Aquella figura altiva
deambulando por la habitación como si se tratase de un ilustre profesor de
universidad ofreciendo una clase magistral,
aquel porte y aquel gesto irónico en su
cara , provocador ,esperando que su oponente supiese estar a la altura cuando
es consciente de que no puede estarlo porque no va en su carácter y forma de
ser.
·
ADAM: ¿En serio crees saberlo todo de todos Joseph? Entonces ¿Por qué no le explicas a
Christopher qué fue lo que te encontraste en la sala de arte ?
·
JOSEPH:
No conseguirás llevarme a tu terreno Adam. No había nada diferente a lo
que esperaba . Yo jamás la subestimé y lo sabes.
·
ADAM: Pero tampoco pudiste retenerla. –
Dirigiéndose de forma sarcástica hacia Christopher - Aquí , el jefe , dice que no la subestimó y sin embargo quiso
iniciar uno de su habituales jueguecitos y le salió mal . Obvió la calidad de
su contrincante . Mala jugada que nunca
reconocerá. ¡ Ah! Y se me olvidaba un
pequeño detalle , el caballero se dejó ver desde mucho antes y por supuesto se
aseguró de dejar huella mental y que ella le reconociera.
·
JOSEPH: - Riéndose abiertamente – Tiene gracia . Ahora resulta
que soy yo el que comete errores cuando en realidad sólo facilito las cosas
. Lo que está claro es que no he venido
a perder el tiempo .
Sentado en un sillón cercano,
Adam se frotaba las manos de manera nerviosa
mientras gesticulaba una forzada contención difícil de asumir .
Christopher trataba de ponerse
en medio, entre ambos, de ocultarles del campo de visión mutua a efectos de que
el ambiente pudiese relajarse .
·
CHRISTOPHER : Si continuamos acelerando los
acontecimientos ….
·
JOSEPH: Tú eres el que más tiene que perder ,
eres la cara más visible y directa que tiene . ¿Cuándo se prevé que aparezcan
los resultados del scanner?
·
CHRISTOPHER : Los estoy retrasando todo lo
posible .
·
JOSEPH: no fue una buena idea . Un análisis de
los cuadros le hubiera llevado más tiempo y el resultado sería más confuso.
·
CHISTOPHER: No podemos andar así , no con ella. Sabe
lo que se hace y lo que quiere , y me temo que pese a encantarle la ciudad , -
oscilando su cabeza hacia Adam – no se encuentre demasiado cómoda en ella.
·
JOSEPH: Debemos terminar el trabajo de la misma
forma que fueron terminados los anteriores . El resultado no sólo debe parecer perfecto,
debe serlo .
·
ADAM: Entonces deja de presionar a los demás
y limitate a hacer tu parte .
Continuar deambulando, apenas tres pasos, le dio la visión de un
Adam ofuscado y certero que se atrevía a
desafiarle dándole órdenes .
·
CRISTOPHER : - Dirigiéndose a un Adam que no
cesaba en su empeño de continuar provocando al “germano” -
¿Cuándo se supone que regresaba?
Sin dar margen para que
respondiese el cuestionado , Joseph se le adelantó.
·
JOSEPH: Hoy por la mañana .
·
CHRISTOPHER: Pues no ha salido de Polonia .
·
ADAM: Que saliese esta mañana no significa que fuese al museo,
estará esperando a mañana para aparecer.
·
CHRISTOPHER : No. Me consta que ni siquiera ha
abandonado el hotel , en el Aeropuerto no la han visto y su vuelo no se ha cerrado .
·
JOSEPH: Quizás
esté buscando las respuestas que yo no supe darle.
Adam se levantó y caminó pensativo por la habitación. Parecía
resguardarse algo para sí mismo.
·
CHRISTOPHER: ¿Podrías llamar a tu gente allí
Joseph? Necesitamos saber qué diablos está haciendo . No me gusta la idea de
dejarla sin vigilancia .
·
JOSEPH: Haré un par de llamadas .
·
CHRISTOPHER : Bien caballeros , ¿qué tal si
cenamos de forma cordial antes de
regresar?
Y aunque la propuesta sonaba
del todo interesante , en aquella sala , uno de los asistentes parecía perdido
en sus pensamientos, tanto , como para que el proponente tuviera que reclamarle una vez más.
Mientras , la tarde caía sobre
una Varsovia fría , invernal , agreste .
Esther no había partido .
Había decidido retrasar su vuelta un día más . Tenía algo pendiente qué hacer ,
algo a lo que no tuvo oportunidad cuando vino hace años.
Y aquello , lo que la tuvo
dando vueltas a la cabeza tantas horas , se vio formalizado de golpe . Encontró
el valor y los arrestos desde lo más profundo de su interior asumiendo un reencuentro necesario con su
pasado , con el más reciente y con el más alejado.
Caminando por la ciudad , sin
apenas mirar las placas que en lo alto de las paredes indicaban las calles , o
los postes direccionales , aquella
ciudad había cambiado pero su parte vieja se conservaba tal cual recordaba
haberla visionado en las fotos que le mostraron siendo niña. Sorpresivamente, incluso los antiguos comercios de entonces , aún
permanecían en píe y prácticamente intactos gracias a una intensa labor de
recuperación .
Aquellas pequeñas tiendas de
telas y complementos de costura con sus escaparates de madera oscura y cristal
, invitaban a entrar en un pedazo de historia de otra época , continuada a
través de las numerosas estanterías , también de madera , que cubrían la
totalidad de las paredes hasta el techo. La única nota discordante en aquel
viaje atemporal, las dependientas ataviadas con trajes contemporáneos , pero
indudablemente , no se podía tener todo , pensó ella.
De pronto un recuerdo
también contado , cobró forma deliciosamente olorosa , el de la
panadería de la esquina de la que tanto
había oído hablar , la que solía hacer unos pequeños bizcochos cuadrados con
nueces y pasas envueltos en virutas de chocolate negro , y cuyo propietario encendía los hornos todos los días a las tres de la mañana , comenzó
a atraerle , dentro de la tienda , los olores casi visuales de su niñez ,
aquellos que su abuela solía reproducir cada verano viéndose favorecida por los
secretos culinarios de aquel viejo pastelero.
Ella no había crecido allí,
sin embargo , sus raíces sí se
encontraban en aquella ciudad o por lo menos , parte de ellos .
Sus abuelos , trasladados
desde muy jóvenes allí, desde su Berlín natal, hicieron de Varsovia su nuevo
hogar hasta que , poco antes de que los aliados invadieran la ciudad y
liberasen los campos, se instalasen en
Londres .
De esa historia , ella sólo
sabía lo que sus padres le habían contado y , no habiendo disfrutado mucho de
su abuelo por desgracia , las imágenes de los momentos de convivencia con
él, en este último caso , resultaban muy
difusos, inconclusos.
Apenas había rostros en
aquellos instantes . No podía hacerse un vídeo corto en su cabeza ni una
fotografía fija por la falta de material
que la ayudase, y por más que ella sintiese curiosidad , lo que si recordaba
bien , es que a diferencia de su abuela , hablar o mencionar a su abuelo, suponía un cambio
rotundo de gesto en el rostro de sus padres .
Años tratando de investigar
por su propia cuenta tampoco arrojaron
muchas luces sobre la sombra alargada y espesa que cubría esa parte de su
pasado , y como todo trazo ensombrecido , los rumores vagaban a sus anchas sin
obstáculo alguno , causa que determinó , tras unas apesadumbradas navidades en
las que el recuerdo más notable fue el de una desagradable discusión , que las
relaciones con cierta parte de su familia , se recrudecieran hasta el término
de no dirigirse la palabra.
Una sola pregunta a una de las
dependientas de la tienda , una dirección a la que dirigirse y apenas cinco
minutos de paso tranquilo para llegar a la dirección dónde se supone que se
encontraba la antigua casa habitada por sus abuelos , aquella en la que hubo
nacido su padre.
Apostada en la cera de en
frente , alzando su vista hasta las tres ventanas de la derecha de una fila de
seis del cuarto piso de aquel edificio ,
trataba de imaginar cómo debió haber sido su vida allí, en una ciudad que los
acogía con las manos abiertas porque no habían demasiados médicos destacados en
ella , y la fama de su abuelo le precedía.
Un cirujano ejemplar que
después de la guerra dejó de ejercer y del que destacaban , aquellos que le
conocieron en Londres , muy pocas personas , su carácter intimista y reservado.
Siempre vestido de oscuro, con sombrero hasta en verano , su cabeza baja y
tratando de pasar desapercibido entre la multitud de la capital británica , lo
que resultaba tremendamente fácil en una ciudad que aún trataba de recomponerse
de los devastadores efectos de la contienda.
Al acercarse al portal y
buscar el piso , se topó en el portero con una sorpresa . La que había sido la
vivienda habitual de sus abuelos aparecía reconvertida en la consulta de un oftalmólogo.
El horario de la misma , establecido en una placa metálica situada a la
izquierda de la puerta, daría al traste con sus buenas intenciones por intentar
convencer a quién la ocupase , de poder recorrerla , al menos en parte , porque
por mucho tiempo que hubiese pasado , por muchos cambios a los que hubiese sido
sometida , el espíritu de sus abuelos permanecería intacto de alguna u otra
forma, al menos en su mente.
Entristecida y con la noche viniéndosele encima , optó por
marcharse de nuevo al hotel .
Esta vez sí, con sus maletas
en el aeropuerto , a primera hora de la mañana , en la ventanilla de
facturación , trató de que la ubicasen
en el primer avión disponible con destino a Heathrow, y tras confirmarla en el
que tenía prevista su salida hora y media más tarde , tras
caerse del sistema una reserva ,
voló de regreso a su casa .
No. No volaba a París , necesitaba hacer algo
antes de regresar.
En Londres , cogió un taxi que
la llevase hasta Liverpool, a una dirección concreta que no pisaba desde hacía
muchos años , la que había sido y era su casa familiar .
Un hogar adquirido por su
abuelo al trasladarse al país y en el que convivieron todos hasta que él
falleciese siguiéndole , al poco tiempo , su abuela .
Con ella fuera de la casa ,
sólo sus padres la habitaban , y el hecho de encontrarse de nuevo allí ,
delante de aquella puerta , hizo que algo la sobrecogiese.
Observando su reloj , vio que
por la hora que era posiblemente estuviesen a punto de acostarse y que quizás no era el mejor momento , pero
no podía marcharse , no conseguiría ningún lugar dónde quedarse y poder pasar
la noche , así que , aún a riesgo de poder despertar a alguien , optó por tocar
a la puerta .
Al rostro de sorpresa de su
madre , cuyo pelo cano y brillante , con el mismo peinado que siempre ella
recordó, destacaba por encima de todo , le prosiguió , sin mediar palabra
alguna , el seco gesto de apartarse para dejarla pasar .
Invitándola a dejar el abrigo
en el perchero de la puerta , la mujer se adelantó hacia el salón mientras Esther lo visualizaba todo con rapidez comprobando que la casa no había cambiado ,
que todo se encontraba situado en el mismo sitio , que el tiempo parecía no
haber pasado pese a los años en que ella no había vuelto a pisar aquella madera
de su suelo.
Adentrándose en el salón, su
padre no se encontraba allí , así que dedujo que posiblemente estuviese
durmiendo , y su madre , aún en silencio, optó por tratar de recomponerse sin
que su hija le viese el rostro , asomándose a una de las ventanas tratando , con ello, de disimular su sorpresa.
Ninguna de las dos se atrevía
a ser la primera en romper el fuego , pero alguien debía hacerlo , y en este
caso , fue su madre.
·
MADRE: El fantasma de las navidades pasadas.
No había lugar para una tregua
. El resentimiento en su voz rasgaba el aire hasta cortarlo, casa sonido , de
cada sílaba , de cada letra que la mujer pronunciaba con aquella voz llena de
amargura , dejaba entrever ese sentimiento pese a los años pasados .
·
ESTHER: ¿Rememorando a Dickens, madre ?
·
MADRE: No lo sé , dímelo tú.
·
ESTHER : No he venido para continuar una
discusión dejada hace años a medias , y preferiría, sinceramente , que esa no
fuese la actitud.
·
MADRE: Curiosa forma de llamarlo , y más para
quién lo inició.
Unos pasos que hacían crujir la
madera de la escalera , anunciaban la incorporación de su padre .
·
PADRE: ¿Quién diablos anda ……?
Ella se levantó del lugar dónde
se encontraba sentada mientras vio como
los ojos de su padre se humedecían y su
rostro mostraba una emoción inusitada ante tan incrédula presencia.
·
PADRE: ¡Dios mío ! ¡Que alguien me pellizque!
Se abalanzó sobre su hija
estrechándola fuertemente entre sus brazos ante la aparente impertérrita mirada
de su madre.
·
PADRE : Esto sí que me hace creer que el espíritu
navideño puede llegar a ser real. No puedes imaginar cuanto he pedido que este
momento se produjese y tenerte aquí de nuevo.
·
ESTHER: Me alegro mucho de que seas feliz papá.
·
PADRE: ¿No es la mejor sorpresa que podría
traernos el Señor , Margaret?
Pero la madre continuaba
evitar mostrar emoción alguna con aquel reencuentro , apostada en la ventana y con el mismo gesto de presunta indiferencia en la cara.
·
MADRE: No sé si exactamente poder definirlo así.
¿A qué has venido Esther ?
·
PADRE : ¡ Margaret!
La apremió enfurecido el buen
hombre.
·
PADRE: ¿Vuelve después de tantos años y a ti no
se te ocurre otro recibimiento que darle?
·
ESTHER : No importa papá.
·
PADRE: Claro que importa . A esa mujer sólo la mueve
el maldito resentimiento. Tan religiosa que se dice ser y el perdón ya ni se acuerda de cómo
escribirlo.
·
MADRE : ¿Perdón? – Dándose la vuelta , su actitud , casi despreciativa y llena de
odio hacia su hija , parecían cubrir de oscuridad toda la estancia - ¿Cómo
crees que puedo perdonar o si quiera considerar esa opción en alguien que vejó
e insultó a los presentes en el lugar más
sagrado en donde el respeto debía imperar ? ¡ Nos avergonzó de todas las formas posibles , a
nosotros , sus padres , en nuestra casa, con aquella dignidad y orgullo
impropios y devastadores de señoritinga de ciudad venida a más !
Cada palabra como una losa que
cayese encima, así lo sentía Esther y así apesadumbraba a su padre .
Y aunque tratase de evitarlo,
aquel orgullo n ella , aquel que tanto detestaba su madre , volvió a hacer acto
de presencia .
·
ESTHER : Si pretendes , aún hoy, que me disculpe
por lo sucedido , me temo que deberás darlo por perdió porque no voy a hacerlo.
·
MADRE: ¡Bravo! ¡La hija pródiga vuelve a las
andadas ! Entonces ¿A qué has venido a parte de a alterar la paz de esta casa ?
·
ESTHER : He
estado en el Campo , madre.
Sintió debilitarse los abrazos
de su padre el cual trató de buscar
apoyo en el sillón cercano , mientras su madre aún se mostraba más enfurecida .
·
ESTHER: He estado en él . He tenido los
registros y archivos en mis manos y no he encontrado su nombre , ni el de
abuela . ¿Cuándo vas a permitirme saber
la verdad, madre? ¿Cuándo considerarás
que seré lo suficientemente mayor o
razonable para entenderlo? ¿ Cuándo dejarás que pueda sentirme como un miembro
real de esta familia con derecho a saber la verdad que os empeñáis en ocultarme
? – Y miró a su padre , decaído , con la cabeza baja y sus manos nerviosas frotándose
entre sí - ¿Cuándo vas a permitirme
saber qué fue lo que les permitió salir del Campo con vida?.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

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