Sólo fue un casi imperceptible
cruce de miradas.
Una sonrisa oculta y tímida ,
casi de compromiso ,
un rostro que buscaba a su
alrededor sin hallar nada a lo que aferrarse
que le sirviera de excusa
para evitar volver a
encontrarse con el resto de su vida .
Sólo fue un atardecer de
primavera ,
y una tierna coincidencia el
encontrarte ,
el estar en aquel mismo lugar
,
al mismo tiempo ,
de la misma forma ,
solos,
sin nadie y con todo el mundo
a la vez,
pero solos en definitiva.
Sólo fue la brisa y la luz
naranja del sol mientras se marchaba ,
un leve gesto con una de tus
manos,
mientras la otra, jugueteaba nerviosa con parte de tu ropa
cual chiquillo temeroso que no
sabe qué decir o qué hacer,
con una timidez tan hermosamente
impropia
como importante me hiciste
sentir por ello sin apenas darte cuenta ,
y mis labios , en mi
consciencia ,
musitaban un “te quiero “ improvisado,
sin motivo aparente,
un “te quiero” sincero ,
un “te amo “ tan férreo
como aquello que los dos
sentimos a partir de un inocente gesto ,
de un simple y breve cruce de miradas.
Una locura desmedida sin
motivo aparente
pero tan sincera,
como el sentir de nuestra respiración agitada en
el oscilar de nuestro pecho
en el que acabaron recalando
nuestras manos ,
como el preámbulo más perfecto
del diálogo interminable de
silencios sonoros y sensaciones,
de las palabras que vinieron y de las que aún estaban por llegar ,
de una vida que comenzaba en
ese instante y que ya,
sin embargo,
éramos incapaces de concebir
el uno si el otro .
Y en mi memoria , por mucho
tiempo que pase ,
conforme las horas se apoderen
de mi tiempo ,
y sus señales , de mi piel ,
siempre recordaré aquella
hermosa tarde de primavera
en la que algo nos hizo
encontrarnos ,
en la que el destino decidió
que con un simple gesto era suficiente ,
y en el que la soledad se
convertía en un vago recuerdo.
En mi memoria han quedado
grabados tus ojos
y la forma en la que me hacías
tuya sin tan siquiera tocarme ,
la única forma en la que te
entregabas a mí incondicionalmente
porque para ti , nunca hubo
otra forma ,
aquella en la que los dos
supimos ,
al mismo tiempo,
que todo sería diferente a
partir de un atardecer un día de primavera ,
aquella , en la que una vida
se convertía en un sueño
cuando en sueños , los dos deseábamos
esta vida ,
aquella que ambos iniciamos
durante una coincidencia
una hermosa tarde de primavera
.
ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ
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