domingo, 5 de febrero de 2017

LA TEMPESTAD . CAPÍTULO DOS. REGRESAR A CASA (Registrado en SAFE CREATIVE ENERO 2017)

LA TEMPESTAD
CAPÍTULO DOS : REGRESAR A CASA
CRED ED APCL73

Aún habría de tardar algunos días en volver a su despacho y a su casa el Sr. Reder. Para Emma , esto suponía mucho más que una contrariedad .

El anciano abogado no pudo despegarse de ella durante los dos siguientes días a su inesperada visita , durante los cuales , tratar de ponerla al día respecto a los inexplicables desaires monetarios de su padre no le  resultó nada fácil.

Tras años de malgastos sin medida, la conclusión de todo aquello, aquellas cifras de malditos e inmensos números rojos  , la apabullaban. Mentalmente era incapaz de buscar una solución que no la limitase a tener que ceder ante aquel motivo que la hizo marcharse , pero tampoco era capaz de encontrar una vía alternativa con lo adeudado a proveedores , trabajadores y otros acreedores varios.


Un apellido lastrado por una pesada carga de vergüenza  e imágenes notables que socialmente les desprestigiaban . Una fortuna heredada por su madre  de la mano de su abuela  desecha  en facturas que bien podrían empapelar algún lustroso salón de baile , un pueblo  en el que el apellido Aldrich había causado tantos estragos como generado odios , y todo , por un ser incapaz de adoptar una sola responsabilidad a lo largo de su vida al que se le impuso , desde muy joven, un matrimonio ventajoso para su familia  pero condenatorio para una mujer como su esposa.

Apenas podía pensar con claridad . La sola idea de tener que volver la azoraba  bajo los recuerdos de la noche de tormenta en la que decidió huir .

Una promesa de matrimonio  , eso era lo que el Sr. Wadlow quería . Un heredero al que poder legar todo después de que pasase a su único hijo al que ella jamás tuvo oportunidad de conocer .

Innumerables fiestas y tardes de póker en su casa  con aquel digno oponente, provocaron que el potentado e imponente Coronel del Ejército británico la viera crecer prestando inusitada atención a las conversaciones  en las que la departía animadamente .

William Wadlow llevaba  mucho tiempo preparando un terreno  que consideraba más propio que de su hijo , y por aquel entonces , la decisión parecía estar tomada de antemano a expensas de gozar de la oportunidad , la cual, llegó de la mano de su propio padre.

Dieciséis años sin pisar aquellas tierras . Media vida sin saber realmente qué habría sido de ellas  para acabar descubriendo un día que el legado de su madre , su sueño, se desvanecía de las manos como ceniza manejada al antojo por la brisa .

Sin propiedades sobre las que poder operar , sólo le quedaban sus ahorros y su propio sueño , aquel que tanto le había costado alcanzar : vender su parte de participación en el despacho de abogados , y aun así, pese a todo , no  cubriría todo lo que su familia debía.

Una última mirada en aquel vacío salón de su pequeño apartamento londinense  la hizo sobrecogerse . Todos sus recuerdos habidos en él , las vivencias que la sobrecogieran en su día , la soledad que debió afrontar tarde o temprano . Todo se quedaba allí , y sólo el sonido de los pasos del taxista que  recogía la última maleta  , la avisaba de que era hora de  marcharse .

Trescientos cincuenta y nueve kilómetros por carretera que se acortaban notablemente en tren , pese a las paradas que éste debía realizar .
Trescientos cincuenta y nueve kilómetros para pensar en cómo llegar a una solución ,  en como reconciliarse con sus recuerdos , en cómo no perderlo todo , no por su hermana , por ella . Necesitaba que su mente se conservase fría , racional .  Necesitaba no perder la perspectiva de dónde se encontraba cuando se hallase allí , ni cuando lo viese todo de nuevo.

Emma ansiaba que el reloj no se hubiese detenido , pero esa era la sensación que poseía en su interior conforme aquel tren atravesaba los campos y las llanuras , mientras el comienzo de la caída del sol avisaba de que el mediodía llegaba a su fín  y que la tarde pronto dejaría paso a la noche más inquieta.

Una luz de atardecer soleado y tenue que apenas proporcionaba calor y que , sin embargo, ella deseó disfrutar por un instante  observando el horizonte , allá donde el astro rey se encontraba , con el deseo real y sincero de escapar sintiéndose encadenada , sabiéndose encerrada en su jaula particular  la cual, jamás fue de oro, ni lo aparentó.

Y de pronto el tren se detuvo . Las ansias por volar desaparecieron . La realidad comenzaba a escribir la continuación de su propia historia cuando los primeros elementos de la vieja estación hicieron acto de presencia.

El abogado lo había predispuesto todo para que su coche estuviese esperándoles y tras cargar el equipaje de ambos , quién ejercía las veces de conductor,  tomó la carretera en dirección a la propiedad .

Apenas habían personas en las calles de la comarca y sin embargo todos , ya fueran presentes en la calzada o desde sus ventanas , reconocían el coche del letrado quedándosele mirando como si el inicio de la representación fuera a tener lugar.

Conforme más se acercaba el momento de enfrentarse a su pasado y lo que ello comportaba , más le costaba atemperar  su estado nervioso .
Una sensación de ahogo le sobrevino de improviso y hubo que detenerse en el arcén de inmediato. Saliendo del coche para poder respirar , se deshizo de todos los elementos de abrigo que la aprisionaban sin importarle la humedad fría y la niebla que se hacía con los páramos  como forma de recepción nada ideal.

Apenas podía ver nada más allá del otro extremo de la carretera . La hilada  sin forma de árboles que se dispersaban sin orden alguno , apenas lograba esclarecerle el lugar exacto en el que se encontraban y sin embargo, algo le presionaba el pecho impidiéndole  respirar .

Envuelta en su propia sensación de agonía , apoyada en el exterior del coche , vio como la niebla se iba disipando dejando entrever, poco a poco, lo que la rodeaba , permitiéndole reconocer los páramos por dónde cabalgaba cuando no era más que una niña.

Cuando fue capaz de divisar las rocas angostas en lo alto de la colina , justo en frente suya , supo a ciencia cierta dónde se encontraban y cuánto faltaba para llegar , porque en su vasta propiedad ya hacía rato que se hallaban.

Apenas faltarían unos metros para que la colina por la que ascendían dejase ver las primeras vallas que delimitaban los espacios de cría , la pista de entrenamiento , las caballerizas y, por supuesto , la casa.
Decidida , comenzó  a andar el tramo faltante, haciendo caso omiso a la insistencia de su acompañante al que no le quedó más remedio que seguirla dentro del vehículo, deteniéndose sólo cuando ella lo hizo, justo en lo alto de la colina , desde donde todo se podía divisar intacto en apariencia .

Dieciséis años  sin volver , sin pisar aquella tierra con olor a salvaje humedad y sin embargo, aunque sólo fuera como engaño ante sus propios ojos , como si sólo se tratase de una épica visión, el tiempo no parecía haberse mostrado especialmente cruel a priori  con todo aquello.

Culminando el recorrido  sobre ruedas , antes de que descendieran , alguien abrió la puerta y se acercó al vestíbulo para recibirles.
Desconcertada por la presencia de alguien que parecía formar parte del servicio , el Sr. Reder la informó de que efectivamente había una persona que se encargaba , en la medida de sus posibilidades, de las labores más básicas , entre ellas  la cocina , especialmente para no desatender a su hermana.
Al ser preguntado por si ella se encontraba dentro del grupo de empleados a los que se le debía salario, el albacea le  contestó  negativamente puesto que sus abonos pecuniarios  se habrían dispuesto de su cuenta personal .

Las previsiones iniciales no podrían verse culminadas si no por una continuación tan lamentable como su comienzo. No sólo se debían cuantiosas sumas  en impuestos y proveedores de materias primas desde hacía años, si no que aquel que ahora la servía bien e incluso la ayudaba , era un deudor plácidamente resignado con buen corazón. Aplastantemente demoledor pensó ella para sus adentros .

Tan increíble e impresionante como volver a pisar aquella enorme estancia por la que sí , realmente , no parecían haber pasado los años , y cuya entrada la llevó a girar su cabeza , directamente ,  hacia la puerta de la sala  donde aquella fatídica noche la partida que cambiaría su vida se jugaba.

La voz suave y casi aterciopelada de la muchacha que asistía en  la casa ofreciendo hacer té o café la hizo decidirse por lo segundo solicitando la compañía del abogado consigo en la sala anexa al gran comedor , donde antaño  y siguiendo las más ancestrales y a la vez arcaicas costumbres ,   sólo los caballeros osaban degustar , después de las cenas , una copa de licor o dos , un buen tabaco y , por supuesto, un ardid de conversación logrado en mayor o menor medida en función de la cantidad de alcohol que se portase.

Sentados ambos en grandes butacas  junto a la chimenea  encargada  por su madre explícitamente para esa habitación,  Emna estimó que necesitaba aclarar ,con un cierto esquema mental ,sus próximos movimientos , para lo cual , necesitaba reordenar toda la información que se le había proporcionado, pero antes , una curiosidad convertida en extrañeza le atrajo a preguntar al Sr. Reder .

-       ¿Y mi hermana?
-       Lo cierto es que no podría precisarle . Tengo constancia de que se marchó a primera hora del día de ayer sin dar datos sobre su paradero o destino y mucho menos  sobre su vuelta – respondió el buen hombre , el cual continuó poniendo en orden algunos de los documentos que había traído consigo -.

Extrañada , en su mente se conformó una pregunta más al respecto .

-       ¿Y con qué dinero se supone que se ha marchado?  ¡Y por dios , no me diga que también se lo ha dado usted!

Su rostro rugoso con el ceño fruncido y de circunstancia le hacía presagiar  la peor de las respuestas.

-       No, en ese aspecto puede quedar tranquila . Lo cierto es que la disposición de gastos de su hermana es algo extraña de precisar , tanto como su fuente de ingresos .

Aquella respuesta inconexa no cobraba  mucho sentido. El viejo Reder , envuelto de forma nerviosa en la amalgama de papeles , parecía ocultar algo .

-       Sr. Reder … - ella le insistía  con aquel tono de descrédito cuando la joven asistenta pidió permiso para acceder a la sala y servir el café . Una vez se hubo retirado y la puerta volvió a cerrarse , ambos quedaron solos de nuevo , circunstancia que ella aprovechó para continuar sonsacándole -  ¿Qué es lo que me está ocultando Sr. Reder?

Al pobre hombre le temblaban las manos al coger la taza pese a sus múltiples intentos por disimularlo, pero el leve sonido del tintineo de la base de la taza con el plato le descubrió.

-       Sr. Reder , sea lo que sea lo que tenga que contarme sobre mi hermana preferiría lo hiciese en este instante , creo que ya he tenido suficientes sorpresas desagradables  en dos días como para cubrir sobradamente el cupo del resto de mi vida.

El buen hombre , tragando con mucha dificultad el café , depositó la taza con mucho cuidado en la mesita que tenía delante suya , y posicionándose erguido en el sillón, casi otorgándole cierto aspecto ceremonial a todo aquel acto de confesión, muy serio , se dispuso a informarla.
-       No quiero que malinterprete mis palabras ni la información que portan. Ciertamente , esto que voy a contarle  no resulta algo ni fácil ni cómodo para mí , pero en mi afán por proteger los intereses de su padre y los de  su familia,  he de confesarle que me he visto envuelto en ciertos desagradables eventos que o bien protagonizaba la Srta. Aldrich o eran consecuentemente animados por ella desde una hostigación vulgar,  si me permite  el uso de la expresión .
Cuando su padre la envió al internado era una muchacha serena , discreta y muy educada , pero al volver …

Aquel halo de misterio que el abogado le imponía a su disertación incrementaba los nervios que ya propiciaban las mil y una ideas que sobrevolaban su cabeza sobre su hermana y lo que habría hecho durante su ausencia .

Sin soportar mucho más aquella forma suya de relatarlo, trató de que fuese directamente a los hechos que les atañían.

-       ¡Sr. Reder ! ¡Lejos de malinterpretar sus palabras o lo que conlleven , está consiguiendo  precisamente  ese efecto de ofuscación que estoy segura trata de evitar imponiendo tantos algodones en su elocución. Esto  no es un tribunal y yo no soy la acusación ni la defensa de nadie , así que haga el favor de  decirme de una vez , con claridad meridiana, que diablos ha hecho mi hermana !

Ante la visible alteración de la que por el momento se había convertido en su clienta accidental, el hombre  optó por  cumplir sus deseos, pasase lo que pasase.

-       Sra. Bowman, reciente de volver su hermana , llegaron a oídos de su padre ciertos rumores sobre una conducta inapropiada de su hermana en el pueblo , incluso gente que la había visto en las ciudades cercanas comentaban de su actitud con determinadas personas en lugares de no muy buena reputación .  Cuando su padre quiso tomar cartas en el asunto le prohibió salir sin ser acompañada , así que ella optó por permanecer aquí , pero entonces los mismos problemas que dieron píe a las habladurías y a los problemas   tanto en el pueblo  como en esas ciudades  , se trasladaron aquí, entre los empleados que su padre contrataba.
Muchos de esos hombres apenas duraban el suficiente tiempo como para asentarse hasta que hace tres años su padre contratase a alguien conocido, buen trabajador y que portaba su propia cuadrilla . Las referencias resultaban impecables y ciertamente  los problemas parecieron desaparecer o por lo menos ya no ser tan evidentes , claro que , su padre por aquel entonces , sólo era capaz de ver el momento de bonanza  por el que pasaba la propiedad gracias al trabajo de esa cuadrilla y su forma de organizarlo todo.

Con la taza de café aún en la mano , Emma bebió el que se convertiría en el último sorbo . Frío y amargo, el líquido elemento fue descendiendo por su garganta mientras ella se incorporaba y andaba apenas dos pasos hasta situarse delante del fuego .

La imagen que gracias a las palabras que acaba de escuchar ella se había conformado de su hermana , no podía ser peor .

La niña bonita de su padre , la preferida , la receptora de sus caricias , la cameladora de sus instintos . Emma sólo podía agradecer , en su interior, que su madre hubiese muerto para no ver esto , para ver en todo lo que su padre había convertido aquello por lo que luchó para mantener, ni para ver en qué se había convertido la pequeña de la familia , la que nunca tuvo malos modos ni jamás  ofreció una mala respuesta , la de los modales exquisitos , la silenciada y dulce niña mimada pero obediente . La estratega de la casa como bien la definió ella misma.

Sin embargo , para su padre y su entorno , Emma sólo  suponía una carga difícil de llevar . Rebelde por naturaleza y demasiado parecida a su madre , incluso en carácter , resultó ingobernable para un padre al que , entregarla a los designios caprichosos del vecino rico le conllevaba muy pocos esfuerzos , consagrando una auténtica y beneficiosa liberación.

Siendo consciente de que el mayor de sus problemas aún estaría por presentarse , optó por tratar de solventar otros . Miró su reloj y quedó pensativa por un instante , y sin tan siquiera darse la vuelta , volvió a dirigirse hacia el letrado.

-       Dijo que los mayores beneficios se generaron durante los años en que ese hombre  y su cuadrilla fueron contratados . ¿Qué fue de ellos?

El hombre rebuscó una anotación en uno de sus libros .

-       Se marcharon hace algo más de año y medio . Lo hubieran hecho antes , la verdad , pero siempre confiaban en que la mejora de las cosechas y  la crianza les otorgase los pagos debidos .
-       ¿Cuánto se les debe?  - Preguntó notablemente preocupada-.
-       Me temo que tres años de jornal señora .
-       ¿Tres años ?  Pero ¿Es qué les pagó alguna vez? – Cuestionó angustiada e impotente -.
-       Podría decirse que su padre se aprovechaba de la circunstancia de sus referencias y de la intermediación de esa persona conocida según  llegué a saber.

Portando un papel en la mano derecha , el Sr. Reder se lo acercó . Señalado por una doble línea , la cantidad de dinero debida resultaba casi coincidir con más de la mitad de lo que le quedaba tras abonar a los proveedores de mercancías dejándole muy poco margen para maniobrar.

Tras mirar a través de las ventanas y ver como la tarde se volvía oscuridad , tomó en segundos una decisión drástica.

-       No puedo venderla porque mi vida está encadenada a ella pero tampoco puedo  deshacerme y no continuar con lo que mi madre tenía y con aquello que nos convirtió en lo que éramos. Necesito localizar a ese hombre .

Mostrándose desesperada y muy nerviosa , el viejo comenzó a titubear.

-       Sólo sé que se apellidaba  Bennet , así figuraba en la documentación que me enviaba su padre – Respondió el hombre tratando de conservar la cabeza fría ante el estado de ella.
-       ¿Bennet? ¿Nada más ? ¿Y su dirección? – Le profirió ella de forma insistente , casi inquisitiva-.

El hombre quedó pensativo durante un instante hasta que dio con la posible respuesta que ella esperaba escuchar.

-       En el O´Neill , la taberna . Durante mucho tiempo recalaba ahí, e incluso se decía que lo daba como dirección de localización  para evitar  que fueran a su casa.

Pensativo estuvo él y a la zaga le siguió ella , pero aquella forma de mover rápidamente sus ojos sin centrarlo , aquella expresión suya de estar configurando una especie de estrategia , no terminó de convencerle .

-       Sra. Bowman… ¿no estará pensando…?

Y sin que pudiera terminar la frase, ella le exigió las llaves de su coche y le solicitó que esperase  en la casa .

Con la noche prácticamente encima , al llegar a la ciudad trató de recordar la ubicación de la taberna . Creía recordarla a la salida de una plaza rodeaba por casas antiguas , y tras sucesivas  y aparentemente interminables vueltas , tras darse por vencida y dispuesta a retirarse , ya que tampoco encontraba a ninguna persona a la que poder preguntar , se topó con la fachada de la que colgaba su letrero , de madera , con aspecto antiguo , letras gaélico-irlandesas  y su nombre en amarillo con el correspondiente lema de la casa, en celta, justo debajo.

No habían demasiadas tabernas de este tipo en toda Inglaterra , al menos no con su historia tan marcadamente rebelde y revolucionaria desde antiguo.
Londres , como ciudad multicultural, gozaba de algunas , pero éstas que se situaban desde tiempos inmemoriales en los distintos condados y comarcas, solían gozar de cierta especificidad en cuanto al tipo de clientes que las frecuentaban o al servicio que se otorgaba dependiendo de la procedencia de quién lo solicitase. De hecho, no habían demasiados ingleses que se atrevieran a cruzar su puerta.

Cruzarla , para ella , suponía un reto  harto conocido, pero habían pasado muchos años y demasiadas circunstancias de por medio que no había podido controlar o incluso desconocía, por lo cual, esperó sinceramente , que para bien o para mal, esta visita fuese más bien breve y pasase lo más desapercibida posible.

La puerta de madera la hizo adentrarse en un mundo claroscuro distinto . Aún conservaba las maderas oscuras que recubrían sus paredes y los troncos que en su día reutilizaron como mesas , al igual que los barriles . Las luces tenues proporcionaban un ambiente cálido con respecto al exterior , aunque contrastase con la frialdad que sintió al saberse  focalizada por todas las miradas tanto de los clientes como de la mujer  que  lo regentaba detrás de la barra.

Los que se encontraban con sus jarras de cerveza en la mano  las depositaron en las mesas sin dejar de posar sus ojos en su figura conforme ella se acercaba a la  encargada. Las conversaciones, hasta entonces mantenidas ávidamente, se silenciaron con la única esperanza de escuchar a la intrusa que aparecía de improviso esa noche , y la mujer , con una bayeta en la mano  y un vaso en la otra , la seguía con la mirada hasta que la tuvo en frente suya .

-       ¿Qué le sirvo?- Le preguntó inquietantemente la camarera -

Una extraña sensación de inseguridad le sobrevino sin saber muy bien por qué.  Incómoda por la excesiva observación de los demás , trató de recomponerse.

-       Una pinta estará bien.

Y el silencio prosiguió . Sólo el sonido de su respiración y el sonido del grifo mientras la cerveza era tirada .   Una vez servida , se acercó la jarra a la boca y comenzó a beber  siendo importunada por la curiosidad de aquella mujer.

-       ¿Y qué más?

La sonrisa , casi maquiavélica , dibujada en la cara de aquella corpulenta mujer la sobrecogió, pero dado el entorno en el que se encontraba , decidió que su estancia debía acortarse, pero la encargada continuó  instigándola  .

-       No es de por aquí. Parece una de esas señoritas finas de ciudad  que está de paso, pero incluso esa gente fina de la capital no se adentra en este lugar si no busca algo , y normalmente no es cerveza.

Emma vio que la mujer deslizaba muy despacio una de sus manos hasta ocultarla debajo de la barra.  

-       Estoy buscando a alguien y me dijeron que podría encontrarlo aquí.

De pronto , aquellos ojos que  no habían dejado de observarla , la de los clientes  del local, comenzaron a clavarse más si cabe , mientras la mano oculta de la mujer parecía moverse ligeramente  conforme le preguntaba.

-       ¿Y a quién se supone que busca ?

Mostrando  una seguridad inusitada le respondió.

-       Estoy buscando al que fuera capataz de los Aldrich, Bennet.

La mujer detuvo el movimiento casi giratorio de la mano oculta relajando su gesto tras mirar , por un segundo , hacia el fondo de la sala.

-       Ahora  no está.

Emma apuró su cerveza dejando el vaso en la madera  dispuesta a marcharse . Llevaba demasiado tiempo allí dentro y su incomodidad crecía en proporción perfecta con su nerviosismo.

-       Bien, entonces será mejor que me marche , pero ¿podría darle un recado en cuanto lo viese?

La mujer , disimuladamente y sólo durante unas breves décimas de segundos , volvió a  enfocar hacia el fondo oscuro de la sala , y ella , tratando de encauzar el lugar al que se dirigía , captó lo que parecían sombras ligeramente iluminadas por una pequeña ventana , y como una de ellas , adelantaba su cuerpo sobre la mesa.

-       Dígale que si quiere cobrar lo que se le adeuda a él y a su cuadrilla ,  se persone mañana por la mañana en la casa de los Aldrich. Gracias .

Tras dejarle  una moneda por un valor superior al que posiblemente costase la pinta , comenzó a caminar tranquilamente hacia la puerta , pero aquella mujer , que reiteraba su atención hacia aquella mesa en semioscuridad , habló, y ella tuvo que detenerse.

-       La hija prodiga vuelve a casa . Todos esperaban verte en el entierro de tu padre  Emma, o ¿debería guardar el protocolo y ahora que ha vuelto llamarla Srta . Aldrich ?

Dándose la vuelta lentamente , apostada en el mismo lugar en el que se detuvo , trató de recordar de qué la conocía ante los argumentos continuados que aquella mujer parecía conocer de ella.

-       Ciertamente hay que armarse de valor para entrar aquí , especialmente después de lo que tu padre primero y tu hermana después nos han hecho , pero claro , ella no eres tú , ¿verdad Emma? Aún recuerdo a la  renacuaja de pelo negro y enormes ojos verdes incrustados en aquella carilla de porcelana  entrar corriendo para llevarse a su padre , mandatada por la señora , antes de que los invitados de la fiesta de turno se enterasen de su estado.

Por más intentos que hiciera , su mente no lograba casar los datos que aquella mujer verbalizaba con ninguna imagen que pudiera resultarle familiar , salvo la de sus entradas en plena noche , dilúviese o no,  para llevarse a su padre .
Y aunque deseaba que aquella mujer se detuviera , que se silenciara, en el fondo, deseaba que continuase hablando . Necesitaba saber qué era lo que se encumbraba entre sombras , aquello que todos parecían conocer y ella sólo comenzaba a vislumbrar , pero pese al dinero debido, pese al historial de su hermana, en las palabras de aquella mujer se percibía resentimiento y dolor mezclado con un odio profundo a lo que el apellido Aldrich parecía entrañar.

Y sus deseos más fervientes se vieron complacidos con la palabra continuada de aquella encargada de la taberna.

-       Han pasado muchos años . Ya no eres aquella chiquilla asustada , pero algo aún se mantiene en esencia , el hermoso rostro de la “bruja de Cumbria”, como  lo fue el de tu madre antes de que la mala sangre se la llevase.

Sobrecogida , volver a escuchar aquel sobrenombre , aquellas palabras , hizo que se estremeciera.

Un nuevo movimiento en la oscuridad , de aquella sombra, hizo que la regente desviase su atención por un segundo , centrándose ella misma en aquella zona .
Podía sentirse observada más profundamente por aquel que no veía que por los demás que se encontraban a la luz ,y en un arrebato , continuó caminando hacia el exterior para marcharse.

Con el sonido del motor alejándose , la figura entre las sombras se levantó de su asiento y se acercó a la barra.

-       No has debido decirle eso.

Su voz imponente , propia de su altura y corpulencia , parecía dominar toda la taberna .

-       ¿ Después de tantos años regresando ? ¿Qué diablos habrá venido a hacer aquí?  Y buscándote , a ti precisamente , Richard Bennet, el capataz . – Al verle circunspecto , la mujer le preguntó  incrédula – Pero ¿en serio vas a ir?

Pensativo , ladeó su cabeza hacia la puerta.

-       Ya la has oído. Sea como sea  está dispuesta a pagar la deuda de su padre , ¿cómo negarme ?
-       ¡Aún no has aprendido nada de tu última estancia en esa casa! – Su voz, sentida y profundamente enfurecida , contrajo a todos los asistentes – Volverás a encontrarte con ella .
-       Mientras ella permanezca alejada de mí todo irá bien . Sólo voy a recuperar lo que me pertenece a mí y a mis hombres , si ella aparece , es una contrariedad con la que a partir de ahora deberá enfrentarse su hermana , no yo.

Parsimonioso aunque tenso , lo cierto es que Richard sentía mucha curiosidad por la nueva situación . Todos en la ciudad eran conscientes de cada uno de los avatares de la familia Aldrich y de las tierras , de sus momentos gloriosos y los más profundos de decadencia , y sin embargo , aún así, había algo que seguía atrayendo a los lugareños  hacia aquella propiedad y hacia aquella familia.

La regente , visiblemente alterada , volvió a dirigirse a Richard  amenazantemente , como en una suerte de presagio  de sangre muy propio de otras épocas pero muy presente entre estas gentes.

-       Esa mujer no traerá más que desgracia , como lo hizo su madre y lo prosiguió su hermana , y tú caerás en su maldito juego de nuevo.
-       Eso ya lo veremos. Todo se verá a partir de mañana .

Ana Patricia Cruz López
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