LA TEMPESTAD
Aún habría de tardar algunos días en volver a
su despacho y a su casa el Sr. Reder. Para Emma , esto suponía mucho más que
una contrariedad .
El anciano abogado no pudo despegarse de ella
durante los dos siguientes días a su inesperada visita , durante los cuales ,
tratar de ponerla al día respecto a los inexplicables desaires monetarios de su
padre no le resultó nada fácil.
Tras años de malgastos sin medida, la
conclusión de todo aquello, aquellas cifras de malditos e inmensos números
rojos , la apabullaban. Mentalmente era
incapaz de buscar una solución que no la limitase a tener que ceder ante aquel
motivo que la hizo marcharse , pero tampoco era capaz de encontrar una vía
alternativa con lo adeudado a proveedores , trabajadores y otros acreedores
varios.
Un apellido lastrado por una pesada carga de
vergüenza e imágenes notables que
socialmente les desprestigiaban . Una fortuna heredada por su madre de la mano de su abuela desecha
en facturas que bien podrían empapelar algún lustroso salón de baile , un
pueblo en el que el apellido Aldrich
había causado tantos estragos como generado odios , y todo , por un ser incapaz
de adoptar una sola responsabilidad a lo largo de su vida al que se le impuso ,
desde muy joven, un matrimonio ventajoso para su familia pero condenatorio para una mujer como su
esposa.
Apenas podía pensar con claridad . La sola idea
de tener que volver la azoraba bajo los
recuerdos de la noche de tormenta en la que decidió huir .
Una promesa de matrimonio , eso era lo que el Sr. Wadlow quería . Un
heredero al que poder legar todo después de que pasase a su único hijo al que
ella jamás tuvo oportunidad de conocer .
Innumerables fiestas y tardes de póker en su
casa con aquel digno oponente, provocaron que el potentado e imponente Coronel del Ejército británico la viera crecer
prestando inusitada atención a las conversaciones en las que la departía animadamente .
William Wadlow llevaba mucho tiempo preparando un terreno que consideraba más propio que de su hijo , y
por aquel entonces , la decisión parecía estar tomada de antemano a expensas de
gozar de la oportunidad , la cual, llegó de la mano de su propio padre.
Dieciséis años sin pisar aquellas tierras .
Media vida sin saber realmente qué habría sido de ellas para acabar descubriendo un día que el legado
de su madre , su sueño, se desvanecía de las manos como ceniza manejada al
antojo por la brisa .
Sin propiedades sobre las que poder operar , sólo
le quedaban sus ahorros y su propio sueño , aquel que tanto le había costado
alcanzar : vender su parte de participación en el despacho de abogados , y aun
así, pese a todo , no cubriría todo lo
que su familia debía.
Una última mirada en aquel vacío salón de su
pequeño apartamento londinense la hizo
sobrecogerse . Todos sus recuerdos habidos en él , las vivencias que la
sobrecogieran en su día , la soledad que debió afrontar tarde o temprano . Todo
se quedaba allí , y sólo el sonido de los pasos del taxista que recogía la última maleta , la avisaba de que era hora de marcharse .
Trescientos cincuenta y nueve kilómetros por
carretera que se acortaban notablemente en tren , pese a las paradas que éste
debía realizar .
Trescientos cincuenta y nueve kilómetros para
pensar en cómo llegar a una solución ,
en como reconciliarse con sus recuerdos , en cómo no perderlo todo , no
por su hermana , por ella . Necesitaba que su mente se conservase fría ,
racional . Necesitaba no perder la
perspectiva de dónde se encontraba cuando se hallase allí , ni cuando lo viese
todo de nuevo.
Emma ansiaba que el reloj no se hubiese
detenido , pero esa era la sensación que poseía en su interior conforme aquel
tren atravesaba los campos y las llanuras , mientras el comienzo de la caída del
sol avisaba de que el mediodía llegaba a su fín y que la tarde pronto dejaría
paso a la noche más inquieta.
Una luz de atardecer soleado y tenue que apenas
proporcionaba calor y que , sin embargo, ella deseó disfrutar por un
instante observando el horizonte , allá
donde el astro rey se encontraba , con el deseo real y sincero de escapar sintiéndose
encadenada , sabiéndose encerrada en su jaula particular la cual, jamás fue de oro, ni lo aparentó.
Y de pronto el tren se detuvo . Las ansias por
volar desaparecieron . La realidad comenzaba a escribir la continuación de su
propia historia cuando los primeros elementos de la vieja estación hicieron
acto de presencia.
El abogado lo había predispuesto todo para que
su coche estuviese esperándoles y tras cargar el equipaje de ambos , quién
ejercía las veces de conductor, tomó la carretera en dirección a la propiedad .
Apenas habían personas en las calles de la
comarca y sin embargo todos , ya fueran presentes en la calzada o desde sus
ventanas , reconocían el coche del letrado quedándosele mirando como si el
inicio de la representación fuera a tener lugar.
Conforme más se acercaba el momento de
enfrentarse a su pasado y lo que ello comportaba , más le costaba
atemperar su estado nervioso .
Una sensación de ahogo le sobrevino de
improviso y hubo que detenerse en el arcén de inmediato. Saliendo del coche
para poder respirar , se deshizo de todos los elementos de abrigo que la
aprisionaban sin importarle la humedad fría y la niebla que se hacía con los
páramos como forma de recepción nada
ideal.
Apenas podía ver nada más allá del otro extremo
de la carretera . La hilada sin forma de
árboles que se dispersaban sin orden alguno , apenas lograba esclarecerle el
lugar exacto en el que se encontraban y sin embargo, algo le presionaba el
pecho impidiéndole respirar .
Envuelta en su propia sensación de agonía ,
apoyada en el exterior del coche , vio como la niebla se iba disipando dejando
entrever, poco a poco, lo que la rodeaba , permitiéndole reconocer los páramos
por dónde cabalgaba cuando no era más que una niña.
Cuando fue capaz de divisar las rocas angostas
en lo alto de la colina , justo en frente suya , supo a ciencia cierta dónde se
encontraban y cuánto faltaba para llegar , porque en su vasta propiedad ya
hacía rato que se hallaban.
Apenas faltarían unos metros para que la colina
por la que ascendían dejase ver las primeras vallas que delimitaban los
espacios de cría , la pista de entrenamiento , las caballerizas y, por supuesto
, la casa.
Decidida , comenzó a andar el tramo faltante, haciendo caso
omiso a la insistencia de su acompañante al que no le quedó más remedio que
seguirla dentro del vehículo, deteniéndose sólo cuando ella lo hizo, justo en
lo alto de la colina , desde donde todo se podía divisar intacto en apariencia
.
Dieciséis años
sin volver , sin pisar aquella tierra con olor a salvaje humedad y sin
embargo, aunque sólo fuera como engaño ante sus propios ojos , como si sólo se
tratase de una épica visión, el tiempo no parecía haberse mostrado
especialmente cruel a priori con todo
aquello.
Culminando el recorrido sobre ruedas , antes de que descendieran ,
alguien abrió la puerta y se acercó al vestíbulo para recibirles.
Desconcertada por la presencia de alguien que
parecía formar parte del servicio , el Sr. Reder la informó de que
efectivamente había una persona que se encargaba , en la medida de sus
posibilidades, de las labores más básicas , entre ellas la cocina , especialmente para no desatender
a su hermana.
Al ser preguntado por si ella se encontraba
dentro del grupo de empleados a los que se le debía salario, el albacea le contestó negativamente puesto que sus
abonos pecuniarios se habrían dispuesto
de su cuenta personal .
Las previsiones iniciales no podrían verse
culminadas si no por una continuación tan lamentable como su comienzo. No sólo
se debían cuantiosas sumas en impuestos
y proveedores de materias primas desde hacía años, si no que aquel que ahora la
servía bien e incluso la ayudaba , era un deudor plácidamente resignado con
buen corazón. Aplastantemente demoledor pensó ella para sus adentros .
Tan increíble e impresionante como volver a
pisar aquella enorme estancia por la que sí , realmente , no parecían haber
pasado los años , y cuya entrada la llevó a girar su cabeza , directamente , hacia la puerta de la sala donde aquella fatídica noche la partida que
cambiaría su vida se jugaba.
La voz suave y casi aterciopelada de la
muchacha que asistía en la casa
ofreciendo hacer té o café la hizo decidirse por lo segundo solicitando la
compañía del abogado consigo en la sala anexa al gran comedor , donde
antaño y siguiendo las más ancestrales y
a la vez arcaicas costumbres , sólo los
caballeros osaban degustar , después de las cenas , una copa de licor o dos ,
un buen tabaco y , por supuesto, un ardid de conversación logrado en mayor o
menor medida en función de la cantidad de alcohol que se portase.
Sentados ambos en grandes butacas junto a la chimenea encargada
por su madre explícitamente para esa habitación, Emna estimó que necesitaba aclarar ,con un
cierto esquema mental ,sus próximos movimientos , para lo cual , necesitaba
reordenar toda la información que se le había proporcionado, pero antes , una
curiosidad convertida en extrañeza le atrajo a preguntar al Sr. Reder .
- ¿Y mi hermana?
- Lo cierto es que no
podría precisarle . Tengo constancia de que se marchó a primera hora del día de
ayer sin dar datos sobre su paradero o destino y mucho menos sobre su vuelta – respondió el buen hombre ,
el cual continuó poniendo en orden algunos de los documentos que había traído
consigo -.
Extrañada , en su mente se conformó una
pregunta más al respecto .
- ¿Y con qué dinero se
supone que se ha marchado? ¡Y por dios ,
no me diga que también se lo ha dado usted!
Su rostro rugoso con el ceño fruncido y de
circunstancia le hacía presagiar la peor
de las respuestas.
- No, en ese aspecto
puede quedar tranquila . Lo cierto es que la disposición de gastos de su
hermana es algo extraña de precisar , tanto como su fuente de ingresos .
Aquella respuesta inconexa no cobraba mucho sentido. El viejo Reder , envuelto de
forma nerviosa en la amalgama de papeles , parecía ocultar algo .
- Sr. Reder … - ella le
insistía con aquel tono de descrédito
cuando la joven asistenta pidió permiso para acceder a la sala y servir el café
. Una vez se hubo retirado y la puerta volvió a cerrarse , ambos quedaron solos
de nuevo , circunstancia que ella aprovechó para continuar sonsacándole - ¿Qué es lo que me está ocultando Sr. Reder?
Al pobre hombre le temblaban las manos al coger
la taza pese a sus múltiples intentos por disimularlo, pero el leve sonido del
tintineo de la base de la taza con el plato le descubrió.
- Sr. Reder , sea lo que
sea lo que tenga que contarme sobre mi hermana preferiría lo hiciese en este instante
, creo que ya he tenido suficientes sorpresas desagradables en dos días como para cubrir sobradamente el
cupo del resto de mi vida.
El buen hombre , tragando con mucha dificultad
el café , depositó la taza con mucho cuidado en la mesita que tenía delante
suya , y posicionándose erguido en el sillón, casi otorgándole cierto aspecto
ceremonial a todo aquel acto de confesión, muy serio , se dispuso a informarla.
- No quiero que
malinterprete mis palabras ni la información que portan. Ciertamente , esto que
voy a contarle no resulta algo ni fácil ni cómodo para mí , pero en mi afán
por proteger los intereses de su padre y los de
su familia, he de confesarle que
me he visto envuelto en ciertos desagradables eventos que o bien protagonizaba
la Srta. Aldrich o eran consecuentemente animados por ella desde una
hostigación vulgar, si me permite el uso de la expresión .
Cuando su padre la
envió al internado era una muchacha serena , discreta y muy educada , pero al
volver …
Aquel halo de misterio que el abogado le
imponía a su disertación incrementaba los nervios que ya propiciaban las mil y
una ideas que sobrevolaban su cabeza sobre su hermana y lo que habría hecho
durante su ausencia .
Sin soportar mucho más aquella forma suya de
relatarlo, trató de que fuese directamente a los hechos que les atañían.
- ¡Sr. Reder ! ¡Lejos de
malinterpretar sus palabras o lo que conlleven , está consiguiendo precisamente
ese efecto de ofuscación que estoy segura trata de evitar imponiendo
tantos algodones en su elocución. Esto
no es un tribunal y yo no soy la acusación ni la defensa de nadie , así
que haga el favor de decirme de una vez
, con claridad meridiana, que diablos ha hecho mi hermana !
Ante la visible alteración de la que por el
momento se había convertido en su clienta accidental, el hombre optó por
cumplir sus deseos, pasase lo que pasase.
- Sra. Bowman, reciente
de volver su hermana , llegaron a oídos de su padre ciertos rumores sobre una
conducta inapropiada de su hermana en el pueblo , incluso gente que la había
visto en las ciudades cercanas comentaban de su actitud con determinadas
personas en lugares de no muy buena reputación . Cuando su padre quiso tomar cartas en el
asunto le prohibió salir sin ser acompañada , así que ella optó por permanecer
aquí , pero entonces los mismos problemas que dieron píe a las habladurías y a
los problemas tanto en el pueblo como en esas ciudades , se trasladaron aquí, entre los empleados
que su padre contrataba.
Muchos de esos hombres
apenas duraban el suficiente tiempo como para asentarse hasta que hace tres
años su padre contratase a alguien conocido, buen trabajador y que portaba su
propia cuadrilla . Las referencias resultaban impecables y ciertamente los problemas parecieron desaparecer o por lo
menos ya no ser tan evidentes , claro que , su padre por aquel entonces , sólo
era capaz de ver el momento de bonanza
por el que pasaba la propiedad gracias al trabajo de esa cuadrilla y su
forma de organizarlo todo.
Con la taza de café aún en la mano , Emma bebió
el que se convertiría en el último sorbo . Frío y amargo, el líquido elemento
fue descendiendo por su garganta mientras ella se incorporaba y andaba apenas
dos pasos hasta situarse delante del fuego .
La imagen que gracias a las palabras que acaba
de escuchar ella se había conformado de su hermana , no podía ser peor .
La niña bonita de su padre , la preferida , la
receptora de sus caricias , la cameladora de sus instintos . Emma sólo podía
agradecer , en su interior, que su madre hubiese muerto para no ver esto , para
ver en todo lo que su padre había convertido aquello por lo que luchó para
mantener, ni para ver en qué se había convertido la pequeña de la familia , la
que nunca tuvo malos modos ni jamás
ofreció una mala respuesta , la de los modales exquisitos , la
silenciada y dulce niña mimada pero obediente . La estratega de la casa como
bien la definió ella misma.
Sin embargo , para su padre y su entorno , Emma
sólo suponía una carga difícil de llevar
. Rebelde por naturaleza y demasiado parecida a su madre , incluso en carácter
, resultó ingobernable para un padre al que , entregarla a los designios
caprichosos del vecino rico le conllevaba muy pocos esfuerzos , consagrando una
auténtica y beneficiosa liberación.
Siendo consciente de que el mayor de sus
problemas aún estaría por presentarse , optó por tratar de solventar otros .
Miró su reloj y quedó pensativa por un instante , y sin tan siquiera darse la
vuelta , volvió a dirigirse hacia el letrado.
- Dijo que los mayores
beneficios se generaron durante los años en que ese hombre y su cuadrilla fueron contratados . ¿Qué fue
de ellos?
El hombre rebuscó una anotación en uno de sus
libros .
- Se marcharon hace algo
más de año y medio . Lo hubieran hecho antes , la verdad , pero siempre
confiaban en que la mejora de las cosechas y la crianza les otorgase los pagos debidos .
- ¿Cuánto se les
debe? - Preguntó notablemente
preocupada-.
- Me temo que tres años
de jornal señora .
- ¿Tres años ? Pero ¿Es qué les pagó alguna vez? – Cuestionó
angustiada e impotente -.
- Podría decirse que su
padre se aprovechaba de la circunstancia de sus referencias y de la
intermediación de esa persona conocida según
llegué a saber.
Portando un papel en la mano derecha , el Sr.
Reder se lo acercó . Señalado por una doble línea , la cantidad de dinero
debida resultaba casi coincidir con más de la mitad de lo que le quedaba tras
abonar a los proveedores de mercancías dejándole muy poco margen para
maniobrar.
Tras mirar a través de las ventanas y ver como
la tarde se volvía oscuridad , tomó en segundos una decisión drástica.
- No puedo venderla
porque mi vida está encadenada a ella pero tampoco puedo deshacerme y no continuar con lo que mi madre
tenía y con aquello que nos convirtió en lo que éramos. Necesito localizar a
ese hombre .
Mostrándose desesperada y muy nerviosa , el
viejo comenzó a titubear.
- Sólo sé que se
apellidaba Bennet , así figuraba en la
documentación que me enviaba su padre – Respondió el hombre tratando de
conservar la cabeza fría ante el estado de ella.
- ¿Bennet? ¿Nada más ? ¿Y
su dirección? – Le profirió ella de forma insistente , casi inquisitiva-.
El hombre quedó pensativo durante un instante hasta
que dio con la posible respuesta que ella esperaba escuchar.
- En el O´Neill , la
taberna . Durante mucho tiempo recalaba ahí, e incluso se decía que lo daba
como dirección de localización para
evitar que fueran a su casa.
Pensativo estuvo él y a la zaga le siguió ella
, pero aquella forma de mover rápidamente sus ojos sin centrarlo , aquella expresión
suya de estar configurando una especie de estrategia , no terminó de
convencerle .
- Sra. Bowman… ¿no estará
pensando…?
Y sin que pudiera terminar la frase, ella le
exigió las llaves de su coche y le solicitó que esperase en la casa .
Con la noche prácticamente encima , al llegar a
la ciudad trató de recordar la ubicación de la taberna . Creía recordarla a la
salida de una plaza rodeaba por casas antiguas , y tras sucesivas y aparentemente interminables vueltas , tras
darse por vencida y dispuesta a retirarse , ya que tampoco encontraba a ninguna persona
a la que poder preguntar , se topó con la fachada de la que colgaba su letrero ,
de madera , con aspecto antiguo , letras gaélico-irlandesas y su nombre en amarillo con el
correspondiente lema de la casa, en celta, justo debajo.
No habían demasiadas tabernas de este tipo en
toda Inglaterra , al menos no con su historia tan marcadamente rebelde y
revolucionaria desde antiguo.
Londres , como ciudad multicultural, gozaba de
algunas , pero éstas que se situaban desde tiempos inmemoriales en los
distintos condados y comarcas, solían gozar de cierta especificidad en cuanto
al tipo de clientes que las frecuentaban o al servicio que se otorgaba
dependiendo de la procedencia de quién lo solicitase. De hecho, no habían
demasiados ingleses que se atrevieran a cruzar su puerta.
Cruzarla , para ella , suponía un reto harto conocido, pero habían pasado muchos años
y demasiadas circunstancias de por medio que no había podido controlar o
incluso desconocía, por lo cual, esperó sinceramente , que para bien o para
mal, esta visita fuese más bien breve y pasase lo más desapercibida posible.
La puerta de madera la hizo adentrarse en un
mundo claroscuro distinto . Aún conservaba las maderas oscuras que recubrían
sus paredes y los troncos que en su día reutilizaron como mesas , al igual que
los barriles . Las luces tenues proporcionaban un ambiente cálido con respecto
al exterior , aunque contrastase con la frialdad que sintió al saberse focalizada por todas las miradas tanto de los
clientes como de la mujer que lo regentaba detrás de la barra.
Los que se encontraban con sus jarras de
cerveza en la mano las depositaron en
las mesas sin dejar de posar sus ojos en su figura conforme ella se acercaba a
la encargada. Las conversaciones, hasta
entonces mantenidas ávidamente, se silenciaron con la única esperanza de
escuchar a la intrusa que aparecía de improviso esa noche , y la mujer , con
una bayeta en la mano y un vaso en la
otra , la seguía con la mirada hasta que la tuvo en frente suya .
- ¿Qué le sirvo?- Le
preguntó inquietantemente la camarera -
Una extraña sensación de inseguridad le
sobrevino sin saber muy bien por qué. Incómoda
por la excesiva observación de los demás , trató de recomponerse.
- Una pinta estará bien.
Y el silencio prosiguió . Sólo el sonido de su
respiración y el sonido del grifo mientras la cerveza era tirada . Una vez servida , se acercó la jarra a la
boca y comenzó a beber siendo importunada por la curiosidad de aquella mujer.
- ¿Y qué más?
La sonrisa , casi maquiavélica , dibujada en la
cara de aquella corpulenta mujer la sobrecogió, pero dado el entorno en el que
se encontraba , decidió que su estancia debía acortarse, pero la encargada
continuó instigándola .
- No es de por aquí. Parece
una de esas señoritas finas de ciudad que está de paso, pero incluso esa gente fina
de la capital no se adentra en este lugar si no busca algo , y normalmente no
es cerveza.
Emma vio que la mujer deslizaba muy despacio
una de sus manos hasta ocultarla debajo de la barra.
- Estoy buscando a
alguien y me dijeron que podría encontrarlo aquí.
De pronto , aquellos ojos que no habían dejado de observarla , la de los
clientes del local, comenzaron a clavarse
más si cabe , mientras la mano oculta de la mujer parecía moverse ligeramente conforme le preguntaba.
- ¿Y a quién se supone
que busca ?
Mostrando
una seguridad inusitada le respondió.
- Estoy buscando al que
fuera capataz de los Aldrich, Bennet.
La mujer detuvo el movimiento casi giratorio de
la mano oculta relajando su gesto tras mirar , por un segundo , hacia el fondo
de la sala.
- Ahora no está.
Emma apuró su cerveza dejando el vaso en la
madera dispuesta a marcharse . Llevaba
demasiado tiempo allí dentro y su incomodidad crecía en proporción perfecta con
su nerviosismo.
- Bien, entonces será mejor
que me marche , pero ¿podría darle un recado en cuanto lo viese?
La mujer , disimuladamente y sólo durante unas
breves décimas de segundos , volvió a
enfocar hacia el fondo oscuro de la sala , y ella , tratando de encauzar
el lugar al que se dirigía , captó lo que parecían sombras ligeramente
iluminadas por una pequeña ventana , y como una de ellas , adelantaba su cuerpo
sobre la mesa.
- Dígale que si quiere
cobrar lo que se le adeuda a él y a su cuadrilla , se persone mañana por la mañana en la casa de
los Aldrich. Gracias .
Tras dejarle
una moneda por un valor superior al que posiblemente costase la pinta ,
comenzó a caminar tranquilamente hacia la puerta , pero aquella mujer , que
reiteraba su atención hacia aquella mesa en semioscuridad , habló, y ella tuvo
que detenerse.
- La hija prodiga vuelve
a casa . Todos esperaban verte en el entierro de tu padre Emma, o ¿debería guardar el protocolo y ahora
que ha vuelto llamarla Srta . Aldrich ?
Dándose la vuelta lentamente , apostada en el
mismo lugar en el que se detuvo , trató de recordar de qué la conocía ante los
argumentos continuados que aquella mujer parecía conocer de ella.
- Ciertamente hay que
armarse de valor para entrar aquí , especialmente después de lo que tu padre
primero y tu hermana después nos han hecho , pero claro , ella no eres tú ,
¿verdad Emma? Aún recuerdo a la
renacuaja de pelo negro y enormes ojos verdes incrustados en aquella
carilla de porcelana entrar corriendo
para llevarse a su padre , mandatada por la señora , antes de que los invitados
de la fiesta de turno se enterasen de su estado.
Por más intentos que hiciera , su mente no
lograba casar los datos que aquella mujer verbalizaba con ninguna imagen que pudiera
resultarle familiar , salvo la de sus entradas en plena noche , dilúviese o no,
para llevarse a su padre .
Y aunque deseaba que aquella mujer se detuviera
, que se silenciara, en el fondo, deseaba que continuase hablando . Necesitaba
saber qué era lo que se encumbraba entre sombras , aquello que todos parecían
conocer y ella sólo comenzaba a vislumbrar , pero pese al dinero debido, pese
al historial de su hermana, en las palabras de aquella mujer se percibía
resentimiento y dolor mezclado con un odio profundo a lo que el apellido
Aldrich parecía entrañar.
Y sus deseos más fervientes se vieron
complacidos con la palabra continuada de aquella encargada de la taberna.
- Han pasado muchos años
. Ya no eres aquella chiquilla asustada , pero algo aún se mantiene en esencia ,
el hermoso rostro de la “bruja de Cumbria”, como lo fue el de tu madre antes de que la mala
sangre se la llevase.
Sobrecogida , volver a escuchar aquel
sobrenombre , aquellas palabras , hizo que se estremeciera.
Un nuevo movimiento en la oscuridad , de
aquella sombra, hizo que la regente desviase su atención por un segundo , centrándose
ella misma en aquella zona .
Podía sentirse observada más profundamente por
aquel que no veía que por los demás que se encontraban a la luz ,y en un
arrebato , continuó caminando hacia el exterior para marcharse.
Con el sonido del motor alejándose , la figura
entre las sombras se levantó de su asiento y se acercó a la barra.
- No has debido decirle
eso.
Su voz imponente , propia de su altura y corpulencia
, parecía dominar toda la taberna .
- ¿ Después de tantos
años regresando ? ¿Qué diablos habrá venido a hacer aquí? Y buscándote , a ti precisamente , Richard
Bennet, el capataz . – Al verle circunspecto , la mujer le preguntó incrédula – Pero ¿en serio vas a ir?
Pensativo , ladeó su cabeza hacia la puerta.
- Ya la has oído. Sea
como sea está dispuesta a pagar la deuda
de su padre , ¿cómo negarme ?
- ¡Aún no has aprendido
nada de tu última estancia en esa casa! – Su voz, sentida y profundamente
enfurecida , contrajo a todos los asistentes – Volverás a encontrarte con ella .
- Mientras ella
permanezca alejada de mí todo irá bien . Sólo voy a recuperar lo que me
pertenece a mí y a mis hombres , si ella aparece , es una contrariedad con la
que a partir de ahora deberá enfrentarse su hermana , no yo.
Parsimonioso aunque tenso , lo cierto es que
Richard sentía mucha curiosidad por la nueva situación . Todos en la ciudad
eran conscientes de cada uno de los avatares de la familia Aldrich y de las
tierras , de sus momentos gloriosos y los más profundos de decadencia , y sin embargo , aún así, había algo que seguía atrayendo a los lugareños hacia aquella propiedad y hacia aquella familia.
La regente , visiblemente alterada , volvió a
dirigirse a Richard amenazantemente ,
como en una suerte de presagio de sangre
muy propio de otras épocas pero muy presente entre estas gentes.
- Esa mujer no traerá más
que desgracia , como lo hizo su madre y lo prosiguió su hermana , y tú caerás
en su maldito juego de nuevo.
- Eso ya lo veremos. Todo
se verá a partir de mañana .
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página