LA MUJER DEL RETRATO
Ya todo parecía dar igual . Volver a París ,
terminar el trabajo o no terminarlo … ¿Terminar el trabajo ¿ ¿Qué trabajo ?
Un encargo que en definitiva representaba ella misma y que otros debían
culminar . Ella sólo se trataba de una tapadera bien entretejida durante años y
que ahora se precipitaba sólo porque alguien decidió escogerla . Sólo una
pregunta en el aire ¿por qué ella ?
De todas las respuestas posibles , dadas las
características de las víctimas , ella conformaba parte del patrón buscado :
morena , pelo largo , ascendiente judío directo … Todo a la perfección para
culminar la obra completa y que la
colección pudiese terminarse , pero algo no terminaba de encajar . En sus
adentros , lo que parecía un plan concertado sin cabos sueltos , hacía aguas
por algunos de sus vértices , especialmente por el que representaba
aquel que creía conocer a la perfección: Adam .
Once mujeres . Esa cifra … La Sociedad Thule y
sus reminiscencias . Sus descendientes , las de los hombres que en su día
sembraron uno de los mayores caos y
estados de terror de la humanidad , protectores del legado heredado de sus
padres y abuelos , con sólo un objetivo : Reinstaurar el Reich en el mismo
punto donde lo hubieron conquistado ,
antes de que los aliados y la
climatología rusa pudieran con ellos .
Once mujeres . Ese dato nada recurrente . Esas
once víctimas que también poseerían familia y gente que se preocuparía por
ellas , o no . Jóvenes ansiosas por conseguir ser algo en la vida , captadas
por … para… No, se negaba a pensar que , en los últimos casos , él tuviera nada
que ver pero necesitaba saberlo de su
propia voz . necesitaba encontrar el sentido a ese por qué desagradable pese a
saber las razones , necesitaba saber qué parte de todo este proceso llevó a cabo , cuál fue el papel definitivo
de cada uno . Pero antes de reencontrarse con él a efectos de exigirle las
respuestas que necesitaba , debía
realizar nuevas averiguaciones .
Apenas el reloj marcaba las cinco de la mañana
cuando el avión , de regreso a París , aterrizaba en el Aeropuerto de Orly
. En la salida , cogió un taxi con dirección al edificio principal de la
Gendarmería , a borde del río , cerca de la Concergerié, dónde solicitaría el acceso al archivo
histórico , de carácter público para los investigadores acreditados y
estudiantes .
Vieja conocida de uno de los funcionarios , por los tiempos en que permaneció en el
país durante su tesis , éste no le puso demasiadas dificultades para
conseguirle lo que necesitaba .
Casos inconclusos . casos cerrados sin solución
definitiva . Desapariciones de jóvenes
que no superasen los veinticinco o veintisiete años , morenas de pelo
largo y origen judío hasta la tercera
generación. Estudiantes de arte o que se
movieran en ese mundo y , preferentemente ,
estuviesen en París solas , compartiendo piso con alguna otra compañera
quizás que también podría haber desaparecido , pero , sobre todo , sin familia
o al menos residenciada en la capital.
Tras unos minutos de averiguación en el archivo
informatizado , se la hizo pasar a una sala con dos mesas muy grandes en donde esperaría sola mientras buscaban lo que había solicitado .
Unas miradas desesperadas y constantes a su
teléfono móvil , un repaso rápido a las
anotaciones de su libreta y mucha
ansiedad , fueron las compañeras perfectas
mientras hacía tiempo esperando que realmente hubiera algo qué buscar ,
algo que le clarificase lo que
necesitaba . Una identificación y unas
respuestas de las que era consciente
que , posiblemente , las familias de
esas mujeres , no obtuvieron ni obtendrían jamás .
Un tiempo que culminó con la apertura de la
puerta y dos funcionarios , entre los
que se encontraba el que ella conocía , que traían sendos carros metálicos de ruedas con cajas de archivadores
apiladas hasta casi perder el equilibrio .
Todo el día allí dentro , pensó, pero no le
importaba. Ordenadas por fecha , desde 1940 en adelante , lo dispuso todo para
comenzar a rebuscar entre las carpetas que cada archivador contenía .
Cada
caja , se identificaba con la fecha
de cada caso , con el número del expediente y una nota sellada en rojo en la que se
declaraba si había sido cerrado con resultado favorable o no .
Las carpetas que portaban en su interior ,
algunas con más documentación que otras ,
contaban con fotos de mayor o menos calidad de las víctimas , identidad
de las mismas , datos aproximativos del lugar de residencia y proveniencia en caso de no poderse conocer con
exactitud y las circunstancias tanto de
la desaparición , según los hechos hallados y los testimonios de posibles
testigos , así como del estado en el que
fueron encontrados los cuerpos de algunas de ellas .
No sería tras terminar de analizar
concienzudamente la información de dos de los archivadores de 1940 , cuando
pudo detenerse en un nombre y un rostro .
Alena Aaran. 17 años . Bailarina de la Ópera Garnier desde
hacía dos meses . Padres judeo -polacos no residentes en París . Vivía en Monmartre junto con dos compañeras
más en un pequeño estudio de la calle Bachelet . Hallada
muerta a orillas del Sena , en el
margen Norte , a las cinco y media de la mañana por un hombre que paseaba con
su perro . Pelo oscuro , complexión delgada .
Causa de la muerte : Desollada
viva tras su inmersión en algún medio
líquido a altas temperaturas
dados os destrozos internos en sus órganos y vísceras . Reconocimiento
posible gracias al mantenimiento de su
rostro intacto .
Le costaba escribir . La imagen absolutamente
clarificadora , la visualización , sin necesidad de demasiada imaginación , del
dolor sufrido en carne viva por la joven , la cual , posiblemente , dada su
débil envergadura a juzgar por su profesión , no debió durar ni tanto como quiénes se lo hicieron hubieran esperado ni tan poco como ella hubiera deseado, hizo
que la mano que portaba el bolígrafo le temblase, que el estupor y una sensación muy desagradable se
apoderasen de su persona .
Esther la había visto , posiblemente , hasta
hubiera podido tocar su piel . Alena era
una de aquellas mujeres jóvenes sentadas de espaldas , con su cuerpo
prácticamente desnudo y piel blanquecina
, que mostraban absoluta inocencia sensual conforme giraban su rostro para emular el paso de un tiempo que se les agotaba .
Ella la habría tocado , la habría visto ,
aunque su rostro no se le pareciese , al igual que podría suceder con el resto
. Esther había tenido restos de su vida
entre sus dedos , aunque tratados con delicadeza infinita , pero los había
tenido y
ello la hizo sentirse , en cierta
forma culpable hasta el punto de
observar aquellas manos suyas y no
reconocerlas .
No. Su muerte no podía haber sido en vano .
Debía continuar , culminar esta especie
de homenaje a unas desconocidas a las que se les arrebató de forma salvaje la
vida por algo que desconocían a cambio
de una cantidad de dinero o de una promesa de triunfo y mejora o…
Se negaba a pensar en otra cosa , especialmente
cuando comenzase a encontrar , si lo hacía , a las más recientes .
Su ansiedad por continuar buscando se
incrementó . Las carpetas fueron pasando por sus manos hasta que halló otra en el mismo años , cerca
de Navidad .
Shamira Aberman . 20 años . Padre israelita y madre turca .
Estudiante de bellas artes en la Sorbona . Vivía con su familia en el centro de París . Hallada muerta cerca
de Notre Dame , cerca del río . Pelo castaño , 1.65 cm de altura . Causa de la
muerte : desconocida . Signos reconocibles , un anillo de compromiso en la mano
izquierda . Cuerpo completamente desfigurado . Numerosas incisiones con
instrumental quirúrgico . La autopsia desvela
la ausencia de elementos óseos palpables en cavidad torácica , costillas
, al menos seis , extracción de
ligamentos y parte de la base de la musculatura de recubría las rodillas .
Tras dos horas inmersa en aquella macabra
lectura y varios archivadores después ,
no sería hasta 1965 cuando encontrase a varias víctimas más que correspondían o podían haberlo hecho , a
los parámetros ideales de aquellos que las reclutaban para morir de aquella
forma en pos de sus anhelados objetivos.
A partir de
1975 , los detalles de los
informes se volvían aún más oscuros y desagradables , favorecidos por el avance en las
técnicas de averiguación y los análisis
aplicados en las autopsias .
Elena Abosch . 25 años . Judeo alemana nacida en
Berlín. Sin familia conocida o
localizable . Hallada muerta cerca de
Grand Palais en un contenedor de restos
de obra . Embarazada de siete meses.
Último trabajo conocido : Ala de conservación del Louvre . Técnico de
restauración.
Se ha tardado seis meses en poder tener una identificación
clara de la víctima . Completamente desfigurada , se estima que su muerte se
produjo algunos meses antes de hallarse el cuerpo habiendo sido desplazado desde algún puto de
origen a juzgar por los restos de barro y ramas secas encontrados debajo de las
uñas .
Cicatriz abierta en el vientre señal de una posible cesárea
crítica y posterior extracción visceral
sin cerrar . Deterioro orgánico por el paso del tiempo y exposición
a alguna sustancia de contenido ácido o inflamable . El cuerpo aparece desollado en un setenta por
ciento de su extensión , mostrando la que queda , en ambas manos y pies , especialmente , señales de
habérsele realizado pruebas reactivas a sustancias químicas .
Se estima que la muerte pudiera haberse producido de forma
lenta y angustiosa , y que los
procesos traumáticos se llevaran a cabo en esta consciente .
Sarah Dachefsky, Emilia
Davinovich , Hena Labi , Clarice Lancman
y Susan Maarfeld fueron los siguientes
expedientes a tener en cuenta entre
medio de aquel maremágnum de casos sin resolver . Mujeres que hallaron la
muerte más traumática posible entre 1975 y 1986 . Mujeres con el mismo promedio
de edad , con vidas normales y profesiones
relacionadas , todas ellas , con algún aspecto artístico . Mujeres de origen o ascendiente judío y
características físicas similares , la
mayoría , sin familia a la que avisar o recurrir no sólo a efectos de lograr una pronta
identificación , dado el estado de algunos de los cuerpos , sino para poderles
dar una sepultura que no fuese en soledad .
Las letras se distorsionaban . Después de las
horas , una mezcla de cansancio y abrumador hastío , le provocaron una
sensación de revoltura difícil de llevar consigo . Sabía que era real . En los informes de las últimas víctimas , se
adjuntaban fotografías del hallazgo de los cuerpos , de su estado y de las
realizadas en la morgue como prueba de
lo hallado . Absolutamente espeluznante .
Le costaba si quiera escribir y , sin embargo ,
aún le quedaba lo peor , seguir revisando los archivos más recientes a fin de encontrar a las últimas tres
víctimas de tal horror .
Cada archivador que debía trasladar hasta la
mesa pesaba más y más . Por instinto , llegó a abrirlos con cuidado exquisito,
a modo de respeto, por aquellas cuya memoria había sido olvidada en una inmensa
sala llena de estanterías de metal que llegaban hasta el techo .
1990 ,
Lidia Paiuk. 2005 , Ángela
Quer. 2010 Bryce Zabarski . Todas ellas modelos . Estudiantes de arte en distintas modalidades cuyo trabajo extra
les permitía llevar una vida más bien acomodada en París . Las tres sin familia
localizable , lo que resultaba muy oportuno . Quizás todo se hubiera complicado
con alguna de ellas y prefirieron ir sobre seguro escogiendo a chicas que no representasen un
problema adicional . Desaparecidas en fechas sin concordancia pero aparecidas , las tres , meses después ,
con sus cuerpos completamente mutilados , desolladas por completo hasta el punto que su identificación dependió
de unos más que exhaustivos análisis de
ADN de los pocos restos que se
encontrasen menos deteriorados y que
fueron repetidos en más de una ocasión .
Todas ellas mujeres jóvenes , atractivas . En
el caso de las tres últimas , vistas por última vez a orillas del Sena ,
sentadas en alguna de las terrazas que
allí se disponían , tomando algo .
En estos tres casos , los testimonios de los
testigos habidos , los empleados de
dichos locales , coincidieron en aportar la misma reveladora información : las
habían visto entrar solas , ser acompañadas por un hombre que no pasaba
desapercibido y marcharse acompañadas
tras hablar largo rato .
Portando aún el bolígrafo en la mano , con la
punta pegada al papel y la libreta
abierta de par en par , pese a no dejar de mirar la foto de aquella última
víctima , Bryce , su mente comenzó a traicionarla con imágenes paralelas , de
paseos a orillas del Sena acometidos
hace años , de puestos de libros de segunda mano en los que alguien se detenía
y observaba , de alguien que cogía aquellos libros legendarios e
imposibles de precios aún más in
asequibles . Imágenes de manos que
acercaban , instantes después y de forma
sorpresiva , aquellas mismas obras y
que con mirada profunda y una anhelada
sonrisa cómplice , sabían perfectamente lo que querían de quién simplemente
observaba , ignorando que , en realidad , sólo era una presa más .
Por más que examinó el resto de
expedientes , Esther no halló nada más
que cubriera sus expectativas . Todo le abrumaba sobre manera mientras su
cuerpo comenzaba a experimentar la sensación de agobio más asfixiante qué era
capaz de sentir .
Se sentía débil como nunca . Por fin , había
puesto rostro a quienes poseían el mismo en aquellos lienzos . Por fan, pudo
poner nombres , edades , datos reales y conforme se los fue topando , los siguientes superaban a los anteriores hasta colmatarlos
. Conforme los años pasaron y los medios
de investigación fueron superados , los
datos se volvían más profundos , con más lujo de detalles , con más reseñas
sobre las causas reales de la producción de la muerte o de cómo habían sufrido todos aquellos padecimientos ,
convirtiéndose en testigos vivos de todo
cuanto se les hacía .
Con todo aquello en su mente , tras recoger los
expedientes y volverlos a colocar en los archivadores y ver como los funcionarios se los llevaban para devolverlos a aquella
lúgubre y solitaria sala en la que dormirían , de nuevo , el sueño de los
justos , salió de allí tras agradecer los servicios prestados al funcionario
que conocía el cual, se preocupó al ver su estado tras todas aquellas horas .
Estaba más pálida de lo normal y no sólo por el cansancio o no haber tomado
nada durante todas aquellas horas , pero
aunque el hombre fuera consciente de que lo que hubo leído podría haberla
afectado , aquel funcionario jamás
podría imaginar cuánto se ocultaba detrás de aquel rostro casi ido , de
aquellas ansias por escapar de aquel
lugar , por encontrar una explicación que sólo alguien podía darle en aquel
instante y , de paso , determinar la
confirmación que llevaba deduciendo a raíz de lo dicho por Joseph Weigel en el pabellón nº 10.
Tenía que saber si ella era la víctima número
doce .
Una dirección única y exacta era su objetivo .
Un hombre , el único en el que podía confiar que le dijese la verdad si gozaba del valor suficiente para
pronunciar una sola palabra al respecto , si no, lo sabría igualmente , le
bastaría mirarle a los ojos .
Aquel edificio al final de la calle , en lo alto
de la colina de Monmartre , con el Sacre
Ceur a la izquierda . Aquel sabor a añejo , aquel silencio estruendoso que casi
podía tocarse y que la acompañaba en un
momento donde ni un alma bendita
pareciera querer interrumpirla .
Esperó agazapada , pacientemente , en el portal
de enfrente hasta que un vecino se apiadara de ella y saliese . Arriba , en el cuarto piso , todo permanecía en silencio .
Apenas un par de respiraciones , casi
imperceptibles, provenientes del dormitorio . una lluvia que , inesperadamente
, comenzó a caer abundantemente otorgando musicalidad al piso a través de la
enorme claraboya central. La luz ,
convertida en casi oscuridad por la negrura de las nubes que improvisaban
juegos de alterne en cuanto a demostrar la mayor capacidad para explotar . El sonido constante de un goteo proveniente
del grifo de la cocina y el sonido de la
nevera y su motor .
Espacio abierto , diáfano , solitario . Una paz
que pronto se vería interrumpida .
El deseo de Esther se convirtió en realidad . Nada
más vio que se alejaban unos pasos dichos
vecinos , se acercó hasta el portalón, corriendo , antes de que se le
cerrase .
De nuevo aquellas escaleras . De nuevo el
ascenso hacia su propio infierno , aquel del que no podía huir , aquel al que
siempre volvía porque algo le atraía y le obligaba a hacerlo . Y al fin,
aquella gran puerta corrediza , la que siempre atravesaba siendo consciente de
que dejaba de ser aquella persona que todos creían para convertirse en los que
era en realidad , en lo que sus propias entrañas la empujaban.
Una
marcha hacia delante , una decisión sin vuelta atrás y de la que
desconocía el después , algo a lo que no estaba acostumbrada .
Tocó a la puerta con fuerza y de forma enérgica esperando él
la hubiese escuchado . Tras algunos segundos sin respuesta , volvió a
intentarlo sin respuesta . Cuando la tercera vez se producía , ésta fue
interrumpida por el sonido del pasador de seguridad y el rodamiento forzoso de
la puerta . La sábana enrollada
alrededor de su cintura y su rostro , denotaban que se encontraba acostado .
Esther miró su reloj para comprobar la hora
cuando vio que él se apartaba de la puerta dejándola pasar sin mediar una sola
palabra . Tras cerrarla , ella creyó que la seguiría pero sin embargo ,
prefirió quedarse en la puerta , apoyado en ella , esperando una explicación.
·
ESTHER
: Lidia Paiuk, Ángela Quer, Bryce Zabarski. Captadas en el río . Los
testigos , trabajadores de las terrazas , afirmaron que las vieron llegar
solas y que las vieron marcharse
acompañadas por alguien que no pasaba muy desapercibido . – Se dio la vuelta
para mirarle - ¿También a ellas las
engatusaste con un libro ?
No decía
nada . Adam no podía pronunciar palabra . Subestimada , así era y había sido
por los demás y él se los había
advertido .
·
ESTHER
: ¿Por qué yo ? ¿Querías demostrarte a ti mismo que lo habías superado , que me
habías olvidado ?
·
ADAM
: Te escogió él , a mí , sólo me quedó terminar el trabajo . La nieta del gran
médico que ayudase a su abuelo , del
hombre que colaboró a que todo pudiese llevarse a cabo . No, no fui yo quién te
escogió. Yo jamás lo habría hecho .
Su vista se desplazó hacia el centro de la sala
, aquel lugar en el que las inmensas esculturas de piedra parecían suplicar su ansiada libertad .
·
ESTHER
: Su rostro … Su angustia . ¿Cuántas veces imaginaste mi cara de esa forma sabiendo cómo terminaría
todo esto ?
·
ADAM
: Más de las que a mí me hubiera gustado .
Visualizando la sala , halló el mando de la
cadena que pendía de la polea y servía
para ayudarse a trasladar las obras de grandes dimensiones .
·
ESTHER
: ¿Y te conformaste con entregárselas en bandeja o también le ayudaste a
desollarlas vivas ? ¿Cómo pudiste … ?- por un instante , se le quebró la voz en
mitad de la incredulidad – Estuviste presente
¿Cómo pudiste no hacer nada ?
Adam continuaba en la puerta , sin moverse .
Sus ojos descendían más de lo que ella hubiera deseado pero su rostro decantaba una verdad demasiado
evidente , algo de lo que no se sentía orgulloso pero que no había impedido pudiendo .
Ante su silencio , ella se acercó con
determinación hacia la pared donde la cadena permanecía amarrada . Deduciendo
sus intenciones , Adam comenzó a caminar a toda prisa hacia ella para tratar de
impedírselo .
·
ADAM
: ¡ Esther , no !
Sin que él llegase a tiempo , ella soltó la
cuerda para que la gran polea de hierro
descendiese hasta llegar a media altura haciéndola oscilar hacia las
esculturas , soltándola cuando hubo llegado a la primera de ellas . Pese
a la lucha que mantenía con Adam , el cual trataba de arrebatarle la cuerda
, Esther logró que la polea terminase en
el cuerpo de piedra de una de ellas
dañándola gravemente . Durante el forcejeo , aferrándose a la misma
, hacía que aquel elemento contundente
de hierro continuase yendo y viniendo , con enloquecidos e indeterminados
trayectos , cada vez que chocaba con una de ellas .
Una tras otra , las cuatro esculturas fueron
perdiendo parte de los elementos de piedra . Los trozos de la misma comenzaban a poblar el suelo de madera y , en
alguna que otra ocasión , más de una
ventana se convirtió en la víctima
material colateral de aquel momento de locura .
Pese al daño que Adam le producía en las manos
para tratar de arrebatarle lo que sostenía
la pieza de hierro , Esther se negaba a
soltarla . Sintiendo su cuerpo aprisionado
por el de él , ella trató de quitárselo
de encima , de recuperar su capacidad de movimiento , pero no podía .
Un último empujón ayudado por una de las
rodillas de él sobre el brazo , hizo que lograse arrebatarle por fin la cuerda
, cayendo la pesada polea sobre una de las figuras , haciéndola oscilar con peligro de que se viniese abajo ante sus ojos .
En el suelo , sin poder moverse por más que lo
intentara , llegó el momento de rendirse , de no continuar . Con el asustado
rostro de Adam observándola , sólo pudo ver el miedo real y la desesperación reflejados en sus ojos .
Pese a su respiración agitada , dado el esfuerzo , ella pareció irse calmando
, incluso cuando él fue acercándose a su rostro para besarla . Conseguido sin
correspondencia por su parte , aún no había alejado sus labios cuando una
pregunta le hizo detenerse .
·
ESTHER
: ¿El beso de despedida ?
Ella pudo sentir sus labios si los de él , su
respiración cálida sobre su rostro , sus ojos enormes y azules observándola a escasos centímetros de su cara .
De pronto , sintió la presencia de alguien más
en la sala, lo que provocó que ella
girase la cabeza para comprobar de quién se trataba . Alguien que había
estado viendo toda la escena con suma
atención desde el dormitorio y cuyo aspecto , semidesnudo y cubierto sólo
por una sábana enrollada a la cintura , al igual que quién la retenía , con los brazos cruzados sobre el pecho y mirar
irritantemente irónico .
·
CHRISTOPHER
: Irónico . Obsesionada por conocer la
verdad sobre la Colección y el cuadro número
doce , y la respuesta la ha tenido delante toda su vida .
Asombrada , sólo le quedó volver a girar su
cabeza hacia Adam y encontrarse con sus
ojos , encontrarse con algo que ya había visto una sola vez , en el Aeropuerto
, cuando la deportaron.
ANA PATRICIA CRUZ LÓPEZ
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