domingo, 23 de septiembre de 2018

LA VIUDA . CAPÍTULO TERCERO . RECUERDOS ( 3ª PARTE ) (Registrado en SAFE CREATIVE 1 DE MAYO 2018)


LA VIUDA
CAPÍTULO  TERCERO  . RECUERDOS ( 3ª PARTE )

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El tiempo pasa de la misma forma que una brisa de verano ,  llega sin avisar y permanece hasta que decide desaparecer .  De la misma forma que en las manecillas de un reloj , los años en las personas llegan sin misiva  para marcharse casi sin que nos demos cuenta .

Frederick , único descendiente de una de las familias más prestigiosas del país por sus florecientes negocios navieros , siempre fue el joven que todos esperaban de él . Movimientos medidos , silencios casi programados en un saber estar donde las reglas de protocolo se estilaban hasta para la vida cotidiana , calificaciones sorprendentes durante su etapa escolar en el internado y sociabilidad impuesta en los más selectos clubes y sociedades donde los contactos debían realizarse y mantenerse por el bien de la familia . Un joven prometedor , en definitiva , para el que su familia le había escrito su destino mucho antes de haber sido engendrado y en el que hasta su sexo venía predestinado , porque el primogénito  debía ser un varón , tal y como mandataba la tradición familiar , aunque nadie pudo pronosticar que sería el primero en su linaje en ser hijo único, ni que todo aquello que le presionaba constantemente  se convertiría en su mejor bastión para forjar su verdadero carácter .


A priori , Frederick era todo lo que se podía desear para mantener un apellido durante lustros privilegiado , apoyado en una cabeza portentosa, pero como todo joven aprisionado en un mundo que no siente suyo , en la soledad de los lugares  a los que solía escaparse cada vez que tenía oportunidad , sólo las paredes o los árboles que le rodeaban eran los mejores cofres resguardadores de sus más íntimos secretos , aquellos que no podía contar a nadie  y que de conocerse , posiblemente , le  conllevarían a un destierro casi deseado .

Una presentación en sociedad a la que él intentó negarse a ir , una ocasión  para el  encuentro de aduladores y falsos nuevos ricos   donde apañar matrimonios no concertados y conseguir buenos partidos matrimoniales suponía el  objeto de una especial caza mayor sostenida socialmente  , de grandes  salones y manjares cuyas sobras sólo beneficiaban a aquellos responsables reales de que todo estuviera a gusto del señor de turno  y un baile principal , entre otros , como la oportunidad y el marco perfectos en el que las grandes familias  pueden presentar en sociedad a las benjaminas de la casa, exponiéndolas como los productos de un mercado sutil y elitista , ante los ojos de todos , compradores  y curiosos , algo muy parecido a lo que él ya había visto en más de una ocasión con su padre .

Desganado y con unas imperantes ganas de marcharse mucho antes siquiera de haber partido de su casa , Frederick asistió a aquel “acto social “ con el que se cerraba la temporada de primavera . Pronto las señoritas volverían a sus respectivos internados suizos o franceses  mientras a los jóvenes les tocaba  hacerse hombres en el ejército o comenzar a encargarse de los negocios familiares. En su caso , una inesperada noticia le asestó como un jarro de agua fría aquella misma  mañana , lo que terminó de encauzar su ánimo para esa noche .   
Apenas había terminado de desayunar cuando fue reclamado por su padre a su despacho .  Hacía días que le había escuchado hablar sobre la llegada de nuevos barcos que partirían con destino a América en busca de nuevos productos que traer y comercializar , por lo que nada más terminar con el café  y sin casi nada sólido en el estómago por los nervios  , acudió presto a la llamada del patriarca .  En aquella sala , sobria como  quien la frecuentaba  y con ilusiones renovadas por lo que en su imaginación y ansias se había convertido en el mayor deseo , atravesar el océano , Frederick se encontró con una orden irrenunciable e incontestable , la de someterse al rígido entrenamiento militar por el que debería pasar durante los siguientes cinco  años con una asignación de destino lejos de su hogar .

No podía contestarle  ni opinar sobre su parecer , era su padre , pero nada más darle la espalda y cerrar la puerta , la rabia en la que entonces se sumió,  le ayudaría a poder pasar los días hasta su regreso definitivo a su casa .  Y ese fue el ánimo con el que acudía al baile de presentación  en sociedad de lo más granado de la ciudad aquella misma noche ,  teniendo como máxima aspiración beber hasta el agotamiento y olvidarse de su obligada vida de apellidos y fábulas desgraciadas en torno a lo que se aspiraba de él .

La casa del anciano Sr. Ashley  apenas distaba  unas media hora de la suya , de hecho , su padre y él gozaban de la compañía mutua durante las largas jornadas de verano y de algún que otro fin de semana  siempre que las obligaciones de ambos se lo permitían .  Una casa que Frederick conocía muy bien gracias a esas jornadas donde acostumbraba a acompañar a su padre aunque no permaneciera a su lado durante las departiciones de ambos patriarcas  y menos cuando cambiaban la palabra por los tacos de billar . Una gran casa solariega en lo alto de una de las colinas más hermosas de Aberdeen , con caballerizas propias que hacían delicia de los amantes de sus nada ociosos habitantes equinos  y amplias zonas de caza privadas,  infrautilizadas desde que el anciano sufriese una dolencia en la parte derecha de su cuerpo que le impidiese poder portar el arma .
Una casa  con un gran y exclusivo salón de baile como habitáculo envidiado por todo aquel que poseyera una propiedad de esas características y de cuya decoración se encargase , personalmente , su fallecida esposa apenas compraron la propiedad recién casados .

Sin gozar de compañía habitual en las cercanías  y sin herederos a los que poder traspasar su legado y sus conocimientos , casi se podría decir que  el viejo Ashley hubo de ver en Frederick al hijo que nunca pudo tener , reflejándose en sus ojos  de extraño color cambiante y por el que sentía gran  pasión , el carácter y la fuerza  de un muchacho con permanentes ganas de aprender y avanzar , inquietudes no demasiado frecuentes en los chicos de su edad .

Aquella noche  no quiso llegar demasiado temprano . En su inconmensurable perfección , la hora exacta se medía de forma exquisita , apoyado por la costumbre indiscutible de que la llegada  temprana a un evento social de estas características pasaba de ser una mera anécdota, en función de quién eras, a un auténtico despropósito perdurable en el tiempo como objeto de crítica continua que sonsacar en cenas y  reuniones  similares .
Deambulando por todos los espacios abiertos  a efectos de permanecer en el gran salón el menor tiempo posible , intentando pasar desapercibido , una evasiva figura humana pareció llamarle la atención entre la multitud . Tratando de apartar todo lo que le obstaculizaba para saciar su curiosidad  , aun sin moverse del lugar en el que se encontraba, mientras disfrutaba de una copa de vino tinto , algunas de las personas que se interponían entre él y la resolución del misterio que lograba captar su atención se retiraron . Un discreto  vestido blanco que no destacaba por encima de los demás  hacía continuar la visión hacia un cabello oscuro recogido y decorado con pequeñas y casi imperceptibles florecillas blancas .
La soltura en las delicadas maneras de la joven le llamaron aún más la atención , sobre todo porque no era capaz de reconocerla ni creía haberla visto jamás , lo que resultaba casi imposible en un ambiente donde todos los asistentes acostumbraban a coincidir de alguna u otra forma .  Decidido a acercarse , el Sr. Ashley le dio caza sin esperarlo , convirtiéndose en un indeseado entretenimiento en ese preciso instante . Poco después , en mitad de la conversación , casi monólogo extendido del anciano anfitrión, le bastó   girar en parte su cabeza para comprobar que la joven había desaparecido .

Las horas y los bailes  se  mantenían unidos de la mano  junto con el calor reinante aquella noche  pese a ordenarse que todas las puertas   y ventanas permaneciesen abiertas  como forma de ventilación . Sintió la necesidad  de alejarse de allí  por el resto de la noche , de desaparecer para volver a esa realidad  sólo cuando le tocase despedirse , pero pese a su disposición , los acordes de aquel vals y una imagen borrosa y soslayada por el rabillo del ojo , le hicieron permanecer en el mismo sitio  y observar  , casi sin pestañear , el centro de la sala . La misma joven  de pelo oscuro y vestido sencillo se encontraba siendo guiada por uno de los invitados del Sr. Ashley , mostrándose feliz  y a la vez discreta , pudiendo ver su rostro por primera vez , sin embargo , pese a la hermosa visión , fue el de quién la guiaba y lo que ello significaba   lo que le  recordó la finalidad  del acto marchándose decididamente al sentir de nuevo un ahogo con el que le costaba respirar.  
Necesitaba  dar una vuelta  por la casa y alejarse de allí y así lo hizo casi desesperadamente, sin rumbo fijo ni reloj que mirar ,  hasta que reconoció la puerta que tenía delante : la sala de juegos .  Sin tan siquiera percatarse de si alguien le había visto llegar hasta allí y con toda la confianza que le otorgaba ser como un hijo para su propietario , abrió  la puerta y se adentró .  Visualizado el gran sofá central  sintió la imperiosa necesidad de recostarse  , lo que hizo sin pensar en nada ni nadie ,  cerrando sus ojos , tratando de recobrar la calma .  Un sonido hueco , muy reconocible , le hizo volver a abrirlos . Ante el silencio, pensó que el sonido podría  venir de alguna de las ventanas o la recolocación de las maderas de la biblioteca , así que decidió volver a acomodarse . La repetición del mismo sonido , sólo instantes después , hizo que repitiese la misma acción , esta vez , asegurándose de comprobar el lugar del que venía el mismo .  
Decidido , se incorporó y cruzó aquella estancia hasta llegar a su anexo , del que le separaba una pequeña pared . Al rodearla, la gran mesa de billar con tapete rojo aparecía reinante como siempre , entre los cuadros de los antepasados familiares y las marinas adquiridas en subasta hace  tiempo . Sólo algo la hacía engrandecer  mucho más ,  la de la joven de pelo oscuro que había visto por primera vez en la sala de baile . En silencio , sin que ella se percatase de su presencia en el lugar , sus ojos volvieron a deslizarse por aquel cuerpo volcado en su mitad superior sobre la mesa , con el taco sostenido de forma perfecta entre las manos  y dispuesta a conseguir un punto fantasma que nadie sería capaz de reconocerle. Acercándose con cuidado para no sobresaltarla , no podía dejar de observarla , sorprendido por la destreza en algo que posiblemente no debiera saber  ni conocer dado su rango o categoría  , porque aquel era un juego de hombres o porque socialmente , de una señorita y futura dama , se esperan otro tipo de conductas .  
Un ruido inesperado en una de las maderas del suelo de la sala  la despistó , haciendo que errase el tiro  y logrando centrar la atención de ella en él, algo que no pretendía .

·        FREDERICK : Lo siento  no…no pretendía …

Sin soltar el taco de madera , se recompuso el vestido como pudo  dispuesta a atender a su tímido e inoportuno descubridor .

·        VICTORIA : Creo que soy yo la que debe pedir disculpas , me he escondido aquí cuando mi lugar posiblemente esté ahí fuera  pero no he podido evitarlo , el ambiente del salón se volvía irrespirable .

Alguien que era capaz de sentir lo mismo que él , huir de una realidad impuesta , le incitó a querer acercarse .

·        FREDERICK : Una joven de buena familia que aspira a ser una    dama no debería saber jugar a esto – dijo mientras señalaba tímidamente hacia la mesa – y por su forma de coger el taco y enfocar  su objetivo  me parece que esto no es nuevo para usted .  ¿Dónde aprendió a jugar ?

Su amplia sonrisa  y el ligero sonrojo de sus mejillas provocaron que él también sonriera .

·        VICTORIA : Con todos los respetos mi señor , ¿No resulta mucha pretensión relataros algo de mi vida privada cuando tan siquiera me  habéis dicho vuestro nombre ?

Depositando el taco de madera sobre la mesa , a Frederick le costaba notablemente separar sus ojos de cada  excepcional movimiento suyo , tan grácil y dispuesto .

·        FREDERICK : ¡Oh, lo lamento ! Jamás me hubiese atrevido a ser descortés pero ni me he … -  para su sorpresa , ella le interrumpió -.

·        VICTORIA : Quizás si dejase de observar con tan minuciosa atención cada movimiento  que realizo  no obviaría lo más elemental de un primer contacto .

Le resultaba difícil no manifestarse torpe ante ella y su amplia sonrisa que no la abandonada en ningún momento , lo que  le incomodaba en gran medida , temeroso de la imagen que pudiera estar obteniendo de él .

·        FREDERICK : Mi nombre es Frederick Williams .

Pensativa , pareció reconocer el apellido .

·        VICTORIA :  ¿Williams ? ¿De los Williams del astillero ?

Sorprendido , le contestó con seguridad .

·        FREDERICK : Sí, los mismos .

Rodeando la mesa sin dejar de observar el tapete , cada paso dado mostraba ante los ojos de él aun mayor perfección si cabe  respecto al entorno en aquella habitación .

·        FREDERICK : Y aún siendo una indiscreción y una inmensa descortesía por mi parte , ¿podré conocer la identidad de la dama que tan inesperadamente me ha sorprendido o acaso esto es una suerte de juego en el que la desconocida mantiene su anonimato por alguna razón que desconozco ?

Detenida en frente de él , separándoles sólo la ancha mesa de madera tapizada de rojo sangre , su sonrisa , engrandecida , volvió a iluminarle .

·        VICTORIA : Mi nombre es Victoria , sin más . Sin apellidos rimbombantes ni conocidos , -  continuó su paso rodeando la mesa ante el creciente interés de su interlocutor -  sin una gran escuela  que otorgue una exquisita educación detrás , sin amistades influyentes  ni perspectivas  y con la única duda de saber qué es lo que hago aquí .

Sus pasos le llevaron a pocos metros de él , desde donde la luz  y su juego continuo con las sombras  le otorgaba otra misterioso aspecto , donde su piel pareciera poder tocarse y ella flotar .

·        VICTORIA : Aunque creo  que no soy la única que no sabe qué hace aquí , claro que nada más puedo saber al respecto porque a mi   interlocutor, descubridor de mi escondite y capacidades diversas y nada distinguidas ,  parece costarle hablar .

Se sentía profundamente cómodo ante su presencia pero su estricta educación no parecía permitirle doblegarse hacia su verdadera personalidad  y menos ante una desconocida .

·        FREDERICK : Lo cierto es que yo no he tenido elección . Es mi última noche aquí .

·        VICTORIA :  ¿Os marcháis ? – Le preguntó preocupada - .

·        FREDERICK : Dentro de unas horas habré de partir hacia la Academia Militar . Cinco años que me mantendrán lejos de todo aquello que me incomoda , no podría pensar en algo que me atrajese más .

Su ironía se revestía de cierto resentimiento .

·        VICTORIA : Salvo de la amargura .

Aquella contundencia en su aseveración  le extrañó . No la había visto antes  ni la conocía sin embargo parecía bastarle mirarle a los ojos para desentrañar lo que sentía realmente .

·        VICTORIA : No quiere marcharse pero debe hacerlo , aunque no sea su decisión , pero su linaje y apellido le obligan . Una pena que su padre termine falleciendo sin conocer realmente al hijo que mandata en vez de amar , al que ordena en vez de escuchar , al que no es capaz de suplir en cariños a una madre que no tuvo oportunidad de conocer .

Sorprendido , no pudo evitar cuestionarse como aquella pequeña dama con aspecto aniñado y que no debía tener más de trece o catorce años podía hablar con tanta soltura sobre sentimientos humanos que posiblemente jamás habría conocido aún .  Un rostro dulce que no aparentaba haber estado inmerso en ningún enfrentamiento  ni colisión personal , aunque su vida se envolviera de un halo de misterio que ella misma   se encargaba de propiciar .  

·        VICTORIA : Será mejor que os deje solo , hace mucho que salí de la vista de mi madre y a estas alturas debe encontrarse buscándome como gallina sin cabeza . ¡Oh ! – colocó su mano ocultando su sonrisa traviesa – Lo he vuelto a hacer . Disculpadme mi señor , por la intromisión y mis modales. – Comenzó a caminar dirigiéndose hacia la puerta cuando se detuvo a su lado –  Recordad que no es vuestro  origen y vuestra cuna  lo que  os hace hombre , es vuestro corazón y lo puro de vuestro interior , aquello a lo que nadie que no queráis logra llegar , lo que os convierte en lo que finalmente sois ante los ojos de los demás .

El sonido liviano de sus pies , alejándose de él , fue el último recuerdo bueno que resguardaba en su memoria , lo que habría de venir a continuación , un anuncio inesperado en la misma sala de baile donde él trató de buscarla poco después y el rostro cuya felicidad había dejado paso a la sorpresa más sombría , lo último que vería de ella antes de partir .  Y durante años , los permisos de que gozaba resultaron la mejor excusa para regresar a su casa y tratar de buscar a la joven  que aquella noche se convertía en la esposa de un reputado hombre de negocios con más claroscuros que bendiciones y buenos actos .

Tratando de visitarla , solicitando  su vista mediante  comunicaciones escritas  en innumerables ocasiones , la devolución de las mismas tal cual eran enviadas  resultó la única respuesta recibida por  su parte . Por aquel entonces , los comentarios sobre lo que en realidad sucedía en aquella casa  se convertían en la comidilla de las teorías más variopintas y no sólo entre el personal del servicio , incluso en las mesas de juego y las  casas de mala reputación  se oían lamentos y dudas sobre el destino de la nueva señora del gran fabricante de barcos y dueño de casi la mitad de Aberdeen, comentarios y rumores que embotaban su mente hasta casi la locura por la necesidad de verla y saber que se encontraba bien .

Años después , durante un permiso de Navidad , Frederick regresó a casa . Su padre andaba lidiando con una gravosa enfermedad desde hacía tiempo , algo que le imposibilitaba  continuar atendiendo a actos sociales  debiendo enviar , ante una invitación recibida , a su único heredero . Una cena intimista en la casa del terrateniente de Aberdeen que aceptó sin duda como única forma de poder volver a verla .  Sin embargo , a su ansiedad sólo le devino su desesperanza . Una cena de navidad en la  que su inasistencia se vio glorificada por el escándalo continuado de su esposo en la mesa y en los postres y copa posteriores , un ser excéntrico y carente de modales  o educación alguna con una fortuna inconmensurable como única firma de prestigio . La excusa para la ausencia más esperada: un estado de salud débil y enfermizo que no la permitía salir de la cama .
No contento con aquel argumento y tras ver a lo que debía enfrentarse desde que fuese entregada , Frederick esperó a que su marido marchase a Londres aquella misma noche  para , a través de la Sra . Harrison , la cocinera que hacía años había trabajado para ellos y se marchase al faltar su madre  recalando ahora en aquella casa , le dejase  verla, acompañándole a su dormitorio .
El pomo de la puerta hizo aquel sonido característico y éste sirvió de preámbulo hacia una imagen oscura y febril , la de un cuerpo ajado recostado en una cama , con el cabello casi despeinado cubriéndosela y con una piel casi gris .  La cocinera se acercó a la cama para comunicarle la inesperada visita pero Victoria apenas podía responder o moverse .

Desde la puerta y decidido a entrar , sólo le retuvo una voz que inesperadamente irrumpía en la habitación  venida desde el fondo de la misma .

·        EDWARD : ¿Qué es lo que sucede Sra. Harrison ?

Aquella fue la primera vez que Edward y Frederick  se veían y desde luego , ninguno de los dos , la olvidaría jamás .

ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ
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