LA VIUDA
CAPÍTULO TERCERO
. RECUERDOS ( 3ª PARTE )
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| CRED EDIT APCL73 |
El
tiempo pasa de la misma forma que una brisa de verano , llega sin avisar y
permanece hasta que decide desaparecer . De la misma forma que en las manecillas de un
reloj , los años en las personas llegan sin misiva para marcharse casi sin que nos demos cuenta .
Frederick
, único descendiente de una de las familias más prestigiosas del país por sus
florecientes negocios navieros , siempre fue el joven que todos esperaban de él
. Movimientos medidos , silencios casi programados en un saber estar donde las
reglas de protocolo se estilaban hasta para la vida cotidiana , calificaciones
sorprendentes durante su etapa escolar en el internado y sociabilidad impuesta
en los más selectos clubes y sociedades donde los contactos debían realizarse y
mantenerse por el bien de la familia . Un joven prometedor , en definitiva , para
el que su familia le había escrito su destino mucho antes de haber sido
engendrado y en el que hasta su sexo venía predestinado , porque el
primogénito debía ser un varón , tal y
como mandataba la tradición familiar , aunque nadie pudo pronosticar que sería
el primero en su linaje en ser hijo único,
ni que todo aquello que le presionaba constantemente se convertiría en
su mejor bastión para forjar su verdadero carácter .
A
priori , Frederick era todo lo que se podía desear para mantener un apellido
durante lustros privilegiado , apoyado en una cabeza portentosa, pero como todo
joven aprisionado en un mundo que no siente suyo , en la soledad de los
lugares a los que solía escaparse cada
vez que tenía oportunidad , sólo las paredes o los árboles que le rodeaban eran
los mejores cofres resguardadores de sus más íntimos secretos , aquellos que no
podía contar a nadie y que de conocerse
, posiblemente , le conllevarían a un
destierro casi deseado .
Una
presentación en sociedad a la que él intentó negarse a ir , una ocasión para el encuentro de aduladores y falsos nuevos ricos donde apañar matrimonios no concertados
y conseguir buenos partidos matrimoniales suponía el objeto de una especial caza mayor sostenida
socialmente , de grandes salones y manjares cuyas sobras sólo
beneficiaban a aquellos responsables reales de que todo estuviera a gusto del
señor de turno y un baile principal ,
entre otros , como la oportunidad y el marco perfectos en el que las grandes familias pueden presentar en sociedad a las benjaminas
de la casa, exponiéndolas como los productos de un mercado sutil y elitista ,
ante los ojos de todos , compradores y
curiosos , algo muy parecido a lo que él ya había visto en más de una ocasión
con su padre .
Desganado
y con unas imperantes ganas de marcharse mucho antes siquiera de haber partido
de su casa , Frederick asistió a aquel “acto social “ con el que se cerraba la
temporada de primavera . Pronto las señoritas volverían a sus respectivos
internados suizos o franceses mientras a
los jóvenes les tocaba hacerse hombres
en el ejército o comenzar a encargarse de los negocios familiares. En su caso ,
una inesperada noticia le asestó como un jarro de agua fría aquella misma mañana , lo que terminó de encauzar su ánimo
para esa noche .
Apenas
había terminado de desayunar cuando fue reclamado por su padre a su despacho . Hacía días que le había escuchado hablar sobre
la llegada de nuevos barcos que partirían con destino a América en busca de
nuevos productos que traer y comercializar , por lo que nada más terminar con
el café y sin casi nada sólido en el estómago
por los nervios , acudió presto a la
llamada del patriarca . En aquella sala
, sobria como quien la frecuentaba y con ilusiones renovadas por lo que en su
imaginación y ansias se había convertido en el mayor deseo , atravesar el océano
, Frederick se encontró con una orden irrenunciable e incontestable , la de
someterse al rígido entrenamiento militar por el que debería pasar durante los
siguientes cinco años con una asignación
de destino lejos de su hogar .
No
podía contestarle ni opinar sobre su
parecer , era su padre , pero nada más darle la espalda y cerrar la puerta , la
rabia en la que entonces se sumió, le ayudaría a poder pasar los días hasta su
regreso definitivo a su casa . Y ese fue
el ánimo con el que acudía al baile de presentación en sociedad de lo más granado de la ciudad
aquella misma noche , teniendo como máxima
aspiración beber hasta el agotamiento y olvidarse de su obligada vida de
apellidos y fábulas desgraciadas en torno a lo que se aspiraba de él .
La
casa del anciano Sr. Ashley apenas
distaba unas media hora de la suya , de
hecho , su padre y él gozaban de la compañía mutua durante las largas jornadas
de verano y de algún que otro fin de semana siempre que las obligaciones de ambos se lo
permitían . Una casa que Frederick conocía
muy bien gracias a esas jornadas donde acostumbraba a acompañar a su padre
aunque no permaneciera a su lado durante las departiciones de ambos
patriarcas y menos cuando cambiaban la
palabra por los tacos de billar . Una gran casa solariega en lo alto de una de
las colinas más hermosas de Aberdeen , con caballerizas propias que hacían
delicia de los amantes de sus nada ociosos habitantes equinos y amplias zonas de caza privadas, infrautilizadas desde que el anciano sufriese una dolencia en la parte derecha
de su cuerpo que le impidiese poder portar el arma .
Una
casa con un gran y exclusivo salón de
baile como habitáculo envidiado por todo aquel que poseyera una propiedad de
esas características y de cuya decoración se encargase , personalmente , su
fallecida esposa apenas compraron la propiedad recién casados .
Sin
gozar de compañía habitual en las cercanías
y sin herederos a los que poder traspasar su legado y sus conocimientos ,
casi se podría decir que el viejo Ashley
hubo de ver en Frederick al hijo que nunca pudo tener , reflejándose en sus
ojos de extraño color cambiante y por el
que sentía gran pasión , el carácter y
la fuerza de un muchacho con permanentes
ganas de aprender y avanzar , inquietudes no demasiado frecuentes en los chicos
de su edad .
Aquella
noche no quiso llegar demasiado temprano
. En su inconmensurable perfección , la hora exacta se medía de forma exquisita
, apoyado por la costumbre indiscutible de que la llegada temprana a un evento social de estas características
pasaba de ser una mera anécdota, en función de quién eras, a un auténtico despropósito
perdurable en el tiempo como objeto de crítica continua que sonsacar en cenas y
reuniones similares .
Deambulando
por todos los espacios abiertos a efectos de permanecer en el gran salón
el menor tiempo posible , intentando pasar desapercibido , una evasiva figura
humana pareció llamarle la atención entre la multitud . Tratando de apartar
todo lo que le obstaculizaba para saciar su curiosidad , aun sin moverse del lugar en el que se
encontraba, mientras disfrutaba de una copa de vino tinto , algunas de las
personas que se interponían entre él y la resolución del misterio que lograba
captar su atención se retiraron . Un discreto
vestido blanco que no destacaba por encima de los demás hacía continuar la visión hacia un cabello
oscuro recogido y decorado con pequeñas y casi imperceptibles florecillas
blancas .
La
soltura en las delicadas maneras de la joven le llamaron aún más la atención ,
sobre todo porque no era capaz de reconocerla ni creía haberla visto jamás , lo
que resultaba casi imposible en un ambiente donde todos los asistentes acostumbraban a
coincidir de alguna u otra forma . Decidido
a acercarse , el Sr. Ashley le dio caza sin esperarlo , convirtiéndose en un
indeseado entretenimiento en ese preciso instante . Poco después , en mitad de
la conversación , casi monólogo extendido del anciano anfitrión, le bastó girar en parte su cabeza para comprobar que
la joven había desaparecido .
Las
horas y los bailes se mantenían unidos de la mano junto con el calor reinante aquella
noche pese a ordenarse que todas las
puertas y ventanas permaneciesen abiertas como forma de ventilación . Sintió la
necesidad de alejarse de allí por el resto de la noche , de desaparecer
para volver a esa realidad sólo cuando
le tocase despedirse , pero pese a su disposición , los acordes de aquel vals y
una imagen borrosa y soslayada por el rabillo del ojo , le hicieron permanecer
en el mismo sitio y observar , casi sin pestañear , el centro de la sala .
La misma joven de pelo oscuro y vestido
sencillo se encontraba siendo guiada por uno de los invitados del Sr. Ashley ,
mostrándose feliz y a la vez discreta ,
pudiendo ver su rostro por primera vez , sin embargo , pese a la hermosa visión
, fue el de quién la guiaba y lo que ello significaba lo que le
recordó la finalidad del acto marchándose decididamente al sentir de nuevo un ahogo con el que le costaba
respirar.
Necesitaba
dar una vuelta por la casa y alejarse de allí y así lo hizo
casi desesperadamente, sin rumbo fijo ni reloj que mirar , hasta que reconoció la puerta que tenía
delante : la sala de juegos . Sin tan
siquiera percatarse de si alguien le había visto llegar hasta allí y con toda
la confianza que le otorgaba ser como un hijo para su propietario , abrió la puerta y se adentró . Visualizado el gran sofá central sintió la
imperiosa necesidad de recostarse , lo
que hizo sin pensar en nada ni nadie , cerrando sus ojos , tratando de recobrar la calma
. Un sonido hueco , muy reconocible , le
hizo volver a abrirlos . Ante el silencio, pensó que el sonido podría venir de alguna de las ventanas o la
recolocación de las maderas de la biblioteca , así que decidió volver a
acomodarse . La repetición del mismo sonido , sólo instantes después , hizo que
repitiese la misma acción , esta vez , asegurándose de comprobar el lugar del
que venía el mismo .
Decidido
, se incorporó y cruzó aquella estancia hasta llegar a su anexo , del que le
separaba una pequeña pared . Al rodearla, la gran mesa de billar con tapete
rojo aparecía reinante como siempre , entre los cuadros de los antepasados
familiares y las marinas adquiridas en subasta hace tiempo . Sólo algo la hacía engrandecer mucho más ,
la de la joven de pelo oscuro que había visto por primera vez en la sala
de baile . En silencio , sin que ella se percatase de su presencia en el lugar
, sus ojos volvieron a deslizarse por aquel cuerpo volcado en su mitad superior
sobre la mesa , con el taco sostenido de forma perfecta entre las manos y dispuesta a conseguir un punto fantasma que
nadie sería capaz de reconocerle. Acercándose con cuidado para no sobresaltarla
, no podía dejar de observarla , sorprendido por la destreza en algo que
posiblemente no debiera saber ni conocer
dado su rango o categoría , porque aquel
era un juego de hombres o porque socialmente , de una señorita y futura dama ,
se esperan otro tipo de conductas .
Un
ruido inesperado en una de las maderas del suelo de la sala la despistó , haciendo que errase el tiro y logrando centrar la atención de ella en él,
algo que no pretendía .
·
FREDERICK : Lo
siento no…no pretendía …
Sin
soltar el taco de madera , se recompuso el vestido como pudo dispuesta a atender a su tímido e inoportuno
descubridor .
·
VICTORIA : Creo
que soy yo la que debe pedir disculpas , me he escondido aquí cuando mi lugar
posiblemente esté ahí fuera pero no he podido evitarlo , el ambiente del salón
se volvía irrespirable .
Alguien
que era capaz de sentir lo mismo que él , huir de una realidad impuesta , le
incitó a querer acercarse .
·
FREDERICK : Una
joven de buena familia que aspira a ser una dama no debería saber jugar a esto – dijo
mientras señalaba tímidamente hacia la mesa – y por su forma de coger el taco y
enfocar su objetivo me parece que esto
no es nuevo para usted . ¿Dónde aprendió
a jugar ?
Su
amplia sonrisa y el ligero sonrojo de
sus mejillas provocaron que él también sonriera .
·
VICTORIA : Con
todos los respetos mi señor , ¿No resulta mucha pretensión relataros algo de mi
vida privada cuando tan siquiera me habéis
dicho vuestro nombre ?
Depositando
el taco de madera sobre la mesa , a Frederick le costaba notablemente separar
sus ojos de cada excepcional movimiento
suyo , tan grácil y dispuesto .
·
FREDERICK : ¡Oh,
lo lamento ! Jamás me hubiese atrevido a ser descortés pero ni me he … - para su sorpresa , ella le interrumpió -.
·
VICTORIA : Quizás
si dejase de observar con tan minuciosa atención cada movimiento que realizo no obviaría lo más elemental de
un primer contacto .
Le
resultaba difícil no manifestarse torpe ante ella y su amplia sonrisa que no la
abandonada en ningún momento , lo que le
incomodaba en gran medida , temeroso de la imagen que pudiera estar obteniendo
de él .
·
FREDERICK : Mi nombre
es Frederick Williams .
Pensativa
, pareció reconocer el apellido .
·
VICTORIA : ¿Williams ? ¿De los Williams del astillero ?
Sorprendido
, le contestó con seguridad .
·
FREDERICK : Sí,
los mismos .
Rodeando
la mesa sin dejar de observar el tapete , cada paso dado mostraba ante los ojos
de él aun mayor perfección si cabe respecto al entorno en aquella habitación .
·
FREDERICK : Y aún
siendo una indiscreción y una inmensa descortesía por mi parte , ¿podré
conocer la identidad de la dama que tan inesperadamente me ha sorprendido o acaso
esto es una suerte de juego en el que la desconocida mantiene su anonimato por
alguna razón que desconozco ?
Detenida
en frente de él , separándoles sólo la ancha mesa de madera tapizada de rojo
sangre , su sonrisa , engrandecida , volvió a iluminarle .
·
VICTORIA : Mi
nombre es Victoria , sin más . Sin apellidos rimbombantes ni conocidos , - continuó su paso rodeando la mesa ante el
creciente interés de su interlocutor - sin una gran escuela que otorgue una exquisita educación detrás ,
sin amistades influyentes ni
perspectivas y con la única duda de
saber qué es lo que hago aquí .
Sus
pasos le llevaron a pocos metros de él , desde donde la luz y su juego continuo con las sombras le
otorgaba otra misterioso aspecto , donde su piel pareciera poder tocarse y ella
flotar .
·
VICTORIA : Aunque
creo que no soy la única que no sabe qué
hace aquí , claro que nada más puedo saber al respecto porque a mi interlocutor, descubridor de mi escondite y
capacidades diversas y nada distinguidas , parece costarle hablar .
Se
sentía profundamente cómodo ante su presencia pero su estricta educación no
parecía permitirle doblegarse hacia su verdadera personalidad y menos ante una desconocida .
·
FREDERICK : Lo cierto
es que yo no he tenido elección . Es mi última noche aquí .
·
VICTORIA : ¿Os marcháis ? – Le preguntó preocupada - .
·
FREDERICK :
Dentro de unas horas habré de partir hacia la Academia Militar . Cinco años que
me mantendrán lejos de todo aquello que me incomoda , no podría pensar en algo
que me atrajese más .
Su
ironía se revestía de cierto resentimiento .
·
VICTORIA : Salvo
de la amargura .
Aquella
contundencia en su aseveración le extrañó
. No la había visto antes ni la conocía sin embargo parecía bastarle mirarle a los ojos para desentrañar lo que sentía
realmente .
·
VICTORIA : No
quiere marcharse pero debe hacerlo , aunque no sea su decisión , pero su linaje
y apellido le obligan . Una pena que su padre termine falleciendo sin conocer
realmente al hijo que mandata en vez de amar , al que ordena en vez de escuchar
, al que no es capaz de suplir en cariños a una madre que no tuvo oportunidad
de conocer .
Sorprendido
, no pudo evitar cuestionarse como aquella pequeña dama con aspecto aniñado y
que no debía tener más de trece o catorce años podía hablar con tanta soltura
sobre sentimientos humanos que posiblemente jamás habría conocido aún . Un rostro dulce que no aparentaba haber
estado inmerso en ningún enfrentamiento
ni colisión personal , aunque su vida se envolviera de un halo de
misterio que ella misma se encargaba de propiciar .
·
VICTORIA : Será
mejor que os deje solo , hace mucho que salí de la vista de mi madre y a estas
alturas debe encontrarse buscándome como gallina sin cabeza . ¡Oh ! – colocó su
mano ocultando su sonrisa traviesa – Lo he vuelto a hacer . Disculpadme mi
señor , por la intromisión y mis modales. – Comenzó a caminar dirigiéndose
hacia la puerta cuando se detuvo a su lado –
Recordad que no es vuestro origen
y vuestra cuna lo que os hace hombre , es vuestro corazón y lo puro
de vuestro interior , aquello a lo que nadie que no queráis logra llegar , lo
que os convierte en lo que finalmente sois ante los ojos de los demás .
El
sonido liviano de sus pies , alejándose de él , fue el último recuerdo bueno
que resguardaba en su memoria , lo que habría de venir a continuación , un
anuncio inesperado en la misma sala de baile donde él trató de buscarla poco
después y el rostro cuya felicidad había dejado paso a la sorpresa más sombría
, lo último que vería de ella antes de partir . Y durante años , los permisos de que gozaba
resultaron la mejor excusa para regresar a su casa y tratar de buscar a la
joven que aquella noche se convertía en
la esposa de un reputado hombre de negocios con más claroscuros que bendiciones
y buenos actos .
Tratando
de visitarla , solicitando su vista
mediante comunicaciones escritas en innumerables ocasiones , la devolución de
las mismas tal cual eran enviadas resultó la única respuesta recibida
por su parte . Por aquel entonces , los
comentarios sobre lo que en realidad sucedía en aquella casa se convertían en
la comidilla de las teorías más variopintas y no sólo entre el personal del
servicio , incluso en las mesas de juego y las
casas de mala reputación se oían lamentos y dudas sobre el destino de
la nueva señora del gran fabricante de barcos y dueño de casi la mitad de Aberdeen,
comentarios y rumores que embotaban su mente hasta casi la locura por la
necesidad de verla y saber que se encontraba bien .
Años
después , durante un permiso de Navidad , Frederick regresó a casa . Su padre
andaba lidiando con una gravosa enfermedad desde hacía tiempo , algo que le
imposibilitaba continuar atendiendo a
actos sociales debiendo enviar , ante
una invitación recibida , a su único heredero . Una cena intimista en la casa
del terrateniente de Aberdeen que aceptó sin duda como única forma de
poder volver a verla . Sin embargo , a
su ansiedad sólo le devino su desesperanza . Una cena de navidad en la que su
inasistencia se vio glorificada por el escándalo continuado de su esposo en la
mesa y en los postres y copa posteriores , un ser excéntrico y carente de
modales o educación alguna con una
fortuna inconmensurable como única firma de prestigio . La excusa para la
ausencia más esperada: un estado de salud débil y enfermizo que no la permitía
salir de la cama .
No
contento con aquel argumento y tras ver a lo que debía enfrentarse desde que
fuese entregada , Frederick esperó a que su marido marchase a Londres aquella
misma noche para , a través de la Sra . Harrison
, la cocinera que hacía años había trabajado para ellos y se marchase al faltar
su madre recalando ahora en aquella casa
, le dejase verla, acompañándole a su
dormitorio .
El
pomo de la puerta hizo aquel sonido característico y éste sirvió de preámbulo hacia
una imagen oscura y febril , la de un cuerpo ajado recostado en una cama , con
el cabello casi despeinado cubriéndosela y con una piel casi gris . La cocinera se acercó a la cama para
comunicarle la inesperada visita pero Victoria apenas podía responder o moverse
.
Desde
la puerta y decidido a entrar , sólo le retuvo una voz que inesperadamente
irrumpía en la habitación venida desde
el fondo de la misma .
·
EDWARD : ¿Qué es
lo que sucede Sra. Harrison ?
Aquella
fue la primera vez que Edward y Frederick
se veían y desde luego , ninguno de los dos , la olvidaría jamás .
ANA
PATRICIA CRUZ LOPEZ
TODOS
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