jueves, 26 de marzo de 2015

ELECCION. Capítulo Primero. 2ª Parte (Rated +18) (Registrado 24/sept/2014)

Crédito foto a quién corresponda
La noche estuvo presidida por la lluvia intensa, el frío y el viento. Un viento fuerte y atronador,  que con su violencia traída del mar , era capaz de vencer todos los obstáculos, incluidas las ventanas más férreamente cerradas.

Pese a los esfuerzos por dormir, fue el pasar de las horas lo que pudo con ella, y una embestida brutal que abrió de pronto una de sus cristaleras lo que la devolvió a la realidad. 
Se  despertó aturdida, sin saber muy bien qué habría pasado, y cuando vio el ventalón oscilando violentamente se apresuró a cerrarlo, aunque antes, no pudo evitar fijarse en como el mar embravecido parecía querer escalar por la escarpada pared , una visión que podría deleitar la imaginación de cualquiera si no fuera porque apenas quedaba una hora para   que amaneciese y su descanso ,aquella noche, se lo habían usurpado involuntariamente.

Dada la hora, Casey decidió vestirse con su hábito, y bajar antes que los demás para hacer tiempo. Al abrir la puerta y ver el pasillo, solitario y prácticamente a oscuras, algo estremeció su cuerpo. La idea de saber que la Institución mental y la casa sólo se encontraban separadas por un muro y una puerta no era una idea que precisamente la tranquilizara.


Bajó las escaleras muy despacio, sin apenas hacer ruido, observándolo todo, cada uno de los cuadros que colgaban de sus paredes, retratos antiguos de gente con un halo misterioso , todos vestidos de negro y de época. Las mujeres en ellos retratadas con una mirada perdida y triste, los caballeros, con una prepotencia casi aterradora.

Al llegar al vestíbulo, pese a que las primeras luces del día comenzaban a invadirlo todo, el aspecto tétrico y solitario de la casona no lo abandonaba.
Giró la cabeza hacia el mismo lado dónde la noche anterior había descubierto la gran biblioteca, pero cuando  justo había decidido volver a ella, alguien del servicio la cogió del brazo y la acompañó al comedor puesto que todo estaba dispuesto para el desayuno.

Salvo por un poco de té que le sirvieron, decidió esperar al resto de comensales , y mientras tanto disfrutaría de las vistas del lado contrario al que se encontraban los dormitorios. La tormenta nocturna  había dejado paso a un sencillo aunque frío día gris, algo habitual en esta época del año.

Poco después,   fueron acompañándola el resto de los invitados de la casa, el personal  médico que habitaba allí puesto que eran los encargados de los internos de manera continua, como sería el caso de ella, aunque aún no lo supiera .

A quien si tuvo oportunidad de conocer fue a la subdirectora médica del hospital, que por expreso deseo del Doctor Cárthaigh, sería su guía inicial en las instalaciones y quien la introduciría en las normas del centro, e incluso le comunicaría su trabajo hasta que quedase bajo la supervisión directa suya.

 La Dra.  Mhic era una mujer difícil de describir. Alta, tan excesivamente delgada que sus pómulos destacaban aún más la presunta tosquedad de su rostro, con manos huesudas y una voz que aún imponía más que su aspecto.
  • ·         DRA. MHIC: ¿Hermana Casey?
  • ·         CASEY:  Aún no.
  • ·         DRA. MHIC:   Pensé que por el hábito….
  • ·         CASEY: Es comprensible confundirse .
  • ·         DRA. MHIC:  Soy la Dra. Mhic, la subdirectora médica. En cuanto termine de desayunar tengo órdenes del doctor Cárthaigh de hacerle reconocer el centro e indicarle alguna de sus funciones hasta que él pueda encargarse personalmente de ello.
  • ·         CASEY: ¿Pensé que tendría oportunidad de conocerle durante el desayuno?
  • ·         DRA. MHIC:  El doctor es un hombre muy ocupado, suele levantarse antes que nadie y acostarse más tarde que los demás. Le gusta ocuparse personalmente de todos y cada uno de los internos aunque hayan sido asignados a los diferentes especialistas, es muy meticuloso con ello. ya tendrá oportunidad de conocerle cuando él lo estime oportuno. Ahora será mejor que termine de desayunar, la esperaré en mi despacho.


Siempre se había oído comentar que los éxitos de los métodos del doctor iban a la par con una personalidad extraña por su parte, insociable y taciturno, callado y muy misterioso. Algún que otro viaje a Londres para fines estrictamente médicos , pero de resto se decía que apenas salía de la casona y por ende del centro.

Al término del desayuno, Casey fue acompañada al despacho de la doctora. Aquel camino suponía abandonar la presunta seguridad de la casa para enfrentarse al echo de tener que atravesar la gran puerta de seguridad que la separaba del hospital.

No fue una sino dos puertas las que tuvieron que cruzarse. Puertas grandes, pesadas,  abiertas por sistema automático y por dos grandes llaves que portaba quién la acompañaba.

Una vez dentro de la institución, la sorpresa invadió a Casey sobremanera. No parecía un hospital y mucho menos psiquiátrico. Los pasillos de blanco impoluto, con muchas puertas idénticas de seguridad con el pequeño ventanuco en su parte alta. Nadie en los pasillos. Silencio absoluto.
Nadie en el único mostrador que se encontraba a mitad del pasillo, justo al lado de lo que debían ser las dependencias desde donde se despachaban los medicamentos , a juzgar por el tipo de muebles que se veían a través del cristal.
Ni una sola palabra, ni un solo grito, ni un solo golpe. Silencio tan estremecedor como extraño.

Llegaron al despacho de la doctora Mhic, y apenas atravesar la puerta ella se levantó para comenzar la ruta.
  • ·         CASEY: ¿Cuántos pacientes permanecen ingresados?
  • ·         DRA. MHIC: Siempre tenemos una media de veinte en situación de normalidad .
  • ·         CASEY: ¿En situación de normalidad?
  • ·         DRA. MHIC: Nunca contamos el promedio de cinco enfermos de extremada peligrosidad que desde luego no se encuentran en esta planta, y a la que usted no tendrá acceso autorizado salvo que el doctor se lo permita. Esos pacientes son sólo atendidos por él exclusivamente.
  • ·         CASEY: ¿Y qué tipo de tratamientos llevan a cabo aquí? He escuchado que son famosos por lo novedoso pero se guarda secreto respecto a los mismos con demasiado recelo.

La Doctora la miró seriamente, le extrañaba que se hubiera dado publicidad de las técnicas utilizadas, y frente a sentirse alagada por ello, decidió colocarse a la defensiva con Casey.

  • ·         DRA. MHIC: Me temo que nada de lo que se haya podido verter en esas informaciones sea realmente contrastable en cuanto se conoce la realidad de las mismas. Por otra parte, no soy quien debe poneros al  día con ellos, descuidad  que ya se encargará el doctor de ello.- miró su reloj- Será mejor que nos dirijamos al despacho del doctor, no quisiera que llegase tarde el primer día por mi culpa.

Cogieron el ascensor interno, el cual sólo funcionaba tras introducir la llave correspondiente.
La doctora Mhic apretó el botón del piso tres. Al salir, prosiguieron camino por un largo pasillo hasta la última  puerta que se vislumbraba al fondo. La doctora tocó con sus nudillos dos veces, y abrió.

El gran despacho del doctor Cárthaigh  destacaba tanto por su tamaño como por su sobriedad. Apenas había un trozo de pared que no estuviese recubierto de estanterías y libros. Su mesa, pesada y clásica, de madera de caoba y sillón de piel reclinable. A diferencia de otros profesionales, el Doctor no portaba públicamente sus títulos, siempre consideró que su experiencia y valía andaban sobradamente conocidas como para necesitar justificarlas en un papel por muy oficial que éste fuese.
Un teléfono, no necesitaba nada más.
Apenas un poco de luz que entraba como a escondidas entre las rendijas de la persiana y la luz de la lámpara de mesa que iluminaba el habitáculo como podía.

  • ·         DRA. MHIC: Ahora he de volver a mi trabajo, esperad aquí , el doctor no tardará en venir.

Y se quedó sola, en aquel despacho. Curiosa por naturaleza, defecto que el noviciado no había logrado apartar de ella enteramente y del que era consciente que debía renunciar, no pudo contenerse y comenzó a inspeccionar tímidamente cuanto le rodeaba. 
Un personaje como Aengus Cárthaigh,  tenía mucho más interés para la ciencia y para el mundo que cualquier otro . Un halo de misterio que él mismo se habría encargado de alentar entre sus colegas de profesión y aquellos que le consideraban un peligro por el ocultismo con el que mantenía las que él llamaba “técnicas revolucionarias”, y tan ocultas resultaban, que ni sus propios pacientes, debidamente interrogados con posterioridad , podían describir a qué fueron sometidos.

Los habituales volcados de memoria resultaban letales , pero en el caso de los pacientes del Dr.  Cárthaigh,  su único perjuicio  resultaba ser en su memoria a corto y medio plazo. Nunca recordaban siquiera haber estado en el hospital, ni el tratamiento al que fueron sometidos o los especialistas que les atendieron, jamás recordaban ni la medicación ni el día en que fueron devueltos a la normalidad. Tan sólo recuerdan que se despertaron un día en medio de algún punto ,y que aparentemente, todo debía haber sido un sueño , largo y aletargado, pero un sueño.

Ni un solo libro escrito por él en todas las estanterías, ningún informe publicado, nada sobre lo que poder tomar un punto de partida.
De pronto,  la puerta se abrió,  pero ella estaba tan concentrada en lo que buscaba que ni se dio cuenta, hasta que una voz profunda la devolvió al despacho.

  • ·         Dr.  Cárthaigh: ¿Buscaba algo en particular?

Casey se dio la vuelta y allí apareció él. Una sombra oscura y alargada  que conforme fue acercándose a ella y la luz lo fue iluminando, pudo comprobar su verdadero aspecto, el del misterioso y lánguido hombre que encontró en la biblioteca la noche anterior. El silencioso caballero de porte erguido y elegante que nunca interrumpió su observación atenta del fuego de la chimenea. El hombre alto de pelo oscuro con largo abrigo al que ahora le ponía rostro más que un perfil afilado y de líneas marcadas. Un hombre con una voz tan sobrecogedora como sus grandes ojos  verdes con los que parecía desnudar hasta el alma,  y cuya forma de mirar incomodarían al más tranquilo de los contrincantes.

  • ·         Dr.  Cárthaigh: ¿La hermana Casey?
  • ·         CASEY: No ,aún no.
  • ·         Dr.  Cárthaigh: Tomad asiento por favor. Tuve oportunidad de estudiar su expediente . realmente brillante en ambos campos ¿Creo que hizo las prácticas en Psiquiatría?
  • ·         CASEY: Si ha leído mi expediente allí debe constar.


Su forma de observarla resultaba tan inquietante como incómoda.
  • ·         Dr.  Cárthaigh : Soberbia  ¿ realmente no deberíais descartarla antes de decidir entregaros definitivamente a Dios?
  • ·         CASEY: Me he limitado a daros una respuesta, si en ello veis soberbia , quizás es que no dais la interpretación adecuada a mis palabras.

No sólo su imagen transpiraba algo misterioso y oscuro,  modulaba su voz de forma trascendental y manipuladora, captando la atención ajena. Casey se preguntaba si ésa era una de las armas secretas y novedosas que debía de utilizar con sus pacientes.
Se  levantó de su sillón y fue bordeando la mesa muy despacio. Una de sus manos rozaba cuidadosamente el borde de la mesa. Su paso, tan elegante , distinguido y cuidado como su porte no dejaba indiferente a nadie.  Quería estudiarla mucho más.

  • ·         Dr.  Cárthaigh : Atrevida, demasiado para que no suponga infracción del deber de obediencia o quizás de humildad.
  • ·         CASEY: Creí que se me había reclamado por mis otros servicios y estudios , no por mis creencias o por lo que llevar este hábito supone.


Ella sintió una sensación fría en la espalda, él se encontraba detrás.

  • ·         Dr.  Cárthaigh: ¿vulneraríais aquello en lo que creéis ciegamente si se diera la ocasión?
  • ·         CASEY:  ¿Qué es lo que me podría llevar a la duda?

Él continuó su camino alrededor de ella, lento, parsimonioso.
  • ·         Dr.  Cárthaigh:  ¿Estáis enterada del tipo de pacientes que nos traen a esta institución?
  • ·         CASEY: Algo he oído, pero parece que todo en torno a ella es bastante secreto , por decirlo de alguna forma.
  • ·         Dr.  Cárthaigh: Y así debe mantenerse, porque sólo de eso depende nuestro éxito. Nuestras joyas de la corona son los contados y escasos pacientes de máxima peligrosidad, apenas cinco que actualmente copan los habitáculos de  esta misma planta. Sólo una puerta de seguridad nos separa en este momento de ellos. Usted vendrá conmigo, será la enfermera que medique y elabore los informes de los pacientes que yo vea personalmente, especialmente estos cinco. Nunca tendrá acceso a ellos salvo con mi supervisión, excepto que me viera obligado a delegarle dichas funciones , lo cual no pasará demasiado a menudo. De vez en cuando he de viajar a Londres por temas médicos. –  en silencio, la observaba. Sabía que cual niña envestida en cuerpo de mujer, la curiosidad por saber de qué tipo de pacientes se trataba la estaba reconcomiendo- acompáñeme.


Casey se levantó rápidamente y le acompañó. Salieron del despacho y caminaron por el largo pasillo sin puertas hasta llegar al final, un último recodo a la derecha y apareció la puerta de seguridad. El doctor tocó un timbre situado a la derecha dos veces,  una pequeña trampilla se abrió y se vieron unos ojos. Él introdujo la llave en la cerradura y se oyó por el otro lado introducir también otra llave. 
Ambos lados giraron las llaves al mismo tiempo y la puerta fue abierta.

Un gran espacio cuadrado  se abría antes sus ojos. Sólo  un despacho para el vigilante con la puerta siempre abierta , y cinco puertas de acero separadas entre sí, dos a cada lado y una justo en frente. Tampoco allí se escuchaba ruido alguno, por lo que Casey supuso que podrían ser los efectos de una sedación aplicada quizás a la fuerza. Se fueron acercando a cada una de las puertas. Se detuvieron ante la primera.
  • ·         Dr.  Cárthaigh : Asesinó  a seis personas a sangre fría. Las escogía por un parámetro. De pelo negro, tez negra, y no más altas de 1.70 cm,  la investigación desveló que por sus características físicas,  ellas reflejaban a su madre. Las escogía en la calle, cuando se encontraban solas, las sorprendía por la espalda, les tapaba la boca, las arrastraba a donde más oscuro pudiera estar, y mirándolas a la cara , con una cuchillo, aún vivas, les cortaba el cuello tan lentamente que disfrutaba viendo como se desangraban.


El tono morboso con el que el doctor relataba la descripción de los hechos sumado a ese tono tan particular de su voz, hizo que todo aquello fuese tan gráfico y tan real que su cuerpo comenzó a resentirse.
  • ·         Dr.  Cárthaigh : ¿No váis a asomaros? Tendréis que verles las caras a partir de mañana, sería mejor que os fuerais familiarizando con ellos.


Casey se asomó con mucho cuidado . el sujeto , tranquilo, parecía dormir.
Continuaron hacia la segunda puerta.

  • ·         Dr.  Cárthaigh : éste pueda que os interese más , dada vuestra experiencia en psiquiatría. Un agresor sexual . Esquizofrenia paranoide de grado cuatro no diagnosticada y hereditaria. Un mal asunto, sólo consiguieron averiguar parte de sus víctimas.

Siguieron su paseo puerta por puerta, hasta llegar a la última, justo la de en frente. Al ver que el doctor se daba la vuelta sin informarla ella le insistió.

  • ·         CASEY: ¿Y éste?
  • ·         Dr.  Cárthaigh : No tiene relevancia, es un paciente de larga duración , no váis a ocuparos de él.
  • ·         CASEY: pero habéis dicho que me encargaría de todos los vuestros , lo de esta sección, ¿por qué no me habláis de él?
  • ·         Dr.  Cárthaigh :  Os acabo de decir que no hace falta, será mejor salir de aquí.

Pero Casey, haciendo caso omiso de lo que el doctor le dijo, se acercó al ventanuco, y sólo pudo ver a un hombre acurrucado sobre sus rodillas, que en el preciso momento en que el doctor se le acercó para agarrarla del brazo y tirar de ella, cruzó su mirada  sintiéndola clavada sin haberle podido ver el rostro.

El doctor la lanzó contra la pared , empujándola y quedándose tan cerca de ella que el temor la pudo. Ojos inyectados en una ira tal que estremecía. Aquel cuerpo, enorme , furioso y más desquiciado que los propios enfermos fue la primera imagen que se llevaría de la otra personalidad del doctor, y sus palabras las primeras que no olvidaría nunca.

  • Dr.  Cárthaigh : Si vuelve a desobedecerme, no responderé de lo que le pase.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Reservados todos los derechos)

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