sábado, 28 de marzo de 2015

ELECCION. Capítulo Quinto. ( Rated +18) ( Registrado el 24 sept 2014)

Crédito a quién corresponda
Al volver al interior del edificio principal, Casey se dirigió a toda prisa  al despacho del Doctor.


Entró como una locomotora sin conductor, atravesando las puertas y muy agitada, sin escuchar nada ni a nadie, ni a la Secretaria cuando intentó advertirle que no podía pasar.
Tras abrir y entrar  bruscamente, el Dr.  Cárthaigh, que se encontraba revisando unos papeles, se sobresaltó, dejó lo que estaba haciendo y se reclinó en su asiento. 
Casey, seguida por la Secretaría del Doctor, lanzaba la carpeta que tenía en las manos hacia la mesa.

  • •             SECRETARIA: Lo siento Dr, intenté impedirle…
  • •             Dr.  Cárthaigh: Retírese.

 Casey se mantenía de pie frente a su mesa, tensa, nerviosa, y sin perder de vista ni por un segundo el rostro del doctor. El doctor, sin embargo, conservaba una tensa y aparente  normalidad.

  • •             Dr.  Cárthaigh: Tengo la impresión de que ésta no es una simple visita de cortesía-en tono desquiciantemente irónico-
  • •             CASEY: Quiero los datos que faltan en ese expediente.



 Sin necesidad de ver o abrir la carpeta, sabía perfectamente de quién se trataba.

  • •             Dr.  Cárthaigh: ¿Y por qué razón debería proporcionárselos ?
  • •             CASEY: ¿Quiere comenzar a jugar de nuevo doctor? Porque le advierto que para eso soy alumna aventajada.

Aquel reto constante lograba tensarlo mucho más , llegándose a incorporar  en su silla.

  • •             Dr.  Cárthaigh: Está estirando demasiado la cuerda de mi paciencia hermana.
  • •             CASEY: ¿Sabe? Al principio pensaba que simplemente tenía un problema de carácter y cierta asociabilidad- él la interrumpió-
  • •             Dr.  Cárthaigh: -con voz seria- ¿Se está atreviendo a analizarme?
  • •             CASEY: Ahora pienso que está más enfermo que sus pacientes.

Él salió bruscamente empujando su silla hacia atrás. Su paso firme, decidido , serio y ofuscado , lejos de hacer que Casey se empequeñeciera, la enrocó mucho más en su postura, ella sabía que no podía ceder.

  • •             Dr.  Cárthaigh: ¿Cómo se atreve ?
  • •             CASEY: Distinto color de ojos y de pelo, mismo rostro. ¿Va a explicármelo usted o espero a que lo haga él?

 Aen (Aengus) sólo pudo mirarla. Por una vez no calculó con exactitud las consecuencias de sus decisiones. Darla a Casey carta blanca con algunos pacientes,  le obligaría a tener que cambiar probablemente de estrategia.

  • •             CASEY: ¿Cómo puede haber mantenido a un ser humano  en esas condiciones? ¿ durante cuánto tiempo Dr?
  • •             Dr.  Cárthaigh:  Le advertí que no entrase en esa celda, y ya me informaron , que incluso se atrevió a entrar con elementos cortantes ,  sin seguridad alguna , en el interior de la celda.
  • •             CASEY: Dudo que siquiera se hubiera molestado lo más mínimo en el caso de haberme pasado algo.
  • •             Dr.  Cárthaigh: - parecía haber encontrado otra excusa para arremeter de nuevo contra ella- Orgullosa, curiosa , obstinada, desobediente… Empiezo a creer que más que defectos o rasgos de personalidad , son rasgos innatos en usted, de los que abusa sin medida alguna, y sin tener en cuenta las consecuencias que acarrean para los demás.
  • •             CASEY: No me ha contestado doctor.
  • •             Dr.  Cárthaigh: - elevando el tono de voz progresivamente- ¿Realmente es usted la que manifiesta sus serias dudas sobre adoptar los votos definitivos,  o son ellos los que no tienen claro que les convenga que los adopte?
  • •             CASEY: Insisto en el echo de que no me ha contestado .

 Agitado y enfurecido , se giró hacia la mesa y le dio un golpe con los puños. Ese sonido sobre la madera férrea y fuerte de ébano , retumbó en los oídos igual que si se le hubiese dado con un objeto contundente.

Al volver a mirarla , fue contra ella completamente fuera de sí, y  a Casey , su actitud en aquel instante, si le provocó algo de temor,  por lo que decidió caminar hacia detrás sin poder fijarse en los posibles obstáculos  que podrían estar a su espalda.

Aquel hombre, corpulento, alto y con ira manifiesta,  fue directamente contra ella como si algo quisiera hacerle, y en su marcha hacia detrás, Casey estuvo a punto de caerse en dos ocasiones por tropezar,  en primer lugar con un sillón,  y en segundo con una mesa auxiliar.  
Optó por darse la vuelta y correr hacia la puerta, pero  las piernas más largas y la mayor habilidad del doctor,  impidieron que pudiera abrirla justo cuando tenía las manos en el pomo.

Sin tener la visión de aquel hombre , la sensación de indefensión era mayor.
Consciente de lo nerviosa que Casey se mostraba cuanto más cerca de ella se situaba, Aen iba acercando su cuerpo,  y conforme ella más lo sentía,  más procuraba separarse, acercando el suyo hacia la puerta. 
Su aliento se situaba tan cerca de su cara, que Casey sentía oscilar su pelo al rozarle en la mejilla. Oía con  absoluta perfección su respiración alterada intentando relajar la suya. Sin embargo, cuando ya no quedaba espacio, y  Casey se encontró completamente pegada a la puerta, bajó la cabeza para al menos poder tener una visión parcial de los movimientos de él, pero de lo único que podía estar pendiente era de intentar reaccionar controladamente,  cuando el Cuerpo del Doctor estuvo junto al suyo sin un solo centímetro de aire que corriera en medio de los dos.

Él apoyó los brazos en la puerta, a cada lado de ella , sin dejarle posible escapatoria ni posibilidad de movimiento.
Aen disfrutaba con el momento, sobre todo,  porque a cada gesto siquiera de su respiración nasal, cerca de su nuca, comprobaba las reacciones de parte de su cuerpo e imaginaba lo que debía pasar en el resto.

Él decidió entonces rebajar  el tono de voz ,  pero no así su  intención provocadora ni la irónía. Había decidido ganarle la partida esta vez y conocía las manos que llevaba cada uno.

  • •             Dr.  Cárthaigh : Arriesgada, tanto como para atreverse a entrar en mi despacho de esta manera, agitada, descarada y provocadora, buscando mi reacción ante su sublime descubrimiento. Me imagino su cara cuando el vello fue desapareciendo y su rostro quedó al aire.  Debió de ser espectacular.- él cerró mucho más sus brazos hasta tocar los de ella- Cuántas preguntas tuvieron que asestarle en aquel instante. Las mismas posiblemente que tiene ahora y que no se atreve a preguntar.
  • •             CASEY: ¿A caso obtendría una respuesta vuestra?
  • •             Dr.  Cárthaigh: Probad a realizar la pregunta correcta.
  • •             CASEY: Permitidme que me dé la vuelta.

Aen se distanció un poco pero sin mover la posición de sus brazos.
Nada más ubicarse frente a él, Aen decidió acortar algo más  las de por sí estrechas distancias.

  • •             Dr.  Cárthaigh: Estoy esperando.
Aquellos ojos suyos, penetrantes , adoradores de las situaciones provocadas y tensas, se le clavaban como cuchillos. Su cuerpo comenzó a sentir un frío desagradable por toda su espalda.

  • •             CASEY: ¿Quién es?
  • •             Dr.  Cárthaigh : Mi hermano mellizo- nada más responder se acercó un poco más-.
  • •             CASEY: ¿Y su nombre?
  • •             Dr.  Cárthaigh : Deberíais ser más precisa con las preguntas. Brian (Galeico: Alto, noble, real y fuerte)- volvió a aproximarse algo más-.
  • •             CASEY: ¿Por qué está encerrado? Sin identificación, sin expediente.
  • •             Dr.  Cárthaigh: Eso son varias preguntas Hermana. Porque es un peligro para los demás  y para sí mismo; y respondiendo a la segunda, porque hasta ahora sólo había sido atendido por mí y su expediente se conserva en mi memoria.

 Apenas quedaba espacio para respirar entre ambos. A ella le costaba mantener la cabeza alta y él disfrutaba con la incomodidad de su contrincante.

  • •             CASEY: Habláis de peligro pero no me especificáis de qué se trata, decís que fue arriesgada e imprudente pero tampoco me aclaráis por qué, me contestáis con evasivas cómo si en realidad quisierais ocultar algo.

 Aen recuperó el estado de situación y puso fín  al juego . La ira, oculta durante tan sólo un instante, comenzó a reaparecer  vertiginosamente demostrando en él un cambio de estado de ánimo brutal.

Sin esperárselo, pegó tanto su enfurecida cara a la de ella que ella respiraba el aire que él exhalaba.

  • •             Dr.  Cárthaigh: ¿Por qué tenéis que provocarme? ¿Disfrutáis con ello?
  • •             CASEY: Nada más lejos de mi intención , pero…- él la interrumpió-
  • •             Dr.  Cárthaigh: - Gritando y mirando hacia el techo - ¡Diosssssssssssss! Maldito necio que utilizas a tus siervas para provocar mi ira. – volvió a mirarla-  ¿Tanto interés os despierta que no hacéis más que preguntar por él?
  • •             CASEY: La culpa es vuestra, si desde el principio no os hubierais empeñado en ocultar información.

Dio un puñetazo con la puerta.
  • •             Dr.  Cárthaigh:  maldita mezquina desagradecida que pensáis que obtendréis el cielo y el respeto del más divino desquiciándome  con vuestra actitud.
  • •             CASEY: No conseguiréis alterarme insultando a nuestra creador.
  • •             Dr.  Cárthaigh : ¿Nuestro? Vuestro querréis decir. Mi hermano está en la celda por justicia divina y ahí deberá permanecer.
  • •             CASEY: ¿Qué justicia divina es ésa que propugna mantener a un hombre en esas condiciones.
  • •             Dr.  Cárthaigh: - su alteración se mostraba palpable en las venas que cruzaban su cuello, completamente hinchadas, marcando su piel- ¡La mía y la de mi creador!. Aquella  que alberga el poder y la gloria en esta bendita casa.
  • •             CASEY: No hay más creador que aquel que volveremos a ver el día en que la muerte venga a buscarnos, ese del que habláis vos,   sólo es fruto de una mente tan retorcida como perturbada, la vuestra.

En un nuevo arranque de ira, con una sola de sus manos,   hizo el gesto de dirigirse hacia su cuello , girándola y cerrando los dedos como si mentalmente , pudiera ahogarla mientras su mano se encontraba depositada en él,  y sus ojos permanecían inyectados en un odio encarnizado y brutal.
Casey se la intentaba sostener con las suyas por miedo a que apretase realmente . Sólo el gesto de retirada , ofuscado y resignado , consiguieron templar los nervios de ella, al menos en parte.

  • •             Dr.  Cárthaigh: Marchaos de aquí.
  • •             CASEY: Dr….
  • •             Dr.  Cárthaigh : ¡Marchaossss de una vez!!!


Casey se acercó a él ya que en el fondo,  le daba la impresión de ser un hombre contrariado y hundido por una rabia interior  incontrolable.
Pero cuando Aen notó su mano en el hombro, de un giro muy brusco con su brazo la empujó cayendo al suelo. Se golpeó la cabeza con el brazo de uno de los sofás quedando bastante aturdida.
Él corrió a ver cómo se encontraba, tocándole con cuidado la cabeza por si pudiera haberse hecho algún corte. 
 Bastante mareada, sintió  como su cuerpo oscilaba, como si flotase. Abrió algo los ojos,  y le pareció reconocer la escalera que ascendía al segundo piso por los cuadros de la pared. 
La siguiente vez que los abrió , le pareció reconocer el techo de su dormitorio, y cuando creyó sentirse caer en algo, al abrir de nuevo sus ojos, le vio a él, a Aen, que ordenaba a alguien del servicio que dejaran un recipiente con agua y una toalla en la mesita auxiliar. 
Aun no siendo muy consciente, sintió una humedad fría en su frente y gotas que le bajaban hacia los lados de la cara. Aen estaba intentando reanimarla con paños fríos, y en cuanto ella intentó quitárselo,  él lo evitó , poniéndole sus manos encima de las de ella y agarrándoselas .

Por un momento, él pareció olvidar todo lo ocurrido,  y sin saber cómo, tras comprobar que no le veía, colocó sus manos encima de una de las suyas, y con la otra comenzó a acariciarlas , lentamente, disfrutando de la suavidad de su piel a cada centímetro que deslizaba sus yemas.

La observó, presuntamente dormida, presuntamente inocente. Máximo exponente de su odiosa realidad, la lucha interior extrañamente mantenida entre lo que quería hacer en realidad y lo que debía hacer.  
Entre lo que su mente le pedía, y lo que su ser necesitaba.

FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)


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