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| Crédito a quién corresponda |
La noche llegó.
Siendo muy tarde, Casey pareció despertar.
Algo desubicada y aún un poco aturdida,
se levantó de la cama con dificultad. Cogió su bata y salió de la habitación.
El silencio reinaba en toda la casa. Apenas algunas luces
tenues para iluminar lo justo en parte de la escalera y el vestíbulo, le
otorgaban un aspecto algo solitario y misterioso, casi tenebroso.
Agarrada al pasamanos de la escalera, descendió despacio. Se
encontraba muy fatigada, y decidió sentarse en una de las sillas del recodo de
la escalera.
Entre medio del silencio, alguna pequeña brisa interior le
traía sonidos que al principio no lograba identificar bien. Hasta que oyó , de
lejos, levemente, lo que pareció un grito.
Se levantó y se dirigió despacio hacia la biblioteca. Para
evitar ir de lado en lado del pasillo, decidió fijar una de sus manos en la pared situándola como apoyo.
Conforme se acercaba, el leve ruido comenzó a identificarse
como voces, al menos de dos personas.
La puerta de la biblioteca estaba abierta, pero allí no
había nadie, sin embargo , la de acceso a la sala del piano sí lo estaba , y las voces provenían de allí. Casey se acercó despacio para evitar hacer
ruido, y cuando llegó , la empujó levemente, y la
sorpresa se convirtió en parálisis corporal.
Aen se encontraba con otra mujer , joven. Ella sentada en el piano, sobre
la tapa de las teclas y él , entre sus piernas, tirándole del pelo mientras su boca disfrutaba de su cuello,
hablando en un lenguaje que Casey no era capaz de entender.
El doctor, percatándose de la presencia de ella en la sala ,
cogió a la joven y tiró de su cabello con fuerza . la joven comenzó a gritar estruendosamente , y él intentaba callarla hablándole de nuevo en esa lengua extraña.
Sin soltarla por un instante, la bajó de la
tapa y la colocó apoyada sobre el cuerpo
del piano , volviendo a hacer suya la cabeza de la joven al seguir tirando hacia atrás , pero asegurándose de que Casey lo estuviera viendo todo.
Mientras hacía suya
una y otra vez a la joven, Casey no sabía por qué, pero no podía dejar de mirar
y mucho menos cuando el doctor , sin detenerse , giró su cabeza y le clavó aquella mirada , la que sólo sería posible a la mujer que se posee de aquella manera.
La barbilla baja, una medio sonrisa muy provocativa y
aquellos ojos……. Ojos que lejos de alejarla del lugar parecían engancharla.
Y así fue, hasta que a la mujer le dio por mirarla, entonces
Casey , reaccionando, salió a toda prisa de allí en la medida en que sus piernas, casi sin
respuesta posible a sus deseos, se lo permitían.
Sin embargo , seguidamente , Aen fue detrás de ella.
Cuando Casey se dio cuenta de que la estaba siguiendo, intentó subir las
escaleras forzando su cuerpo para llegar a la habitación y encerrarse.
El
doctor, disfrutando claramente del momento, no necesitaba acelerar su paso, de
echo, la adelantó y la esperó por fuera de su puerta. Cuando ella llegó, apenas
sin aire , la presencia en su puerta de él , sólo hizo que el aire pareciera no
querer entrar.
Incluso en un gesto de irónica caballerosidad , llegó a
abrirle la puerta, pero sólo para entrar una vez ella hubiera pasado.
Casey llegó casi arrastrándose a la cama, cayendo en el
suelo y apoyándose en la parte de la colcha, mientras él lo observaba todo
desde la puerta.
Aen comenzó a andar lentamente con claro disfrute de un
momento muy angustioso para ella, completamente a merced del doctor.
Él se acercó a la ventana y la abrió para que el aire
entrase , mientras ultimaba su nuevo juego.
- • Dr. Cárthaigh: Vaya vaya ¿ha disfrutado del espectáculo hermana?
- • Dr. Cárthaigh: ¿Le gustó lo que vio?
Él seguía dando vueltas por la habitación sin que ella tuviera
capacidad de respuesta.
- • Dr. Cárthaigh: ¿le gustó verme tomando a esa mujer? Porque a juzgar por su cara mientras me miraba haciéndolo, diría que no le disgustaba.
Casey intentó incorporarse apoyándose en la cama, sentándose
en ella.
- • CASEY: ¡Váyase de mi habitación !
Debido a la falta evidente de aire, prácticamente fue un
susurro. Aen hizo como si no lo hubiera escuchado, y continuó con su
disertación provocadora .
- • Dr. Cárthaigh: Claro que, me olvidaba, su Dios tiene el mal gusto de considerarlo un pecado casi mortal.
- • CASEY: ¡Váyase!
Él se colocó de rodillas, en frente suya, apoyando sus brazos en las manos de
Casey, y al levantar su rostro, un niño pequeño y travieso le fue revelado.
- • Dr. Cárthaigh: ¿Cómo puede hacerles prescindir del más hermoso acto de entrega mutua entre dos personas que puede haber? El acto de mayor generosidad entre dos seres humanos, es casi una dación de gratitud, y él, injustamente, les priva de ello. Aunque no lo hace antes ¿verdad?
- • CASEY: - llorando- ¿Qué es lo que quiere de mí doctor?
- • Dr. Cárthaigh: - se rió- ¿Qué cree que quiero realmente?
- • CASEY: No lo sé, y sinceramente, poco me importa.
La sonrisa picarona e inocente desapareció para dejar paso a
un nuevo momento de seriedad. Sin que Casey se lo esperase, se levantó
rápidamente y se abalanzó sobre ella empujándola sobre la cama y quedándose
suspendido sobre sus brazos apenas unos centímetros de su cuerpo.
Ella, que había logrado recuperar parte de la respiración,
volvió a agitarse aunque intentó
autocontrolarse.
Aquellos penetrantes ojos parecían desnudarla por completo
sin necesidad de manos, parecían acariciarla sin tener contacto alguno.
- • Dr. Cárthaigh: Es tan distinta, tan especial.
Él acercó su cara para acariciar la mejilla con la suya ,
pero sólo consiguió que le retirara la cara.
- • Dr. Cárthaigh: Dígame hermana ¿usted entró con las cuentas saldadas o tuvo que hacer penitencia por ello?.- ante la no contestación de ella, y su evasiva mirada hacia un lado de la habitación, la ira volvió a hacerse con él- Por su bien debería mirarme hermana.- ella seguía con la cara a un lado- ¡le he dicho que me mire!- ante semejante exigencia con aquella voz, Casey decidió hacerlo- ¿Piensa entregarle su primera vez a un inexistente Dios que ni siquiera podría satisfacerla como se merece?
- • CASEY: Él no necesita demostrarme nada.
- • Dr. Cárthaigh : ¿En serio? Él se ha pasado toda su miserable existencia siendo una duda permanente . Exigiendo a los humanos cosas que ni pudo controlar de su propia gente . Alejándolos de los verdaderos placeres terrenales a base de miedo y mentiras.
- • CASEY: Que vos seáis un descreído no conlleva que los demás humanos lo seamos por naturaleza.
Se retiró a un lado para dejar una de sus manos libres,
aunque no por mucho tiempo.
Comenzó a juguetear con el lazo del cinturón de la bata.
- • Dr. Cárthaigh : ¿Vuestro Dios plantea la resignación y su voluntad divina para estos casos? Qué clase de Dios permitiría- comenzó a tirar de uno de los lados hacia fuera- que una sierva suya – flojo el nudo, separó ambos lados del cinturón hacia los lados- no pueda resistirse ante un sacrílego abuso de su cuerpo- con mucho cuidado , retiró ambos lados de la bata hacia fuera dejando al descubierto su frágil cuerpo, sólo cubierto por el fino camisón de algodón que transparentaba lo más evidente y que denotaba hasta la más mínima curva- debiendo simplemente resignarse y esperar el arrepentimiento de quien lo realice.
Casey, que hasta ese momento le había ignorado, decidió
mirarle directamente a los ojos.
- • CASEY: ¿Y que se supone que plantea el vuestro? ¿El conocimiento implantado por la fuerza o el encierro en una celda bajo el auspicio de una supuesta justicia divina?
Aquello resultó un golpe demasiado bajo. Mencionarle su
hermano de esa forma y en aquel momento.
Se echó sobre la cama totalmente, e intentó controlarse,
aunque aquellas palabras seguían rechinando en sus oídos.
- • Dr. Cárthaigh : ¿Parecéis enormemente preocupada e interesada por mi hermano?
- • CASEY: Proporcionalmente al desinterés vuestro por su lamentable estado.
- • Dr. Cárthaigh: - se incorporó bruscamente y se levantó de la cama - ¿No pensáis parar verdad?
- • CASEY: ¿Justicia divina? ¿En serio creéis que eso os bastará para pararme?
- • Dr. Cárthaigh : Deberíais tener cuidado con las decisiones que adoptáis respecto a ciertos pacientes, que tengáis mano ancha y libertad no significa que sea lo más conveniente para vos o para ellos.
- • CASEY: ¿me estáis amenazando?
- • Dr. Cárthaigh : Es una advertencia.
- • CASEY: ¡Fue ésa la clase de advertencia que propiciasteis a mi antecesora en el cargo?
- • Dr. Cárthaigh : ¿También ella?- se rió compulsivamente- Veo que no os habéis olvidado de ninguno.
- • CASEY: Aunque de ella ya procurasteis de que la información no fuera vetada ¿verdad?
Su enfurecimiento contenido, hacía que necesitase buscar algo
en lo que desahogarse encontrando su apoyo , concretamente, en el aparador de la entrada de la
habitación , el cual levantó en peso y dio la vuelta.
- • Dr. Cárthaigh : Tenéis la dudosa habilidad de sacar lo peor de mí con tan sólo miraros. No podéis haceros una mínima idea de lo que me hacéis sentir cuando os tengo cerca, ni la tenéis ni queréis tenerla. Claro, quizás sería diferente si fuera el paciente de la celda número 5 ¿verdad? – bastante enfadado- No logro entender que es lo que veis en él .
- • CASEY: No lo entenderíais.
- • Dr. Cárthaigh : Intentadlo.
- • CASEY: Él no me transmite miedo. Sus ojos rezuman confianza.
Casey por fin podía relajarse,
volviendo a depositar su cuerpo en la cama mientras la brisa la acariciaba y su
mente analizaba lo que acababa de pasar, y ella acababa de sentir.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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