lunes, 30 de marzo de 2015

ELECCION. Capítulo séptimo. (Rated +18) (Registrado 24 Sept 2014)

crédito a quién corresponda
A la mañana siguiente,  Casey se incorporaba al trabajo bien temprano, siendo la única que a esa intempestiva hora se encontraba desayunando en el comedor.

Entre sorbos de café, su mente se mantenía en otro lugar y a otra hora. Incluso llegaba a preguntarse,  qué opinaría la Madre Superiora de su convento,  si se enterase de qué tipo de tentaciones había tenido que soportar,  y si ello habría sido prueba suficiente como para poder regresar y adoptar de forma definitiva los votos.
Pero tanto ella como la monja , suprema jefa de la institución , sabían el motivo de por qué Casey fue enviada allí, al hospital, para resolver de forma definitiva  aquellas dudas existenciales que la agobiaban, aquellas que toda novicia se planteaba en algún momento de su vida : Si adoptaba la decisión correcta.

Todos aquellos fenómenos extraños, las reacciones incontroladas del doctor hacia ella, sus sentimientos encontrados entre la aceptación y casi deseo de continuación de aquello,  y su más ferviente resistencia por lo que debe ser .

Y mientras se dirigía al despacho del Doctor, seguía , de forma continua, dándole vueltas en su cabeza a todas esas ideas, a las más que dinámicas fotografías fijas sobre los instantes más destacados. 
Fotografías en donde sus manos agarraban a otra mujer, momentos en los que él se le acercaba tanto, como para percibir los latidos de su agitado corazón……


Parecía no reconocerse a sí misma. La  opinión sobre su persona, se movía entre la seriedad y la más vivaz incredulidad de que ella pudiese ser mal vista , al fin y al cabo, era una incipiente novia de Dios, y permitirse sentir de aquella forma por alguien tan mortal y virulento como el doctor , no podía ser bien visto por el supremo vigilante desde su modesta perspectiva.

Efectivamente , el misterioso y reputado doctor había resultado ser una caja de sorpresas, tanto, como para hacerle plantearse una y otra vez mucho más su futuro, sus circunstancias , o incluso si podía permitirse sentir como mujer.

Cuando llegó a su despacho no fue al doctor a quién encontró, sino a  la Dra. MHIC, sentada en el sitio de él, con aquel aire de superioridad tan suyo  y al mismo tiempo tan propio del traidor, que usurpa un trono apenas el rey ha muerto y su cadáver aún  está caliente.

  • •             DRA. MHIC: El doctor no está, salió de viaje muy temprano esta mañana- abrió uno de los cajones de la mesa, sacó una carpeta y la colocó delante de Casey-  El doctor le ha dejado esto.
  • •             CASEY: ¿Dónde está?
  • •             DRA. MHIC: No tendría por qué  responderle.
  • •             CASEY: Sólo tenía interés por si pudiera haber surgido algo lo suficientemente importante como para alejarlo de aquí, lo que por otra parte no suele hacer.
  • •             DRA. MHIC: Suele viajar frecuentemente a Londres, concretamente cada vez que le avisan de que debe recoger un pedido de medicamentos en el puerto.
  • •             CASEY: ¿Envían los medicamentos desde fuera?
  • •             DRA. MHIC: Todo se calcula concienzudamente, ya son muchos años y apenas hay variaciones. El Dr. Utiliza desde hace años medicamentos naturales debidamente mezclados con fórmulas magistrales. Cada paciente obtiene un tratamiento completamente personalizado.
  • •             CASEY: ¿Y por qué no utiliza lo habitual?
  • •             DRA. MHIC:  El doctor estuvo muchos años en Jamaica. Allí aprendió nuevas técnicas de curación mucho más eficaces que la simple farmacología. Cuando regresó , comenzó a aplicarlo a los pacientes de entonces, y las mejorías en sus estados fueron notables. Ya no hizo falta tener que recurrir a la fuerza y a la violencia para reducirles a la hora de acceder a sus celdas. La tranquilidad y los cambios positivos de carácter, fueron su mejor seña de identidad, lo que no deja de ser importante si tenemos en cuenta que vivimos con ellos. Es como si diera cierta tranquilidad.

 Había que reconocer , que el tono casi conciliador de la doctora, un mejoramiento de su carácter, y casi una expresión algo dulce en su rostro al dirigirse a ella, hacían deducir , que la marcha del doctor era algo que ansiaba desde hace tiempo, aunque sólo fuera por un día.

  • •             DRA. MHIC: Debería aprovechar , ya que se ha levantado más temprano de lo normal  para ir adelantando trabajo. ¿no le parece?
  • •             CASEY: Desde luego. Si me disculpa.

Y se marchó de allí con la nueva carpeta debajo del brazo, en dirección al pabellón de mujeres.
Una vez visitó a las demás, la última ante la que hizo acto de presencia fue Keira.

Aquella mañana parecía más lejana de lo normal. Seria, sentada en su camastro apoyada sobre sus rodillas, permanecía con la vista inmóvil hacia la ventana, imaginando quizás un posible futuro , y tratando de no olvidar los errores del pasado.

Casey tomó asiento y desplegó su expediente para revisarlo.
Tras un buen rato en silencio, éste fue interrumpido.

  • •             KEIRA: La ha dejado sola. Debe de haber vuelto a Londres para el nuevo cargamento. Dos veces al año. Debemos estar en …. ¿Junio?
  • •             CASEY: Finales de Mayo en realidad.
  • •             KEIRA: ¿Ya le han contado las experiencias de aquel que dice llamarse Doctor en las aguas lejanas de Jamaica?
  • •             CASEY: No, sólo me dijeron que recogía pedidos medicinales en el puerto.

Keira no pudo evitar reírse casi compulsivamente ante semejante afirmación.

  • •             KEIRA: Voy a permitirme contarle una pequeña historia hermana. Se remonta a unos veinte  años atrás.  Dos hermanos que se querían con locura , procedentes de una de las familias más afamadas de Inglaterra. Los dos cursan los mismo estudios, pero por desgracia uno de ellos no pudo terminarlos al caer gravemente enfermo. Entonces se dijo , que podía haberse contagiado con algo que su padre hubiera traído a raíz de sus continuos viajes, y que convenía alejarlo  de aquí, y así lo hicieron, tanto, que lo enviaron con una tía suya que se encontraba en aquel país. Años más tarde, cuando el joven regresó, no lo hizo de la misma forma con la que fue llevado. El joven enfermizo volvió de Jamaica completamente irreconocible, fuerte y decidido, y con una idea muy clara sobre su futuro: recuperar lo que siempre fue suyo. Desde entonces , procuró eliminar todos los obstáculos posibles, cambiar las normas a seguir, y llevar a cabo su proyecto en un edificio de nueva construcción, costeado con inversores privados y parte de los sustanciosos ahorros conseguidos durante sus años de exilio.¿Su momento culminante en la adorable y planeada venganza ?: Su hermano, un brillante e inteligente hombre que si había estudiado , cuya salud le había permitido permanecer en su casa, al lado de los suyos, y que le facilitó el camino en la construcción del nuevo hospital, puesto que el proyecto era originariamente de él. Ese joven venido a más , comenzó a adquirir auténtico reconocimiento sobre sus novedosos tratamientos de choque con los enfermos , especialmente los más agresivos. Tan sólo un año después de su inauguración, el hospital recibe los mayores elogios que una institución de estas características puede recibir, así como la elevación de su carácter o grado, de tal forma , que pudiera recibir pacientes procedentes de centros penitenciarios incluso.
  • •             CASEY: ¿Qué fue de su otro hermano?
  • •             KEIRA: Simplemente desapareció,  sin dejar rastro.
  • •             CASEY: ¿Por qué sentía la necesidad de contarme esa historia?
  • •             KEIRA: Dentro de su inmensa inocencia recubierta de esplendorosa profesionalidad , es incapaz de analizar la realidad que la rodea. 
  • •             CASEY: No es mi realidad de la que debemos hablar, sino de la suya.
  • •             KEIRA: ¿De mis demonios como decía el doctor?
  • •             CASEY: Según el informe afirmó tener conversaciones con gente que nadie más veía.
  • •             KEIRA: Llamarle gente supone darle más rango del que merece.
  • •             CASEY: Durante una revisión con expertos independientes, sufrió un ataque incontrolado de ira contra el doctor y afirmó a voz en grito que era el demonio mismo al que se le hacía caso. ¿es eso cierto?
  • •             KEIRA: ¿Qué me enfureció? ¿Qué lo grité o que tenía razón en mi afirmación?
  • •             CASEY: Bueno, si tenemos en cuenta las primeras palabras que usted me dijo, llegó a hablarme de una luna concreta, y no sé qué más misticismos.

 Keira se levantó del camastro y se acercó a Casey sentándosele en la mesa , justo en frente.

  • •             KEIRA:¿ Realmente cree en su Dios o duda sobre su existencia como el resto de las almas urbanas?
Su tono , sarcástico y casi doliente, hacían que Casey casi dudase de por qué fue nombrada Madre Superiora.

  • •             CASEY: ¿Ahora quiere convertirlo en un debate sobre la fe? ¿Quién pregunta en esta ocasión , la enferma o la que en su día fuera madre superiora?
  • •             KEIRA: ¿Usted que cree?

 Casey comenzaba a cansarse de la actitud de Keira. Todo lo convertía en un misterio, en una nueva aventura para ella, nuevo interrogatorio para su contrincante.

  • •             KEIRA: En el fondo le remuerde la conciencia no saber el significado real de lo que le dije el último día que estuvo aquí.
  • •             CASEY: Y por supuesto usted no me lo va a decir.
  • •             KEIRA: Ya se lo dije una vez y no tengo por costumbre repetirme: sólo uno de los dos es el auténtico profeta, sólo uno de los dos puede desempeñar la labor encomendada, sólo uno de los dos. 

 Tras una intensa pausa ….

  • •             KEIRA:  Sólo uno de ellos hará lo indecible por salvarle la vida, porque sólo uno de ellos será capaz de sacrificarse.

 Casey trató de aparentar que seguía ignorando sus argumentos, aunque cada vez le resultaba más difícil, así que optó por continuar preguntando, tratando de conservar la normalidad.

  • •             CASEY: ¿Ha vuelto a tener alucinaciones?
  • •             KEIRA: ¿Y usted visitas?

 Aquella mujer comenzaba a resultar sumamente incómoda.
Keira tenía la costumbre de mirar fijamente a los ojos, porque eran el reflejo del alma de las personas según ella creía, y aquella no iba a ser una excepción.
Tras observarlos, se sonrió.
  • •             KEIRA: Oh Dios , ha sido el doctor!!! Él la ha sometido a prueba- se rió abiertamente- ¡No me lo puedo creer!
  • •             CASEY: No sé de que está hablando.- nerviosa comenzaba a recoger todos los papeles-
  • •             KEIRA: Se le debe de estar acabando el tiempo mucho más deprisa de lo que él mismo pensaba. Se vuelve imprudente, no envía a sus acólitos sirvientes sino que es él y sólo él quien realiza todos y cada uno de sus pasos debidamente proyectados.
  • •             CASEY: Bien, ya veo que tratar de hablar con usted sobre su estado, se convierte en la …..peor guerra por librar.

Casey llamó al vigilante para que le abrieran la puerta, pero antes de que apareciese nadie, Keira corrió hacia ella y la cogió por el brazo. Agitada, muy nerviosa, y con los ojos casi fuera de las órbitas, los ojos más asustados que Casey había visto nunca, tuvo un ataque de sinceridad con ella.

  • •             KEIRA: Huid mientras aún estéis a tiempo.
  • •             CASEY: ¿De qué estáis hablando?
  • •             KEIRA: Cuando queráis daros cuenta ya estaréis dentro de su red, y no podréis iros, vuestro cuerpo no querrá marcharse. Está cometiendo demasiados errores no previstos, vos debéis estarle influenciando de alguna forma y el tiempo no corre precisamente a su favor.
  • •             CASEY: ¿Por qué os empeñáis en hablarme mediante acertijos? No entiendo a dónde queréis llevarme.
Casey, asustada, no dejaba de estar pendiente de que la puerta se abriese de una vez y poder salir de allí. 

  • •             KEIRA: Él está consiguiendo plantar más dudas de las que teníais en vuestro corazón, dudas sobre lo que es correcto y lo que debería serlo conforme a vuestras creencias y moral.

 Casey tiró de su brazo en un solo gesto y Keira tuvo que soltarla, dándose la vuelta .

  • •             KEIRA: - sus ojos y el tono de su voz cambiaron, se mostraba asustadiza y llorosa , como una niña pequeña-Yo también estuve en vuestro lugar, sé lo que sentís, sobre todo cuando él está cerca. Tan sólo le basta hablar y a vos escucharle para que os atrape cual tela de araña. Y a partir de entonces , vuestros pensamientos sólo serán para él. Yo tampoco supe huir, y cuándo lo intenté fue demasiado tarde, pero para mí tenía otro destino. El vuestro ya está marcado, lo hacen sus escrituras . Cuando ya no os planteéis esas mismas dudas que ahora os atesoran y atormentan, significará que ya es demasiado tarde y que sois suya por entero.

El  guarda abrió la puerta en ese justo momento , y Casey salió de la celda agobiada por el cúmulo de información recibida, planteándose hasta qué punto aquello le hacía más bien que mal.

Con tal sobre excitación, se dirigió apresuradamente al ala masculina para ver en exclusiva a un paciente al  cual debía de hacer preguntas. La documentación aportada por el doctor antes de marcharse hablaba de él. 
Recortes viejos de prensa sobre alguien encerrado por mala praxis médica, alguien al que acusaban de haber matado a muchos pacientes, especialmente mujeres. En dichos recortes , no se especificaban nombres, no se decía nada , sólo se mencionaba BRISTOL, LONDRES, LIVERPOOL Y GALWAY. ¿Porqué habría dejado esa información el doctor? Conociéndola curiosa, se preguntaría si ella trataría de averiguar algo más sobre ello, o tal vez su intención fuera dar pistas , falsas o no, sobre la identidad real de su hermano, el paciente de la celda nº cinco. 
Periódicos fechados  hace más de diez años Algunos tan viejos, que apenas podía leerse con claridad de qué editorial pertenecían.

Desde luego, por el poco tiempo de conocimiento que Casey tenía del doctor, sabía que si le dejaba todo aquello , su intención era clara, o por lo menos eso pensaba ella.

Pese a su actitud decidida y paso firme,  al llegar a la puerta de la celda del paciente de la nº cinco, antes de ordenar que la abrieran, se quedó pensando un instante, tocó con sus dedos la puerta y respiró hondo.

El guarda abrió, y ella accedió procurando conservar la serenidad.

Él parecía estarla esperando, sentado en el camastro , observando la puerta primero y a ella entrar después. 
Ataviado con la uniformidad blanca que le daban a los pacientes, había algo en él diferente. Sus ojos seguían inspirando la misma confianza, pero ahora eran distintos.
Hasta su voz sonaba de otra forma.

  • •             BRIAN: Ha pasado mucho tiempo .

Su gesto, dulcificado y hasta tierno, conseguía despistar la atención firme que Casey quería dar a mostrar respecto a los papeles que tenía delante.

  • •            CASEY: He venido porque quiero que  vea algo.

A ella le costaba mantener la vista fija en su persona.
Resultaba tan atrayente como inocentemente seductor.
 Cada gesto , medido, estudiado, cada cierre de ojos musicalmente preparado, entornándolos una y otra vez, sonriéndole picaronamente sin importarle lo que ella era o lo que su hábito podía significar.

  • •             BRIAN: Vaya, pensé que después de lo del otro día- se levantó lentamente del camastro para que la atención de ella se centrase en cada uno de sus movimientos- tendría curiosidad por saber si aún me trataban bien.
Ella trataba de conservar la compostura mientras disimulaba prestar atención alos papeles de la carpeta más que a él.
  • •             CASEY: Me mantienen  adecuadamente informada .

 Brian permanecía atento a todos los detalles. Los escasos trozos de piel que quedaban al descubierto y que sentía tentación de tocar imaginando su suavidad, la misma que percibió en sus manos mientras le afeitaba, era lo que la hacían inconmensurablemente atrayente. 
 Sobrecogido por  la preocupación mostrada, a su lado, se dispuso a ver los papeles que ella había extendido encima de la mesa. Sólo una leve mirada le bastó para reconocer de lo qué se trataba.

  • •             BRIAN: ¿Qué queréis que os diga?
  • •             CASEY: Me los ha dejado vuestro hermano.
  • •             BRIAN: Lo sé.
  • •             CASEY: ¿Y no vais a decirme nada?
Su gesto, serio pero recto , acompañó a su voz una vez más.

  • •             BRIAN: Mi hermano decidió silenciarme encerrándome aquí, él fue juez y ejecutor de una sentencia que nunca entendí ni aprobé, sin necesidad de juicio, ni pruebas, sólo por rumores infundados y eso- señalando hacia los periódicos- No quisiera que me juzgaseis vos también por ellos.
  • •             CASEY:  Entonces  ¿se refieren a vos?
  • •             BRIAN: ¿Referirse a mí? Lo que ponga en su contenido es otra historia.
  • •             CASEY: Vuestro hermano me hizo referencia a que vuestro internamiento se debía a la justicia divina , ¿a caso os ocultaba de todo lo que esto podía significar?
  • •             BRIAN: No me habéis entendido- se alejó de ella- os he dicho que hace referencia, no que lo publicado sea ni verosímil ni cierto.

Casey se levantó y se acercó a él. Colocarle su mano en el brazo bastó para que él se girase , mirase primero la mano cuya piel suave volvía a sentir, y después ascendiera hasta sus ojos , y su boca.
Casey sintió que algo le apretaba en el pecho, volvía a sentir aquella misma sensación de ahogo que con el doctor, sólo que en este caso se le alivió bastante antes.

  • •             BRIAN: Mi hermano no es quien dice ser, ni yo quién pone en el periódico. La cuestión hermana ,es si se dejará llevar por sus instintos y decidirá conocernos tal y como somos en realidad, sin dejar que sus ojos la engañen, o sin embargo, sólo creer la versión de uno de los dos , lo cual obliga a tener a un perjudicado en todo momento. En tal caso, si optáis por la segunda opción, habréis de saber que jamás oiréis una palabra mía en contra de mi hermano, no obstante , no puedo aseguraros lo mismo de él.
  • •             CASEY: Pero…. – aturdida- Dios mío ayúdame.
  • •             BRIAN: Me temo que buscáis ayuda en quién aquí no puede intervenir ,ni hacer nada por vos, porque hace mucho tiempo que no está presente.
  • •             CASEY: Os lo debo preguntar  aún a riesgo de que me mintáis. ¿Habéis vos matado a todas las personas que pone en esos recortes?

 Brian se le acercó tanto y sin pestañear durante un buen rato, que a Casey le dio la impresión, por como entreabrió los labios , que podía besarla en cualquier instante, y que aunque no lo hiciera, su intención lo demostraba.

  • •             BRIAN: Vos entrasteis el otro día con un arma afilada y cortante, ¿creéis que si hubiera querido haceros daño no habría tenido oportunidad entonces?  Incluso en este momento, aún os tengo mucho más cerca que ese día, y aunque no portéis armas, mis manos serían suficientes para acabar con vuestra vida si esa fuera mi intención. Pensad en ello
Pese a su cercanía, y sentir su aliento en su piel, pese a la relativa sensación de temor que la recorría, ella insistió.

  •             CASEY: Victimas seleccionadas. Los recortes hablan de que seleccionaba cuidadosamente a sus víctimas.
  • •             BRIAN: ¿Y hablan del criterio utilizado?
  • •             CASEY: Mujeres jóvenes , la mayor no llegaba a los treinta y cinco. Con pelo largo, inteligentes y con estudios. No muy altas. Delgadas y con expresión dulce.- conforme lo decía en alto, algo se removió en su interior, hasta el punto de que por mucho que intentara disimular, su voz entrecortada desvelaba que parecía identificarse con los elementos descriptivos-  sin familia, y solteras o sin pareja habitual o conocida. Todas relacionadas con alguna rama médico-sanitaria. De los seis cadáveres encontrados e identificados, cuatro eran enfermeras.
  • •             BRIAN: - no le quitó la vista de encima ni por un instante y lo que observó, la inminente humedad de sus ojos y que su expresión de relativa tranquilidad a miedo cambiase , le hicieron adoptar otra actitud-  ¿Percibo nerviosismo en vos? ¿Os sentís identificada tal vez?
  • •             CASEY: ¿Tendría que hacerlo?
  • •             BRIAN: ¿preocuparos o sentiros identificada con los elementos descriptivos dados?
  • •             CASEY: Las dos cosas .
  • •             BRIAN: Vuelvo a repetiros, estáis sola , conmigo, y para que el guarda  se acercase a abrir la puerta ,  deberías gritar  muy fuerte, tanto como para , sabiéndolo, verme obligado a taparos la boca. Soy mucho más alto y corpulento que vos, y a la par más fuerte, y gozáis de todos los elementos descriptivos de las víctimas. Sigo planteándoos lo mismo  hermana  ¿Creéis en serio que si os hubiera querido hacer daño   no lo habría hecho ya? Mi hermano está jugando con vos y con vuestra curiosidad, defecto que por cierto odia. Pero debió pensar que me molestaríais con vuestras preguntas o que posiblemente reaccionaría mal asustándoos , haciéndoos desistir de volver a verme.

Casey fue recuperando la calma. La verdad demostrada y evidente en las palabras de Brian, no le dejaban duda aunque siempre procuraría mostrarse prudente. 
  Su cabeza se encontraba demasiado llena de información. 
Tenía la sensación de ser una ficha en un juego a tres bandas, la ficha a la que todos utilizan, a la que todos engañan y que todos se quieren comer y hacer desaparecer.
Pero por el momento, su instinto le decía que la única persona en la que ligeramente podía confiar porque era con el que únicamente se sentía un poco más segura era con él, y aún así, el halo de la desconfianza siempre estaría presente.

Se sentó en el borde del camastro y miró hacia la ventana, buscando respuestas que no era capaz de encontrar. Se sentía extraña, ajena a sí misma. Irreconocible.

  • •             BRIAN: No hallaréis  las respuestas que buscáis aquí. Mi hermano tampoco os las dará. Y deberíais tener cuidado con la madre superiora.

 Aquel último comentario si la puso de vuelta a la realidad.

  • •             BRIAN: No es la primera vez que mi hermano utiliza a alguien , aunque no le dé directamente las directrices, ella sabe lo qué tiene y cómo lo tiene que hacer.  Claro que vos no tenéis porque saberlo. Mi hermano utiliza sus técnicas y lo hace con todos los que se encuentra a su paso. Menos conmigo.
  • •             CASEY: ¿Y por qué os excluye? Estando aquí encerrado sería más fácil intentar manipularos.
  • •             BRIAN: Porque sólo hay una persona a la que mi hermano tenga más miedo que de sí mismo: yo.  Soy el único que realmente sabe quién es y lo que está haciendo, que conoce cuáles son sus métodos evaluativos, que sabe lo que  hizo en Jamaica los años de retiro, y sobre todo, que sabe cómo pararlo, y eso , él también lo sabe. Él prepara personalmente las fórmulas y las entrega , no deja que nadie más lo haga, salvo que esta vez tiene pensado cambiar en dosis y proporción una , destinada a una persona concreta. Claro que eso sólo es una ayuda, porque sus verdaderos métodos presuntamente curativos no vienen en cajas. Su reformulación viene en un libro guardado a buen recaudo en su despacho. Es un libro especial, forrado en piel, y escrito en lengua antigua, galeico(celta) para ser más exactos. Sólo unos pocos podemos entender su contenido.  Un libro que ha pasado entre multitud de generaciones en la familia y que se mantenía en el más oscuro de los secretos por su contenido.
  • •             CASEY: Y si se mantenía secreto como es que conocéis de su existencia.

 Brian se sentó a su lado, y tras observarle la falda, con el anverso de sus dedos comenzó a acariciar la tela siguiendo sus pliegues.

  • •             BRIAN: Porque antes de él, fue mío.

 Aquella situación, lejos de incomodarla, pareció tranquilizarla. Era como si en vez de acariciar aquella tela, fuera su cuerpo. Misma sensación.

  • •             BRIAN: ¿Vendréis mañana?

 Aquel tono de voz, rogatorio, casi suplicante…….
  • •             CASEY: No lo sé.
  • •             BRIAN: - agarró suavemente parte de un pliegue, suavemente pero con tanta firmeza…-  Por favor, venid, hace tanto que no gozaba de una compañía…. Tan agradable. De alguien  con quien hablar….
  • •             CASEY:  No puedo responderos en este instante.

 Brian dejó la tela de la falda para pasar a su brazo, cuya manga larga sólo dejaba vislumbrar una pequeña porción de su carne , blanca y tersa, a la altura de la muñeca. Y ese fue su centro de atención.  Sin negativa ni rechazo por su parte, Casey contempló como , con delicadeza infinita, Brian le retiraba parte del cierre de la manga hacia arriba, dejando al descubierto un cuarto de brazo y su mano, fina , suave, de dedos largos. Con el mismo revés de su mano, comenzó a acariciarle la piel con tanta suavidad, que su vello se erizaba lentamente a su paso.

Casey, no pensaba en aquel instante, por razones que desconocía , se limitó a quedarse inmóvil , observando las caricias recibidas, la delicadeza empleada . No sintió incomodidad, ni violencia.  Disfrutaba de un hecho humano y para ella desconocido, disfrutaba de sentirse deseada de la forma más inocente que se podía desear, sin más pretensiones. 
Su parte humana predominaba a la clerical, su cuerpo dominaba a su espíritu sin importar las luchas internas que mantendría posteriormente. Y tan inmóvil y receptiva, recibió otra dádiva para sus oídos. Brian se le acercó de nuevo, y tras rozar su mejilla con la suya, y respirar profundamente para aguardar bien su olor, le dijo susurrando.
  • •             BRIAN: Venid mañana, por favor. Venid mañana, y pasado mañana. Venid siempre. No dejéis de hacerlo nunca.

Casey cerró los ojos. Aquella voz  penetró de nuevo tan fuerte en su interior que era difícil de arrancar. Se apoderaba de ella una y otra vez. Al igual que sucedió la primera vez que le dio las gracias, cada vez que cerrase los ojos y se acordase de él, aquella voz resonaría, y algo en su cuerpo cambiaría de nuevo, algo que no había sentido nunca. Una forma diferente de apoderarse de ella , de dejarla sin sentido, sin su yo.


Sin dar respuesta, abrió sus ojos, y la visión de sus labios tan cercanamente a los suyos , hizo que sintiese la imperiosa necesidad de cometer una locura sin saber por qué. Todo le resultaba tan extraño, pero junto a él era otra persona, otra mujer. 
Él, sabiendo que lo deseaba, espero paciente su reacción, sin moverse, pero ella  se levantó con la intención de marcharse, recogió los papeles, y dio la llamada al
guarda . 
Sentía su mirada , fija, determinante. Sentía de nuevo que con aquellos ojos la desnudaba por completo, que se apoderaba de ella. 
Debía marcharse o sabía que podría cometer una locura. 
Con la puerta abierta, y ella a punto de salir, ladeó ligeramente la cabeza para mirarle de nuevo. Una medio sonrisa y ojos sinceros fue lo que encontró, ojos que deseaban volver a verla, ojos tan difíciles de olvidar como su voz, o la persona que los portaba.

FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)

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