Hasta el punto de la locura más absoluta has llegado a entrar
en mi vida.
No soy capaz de responder a regla o a condición alguna.
Como una desquiciada, me veo deambulando en la calle llena
de una gente que no soy capaz de ver.
Me río sola pensando en aquellas imágenes .
La luz brillante de la ventana reflejada en las gotas de
humedad de tu cuerpo.
La línea curva de tu espalda recorrida por mis dedos ,
haciendo casi círculos en la zona lumbar.
Pequeños brillos emanados de cada gota, como diminutas
luciérnagas dispuestas a tener entre mis manos.
Cosquilleo en mi estómago porque sé que eres mío.
Insaciable apetito el que cubre tu piel, salada y en reposo
, a mis labios .
Sigo caminando , creyéndome sola , con el viento empujando
fuertemente sobre mi cara.
Mi mente, en otro lugar, recordando retirar la sábana que
recubría el resto de tu cuerpo.
Mis manos recorrer la linea dura y firme de tus nalgas como
camino previo al descendimiento más delicioso de tus muslos.
¡Dios! Parezco una desquiciada a los ojos de quienes se
suponen que me rodean, aquellos a los que no veo, aquellos que me hablan para
gritarme porque cruzo en rojo los semáforos, mientras en mis adentros aún
disfruto del sabor de tu boca y de la ternura de tus labios .
Aquellos que siguen siendo míos cada vez que , con tan sólo
mirarte, me los ofreces sin poner excusas.
Aquellos que me devoran y extraen hasta mi último aliento
sin apenas respirar otro aire que no sea el que tu exhalas.
Sí, parezco una loca, una desquiciada que no es capaz de
mirar lo que le rodea, no quiere.
Una desquiciada por amor infinito que sólo desea volver a
esa cama una y otra vez, que solo desea tener esa imagen de tu cuerpo tras la
entrega colosal e infinita.
Una desquiciada, amante de su propia locura.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)
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