miércoles, 8 de abril de 2015

ELECCIÓN. Capítulo décimo octavo. (Rated +18) ( Registrado 24 sept 2014)

Créditos a quién corresponda
A la mañana siguiente, como antaño, Casey se despertó antes que nadie y bajó a desayunar. 
Aún nadie ocupaba el comedor y la tranquilidad y el silencio lo invadían todo. Sus pensamientos, probablemente, fuesen más sonoros que todo aquello.

Tardarían bastante en bajar los primeros comensales, y a partir de que ello se produjese, ella prefirió marcharse y comenzar la ronda de pacientes recogiendo previamente las instrucciones en el despacho de la Doctora Mhic. En las mismas,  se especificaba que tanto los estudios, las conversaciones , como los tratamientos deberían ser suministrados por ella hasta nueva orden habiéndoselo dejado todo listo previamente el doctor.

La socialización del doctor con el resto del personal continuaba siendo nula , y en esta ocasión , apenas sin dormir, como también había sido costumbre, ocupaba su despacho antes del amanecer. La primera visita de aquella mañana  , inesperada,  no resultaba una costumbre a esas horas, y menos aún entrando de pronto, casi empujando la puerta y cerrando la misma de forma violenta retumbando toda la habitación. 


Aen se encontraba revisando una documentación y Brian fue su punto de interrupción.

  • •             Dr.  Cárthaigh   : -Tranquilo pese a la bronca interrupción-  ¿No te acuerdas de tocar antes la puerta?
  • •             BRIAN: Tenemos un problema mayor que una simple cuestión  de educación.
  • •             Dr.  Cárthaigh   : ¿Qué te aturde ahora?
  • •             BRIAN: Queda apenas un mes, ¿puedo saber cuánto as adelantado?
  • •             Dr.  Cárthaigh   :  Sabes que he estado imbuido en mi trabajo.
  • •             BRIAN: Y en lo que no es tu trabajo.

 Aen ya  estaba más que acostumbrado a los intempestivos cambios de humor de su hermano, pero aquel tenía una motivación muy clara y los derroteros no le empezaban a gustar.

  • •             Dr.  Cárthaigh   : Si vas a empezar por ahí te recomendaría encarecidamente que  cambies de tema o salgas de aquí.

 Amenazantemente, Brian dio la vuelta a la mesa , y girando hacia él la silla de su hermano, se le echó prácticamente encima obligando a éste a apoyarse por completo en el espaldar.

  • •             BRIAN: ¿Te has molestado en averiguar quién es?
  • •             Dr.  Cárthaigh   : No sé de  qué me estás hablando.
  • •             BRIAN: ¿Te molestaste en pedir informes de otro tipo? ¿En hacer tus averiguaciones sobre ella?
  • •             Dr.  Cárthaigh   : Si no hubiera sido por ella no habrías salido de esa celda y lo sabes.

Brian le cogió por ambos cuellos de la chaqueta.

  • •             BRIAN: Tarde o temprano tenías que sacarme de allí , y éso sí lo sabes.

Le soltó empujándole contra el espaldar.
Brian se acercó a la ventana y Aen, de pie, le acompañó.

  • •             BRIAN: Dime que  no es más que un capricho Aen . Dime que no te has enamorado de ella en serio.
  • •             Dr.  Cárthaigh   : ¿Por qué habría de contestarte?
  • •             BRIAN: Porque quiero saber si sigo contando contigo o tendré que deshacerme de ti antes de llevarlo todo a cabo.

Aen se asustó. Su seriedad se había transformado en temor. Jamás , de todas las amenazas vertidas por su hermano, había oído algo así.

  • •             BRIAN: Sentí que estaba aquí mucho antes de verla por primera vez. Necesitaba confirmar su presencia y aún así fue difícil, porque de sus inclusiones subconscientes no conseguí nada. Pero presentí que no tenía miedo y eso sí me resultó extraño. En la celda, la primera vez, sus ojos me resultaron familiares. Su forma de mirarme. Aquella innata compasión. Cuando vino la segunda vez, desoyéndote incluso, y la tuve mucho más cerca, no dejé de observarla, y a cada paso que daba , a cada roce de su piel, las sensaciones eran mucho más claras.  Las inclusiones en sus sueños sólo dejaban rastros falsos o mediatizados. – miró a su hermano con una desesperación nada habitual en él- Cuando comprobé tu cambio, tus reacciones, cuando te sentí como lo hice,  fui atando cabos y supe que estaría perdido porque había conseguido lo que pretendía, dividirnos.  Cuando Keira la atacó era nuestra oportunidad, limpio, discreto incluso para la policía, pero tuviste que aparecer .
  • •             Dr.  Cárthaigh   : ¿Fuiste tú? ¡Usaste a Keira!
  • •             BRIAN: Tú, hermano, trajiste la desgracia.  Has permitido que sobreviva, has caído en su embrujo sin poder conseguirla jamás porque no te lo permitirá,  y a ella tampoco se lo tolerarán.  Has sido descuidado , y eso se termina pagando.
  • •             Dr.  Cárthaigh   : -Extrañado por todo ello, continuó preguntando- Pero ¿quieres decirme de una vez de qué estás hablando?.
  • •             BRIAN:  ¿Has oído hablar del   grupo de las nueve vírgenes de  la isla de Sein?
  • •             Dr.  Cárthaigh   : cuando pequeños creí leer algo.
  • •             BRIAN: Los lugareños la llaman “la Isla de los Siete Sueños”, o “la Isla de los Druidas”. Un lugar misterioso donde los haya . Suele  inundarse fácilmente con las mareas, y por dónde se encuentra,  se desencadenan con frecuencia violentas tempestades. Una leyenda afirma , que si un marino se acercaba demasiado, su barco sería irremisiblemente arrastrado hacia la tempestad,  y horrendas apariciones le perseguirán por siempre.
  • •             Dr.  Cárthaigh   : Bien pero, ¿eso qué tiene que ver con ella?
  • •             BRIAN: - mirándolo con condescendencia- Pobre iluso.  En ese lugar se encontraba y encuentra el “oráculo de las nueve vírgenes” . Eran las sacerdotisas  y portaban un voto de castidad perpetuo. Gozaban de poderes: Levantaban vientos, e incluso cuando cantaban ,  las leyendas cuentan   que eran capaces de elevar los mares. Podían convertirse en cualquier cosa, sobre todo en animales , y entre ellos el cisne, por solitario y ser concebido para amar  de forma  perpetua y en  unión  espiritual a una sola pareja. - mirando de nuevo hacia el exterior  a través de la ventana- Se les atribuían poderes de curación de enfermedades muy graves, incluso terminales , y podían predecir el futuro con mucha facilidad.  Se las instruía en secreto desde niñas , en bosques y cuevas. A sus descendientes druidesas, el grupo selecto de las más cercanas, exquisitamente seleccionadas, se las preparaba para ser prácticamente el eslabón más importante en la cadena de poder dentro de las tribus. Podían ser jueces y sacerdotisas . Suponían la clase intelectual y espiritual, y en ocasiones , ejercían sobre la tribu una influencia mucho mayor que la de los propios reyes a quienes servían. Podían ser  poetisas y profetas, astrólogas, astrónomas, videntes, magas y adivinas, lo que quisieran, pero siempre manejando poder.  Memorizaban las leyes y guardaban registro en su cabeza de las historias y genealogía de la tribu. Arbitraban las alianzas políticas, hacían sacrificios; entonaban los cantos sagrados, contaban historias, enseñaban a los niños, practicaban rituales y eran filósofas. Todo el mundo en sus manos. Podían llegar a especializarse en una o varias de estas disciplinas,  y podían pasar hasta 20 años o más dedicadas a su aprendizaje.  De entre ellas, de entre todas ellas, las druidesas de Sein eran muy respetadas pero también temidas, y aún hoy lo siguen siendo

Aen lo observaba consternado. No podía creer lo que su hermano le estaba diciendo. Recordaba esas historias por sus familiares cercanos y los libros que leía, pero nunca dio crédito real a las mismas.
  • •             BRIAN: Entre estas druidesas, las fuentes romanas mencionan a una vidente en una tribu teutónica, llamada Veleda que era   de las de primer rango,  un oráculo viviente. Una personalidad política de mucha relevancia tanto entre amigos como enemigos. Mediadora entre tribus y entre pueblos. Los cultos druídicos femeninos han sobrevivido a lo largo de los tiempos,  gracias a que  las monjas del monasterio  de Kildare, en Irlanda , continúan los ritos  y mantienen un fuego perpetuo en honor de Santa Brígida, santa cristiana, pero manteniendo  la misma liturgia que se hacía a una divinidad celta. 

Brian , sin dejar de  mirar a través de la ventana, respiró hondo,  y tras el asombro sin palabras y estupefacción de su hermano decidió continuar.
  • •             Dr.  Cárthaigh   :  ¿Qué tratas de decirme Brian? ¿Qué tiene que ver eso con Casey? 
  • •             BRIAN: Casey es Veleda hermano.

Aen se sentó de golpe sobre su silla en el despacho.
  • •             BRIAN: Su espíritu ha traspasado los tiempos, siempre a través de sus  descendientes.  Pero no conforme con ello, es idéntica físicamente a  los retratos que se han hecho de las pinturas descubiertas  en las excavaciones. Siempre , el mismo aspecto. Baste fijarte en sus ojos. Las historias antiguas y leyendas hablaban de su hermosura oculta ,  de lo que era capaz de inspirar , y de la tentación en que se convertía para los hombres de las tribus de Bretaña. Todos querían conocerla, todos querían arrebatarle lo más preciado y hacerla suya,  porque sabían que sólo así sería de ellos para siempre. La druidesa de primer rango más temida es la mujer que tú has metido en nuestra casa hermano, y de la que te has enamorado , sin saber que no conseguirás nada que ella no quiera. Las de su rango son las que escogen Aen  ,  si es que lo hace, y quién cae no puede soltarla jamás.

Se acercó a Aen y se sentó en el filo de la mesa en frente suya.
  • •             BRIAN: ¿Nunca te has preguntado por qué me apartaron de esto? ¿por qué te escogieron a ti? ¿Jamás te preguntaste quién provocó que me encerrasen?
  • •             AEN: la policía dijo que te encontró al lado del cuerpo de aquella mujer, cubierto de sangre.
  • •             BRIAN: Cierto, pero inconsciente, de hecho no recordaba nada cuando desperté. Hermano, - se sentó en el filo de la mesa - voy a contarte algo que nunca le he dicho a nadie. Yo conocí a Veleda hace mucho tiempo. Por entonces tenía otro nombre y otro aspecto. Fue en Londres. Recuerdo que ibas conmigo, nos disponíamos a cenar , un viernes después del trabajo. Poco antes de entrar en el Restaurante, una mujer se cruzó en la acera de enfrente. Yo estaba hablando contigo y tuve que dejar de hacerlo porque algo me llamó a mirar a aquella acera. Nunca he podido olvidar aquella cara, aquellos ojos. Fue breve pero… nunca más pude quitármela de la cabeza. Cuando creía que me había olvidado de ella, que ya no la volvería a ver y había proseguido mi vida, me la volví a encontrar, cerca de la tienda de la Sra. Pansworth. En aquella ocasión crucé, no podía perder la oportunidad de saber quién era, y ella me esperó. Me miró , me sonrió, bajó la mirada, y cuando se disponía a marcharse , puso su mano en mi antebrazo. Y la vi irse sin poder detenerla.Estando yo desaparecido, vagando por las calles, medio borracho y sin saber a dónde ir,  comenzaron a desaparecer mujeres. La policía comenzó con sus batidas yendo por todos los recovecos de Londres, asestando duros golpes contra los que vivíamos allí, deteniendo a todos. Yo me oculté cuanto pude , pero de aquella noche, mis recuerdos pasaron a ser un sueño claro algunas semanas después de encerrarme. Estaba borracho  sí, pero vi la silueta de alguien con una gran capa al final del callejón. Creí estar viendo visiones y me restregué los ojos. Cuando volvía  a mirar ya no estaba, pero en su lugar,  una mujer, joven, bastante descarada,  se me acercó y me habló, pero yo no lograba entenderla. De pronto , un hombre la cogió por el cuello , y delante mía la mató de aquella forma sin que pudiera impedírselo.Traté de levantarme , pero el alcohol y el aturdimiento que sentía no me dejaban. Cuando logré hacerlo, algo vino sobre mí, sentí un fuerte golpe en un costado, miré y sangraba abundantemente. Caí al suelo, y estando más en la inconsciencia que en la consciencia, unas manos me cogieron la cara y enderezado mi cuerpo. Sé que sentí un dolor abrasador que me entraba  y lo cubría todo. Abrí los ojos , y la vi a ella. Después volví a caer inconsciente.El charco de sangre en el que me encontraron era el mío, y de aquella noche sólo me quedaban dos recuerdos, una cicatriz…. y sus ojos.

Aen no podía creer realmente lo que estaba escuchando  de los labios de su hermano.
  • •             BRIAN: Yo no puedo llevar a cabo la misión porque ella me salvó la vida, por eso tú serás el que tengas que hacerlo, si eres capaz claro.
  • •             Dr.  Cárthaigh   :  Brian, por qué….
  • •             BRIAN: Sólo habremos de cambiar algunas cosas, pero ¿sabes lo que significa verdad?
  • •             Dr.  Cárthaigh   :  Brian.
  • •             BRIAN: Esto es más poderoso de lo que hubiéramos imaginado. Una sacerdotisa y druida de primer nivel . Nada más sagrado que eso para nuestro lugar.
  • •             Dr.  Cárthaigh   : Brian, ¿No podríamos buscar otra alternativa?
  • •             BRIAN: - enfurecido y amenazante- Esto es lo que hemos estado esperando toda nuestra vida Aengus , la inmortalidad requerida y el reconocimiento entre los nuestros. Todos estos años hemos vivido de prestado y lo sabes. ¿Quién podría imaginar que tendríamos en nuestras manos a una de ellos y de esa categoría? Ellos han decidido enviarla sin suponer nuestros verdaderos planes , y aunque ella los adivinase, su voluntad de sacrificio se vería más que recompensada, por lo que no  saben lo que han hecho. Y mientras,  ella entregándose de esa forma.  Será su nivel de sacrificio y no nosotros los que acabaremos con ella.
  • •             Dr.  Cárthaigh   :  ¿Y si no pudiera hacerlo?

Brian le cogió de la chaqueta y lo levantó en peso hasta lanzarlo contra la pared, cogiéndolo por el cuello con una sola mano y apretando con firmeza. Sólo cuando su hermano le avisó de que apenas podía respirar,  fue capaz de soltarlo, pero aún así esperó un rato para ello.
  • •             BRIAN: Ya te lo dije una vez Aengus, sólo que las circunstancias  han cambiado. Si no lo haces tú , lo tendré que hacer yo, aunque sea a través de otra persona, y sabes perfectamente que puedo hacerlo. Estoy seguro de que ella no tendría tantos miramientos.  Somos nosotros o ella, procura recordarlo, ¿o es qué crees que ella se acordará de ti y de lo que sientes cuando esté acabando contigo? Somos descendientes de  Milé, hijo de Breoghan,  llegado a Eire desde "la tierra de la muerte" al mando de los Gaels (celtas goidélicos). Procura no olvidarlo.

Le soltó, y antes de salir del despacho no pudo evitar tener la última palabra.
  • •             BRIAN: Los nuestros se lo merecen, nosotros se lo debemos. O ella o nosotros Aen ,procura no olvidarlo.

Aengus se quedó en el despacho, preocupado y hundido. Todo aquello se le había escapado por completo. Fue capaz de perder la objetividad por sus sentimientos y aquello le resultaba imperdonable. 
Tarde o temprano, todos pasaban por el juicio de lo que Brian llamaba” los suyos”,  y Aengus,  sabía perfectamente que su conducta respecto a Casey era reprobable, sin poder acogerse al desconocimiento previo de los hechos descritos por su hermano. 
Ahora,  sí comenzaba a entender algunas cosas, sobre todo aquellas relativas a las continuas amenazas de su hermano por la realización de aquello a lo que él no podría.

Entonces , algo se le vino a la memoria. Casey se encontraba haciendo su ronda, y la misma culminaba visitando de nuevo a Keira.


Aengus miró su reloj de bolsillo y salió a toda prisa del despacho. Debía llegar lo antes posible al hospital y el camino era largo.

Casey había terminado prácticamente la ronda, le quedaba Keira, y ciertamente, los recuerdos de la última vez que estuvieron  juntas en ese mismo espacio le hacían incomodarse y sudar.

A Aengus el traslado , en esa ocasión, se le hacía eterno. En mitad del recorrido,  estuvo a punto de llevarse algunos muebles y de caer al suelo resbalándose en más de una esquina.

Casey salía de la última celda y caminaba lentamente hacia la de Keira.

Llegado al hospital, los nervios le impendían a él dar con la llave adecuada que abriera aquellas puertas,  aún habiéndolas abierto casi de forma constante.

El guarda le hizo una señal a Casey para pedir conformidad en la apertura de la puerta. Ésta respiró hondo, y le correspondió confirmándoselo.

A Aengus la  segunda puerta se le resistía de manera inexplicable.

Casey comenzó a andar adentrándose en la celda,  pero esta vez, el guarda se quedaría detrás de la puerta y ésta entre abierta .
Keira se encontraba retenida por una cinta en uno de los pies . Despeinada y con aspecto famélico. 
Casey dejó las cosas en la mesa, salvo la medicación.  Y sin perderla de vista ni un segundo, se fue acercando.

Ante la imposibilidad de que Aengus pudiese abrir la segunda puerta con sus llaves , comenzó a aporrearla fuertemente y a gritar para que alguien desde dentro le abriese y le dejase entrar.

Cuando Casey estuvo delante de Keira, observó las marcas de sus brazos, de sus piernas . Ésta, azorada y en silencio, inmóvil, miraba de reojo a Casey por debajo del pelo que le cubría casi toda la cara.

Aengus consiguió que le abrieran y tras atravesar la primera parte del pasillo y llegar a la esquina, ver al guarda  con la puerta entreabierta de la celda de Keira hizo que corriese aún más y los nervios se lo terminasen devorando.

Cuando Casey , con mucho cuidado, le retiró parte del pelo y vio su cara, se estremeció. Sólo el grito desesperado de su nombre en la puerta por parte de un Aengus muy angustiado y cansado  la devolvió a la realidad.

  • •             Dr.  Cárthaigh   : ¡Casey!- acercándose muy despacio sin dejar de mirar a Keira la cual también se había fijado en él-  aléjate despacio de ella.
  • •             CASEY: Pero,¿ qué le ha pasado?
  • •             Dr.  Cárthaigh   : Casey hazme caso, aléjate de ella.

Keira se encontraba  ida, no era la misma. Su mirada obsesiva lo decía todo y su aspecto no ayudaba.
Aen cogió a Casey del brazo,  y sin darse la vuelta para no darle la espalda a Keira , comenzó a tirar de ella y a sacarla de la celda caminando hacia atrás. Cuando atravesaron la puerta , dio orden al guarda de que la cerrase, y violentamente la empujó contra la pared.

  • •             Dr.  Cárthaigh   : ¡No vuelvas a entrar ahí sola ¡¿me has entendido?
  • •             CASEY: - sin entender qué estaba ocurriendo- pero ¿qué….?

Aen la miró,  y eso bastó para que ella lo entendiera todo. 

  • •             CASEY: Lo sabes.

Ella le apartó de un empujón y salió corriendo.

Pasaron las horas y llego el momento de la cena. Normalmente no era costumbre del doctor dejarse ver, pero la única forma que tenía de preguntar por Casey era hacerlo directamente  a la Doctora Mhic, la cual le aseguró no haberla visto en todo el día. 
Siguió preguntando al personal de la casa y del hospital . Nadie la había visto desde esa mañana.

Se avecinaba tormenta desde  bien entrado el mediodía, y como siempre pasaba en aquella zona , la descarga de agua fue imprevista y brutal. Nada más empezar a descargar, los truenos lo amenazaban todo,  y los relámpagos , hacían de aquel lugar como si hubiese amanecido.
Estando en la puerta  de acceso a la casona , mirando hacia el exterior, sólo se le ocurrió un lugar en el que pudiera estar, pero no creía que con el aspecto en el que había devenido la tarde aún pudiera permanecer allí.

Se acercó al cobertizo casi corriendo pero teniendo cuidado de no caerse ya que todo estaba bastante embarrado. Abrió la puerta y entró. Todo estaba muy oscuro, pero necesito sacudirse el agua  y quitarse el abrigo que chorreaba. Seguidamente se quitó el chaleco  y comenzó a despegarse la camisa del pecho. Sacudió su pelo , y colocó toda la ropa como pudo en una especie de carromato de trabajo que estaba a su derecha.

Con el relámpago que vino instantes después, al mirar hacia la ventana , no vio a nadie. Su esperanza de encontrarla ahí se desvanecía. Se acercó a ésta  para  esperar a que se suavizase todo y poder volver a la casona. 

  • •             CASEY: Brian te lo ha dicho.

 Su voz venía del fondo del cobertizo, sobresalía en mitad de la oscuridad, un nuevo relámpago iluminó parte del interior y  le dio la imagen de una Casey sentada encima de un montículo de sacos, apoyada sobre sus rodillas.
  • •             Dr.  Cárthaigh   : He estado buscándote toda la tarde ¿desde cuándo estas aquí?
  • •             CASEY: Ya sabes quién soy y lo qué soy. ¿Ahora?

 Aen bajó la mirada, no sabía realmente que decir.
Casey se levantó y se acercó a la ventana, sentándose   en el  saliente y observando  si él era capaz de mirarle a la cara, recibiendo una respuesta negativa por su parte.
  • •             CASEY: Vuelves a huir de mí.
  • •             Dr.  Cárthaigh   :  No huyo.

 Ella logró centrar su atención, pero no como  le hubiese gustado.

  • •             CASEY: Tienes miedo. Miedo de mí. Puedo verlo en tus ojos.
  • •             Dr.  Cárthaigh :  Ni siquiera sé que es lo que quieres de mí Casey.. ¿o debería llamarte Veleda?

 Casey  cerró los ojos y trató de respirar hondo mirando hacia arriba.  Para Aen , aquella visión de ella , de su cuello completamente despejado y vulnerable,  le atormentaban. Dio con la mano un puñetazo al lado de su cara, en el muro, y abalanzó su cabeza sobre la misma , al lado de la de ella.

  • •             Dr.  Cárthaigh   : ¿Por qué dejaste que me acercase de esa forma?¿Por qué permitiste que te amase como lo hago? ¿por qué?
  • •             CASEY: Yo no lo hice Aengus. Por una vez en mi vida,   he provocado algo que no he podido ni impedir ni controlar.

 Colocó abruptamente una de sus manos en su garganta y la retuvo fuertemente sin que Casey prestase resistencia.
Su mirada de odio hacia ella podían más que mil palabras ,  pero lo que a él le atormentaba era no saber si odiarla a ella o a lo que representaba.
  • •             CASEY: Hazlo, sólo así conseguirás lo que a ambos os pertenece.

El ver caer una sola lágrima de uno de sus ojos fue suficiente para que su angustia se acrecentase y se diese cuenta de que no podía odiarla. Retiró la mano y agarró con fuerza  su hombro.

Aengus la observaba, el patente sufrimiento de ella le estaba agobiando, la sensación de fragilidad que mostraba cuando estaba con él le suponía , en este instante, mucha más presión si cabe que la que nunca había tenido.

No podía dejar de mirarla.

Con ambas manos y una delicadeza inconmensurable, comenzó a buscar aquello que ayudaba a sujetar su pañuelo , ella trató de impedírselo, pero él le retiraba sus manos.   Cuando hubo  quitado la última horquilla, se dispuso a retirárselo. Ella,  tras mirarle a los ojos,   le dejó libertad para que continuase.
Cuando él se lo retiró  , despacio, dejándolo caer sobre sus hombros y tirando de él hacia un lado, un nuevo relámpago le dio la oportunidad de ver la nueva imagen de Casey.
Con aquellos mismos dedos que delicadamente la descubrieron, pasó por su cabeza bajando hasta su nuca .

  • •             Dr.  Cárthaigh   : Tu pelo.

 Ella, con los ojos cerrados,  dejó caer su cabeza hacia uno de los brazos. Una enorme paz interior se apoderaba de su cuerpo.

Él, con su  rostro entre sus manos, se acercó y la besó tan suave y tímidamente que se hizo apenas imperceptible. Separó ligeramente los labios y el rostro de Casey emanaba , tras una ligera sonrisa, dicha paz, y era capaz de transmitírsela, de envolverle.  
Volvía a ser aquella mujer que él vio la primera vez que se besaron en aquel cobertizo, la mujer capaz de entregarse y que le mostraba lo que sentía.

Cuando se acercó para besarla por segunda vez, apenas rozó los labios,  se detuvo.

  • •             Dr.  Cárthaigh   : No puedo.

Y se alejó de ella con la respiración agitada y muy nervioso.
  • •             Dr.  Cárthaigh   : No puedo hacerlo.

No hacían falta  palabras, Casey lo entendía todo perfectamente.
  • •             CASEY: ¿Si salgo por esa puerta no vas a hacer nada por impedírmelo verdad?
  • •             Dr.  Cárthaigh   : No puedes hacerme esto Casey.
  • •             CASEY: ¿Hacerte? – Casey comenzaba a enfurecerse-  ¿Y que se supone que te estoy haciendo Aengus? Porque aquí la que tiene todas las de perder soy yo.
  • •             Dr.  Cárthaigh   :  Brian me lo advirtió, juegas conmigo , juegas con todo el mundo para conseguir tu objetivo.
  • •             CASEY: ¿Brian?
  • •             Dr.  Cárthaigh   : ya me advirtió que no debía enamorarme de ti, que era un error.
  • •             CASEY: Ya veo, y por supuesto habla por propia experiencia.


Aquello le resultó extraño y se dio la vuelta .

  • •             Dr.  Cárthaigh   :  ¡No vuelvas a enredar las cosas Casey, o Veleda o cómo diablos te llames!
  • •             CASEY: sí, ha hecho bien su trabajo. Lo que no te contó tu hermano,  es por qué sabe perfectamente lo perjudicial que resulta enamorarse de mí ¿verdad?
  • •             Dr.  Cárthaigh   : Casey ¡cállate!

 Casey mezclaba en su tono,  el suficiente grado de rabia contenida y de ironía como para desesperar a Aengus que ya se encontraba bastante alterado.

  • •             CASEY: ¿te dijo como empezó todo? ¿Te contó tu queridísimo hermano como perdió la cabeza por mí y casi se vuelve loco? ¿Te lo dijo?

 Aengus comenzaba a estar fuera de sí, se acercaba dos pasos y sentía tanta rabia que podía haberla matado con sus mismas manos en aquel momento.

  • •             CASEY: - continuó desafiante- Oh,  ya veo que no. Vaya,   tu ejemplar hermanito se ha saltado la parte de la historia donde se clarifica,  porque sabiendo ya quién era yo , se obsesiona conmigo y comienza a seguirme. La parte dónde  los vuestros lo descubrieron y le amenazaron con desterrarle de todo y ser un desheredado  social si no terminaba con esa obsesión.

•             Dr.  Cárthaigh    : ¡Cállate!- gritando y acercándose a ella violentamente empujándola contra la pared – ¡Sólo sabes mentir ¡ ¡Sólo sabes mentir y embrujar, eso es lo que sabes!
  • •             CASEY: ¿Eso es lo qué te ha dicho tu hermano?
  • •             Dr.  Cárthaigh   : - muy alterado con una mano en el esternón y la otra suelta con el puño cerrado casi sobre su cara- ¡Cállate!
  • •             CASEY: Tú hermano sabía que yo venía y sabía que estaba aquí antes de que lo viera en la celda. Intenté que no me reconociera pero se había grabado mi imagen en su mente  y fue imposible. Al poco de estar en la casa,  lo intentó con sus técnicas habituales. Ha adquirido mucho poder desde la última vez que nos vimos.  En los últimos encuentros,  tuve que dejarle entrar hasta donde la resistencia me lo permitió  porque terminaba muy agotada. Sé que el ataque de Keira lo dispuso él, y sé lo que le ha estado haciendo.  Y también sé , que tú no eres él.

Su cabeza baja,  y su respirar más lento y agónico ,  daban la señal de que la ira en él podría haber desaparecido.

  • •             CASEY  :  Brian no estaba molesto contigo por mantenerle encerrado, sino porque sabía que yo estaba aquí y tú fuera, conmigo. Cuando ha sabido lo que sientes por mí,  ha hecho lo indecible por quitarte de en medio, por enfrentarse contigo, por amenazarte.  Él sabe que no puede tenerme , y sólo la idea de que su hermano pueda  y le arrebate algo que se le tiene prohibido por derecho propio de sangre pero que él cree suyo, le mata por dentro.
  • •             Dr.  Cárthaigh   :  ¿en serio puedo tenerte?

 Su tono de voz cambió, era y sonaba diferente. Algo sobrecogió a Casey.

  • •             Dr.  Cárthaigh   : ¿Y si lo hiciera?


Levantó la cabeza y no parecía él, Casey reconoció a Brian detrás de aquellos ojos siniestros y rabiosos.  La presión en el esternón creció por momentos hasta que ella sintió dolor en el pecho. Intentó escaparse de él pero apenas podía moverse ante la brutal fuerza ejercida.

  • •             Dr.  Cárthaigh   : ¿sabes cuánto he esperado tu permiso ¿ ¿Tus palabras de aceptación ¿ ¿Tú elección?
  • •             CASEY: ¡Brian suéltalo!.
  • •             Dr.  Cárthaigh   : ¿Brian? Debes de estar confundida. - Ironizando hasta límites insospechados y con un rostro tremendamente malicioso- Soy tu adorado Aengus, aquel al que amas de verdad y al que acabas de escoger.
  • •             CASEY: ¡Aengus vuelve!

El forcejeo continuaba. Él la tiró al suelo y ella trató de huir , pero él se abalanzó sobre ella  impidiéndole moverse con el peso de su cuerpo.

  • •             CASEY: ¡Aen por dios vuelve!


Tenía que seguirlo intentado. Su cuerpo apoderado por el de su hermano, pero en el fondo Aengus seguía ahí, en su interior.
Mientras , reteniéndola de esa forma, le levantó la falda por un lado con la mano libre que le quedaba. Al ver que ya rozaba la piel de sus muslos, Casey lo volvió a intentar.

  • •             CASEY: ¡Aen por Dios vuelve! ¡Te amo! ¡Aen  vuelve!

 Tras un nuevo forcejeo, él a miró a los ojos , y la violencia fue desapareciendo así como la fuerza ejercida con su cuerpo. De pronto dejó caer su cabeza sobre su hombro . El cuerpo de Aengus , pesado como una losa, parecía encontrarse muerto encima de ella . Casey intentó moverse con dificultad , pero una vez hubo logrado empujar  y quitárselo de encima, trató de incorporarse y recobrar el aliento. Él  estaba inconsciente, frío y muy pálido.  Las pupilas muy dilatadas . Cuando trató de ver sus pulsaciones se encontraba muy débil. Necesitaba sacarlo de allí y hacerle entrar en calor.

Se recompuso como pudo y fue a buscar ayuda a la casa. En seguida , parte del personal lo sacó de allí y se lo llevaron a su habitación donde la Dra Mhic , entre curas y revisiones no paraba de observar a Casey.

Brian apareció como una exhalación, haciendo el papel de hermano preocupado , y cuando vio a Casey,   una sonrisa sarcástica fue su mejor saludo.

Aún inconsciente,  los latidos fueron recuperando su normalidad y  todos se dispusieron a retirarse,  pero la doctora recomendó vigilarle y que alguien hiciese guardia, quedándose una de las enfermeras .

Iba a ser una noche muy larga.

 Avanzada la misma , y sin que Casey pudiese conciliar el sueño, se levantó de la cama,  y con la bata puesta se acercó al dormitorio de Aengus . Habló con la enfermera de guardia y le rogó que se retirara , que ya se quedaba ella por el resto de la noche.

Era extraño ver al regio Dr.  Cárthaigh   tendido en una cama, tranquilo, pendiente de un sueño aletargado , sin que nada ni nadie le alterase. Sin ojeras ni   mal humor, sin miradas de reproche continuas.
Sólo él y la tranquilidad de la habitación.

Ella comenzó a sentir la extraña sensación de que todo aquello le era muy familiar. La habitación , la decoración, la mesa a su izquierda …. Y tras pensarlo recordó exactamente de qué. 

Se acercó a Aen. Éste, con el pecho medio descubierto ya que hubo que quitarle toda la ropa mojada , aún tenía colgando de su cuello una cadena con una llave , y aquellas imágenes de aquel sueño que tuvo entonces empezaron a encajar. Pero habría que esperar a otra ocasión, y ella lo sabía.

Se hacía muy tarde y el cansancio comenzaba a hacer mella.

Casey cogió una de las sillas de la habitación   y la acercó a la cama , en el lado más cercano a la ventana . 
 Pasadas unas horas , ya de madrugada, Aen se despertó, confuso ,  sin saber muy bien dónde estaba.
Sentía cierta presión en una de las piernas, miró hacia abajo y vio a alguien durmiendo. Con un brazo encima de su abdomen y su cabeza en la cadera.
Se frotó los ojos con sus dedos,  y al volver a mirar,  vio que se trataba de Casey.
Se la veía tan plácidamente descansando, ajena a todo. 
Aen, sintiendo la necesidad de tocarla,  no pudo evitar acariciar su pelo, su corto pelo antaño largo y sedoso. Al igual que tampoco pudo evitar cogerle la mano.
Aquel gesto, aquel contacto, fue determinante para que Casey se despertase.  La imagen de relajación y paz que transpiraba por sus poros , aquel rostro angelical y dulce de ella, siempre perduraría con él.

Casey se levantó de la silla para servirle un vaso de agua y  dárselo,  sentándose justo a su lado , en la cama, en un hueco que quedaba. Mientras él bebía sin dejar de observarla, en cada gesto, en cada movimiento de su camisón y de su bata acompasados del resto de su cuerpo.
Ella, con el anverso de una de sus manos,  le tomó la temperatura tanto en la frente como en el cuello. Del frío extremo del día, había pasado a tener algo de fiebre.
Con una pequeña compresa de tela , mojada en agua fría de una palangana de porcelana, fue refrescándole por la frente  en suaves toques , volvió a mojarlo y se lo pasó cuidadosamente por la nuca  debiendo acercarse mucho más para llegar.  
En todo momento, los ojos de él no le perdían de vista ni  por un instante. Casey procuraba permanecer más atenta a lo que se encontraba haciendo que al hecho de sentirse permanentemente observada, pero sin querer , la vista se le desviaba de vez en cuando cruzándose con sus penetrantes ojos.

Volvió a refrescar la compresa, y procedió a hacer lo mismo con sus manos. 

Apenas un leve roce de contacto,  sirvió para que él respondiera y se dejara llevar.  Cuando hubo terminado, ella , mostrando intencionalidad de levantarse, fue detenida por él, que  se incorporó y la agarró por una de las muñecas. 
Su otra mano acarició la nuca de ella hasta atraer su rostro junto al de él, sus labios a los suyos. Con el más tierno de los gestos, como cuando se besaron por primera vez en el cobertizo, él se apoderó de su labio superior con extrema ternura, recibiendo correspondencia por parte de ella, al igual que aquella vez.
Sin que apenas separasen sus labios unos centímetros, sus ojos volvieron a encontrarse . Sin dejar de mirarse , ella le cogió ambas manos y se las acercó al nudo de la bata. Su mirada entonces era muy clara, y el mensaje que transmitía también.

Aen tiró de uno de los lados del lazo que servía de cinturón soltándoselo por completo.
Ella se la quitó , quedando al descubierto su silueta, sus formas más íntimas a través del fino camisón de tela anudado desde el cuello hasta el esternón por unas lazadas entrecruzadas como la de los corsés.
Él, con solo dos dedos cada mano,  desató el nudo que lo sujetaba con firmeza, y con mucho cuidado , rozando apenas con las yemas de sus dedos la piel de ella , abría poco a poco la lazada entrecruzada , desde el cuello hasta el esternón, muy despacio, disfrutando de la reacción de su piel a cada roce incluso de los laterales de aquellas tiras de tela finas y  delicadas.

La respiración de Casey comenzaba a ser agitada , aunque ella procuraba que fuese imperceptible.
Aen , con sus manos en todo momento cerca de su cuerpo, se acercó al  cuello del camisón, lo  abrió hasta los hombros, para a continuación , dejarlo caer por  sus brazos erizándose su piel  al paso de sus dedos.

Ante él, un cuerpo desnudo, hermoso, frágil, de tez muy blanca y suave. Un cuerpo acompañado por un rostro, el de ella, dispuesto a entregarse por completo  a él.
Ante ella, un Aen distinto cuya desnudez mostraba al hombre que trataba de imponer respeto con sus serios ropajes negros. Un Hombre que se le presentaba  en cuerpo y alma para su total deleite.
 De rodillas, sobre sus piernas, la atrajo hacia sí para abrazarla fuertemente, sintiendo cada instante su corazón agitarse  y la calidez de su cuerpo, un cuerpo que comenzaba a sentir suyo con el estremecimiento que ella le mostraba como respuesta  de una caricia eterna a lo largo de toda su espalda   con el anverso de la mano.

Inmersa en un mundo de sensaciones, él fue dejándola con cuidado sobre la cama , mientras sus labios se apoderaban de la totalidad de su tenso cuello y de sus pechos conforme era bajada tan despacio que pareciese flotar.
Con su cuerpo sobre el de ella  , y  ambos brazos estirados y unidos con los dedos de ambas manos entrelazados, se miraron durante un instante. Ella sabía que él casi le pedía permiso para hacerla suya y Aen , buscando su aprobación, sólo quería saber si confiaba lo suficiente en él como para continuar.

Casey   cerró sus manos y apretó fuertemente. Él se incorporó un poco, y sin dejarse de observar en ningún momento, con una delicadeza extrema, fue haciendo suyo aquel cuerpo aparentemente frágil . Un cuerpo que se tensaba hasta cotas insospechadas con cada nueva entrega suya en la que él incrementaba su intensidad.  Una intensidad modulada y controlada a la perfección por él, en la que , por entrega máxima a ella, no quería que olvidase. Dicha receptividad por parte de Casey,   hacía que sus manos se movieran nerviosamente por toda su piel como no queriendo  que saliese del suyo nunca.

Como un amante consumado ante la más delicada de las inexperiencias entregadas en cuerpo y alma, Aengus acomodaba su cuerpo y su intensidad exclusivamente a ella. Cuando parecía casi desfallecer  la calmaba, le susurraba al oído palabras que sólo ellos dos podían entender, y sólo cuando su corazón se ralentizaba,  volvía a apoderarse con fuerza de todo su ser . 
Sólo cuando  el éxtasis por una intensidad brutal de sobreexcitación mantenida durante tanto tiempo se manifestó en ella , en la excesiva torsión de su cuerpo, la casi arritmia de su corazón y varias lágrimas  que vio rodar desde uno de sus ojos, él decidió poner fin a tan placentero y  cruel  deleite con una última entrega suya , con la seguridad y fuerza de quién quería darse por entero de forma definitiva, recibiendo un grito ahogado por parte de ella .

Para poder relajarla, ya que no disminuía la tensión ni los latidos de  su corazón,  pese a encontrarse  exhausta por el esfuerzo, Aen la  sostuvo con una mano en su zona lumbar , mientras la otra era deslizada  lentamente por todo el centro de su cuerpo,  desde  la zona  baja de su vientre hasta el cuello, suavemente una y otra vez, subiendo y bajando para que el calor de su mano le trajese de nuevo la paz , ejerciendo con la palma de ella la presión justa que la ayudase a soltarse y caer. La obligó a respirar hondo una y otra vez en coordinación perfecta con una cuenta numérica silenciosa guiada por el recorrido lento y calmoso de su mano en el cuerpo de ella.

Aún habría de pasar bastante tiempo antes de que Aengus consiguiera que comenzase a desaparecer dicha sensación . Su cuerpo, poco a poco, su piel , dejaban de ser tan duros como un árbol , recuperando poco a poco flexibilidad y ductilidad más propias de la normalidad. 
La respiración comenzaba a acompasarse, pero las lágrimas continuaban brotando de sus ojos como algo que no pudiese controlar. Ni ella misma era consciente de ello, hasta que estando a su lado,  y retirándole el sudor con la mano , interrumpió el curso de una de ellas.

Casey, incapaz de articular palabra e inmersa en un estado de relajación absoluta, sólo podía mirarle . Él, mientras disfrutaba de su rostro, tranquilo, casi adormilado,  acariciaba sus mejillas, ardientes y sonrojadas,  con el anverso de sus dedos , y fijándose en sus labios entre abiertos, dibujó en ellos, con la yema de los mismos , líneas imposibles de una historia de la que no se sabría el final.

FDO: Ana Patricia Cruz López
(Todos los derechos reservados)


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