Respirar hondo podría haber sido lo más fácil
probablemente.
Respirar hondo, cerrar los ojos, y olvidarme de lo pasado.
Pero, ¿como olvidar que aquello sucedió si aún guardo las señales en mi piel? Y
más, sabiendo que en la tuya continúas
tocando con las yemas de tus dedos mis restos.
PIEL
La que tensa mis dedos al roce con mis yemas.
La que endurece mis labios para saborear tu cuello erguido y
fibroso. Aquel que pese a mis deseos de morder , se queda pegado a la tráquea
de forma sublime por la excitación que te produce tener mi cuerpo cerca.
Sigo el recorrido de tus largas venas , que parten desde tu
nuca , se adelantan en medio giro hasta tus clavículas, y bajan por tus
brazos surcando la musculatura , marcada
no en demasía, pero que logra realzar la forma en la que admirar tu cuerpo ,
distinta, sútil.
Venas que se apoderan de tus manos, hasta bifurcarse entre
tus nudillos, y que recorro por completo deseando hacerlas mías.
MIRADA
Mirada, la de aquella
noche en que a cada paso que te hacías mío, tu respiración se agitaba sin medida
y sin límite.
Mirada que , en silencio, sólo con sonido parsimonioso de tu
aliento buscando boca en la que atracar, me solicitabas que continuara
apoderándome de tu cuerpo. Del elemento salado de transpiración por los nervios
y la sobre excitación.
Mirada cómplice , deseosa de lo que delante suyo se mostraba.
Mirada que devoraba mis labios con mayor pasión aún que su boca.
Mirada que me rasgada la ropa y acariciaba mi piel ,
haciendo suyos mis labios, ahora lejanos .
PECHO
Mi desnudez sobre la tuya, y la piel erizada de todo él
enteramente para mí.
Recorrí con mis dedos tu vello, sentí la dureza de tus
pezones en mi boca como la mejor prueba si cabe de que no erraba al tomarte de
aquella forma, por entero.
Mis dedos, finos pero firmes, apretaban vuestra sensible
piel en donde sabría que vuestra respuesta no me fallaría, mientras mi vientre
sentía vuestra más inconmensurable y
agradecido signo de que seriáis mío para la gloria de nuestras almas.
Mis manos lo recorrieron dibujando el mapa de cada curva
fibrosa hasta que aquella perfecta y
ondulada línea de tus caderas, se convirtió en el más goloso de los venenos.
MANOS
Las que perdidas, no sabían , en mitad de tal locura y
desborde de placer, dónde tocarme .
Escurridiza , huía de
ellas sólo por el mero placer de verte intentándolo.
Hasta que me atrapaste.
Cogí una de ellas, y guiándola, te hice cerrar los ojos y que fueran tus largos y finos dedos quienes
reconocieran cada centímetro de mi piel.
Un instante bastó para dejarte solo.
Un delicioso instante , donde , mientras yo simplemente me
dejaba llevar deseando que aquellas yemas no parasen jamás, ellas se deleitaban
con la humedad de mi cuerpo ,y con cada parte que mostrase la receptividad
deseada.
Aquel era otro tipo de placer diferente.
La palabra tiempo no existía.
La palabra delicadeza , se sublimaba hasta cotas
insospechadas, mientras manejabas mi cuerpo guiándolo hasta la zona indicada.
VOZ. CONFIANZA.
No puede pensar en una separada de la otra.
Mi valentía se convirtió en temor .
El deseo que sentía hacia ti me desgarraba
pero...............cómo saber que aquello no era más que.........
Me hablaste, casi como el susurro de un niño que se acerca a
su madre para decirle su más hermoso te quiero.
Me hiciste abrir los ojos y mirarte.
Me acercaste a ti mi rostro con ambas manos.
Lejos de pensar que aquello terminaría en un beso, con los
ojos me preguntaste, y yo te confirmé mi confianza.
Sólo entonces, tus manos , posadas en mis caderas, hicieron
que mi respiración ahogada y mi cuerpo tembloroso fue la respuesta a tu
entrega, pues nunca podía haber sentido mayor culminación de sentimientos que
el tenerte por entero en mis entrañas.
Confianza ciega en aquel que , siendo un desconocido, me
tomó de la mano un día y , sin solicitarme nada a cambio, se brindó en cuerpo y
alma a cambio de un amor eterno e incondicional. Algo que sólo sea capaz de
atravesar las barreras del tiempo sin mirar atrás. Algo , que en cada encuentro
nuestro, sea aún más grande que la anterior.
Respirar. Profundamente intentando olvidar que aquello
sucediera como forma de autodefensa para no hacerme más daño.
La vida es cruel, y así la siento, pero la vivo pensando en
una realidad, la mía, en la que , mientras veo una vez más un atardecer de
cielos rojos , naranjas y amarillos ,sobre el mar, siento tus piernas
protegerme a ambos lados , tu cuerpo detrás mío y tus brazos rodeándome ,
mientras depositas tu mentón en mi hombro.
Confianza de tu voz, confianza de ilusiones jamás rotas
porque el sentimiento es verdadero y palpable, aquel que me hace sudar cada vez
que te veo, que eriza mi piel tras tu sonrisa , o que me impide mirarte a los
ojos por completo ante el rebrote de
mis propias lágrimas.
Confianza en mi misma de que esto no es una locura , pero
que de serlo es lo que me mantienen viva, y que sólo por eso, merece la pena
perder la cordura completa .
Confianza en que ésto no es pasajero , porque mi entrega es
absoluta, y la tuya, ya hace mucho que la siento.
FDO: Ana Patricia Cruz López
(todos los derechos reservados)
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