sábado, 4 de abril de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (19)


Respirar hondo podría haber sido lo más fácil probablemente. 
Respirar hondo, cerrar los ojos, y olvidarme de lo pasado. Pero, ¿como olvidar que aquello sucedió si aún guardo las señales en mi piel? Y más, sabiendo que en la tuya continúas  tocando con las yemas de tus dedos mis restos.

PIEL

La que tensa mis dedos al roce con mis yemas.
La que endurece mis labios para saborear tu cuello erguido y fibroso. Aquel que pese a mis deseos de morder , se queda pegado a la tráquea de forma sublime por la excitación que te produce tener mi cuerpo cerca.

Sigo el recorrido de tus largas venas , que parten desde tu nuca , se adelantan en medio giro hasta tus clavículas, y bajan por tus brazos  surcando la musculatura , marcada no en demasía, pero que logra realzar la forma en la que admirar tu cuerpo , distinta, sútil.

Venas que se apoderan de tus manos, hasta bifurcarse entre tus nudillos, y que recorro por completo deseando hacerlas mías.


MIRADA

Mirada,  la de aquella noche en que a cada paso que te hacías mío, tu respiración se agitaba sin medida y sin límite.
Mirada que , en silencio, sólo con sonido parsimonioso de tu aliento buscando boca en la que atracar, me solicitabas que continuara apoderándome de tu cuerpo. Del elemento salado de transpiración por los nervios y la sobre excitación.

Mirada cómplice , deseosa de lo que delante suyo se mostraba. Mirada que devoraba mis labios con mayor pasión aún que su boca.
Mirada que me rasgada la ropa y acariciaba mi piel , haciendo suyos mis labios, ahora lejanos .

PECHO

Mi desnudez sobre la tuya, y la piel erizada de todo él enteramente para mí.
Recorrí con mis dedos tu vello, sentí la dureza de tus pezones en mi boca como la mejor prueba si cabe de que no erraba al tomarte de aquella forma, por entero.

Mis dedos, finos pero firmes, apretaban vuestra sensible piel en donde sabría que vuestra respuesta no me fallaría, mientras mi vientre sentía vuestra más inconmensurable  y agradecido signo de que seriáis mío para la gloria de nuestras almas.

Mis manos lo recorrieron dibujando el mapa de cada curva fibrosa  hasta que aquella perfecta y ondulada línea de tus  caderas,  se convirtió en el más goloso de los venenos.

MANOS

Las que perdidas, no sabían , en mitad de tal locura y desborde de placer, dónde tocarme .
Escurridiza ,  huía de ellas sólo por el mero placer de verte intentándolo.
Hasta que me atrapaste.

Cogí una de ellas, y guiándola, te hice cerrar los ojos  y que fueran tus largos y finos dedos quienes reconocieran cada centímetro de mi piel.
Un instante bastó para dejarte solo.
Un delicioso instante , donde , mientras yo simplemente me dejaba llevar deseando que aquellas yemas no parasen jamás, ellas se deleitaban con la humedad de mi cuerpo ,y con cada parte que mostrase la receptividad deseada.

Aquel era otro tipo de placer diferente.
La palabra tiempo no existía.
La palabra delicadeza , se sublimaba hasta cotas insospechadas, mientras manejabas mi cuerpo guiándolo hasta la zona indicada.

VOZ. CONFIANZA.

No puede pensar en una separada de la otra.
Mi valentía se convirtió en temor .
El deseo que sentía hacia ti me desgarraba pero...............cómo saber que aquello no era más que.........

Me hablaste, casi como el susurro de un niño que se acerca a su madre para decirle su más hermoso te quiero.
Me hiciste abrir los ojos y mirarte.
Me acercaste a ti mi rostro con ambas manos.
Lejos de pensar que aquello terminaría en un beso, con los ojos me preguntaste, y yo te confirmé mi confianza.
Sólo entonces, tus manos , posadas en mis caderas, hicieron que mi respiración ahogada y mi cuerpo tembloroso fue la respuesta a tu entrega, pues nunca podía haber sentido mayor culminación de sentimientos que el tenerte por entero en mis entrañas.

Confianza ciega en aquel que , siendo un desconocido, me tomó de la mano un día y , sin solicitarme nada a cambio, se brindó en cuerpo y alma a cambio de un amor eterno e incondicional. Algo que sólo sea capaz de atravesar las barreras del tiempo sin mirar atrás. Algo , que en cada encuentro nuestro, sea aún más grande que la anterior.

Respirar. Profundamente intentando olvidar que aquello sucediera como forma de autodefensa para no hacerme más daño.

La vida es cruel, y así la siento, pero la vivo pensando en una realidad, la mía, en la que , mientras veo una vez más un atardecer de cielos rojos , naranjas y amarillos ,sobre el mar, siento tus piernas protegerme a ambos lados , tu cuerpo detrás mío y tus brazos rodeándome , mientras depositas tu mentón en mi hombro.

Confianza de tu voz, confianza de ilusiones jamás rotas porque el sentimiento es verdadero y palpable, aquel que me hace sudar cada vez que te veo, que eriza mi piel tras tu sonrisa , o que me impide mirarte a los ojos por completo  ante el rebrote de mis propias lágrimas.

Confianza en mi misma de que esto no es una locura , pero que de serlo es lo que me mantienen viva, y que sólo por eso, merece la pena perder la cordura completa .

Confianza en que ésto no es pasajero , porque mi entrega es absoluta, y la tuya, ya hace mucho que la siento.



FDO: Ana Patricia Cruz López
(todos los derechos reservados)




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