La noche
llegó,
y trajo al silencio.
Las risas de
los niños en el parque,
han dejado
paso a la serenidad.
El cielo ,
que con sus
nubes aisladas,
busca
refugio en los corazones
de quienes
deambulamos buscando no se qué,
ofrece el cobijo
intencionado y nada gratuito,
de los que
creemos no tener otra salida.
Soledad,
que topas
con las esperanzas de los que aún sueñan
con
encontrarse acompañados alguna vez.
Tímidas
sonrisas individuales ,
de los que
disfrutamos de estos remansos de forma diferente.
Cerrando mis
ojos por un instante,
al volverlos
a abrir,
mi deseo se
apareció en forma de nube difusa.
Realidad
revestida de formas caprichosas ,
jugando con
mi mente,
cuando es
ella misma la que me tienta a verte.
Nube que recobra
,
lentamente,
una
apariencia más real,
mientras sus
pasos le acercan a mí.
Luchando
contracorriente,
alejo mis ojos de ti ,
para
observar el césped que me rodea.
Respiro
hondo,
y al volver
a elevar mi rostro,
aquel deseo
fue realizable,
físico.
Convertida
en una descendiente más
de lo que
las aspiraciones humanas han querido de mí,
aquello que
siempre deseé,
aquello a lo
que alargué mis brazos en más de una ocasión
cuando me
sentía sola,
se presentó
ante mí
en mitad del
fulgor de la batalla que mantenía conmigo misma.
Elección
entre locura o realidad aparente,
el dueño de
mis sueños,
decidió
enviarte a mí sólo como castigo,
por desear
un imposible ,
un
inalcanzable.
Adoptar tu
forma ,
la única
posible,
rompiendo
con ello mis barreras.
Forma
hermosa y dulce,
con un
retazo de timidez aún apreciable en tus ojos,
pese a tu
aspecto maduro y asentado,
capaz de
descolocarme ,
y
transportarme a ese delicioso mundo infantil que todos terminamos guardando.
El dueño de
mis sueños ,
valiéndose
de su ventaja,
me envía lo
único a lo que sabe que no puedo negarme,
lo único a
lo que sería capaz de entregarme en cuerpo y alma,
lo único,
que sería capaz de amar.
Lucha
intestina en mi interior,
la que un
corazón acelerado y un cerebro no tan frío como al principio,
mantienen
por ti.
Sentimiento
de agotamiento,
de pérdida
de fuerza de voluntad para negarme,
por
principio, a caer una vez más.
Hermosa
porción de mi vida ,
con forma
humana irrenunciable,
que lo
ocupas todo de forma inocente y sin que yo me quiera dar cuenta,
que absorbes
mi pensamiento aún después de despertarme,
que te
transformas en mis manos cuando acarició mi piel,
que supones
el canto del pájaro cercano que siempre me da los buenos días,
siendo la
única capaz de escucharlo.
Vida, que sin ti no siento,
y ya no
hallo.
Ni quiero.
Vida , que
consumo despacio para no perderte ,
que me lleva
siempre a ti en algún momento.
Sacrificio
involuntario el tuyo ,
prestarte a
la felicidad ajena,
sabiendo lo que
ello significa.
Tú,
que te
sientes orgulloso de haber sido escogido,
por quién
decidió volverse exigente.
Tú,
que te
sientes afortunado por tenerme,
y anhelas no
perderme ,
sólo porque
sabes que soy leal a ti.
Tú,
que
decidiste entregarte por entero a una desconocida,
en pro del
cumplimiento de su sueño.
Tú,
que sabes
ser todo sin nada,
y de la
nada, lo entregas todo.
Tú,
que
transmites libertad,
eres esa
porción de sueño que me otorga
mi pequeño
lugar en tu mundo,
ocupando ,
tú, por entero,
todo el mío.
Tú,
que escribes
tu propia canción ,
con letras
mimosas y llenas de sentido,
permíteme
que sea yo ,
la que
escriba la nota final
cuando
llegue el final de mis días,
porque sólo
entonces,
esa hermosa
melodía,
la que un día
escribimos juntos,
será la que
me lleve a ese cielo del que provienes,
para
entonces,
sí
compartirte en mis sueños como lo que eres,
mi más
hermosa nube difusa y real
Ana Patricia
Cruz López
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