Es el tiempo el que ha ido midiendo mis decisiones,
mis anhelos,
los objetos que deseaba,
mis aspiraciones más tempranas.
Es el tiempo ,
el que me ha enseñado que debía aprender de la experiencia,
que ésta era un grado,
y que las cosas no siempre se verían de color de rosa,
aunque tampoco de negro oscuridad.
Es el tiempo,
el que me enseñó que todos no terminamos de conocernos
hasta que realmente algo
causa un revulsivo,
hasta que eso,
indefinido , porque puede ser cualquier cosa,
nos abre los ojos a una nueva realidad,
que casualmente , nos resulta más atractiva .
Y el tiempo,
como si el viento hubiera deseado
que la primavera se convirtiera en Otoño,
con sus hojas revolviéndolo todo para despistarme,
fue el que me hizo alzar mi cabeza y que tú estuvieses en mi
punto de mira.
Es el tiempo que media entre los dos,
ya sea éste horas, semanas, o años,
el que hizo que olvidara todo cuanto conocía de mí,
y aprovechase todo lo que tenía escondido para ofrecértelo
a ti.
Un tiempo que las agujas no marcaban,
hizo que tú lo atravesases descolocando todo a tu paso.
Mi más oscuro objeto de deseo,
del que disfrutaría sin apenas tener que tocarte,
porque sólo con admirarte ya era suficiente.
Aquel, cuya palabra , se convertía en poderoso oporto
ratificado por los años de barrica
y una sabiduría innata pero joven.
El tiempo, sabio,
lejos de serenarme,
te convirtió en el centro de mis aspiraciones,
en mi mayor y
deliciosa locura,
en el motivo de mis gritos ahogados,
de mis palabras mal sonantes,
de mis ganas de comportarme con mi halo salvaje,
de no querer dominarme,
de olvidarme del
papel que debía representar.
Inevitable,
sin vuelta atrás,
mis manos soñaban con posarse en tu pecho,
mis caderas, con que
las forzases en giros sin control,
mis labios , con ocupar zonas tan ocultas como maravillosas
de tu cuerpo,
tu humedad, con
saciarse,
tu instinto, con apropiarse,
el mío....................con tus ojos al pronunciar tu
nombre.
Como una consecución de acordes perfectos
del tango más apasionado,
comenzamos algo,
con principio teñido de juegos previos y distancias,
de roces intencionales.
Cada cual, jugando a tentar,
mientras el otro , disimula resistir.
Piernas que parecen chocar por casualidad.
Mi espalda , llamando a tu pecho.
Mi cadera, deseando la tuya.
Calor , humedad ambiental.
La respiración comienza a agitarse.
Marcando terreno como dos animales,
el final sólo lo
deciden nuestras ansias,
nuestro darnos por vencidos,
nuestro , no querer perder más el tiempo.
Mis ojos, los que te han desnudado más de una vez,
sin que tú te dieses cuenta,
y más de cien sabiendo,
te reclaman decisión y hechuras.
Los tuyos,
acostumbrados a hacerme suya sin duda alguna,
reclaman saborear mi piel tantas veces estremecida .
Juego final,
que ambos quisimos comenzar,
y que el tiempo ayudó a no terminar jamás.
Juego ,
en el que los dos nos
olvidamos de lo que somos,
pero no de lo que seremos.
Un solo cuerpo,
una sola intención.
Manos que buscan,
cuerpos que encuentran.
Labios que reconocen donde no querer alejarse jamás,
exhalación de amargo dolor extenso,
a la vez placentero,
y siempre añorado.
El tiempo............
El tiempo, sabio consejero que todo lo puede
y todo lo ve,
que en su día nos aislaste entre tu esfera invisible,
sin dejarnos salir.
El tiempo ,
que ayudó a madurarme y a encontrarte.
El tiempo,
que tu me enseñaste a olvidar,
embebida en tu cuerpo.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página