Tardes de Otoño ,
suaves atardeceres que nos evocan
los recuerdos de un verano que acaba de despedirse.
Los colores se transmutan ,
y las sombras se alargan ,
difuminándose con las hojas que se cruzan en los caminos.
Otoño ,
que nos recuerda la tranquilidad de la madurez sobrevenida,
de los amores pausados ,
en los que los desgaste de la juventud
dejaron sus huellas.
Temporada de respirar,
de ansiar nuevos proyectos ,
de ambicionar otras cosas.
Sin nada que justificar,
sin nada por lo que pedir perdón,
nuestras vidas tomaban un nuevo rumbo.
Liberados de las cargas de los demás,
deshaciendo todo proyecto impuesto,
liberando lacra ajena.
Recuerdos de tardes,
en que los sentimientos dejaban paso
al deseo casi irresponsable y loco,
en donde nunca cruzamos una pregunta,
y en el que los experimentos de la novedad creciente
y la curiosidad más desesperada,
dejaban paso a la imagen
de nuestra ropa destrozada por el suelo,
sin orden ,
amontonada,
como idéntico era el desorden de nuestros cuerpos,
glorificados por movimientos tan sutiles como salvajes,
en los que la entrega mutua se escribía con letras doradas,
en donde los gemidos se entremezclaban con las risas más
dichosas,
en donde tus manos apenas daban avío en mi cuerpo,
y en donde apenas, yo me saciaba en el tuyo.
El tiempo ha pasado desde entonces.
Desde que la jovialidad y la inconsciencia ,
voluntaria y mantenida,
hacían de la locura
nuestra mejor arma para amarnos.
Ahora que la serenidad nos inunda,
ahora que lo que sentimos ha pasado a otra escala,
mi mirar sereno,
busca en tus ojos la afirmación del día siguiente,
de la vida que nos espera,
del mañana indefinido ,
que sin meta,
sin fecha,
sin horas,
tiene todo lo que siempre hemos deseado.
Sin más,
sólo nos teníamos a nosotros entonces,
y sólo nos tenemos a nosotros ahora.
Sin más,
nunca hemos necesitado
ninguna otra cosa.
Nuestra verdad ,
nos hizo iguales en el nacimiento espontáneo de esta
historia,
sabiendo, desde el primer instante,
que habríamos de ser para los dos.
Sin duda alguna,
sin cuestión por en medio,
decidimos mirar siempre de frente,
al horizonte,
y sin mirar atrás,
saber que ésta sería nuestra mejor lucha y la peor de las
batallas,
la que la vida nos otorga ,
en el mismo instante que nos cruza y decide,
que habremos de ser el uno para el otro,
y simplemente ,
dejarnos ir,
viviendo cada día ,
sólo cómo se debe hacer,
como si fuese el
último día.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página