Como niños que se conocen compartiendo juegos,
el exceso de prudencia nos pudo.
Pero la curiosidad,
sabia consejera,
nos empujó a lo inevitable.
Miradas inquietas y evasivas.
Adultos comportándose como adolescentes.
Madurez olvidada por un instante.
Sabor a riesgo en nuestros labios.
Conquistas de terreno.
Espacio reducido al
límite.
Búsqueda de la excusa perfecta para un acercamiento.
Una palabra justa tal vez,
una esporádica pregunta ,
una observación prudente,
cualquier detalle dado por sabido,
una sonrisa.
Queriendo conocer un poco más,
arriesgué todo lo que me quedaba .
Fui a por ti de forma directa.
Mostré mis cartas.
Atrevida y usurpadora,
decidí acoger mi locura,
y sin mediar palabra,
besarte fue mi carta de presentación.
Dulce sensación cogerte por sorpresa,
sin reacción inicial,
y con sentimiento pleno,
sentir tus manos impedir mi huida cuando me retiraba.
Adultos jugando a ser niños.
Eterno juego a dos bandas,
en donde el riesgo , es tu respuesta.
Y tu respuesta, mi deseo.
Y así,
abrazados, observándonos,
preguntábamos a nuestro interior
qué es lo que habíamos hecho.
Pensamos en la edad posible de cada uno,
pero de pronto,
la realidad de aquel instante ,
el que determinábamos con nuestros silencios,
dejó nuestra mente en blanco.
No había espacio para las dudas.
No había tiempo para no vivir ésto.
Como si fuésemos una foto fija,
todo circulaba a nuestro alrededor sin darnos cuenta,
sin querer ver más allá de lo encontrado.
Perdimos la noción del tiempo,
del espacio,
de si había gente,
de si éramos llamados.
Ciegos para todo lo que no fuéramos nosotros.
Sordos para todo lo que no fuese nuestro mundo ,
aquel de palabras sin sentido ,
de encriptaciones con mensajes de locura infinita,
las estrellas
decidieron hacer un corro alrededor nuestro,
y protegernos sin
saber porque.
Y con su llegada,
y la suave manta de la noche ,
tú seguías observándome ,
mientras tus ojos se grababan en mi mente.
Un juego de niños ,
inocentes pero
conscientes,
comenzó ésto,
dando rienda suelta a nuestra imaginación.
Un dejarse llevar ,
sin moneda a cambio ni sorpresas.
Lo que esperaba es lo que encontré,
y por eso,
entregué todo lo que daba ,
y sin detenerme,
sin cuestionarme,
una sonrisa invadió mi cara.
Un juego inocente de dos adultos
que nunca dejaron de ser niños,
donde la curiosidad dio píe a la necesidad .
La necesidad de quererte.
La necesidad de tenerte para siempre.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página