Frágil ,
como las
hojas cayendo en el otoño.
Frágil,
como el
recién nacido en los brazos de su madre.
Frágil,
como la
nieve al caer en nuestros rostros.
Frágil,
como el amor
primero.
Frágil,
como todo
sentimiento que pueden dañar.
Frágil,
como la
mariposa que sólo tarda un día en morir.
Frágil,
como aquel
acorde olvidado.
Frágil,
como el
movimiento de tus manos al rozar mi piel.
Frágil.............
Mirándome a
mí misma en el espejo,
es cuando me
doy cuenta
de lo que he
sido y de lo que soy.
Como un
molusco,
viví
escondida en el caparazón,
en mi
concepto de vida,
con los ojos
cerrados para que nada me dañara,
y los oídos
tapados para que las palabras me ignorasen.
Sin embargo,
la imagen
que de mí vi hace tiempo,
no es la que
se descubre hoy ante mis ojos.
Me sobran
miedos y rencores de tiempos pasados,
carga que
deberé dejar.
Me faltas
tú,
y lo que
contigo conllevas.
Mi fuerza,
aquella que
tardé tanto tiempo en montar,
queda en
nada con tan sólo oir tu nombre.
Mi debilidad
de antaño,
aquella niña
inocente y agradecida ,
ha vuelto a
aparecer,
ante ti.
Mi pureza en
mi alma,
mi
espíritu ,
todo es
tuyo,
rogando a lo
que sea que haya allá arriba,
que me
proteja de tus posibles faltas.
Mi imagen en
el espejo no está completa,
faltas tú.
Ahora ,
soy incapaz
de verme completa.
Te has
convertido en mi punto débil,
en aquello
que todos saben,
aquello que
me duele más que la llama en mi piel,
aquello con
lo que poder hacerme más daño que nada.
Mi imagen en
el espejo,
la que ahora
observo,
es la de una
mujer que creía perdida,
olvidada.
La de la mujer capaz de sentir de nuevo,
mientras
palpo la piel con mis dedos
recordando
tus manos.
La de la
mujer,
cuyo cuerpo
se estremecía ,
y cuya piel
vuelve a erizarse
recordando
tus labios reconociendo el terreno.
Piel ,
que lleva
tus huellas,
las de
tu presencia ,
la del aroma
a tu piel recién levantada
con las
marcas de las sábanas aún,
a la humedad
de aquellas gotas de agua
que no
secaste al ducharte,
al sudor de
tu entrega absoluta ,
en cuerpo y
alma,
a la de la
rosa,
con la que
me acariciaste la noche anterior,
quedando
maltrecha entre nuestras manos al entrelazarlas.
Una imagen,
la mía,
que necesita
de la tuya para seguir viviendo.
Un cuerpo que no es nada sin tus roces.
Una persona,
la mía,
que no sabe
ser sin ti.
Mi punto
débil,
aquello por
lo que merece vivir.
Aquello ,
por lo que
voy muriendo un poco
cada vez que
no te tengo.
Dulce y
lenta agonía,
muerte sin
estruendo,
suave veneno
el de tu cuerpo,
el de tus
adentros,
que saben
hacerse imprescindibles,
y no avisan.
Yo,
frente al
espejo,
me siento
incapaz de ver otra cosa,
que no
sea la imagen de un cadáver.
Un hermoso e
imponente cadáver,
muerto en
vida,
sin ti.
Ana Patricia
Cruz López
(Todos los
derechos reservados)
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