jueves, 2 de julio de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (90)

Frágil ,
como las hojas cayendo en el otoño.
Frágil,
como el recién nacido en los brazos de su madre.
Frágil,
como la nieve al caer en nuestros rostros.
Frágil,
como el amor primero.
Frágil,
como todo sentimiento que pueden dañar.
Frágil,
como la mariposa que sólo tarda un día en morir.
Frágil,
como aquel acorde olvidado.
Frágil,
como el movimiento de tus manos al rozar mi piel.
Frágil.............


Mirándome a mí misma en el espejo,
es cuando me doy cuenta
de lo que he sido y de lo que soy.
Como un molusco,
viví escondida en el caparazón,
en mi concepto de vida,
con los ojos cerrados para que nada me dañara,
y los oídos tapados para que las palabras me ignorasen.

Sin embargo,
la imagen que de mí vi hace tiempo,
no es la que se descubre hoy ante mis ojos.

Me sobran miedos y rencores de tiempos pasados,
carga que deberé dejar.
Me faltas tú,
y lo que contigo conllevas.

Mi fuerza,
aquella que tardé tanto tiempo en montar,
queda en nada con tan sólo oir tu nombre.

Mi debilidad de antaño,
aquella niña inocente y agradecida ,
ha vuelto a aparecer,
ante ti.
Mi pureza en mi alma,
mi espíritu  ,
todo es tuyo,
rogando a lo que sea que haya allá arriba,
que me proteja de tus posibles faltas.

Mi imagen en el espejo no está completa,
faltas tú.
Ahora ,
soy incapaz de verme completa.
Te has convertido en mi punto débil,
en aquello que todos saben,
aquello que me duele más que la llama en mi piel,
aquello con lo que poder hacerme más daño que nada.

Mi imagen en el espejo,
la que ahora observo,
es la de una mujer que creía perdida,
olvidada.
La  de la mujer capaz de sentir de nuevo,
mientras palpo la piel con mis dedos
recordando tus manos.
La de la mujer,
cuyo cuerpo se estremecía ,
y cuya piel vuelve a erizarse
recordando tus labios reconociendo el terreno.
Piel ,
que lleva tus huellas,
las de tu  presencia ,
la del aroma a  tu piel recién levantada
con las marcas de las sábanas aún,
a la humedad de aquellas gotas de agua
que no secaste al ducharte,
al sudor de tu entrega absoluta ,
en cuerpo y alma,
a la de la rosa,
con la que me acariciaste la noche anterior,
quedando maltrecha entre nuestras manos al entrelazarlas.

Una imagen,
la mía,
que necesita de la tuya para seguir viviendo.
Un  cuerpo que no es nada sin tus roces.
Una persona,
la mía,
que no sabe ser sin ti.

Mi punto débil,
aquello por lo que merece vivir.
Aquello ,
por lo que voy  muriendo un poco
cada vez que no te tengo.
Dulce y lenta agonía,
muerte sin estruendo,
suave veneno el de tu cuerpo,
el de tus adentros,
que saben hacerse imprescindibles,
y no avisan.

Yo,
frente al espejo,
me siento incapaz de ver otra cosa,
que no sea  la imagen de un cadáver.
Un hermoso e imponente cadáver,
muerto en vida, 
sin ti.

Ana Patricia Cruz López

(Todos los derechos reservados)

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