Tiempo atrás
, la inseguridad guiaba mi camino.
Tiempo
atrás, prefería dejarme llevar
por la
melodía que otros tocaban,
disfrutando
una aparente seguridad.
Tiempo
atrás, el silencio era mi palabra favorita,
mi única
compañera.
Tiempo
atrás, todos los que me rodeaban,
la sociedad
,
la familia,
el miedo,
decidía por
mí lo que me había de convenir.
Tiempo
atrás, el control sobre mi persona,
ejercido por
quienes se creían con verdades absolutas,
me anuló de
toda capacidad para sentir,
vivir,
respirar.
Aires nuevos
de cambio.
Noches en
mitad del desierto deseado de mi alma.
Sola, en
otra ciudad,
con otra
gente,
en otro
país.
Dejé lo que
me era habitual,
por algo
distinto.
Dejé la
seguridad del control,
por la
inseguridad de lo desconocido.
Y aún así,
nada más
llegar,
ya me noté
libre,
porque
realmente lo era.
Puerta
cerrada a mi vida.
Puerta
abierta a lo que habría de venir.
Mis ojos
comenzaban a observar
y a vivir lo
que la rodeaba.
Ojos que
destacan entre la multitud.
Elección única ,
sin
alternativas.
Aseguramiento
de destino.
Ojos que
devoraban mi alma.
Ojos que
correspondí.
Y sólo
entonces ,
cómo yegua
árabe de pelaje blanco,
cuyas crines
vuelan en libertad ante su galope,
me sentí
correr en mi interior,
buscando
más.
Insaciabilidad provocada,
desentrañada,
por quién
muestra saber lo que quiere.
Por un
desconocido.
Adoración ,
ante el deseo
creciente
por
acariciar su tez blanca.
Mensaje
directo.
No hay
confusión posible.
Tiempo.
Decisión.
Provocación
, revestida con la hermosa
esfinge de un
semental perfecto
de belleza
extrema ,
y sentido
animal a flor de piel.
Escogiendo,
a la que
debía ser suya,
¿Ahora?
¿Siempre?
Ojos
hambrientos .
Conciencia
que aún me restringes.
¿Qué estoy
haciendo?
¡Vivir!
Paso lento,
decidido,
como el
cazador ante su próxima presa.
Cuerpo que
rezuma deseo,
percibido en
el olor de su piel al tocarme.
Pecho que mi
espalda recibía sin negación.
Manos que se
apoderaban de las mías.
Rostros ,
que sólo
eran capaces de encontrarse
en el espejo
que operaba como mudo testigo.
Mil imágenes
vi en sus ojos.
Imágenes de
entrega sin sentido,
sin testigos,
sin
palabras.
Un lenguaje
nítido de dos cuerpos desconocidos,
que parecían
conocerse toda la vida.
Entregada a
este concepto de libertad.
Deseo
irrefrenable.
Sin nadie
que midiera los tiempos.
Sin
descansos opacos.
Decisiones
sin interrogantes.
Cuestiones
sin argumento.
Sensación de
haberme encontrado,
de volver a
ser yo.
Sensación de
que me han encontrado.
Sentimiento
de haberlo encontrado.
Libertad
presa de nuevo,
pero sin
esfuerzo,
se hace
tuya.
precio que a
gusto habré de pagar,
por lo que
me has descubierto.
Libertad
recuperada que cobraste tu precio sin yo darme cuenta.
Tiempo
prestado .
no habrá
regalo ,
no esta vez.
Con una
mirada escogiste,
con una
mirada me lo dijiste todo,
con una
mirada ......
tu adiós
sonaba placentero,
tranquilo.
Maestra que
no perdonas el agravio cometido antaño,
abandonarte
en pro de lo que me decían los demás,
de dejar de
ser yo misma , sin saber cómo.
Lección
aprendida.
Pero , ahora
que te he recuperado,
no me exijas
que cumpla lo que tú misma me impones,
porque mi
corazón seguirá corriendo,
buscando los
nuevos aires nunca disfrutados,
aquellos que
le fueron negados.
Aires , con
los que un ser humano nace,
aires,
que nunca
pueden serte arrebatados.
Libre.
Viva.
Sintiendo.
Libre.
Viva.
Y........
Ana Patricia
Cruz López
(Todos los
derechos reservados)
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