“Necesito abandonarme por completo para seguir adelante.
Necesito no pensar para afrontar mis miedos, mis peores temores.
Necesito creer que este nuevo comienzo merecerá la pena.
Mi nuevo día en mi vida cotidiana, y sin embargo todo será distinto.
En el fondo sé que me haces falta, aunque aún no me haya dado cuenta.
Pero mientras, prefiero seguir ciega.”
CARAS NUEVAS
Siempre se hacía muy extraño comenzar el curso a mitad de semana,
sobre todo porque cuando ésta pasase, el siguiente lunes supondría un volver a
retomar los esfuerzos por coger el nuevo ritmo de nuevo y ello resultaba
siempre duro.
Como cada año, Sarah se encontraba en el centro una hora antes de que
nadie llegase, le gustaba prepararse las clases con tiempo, y este año no iba a
ser una excepción. Ocuparía su tiempo en el Departamento dejando cosas listas
para el resto de semana hasta que , quince minutos antes de que los alumnos llegasen a clase , ella ya se encontraba dentro esperándoles.
Una vez estuvieron todos sentados,
sólo sus murmullos se escuchaban. Ella se levantó de su silla, cogió un
pequeño libro abierto que tenía delante suya debidamente marcado por un pos it
, y se sentó de lado en el filo de la mesa. Los murmullos cesaron y el silencio
se hizo con la sala. Ella , con el libro abierto por donde se encontraba
marcado con una de sus manos, visualizó
la totalidad de los asistentes, y procedió a leer la página que tenía
marcada.
“Nadie conoce los ríos que
manan por nuestro sudor, cuando nos damos las manos.
Mientras tú estás formando tus
palabras, con los labios entreabiertos y la saliva gorgoteándote en las
mejíllas, yo he atravesado media Asia de un salto. Si cogiera tu bastón, a
pesar de que es mediocre, y te abriese un agujerito en el costado, podría recoger
material suficiente para llenar el Museo Británico. Nos detenernos cinco
minutos y devoramos siglos. Eres el tamiz por el que se filtra mi anarquía, y
se transforma en palabras. Tras la palabra está el caos. Cada palabra es una
franja, un barrote, pero no hay ni habrá nunca suficientes barrotes para hacer
la reja.
En mi ausencia han colgado
visillos. Tienen el aspecto de manteles tiroleses remojados en desinfectante.
La habitación centellea. Me siento en la cama aturdido, pensando en el hombre
antes de su nacimiento. De repente, empiezan a doblar campanas, una música
extraña, sobrenatural, como si me hubieran transportado a las estepas de Asia
central. Unas resuenan con un redoble largo, persistente, otras irrumpen con
acentos embriagados y llorosos. Y ahora ha vuelto el silencio, excepto una
última nota que apenas roza el silencio de la noche: un simple tantán tenue y
agudo que se extingue como una llama”.
Mientras ella leía lenta y entonadamente aquel párrafo, y procedía a
pasar la hoja hacia la otra marca situada en el libro, en aquél pasillo
solitario de acceso a las aulas sólo un alma circulaba por ellos. Alguien que despistado, buscaba una dependencia concreta y que sin
encontrar a nadie a quién preguntarle,
sus pies le habían deparado allí.
Al pasar justo por delante de la puerta del aula donde ella se
encontraba impartiendo clase, oyó leer aquel párrafo y no pudo evitar detenerse. La puerta se encontraba medio
abierta , tiró de ella muy despacio,
decidió asomarse, y con mucho cuidado, sin hacer ruido, accedió a la clase ,
cerró la puerta y se sentó en la última fila , en el asiento junto
a una de las dos escaleras de acceso.
Sarah, procedió a leer el segundo párrafo preparado para esa mañana.
“Lo malo de Irene es que tiene
una maleta en lugar de un coño”.- levantó la vista por un instante y lanzó una
visual para observar las caras de quienes se suponía que iban a ser sus alumnos
durante los dos siguientes semestres, y entre ellos, alguien sentado al final de la escalera le
llamó la atención, bajó la vista y prosiguió con la lectura- “Quiere cartas voluminosas para embutirlas en
su maleta. Inmensas, avec des choses inouïes. En cambio, Llona sí que tenía un
coño”- y demostrando que el texto no le era ajeno, continuó leyendo en alto sin fijarse en las
páginas , sino centrando por un instante su atención en aquel sujeto con pinta
curioso que parecía mostrar interés por la lectura, para volver a centrarse en el color pálido del papel- “
Lo sé porque nos envió unos cuantos pelos de ahí abajo. Llona: un asno salvaje
que olfateaba el placer en el aire. En todas las colinas alias hacía de puta...
y a veces en las cabinas telefónicas y en los retretes. Compró una cama para su
rey Carol y un cubilete de afeitarse con sus iniciales. Se tumbó en Tottenham
Court Road”- volvió a elevar la vista, y tras la cara expectante de sus
alumnos, el gesto de aquel individuo, al
que pese a no poder ver con detalle por la distancia, si le pareció tener
un aspecto lejos de parecer un alumno, mostrando éste un sumo interés por el énfasis de la voz con la que leía Sarah el
texto- “ con el vestido levantado y se acarició con el dedo. Usaba velas,
candelas romanas y pomos de puerta. En todo el país no había una picha bastante
grande para ella... ni una. Los hombres la penetraban y se encogían. Necesitaba
pichas extensibles, cohetes de los que explotan automáticamente, aceite
hirviendo compuesto de cera y creosota.
Si se lo hubieras permitido, te
habría cortado la picha y se la habría guardado dentro para siempre. ¡Un coño
único de entre un millón, el de Llona! Un coño de laboratorio, y no había papel
de tornasol que pudiera tomar su color. También era una mentira, aquella Llona.
Nunca compró una cama a su rey
Carol. Lo coronó con una botella de whisky, y su lengua estaba llena de piojos
y de mañanas. Pobre Carol, lo único que podía hacer era encogerse dentro de
ella y morir. Respiraba ella y él caía afuera... como una almeja muerta.”(
Trópico de Cáncer, Henry Valentine Miller)
Una vez hubo terminado, cerró el libro, lo dejó encima de la mesa y se
dirigió a los asistentes.
-Sarah: ¿Alguien puede decirme de quién es?
Observó la totalidad del auditorio, incluyendo al tipo con mirada
interesante del final de la escalera, cuando algo la distrajo de su punto de
atención principal, la mano levantada de un alumno que la sorprendió por el
rabillo del ojo a su derecha.
-Sarah: ¿Sí?
-Alumno: No parecen del mismo autor. Ni siquiera por el estilo.
Volviendo a centrar su atención en el individuo, sólo volvió a la
realidad tras ponerse en pie y dirigirse hacia el lado del aula donde se
encontraba dicho alumno.
-Sarah: Lo parece, pero lo es. Henry Miller ¿Alguien no ha oído hablar
de él?
Un murmullo se hizo con el aforo de pronto.
Mientras ella más nerviosa se
ponía al sentirse observada fijamente por aquel sujeto, que por su edad y aspecto pareciera un alumno , pero que tenía algo
familiar que no lograba encajar en su cabeza. Aquel sujeto, de pronto,
sintiéndose cómodo con el espectáculo mostrado antes sus ojos, decidió ocultar
sus gestos apoyando una de sus manos en su boca , encima del otro brazo que le
cruzaba el pecho, y que había decidido adoptar una especie de postura de tensa
atención a la expectativa. Sarah, por un momento, pensó que podría tratarse de
uno de esos inspectores que solía enviar la Junta Rectora, pero decidió ignorar
esas ideas que la rondaban.
Ante la nula respuesta de los presentes, Sarah decidió continuar.
-Sarah: Henry Valentine Miller, escritor estadounidense nacido en Nueva York el 26 de diciembre de 1891 y
fallecido en Los Ángeles,
California, el 7 de junio de 1980 . Su obra se compone básicamente de novelas
semiautobiográficas. Controvertido en el seno del más estricto puritanismo
americano por su tono crudo, sensual y sin tapujos, lejos de asustarse o acobardarse, Miller
comenzó a denunciar la hipocresía moral
de la sociedad norteamericana, criticando de paso el devenir de la existencia
humana, desnudando su cinismo y múltiples contradicciones. Fue altamente censurado por su estilo y contenido
provocativo y rebelde para la época
y sus obras influyeron
notablemente en la llamada Generación Beat.
En 1931, Miller obtiene su primer empleo como corrector de estilo en
el periódico Chicago Tribune, gracias a un amigo suyo Alfred Perlès ( miembro
del equipo editorial), usando su
apellido como pseudónimo para poder publicar artículos. Será en ese año, cuando escriba – vuelve a
coger el libro- este libro : Trópico de
Cáncer, publicado gracias al apoyo de su amiga y amante, la también escritora
Anaïs Nin, en 1934.
Desgraciadamente incomprendido, ese fue el comienzo de una auténtica persecución por
obscenidad, dadas las estrictas y más que falsas leyes sobre pornografía que
imperaban en aquella época, llegando a estar censurada en nuestro país hasta que recientemente, más exactamente en
1961, logra publicarlo, de tapadillo , con la portada de Jane Eyre , la obra de Bronté.
Volvió a sentarse en el filo de la mesa, dejando de nuevo el libro en ella, y sin quitarle la vista al
misterioso sujeto , prosiguió su presentación.
-Sarah: Bien caballeros y señoritas de supuesta alta preparación y
cultura que desean abrir sus mentes a la consecución de objetivos más que
inestimables, para aquellos que aún no me conozcan éste ha sido , sin duda, el
mejor bautismo de fuego que se puede ofrecer entre estas paredes. Mi nombre es
Sarah Mcbridge , esto que acaban ustedes de presenciar , sólo es una pequeña
muestra de lo que constituye uno de los programas más ambiciosos de literatura
americana y comparada, que ninguna otra
universidad ni facultad de Artes y Humanidades podrá proporcionarles, y lo que
acaban de escuchar, sólo un ejemplo de mi más que afamada y supuesta
antipragmática forma de impartir clase. Mis métodos no son muy teóricos , soy
demasiado didáctica y antisistema según la junta rectora, pero dados los
resultados obtenidos y que si ustedes son lo suficientemente hábiles podrán
comprobar, saliendo de aquí al cabo de
los cuatro años , con los conocimientos literarios suficientes que ya ustedes se encargarán de utilizar como bien
les venga en gana, nadie hasta ahora ha tenido las narices suficientes para
echarme o decirme que lo haga de otra forma.
Por lo demás, les recuerdo que tienen quince días para cambiar sus
matrículas en caso de que mis clases o mi programa para esta asignatura choque
con sus creencias religiosas y /o morales, que lejos de importarme , he de confesarles, que mis verdaderos
intereses y preocupaciones es prepararles lo mejor posible dando lo que sé , y
lo que llevo impartiendo hace más de diez años. Ahora bien, también entenderé
que esta clase se diezme considerablemente en los próximos días, en cuyo
caso, sólo me falta decirles a aquellos
que opten por esta opción, que fue un placer corto conocerles y que por supuesto
, ustedes se lo pierden. Bien, les espero mañana por la mañana a la misma hora
y en el mismo sitio.
Y con el levantamiento y marcha progresiva de los alumnos , el
murmullo volvía para mezclarse con el sonido de los pasos a través de los
escalones de piedra . Sarah se quedó un instante recogiendo todo, y justo
cuando se dio la vuelta para subir y salir del aula, al fijarse en el sitio
donde estaba sentado el desconocido ,éste había desaparecido.
Al salir, mientras cerraba la
puerta, comprobó que el pasillo se encontraba tan fantasmalmente solitario, que pareciera imposible que allí en las aulas
hubiera gente y que las clases hubieran comenzado.
Mientras cerraba con llave,
sintió las presencia de alguien cruzarse
a su espalda.
Ladeó su cabeza hacia la izquierda , y pudo comprobar que era él.
-Sarah: ¡Disculpe!
El sujeto en cuestión paró en seco su paso, giró medio cuerpo, y tras mirarla con gesto cínico y medio
sonriente, terminó de darse la vuelta.
Ahora que la distancia era mucho menor , sí tenía claridad sobre su
aspecto. Más alto de lo que parecía a priori, rubio con pelo corto , tez muy
blanca y ojos claros.
Sarah se acercó a él deduciendo
, que por su porte y excesiva
corrección no parecía ser de allí.
-Sarah: Disculpe, no está permitido acudir de oyente sin una
autorización de la Rectoría.
-Steve: Lo siento, me encontraba buscando la Secretaría y al pasar ,
la puerta estaba medio abierta, la
escuché, y no pude evitar entrar.
Sarah nunca había sido buena en la identificación de acentos, pero
efectivamente aquel individuo no era de allí, casi pareciera extranjero aunque
con un inglés muy perfecto y modulado. Podría ser británico pensó por un
instante. Aunque le pareció todo un contraste, correcto en las formas pero
demasiado penetrante en las miradas con sus ojos azul verdosos según le
oscilase la luz de las ventanas en la cara.
Ella no recordaba , en los tres meses
que estuvo viviendo en Londres, que los ingleses fueran así, nunca
habían resultado tan aparentemente cercanos por muy correctos que se mostrasen.
-Sarah: ¿La Secretaría? Siga este pasillo hasta el fondo, baje los dos
pisos y la primera puerta que encuentre a la derecha es la Secretaría .
- Steve: Muchas gracias.
Y siguiendo sus indicaciones,
comenzó a andar mientras Sarah le observaba, sorprendiéndose de que a
mitad de camino aún decidiese hacer la última palabra suya.
-Steve: Por cierto, curiosa lectura escogida, brillante elección.
Y giró su cabeza hacia detrás mientras continuaba caminando , con
aquella sonrisa casi maquiavélica en su cara. Un rostro marcado por líneas
angulosas y marcadas, y sus ojos
verdiazules de profunda y sobrecogedora mirada que parecían desnudar el alma, y
cogerte desprotegida usases lo que usases para defenderte.
Después de pasar por el despacho del Departamento para dejar las cosas, debía pasar por el de Freddy (el Rector). Necesitaba la
confirmación sellada de su programa para
ese año.
Alice no necesitó anunciarla, nada más verla , le dijo que entrara porque Freddy la estaba
esperando.
-Sarah: Bien, ¿dónde está?
Freddy se encontraba con el semblante
más serio que de costumbre.
-Freddy: Sarah, siéntate por favor.
Sarah se sentó en una de las dos sillas que se situaban delante de ella con la preocupación latente de lo que podía
ser una incipiente situación bastante incómoda.
-Freddy: ¿Desde cuándo hace que no hablas con tu editor?
- Sarah:- relajó sus hombros- ¿A qué viene eso?
- Freddy: A que he recibido más
de siete llamadas insistentes en dos días , que hasta mi mujer se ha mosqueado
conmigo porque pensaba que le era infiel , menos mal que ha visto el
nombre. Dice que no le coges el teléfono
hace semanas, que no sabe si estás bien o mal, que no cumples los plazos de
entrega hace meses y que ya no sabe qué hacer. Hasta se atrevió a acusarme de explotarte con las clases y de
no dejarte cumplir con tus otras obligaciones.
- Sarah: Freddy… - él la interrumpió-.
-Freddy: Sarah, no sé en qué
andas metida, ni tampoco me importa,
salvo que se trate de complicaciones y ya sabes a qué me refiero, pero
no puedo seguir cubriéndote aquí con él si no das la cara y lo resuelves.
- Sarah: Hablaré con él en cuanto pueda.
Freddy se puso muy serio y enfadado.
-Freddy: No, lo solucionarás hoy mismo, hablarás con él nada más salir
por esa puerta , porque como reciba una sola llamada más de él en esos términos
, vamos a tener un serio problema tú y yo.
Sarah , resignada y nerviosa con mil cosas en la cabeza, se levantó
agitadamente de la silla.
-Sarah: Está bien Freddy , lo arreglaré , ahora mismo , ¿tienes mi programación sellada
por favor?
Freddy se la entregó, y antes de soltarla de su mano, mientras ella la sostenía, volvió a
recordarle el marco temporal.
-Freddy: Hoy Sarah. Espero no tener que hablar más del tema.
Ella cogió su planificación ,y aturdida , entre el enfado sordo que
llevaba interiormente consigo misma y con los demás , abrió bruscamente la puerta del despacho, y sin mirar atrás, sino al suelo, salió de la Rectoría tropezando bruscamente con alguien y
cayéndosele todo lo que llevaba encima.
-Sarah: ¡Mierda!
Se puso a recoger todo , y sólo se dio cuenta de que alguien más se
encontraba allí cuando vio cruzarse otras manos delante de sus ojos . Levantó
la mirada y era él, el oyente de su aula, el joven que buscaba la Secretaría
aunque fuera como excusa, y que tal y como se había marchado, sonriendo, así se
le apareció de nuevo. Sonriendo y con aquellos penetrantes y desarmantes ojos
azules.
-Sarah: ¡Tú!
-Steve: Lo siento, pero no me dio tiempo a apartarme.
Ella devolvió su vista hacia sus papeles desperdigados por todo el
suelo.
-Sarah: ¿Todavía estás buscando la Secretaría? Porque esto es el
Rectorado de la Facultad.
En ese instante, llamado por el bullicio en la puerta, Freddy salió al
pasillo y fue a dar con ellos. Su rostro pareció iluminarse de pronto.
-Freddy: Vaya vaya , que suerte.
-Sarah: - en voz muy baja- Dependiendo de para quién.
Steve la miró, porque a
diferencia de los demás , él si la había escuchado, y no pudo evitar reírse.
-Freddy: ¿Decías algo querida?
Sarah continuaba recogiendo sus cosas con ayuda de Steve, y justo
cuando quedaba una única carpeta , ambos coincidieron a cogerla al mismo
tiempo. Steve la soltó para que ella pudiera unirla a las demás, y ambos se
incorporaron.
-Sarah: Nada Freddy.
-Freddy: Estupendo pues, estupendo que estéis los dos aquí , así
aprovecho para presentaros . Sarah éste es Steve Lowell- se dirigió a Steve- y
ella es – lo interrumpió él…
- Steve: Sarah McBridge.
Sarah no salía de su asombro, y siendo tan expresiva como siempre era,
se le notaba en su rostro cuando se le quedó mirando con la boca semiabierta.
-Sarah: ¡Steve Lowell!
-Steve: Es un enorme placer conocerla personalmente Doctora McBridge.
Él le extendió la mano, pero
ella sólo lo miró casi despreciativamente,
y mirando a Freddy, se fue del
despacho a paso presto bastante ofuscada, casi empujando al que se convertiría
en su compañero de departamento, el cual , sentía en sus adentros una mezcla de
sorpresa y perspicaz sensación de encontrarse en medio de una situación no
deseada.
Ana Patricia Cruz López
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