martes, 28 de julio de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO SEGUNDO . CARAS NUEVAS . (REGISTRADO EN SAFE CREATIVE EN JUNIO 2015)


CAPITULO SEGUNDO
UNIV. COLUMBIA


“Necesito abandonarme por completo para seguir adelante.
Necesito no pensar para afrontar mis miedos, mis peores temores.
Necesito creer que este nuevo comienzo merecerá la pena.
Mi nuevo día en mi vida cotidiana, y sin embargo todo será distinto.
En el fondo sé que me haces falta, aunque aún no me haya dado cuenta.
Pero mientras, prefiero seguir ciega.”


CARAS NUEVAS

Siempre se hacía muy extraño comenzar el curso a mitad de semana, sobre todo porque cuando ésta pasase, el siguiente lunes supondría un volver a retomar los esfuerzos por coger el nuevo ritmo de nuevo y ello resultaba siempre duro.

Como cada año, Sarah se encontraba en el centro una hora antes de que nadie llegase, le gustaba prepararse las clases con tiempo, y este año no iba a ser una excepción. Ocuparía su tiempo en el Departamento dejando cosas listas para el resto de semana hasta que , quince minutos antes  de que los alumnos llegasen a clase ,  ella ya se encontraba dentro esperándoles.

Una vez estuvieron todos sentados,   sólo sus murmullos se escuchaban. Ella se levantó de su silla, cogió un pequeño libro abierto que tenía delante suya debidamente marcado por un pos it , y se sentó de lado en el filo de la mesa. Los murmullos cesaron y el silencio se hizo con la sala. Ella , con el libro abierto por donde se encontraba marcado con una de sus manos, visualizó  la totalidad de los asistentes, y procedió a leer la página que tenía marcada.

“Nadie conoce los ríos que manan por nuestro sudor, cuando nos damos las manos.
Mientras tú estás formando tus palabras, con los labios entreabiertos y la saliva gorgoteándote en las mejíllas, yo he atravesado media Asia de un salto. Si cogiera tu bastón, a pesar de que es mediocre, y te abriese un agujerito en el costado, podría recoger material suficiente para llenar el Museo Británico. Nos detenernos cinco minutos y devoramos siglos. Eres el tamiz por el que se filtra mi anarquía, y se transforma en palabras. Tras la palabra está el caos. Cada palabra es una franja, un barrote, pero no hay ni habrá nunca suficientes barrotes para hacer la reja.
En mi ausencia han colgado visillos. Tienen el aspecto de manteles tiroleses remojados en desinfectante. La habitación centellea. Me siento en la cama aturdido, pensando en el hombre antes de su nacimiento. De repente, empiezan a doblar campanas, una música extraña, sobrenatural, como si me hubieran transportado a las estepas de Asia central. Unas resuenan con un redoble largo, persistente, otras irrumpen con acentos embriagados y llorosos. Y ahora ha vuelto el silencio, excepto una última nota que apenas roza el silencio de la noche: un simple tantán tenue y agudo que se extingue como una llama”.

Mientras ella leía lenta y entonadamente aquel párrafo, y procedía a pasar la hoja hacia la otra marca situada en el libro, en aquél pasillo solitario de acceso a las aulas sólo un alma circulaba por ellos.  Alguien que despistado,  buscaba una dependencia concreta y que sin encontrar a nadie a quién preguntarle,  sus pies le habían deparado allí.
Al pasar justo por delante de la puerta del aula donde ella se encontraba impartiendo clase, oyó leer aquel párrafo y no pudo evitar  detenerse. La puerta se encontraba medio abierta , tiró de ella  muy despacio, decidió asomarse, y con mucho cuidado, sin hacer ruido, accedió a la clase , cerró la puerta y se sentó en la última fila , en el asiento  junto  a una de las dos escaleras de acceso.

Sarah, procedió a leer el segundo párrafo preparado para esa mañana.

“Lo malo de Irene es que tiene una maleta en lugar de un coño”.- levantó la vista por un instante y lanzó una visual para observar las caras de quienes se suponía que iban a ser sus alumnos durante los dos siguientes semestres, y entre ellos,  alguien sentado al final de la escalera le llamó la atención, bajó la vista y prosiguió con la lectura-  “Quiere cartas voluminosas para embutirlas en su maleta. Inmensas, avec des choses inouïes. En cambio, Llona sí que tenía un coño”- y demostrando que el texto no le era ajeno,  continuó leyendo en alto sin fijarse en las páginas , sino centrando por un instante su atención en aquel sujeto con pinta curioso que parecía mostrar interés por la lectura, para volver  a centrarse en el color pálido del papel- “ Lo sé porque nos envió unos cuantos pelos de ahí abajo. Llona: un asno salvaje que olfateaba el placer en el aire. En todas las colinas alias hacía de puta... y a veces en las cabinas telefónicas y en los retretes. Compró una cama para su rey Carol y un cubilete de afeitarse con sus iniciales. Se tumbó en Tottenham Court Road”- volvió a elevar la vista, y tras la cara expectante de sus alumnos, el gesto de aquel individuo,  al que pese a no poder ver con detalle por la distancia, si le pareció tener un  aspecto  lejos de parecer un alumno,  mostrando éste un sumo interés por  el énfasis de la voz con la que leía Sarah el texto- “ con el vestido levantado y se acarició con el dedo. Usaba velas, candelas romanas y pomos de puerta. En todo el país no había una picha bastante grande para ella... ni una. Los hombres la penetraban y se encogían. Necesitaba pichas extensibles, cohetes de los que explotan automáticamente, aceite hirviendo compuesto de cera y creosota.
Si se lo hubieras permitido, te habría cortado la picha y se la habría guardado dentro para siempre. ¡Un coño único de entre un millón, el de Llona! Un coño de laboratorio, y no había papel de tornasol que pudiera tomar su color. También era una mentira, aquella Llona.
Nunca compró una cama a su rey Carol. Lo coronó con una botella de whisky, y su lengua estaba llena de piojos y de mañanas. Pobre Carol, lo único que podía hacer era encogerse dentro de ella y morir. Respiraba ella y él caía afuera... como una almeja muerta.”( Trópico de Cáncer, Henry Valentine Miller)

Una vez hubo terminado, cerró el libro, lo dejó encima de la mesa y se dirigió a los asistentes.

-Sarah: ¿Alguien puede decirme de quién es?

Observó la totalidad del auditorio, incluyendo al tipo con mirada interesante del final de la escalera, cuando algo la distrajo de su punto de atención principal, la mano levantada de un alumno que la sorprendió por el rabillo del ojo a su  derecha.

-Sarah: ¿Sí?
-Alumno: No parecen del mismo autor. Ni siquiera por el estilo.

Volviendo a centrar su atención en el individuo, sólo volvió a la realidad tras ponerse en pie y dirigirse hacia el lado del aula donde se encontraba dicho alumno.

-Sarah: Lo parece, pero lo es. Henry Miller ¿Alguien no ha oído hablar de él?

Un murmullo se hizo con el aforo de pronto.
Mientras ella  más nerviosa se ponía al sentirse observada fijamente por aquel sujeto,  que por su edad y aspecto  pareciera un alumno , pero que tenía algo familiar que no lograba encajar en su cabeza. Aquel sujeto, de pronto, sintiéndose cómodo con el espectáculo mostrado antes sus ojos, decidió ocultar sus gestos apoyando una de sus manos en su boca , encima del otro brazo que le cruzaba el pecho, y que había decidido adoptar una especie de postura de tensa atención a la expectativa. Sarah, por un momento, pensó que podría tratarse de uno de esos inspectores que solía enviar la Junta Rectora, pero decidió ignorar esas ideas que la rondaban.

Ante la nula respuesta de los presentes, Sarah decidió continuar.

-Sarah: Henry Valentine Miller, escritor estadounidense nacido en  Nueva York el 26 de diciembre de 1891  y  fallecido en  Los Ángeles, California, el 7 de junio de 1980 . Su obra se compone básicamente de novelas semiautobiográficas. Controvertido en el seno del más estricto puritanismo americano por su tono crudo, sensual y sin tapujos,  lejos de asustarse o acobardarse, Miller comenzó a denunciar  la hipocresía moral de la sociedad norteamericana, criticando de paso el devenir de la existencia humana, desnudando su cinismo y múltiples contradicciones. Fue altamente  censurado por su estilo y contenido provocativo y rebelde para la época  y   sus obras influyeron notablemente en la llamada Generación Beat.
En 1931, Miller obtiene su primer empleo como corrector de estilo en el periódico Chicago Tribune, gracias a un amigo suyo Alfred Perlès ( miembro del equipo editorial),  usando su apellido como pseudónimo para poder publicar artículos.  Será en ese año, cuando escriba – vuelve a coger el libro- este libro :  Trópico de Cáncer, publicado gracias al apoyo de su amiga y amante, la también escritora Anaïs Nin, en 1934.
Desgraciadamente incomprendido, ese fue el comienzo  de una auténtica persecución por obscenidad,  dadas las estrictas y   más que falsas leyes sobre pornografía que imperaban en aquella época, llegando a estar censurada en nuestro país  hasta que recientemente, más exactamente en 1961, logra publicarlo, de tapadillo , con la portada de Jane Eyre  , la obra de Bronté.

Volvió a sentarse en el filo de la mesa, dejando de nuevo  el libro en ella, y sin quitarle la vista al misterioso sujeto , prosiguió su presentación.

-Sarah: Bien caballeros y señoritas de supuesta alta preparación y cultura que desean abrir sus mentes a la consecución de objetivos más que inestimables, para aquellos que aún no me conozcan éste ha sido , sin duda, el mejor bautismo de fuego que se puede ofrecer entre estas paredes. Mi nombre es Sarah Mcbridge , esto que acaban ustedes de presenciar , sólo es una pequeña muestra de lo que constituye uno de los programas más ambiciosos de literatura americana y comparada,  que ninguna otra universidad ni facultad de Artes y Humanidades podrá proporcionarles, y lo que acaban de escuchar, sólo un ejemplo de mi más que afamada y supuesta antipragmática forma de impartir clase. Mis métodos no son muy teóricos , soy demasiado didáctica y antisistema según la junta rectora, pero dados los resultados obtenidos y que si ustedes son lo suficientemente hábiles podrán comprobar,  saliendo de aquí al cabo de los cuatro años , con los conocimientos literarios suficientes que  ya ustedes se encargarán de utilizar como bien les venga en gana, nadie hasta ahora ha tenido las narices suficientes para echarme o decirme que lo haga de otra forma.  Por lo demás, les recuerdo que tienen quince días para cambiar sus matrículas en caso de que mis clases o mi programa para esta asignatura choque con sus creencias religiosas y /o morales, que lejos de importarme ,  he de confesarles, que mis verdaderos intereses y preocupaciones es prepararles lo mejor posible dando lo que sé , y lo que llevo impartiendo hace más de diez años. Ahora bien, también entenderé que esta clase se diezme considerablemente en los próximos días, en cuyo caso,  sólo me falta decirles a aquellos que opten por esta opción, que fue un placer corto conocerles y que por supuesto , ustedes se lo pierden. Bien, les espero mañana por la mañana a la misma hora y en el mismo sitio.

Y con el levantamiento y marcha progresiva de los alumnos , el murmullo volvía para mezclarse con el sonido de los pasos a través de los escalones de piedra . Sarah se quedó un instante recogiendo todo, y justo cuando se dio la vuelta para subir y salir del aula, al fijarse en el sitio donde estaba sentado el desconocido ,éste había desaparecido.
Al salir,  mientras cerraba la puerta, comprobó que el pasillo se encontraba tan fantasmalmente solitario,  que pareciera imposible que allí en las aulas hubiera gente y que las clases hubieran comenzado.
Mientras cerraba con llave,  sintió las presencia de alguien cruzarse  a su espalda.
Ladeó su cabeza hacia la izquierda , y pudo comprobar que era él.

-Sarah: ¡Disculpe!

El sujeto en cuestión paró en seco su paso, giró medio cuerpo,  y tras mirarla con gesto cínico y medio sonriente, terminó de darse la vuelta.
Ahora que la distancia era mucho menor , sí tenía claridad sobre su aspecto. Más alto de lo que parecía a priori, rubio con pelo corto , tez muy blanca y ojos claros.
Sarah se acercó a él  deduciendo ,   que por su porte y excesiva corrección no parecía ser de allí.

-Sarah: Disculpe, no está permitido acudir de oyente sin una autorización de la Rectoría.
-Steve: Lo siento, me encontraba buscando la Secretaría y al pasar , la puerta estaba medio abierta,  la escuché, y no pude evitar entrar.

Sarah nunca había sido buena en la identificación de acentos, pero efectivamente aquel individuo no era de allí, casi pareciera extranjero aunque con un inglés muy perfecto y modulado. Podría ser británico pensó por un instante. Aunque le pareció todo un contraste, correcto en las formas pero demasiado penetrante en las miradas con sus ojos azul verdosos según le oscilase la luz de las ventanas en la cara.
Ella no recordaba , en los tres meses  que estuvo viviendo en Londres, que los ingleses fueran así, nunca habían resultado tan aparentemente cercanos por muy correctos que se mostrasen.

-Sarah: ¿La Secretaría? Siga este pasillo hasta el fondo, baje los dos pisos y la primera puerta que encuentre a la derecha es la Secretaría .
- Steve: Muchas gracias.

Y siguiendo sus indicaciones,  comenzó a andar mientras Sarah le observaba, sorprendiéndose de que a mitad de camino aún decidiese hacer la última palabra suya.

-Steve: Por cierto, curiosa lectura escogida, brillante elección.

Y giró su cabeza hacia detrás mientras continuaba caminando , con aquella sonrisa casi maquiavélica en su cara. Un rostro marcado por líneas angulosas y marcadas, y sus  ojos verdiazules de profunda y sobrecogedora mirada que parecían desnudar el alma, y cogerte desprotegida usases lo que usases para defenderte.

Después de pasar por el despacho del Departamento  para dejar las cosas, debía pasar por el  de Freddy (el Rector). Necesitaba la confirmación sellada de su programa  para ese año.
Alice no necesitó anunciarla, nada más verla ,  le dijo que entrara porque Freddy la estaba esperando.

-Sarah: Bien, ¿dónde está?

Freddy se encontraba con el semblante  más serio que de costumbre.

-Freddy: Sarah, siéntate por favor.
Sarah se sentó en una de las dos sillas  que se situaban delante de ella  con la preocupación latente de lo que podía ser una incipiente situación bastante incómoda.

-Freddy: ¿Desde cuándo hace que no hablas con tu editor?
- Sarah:- relajó sus hombros- ¿A qué viene eso?
- Freddy:  A que he recibido más de siete llamadas insistentes en dos días , que hasta mi mujer se ha mosqueado conmigo porque pensaba que le era infiel , menos mal que ha visto el nombre.  Dice que no le coges el teléfono hace semanas, que no sabe si estás bien o mal, que no cumples los plazos de entrega hace meses y que ya no sabe qué hacer. Hasta se atrevió a   acusarme de explotarte con las clases y de no dejarte cumplir con tus otras obligaciones.
- Sarah: Freddy… - él la interrumpió-.
-Freddy:  Sarah, no sé en qué andas metida, ni tampoco me importa,  salvo que se trate de complicaciones y ya sabes a qué me refiero, pero no puedo seguir cubriéndote aquí con él si no das la cara y lo resuelves.
- Sarah: Hablaré con él en cuanto pueda.

Freddy se puso muy serio y enfadado.

-Freddy: No, lo solucionarás hoy mismo, hablarás con él nada más salir por esa puerta , porque como reciba una sola llamada más de él en esos términos , vamos a tener un serio problema tú y yo.

Sarah , resignada y nerviosa con mil cosas en la cabeza, se levantó agitadamente de la silla.

-Sarah: Está bien Freddy , lo arreglaré ,  ahora mismo , ¿tienes mi programación sellada por favor?

Freddy se la entregó, y antes de soltarla de su mano,  mientras ella la sostenía, volvió a recordarle el marco temporal.

-Freddy: Hoy Sarah. Espero no tener que hablar más del tema.

Ella cogió su planificación ,y aturdida , entre el enfado sordo que llevaba interiormente consigo misma y con los demás , abrió  bruscamente la puerta del despacho,  y sin mirar atrás,  sino al suelo, salió de la Rectoría  tropezando bruscamente con alguien y cayéndosele todo lo que llevaba encima.

-Sarah: ¡Mierda!

Se puso a recoger todo , y sólo se dio cuenta de que alguien más se encontraba allí cuando vio cruzarse otras manos delante de sus ojos . Levantó la mirada y era él, el oyente de su aula, el joven que buscaba la Secretaría aunque fuera como excusa, y que tal y como se había marchado, sonriendo, así se le apareció de nuevo. Sonriendo y con aquellos penetrantes y desarmantes ojos azules.

-Sarah: ¡Tú!
-Steve: Lo siento, pero no me dio tiempo a apartarme.

Ella devolvió su vista hacia sus papeles desperdigados por todo el suelo.

-Sarah: ¿Todavía estás buscando la Secretaría? Porque esto es el Rectorado de la Facultad.

En ese instante, llamado por el bullicio en la puerta, Freddy salió al pasillo y fue a dar con ellos. Su rostro pareció iluminarse de pronto.

-Freddy: Vaya vaya , que suerte.
-Sarah: - en voz muy baja- Dependiendo de para quién.

Steve la miró,  porque a diferencia de los demás , él si la había escuchado,  y no pudo evitar reírse.

-Freddy: ¿Decías algo querida?

Sarah continuaba recogiendo sus cosas con ayuda de Steve, y justo cuando quedaba una única carpeta , ambos coincidieron a cogerla al mismo tiempo. Steve la soltó para que ella pudiera unirla a las demás, y ambos se incorporaron.

-Sarah:  Nada Freddy.
-Freddy: Estupendo pues, estupendo que estéis los dos aquí , así aprovecho para presentaros . Sarah éste es Steve Lowell- se dirigió a Steve- y ella es – lo interrumpió él…
- Steve: Sarah McBridge.

Sarah no salía de su asombro, y siendo tan expresiva como siempre era, se le notaba en su rostro cuando se le quedó mirando con la boca semiabierta.

-Sarah: ¡Steve Lowell!
-Steve: Es un enorme placer conocerla personalmente Doctora McBridge.


Él le extendió la mano,  pero ella sólo lo miró casi despreciativamente,  y mirando a Freddy,  se fue del despacho a paso presto bastante ofuscada, casi empujando al que se convertiría en su compañero de departamento, el cual , sentía en sus adentros una mezcla de sorpresa y perspicaz sensación de encontrarse en medio de una situación no deseada.

Ana Patricia Cruz López
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