sábado, 15 de agosto de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya (130)

Suave piel que guardas un secreto, una intención.
Leve roce que te trae imágenes a tu cabeza.
Tiempos en que la felicidad se medía de otra manera,
en que una sonrisa valía más  que mil palabras,
en que una caricia no tenía porque llevar a nada más.

Añoranza de sentimientos inocentes que no vuelven.
El tiempo hace que nosotros cambiemos,
que nuestros sueños sean de otra forma.
Que nuestras intenciones se  compliquen,
que ya no nos conformemos con creer que todo es invulnerable.


Piel que ya no responde con la misma sutileza.
Alma oscura que lleva el viento ,
trayendo necesidades más salvajes,
insaciabilidad animal.

Te volviste inconformista,
exigente.
Tu lucha cambió.
Ya no querías las mismas cosas,
ni de la acostumbrada y manida habitualidad.

El tono , simplemente cambió.
Tu tono de voz se volvió ronco.
Tus oídos infranqueables a la palabra amor.
Frialdad en tu corazón.
Sin alma .

Y aún yo,
sola,
me pregunto qué fue lo que sucedió.
De ofrecerme el mundo,
pasaste a no soportar si quiera mi presencia
si no era bajo tus condiciones.
Media parte de ti , en mí siempre permaneció,
pero ser tu esclava no entraba en mis planes.
Cordialidad vendida por algo tuyo sin cerebro,
algo meramente fálico en que la entrega desaparecía
para dar paso a un acto nada más.

Nunca fuiste un hombre corriente,
y lo supe desde el primer día que te vi.
Inconsciente me volvió tu locura.
Pasé el umbral de la irracionalidad y te creí.
Cruce mis propios límites cayendo en tu trampa.
Me tentaste  como delicioso demonio.
Probé mi aguante a tu situación,
a tu nuevo mundo.

Resistencia resquebrajada cada día que pasaba.
Tus miradas sin fin,
un mensaje que no me llevaban a otro lado.
Ganas de gritar en mi interior,
chillar tu nombre para que volvieras a ser el que un día me hizo perder la cabeza,
para que , aquel al que amé con locura por lo que era y me mostraba,
volviese en sí.

Guerra sin enemigo ,
sin trincheras.

Yo sola contra mi mundo ,
el único que no dejé cambiar.
Aquel en el que tú quisiste estar y formar parte,
y ahora te sobra por faltarte el aire de libertad.

Rota por algo que ya no soy capaz de reconocer,
y sin fuerzas para seguir adelante,
araño  el último resquicio de esperanza que me queda.
Una mirada cómplice que busca la tuya ,
y se encuentra con más de lo mismo.
Ni un atisbo de dolor.
Escenificación excepcionalmente montada,
cuyo único protagonista, tú,
planeas y decides,
comienzas y finalizas.
No quieres que me marche,
lo se,
tu papel es impecable,
pero tus ojos no mienten.

Media vuelta .
Nuevo comienzo con un sonido mental,
tus gritos ahogados pronunciando mi nombre.
Gritos que sólo yo soy capaz de escuchar,
gritos que sólo tú puedes decir.

Un nuevo comienzo,
vuelta a la normalidad.
A mi mundo aburrido y sin sentido,
a un mundo del que hui a gusto,
y  al que me has obligado a volver.
A un mundo sin ti.

Ana Patricia Cruz López

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