Pasillos
solitarios y oscuridad.
Mi camino
lo guían mis instintos,
que me
llevan una y otra vez a pasar por las mismas puertas.
A
seguir tus pasos ,
que los han
recorrido miles de veces.
Alfombras desgastadas.
Silencio y
ausencia de vida.
Retorno al
punto de inflexión.
Rota por mis
esperanzas frustradas una y otra vez,
algo me hace
continuar andando.
Como una
presa,
que a la
desesperada,
busca ser
cazada por quién busca una víctima,
aspiro a que
seas tú a quién termine encontrando en este solar.
Solar en que
se ha convertido mi alma,
baldío y sin
nada que entregarme.
Manos
desnudas con las señales de los azotes,
que cada
palabra tuya que he tratado de detener
me han
producido,
escuecen
buscando que las cures .
Ajena a lo
que atormenta tu alma,
y a por qué
decidiste elegirme,
me entregué
a ti sin medir,
sin
obstáculos,
sin nada qué
decir ni negociar.
Temeraria
decisión,
aquella que
tomé ,
y de la que
busco continuación.
Apetencia
por la crueldad de tus actos,
a la
devoción por tu imponente presencia.
¿Quién
conociéndome podría decir de mí,
que acabaría
a los pies de alguien
no bien
visto por ese algo que llaman Dios?
Sigo
caminando sin detenerme,
mientras mi
cabeza gira en redondo buscando algo a lo que aferrarme,
cuando es a
ti a quien necesito.
Cruel
victoria de la desesperación.
Alma oscura,
ennegrecida
con el tiempo de tu ausencia.
Alma que
busca salvación en tus entrañas,
aunque tenga
que vivir bajo los pies de tu voluntad.
Cazador que
otra noche más busca presa,
deambulando
entre corazones destrozados.
Víctimas a
las que seleccionar.
Matanza
ritual.
Cuerpos que
aparecen disgregados en un campo
verde y
cuyas flores rinden su homenaje.
Sin aliento,
mis gritos
ya no los escucha nadie.
Ya no veo
las huellas de tus pies en el suelo,
la oscuridad
dejó de serla.
Cielos
ennegrecidos,
amenaza de
tormenta.
Los truenos
anuncian tu venida.
¿Será real?
Última
puerta frente a mí.
Un leve giro
de su pomo.
Una
respiración en profundidad.
Brote de
aire fresco
convertido
en pesado nada más aparecer tu imagen,
nada más
sentir tu presencia invadiéndome sin tocar.
Tornado de
emociones sin describir.
Tú dejaste
de ser tu mismo,
bajando tus
defensas .
Tus labios
en los míos.
Dos almas
encontrando su propio mundo,
inentendible
para los demás.
Cuerpo
resquebrajado , el tuyo en mis manos,
completamente
doblegado a mis deseos .
Cuerpo
ensalzado en tu éxtasis ,
encontrado
en la muerte de mi libertad.
Cuerpo sin
vida propia que me entregas
para saciar
mi sed de ti,
consciente
de que nunca volverá a ser tuyo.
Cuerpo que
maniato a mi entera voluntad,
con tu
complacencia,
habiendo
encontrado en mí
tu única
salida para seguir viviendo,
tu único
amanecer posible,
tu luz
dentro de tu oscuridad.
Tu salvación
dentro de ese sufrimiento que te aflige
por no poder
evitar lo que eres ,
y lo que
muestras.
Glorificada
en tu propio dolor,
elevada
a los altares de lo que nos aturdía en
el pasado,
sacrificio
compartido
del que los dos salen victoriosos.
Y al final,
el
tiempo tuvo que darme la razón.
¿Quién era
la auténtica víctima del cazador?
Ana Patricia
Cruz López
Todos los
derechos reservados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchísimas gracias por participar en esta página