martes, 11 de agosto de 2015

NADA ES LO QUE PARECE. CAPITULO CUARTO. NADA ES LO QUE PARECE (Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)



Las cosas no habían cambiado mucho seis años más tarde.

Liz continuaba siendo una abogada de éxito en Nueva York junto a David y Michael, con el que la relación . tensiones en momentos concretos aparte, se había convertido en una suerte de profesionalidad y exquisita educación, aunque en ocasiones, ella sintiera que aquella conexión no se hubiera perdido del todo.

Por su parte, Heyden,  conseguía hacerse con una nada desdeñable pequeña fortuna y muchos contactos, algunos de los cuales , resultaban ser personas muy influyentes de todos los ámbitos sociales.

Habiendo terminado la carrera  con un expediente más que notable, destacó pronto por su gran olfato para los negocios, y su más que destacada memoria , lo que la convertía en alguien a tener en cuenta en todos los sentidos.
Sin embargo, lo único en lo que no había podido cumplir , era en establecer fecha para su  objetivo de dejar el club en un número determinados de años.
Seguía trabajando, pero no de la misma forma. Ya no bailaba , sólo atendía a los clientes más selectos  que la reclamaban. Un grupo de “alto standing” fijo y numeroso , que concertaba los servicios a veces hasta por semanas enteras, y lejos de sólo ofrecer lo estipulado, dichos clientes, en ocasiones, la solicitaban como mera acompañante en reuniones de negocios , dado el olfato que para éstos poseía y que tanta fama le estaba generando en determinados círculos.

Año de elecciones  a Gobernador. Comités de campaña apurando los tiempos , no sólo a efectos de actos públicos, sino de recaudación de fondos para poder continuar. Y en aquel año, en plenas Navidades, la costumbre del Gobernador de Florida  de organizar una fiesta a efectos de promocionarse, y de paso recaudar dinero para alguna buena obra de caridad,  con la que conseguir mayores réditos , especialmente encontrándose a las puertas de un proceso electoral, congregaría a lo más granado de la sociedad estadounidense.

Aquel año se celebraría en el Hotel Fontainebleau, en Miami Beach,  y pasaría por ser  el evento benéfico más importante  en todo el país, asistiendo gente del mundo del cine y del espectáculo, deportistas de élite, y políticos destacadísimos.

Michael, que se encontraba de vuelta  en Miami por negocios, decidió encontrarse con Heyden en el hotel, y no tardaría más de media hora desde la llegada de él , que ella hiciese acto de presencia.
Después de los saludos de rigor, comenzó a buscarle por todo la sala , hasta dar con él en uno de los rincones cerca de una de las salidas hacia la piscina.

Él no podía dejar de observarla,  mientras su cuerpo, convertía cada paso suyo en una oscilación a cámara lenta que llamase a desearla de forma inconsciente. Ese grácil y natural movimiento suyo, el mismo que aplicaba con absoluta elegancia cuando bailaba en el escenario, y dónde la ropa desaparecía como capas de piel  que descendieran solas  acariciándola.
Una sonrisa cómplice para recibirla, y ella,  dos besos en las mejillas con ternura infinita mientras una  de sus manos se apoderaba de su cintura.

•             HEYDEN: ¿Cuándo has llegado?
•             MICHAEL: Esta mañana. Tenía que reunirme con unos clientes.
•             HEYDEN: Desagradable.- le recriminó en tono jocoso-  Desde esta mañana en la ciudad y no has sido capaz de llamarme.
•             MICHAEL: No sabía………..si estarías ocupada.

Aquel tono  irónico , y con una intencionalidad directa , la situaba en las perspectivas de lo que podría iniciarse en breve , dialécticamente hablando.
Ella se dio la vuelta y procuró aprovechar la ligera brisa que procedía de la piscina para relajarse.

•             HEYDEN: ¿Es por eso por lo qué no has querido contestar a mis llamadas ?
•             MICHAEL: He estado muy ocupado.
•             HEYDEN: ¿A todas horas?¿Las dos últimas semanas?
•             MICHAEL: Soy un hombre muy ocupado Heyden, lo sabes.
•             HEYDEN: Lo que resulta vergonzoso es que tenga que preguntarle a mi hermano por ti .– él giró su cabeza bruscamente , sorprendido- No me mires así, si me hubieras cogido el puñetero teléfono me habrías evitado el interrogatorio.
•             MICHAEL:  ¿Y para qué se supone qué me necesitabas? Para el caso que haces de mis consejos, no creo realmente que fuera para solicitar uno.
•             HEYDEN:  La verdad Michael- mostrándose muy molesta- ¿por qué no te dedicas más a vivir en vez de intentar controlar la vida de los demás?
•             MICHAEL: Yo no controlo la vida de los demás ni lo intento.

Tras un buen rato de disertación entre ambos con algunas copas de por medio,  un nuevo invitado haría acto de presencia. Alguien que llamaría la atención por sí sólo, y que también se preciaba de tener tantos buenos contactos como amistades, entre ellas, el propio
Gobernador .

En el momento de su entrada, Heyden se encontraba de espaldas a la puerta,  y sólo por el comentario y el tono de la voz de Michael, comprendió que  algo nuevo  sucedía..

•             MICHAEL: Vaya. Esto sí que no me lo esperaba.

Extrañada  por el revuelo ocasionado y por el cambio de tono de Michael,  se dio la vuelta,  y la persona que encontró viniendo hacia ellos  hizo que se helara su cuerpo . La última persona que imaginaba volver a ver después de tanto tiempo : Robert Sheldon.

Con ese aire imponente que solía caracterizarle y  paso firme, Robert pareció reconocer a la figura femenina que acompañaba a uno de sus mejores amigos . Al llegar hasta donde ellos estaban, entre saludos y palabras de cordialidad, su atención se centraba casi en exclusiva en ella, a efectos de realizar un completo estudio anatómico. Heyden, siendo consciente de ello,  lejos de evitar que esa conducta continuara, se limitaba a disfrutar  exhibiéndose aún más si cabe.

•             MICHAEL: ¡Robert!-  mientras ambos se abrazaban e intercambiaban palmaditas en la espalda, Robert no quitaba la vista de su acompañante-  ¿Cuánto tiempo? Hacía mucho que no contábamos con tu presencia en esta fiesta.
•             SHELDON: Sí, he estado muy ocupado.

Michael se percató en seguida del sumo interés de ambos entre sí.

•             MICHAEL: Déjame que te presente a una muy buena amiga, cosa que no tuve ocasión en su momento , cuando la viste por primera vez.
•             SHELDON: Lo sé, tan sólo me ha bastado verle su rostro para reconocerla. ¿Heyden Nash verdad?

Ella no podía dejar de observarle atentamente, mientras Michael se preguntaba cómo habría averiguado su identidad después de tantos años.

•             MICHAEL: - sin poder evitar su tono irónico- Y por lo que veo, la impresión que te causó fue imborrable.
•             SHELDON: La verdad es que sí, La Srta. Nash es muy difícil de olvidar.

Dentro de la relativa sorpresa que le causaba esta situación concreta, alternaba su vista entre ella y su amigo, sorprendido más por la naturalidad con la que ella parecía responder que por la más que predecible actitud de él.

•             SHELDON: Me preguntaba si te importaría que te la robase  durante la próxima pieza de baile- extendió una de sus manos hacia ella-.
•             MICHAEL: No creo que sea a mí a quién debas preguntarle.

Ella aceptó la propuesta sin pensárselo dos veces dejándole su copa a Michael , y con su mano cogida con determinación, se acercaron  al centro del gran salón. La estrechó contra su pecho, lo justo para sentirla respirar, y mientras con una mano sostenía la de ella, la otra, fue colocada estratégicamente en la espalda, a la altura de la cintura, mientras ella se apoderaba de su hombro.

Una sensación extraña invadió su cuerpo, extraña pero muy familiar. Una seguridad innata que aquel hombre era capaz de transmitirle y una inmensa comodidad que la relajaban sobremanera.
En ocasiones,  separaba un poco su cabeza para observar su  perfil. Un porte que no desmerecía las palabras escuchadas por ella en aquellos años. Atrayente y seductor, aquella noche , la primera vez que se encontraron sus ojos, supo sin lugar a duda alguna, que las compañeras no exageraban .
No es que pareciese un caballero por su elegante forma de vestir o sus maneras harto demostradas, es que irradiaba ese carácter y esa particular forma de ser, y sólo por eso, merecía la pena  haber aceptado ese baile, por la sensación de respeto mostrado hacia su partener, algo a lo que ella no estaba demasiado acostumbrada.

De pronto, su voz, exquisitamente modulada para la ocasión, terminó de aderezar la escena , como la última guinda que retoca de forma perfecta un pastel.

•             SHELDON: Ha pasado mucho tiempo.
•             HEYDEN: Depende.
•             SHELDON: ¿De qué?
•             HEYDEN: De la cantidad de ropa que llevase la última vez que nos vimos.
•             SHELDON: Teniendo en cuenta,  que la primera vez que realmente cobré consciencia de lo que me interesaba de ti,  no fue precisamente  tu absoluta falta de ropa………………..
•             HEYDEN: ¿No pensarás que voy a  creerme que no disfrutabas con el espectáculo , y especialmente con su final?

Cuanto más provocada se sentía ella por aquella cercanía sentida , y por su forma de mirarla a los labios mientras hablaba o se los humedecía, más se sentía incitada a actuar como creía que a él podía gustarle. Labios entreabiertos que exhalaban palabras convenientes en un tono casi deslizante. Mientras él, como si actuase igual que una cámara lenta en pleno rodaje, parecía deleitarse con cada centímetro de piel de su rostro.

•             SHELDON: Nunca me atrevería a afirmar tal cosa, especialmente , porque me precede mi fama de hombre heterosexual con exquisito gusto en las mujeres, pero , por encima de la exquisitez de movimientos al danzar, o tu casi imperceptible forma de desnudarte, hubo algo, por encima de todo ello, que fue lo que hizo que volviera el tiempo que lo hice. Todos los días.

Volvió a estrecharla contra su pecho, mientras su mano , disimuladamente , acariciaba su espalda con mucho cuidado.
Ella no se atrevió a preguntar. Temía la respuesta por conocida. Especialmente, porque aquella noche, la primera noche que se vieron, la conexión sucedió al mismo tiempo, y no era una mera atracción física. Ambos lo sabían.

•             SHELDON: Volví al club algún tiempo después, pero ya no estabas.
•             HEYDEN: Lo dejé.
•             SHELDON: Eso no fue lo que me dijo Victoria.
•             HEYDEN: ¿Y qué fue lo que te dijo?
•             SHELDON: Simplemente que habías dejado el local, pero no de trabajar allí.

Más silenciosa de lo normal, la comodidad que en principio sentía , fue transmutándose en relativa incomodidad.
No era por el tono empleado, ni siquiera por el tema en sí, pero sí por lo que su cabeza comenzaba a imaginar qué podría haberle dicho Victoria sobre ella y las ideas que él podría haberse hecho. Lejos de sorprenderse puesto que ambos sabían la verdad , aquel recordatorio , se comportaba en su fisonomía , como si fuese una herida mal cicatrizada que sangrase cada vez que a su memoria volvían todas aquellas imágenes de esos años. 

Continuaron bailando en silencio, pendientes ambos de cualquier mínimo gesto que el otro realizase. De pronto,  la música se detuvo,   haciendo que  parasen en seco, encontrándose como si estuvieran solos  en mitad de la sala, mirándose a los ojos .
Heyden, reaccionando, trató de separarse y volver con Michael, pero  él la retuvo sin soltarle la cintura, sosteniéndola más fuerte si cabe.
Sus labios. Ella sólo podía pensar en ellos.

•             SHELDON: Quiero volver a verte.
•             HEYDEN: -le soltó la mano y bajó la del hombro, cambiando incluso su tono de voz- Ya sabes cómo hacerlo y con quién hablar.
•             SHELDON: No. No me refiero a eso. No de esa manera.

Ella, disimuladamente, trataba de escabullirse, pero no lograba que él la soltase ni un ápice.
Cuanto más intentaba separarse de él, Robert más cerca de ella  situaba su rostro.
Heyden sentía algo extraño dentro de sí. Su mente jugaba a un doble juego, por una parte saber que no era buena idea aceptar su propuesta y por otro lado desear hacerlo.
A Michael, que lo observaba todo desde el punto de partida y que los conocía perfectamente, se le acumulaban las preguntas, aunque sobreentendía los mensajes velados que ambos transmitían.

•             HEYDEN: Lo siento. Pero ambos sabemos lo qué soy y a lo qué me dedico, y tú mejor que nadie que eras cliente habitual de ese club. Por norma, no me gusta mezclar mi vida personal con aquellos que forman o han formado parte de la profesional. Cualquier cosa que desees de mí, ya sabes cómo conseguirla.

Un último intento por ser libre de sus brazos, y un nuevo fracaso, pero esta vez, iría seguido de una mirada inquisidora para que la soltase.
Una mirada con mensaje propio y contundente captado a la primera por un hombre  que sabía lo qué debía de hacer . Lejos de contentarse como cualquier otro hubiera hecho, o de ofenderse con lo que parecía un desplante, aquella respuesta  le sirvió simplemente para recapacitar y decidir un cambio de alternativa para conseguir su objetivo: estar con ella.

 Heyden miró hacia la mano  que la sostenía fuertemente por la cintura,  y sintió como él la soltaba.
Sin apartar sus ojos de él durante los primeros segundos de separación,  caminó muy segura de sí misma hacia el punto desde el que había partido , junto a Michael, el cual la esperaba impaciente.
Mientras,  Sheldon deseaba en su interior,  que en aquel caminar suyo, en aquel camino de vuelta al punto en el que se sentía segura,  se diese la vuelta un instante , o que tan sólo girase su cabeza ,  pero ella,  no lo hizo.
Mientras  regresaba, Robert simplemente se marchó.
Una vez disfrutada la fiesta, tocó la hora de irse, y Michael se ofreció a llevarla a su casa , para después dirigirse al hotel donde se hospedaba hasta el día siguiente en el que debía regresar a Nueva York.
Habiendo mantenido un silencio sobrevenido durante todo el descenso de pisos en el ascensor, y continuado durante el trayecto en el parking hasta el coche, con el mando en la mano y a punto de abrirlo, él colocó  sus antebrazos sobre el techo del vehículo y  la mirada fija al frente esperando que ella le dijese algo, pero se limitó a apoyarse a su lado.

•             HEYDEN: ¿Qué?
•             MICHAEL: Nada.
•             HEYDEN: - Respiró hondo, conocía muy bien aquel rostro tan suyo de querer decir algo y retenerse las ganas-  Quiere volver a verme.

Michael continuó sin decir nada , aunque bajó la cabeza al comprobar que sus predicciones no eran erróneas.

•             MICHAEL: ¿Cómo ………….cliente?
•             HEYDEN: No me lo ha dicho así, pero………por su forma de decírmelo…………..


Michael  ladeó su rostro hacia ella. Conocí muy bien a Robert  y sabía de antemano la respuesta. Las dudas a la hora de contestarle , le  ponían en aviso de que ella parecía comenzarlo a conocer también.

•             MICHAEL: Aléjate de él Heyden . Robert es muy buen amigo mío, y sé perfectamente como es. Te hará daño antes de darse cuenta de que le importas de verdad.

Ella  le  miró  con aquel rostro de las mil dudas.

•             HEYDEN: Aún recuerdo tus palabras como si me las hubieses dicho ayer. Él será el que te saque de todo, y no podrás decirle que no. ¿Y si fuese yo la que le acabase haciendo  daño ?

Durante el transcurso del trayecto, el silencio entre ellos volvió a hacer acto de presencia. Michael la observaba de vez en cuando, pensativo, dando vueltas en su cabeza a lo que acababa de decirle, mientras ella se limitaba a mirar tras la ventanilla .

Una vez llegaron, Heyden salió del coche y  él la acompañó al portal. Algo rondaba su cabeza. No sería una noche fácil y sabía que le costaría conciliar el sueño.

•             MICHAEL: Mañana regreso a Nueva York, no sé cuándo podré volver de nuevo. – al verla muy pensativa, comenzó a preocuparse- ¿Estás bien?

No hizo falta decirse nada, con sus ojos la respuesta era más que evidente.

•             HEYDEN:  Te necesito aquí el viernes .
Como si le hubiera venido un flash mental, recordó que efectivamente ella le había comentado algo.

·         MICHAEL: ¡Dios, es verdad! Lo había olvidado. De acuerdo, según llegue organizaré mi agenda, ¿Cómo quedamos?
·         HEYDEN: Te llamo y te digo mejor, he de concretar unos detalles.
·         MICHAEL: Como quieras.

Antes de que se marchara, ella parecía interesada en aún decirle algo más.

·         HEYDEN:  ¿Podrías subir un minuto? He de enseñarte algo.
·         MICHAEL: Claro.

Él no recordaba la última vez que la vio con aquel rostro . Por una vez, sentía que perdía parte del hilo conductor que le hacía indivisible con su vida.
Una vez en su casa, él se acercó al minibar y preparó dos copas creyendo que la circunstancia podría merecerla. Ella , dejando las cosas en la cómoda de la entrada, se acercó al dormitorio. Abriendo uno de los cajones  de una mesa auxiliar , sacó una carpeta , y observándola por un instante, respiró hondo, volvió a cogerla y regresó al salón con ella.
Cuando Michael , que se encontraba disfrutando de las vistas de la ciudad en uno de  los ventanales, oyó sus pasos de regreso, giró su cabeza hacia ella y la  carpeta fue lo primero que le llamó la atención.
Detenida delante suya, ella le alargó la mano que la portaba , y sin decirle nada, esperó a que él la cogiera. Seguidamente, dio media vuelta, cogió su copa y se sentó en el gran sofá.

A Michael no le hacía falta abrirla para saber lo que podía contener, y comenzó a atar cabos.

•             MICHAEL: ¿Cuándo ?
•             HEYDEN: Recibí un código en el móvil esta mañana.
•             MICHAEL: ¿Dónde la recogiste?
•             HEYDEN: No la recogí.  Vinieron a entregármela. En mano.

Dejando su vaso en el saliente de la ventana, abrió la carpeta, y con la vista de una fotografía, tuvo suficiente de momento.

•             MICHAEL: ¿Sanders? ¿En persona?
•             HEYDEN: A veces  lo mejor de los menús no suele estar en los entrantes. En ocasiones, los postres prometen.

Aquella,  era la indicación más precisa de que él debía seguir buscando algo en la carpeta porque había algo más que le escapaba. Otra foto y otro nombre muy conocido para él.

•             MICHAEL: Con razón decidieron hacerlo así.
•             HEYDEN: No lo decidieron, lo decidió él.
•             MICHAEL: ¿Cuánto tiempo te han dado para pensarlo?
•             HEYDEN: No hay nada que pensar.

Su seriedad y seguridad en sí misma le estaban asustando. Ella se levantó bruscamente del sofá para servirse otra copa, a lo que él, dejando la carpeta en la mesa  que tenía delante, la siguió.

•             MICHAEL: -muy nervioso y preocupado- ¿No habrás aceptado?
•             HEYDEN: Te lo acabo de decir Michael. No había nada que decidir.
•             MICHAEL: Pero ¿Sabes dónde te estás metiendo?  Claro que vino Sanders a entregártelo en persona. ¡Por el amor de Dios! ¡Éste no es como los demás!
•             HEYDEN: - Bebiendo un sorbo con su vista puesta en un punto fijo , el ventanal que tenía en frente, todo con tal de evitar mirarle a él- Aún recuerdo perfectamente lo que me dijiste aquel día.
•             MICHAEL: - con una mezcla de ironía y rabia en sus palabras- Vaya, ¿hoy te ha dado por tirar de hemeroteca mental?
•             HEYDEN: Me dijiste los pros y los contras de estar metido en esto, y me hiciste hincapié en que no estaba bien pagado, que posiblemente nadie me lo agradeciera jamás ni obtendría reconocimiento. Pero lo que más grabado me quedó, fue cuándo me expresaste y describiste , la horrible sensación de soledad que podía llegar a sentirse, cuando tenías que adoptar tú ciertas decisiones sabiendo, que nadie estaría para cubrirte.  Junto a aquellas palabras, aún conservo en mi hemeroteca mental , como tú la llamas, la imagen de aquellos profundos ojos azules que observaban al infinito, casi llorosos, mostrándome una realidad cruda como nadie mejor podría haberlo hecho,  – se centró en él  y prosiguió -   y ahora, esos mismos y profundos ojos azules  muestran miedo , pero no por quién los porta, sino por quién ayudó a la que los observa a meterse en todo esto .

El gesto de él, serio y desencajado, evidenciaba algo más que simple temor. El contenido de aquella carpeta  le confería un sentimiento creciente de rabia interior y de impotencia ante lo que se avecinaba , que lo descolocaba en demasía.
Acostumbrado a no someterse a reglas fijas, pero a poder dejarla libre aunque bajo su ala protectora, la aceptación del contenido de aquella entrega  suponía algo diferente.
Involucrarse sin resultar demasiado evidente, ni para ella, ni para quiénes la rodearían de ahora en adelante.

•             HEYDEN: Sanders me dijo que tienen a alguien dentro, pero que no podía decirme de quién se trataba. Que  ya se daría a conocer.

Cuando fue a beber de nuevo, el trayecto de su mano intentando coger el vaso, quedó interrumpida por la de él, que se la apretaba con fuerza. Ella , se la acercó a su mejilla apretando con fuerza su rostro, mientras él cerraba los ojos y bajaba su cabeza.

Ana Patricia Cruz López
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