Liz continuaba siendo una abogada de éxito en Nueva York junto a David
y Michael, con el que la relación . tensiones en momentos concretos aparte, se
había convertido en una suerte de profesionalidad y exquisita educación, aunque
en ocasiones, ella sintiera que aquella conexión no se hubiera perdido del
todo.
Por su parte, Heyden, conseguía
hacerse con una nada desdeñable pequeña fortuna y muchos contactos, algunos de
los cuales , resultaban ser personas muy influyentes de todos los ámbitos
sociales.
Habiendo terminado la carrera con un expediente más que notable, destacó pronto por su gran olfato para los negocios, y su más que destacada memoria , lo que la convertía en alguien a tener en cuenta en todos los sentidos.
Sin embargo, lo único en lo que no había podido cumplir , era en
establecer fecha para su objetivo de
dejar el club en un número determinados de años.
Seguía trabajando, pero no de la misma forma. Ya no bailaba , sólo
atendía a los clientes más selectos que
la reclamaban. Un grupo de “alto standing” fijo y numeroso , que concertaba los
servicios a veces hasta por semanas enteras, y lejos de sólo ofrecer lo
estipulado, dichos clientes, en ocasiones, la solicitaban como mera acompañante
en reuniones de negocios , dado el olfato que para éstos poseía y que tanta
fama le estaba generando en determinados círculos.
Año de elecciones a Gobernador.
Comités de campaña apurando los tiempos , no sólo a efectos de actos públicos,
sino de recaudación de fondos para poder continuar. Y en aquel año, en plenas
Navidades, la costumbre del Gobernador de Florida de organizar una fiesta a efectos de
promocionarse, y de paso recaudar dinero para alguna buena obra de
caridad, con la que conseguir mayores
réditos , especialmente encontrándose a las puertas de un proceso electoral,
congregaría a lo más granado de la sociedad estadounidense.
Aquel año se celebraría en el Hotel Fontainebleau, en Miami
Beach, y pasaría por ser el evento benéfico más importante en todo el país, asistiendo gente del mundo
del cine y del espectáculo, deportistas de élite, y políticos destacadísimos.
Michael, que se encontraba de vuelta
en Miami por negocios, decidió encontrarse con Heyden en el hotel, y no
tardaría más de media hora desde la llegada de él , que ella hiciese acto de
presencia.
Después de los saludos de rigor, comenzó a buscarle por todo la sala ,
hasta dar con él en uno de los rincones cerca de una de las salidas hacia la
piscina.
Él no podía dejar de observarla,
mientras su cuerpo, convertía cada paso suyo en una oscilación a cámara
lenta que llamase a desearla de forma inconsciente. Ese grácil y natural
movimiento suyo, el mismo que aplicaba con absoluta elegancia cuando bailaba en
el escenario, y dónde la ropa desaparecía como capas de piel que descendieran solas acariciándola.
Una sonrisa cómplice para recibirla, y ella, dos besos en las mejillas con ternura infinita
mientras una de sus manos se apoderaba
de su cintura.
• HEYDEN: ¿Cuándo has
llegado?
• MICHAEL: Esta
mañana. Tenía que reunirme con unos clientes.
• HEYDEN:
Desagradable.- le recriminó en tono jocoso- Desde esta mañana en la ciudad y no has sido
capaz de llamarme.
• MICHAEL: No
sabía………..si estarías ocupada.
Aquel tono irónico , y con una
intencionalidad directa , la situaba en las perspectivas de lo que podría
iniciarse en breve , dialécticamente hablando.
Ella se dio la vuelta y procuró aprovechar la ligera brisa que
procedía de la piscina para relajarse.
• HEYDEN: ¿Es por eso
por lo qué no has querido contestar a mis llamadas ?
• MICHAEL: He estado
muy ocupado.
• HEYDEN: ¿A todas
horas?¿Las dos últimas semanas?
• MICHAEL: Soy un
hombre muy ocupado Heyden, lo sabes.
• HEYDEN: Lo que
resulta vergonzoso es que tenga que preguntarle a mi hermano por ti .– él giró
su cabeza bruscamente , sorprendido- No me mires así, si me hubieras cogido el
puñetero teléfono me habrías evitado el interrogatorio.
• MICHAEL: ¿Y para qué se supone qué me necesitabas?
Para el caso que haces de mis consejos, no creo realmente que fuera para
solicitar uno.
• HEYDEN: La verdad Michael- mostrándose muy molesta-
¿por qué no te dedicas más a vivir en vez de intentar controlar la vida de los
demás?
• MICHAEL: Yo no
controlo la vida de los demás ni lo intento.
Tras un buen rato de disertación entre ambos con algunas copas de por
medio, un nuevo invitado haría acto de
presencia. Alguien que llamaría la atención por sí sólo, y que también se
preciaba de tener tantos buenos contactos como amistades, entre ellas, el propio
Gobernador .
En el momento de su entrada, Heyden se encontraba de espaldas a la
puerta, y sólo por el comentario y el
tono de la voz de Michael, comprendió que algo nuevo
sucedía..
• MICHAEL: Vaya. Esto
sí que no me lo esperaba.
Extrañada por el revuelo
ocasionado y por el cambio de tono de Michael,
se dio la vuelta, y la persona que
encontró viniendo hacia ellos hizo que
se helara su cuerpo . La última persona que imaginaba volver a ver después de
tanto tiempo : Robert Sheldon.
Con ese aire imponente que solía caracterizarle y paso firme, Robert pareció reconocer a la
figura femenina que acompañaba a uno de sus mejores amigos . Al llegar hasta
donde ellos estaban, entre saludos y palabras de cordialidad, su atención se
centraba casi en exclusiva en ella, a efectos de realizar un completo estudio
anatómico. Heyden, siendo consciente de ello,
lejos de evitar que esa conducta continuara, se limitaba a disfrutar exhibiéndose aún más si cabe.
• MICHAEL:
¡Robert!- mientras ambos se abrazaban e
intercambiaban palmaditas en la espalda, Robert no quitaba la vista de su
acompañante- ¿Cuánto tiempo? Hacía mucho
que no contábamos con tu presencia en esta fiesta.
• SHELDON: Sí, he
estado muy ocupado.
Michael se percató en seguida del sumo interés de ambos entre sí.
• MICHAEL: Déjame que
te presente a una muy buena amiga, cosa que no tuve ocasión en su momento ,
cuando la viste por primera vez.
• SHELDON: Lo sé,
tan sólo me ha bastado verle su rostro para reconocerla. ¿Heyden Nash verdad?
Ella no podía dejar de observarle atentamente, mientras Michael se
preguntaba cómo habría averiguado su identidad después de tantos años.
• MICHAEL: - sin poder
evitar su tono irónico- Y por lo que veo, la impresión que te causó fue
imborrable.
• SHELDON: La verdad
es que sí, La Srta. Nash es muy difícil de olvidar.
Dentro de la relativa sorpresa que le causaba esta situación concreta,
alternaba su vista entre ella y su amigo, sorprendido más por la naturalidad
con la que ella parecía responder que por la más que predecible actitud de él.
• SHELDON: Me
preguntaba si te importaría que te la robase
durante la próxima pieza de baile- extendió una de sus manos hacia
ella-.
• MICHAEL: No creo
que sea a mí a quién debas preguntarle.
Ella aceptó la propuesta sin pensárselo dos veces dejándole su copa a
Michael , y con su mano cogida con determinación, se acercaron al centro del gran salón. La estrechó contra
su pecho, lo justo para sentirla respirar, y mientras con una mano sostenía la
de ella, la otra, fue colocada estratégicamente en la espalda, a la altura de
la cintura, mientras ella se apoderaba de su hombro.
Una sensación extraña invadió su cuerpo, extraña pero muy familiar.
Una seguridad innata que aquel hombre era capaz de transmitirle y una inmensa
comodidad que la relajaban sobremanera.
En ocasiones, separaba un poco
su cabeza para observar su perfil. Un
porte que no desmerecía las palabras escuchadas por ella en aquellos años.
Atrayente y seductor, aquella noche , la primera vez que se encontraron sus
ojos, supo sin lugar a duda alguna, que las compañeras no exageraban .
No es que pareciese un caballero por su elegante forma de vestir o sus
maneras harto demostradas, es que irradiaba ese carácter y esa particular forma
de ser, y sólo por eso, merecía la pena
haber aceptado ese baile, por la sensación de respeto mostrado hacia su
partener, algo a lo que ella no estaba demasiado acostumbrada.
De pronto, su voz, exquisitamente modulada para la ocasión, terminó de
aderezar la escena , como la última guinda que retoca de forma perfecta un
pastel.
• SHELDON: Ha pasado
mucho tiempo.
• HEYDEN: Depende.
• SHELDON: ¿De qué?
• HEYDEN: De la
cantidad de ropa que llevase la última vez que nos vimos.
• SHELDON: Teniendo
en cuenta, que la primera vez que
realmente cobré consciencia de lo que me interesaba de ti, no fue precisamente tu absoluta falta de ropa………………..
• HEYDEN: ¿No
pensarás que voy a creerme que no disfrutabas
con el espectáculo , y especialmente con su final?
Cuanto más provocada se sentía ella por aquella cercanía sentida , y
por su forma de mirarla a los labios mientras hablaba o se los humedecía, más
se sentía incitada a actuar como creía que a él podía gustarle. Labios
entreabiertos que exhalaban palabras convenientes en un tono casi deslizante.
Mientras él, como si actuase igual que una cámara lenta en pleno rodaje,
parecía deleitarse con cada centímetro de piel de su rostro.
• SHELDON: Nunca me
atrevería a afirmar tal cosa, especialmente , porque me precede mi fama de
hombre heterosexual con exquisito gusto en las mujeres, pero , por encima de la
exquisitez de movimientos al danzar, o tu casi imperceptible forma de
desnudarte, hubo algo, por encima de todo ello, que fue lo que hizo que
volviera el tiempo que lo hice. Todos los días.
Volvió a estrecharla contra su pecho, mientras su mano ,
disimuladamente , acariciaba su espalda con mucho cuidado.
Ella no se atrevió a preguntar. Temía la respuesta por conocida.
Especialmente, porque aquella noche, la primera noche que se vieron, la
conexión sucedió al mismo tiempo, y no era una mera atracción física. Ambos lo
sabían.
• SHELDON: Volví al
club algún tiempo después, pero ya no estabas.
• HEYDEN: Lo dejé.
• SHELDON: Eso no fue
lo que me dijo Victoria.
• HEYDEN: ¿Y qué fue
lo que te dijo?
• SHELDON:
Simplemente que habías dejado el local, pero no de trabajar allí.
Más silenciosa de lo normal, la comodidad que en principio sentía ,
fue transmutándose en relativa incomodidad.
No era por el tono empleado, ni siquiera por el tema en sí, pero sí
por lo que su cabeza comenzaba a imaginar qué podría haberle dicho Victoria
sobre ella y las ideas que él podría haberse hecho. Lejos de sorprenderse
puesto que ambos sabían la verdad , aquel recordatorio , se comportaba en su
fisonomía , como si fuese una herida mal cicatrizada que sangrase cada vez que
a su memoria volvían todas aquellas imágenes de esos años.
Continuaron bailando en silencio, pendientes ambos de cualquier mínimo
gesto que el otro realizase. De pronto,
la música se detuvo, haciendo
que parasen en seco, encontrándose como
si estuvieran solos en mitad de la sala,
mirándose a los ojos .
Heyden, reaccionando, trató de separarse y volver con Michael,
pero él la retuvo sin soltarle la
cintura, sosteniéndola más fuerte si cabe.
Sus labios. Ella sólo podía pensar en ellos.
• SHELDON: Quiero
volver a verte.
• HEYDEN: -le soltó
la mano y bajó la del hombro, cambiando incluso su tono de voz- Ya sabes cómo
hacerlo y con quién hablar.
• SHELDON: No. No me
refiero a eso. No de esa manera.
Ella, disimuladamente, trataba de escabullirse, pero no lograba que él
la soltase ni un ápice.
Cuanto más intentaba separarse de él, Robert más cerca de ella situaba su rostro.
Heyden sentía algo extraño dentro de sí. Su mente jugaba a un doble
juego, por una parte saber que no era buena idea aceptar su propuesta y por
otro lado desear hacerlo.
A Michael, que lo observaba todo desde el punto de partida y que los
conocía perfectamente, se le acumulaban las preguntas, aunque sobreentendía los
mensajes velados que ambos transmitían.
• HEYDEN: Lo siento.
Pero ambos sabemos lo qué soy y a lo qué me dedico, y tú mejor que nadie que
eras cliente habitual de ese club. Por norma, no me gusta mezclar mi vida
personal con aquellos que forman o han formado parte de la profesional.
Cualquier cosa que desees de mí, ya sabes cómo conseguirla.
Un último intento por ser libre de sus brazos, y un nuevo fracaso,
pero esta vez, iría seguido de una mirada inquisidora para que la soltase.
Una mirada con mensaje propio y contundente captado a la primera por
un hombre que sabía lo qué debía de
hacer . Lejos de contentarse como cualquier otro hubiera hecho, o de ofenderse con
lo que parecía un desplante, aquella respuesta
le sirvió simplemente para recapacitar y decidir un cambio de
alternativa para conseguir su objetivo: estar con ella.
Heyden miró hacia la mano que la sostenía fuertemente por la
cintura, y sintió como él la soltaba.
Sin apartar sus ojos de él durante los primeros segundos de
separación, caminó muy segura de sí
misma hacia el punto desde el que había partido , junto a Michael, el cual la
esperaba impaciente.
Mientras, Sheldon deseaba en su
interior, que en aquel caminar suyo, en
aquel camino de vuelta al punto en el que se sentía segura, se diese la vuelta un instante , o que tan
sólo girase su cabeza , pero ella, no lo hizo.
Mientras regresaba, Robert
simplemente se marchó.
Una vez disfrutada la fiesta, tocó la hora de irse, y Michael se
ofreció a llevarla a su casa , para después dirigirse al hotel donde se
hospedaba hasta el día siguiente en el que debía regresar a Nueva York.
Habiendo mantenido un silencio sobrevenido durante todo el descenso de
pisos en el ascensor, y continuado durante el trayecto en el parking hasta el
coche, con el mando en la mano y a punto de abrirlo, él colocó sus antebrazos sobre el techo del vehículo
y la mirada fija al frente esperando que
ella le dijese algo, pero se limitó a apoyarse a su lado.
• HEYDEN: ¿Qué?
• MICHAEL: Nada.
• HEYDEN: - Respiró
hondo, conocía muy bien aquel rostro tan suyo de querer decir algo y retenerse
las ganas- Quiere volver a verme.
Michael continuó sin decir nada , aunque bajó la cabeza al comprobar
que sus predicciones no eran erróneas.
• MICHAEL: ¿Cómo
………….cliente?
• HEYDEN: No me lo ha
dicho así, pero………por su forma de decírmelo…………..
Michael ladeó su rostro hacia
ella. Conocí muy bien a Robert y sabía
de antemano la respuesta. Las dudas a la hora de contestarle , le ponían en aviso de que ella parecía
comenzarlo a conocer también.
• MICHAEL: Aléjate de
él Heyden . Robert es muy buen amigo mío, y sé perfectamente como es. Te hará
daño antes de darse cuenta de que le importas de verdad.
Ella le miró
con aquel rostro de las mil dudas.
• HEYDEN: Aún
recuerdo tus palabras como si me las hubieses dicho ayer. Él será el que te
saque de todo, y no podrás decirle que no. ¿Y si fuese yo la que le acabase
haciendo daño ?
Durante el transcurso del trayecto, el silencio entre ellos volvió a
hacer acto de presencia. Michael la observaba de vez en cuando, pensativo,
dando vueltas en su cabeza a lo que acababa de decirle, mientras ella se
limitaba a mirar tras la ventanilla .
Una vez llegaron, Heyden salió del coche y él la acompañó al portal. Algo rondaba su
cabeza. No sería una noche fácil y sabía que le costaría conciliar el sueño.
• MICHAEL: Mañana
regreso a Nueva York, no sé cuándo podré volver de nuevo. – al verla muy
pensativa, comenzó a preocuparse- ¿Estás bien?
No hizo falta decirse nada, con sus ojos la respuesta era más que
evidente.
• HEYDEN: Te necesito aquí el viernes .
Como si le hubiera venido un flash mental, recordó que efectivamente
ella le había comentado algo.
·
MICHAEL: ¡Dios, es verdad! Lo había olvidado. De
acuerdo, según llegue organizaré mi agenda, ¿Cómo quedamos?
·
HEYDEN: Te llamo y te digo mejor, he de
concretar unos detalles.
·
MICHAEL: Como quieras.
Antes de que se marchara, ella parecía interesada en aún decirle algo
más.
·
HEYDEN: ¿Podrías
subir un minuto? He de enseñarte algo.
·
MICHAEL: Claro.
Él no recordaba la última vez que la vio con aquel rostro . Por una
vez, sentía que perdía parte del hilo conductor que le hacía indivisible con su
vida.
Una vez en su casa, él se acercó al minibar y preparó dos copas
creyendo que la circunstancia podría merecerla. Ella , dejando las cosas en la
cómoda de la entrada, se acercó al dormitorio. Abriendo uno de los cajones de una mesa auxiliar , sacó una carpeta , y
observándola por un instante, respiró hondo, volvió a cogerla y regresó al
salón con ella.
Cuando Michael , que se encontraba disfrutando de las vistas de la
ciudad en uno de los ventanales, oyó sus
pasos de regreso, giró su cabeza hacia ella y la carpeta fue lo primero que le llamó la
atención.
Detenida delante suya, ella le alargó la mano que la portaba , y sin
decirle nada, esperó a que él la cogiera. Seguidamente, dio media vuelta, cogió
su copa y se sentó en el gran sofá.
A Michael no le hacía falta abrirla para saber lo que podía contener,
y comenzó a atar cabos.
• MICHAEL: ¿Cuándo ?
• HEYDEN: Recibí un
código en el móvil esta mañana.
• MICHAEL: ¿Dónde la
recogiste?
• HEYDEN: No la
recogí. Vinieron a entregármela. En
mano.
Dejando su vaso en el saliente de la ventana, abrió la carpeta, y con
la vista de una fotografía, tuvo suficiente de momento.
• MICHAEL: ¿Sanders?
¿En persona?
• HEYDEN: A veces lo mejor de los menús no suele estar en los
entrantes. En ocasiones, los postres prometen.
Aquella, era la indicación más
precisa de que él debía seguir buscando algo en la carpeta porque había algo
más que le escapaba. Otra foto y otro nombre muy conocido para él.
• MICHAEL: Con razón
decidieron hacerlo así.
• HEYDEN: No lo
decidieron, lo decidió él.
• MICHAEL: ¿Cuánto tiempo
te han dado para pensarlo?
• HEYDEN: No hay nada
que pensar.
Su seriedad y seguridad en sí misma le estaban asustando. Ella se
levantó bruscamente del sofá para servirse otra copa, a lo que él, dejando la
carpeta en la mesa que tenía delante, la
siguió.
• MICHAEL: -muy
nervioso y preocupado- ¿No habrás aceptado?
• HEYDEN: Te lo acabo
de decir Michael. No había nada que decidir.
• MICHAEL: Pero
¿Sabes dónde te estás metiendo? Claro
que vino Sanders a entregártelo en persona. ¡Por el amor de Dios! ¡Éste no es
como los demás!
• HEYDEN: - Bebiendo
un sorbo con su vista puesta en un punto fijo , el ventanal que tenía en
frente, todo con tal de evitar mirarle a él- Aún recuerdo perfectamente lo que
me dijiste aquel día.
• MICHAEL: - con una
mezcla de ironía y rabia en sus palabras- Vaya, ¿hoy te ha dado por tirar de
hemeroteca mental?
• HEYDEN: Me dijiste
los pros y los contras de estar metido en esto, y me hiciste hincapié en que no
estaba bien pagado, que posiblemente nadie me lo agradeciera jamás ni obtendría
reconocimiento. Pero lo que más grabado me quedó, fue cuándo me expresaste y
describiste , la horrible sensación de soledad que podía llegar a sentirse,
cuando tenías que adoptar tú ciertas decisiones sabiendo, que nadie estaría
para cubrirte. Junto a aquellas
palabras, aún conservo en mi hemeroteca mental , como tú la llamas, la imagen
de aquellos profundos ojos azules que observaban al infinito, casi llorosos,
mostrándome una realidad cruda como nadie mejor podría haberlo hecho, – se centró en él y prosiguió -
y ahora, esos mismos y profundos ojos azules muestran miedo , pero no por quién los porta,
sino por quién ayudó a la que los observa a meterse en todo esto .
El gesto de él, serio y desencajado, evidenciaba algo más que simple
temor. El contenido de aquella carpeta le confería un sentimiento creciente de rabia
interior y de impotencia ante lo que se avecinaba , que lo descolocaba en
demasía.
Acostumbrado a no someterse a reglas fijas, pero a poder dejarla libre
aunque bajo su ala protectora, la aceptación del contenido de aquella entrega suponía algo diferente.
Involucrarse sin resultar demasiado evidente, ni para ella, ni para
quiénes la rodearían de ahora en adelante.
• HEYDEN: Sanders me
dijo que tienen a alguien dentro, pero que no podía decirme de quién se
trataba. Que ya se daría a conocer.
Cuando fue a beber de nuevo, el trayecto de su mano intentando coger
el vaso, quedó interrumpida por la de él, que se la apretaba con fuerza. Ella ,
se la acercó a su mejilla apretando con fuerza su rostro, mientras él cerraba
los ojos y bajaba su cabeza.
Ana Patricia Cruz López
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