“ Enséñame a darme cuenta de quién eres
Enséñame a darme cuenta de lo qué realmente significas para mí
Enséñame a sentirme viva
Enséñame a vivir
Enséñame a necesitarte
Enséñame a amarte”
¿UN ENCUENTRO O UNA TRAMPA?
Aquella mañana Candice recogería un sobre en portería. Se acercaba la
fecha del encuentro anual de literatura que organizaba la Asociación de
Literatura Americana y a la que ella acudía puntualmente. Al abrirlo, se sorprendió gratamente por el lugar
escogido este año: LOS HAMPTONS, todo un lujo al alcance de unos pocos. En la
costa de Nueva York y no lejos de donde ellos se encontraban.
Steve llegaba en ese momento para firmar el registro y recoger una
documentación, cuando al pasar por
detrás de Candice, reconoció el escudo de la Asociación de Literatura en la
esquina del papel, y con la curiosidad reflejada en su cara, le preguntó.
• STEVE: ¿Acudirá?
Candice andaba despistada intentando pensar sobre la invitación.
• CANDICE: Oh Steve!
Buenos días.
• STEVE: Buenos días
.
• CANDICE: ¿Me decía?
• STEVE: Al pasar he
visto de reojo el escudo , me preguntaba si iría al encuentro.
Candice volvió a mirar la carta-invitación y devolvió sus ojos hacia Steve sumamente
interesada y pensativa .
• CANDICE: Emmm…..
tengo por costumbre no fallar, y lo cierto es que este año hay un incentivo mucho más
atractivo.
• STEVE: ¿Ah sí?
• CANDICE: Sí, se
celebrará en LOS HAMPTONS.
• STEVE: -Terminando
de firmar- Ah vaya. Pues sí, interesante lugar para celebrarlo. – recogió sus cosas
y se disponía a marcharse- Tengo que
volver a clase, espero que se decida. Si lo hace, nos veremos allí.
Y se marchó . Candice se quedó pensativa mirando hacia el rastro
dejado por él, y , como si una luz se le hubiese encendido de pronto, corrió escaleras
arriba en dirección al Departamento. Con
la mano en el pomo de la puerta, trató
de calmarse, respiró hondo y abrió. Sarah se encontraba leyendo algo en su portátil.
• CANDICE: Buenos
días querida.
Tanta efusividad desde por la mañana estresaba a Sarah que ,
normalmente, nunca solía levantarse de demasiado buen humor , pero que hoy
especialmente parecía más cansada que de costumbre.
• SARAH: ¿Nos hemos
levantado de buen humor eh?
• CANDICE: En
realidad no sé qué decirte, porque me acaban de hacer una jugarreta de las
grandes. Para un año que realmente me apetecía…..
Sarah continúo mirando la pantalla del portátil mientras trataba de
mantener la conversación con Candice.
• SARAH: ¿Qué sucede?
• CANDICE: - Con el
sobre de la invitación en la mano- Me acaba de llegar la invitación para el
encuentro anual de literatura
• SARAH: ¿Y?
• CANDICE: Este año
lo organizaban muy cerca de aquí, en Los Hamptons.
• SARAH: - sin
mostrar demasiado interés- ¡Ah bien! Se nota que tienen pasta . ¿Y cuál es el problema?
Candice intentaba poner cara y tono de pena , aunque sólo fuera por
captar su atención.
• CANDICE: Que para un año que me apetecía ir………. Una de las
zonas más exclusivas de los Estados Unidos….. Una oportunidad única de codearme con lo más granado de la sociedad
estadounidense……….
• SARAH: -
desesperada por la forma de alargar el discurso- ¿Qué?
• CANDICE: Que
resulta que no puedo ir. Me ha surgido un compromiso especial y no podré
asistir , y lo peor es que la
Universidad se queda sin representación.- ante la falta de la atención
requerida de su amiga la cual continuaba más atenta a lo que hacía que a ella,
decidió ir al grano- y claro, como yo no puedo ir he pensado que podrías ir tú.
Candice logró lo que pretendía, Sarah levantó levemente la vista de la
pantalla para fijarse en ella que la recibía con una amplia sonrisa.
• CANDICE: Desde
luego tú, como jefa de área departamental representarías mejor a la Institución
que yo, y además , una escritora famosa…eso le daría hasta caché.
La sonrisa más que convincente de Candice combinaba a la perfección
con la mirada seria y casi amenazante de su amiga por encima de la pantalla.
Al no verla demasiado convencida, cambió de estrategia.
• CANDICE: Piénsalo,
los Hamptons, ¿cuántas veces no habrás querido ir ?
• SARAH: Nunca.
Le contestó secamente y volvió a centrarse en su pantalla. Candice,
ligeramente molesta, le bajó la tapa de
golpe.
• SARAH: ¡Pero….! ¿Se
puede saber qué crees que estás haciendo?
• CANDICE: No se
hablé más , irás por mí y disfrutarás de la sociabilización y el buen tiempo en
la zona más exclusiva de todo el Estado
y la Costa Este.
• SARAH: ¿Estarás de
coña? ¿Sabes todo lo qué tengo que hacer?
• CANDICE: ¿Un fin de
semana? Sí claro, lo de todos tus últimos siete años de fines de semana :
aburrirte.
• SARAH: -resignada-
¿Y para cuándo se supone que es?
• CANDICE: Este fin
de semana………..¡anda! pero si mañana es
viernes ya , hay que ver que rápido pasan los días. ¿quieres qué te deje el
coche?
• SARAH: -resignada-
No puedo creer que estés metiéndome en un lio de los tuyos.
• CANDICE: No te meto
yo, piensa que te mete la Universidad que es en realidad a quién le cursan la
invitación.
• SARAH: Peor me lo
pones. No puedo ir a quejarme a Freddy. Eres tú la que me estás metiendo en esto.
• CANDICE: No me has
contestado.
• SARAH: - con ganas
de ahorcarla- No, iré en la moto----la sonrisa de Candice evidenciaba para sus
adentros que su plan , al menos, tenía un buen comienzo- ¿Cómo dejo que me
enredes siempre?
• CANDICE: Porque
como buena amiga tuya es mi obligación enredarte de vez en cuando.
Y la abrazó fuerte, deseando para sus adentros que todo saliese como ella había imaginado,
aunque sólo fuera por una vez.
Y llegó el temido viernes . Sarah se levantó muy temprano para
terminar de cerrar la bolsa en la que llevaba
la ropa y la pequeña adicional con el
neceser. Todo listo para guardar en los maleteros de la moto. Ciertamente, cualquier excusa hubiese sido perfecta para
volver a conducir a “su niña” como a
ella le gustaba llamarla. Sabía que esta vez , el recorrido, de apenas dos horas de duración , no era
suficiente, pero posiblemente , a la vuelta, decidiese desviarse.
Antes de desayunar, decidió
tomar un relajante baño de agua caliente. Con una toalla enrollada en la nuca y los ojos cerrados, los pensamientos y recuerdos vagos, algunos
apenas perceptibles , invadían como flashes su mente.
Aquellas imágenes , algunas difusas, otras muy borrosas capaces de
desaparecer en cuanto tratabas de centrarlas, le iban mostrando una gran sala, muchos asientos, una mesa rectangular imponente , mucha gente,
pero sólo figuras sin cara, borrosas.
Le llegaban sonidos, voces no entendibles. Siluetas de lo que parecían
libros. Un susurro. Una mano que porta una taza y la coloca delante suyo.
Sensación de ser el centro de atención, pero sin poder distinguir a nadie.
Abrió los ojos y sólo estaba el techo.
Salió del baño con el agua aun
recorriendo su cuerpo yse enrolló en la toalla.
Y al pasar por delante del gran
espejo de su dormitorio, tras un instante de pensamiento e ideas cruzadas,
soltó la toalla y la dejó caer deslizándose
hasta sus pies. Su mirada fija
hacia lo que el espejo reflejaba de sí misma, una lágrima rebelde y huidiza, y
bajó la cabeza para dirigirse hacia la cama y comenzar a vestirse.
“Su niña”, una belleza italiana roja y blanca de 1200 centímetros
cúbicos , indomable si no se conoce bien, resultaba incluso hasta agresiva para
alguien como ella, pero su debilidad por
aquellas dos ruedas nació mucho antes de que pudiese permitírsela. Y para esa
ocasión , como homenaje, nada como una vestimenta acorde . Embutida en cuero
negro muy ajustado y botas de fino y alto tacón casi impensables para subirse a
lomos de su tanque, Sarah decidió que
necesitaba subirse a ella , como antaño, con la misma seguridad que era
capaz de transmitirle.
Llegó a media mañana y resultó el punto de atención preferido tanto
por parte de los que acababan de llegar ,como
quiénes llevaban allí desde hacía
horas disfrutando de un Brunch en la terraza descubierta del
piso superior del hotel que daba al hall de entrada.
Steve había llegado el día
anterior, y se encontraba hablando con otros dos asistentes al encuentro cuando
el rugido de la moto le desvió la atención.
Con su copa de vino blanco en la mano, no perdió detalle de como
aquella figura estilizada y de puro cuero negro y tacones de vértigo , se
bajaba de la moto, se desabrochaba y quitaba los guantes y los colocaba encima
del tanque. Bebiendo un sorbo de aquel delicioso manjar , se deleitaba observando , como aquella
sorpresiva mujer se desabrochaba y quitaba el casco sacudiendo su cabello,
llegándose casi a ahogar , cuando comprobó quién era la conductora al darse ésta la media vuelta dispuesta a entrar en el hotel con sus bolsas.
No podía creer lo que sus ojos le mostraban , y no sólo por cómo iba
vestida. Era la imagen completa de la escena lo que le llamaba poderosamente la
atención, sin que pudiera ni quisiera retirar la mirada de ella. Con cada paso que aquellos finos y altos tacones
la traían al interior del hotel, sus caderas, marcadas en aquellos ajustados
pantalones , esbeltaban no sólo su figura,
sino un paso casi felino que parecía manejar a la perfección, lejos de
la discreción a la que tenía a todos acostumbrados.
Pese a que las jornadas comenzaban el sábado por la mañana, y ese primer día de llegada se aprovechaba
para relacionarse y recoger los programas,
Steve anduvo buscándola sin éxito.
Ella había preferido quedarse a descansar y admirar la vista a la playa desde la pequeña
terraza de su habitación , solicitando a recepción que se le entregase la
documentación en ella de camino que pedía la cena.
Con dolor en el cuello , decidió
tomarse un relajante suave.
La noche era realmente deliciosa. Apenas una brisa suave recorría el
lugar. Un espectacular cielo azul oscuro , sin ninguna nube que obstaculizase
la brillantez de la luz de la enorme luna llena sobre la arena y el agua
rompiendo en la orilla.
Al terminar de cenar , con lo último del vino pedido para acompañar la
misma en una de sus manos, decidió disfrutar del relax que el entorno y su
pequeña terraza de madera le
proporcionaban.
Cerró los ojos sólo un instante mientras gozaba con la caricia de la
brisa en su cara.
Sin concepto del tiempo real pasado
, sintió que la observaban. Abrió los ojos, giró la cabeza a su
izquierda, y un más que satisfecho e interesante Steve la observaba de
pie, junto a la barandilla que separaba
ambas terrazas, con un vaso en la mano .
·
SARAH: ¡Oh Dios!- dijo casi murmurando.
• STEVE: Buenas
noches Dra. McBridge.
Aquel tono guasón de su voz comenzaba a rechinar en sus oídos.
• STEVE: No esperaba
verla aquí.
• SARAH: - con voz
titubeante mientras se sentía analizada de arriba abajo por él- Es que….. en
realidad yo no debería estar aquí.
• STEVE: Lo sé,
esperaba ver a Candice en realidad.
Ante lo que parecía más un tono de reproche que de sorpresa, a Sarah dejó de titubearle la voz, y
aprovechando que se encontraba más relajada de lo normal , quizás por la mezcla
entre el relajante y la botella de vino
que degustó durante su cena, se envalentonó para sorpresa de su contrincante
dialéctico.
• SARAH: Pues me temo
que tendrá que conformarse conmigo
Lowell, ella no ha podido venir. ¿Lo que no sabía es que la Universidad
mandase a dos representantes este año?
• STEVE: No me ha
mandado la Universidad.
• SARAH: - extrañada-
¿ah no?
• STEVE: No, me
invita la Organización, siempre lo hacen. Sólo que este año no tenía excusa.
Aquella respuesta , su prepotencia y su enorme seguridad en sí mismo,
la terminaron de encender.
Se fue acercando lentamente a él desde su terraza, mientras Steve la
observaba detenidamente, puesto que
conforme más cerca estaba de ella, la luz a su espalda convertía en traslúcida
la ropa puesta desvelando su figura por completo, y sin cortarse lo más
mínimo, y sin que a priori ella
pareciera darse cuenta, degustaba de la
espectacular visión mordisqueándose el labio inferior .
·
SARAH: Ah claro, es verdad, me olvidaba, - la
más exagerada ironía se apoderó de ella- el señorito inglés y destacado miembro
de la comunidad literaria contemporánea
, el escritor de postín , el genio más joven de los aspirantes al nobel,
sólo podía ser invitado por la Asociación Americana de Literatura.
• STEVE:
Huuuuuuuuuuu, - dado su estado, decidió tantear provocándola un poco- eso ha sonado a….
Se acercó hasta donde la línea del muro de madera divisorio le dejó, y
para él, que la notaba exquisitamente más relajada de lo normal , la
visión de parte de un seno por el escote de la camisa larga que llevaba ,
resultaba de lo más deleitable para los sentidos.
• SARAH: ¿A qué
Lowell?
Ella le cazó mirando a su escote durante un segundo, se miró y en
seguida lo retuvo con la mano.
• STEVE: Quiera algo o alguien que alguna vez sea
capaz de decirme por qué le molesto tanto, por qué le incomoda mi presencia.
Aquellos ojos se le clavaban más íntimamente de lo que hubiera deseado
en aquel instante, pero lejos de achantarse, ella se mantenía quieta en el
mismo sitio, impávida.
Se dio la vuelta con la intención de marcharse y regresar al interior de la habitación.
• STEVE: Nunca ha
dado la pinta de ser una persona que
hable con tapujos, ni que no sea sincera y clara, y sin embargo, ante una
sencilla pregunta ¿decide marcharse sin responder?
Sarah tomó el guante lanzado empleando su tono más cruel y despiadado,
y se dio la vuelta volviendo sobre sus pasos.
• SARAH: No me conoce
Sr. Lowell.
• STEVE: Dicen de mí que tengo un sexto sentido
bastante afinado, que rara vez se equivoca.
Más atrevida de lo que cabría corresponder por el vino bebido durante
la cena y su mezcla anterior , decidió
seguirle el juego, mientras él no perdía detalle del jugueteo de sus labios con
el filo de la copa de cristal.
• SARAH: ¿Y qué es lo
que ese sexto sentido le dice de mí si puede saberse?
• STEVE: No creo que
quiera saberlo en realidad. Sólo me reta
para saber si me atrevo, y así otorgarle otra excusa para seguir no tragándome.
• SARAH: No tiene
argumentos. Es un provocador nato, pero
vacío en realidad. Una pena.
• STEVE: ¿Qué es lo
que más le molesta doctora, qué tenga mi historial o qué represente un peligro
inesperado?
Ella se sonrió bajando la cabeza y dándole la espalda mientras se
sentaba en la barandilla. Ante su sonrisa, él le preguntó.
• STEVE: Lo que sí
estoy seguro , es de que usted se ha hecho una imagen prefijada de mí y creo
tener derecho a saber por qué.
Ella dejó de sonreír .
• SARAH: Está bien.
Usted lo quiere , usted lo tendrá. Estoy demasiado acostumbrada a tratar gente
como usted Lowell. Sólo es otro inmaduro de treinta y pocos con éxito
inapropiado y breve, con más suerte que talento, al que todo le ha venido de cara , y que no
ha tenido que luchar con demasiado esfuerzo por lo que tiene.
• STEVE: -sorprendido
y casi olvidando las formas- Así que ¿Eso
es lo que piensa de mí? ¿De alguien que
no conoce?
• SARAH: No necesito
conocerle Sr Lowell, no es más distinto de otros escritores con éxito de su
edad. Hasta que les comienza la cuesta abajo. De hecho ¿cree que su invitación
es gratuita?
• STEVE: Ilumíneme.
• SARAH: El puesto de
Director de Área.
Él se quedó pensativo un instante.
• STEVE : Lo está
cubriendo usted.
• SARAH: - bebiendo
otro sorbo de vino- Mi querido Lowell,
sí, pero de forma interina. Desde hace el suficiente tiempo como para que los
Estatutos de la Escuela establezcan que deba nombrarse uno definitivo.
Sus palabras resultaba demasiado contundentes y seguras. Él, que aún
desconocía tales términos, expectante, continuó preguntándole.
• STEVE: ¿Qué está
tratando de insinuar?
• SARAH: Yo nunca
insinúo Sr Lowell- apuró su copa y le clavó fijamente sus ojos de forma fría y
contundente- yo afirmo. La única razón
de porque se lo han traído hasta aquí ,
es para ofrecerle mi puesto. Es joven, tiene nombre que respalde la
institución y al Departamento, y desde luego,
mejor curriculum que la presente que tiene delante, siendo más joven,
aunque no lo crea.
• STEVE: Pero si
hicieran eso , se supone que deberían estar seguros de que me quedo. Y en
principio lo más destacado es mi temporalidad.
No tengo intención de quedarme.
Ella volvió a incorporarse y dejando la copa en la mesita de la
terraza, se dirigió a él de nuevo.
• SARAH: ¿Quién sabe?
Puede que la oferta le resulte tan tentadora que ya no desee volver. Aunque
creo que en su caso, más dependería de si tiene algo en casa por lo que
regresar.
• STEVE: La única
razón que haría que me quedase, le puedo
asegurar que no sería económica.
• SARAH: Todos
tenemos un precio Lowell, sea éste dinero, sacrificios o personas. Todos
terminamos sacrificando algo por lo que menos creíamos que lo haríamos.
Dio media vuelta, y caminó lentamente hacia el interior. Sólo su voz
volvería a retenerla en aquel espacio.
• STEVE: ¿Realmente
cree que he venido para arrebatarle lo que tanto tiempo lleva esperando?
Aquel medio ladear de su cabeza hacia él, del que sólo la luz natural
existente dejaba apreciar parte de su rostro, resultaba una imagen evocadora.
• SARAH: Yo no he dicho que usted haya venido para
ello , cosa diferente es que lo acabe asumiendo.
Y prosiguió su paso cerrando tras de sí la puerta que separaba el
saloncito de la habitación de aquel espacio abierto con vistas.
Aquellas respuestas le bastaron a él para comprender ciertas cosas,
pero no le otorgaban la tan ansiada claridad sobre otras .
Algo no terminaba de cuadrarle
desde que había llegado, pero de
lo que estaba seguro es de que no cesaría en su empeño.
Ana Patricia Cruz López
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Curioso inicio de capítulo (de tres partes que tiene) Vamos, sutilmente, destripando cosas, puntos de vista (el de ella en este caso)
ResponderEliminarTambién se aprecia la sensualidad, como ella se transforma cuando está en su moto.
A continuar con el sexto capitulo...