viernes, 14 de agosto de 2015

NADA ES LO QUE PARECE. CAPITULO QUINTO. PARTE PRIMERA. NUEVAS CARTAS NUEVO JUEGO (Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPITULO QUINTO (1 parte)
NUEVAS CARTAS, NUEVO JUEGO



Tras una noche larga , en la que Michael y ella  simplemente se hicieron compañía sin ninguna palabra más que necesitaran cruzarse,  el reloj marcó la hora de marcharse de él puesto que cogía el primer avión de la mañana, y la de descansar de ella.

Con mucho que pensar aún, a Heyden le costaría bastante conciliar su sueño. En el interior de su cabeza, trataba de repasar todos y cada uno de los momentos en los que tuvo que adoptar alguna decisión , gustosamente o no, y el resultado final de aquel análisis no parecía convencerla demasiado.
La primera en ajustarse cuentas con su pasado , siempre había sido ella misma.
Autoexigente por naturaleza, aunque David en su momento tratase de calmarla, ese don connatural  había dominado su vida  y aún lo seguía haciendo.


No tanto por el cansancio, sino por el agotador día que le esperaba , debía terminar de arreglar algunos documentos y preparar el equipaje para situarse fuera de la ciudad algunos días.

Pocas horas después, el amanecer determinó su despertar y el momento  de meterse bajo el agua cálida de la ducha. Pero antes, fue al salón, encendió su portátil para que fuera cargando sus correos y así agilizar los tiempos de respuesta,  y preparó la cafetera para que todo estuviese dispuesto en cuanto ella saliese del  cuarto de baño. Con el sonido de la televisión del dormitorio narrando las noticias de la mañana, quiso ausentarse de todo durante los breves instantes en que el agua se apoderaba de ella , pero mentalmente, le fue imposible.

Al salir de la ducha,  se puso el albornoz que tenía colocado al lado y salió hacia el salón,  sin percatarse de que no se encontraba sola.
Se dirigió a la cocina de nuevo y se sirvió una taza de café con algo de leche. Al darse  la vuelta , se encontró con una desagradable sorpresa sentado en el gran sofá, lo que le provocó una gran sobresaltó,  hasta tal punto,  que el contenido de la taza se le vino encima de la prenda de vestir y en parte de la piel.

La turbadora imagen de un Sean , completamente relajado en su sofá, con los brazos extendidos sobre el espaldar, camisa desabrochada en su parte superior y el nudo de la corbata aflojado, esperándola y en su casa,  la dejaron bloqueada y sin capacidad de reacción.

Lo cierto,  es que ella no entendía qué hacía allí ni cómo había logrado entrar, pero el fondo blanco del sofá destacaba aún más su pelo oscuro y el intenso color pardo de sus ojos.

Heyden se dio la vuelta para intentar coger algo con lo que  intentar mitigar la mancha del albornoz y secarse la mano.

•             HEYDEN: Joder, que desastre. – se dirigió a Sean titubeante y  bastante molesta-Pero ¿se puede saber cómo diablos has entrado aquí?
•             SEAN: Hay lugares donde basta enseñar la placa.
•             HEYDEN: ¿No me digas? Sí la usaras para hacer tu trabajo en vez de para entrar en casas ajenas ……

Por el tono de su voz e incluso su aspecto, ella sabía que debía andarse con cuidado. Llevaba una copa de más encima, y si de por sí resultaba un hombre bastante agresivo sobrio, bebido, resultaba peligroso en exceso por su incapacidad para controlarse.

•             HEYDEN: - Intentando que no se diera cuenta de que la situación le incomodaba sobremanera , decidió ponerse a la defensiva.-Aún no me has dicho qué diablos haces aquí.
•             SEAN: ¡Oh vamos Heyden! He venido a ver cómo estás,  hace mucho que no sabía de ti.
•             HEYDEN:- Desafiante- Pués podías haber seguido ignorándolo , creo que nos ha ido perfectamente bien a las dos.
•             SEAN: Estás distinta.

Caminando muy despacio hacia la parte del mueble donde se encontraba el cajón en el que guardaba los cubiertos, y sin dejar de observar cada uno de sus movimientos, con mucho cuidado lo abrió, y mientras trataba de mantenerlo entretenido hablando, introdujo su mano lentamente buscando  algo.
Con una mirada harto conocida por ella, su paso, lento, casi agoniante por hacerse con su cuerpo , como antaño, resultaba la combinación perfecta para intentar no mantenerlo más en su casa.

  • HEYDEN: No des un solo paso más Sean.
  • SEAN: Ahora que te observo mejor, has dejado esa inocencia que te caracterizaba . Estás …

Mientras él se acercaba, ella encontró en el cajón lo que buscaba tan disimuladamente, uno de los cuchillos de cocina , con una hoja especialmente larga. Habiéndolo  extraído del cajón, lo mantuve agarrado encima de la encimera,  lejos aún del alcance de su vista.

•             HEYDEN: ¿Qué es lo que has venido a buscar?

Él abrió sus brazos hacia ella.

  • SEAN: A ti.  Hoy estuve pensando en los viejos tiempos, y tú aparecías en ellos. Joven, con aquella piel blanca y tersa ,  sonriente y coqueta.

Al ver que él se le acercaba sin tener intención de detenerse, retiró la mano que portaba el cuchillo hacia su espalda  y comenzó a caminar lentamente hacia detrás.

•             SEAN:  Y yo que pensé en serio que te gustaría la sorpresa - respiró profundamente –
•             HEYDEN:  Será mejor que te marches, no creo que te convenga que llame a seguridad.
•             SEAN: - ¿Serías capaz? Vamos Heyden, sabes que siempre te he querido , que he sentido esa debilidad ciega por ti - su voz comenzó a variar. Conforme una nueva palabra salía de su boca, la agresividad de las mismas crecía en intensidad y volumen, mientras ella continuaba yendo hacia detrás siendo consciente de que en algún momento no tendría más salida.- Tú sabes lo que has significado para mí.

Aunque los nervios la cubrían por entero, intentó aguantar el tipo como podía , y era su orgullo el que la ayudaba a tratar de disimularlos ante él. El orgullo y la rabia contenida derivada de años anteriores, de situaciones en las que sus tiras y aflojas con él , siempre terminaban con su padre de por medio saliendo en su defensa y en detrimento de ella, su hija, la gran perjudicaba.
Con una imagen prodigada por él , de provocar a los hombres y de “cualquiera”,  especialmente a raíz de la agresión, él vio el cerco mucho más abierto para ir a por ella sin tapujos en un acoso y derribo continuo, del que Heyden  siempre lograba salir airosa . ¿Pero las cuentas entre ellos aún seguían pendientes, y esas no se arreglaban hablando.

Cuando ella ya no pudo seguir caminando, sin salida, recolocó el cuchillo en su mano por si debiera hacer uso de él de una forma rápida y ágil, mientras su cuerpo se tensionaba al sentirle prácticamente encima una vez hubo llegado hasta ella.
Con aquellas manos , grandes y totalmente repulsivas de la obscenidad malintencionada que emanaban ,  comenzó a tocar sus brazos con dirección hacia los hombros. Ella sólo podía agarrar cada vez con más fuerza el cuchillo mientras en su cabeza le martilleaba una sola idea, no dejarle continuar.

  • SEAN: Nunca he sabido por qué te causo tanta repulsión, cuando lo único que he hecho, es mirar por ti, incluso cuando provocabas a tu padre.

Sus manos se detuvieron de pronto. Su rostro palideció, y aquella languidez melancólica barata desapareció. Unos centímetros de desviación de sus ojos le bastaron para cerciorarse de que realmente , la punción que sentía en sus carnes, a la altura del hígado, era lo que parecía.
Al devolverle la vista a ella, sus manos la soltaron , pero al tratar de separarse, ella apretó aún más la punta contra su cuerpo.

  • HEYDEN: No dirás que no te lo advertí. ¿Aún a estas alturas en serio sigues representando el mismo papel de ingenuidad? ¿Conmigo precisamente?

Con un gesto visual, le indicó que fuera andando por donde había venido, pero tal cual estaba, sin darse la vuelta, puesto que no quería perder atención a cada uno de sus gestos, y a regañadientes, él no se atrevió a contradecirla.

  • HEYDEN: ¿En serio creías que no me daría cuenta? ¿Qué no te reconocería?

Extrañado por aquello, siguió caminando mientras escuchaba lo que ella tenía que decirle con expectación.

  • HEYDEN: Trataste de disimular la voz, pero tu olor con ese masaje de afeitar fue lo primero que comenzó a delatarte.  Aún guardo en mi cuello un precioso recuerdo de aquella noche, y gracias a ti, lo llevaré el resto de mi vida. Tus ojos, tus puñeteros ojos…………..cuando traté de soltarme.

Andando , llegaron hasta la puerta . El cuchillo cambió de lugar de encuentro, subiendo por su pecho hasta el cuello.

  • SEAN: Has perdido la poca cordura que te quedaba. – Una sonrisa repentina se dibujo en su rostro- Tanto tiempo huyendo de tu padre, queriendo ser diferente a él, y resulta que eres idéntica. La misa forma de ser desquiciada y cambiante, que disfruta inventándose personajes e historias para sobrevivir y obtener reconocimiento.

Tanto apretó el cuchillo sobre la piel, que comenzó levemente a sangrar.

  • HEYDEN:  Dame una razón para hacerlo Sean, oblígame a tener que usar la legítima defensa contigo, a usar la excusa de la locura transitoria por un trauma sobrevenido y causado por ti cuando tenía diecinueve años. Anda- apretó aún más, y la sangre comenzó a brotar con mayor intensidad-  Dame la causa que haga que recupere mi sueño y me olvide de ti para siempre.
  • SEAN: ¿Y después qué? ¿Crees que lo olvidarás ? No podrás hacerlo. Llevas viviendo en esa mentira demasiados años , y matándome no conseguirás olvidarla. Te encanta sentirte víctima , que te adulen.  – notando que ella suavizaba la presión sobre la carne, dedujo que  lo estaba retirando, y lejos de mantenerse en silencio, la puntilla de toda aquella disertación, fue traída por él- Total, no sé por qué te importa , ah! Ya, debe ser porque yo no te pagaba ¿no?

Con rabia inesperada, el cuchillo pasó a clavarse en sus genitales con tanta fuerza, que incluso a través de la ropa sintió la punta misma del instrumento como si no llevase nada. Como pudo, se le acercó y elevándose sobre las puntas de sus píes para acercarse lo más posible a su rostro, le profirió un advertencia.

  • HEYDEN: Lárgate de aquí . Si vuelves a  acercarte a mí o a seguirme, u osas volver a entrar en mi casa, no habrán palabras y este cuchillo no se quedara con la hoja limpia. ¿Lo has entendido?
  • SEAN: Vamos Heyden….

Ella lo apretó un poco más  , obligándole a pegarse todo lo que pudo contra la pared y estirarse incluso.

  • HEYDEN: No habrá una segunda oportunidad Sean.
  • SEAN: ¿Estás amenazándome? ¿A un agente de policía?
  • HEYDEN: Como si eres Dios. Si  dejaste de serlo para hacer lo que me hiciste , puedes dejar de serlo para morir.

Le hizo apartarse a su izquierda , abrió la puerta, y separándose de él , le  indicó , sin necesidad de palabra alguna, que se marchase.
Con gesto dudoso, fue retirándose con cuidado hacia la abertura sin  darle la espalda. Antes de coger de forma definitiva el pasillo que le sacaría del edificio, su mirada aún la seguía buscando desafiante y amenazadoramente.
Secreto a  voces , la evidente mala relación entre ambos y su virulencia mostrada en público en más de una ocasión, tenía una razón de peso.
A ella jamás le resultó fácil compartir el mismo espacio, y menos tenerle cerca cuando tenía que visitar por obligación a su padre en la comisaría, pero Sean nunca había sabido disimular demasiado sus ansias por ella aún siendo una  chiquilla de apenas 13 o 14 años, que a los 16, a raíz de la inesperada y misteriosamente oculta muerte de su madre, se volvió rebelde como única forma de poder sobrevivir.

Tras el cierre de aquella puerta, su cuerpo, cansado  por la tensión, comenzó a descender  deslizando su espalda por ella de forma temblorosa. Sólo al lograr llegar al suelo, sentada, aún sin capacidad de respuesta real, con el cuchillo en la mano, se la quedó observando durante un instante. Como si una imagen flasheada desagradable se le hubiera cruzado mentalmente, soltó el cuchillo lanzándolo muy lejos de ella, y observando sus manos, rompió a  llorar de forma nerviosa sin tan siquiera querer tocarse.

Acurrucada sobre sus rodillas , en posición fetal, se abrazó a si misma buscando un consuelo que no tenía ni encontraba , algo a lo que poder aferrarse aunque fuera por un instante dentro de su inmenso dolor. Ése , que llevaba consigo siempre, oculto tras la máscara de una vida normal, pero presente en ese hueco de su mente en el que de vez en cuando , algo o alguien le recordaba cómo era presuntamente sin conocerla, o la juzgaba por lo que había sido.

Así, en el suelo, entre lágrimas imparables, la imagen de una niña pequeña abrazada por su madre , la cual sólo trató de sobrevivir tras el abandono de su primer esposo con dos trabajos que la mantenían fuera de casa casi constantemente, y a ella en manos de una vecina amiga,
sobrevolaba  su mente como un recuerdo lejano pero agradable, inolvidable.

Esa imagen de su madre , un sábado por la mañana, en la cafetería donde trabajaba durante el día, junto a la cafetera y el expositor de tartas caseras de la señora Mood, mientras ella , al final de la barra, pasaba el rato observando durante horas a su madre y el entorno en el que se desenvolvía. Una mujer  delgada y con aspecto deliciosamente frágil, de perfil perfecto y sonrisa dulce ,  a la que el sol del medio día , le resaltaba su juventud avejentada por el mal trago del abandono familiar.
Un cuerpo perfectamente delineado y hermoso, modelado tras años de dedicación a la danza, y que le sirvieron  , años después, pero no como ella hubiera deseado, y es que el trabajo en el club nocturno fue una solución de último recurso porque su trabajo como camarera no daba para cubrir todos los gastos.
El recuerdo de aquel perfil, con un mechón de su cabello gris sobre la mejilla izquierda mientras partía con cuidado un pedazo de deliciosa  tarta de limón, sería el último con el que quiso culminar aquella noche. Una noche que prefería olvidar.


Horas más tarde, prácticamente en la otra punta  de la costa, un Michael recién llegado y casi ausente , se incorporaba directamente desde el Aeropuerto a la oficina.

Tras reunirse brevemente con David como antesala de los juicios que ambos preparaban en conjunto, y soportar el interrogatorio de rigor sobre Heyden , preocupado, trató de centrarse en otros temas encerrado en su despacho, pero  la famosa carpeta y su contenido, le traían más de un dolor de cabeza.

Sin salir de aquel habitáculo, Liz llegó de los juzgados justo antes de comer, y conforme trataba de llegar a su despacho, por la pequeña hilera de cristal situada al lado de la puerta, pudo ver que él había regresado . Un Michael altamente preocupado con la mano acariciando su boca y casi de espaldas a la puerta , observando lo que sucedía al otro lado de la ventana. No era lo más habitual en él.
Tocó la puerta con los nudillos levemente, y abrió . Él ni siquiera parecía haberse percibido de la invasión.

•             LIZ: ¿Michael?

Absorto en sus pensamientos, no reaccionaba , así que  se acercó a la mesa con la intención de que la viera y así le contestase.

•             LIZ: Michael, disculpa ¿estás bien?

Y sí, esta vez la medida resultó efectiva, pero en sus ojos aún se le podía percibir ligeramente ausente durante un instante.

•             MICHAEL: Sí, dime.
•             LIZ: No sabía que habías vuelto.
•             MICHAEL: En el primer vuelo, David lo sabía.
•             LIZ: Bien, ¿listo para esta noche?

Él  extrañado, parecía haber olvidado su agenda.

•             LIZ: La cena de negocios con los Clauton. ¿Te habías olvidado?

Bajando su cabeza como confirmación no sólo del olvido , sino también de las pocas ganas que tenía de asistir, ella trató de darle opciones .

•             LIZ: Si quieres, puedo llamar y tratar de cambiarlo para otro día.

Con la cabeza aún gacha y apretándose la nuca con ambas manos, se dispuso a responderle.

•             MICHAEL: No, no lo hagas, eso es importante y no tenemos más fechas dónde ubicarla.
•             LIZ: ¿Nos vemos en el Memorial a las seis? Está previsto que la reunión comience sobre las  seis y media.
•             MICHAEL: Mejor voy a buscarte a casa  y vamos juntos.
•             LIZ: De acuerdo, entonces nos vemos luego.

Antes de marcharse, preocupada realmente  por cómo lo había visto, no pudo evitar darse la vuelta y  preguntarle.

  • LIZ: Michael ¿ De verdad te encuentras bien?

Ni la miró. Con la vista puesta de forma permanente en aquella ventana, aún debería pasar dejar pasar unos segundos para que la respuesta  llegase.

•             MICHAEL: Sí. Sí.

Y sí, llegó, pero realmente ella no se sintió muy convencida, y con su actitud durante la cena menos aún.
Es cierto que Michael siempre se había mostrado como un auténtico profesional pasase lo que pasase, y sabía cuál era su lugar y dónde se encontraba en cada instante, pero aquella reunión recayó más en Liz que en él.
Sus intervenciones  se redujeron más de lo habitual si tenemos en cuenta  que le encantaba llevar la voz cantante, y parecía ido la mayoría de las veces.
Cuando la reunión prosiguió con la  cena, entre copas de vino  que le servían como una especie de amuleto protector, pareció distenderse más e ir recuperando al verdadero Michael, llegando incluso a impresionar por su encanto .

Lo que en principio se vaticinaba como una noche estrepitosamente ruinosa, acabó convirtiéndose en un éxito lleno de múltiples ventajas no previstas.
Una vez llegadas las despedidas de rigor , habiendo concertado una próxima cita más formal en el despacho a la que asistiría ya David como socio mayoritario,  él se ofreció para llevarla a casa. Liz aceptó sin demasiado convencimiento dado el grado de alcohol consumido por él, pero tampoco se atrevía a dejarlo sólo, llegando a pensar que , en caso de percibirlo muy perjudicado, podría quedarse en su casa.

Una vez llegados a la misma, ella le convenció sin saber cómo,  para que subiera. Aunque él se mostrase algo reticente al principio, accedió, y una vez dentro del apartamento , mientras Liz colocaba su abrigo y el  bolso encima del sofá de la entrada,  dirigiéndose a continuación  a la cómoda del dormitorio para dejar los pendientes y la gargantilla , Michael se preparaba una última copa.  Tras servírsela, su mirada observaba su cuerpo acercarse,  con sus manos en la nuca. Una silueta descarnadamente deseable, que lejos de sus contrariedades interiores, le hacía olvidarse de su racionalidad y de lo que debía ser , para pasar a concentrarse en lo que sus instintos le indicaban a marchas forzadas.

•             LIZ: Bueno,¿ me vas a decir qué es lo que pasa?
•             MICHAEL: Nada, ¿habría de pasar algo?.
•             LIZ: No, salvo por el pequeño detalle de que durante la reunión has estado , más bien, algo ausente. Vamos Michael, creo que ya te conozco lo suficiente como para saber cuando algo te abstrae , y desde que has vuelto de ….
•             MICHAEL: Miami Liz, he vuelto de Miami.
•             LIZ: Pues eso, que……….

Liz llevaba mucho rato intentando quitarse la gargantilla,  pero su lucha con el cierre resultaba  cansino consiguiendo sólo  poner más nervioso a Michael, ofreciéndose éste para ayudarla a  quitárselo.

•             MICHAEL: Deja que te ayude.

Sólo la dulce imagen de su cuello desnudo y el roce de sus manos en su piel al quitarle la gargantilla, totalmente intencional,  le hicieron volver a la realidad más sensual que tenía delante.
Dejó la gargantilla encima de la mesa del comedor que se encontraba a su izquierda, y cuando ella se disponía a retirarse,  él  la detuvo.

•             MICHAEL: No te muevas.

Aquel tono de voz, aquellas palabras………. Un hilo fino y casi imperceptible de frío comenzó a recorrer su espalda. No verle,  suponía no poder predecir su siguiente movimiento.

Con sus manos en la cremallera del vestido , fue bajándola lentamente. Ella, intuitivamente , lo cogió por el escote, pero el recorrido lento y parsimonioso  de aquellas manos masculinas adentrándose por el interior de la tela y apoderándose de sus pechos, hicieron que ella soltase y alargase las suyas hacia la cabeza de él atrayéndola  hacia sí .  Un leve giro de cuello,  y sus labios eran suyos, sin cansancio, de forma constante y sin que nada más importase.

Liz , decidida,  se dio la vuelta y  le empujó hasta el filo de la mesa , y conforme le desabrochaba el cinturón del pantalón y se lo retiraba del mismo lentamente,  él se limitó a quedarse muy quieto , y a disfrutar de un aspecto que hasta ese momento desconocía de una Liz con iniciativa propia.
Liz , demostrándole  unas dotes de mando  sólo presumidas por su carácter ,   le indicó con un gesto que se subiera a la mesa,  mientras le chequeaba de forma descarada y directa,  de arriba abajo,  una y otra vez.


 Inusualmente obediente y disfrutando más de lo que podría esperar,  se sentó . y ante la atenta mirada de ella a sus partes íntimas, en un acto de irreverente provocación, y sonriéndose  como cuando deseaba continuar tirando más de esa cuerda invisible de pura atracción , abrió sus piernas aún más , en un gesto de aceptación absoluta a sus deseos.
Directa hacia él y antes  de que   con las manos en su pecho, le fuese empujando hacia detrás para recostarlo,  Michael  le sostuvo la cara en alto  deseando besarla,  pero sin hacerlo, en una continuación desquiciante de saberse deseado , de enrabietarla y sólo así aceptarla .

 Liz,  percibiendo las señales claras de su cuerpo , tuvo que admitir para sus adentros , que aquel juego le gustaba, que le resultaba increíblemente excitante saber que era ella quién tomaba la iniciativa y que no se estaba equivocando en sus acciones  a juzgar por su forma de mirarla y por los actos que realizaba como paso intermedio.

Apropiándose con disfrute extremo de lo más íntimo de su anatomía con intensidad inusitada, la excitación subía como la espuma cuando él se apoyó sobre sus codos, levantó el pecho y su cara, y con auténtica mirada devocional,  observaba el juego asombroso de Liz con su cuerpo. Para ella, el hecho de que un hombre como él,   disfrutase no sólo con lo que le pudiese hacer  sino con la mera observación  mientras lo hacía,  resultaba toda una experiencia nueva , porque ante la fijeza e insistencia de la observación deseosa, más correspondencia obtenía él en cuanto a intensidad se refiere.

Con sus manos, fue apoderándose de sus muslos por encima de la tela del pantalón, captando cada  terminación muscular entre sus dedos.
Conforme ascendía hacia su entrepierna, estas comenzaban la incursión a su parte interior llegando hasta la ingle.

Una mirada suya de segundos hacia su intimidad y el volcado de nuevo sobre sus ojos, supuso la siguiente dación.  Todo él sólo para ella. Libertad para hacer con él lo que quisiera y más, sin obstaculización alguna.
Con deleite completo, desabrochó el cinturón y el pantalón, bajándole la cremallera del mismo procurando presionar y que pudiese notar que aquel terreno iba a ser suyo por entero.
Un leve roce de sus labios , bastó para que él decidiera dejar caer su cabeza con aquella imagen , y las mil y una sensaciones que sentirla apoderarse de su intimidad le estaba produciendo.
Un apoderamiento largo, exquisito, con un manejo perfecto de los tiempos según las reacciones de su cuerpo , y un deleite por parte de ambos , que ella no dejó ni por un instante mientras pudo.
Cuando entendió que era el preciso instante de detenerse y hacerse con él, con su medio cuerpo completamente dispuesto sobre la mesa,  con una suerte de movimientos casi felinos,   Liz se subió a la mesa sentándose a horcajadas  encima de él.
Sin  preguntas, sin palabras que decirse, sin necesidad de negociación, una mirada bastó para que  la unión perfecta se produjera . Encumbrado por la retención de placer producida por ella anteriormente, la vuelta de sensaciones se inició con un cosquilleo casi doloroso que le pedía en su interior ser él quién tomase el control.
Incorporándose sin previo aviso, mientras una de sus manos la sostenía fuertemente es la zona baja de la espalda, con la otra en su esternón , la obligó a doblegarse hacia atrás arqueándose mientras su boca se apoderaba de sus pechos devorándolos sin medida , incitándola a seguir moviéndose hacia él. Conforme la fuerza e intensidad de su entrada aumentaba, la fuerza con la que tomaba sus senos crecía, llegando a no controlar, casi sin sentido,  la fuerza empleada al morderla  más de una vez.
Sin conciencia del dolor , de tomar ella el control, ahora él quién se hacía con su cuerpo, presionándola hacia él con sus manos apoyadas en los hombros. A Liz , sólo le quedaba no dejar de mirarle y dejarse llevar  en un punto continuado y álgido   de excitación , cuando  sentía cada centímetro de su cuerpo en lo más profundo de su ser . Un placer nuevo y diferente cada vez que sentía como se hacía con ella,   siempre recompensado con lo máximo, con su entrega total sin prisa y sin pausa, y con más de un punto y seguido.

Sorpresa agradable por lo que a él respecta, e inesperada para ella que apenas se reconocía ,pero que en el fondo siempre consideró, que su atracción por este hombre con el que mantenía una química sexual como no había tenido con nadie, siempre había sido muy salvaje,  logrando sacar el instinto más animal que un ser humano puede poseer.

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados


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