viernes, 14 de agosto de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO SEXTO. SEGUNDA PARTE. ¿UN ENCUENTRO O UNA TRAMPA ? ( Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPITULO SEXTO (SEGUNDA PARTE)

“Son tus silencios los que más me dicen
Son tus ojos los que más me hablan
Son tus pensamientos los que más me llenan
Es tu voz interior la que grita mi nombre
Es tu yo externo el que no lo reconoce”


¿UN ENCUENTRO O UNA TRAMPA?
(Segunda Parte)

A la mañana siguiente ambos se levantaron muy temprano dado el horario de comienzo de las jornadas y las mesas redondas, y cómo si de una acción programada se hubiera tratado, al salir de la habitación ambos se encontraron en el pasillo al mismo tiempo.
Un cruce de miradas serias y unos buenos días dichos con la mayor corrección ,  bastaban por el momento como preámbulo del día que les esperaba.

En el comedor,  llegaban continuamente asistentes.  Algunos desayunaban algo rápido y se marchaban de nuevo para retocar las ponencias, otros preferían departir algo más con otros comensales.

Sarah escogió una mesa lo más apartada posible del tumulto. Pensando en lo pasado la noche anterior, una voz la trajo a la realidad.

•             STEVE: ¿Café?

Sarah elevó la cabeza.

•             SARAH: Sí gracias, si puede ser Capuccino.

Y le siguió con la mirada durante un instante, mientras trataba de repasar mentalmente, una y otra vez, su actitud de la noche anterior.
Justo cuando miraba a través de la ventana buscando palabras con las que poder hacer más llevadera la jornada, un olor ligeramente familiar azotó  su olfato. Steve le consiguió el Capuccino, pero con una particularidad que lo diferenciaba,  y es que pese a serle familiar,  no lograba ubicar su ligero y suave aroma a vainilla  entremezclado con el del café.

A continuación, él  se sentó justo en frente , con su respectiva taza de café y disfrutando del   horizonte a través del gran ventanal.

•             SARAH: Steve…
•             STEVE : Preferiría hablarlo más tarde , si no le importa.

Tan serio y contundente como convincente.
Alguien de la organización que llevaba buscándolos desde hacía tiempo , dio con ellos en el comedor , y se acercó para entregarles los programas debidamente actualizados.

Cuando vieron que les tocaba estar juntos en la primera mesa redonda de la mañana,  y que la misma versaba sobre “ lo que se consideraba como la nueva literatura y sus métodos de venta,  así como nuevos destinatarios”,  cada uno se convirtió en el centro de atención del otro.
A ninguno de ellos le hacía falta prepararse discurso alguno para argumentar su postura, ambos lo tenían muy claro. Lo que no estaba tan nítido , es que ese fuese el momento oportuno.

Y lo que se preveía en principio tan sólo como un mal emparejamiento, resultó ser una auténtica guerra fría.
Durante la hora en que dicha mesa redonda duró, los piques entre ambos y las indirectas fueron continuas, incrementando la tensión de la mesa y de los asistentes. Sarah no estaba acostumbrada a que le llevasen la contraria de la forma en que él lo hacía, desquiciante y argumentativa o con preguntas por respuesta,  y Steve adoraba rebatir ,  ambos con sus respectivos argumentos.
Todos los que se encontraban a su alrededor disfrutaban de aquel casi debate a dos en que pareció convertirse aquel instante , y que suscitó numerosos rumores y especulaciones de lo más variopintas,  sobre la posible conectividad de tipo personal que parecía haber como trasfondo.
Cuanto más encendida se  mostraba ella, más la provocaba él , y ello la hacía crecerse.

Cuando terminaron y todos se despidieron formalmente, ambos se retiraron bastante alterados. Ella no paraba de hablar muy bajo y enfadada para que él no la oyera,  y si lo hacía le daba igual.  Aquel seseo  por su parte, que era lo único que él conseguía escuchar  puesto que se encontraba andando dos pasos por detrás de ella , lo sacaba de quicio.

Incapaces de cruzarse una sola mirada , esperaron al ascensor,  y cuando éste llegó , entraron juntos. Sin nadie más y con la adrenalina por las nubes, él la miró y sus gestos lo enervaban más aún si cabe. En un arranque inesperado, se abalanzó sobre el cuadro de botones y apretó el stop. Sarah se asustó por el rebote del ascensor y terminó apoyada por completo en una de las paredes.
Steve la encerró sin darle escapatoria posible al apoyarse en esa misma pared,  quedando ella en medio de sus brazos.

•             STEVE: ¿Cómo se te ocurre plantear eso ahí abajo? ¿Te das cuenta delante de quiénes lo has dicho?
•             SARAH: He expresado mi opinión , nada más.
•             STEVE: Venías en representación de la Universidad no de ti misma.
•             SARAH: No tengo la culpa , expresé mi opinión sincera. ¿Desde cuándo no se puede cuestionar la supuesta libertad creativa y sí la opinión que sobre ella tenga otra del gremio?
•             STEVE:  --bastante alterado- Pero…..¿Tú sabes lo que has dado a entender ?
•             SARAH: Nada que no sea verdad. Los libros parecen editados por máquinas de hacer
dinero, se ha perdido creatividad y originalidad. Se escoge un  tema y se lanzan en serie. ¿quieres decirme dónde está lo incorrecto de mi argumentación?
•             STEVE: ¿quieres que te recuerde lo que dijiste después?
•             SARAH: - Incapaz de mantenerle la vista en sus ojos mucho tiempo , y aprendiéndose de memoria el diseño de sus zapatos de tanto mirar al suelo, empezó a incomodarse- ¿Te importaría volver a darle al botón?
•             STEVE: Cuando me digas si lo recuerdas.

Sarah comenzaba a sudar y a encontrarse muy nerviosa.

•             SARAH: Por favor.

Al ver que le costaba tragar y lo hacía casi como salvavidas para que aire entrase más fuerte, decidió dejarle el camino libre y devolver al ascensor a la consabida normalidad.
Cuando hubo llegado al piso de destino, ella aceleraba el paso mientras él le seguía a la zaga.

•             SARAH: La próxima vez que quieras hacerme una encerrona procura que sea en un espacio abierto.
•             STEVE: -mientras la seguía de cerca- Vaya ¿No sabía que además  fueras claustrofóbica?
•             SARAH: -en voz muy bajita y con cierto tono de guasa imitadora - ¡Ha fíjate! No sabía que además  fueras claustrofóbica. Ni que tuvieras que saberlo.
•             STEVE: ¡Como odio que haga eso! -Musitó también en voz baja pero no tanto como para que Sarah no lo oyera-.

Llegaron a las habitaciones,  y tras ella abrir la puerta de la suya y él quedarse en la entrada, la directa lanzada de dejar la puerta abierta tras de sí le indicaba la clara invitación.
Cuando llegó a la silla donde dejaba parte de sus cosas , se dio cuenta de que había entrado sola y que Steve esperaba en la puerta.

•             SARAH: ¿Vas a pasar o esperas qué donde estás crezca algo?

Ahora la del tono prepotente , quizás involuntario por los nervios del encierro, aunque breve, fue ella. Entendiendo que , aunque aquella fuera una habitación de hotel y no su casa,  era su terreno y jugaba con presunta ventaja.
Steve accedió al interior y dejó su chaqueta en uno de los brazos del gran sofá beige del saloncito .

Ella salió a la terraza seguida de él, con la esperanza de que la ligera brisa fresca calmase los ánimos.

•             SARAH: Bien, ¿vas a seguir hablando de lo que ha pasado ahí abajo o terminamos lo que se empezó ayer?
•             STEVE:  Y  ¿qué se supone que dejamos pendiente ayer?
•             SARAH: Sé que te quedaste  con muchas preguntas por resolver .

El sarcasmo hizo acto de presencia en él.

•             STEVE: ¿En serio?- mientras pensaba para sus adentros que el tipo de preguntas que quería hacer no era las que ella esperaba escuchar- y ¿Por qué no hablamos  mejor de esa prepotencia que te caracteriza y que te hace creer que siempre tienes la razón?

Sarah se apoyó en la barandilla , en el mismo lado que la noche anterior.

•             SARAH: - riéndose molesta- Está bien, me parece perfecto. Tú te quejas de que yo prejuzgo sin conocer y eso es justo lo que recibo de ti.
•             STEVE:- acercándose a ella muy serio- Con  una pequeña diferencia, que puede que yo sí te conozca.

Aquella forma de mirarla, la misma que cuando le vio por primera vez en el aula….una especie de corriente eléctrica subía por su espalda. Era casi asfixiante ser observada de esa manera.

•             SARAH: No sólo inconsciente , sino además presuntuoso.
•             STEVE: -Acercándose todo lo más que pudo y encerrándola con ambos brazos – Puede, pero si interpreto a tu forma lo que esta invitación supone en vez de a la mía, me pregunto si realmente serás capaz de darme la razón o me evitarás con la excusa de que tú no has pretendido sugerir eso.

Aquel tono de voz, modulado , constante, casi estudiado. Aquella forma de mirarla y sentir su respiración ……………..Sentir la tensión de su cuerpo y la falta de reacción ante su juego. La confusión comenzó a apoderarse de ella. Todas aquellas sensaciones, aquella situación…..muy familiar, sin saber por qué.

Él se acercó peligrosamente al lateral izquierdo de su rostro sin que su cara llegase a tocarla , pero si lo suficientemente cerca como para sentir su calor.

•             STEVE:  Considerando que ahora conservo yo más cordura y parezco tener las cosas más claras, será mejor que me vaya.
Y tan lentamente como le sobrevino, fue incorporándose . Una última mirada determinante , y le vio marcharse. Sólo cuando oyó cerrar la puerta , respiró profundamente y corrió al mueble bar buscando una botella de vino blanco que vio en él la noche anterior.

Por la tarde , la ronda de debates continúo. Aunque ambos compartían mesa ,  ella procuró evitarle mientras él le prestaba más atención de la debida.

Incluso durante la cena, ella prefirió apartarse de todos en el comedor, mientras él trataba de departir conversación con algunos de los ponentes.
Cinco minutos que la perdió de vista , y cuando volvió a mirar hacia su mesa , ella ya no estaba.

Sin parar de mirar su reloj, cuando llegó lo que él consideraba como una hora prudente,  se despidió cortésmente de los comensales  y se dirigió a su habitación.
Apenas entrar, fue directo hasta la terraza , quizás con la esperanza de volver a verla allí, pero todo permanecía a oscuras.

Se sentó en la terraza  con la esperanza de que en algún momento apareciera. Cuando creía que estaba todo perdido, su puerta corredera  se abrió y ella apareció de la oscuridad.
Con una toalla en la cabeza y vestida con una bata muy vaporosa , así apareció,  y aquella imagen le hizo incorporarse  en la silla. 
Caminando muy despacio hacia el borde exterior, con la cabeza baja, sin percatarse que el otro estaba en la terraza de al lado observándola, se retiró la toalla,  y su cabello largo y húmedo cayó solo encima de su pecho . Cada movimiento de sus manos abriéndoselo para secarlo , eran algo sugerente para un Steve que no perdía detalle.

Con los ojos cerrados sacudiéndose el pelo, el escote de la bata abrió más de la cuenta  pudiendo él ver parte de su seno al descubierto. 
Cuando ella los abrió, fue cuando se dio cuenta de que la observaban  y giró hacia su izquierda.
Notó demasiada abertura en su escote y lanzó la mano hacia él para taparse.

Pronto, la incomodidad dejó paso a una serenidad incierta y extraña. La calidez de su mirada la tranquilizaba , pero era ese sentimiento de familiaridad lo que realmente la desconcertaba. Hacía mucho que ningún hombre la miraba de esa forma.

Se levantó y se acercó hasta donde su parte de barandilla se lo permitió , con sus manos en el borde de madera.

•             STEVE: Quería saber si estabas bien.

Su tono sincero junto a aquella imagen le desmoronaba las defensas.

•             SARAH: ¿Por?
•             STEVE: No he podido evitar observarte durante la cena.
•             SARAH:  Ni tampoco durante la tarde por lo que se ve.

Cogiendo el tono de su voz  femenina y con agarre, seguía a la defensiva , aunque  de otra forma.

•             STEVE: - más que conciliador- Sarah, hemos empezado con muy mal píe, y…..la verdad, quisiera que esto sólo fuese una anécdota producto de un malentendido. Ya sabes, empezar de cero.
•             SARAH: ¿Empezar de cero? ¿El qué exactamente?

Él cruzó sus brazos sobre su pecho

•             STEVE: Lo que trato de decir es que dado que vamos a trabajar juntos durante bastante tiempo, podríamos tratarnos al menos con ….cordialidad.

Ella se había apoyado justo en frente suya, en su lado de valla,  teniendo control absoluto sobre lo que se presentaba ante sus ojos . Cada mirada, cada movimiento de sus manos semi  atrapadas sobre su cuerpo……..

Sarah no se reconocía. Hacía mucho tiempo que ningún hombre la había llamado tanto la atención como Steve lo hacía, y era su cabeza la que ponía todas las excusas posibles para dejarse llevar.
Cuando lo tuvo lo suficientemente cerca como para lograr ponerla nerviosa y que fuese su pecho lo primero que topase con sus ojos, no pude evitar que sus ojos recorrerán cada centímetro de aquel cuerpo , y que su mente pensara en su juventud, en lo que supondría tener aquella piel en sus manos, o aquel cabello entre sus dedos. Un hombre mucho más joven que la imponía  y mucho, sobre todo en las distancias extremadamente cercanas y si se le ocurría hablar en aquel todo pausado y profundo, con aquel exquisito , perfecto y modulado acento inglés.

•             SARAH:  ¿Cordialidad?
•             STEVE: Sí.  Es que la verdad, no estoy acostumbrado a tratar a los compañeros como desconocidos todo el tiempo, es bastante incómodo.

Ella soltó el cuello de la bata y se removió el pelo. Los dedos de Steve se agarraron con más fuerza a sus antebrazos.  Cuando lo hubo soltado, con total falta de pudor y vergüenza, pero sin saber exactamente porqué se sintió con ganas de jugar un poco.
Las manos agarrando fuertemente  sus antebrazos, no fue la única reacción a su persona  que observó. Los ojos de Steve de forma automática se deslizaban a aquel escote deleitándose.

•             SARAH:  Y esa presunta cordialidad que quieres mantener , ¿hasta dónde llega?
•             STEVE:  - su tono, modulado e insinuante volvió a sus labios-  Bueno, yo hablaba de una relación profesionalmente cordial.  ¿Hasta qué límite quieres llevarla tú?
•             SARAH: Para ser tan joven, veo que no es fácil que una mujer te intimide.
•             STEVE: - sonriendo- No , no es fácil.
•             SARAH: ¿Ha habido alguna que lo haya conseguido?
•             STEVE: - pensativo y extrañado, frunció el ceño- Sí. Una.

Un cierto tono de añoranza parecía emanar de aquella afirmación.

•             SARAH: - moldeando sus labios al hablar consciente de que él la observaba- ¿Y cómo lo consiguió? ¿El perfecto caballero inglés se rindió tan fácil?
•             STEVE: No podía no hacerlo, la respetaba demasiado.

Aquel tono , serio ,pausado y ahogado se fue introduciendo en ella a medida que cada palabra era dicha. Ella no podía seguir por el mismo camino que venía describiendo. Parecía haber dolor  tras ellas.


•             SARAH: ¿Y qué consiguió en contraprestación tal mujer ?
•             STEVE: - respiró profundamente y mirando al mar contestó-. Que la amase como nunca había amado a nadie.

Cuando él volvió a centrarse en su persona, no la miraba de la misma forma, y dese luego el juego se daba por terminado.
Sarah casi se sentía culpable de haberse comportado como una cría no acorde a su edad. Haberse dejado llevar de aquella manera , comenzó , al revisionar mentalmente , en tan sólo un segundo ,  las imágenes, comenzó a no encontrarse cómoda consigo misma.


•             SARAH: Esto – con dificultad- será mejor que me vaya a la cama.
•             STEVE: Sí. Mañana toca el cierre.
•             SARAH: Buenas noches.
•             STEVE: Que descanses. Buenas noches.

Cuando  cerraba la puerta de la terraza, su porte, alto, junto a la barandilla de madera, con los brazos cruzados y mirando cabizbajo al mar , le dejó peor imagen de sí misma de lo que cabía esperar.
Cerró las persianas, e intentó pensar en lo pasado y lo sentido.
No parecía reconocerse cada vez que él se encontraba cerca.
Aquella voz seguía su canto melodioso y sereno, aquella sensualidad definida y concreta explotada al máximo, imágenes sueltas de lo que sus manos podrían hacer en su cuerpo, y una vuelta a la cruda realidad como signo de que pese a todo,  ella debía aparentar la edad que tenía en todos los aspectos . 

Recostada en la cama, sin poder conciliar el sueño, sólo una idea rondaba su cabeza una y otra vez: que esa misma mujer madura,  recubierta de una especie de halo de superioridad , guardaba en su interior auténticos deseos de perder la cabeza, de olvidarse de todo, de saltarse las reglas no impuestas aunque sólo fuese una vez para ver qué se sentía. Pero no podía.

Ana Patricia Cruz López
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1 comentario:

  1. Tensión muy bien redactada, demasiado, tanto que me ha tenido con la garganta cerrada toda la lectura. Era poner la cara e imaginárselo realizando todos esos movimientos.
    Una magnífica segunda parte, ahora a por la tercera..

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