viernes, 21 de agosto de 2015

NADA ES LO QUE PARECE. CAPITULO QUINTO. TERCERA PARTE ( Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPITULO QUINTO (TERCERA PARTE)

NUEVAS CARTAS, NUEVO JUEGO


Pasando las horas , llegó la tarde noche.
Como de costumbre, su preparación para este tipo de citas solía ser lenta y minuciosa, con exquisito cuidado en la selección de los detalles.

Tras un relajante baño de espuma con aceite de aroma afrutado, se acercó a su cama , y a los pies de la misma, comenzó a observar las prendas elegidas que previamente había colocado.  Cuando hubo revisado todo, descendió su vista al suelo y revisó sus zapatos, de tacón tan alto como fino. Un capricho tan delicioso como caro, del que se enamoró tras cruzar sus ojos con el escaparate de aquella tienda tan cara cerca del despacho de su hermano.

Sin saber qué encontraría en realidad, puesto que sólo una idea inicial es lo que en su mente se mantenía a flote, decidió ir a por todas, y puesto que el vehículo escogido para llegar a su destino era su apreciada moto, optó  por un elegante mono enterizo de cuero negro muy ajustado con cremallera frontal que dejaba todas sus curvas al completo juego imaginativo visual.


Con todo lo que necesitaba saber de antemano en su cabeza,  tras haber revisado de nuevo la primera parte de la documentación que se hallaba en su poder, volvió a mirarse en el espejo , revisándose una vez más, respiró hondo y se dispuso a salir de su casa , habiendo cogido su bolso y las llaves que se encontraban en la cómoda de la entrada.

Extrañamente tranquila la ciudad para ser una hora clave , y sin prisa alguna puesto que había salido con tiempo suficiente, se limitó a disfrutar del recorrido hasta la dirección dada .
Circulando por la única carretera que la llevaba cuesta arriba hasta la parte alta de la colina, los cinco últimos minutos del camino  se le hicieron especialmente expectantes al no encontrar más casas alrededor ,ni más puertas ni otros accesos, salvo al final, en el que una verja abierta,  le daba vía libre  a la imagen de una enorme pero hermosa casa  al final del mismo.

Nada más llegar  a la entrada , detuvo su moto  y comenzó a observar detenidamente toda la fachada de la casa, especialmente las ventanas . Visionado el entorno, se bajó de la misma, y tras quitarse los guantes ,  el casco y la chaqueta ,  los guardó en el maletín portaequipajes trasero.
Con las manos entre su cabello  lo sacudió, y bajó hasta el pecho la cremallera del mono enterizo.
Con tan sólo detenerse un instante y fijar la vista al frente, podía llegar a entenderse las razones que llevaron a adquirir esta casa  o los terrenos en ella situada, puesto que,  desde lo alto de la colina en la que se encontraba,  se podían contemplar unas vistas impresionantes de toda Miami.
Al darse la vuelta en dirección a la puerta, algo le decía que debía mirar a una ventana concreta, la última de la esquina izquierda. La luz se encontraba apagada y aparentemente no había nadie, pero ella sentía una presencia que la observaba.
Volviendo a la realidad de la situación, decidió no demorar más ese momento y subió los cuatro escalones que la llevaban hasta la gran puerta principal,  y antes de que pudiera tocar el timbre, la puerta se abrió sola.
Ante ella, un enorme vestíbulo presidido por unas imponentes  escaleras de mármol  que venían a dividirse en dos al llegar a la planta alta de la casa.
Una vez  dentro, la puerta, de la misma forma que se abrió,  se cerró sola.

Al no ver ni oír a nadie, lo único que le quedaba,  era mirar hacia todas partes desde donde se encontraba. Con la casa iluminada por una luz tenue, al girar a la izquierda su cuello, observó un largo pasillo con puertas laterales y lo que parecía ser un anexo del mismo que acababa torciendo,  a juzgar por la proveniencia de la luz que se veía.
A la derecha,  se extendía otro pasillo. Una especie de corredor con ventanas al exterior ,  que parecía dar a una puerta cerrada.

Apabullada  por todo aquello, de pronto, esa primera sensación de sentirse vigilada por alguien  volvió a repetirse. Pero esta vez,  volvió la mirada hacia la parte alta de la escalera  y vio a Sheldon, que como de costumbre,  no dejaba de observarla con aquella particularmente incómoda mirada tan propiamente suya cuándo deseaba algo con mucha ansia y que ella recordaba a la perfección. La misma mirada que nunca había olvidado desde el primer instante que se encontraron  en el club.

Robert bajó la escalera lentamente, disfrutando de  la visión situada junto a su puerta, con aquel porte y gesto interesante tan habitual , se acercó a ella.


•             SHELDON: Buenas noches.


No era la primera vez que tenía la oportunidad de escuchar su voz,  y ésta , una vez más, volvía a mostrarse  insinuante y  serena. A su mente sólo le venía la idea recurrente repetida en aquel entonces una y otra vez por sus ex compañeras:  “Sheldon no era ni un hombre corriente,  ni un cliente como los demás”.
Sin mediar palabra alguna, le extendió una de sus manos en claro signo de esperar  una de las suyas.
Tras volver  a sus ojos como referencia , una mirada serena, que transmitía paz y seguridad, es lo que la hizo convencerse de que aquel era un lugar seguro, aunque no sabía exactamente por qué.

Mostrándose receptiva, le colocó su mano sobre la palma ofrecida, y sosteniéndola,   la llevó con él por el largo pasillo de la derecha, el que conducía a la gran puerta cerrada. La soltó, giró el pomo ligeramente, y abrió las dos hojas.
Aquellas pesadas puertas fueron abriéndose solas poco a poco, y la primera impresión de lo que vio la dejó sin palabras. Una enorme biblioteca de dos pisos , completamente de madera, con una impresionante escalera de caracol en el medio que conducía al piso superior.  Pese a su considerable tamaño, el tono del material en el que estaba realizada  y su iluminación, la hacían acogedora para los momentos de asueto y relax , con el único acompañamiento de las palabras escritas.
La moqueta rojo oscuro del suelo, contrastaba con el hermoso piano de cola negro situado en uno de los laterales , que permanecía como impasible observador del pasar del tiempo allí dentro, imponente , con la tapa central abierta mostrando sus entrañas a todo curioso que quisiera acercarse.
En el margen derecho, dos antiguos sillones orejeros perfectamente restaurados, una pequeña y antigua mesita redonda en el lateral de uno de ellos, y todo presidido por una enorme chimenea de las de antes .
Al  alzar la mirada ,  pudo ver asombrada los espectaculares frescos del techo,  y  la más que llamativa  lámpara de diseño  y miles de cristales de Swarovski que iluminaba tenuemente la sala , dándole un toque muy favorecedor y acogedor.

Amante de la observación, Robert disfrutaba con su rostro de sorpresa ante cada mínimo detalle así como  la luz que irradiaba al ver la estancia.
•             SHELDON: ¿Una copa?
•             HEYDEN:- sin dejar de observar los detalles de aquella estancia- Sí, por favor.

Mientras él preparaba las bebidas en el mueble bar disimulado debidamente dentro de un enorme globo terráqueo antiguo, Heyden se acercó  lentamente hacía una de las estanterías , y si la sala la había sorprendido gratamente, aún más,  los libros que las ocupaban. Miró a Sheldon señalando con la mano uno de ellos.

•             SARAH: ¿Puedo?
•             SHELDON: Por supuesto- y se acercó hasta ella con las copas en la mano.

Con mucha delicadeza cogió el libro señalado. Un volumen  de “ El Rey Lear” con aspecto especialmente antiguo. Lo abrió muy despacio, y en la contraportada, escrito en letra y tinta antigua,  figuraba una fecha de edición ( 1608 In Quarto) , y una breve introducción :” William Shakespeare, la auténtica crónica histórica compuesta por él sobre la vida y muerte del rey Lear y sus tres hijas”.

La sorpresa de ella era mayúscula, y Robert , no podía sino estar complacido por lo que estaba descubriendo.

•             HEYDEN: Una de las dos ediciones originales.
•             SHELDON: Una subasta en Christie´s, hace unos años. ¿Entendida?
•             HEYDEN: Adoradora de Shakespeare más bien, y más de los volúmenes de valor incalculable.

Con la misma delicadeza con la que dispuso de él,  volvió a colocarlo  dónde estaba,   cogiendo la copa ofrecida por  Robert.

•             SHELDON: ¿Sorprendida?
•             HEYDEN: Un poco. Aunque supongo que cuando se tiene dinero es fácil poseer todo esto, aunque sólo sea para presumir.
•             SHELDON:  Yo no tengo por costumbre poseer cosas para presumir.
•             HEYDEN: Y entonces, ¿para qué posees?

Dentro de lo que podría parecer un papel sin serlo, la actitud de él, abrió la veda para que ella desplegase su faceta más atrayente. Manejando con absoluta maestría elementos tan corrientes como su voz , modulándola, o ciertos gestos copa en mano, el control sobre la atención de este hombre, al cual,  le gustaba disfrutar de la provocación ejercida por los demás, era casi absoluta .

•             SHELDON: Me gusta poder disfrutar en exclusiva.
•             HEYDEN: ¿En serio? – mirando hacia la columna de libros en dónde se encontraba el extraído instantes antes- ¿Cuántos clásicos en ediciones especiales debe haber? ¿30? ¿40? ¿ 50 tal vez? A juzgar por el aspecto de los lomos , y habiendo tenido uno solo en mis manos, ¿cuánto valor tiene esa posesión?
•             SHELDON: ¿En serio quieres saberlo o sólo exiges una respuesta por el simple placer de hacerte una imagen a tu gusto sobre mí?
•             HEYDEN:  No soy una entendida sobre arte, ni siquiera envidio a la gente que puede permitírselo. Pero lo habitual , es comprar el original y una fidedigna reproducción. El primero , acabará en la oscuridad de una cámara oculta y con combinación, mientras que la reproducción, será lo que se exhiba y venda como un original de mucha calidad.
•             SHELDON: Para no ser entendida, lo pareces.
•             HEYDEN: Yo no, pero uno de mis más antiguos clientes sí lo es, marchante para ser más exactos. Podría decirse, que todo lo que sé, lo aprendí a través de él.

Se levantó del sillón dirigiéndose lentamente hacia el piano, dejando su particular aroma en su estela al pasar al lado de él.

•             SHELDON: ¿Y siempre eres tan buena alumna?

Encontrándose junto al instrumento de porte elegante, con las yemas de los dedos de una de sus manos, acariciaba el filo de la lacada madera negra que protegía las teclas. Se detuvo un instante, y devolviéndole la mirada por unos segundos a su espalda, se dispuso a responderle.

•             HEYDEN: Cuando me gusta lo que se imparte , procuro.

Él giró medio cuerpo hacia ella. Aquella luz, su pose junto al piano, y el contraste , resultaban demasiado tentadores como para permanecer sentado por más tiempo, así que se incorporó , y se acercó.

Había algo en aquel hombre que lo hacía diferente , pero ella no lograba averiguar el qué. Lo que si no podía evitar, era coquetear con él de forma descarada porque simplemente le apetecía. Por un instante, decidió seguir con aquel juego no iniciado por ella. Un juego en el que él creía tener el tablero controlado , cuando en realidad la acción se encontraba fuera de aquellas paredes. Por un instante, olvidó todo lo estudiado, todo lo aprendido, todo lo que aquel maldito informe le proporcionaba en cuanto a información y a sentimientos encontrados, y es que , las vinculaciones personales no son deseables en estos casos.

Un amigo que quería presentarle. Una única mirada en el club al finalizar su actuación. Un gesto sin gesticulación alguna. Unos ojos ansiosos por saber más de ella, de lo que se escondía tras su apariencia de normalidad. Mismos ojos, curiosos, que despertaban en ella algo extraño e indefinible.
Con la libertad que le otorgaba su posición, pese a las órdenes recibidas, su forma de llevar todo a cabo  se desenvolvía con la tranquilidad de que siempre era ella la que marcaba los tiempos , la que establecía las ocasiones.

Hasta ahora , siempre había sido así, y nunca había habido problemas. Pero el lema de la “casa”, el “nunca te impliques personalmente”, le estaba comenzando a resultar una  losa con atisbos de inmensa pesadez.


•             SHELDON: ¿Sabes tocar?
•             HEYDEN: - se sonrió ante el doble sentido de la pregunta dado el tono empleado por él.-No, prefiero que lo toquen.

Abrió la tapa protectora de las teclas, acercó su mano a la de ella con intención de cogerla , pero se detuvo. Mirándola,  le preguntó si podía. Ella le asintió, y con su mano encima de la de ella sostenida suavemente, le hizo acariciar cada una de las teclas desde su comienzo , hasta que , llegados al primer tercio del teclado, se detuvo y apretó. Detrás de esa , vinieron algunas más, y mientras  ella simplemente se dejaba llevar, observaba complacida  su perfil cabizbajo , y sus ojos buscando la siguiente nota que aportar al proyecto de melodía improvisada que quería que sonase.
Cada nueva tecla , suponía que la reverberación del piano, de los martillos sobre el metal  y la madera de su caja , erizaban de forma intermitente su piel, hasta que esa sensación pasó a ser continua. Pero  lejos de querer evitarla, de que parase, se sentía muy a gusto, tanto, que estiró sus dedos buscando otro tipo de reacción. Y mientras él continuaba con sus ojos fijos en sus manos, ella pudo ver que el movimiento de su pecho se aceleraba ligeramente, y sentir, que pese al intento por separarlas, él decidió apretarla aún más contra las teclas , entrelazando sus dedos superficialmente, como quien retiene su deseo verdadero y ansiado desde hace tiempo, como quién no termina de creerse , que su sueño puede cumplirse.

Sin embargo, de vuelta a la realidad que les rodeaba, decidió separarla y alejarse de allí unos pasos , hacia el mueble bar para volver a servirse otra copa.


•             SHELDON: Era de mi madre. Es de las pocas cosas que decidí traerme de la casa familiar. Era una concertista buenísima. Salzburgo, Viena, Londres. Era su vida. Hasta que conoció a mi padre. – señalando para el instrumento- ése fue su regalo de bodas. A cambio, vida familiar y tranquila, y nada de giras. Sólo su casa, sus hijos, y……..él.
•             HEYDEN: Era otra época. Si pudiera repetir su vida hoy, posiblemente lo hubiera tenido más fácil para seguirlo siendo.
•             SHELDON: No con un hombre como mi padre al lado.

Robert se acercó a la estantería de los clásicos.

•             SHELDON:  ¿Valor real? – tocaba los lomos con cierto tono nostálgico en la voz- posiblemente más que toda la casa, pero es cierto que cuando uno adquiere algo así, no llega a apreciar su verdadero valor hasta que lo pierde, bien porque se lo roban o tiene que desprenderse de ello. Yo también podría tenerlos escondidos en una caja fuerte, resguardados de las miradas curiosas que no saben apreciar su verdadero origen, pero ¿para qué tenerlos entonces?

Ella se le acercó , apoyándose en el saliente de madera  con el vaso en ambas manos.

•             HEYDEN: ¿Cuántas veces te has sentado aquí buscando lo que no eres capaz de encontrar fuera?.
•             SHELDON: - Extrañado, y con la mirada de reojo clavada en ella, una media sonrisa se dibujó en su cara- ¿ Tengo curiosidad?
•             HEYDEN: Paz. Fuera ejemplificas un papel. El triunfador, el aguerrido hombre de los negocios , el de los titulares , aunque no siempre te favorezcan. Pero cuando todo eso desaparece, cuando te permites ser tú, este es el único lugar de todo el mundo donde encuentras la paz que buscas, donde no tienes que disimular, donde puedes vivir y pensar cómo siempre has querido. Protegido por ellos- señalando con la cabeza todo lo que les rodeaba- aunque ni los toques siquiera, y  especialmente,  por el recuerdo de tu madre reflejado en él- e hizo un gesto con la cabeza hacia detrás, justo dónde se encontraba el piano- .

Robert no podía disimular su sorpresa y su intriga. Se supone que no lo conocía y, sin embargo, le bastaba mirarle a los ojos o escucharle para extraer la verdad. Ante la expresión de incertidumbre  mostrada por sus ojos, ella bebió un nuevo sorbo, y decidió explicarle.

•             HEYDEN: En mi trabajo estás obligada a  captar las sensaciones que te transmite el cliente, sobre todo cuando no le conoces y no sabes hasta dónde estará dispuesto a llegar. En uno, porque  es mi obligación complacer y para eso, tienes que saber escuchar los silencios; y en el otro, porque es esencial reconocer el terreno y saber qué postura debes llevar a cabo en la mesa de negociación.
•             SHELDON: ¿Y en mi caso?
•             HEYDEN: Tu semblante ha cambiado en cuanto has traspasado la puerta, y tu tono de voz,  ha sido radicalmente distinto cuando has mencionado a tu madre y todo lo que implicaba, que cuando le has mencionado a él.

Él se sonrió. Indudablemente era buena observadora. Poco a poco, todas las palabras  que Michael le dijo sobre ella en su momento, se quedaban cortas respecto al espectáculo que se abría ante sus ojos.

Él se alejó de allí para volverse a sentar en el sillón, y mientras pensaba cómo proseguir la conversación, ella le facilitó el empeño desde el mismo puesto desde donde se encontraba, a su espalda, y acomodada en el mismo lado de la librería, arropada por la columna de los clásicos de valor incalculable.

•             HEYDEN: Y pese a todo, aún hay algo que no entiendo.

Colocando la copa encima de la mesita auxiliar , sin soltarla, y su cabeza en el espaldar del sillón, se dispuso a escuchar.

•             SHELDON: Adelante, soy todo oídos.
•             HEYDEN:  ¿Por qué ocultar tu identidad?
•             SHELDON: Porque de haber sabido que era yo,  no hubieras venido.
•             HEYDEN: ¿Y lo de hacerlo a través de Clark en vez de Victoria?
•             SHELDON: Cuestión de confianza y discreción. Con él ,las cosas siempre han funcionado de otra forma.
•             HEYDEN: Me consta, pero esa respuesta no me basta.
•             SHELDON: - con tono socarrón- Exigente.
•             HEYDEN: Mucho.
•             SHELDON: Le pregunté si sería capaz de convencerte para aceptar sin dar mi identidad, y me aseguró que confiabas más en él que en nadie, que no habría problema. Clark es un gran tipo, siempre lo ha sido, aunque en el pasado se viera en apuros y las casualidades hicieran que acudiera a mí como último recurso. Jamás le pedí nada a cambio, pero siempre ha sentido que me debía algo. Con Victoria, cualquier negociación se convierte en un pesado interrogatorio.
•             HEYDEN: ¿Y le dijiste a él de qué tipo de servicio se trataba, o eso es algo que también él deduce?
•             SHELDON: Simplemente señalé  lo que necesitaba para facturar, un servicio especial por toda la noche. Con él , no hace falta especificar más.

Mientras aquellas últimas palabras aún resonaban en la habitación, ella decidió seguir adelante con su supuesto plan, aún sin definir con exactitud ante la indeterminación de lo que querría, pero con sus sentidos completamente activados  captándolo todo.
Mientras él permanecía sentado, ella se le apareció por un lateral. Se agachó para dejar su copa en la misma mesilla lateral, incorporando su cuerpo hacia delante , procurando quedar lo suficientemente cerca de él como para tentarle. Y al haberla dejado, en lugar de incorporarse, sin dejar de mirarle fijamente a los ojos , mientras él devoraba sus labios en silencio, con sus manos,  separó sus piernas cruzadas hasta dejar hueco suficiente,  para hacer descender lentamente su cuerpo entre ellas y quedar apoyada en el suelo sobre sus rodillas, con sus brazos apoyados en las de él.

Las inequívocas señales por él trasmitidas, fueron captadas a la perfección . Sabía lo que quería , o por lo manos parte de ello. Sin embargo , el desarrollo de los acontecimientos que habrían de venir a continuación, le depararían una sorpresa inesperada.

•             SHELDON: La misma forma de mirarme que aquella noche.
•             HEYDEN: La tuya, desde que me has visto en tu hall.
•             SHELDON: En nuestro segundo encuentro te negaste a volver a verme.
•             HEYDEN: Y sin embargo, aquí me tienes.

Aquellas sutiles manos, acostumbradas a dar placer con tan sólo sentirlas, se apropiaban descaradamente de sus muslos ante la inquietud sentida por él. Notar aquellos largos y finos dedos  incrustarse prácticamente en su carne , con la única salvaguarda de su pantalón, apoderándose de él de forma tan elegantemente descarada , le tensaba  más de lo que posiblemente hubiera deseado.

Él , inmerso en el mundo de sensaciones en el que ella le estaba introduciendo, se fue dejando llevar sin pensar, hasta que al sentir sus manos en las ingles, detuvo su prosecución colocándole las suyas encima .

Heyden elevó la vista , aturdida en parte por su reacción, mientras él  acercaba su rostro al de ella.
•             SHELDON: No es esto por lo que quería tenerte aquí.
•             HEYDEN: - Extrañada - ¿Entonces?

Le retiró las manos con cuidado y se incorporó . Cogiendo su copa , se acercó hasta la chimenea.

•             SHELDON: Quiero contratarte por tus servicios, pero no esos.

Aquella supuesta propuesta de trabajo comenzaba a inquietarla, sobre todo por lo que desencadenaba.  Haciéndose la ingenua, decidió simplemente , dejarle seguir hablando para averiguar hasta dónde era capaz de llegar.
Aún en el suelo, sentada sobre sus piernas , con la cabeza baja , le preguntó.

•             HEYDEN: Extraño concepto el tuyo de servicio especial.
•             SHELDON: No sería la primera vez que contrato sólo por compañía.
•             HEYDEN: - mostrando cierta molestia - Pero seguro que no das las señales equivocadas.

Dijo en voz baja como para no ser oída.
Con decisión, se levantó para sentarse en el sillón que previamente él había ocupado, y sin ponerse demasiado cómoda, esperó a que él se explicara.

•             HEYDEN: Soy toda oídos.
•             SHELDON:  Quiero que seas mi asesora financiera.

No pudo disimular en su rostro la sorpresa que aquel anuncio le causaba, sobre todo porque ello aceleraría el transcurso de los acontecimientos brutalmente. Sin embargo, lejos de manifestarse e interrumpirle, se limitó a guardar silencio esperando la continuación.

•             SHELDON: Hace mucho que no tengo a nadie que me ayude con los negocios y revise todo. Alguien con olfato que me asesore y me de otro punto de vista. No voy a engañarte. Tengo fama certera de ser desconfiado, y siempre investigo previamente a todos aquellos que tarde o temprano terminan de relacionarse conmigo o con los míos. En tu caso, simplemente , adopté otro camino, contaba con la referencia de Michael.
•             HEYDEN: ¿Qué camino si puedo saber?
•             SHELDON: Nada que sea especialmente relevante.

De pie, se dirigió a  él con determinación.
•             HEYDEN: Creo que eso debería decidirlo yo.

Dos miradas cruzadas casi al unísono. Ella, inquietante y molesta. Él, casi sin capacidad de respuesta, pero mostrándose imponente, como  sabía serlo.

•             SHELDON: Hija de un capitán de la policía altamente condecorado. Madre fallecida apenas con 16. Carácter rebelde. Un hermano , abogado de prestigio en Nueva York , y una excompañera de cuarto universitario que decidió intercambiarte por él, comprensible por otra parte. Sin romances destacados, salvo….

El acercamiento de ella en ese instante, transmitía cierta agresividad por su parte. Un carácter intimidatorio que él estaba seguro ,  debió haber sido forjado a través de los años.

•             SHELDON: Un joven policía del mismo distrito y departamento,  que desapareció misteriosamente y sin dejar huella .

Lejos de querer seguir interpretando el papel que venía desempeñando, se olvidó de lo que supuestamente era  para mostrar quién era en realidad, haciendo salir todo su genio sin contención alguna mientras más se acercaba a él.

•             HEYDEN: Te falta un pequeño detallito, mi entrada al club.
•             SHELDON: Eso no me hace falta investigarlo, ya me ocupé de saberlo hace bastante tiempo. Ah por cierto, ¿he dicho ya que también descubrí la particularidad de ser uno de los tres mejores expedientes universitarios de esa promoción?
•             HEYDEN: ¿Y?
•             SHELDON: Vida tranquila en los últimos años, sin demasiados clientes en …..¿servicios especiales?. Aunque la verdad , de todo el informe lo que más me interesó,  fue tu cartera de clientes en cuanto a ese otro trabajo, digamos, más formal.  Tres de las navieras más importantes del país, y hasta el propio Gobernador, al cual comenzaste a conocer y tratar  gracias a ese otro tipo de trabajitos extras.
•             HEYDEN: ¿Algo más?
•             SHELDON: Lo demás , la verdad- bebió un nuevo sorbo sin retirarle la vista ni por un instante- nada que me interese. Tú  mejor garantía es que Michael te conoce, y con eso me basta. Por lo demás, sé que eres buena en lo tuyo y competente, justo lo que necesito ahora.
•             HEYDEN: ¿Ponía tu informe cuánto cobro por esos servicios que tú llamas formales? Porque soy cara, muy cara.

Tras humedecerse los labios  y bajar la cabeza por un instante, Robert era consciente de la incomodidad que le había hecho sentir, mostrándose a la defensiva. Y como tal reacción, la respuesta a la misma no podía ser de otra manera.

•             SHELDON: Eso siempre lo he sabido.

Con su alteración contenida igual que dentro de una botella de cristal a punto de explotar, simplemente optó por darse la vuelta y caminar hacia la puerta con la férrea intención de marcharse dejándolo plantado.
Al comprobar sus intenciones y ver que se le escapaba, decidió detenerla.

•             SHELDON : ¿En serio vas a perder la posibilidad siquiera de escuchar la propuesta ?

Detuvo su paso en seco, y con un leve ladeo de cabeza hacia detrás , él recibió el mensaje claro y alto, sin necesidad de decir nada.

•             SHELDON: ¿Es una cuestión de dinero? Multiplicaré tu tarifa por ¿cuánto? ¿Tres  veces más? ¿Cinco tal vez? ¿Cuánto necesitas para quedarte?
•             HEYDEN: ¿Por qué no empiezas por lo que realmente importa?
•             SHELDON:  Tendrás que revisar la contabilidad hasta ponerte al día. Tendrás acceso a mi listado de clientes, mis claves de operaciones y firma en ellas . Una vez ellos te conozcan , podrás sustituirme en algunas reuniones y ser tú la que cierre las operaciones, con mi supervisión por supuesto. Para ello, deberás realizar informes previos y a posteriori al final del cierre de la operación de que se trate. En otras ocasiones, simplemente me acompañarás .

Heyden  terminó de darse la vuelta completa, y , desafiante, pareció mostrar interés  por los detalles de la oferta.

•             HEYDEN: Esos son los pros, ¿Cuáles son los contras?

Él se distanció de la chimenea y caminó en dirección a ella lentamente aunque con aquella seguridad tan aplastante que le caracterizaba.

•             SHELDON: No suelo trabajar en mi oficina, sino en mi despacho, aquí en casa, y nada de lo que hay en él sale al exterior, por lo que tendrás que  trasladarte aquí, al menos hasta que logres ponerte al día. No tendrás horarios, pero deberás estar disponible para mí las 24 horas del día, y sobre todo, lo peor para ti, tendrás que aguantarme. 

Ella se sonrió  por su apreciación de lo que podía ser peor para ella dadas las circunstancias.
Sin mediar palabra, volvió a girar sobre si misma y a retomar su intención inicial de salir de aquel lugar. Sin reacción alguna más por la oferta, ni contestación verbal que darle, sólo cuando estuvo cerca de la puerta  , Robert reaccionó y, sorprendido, le preguntó  alzando la voz.

•             SHELDON: ¿Y ya está? ¿Te marchas ? ¿Ni siquiera vas a dignarte darme una respuesta?

Prosiguiendo su paso y ya fuera de la estancia , le contestó.

•             HEYDEN: Ya veremos.

Y se marchó de aquella casa con la  sensación de haber cumplido un deber ,y por otro, con el sentimiento de una chiquilla traviesa que consigue culminar un ansiado juego. La figura de Sheldon le resultaba muy atractiva e interesante desde la primera vez que se encontraron, y sólo ahora,  se le brindaba la oportunidad de tenerlo lo suficientemente cerca como para que el juego iniciado pudiera continuar, pero eso sí, teniendo en cuenta y muy presente,  que era un hombre extremadamente cauteloso, inteligente y habilidoso, tanto , como para arrastrarte a su terreno sin darte cuenta, y eso es justo lo que ella no podía permitirse en este momento.

Desconcertados ambos , él por lo que le resultaba peor que una duda directa , y ella, por su ofrecimiento, el descanso no resultó tarea fácil.  Él se encerró en su despacho para revisar papeles evitando, con su mente ocupada en otra cosa, pensar en ella. Heyden, se limitó a volver a coger las carpetas con la documentación que Sanders le había proporcionado.
Revisar una y otra vez hasta el más mínimo detalle para que no se le escapara nada, y  planificar los siguientes pasos a dar. Todo ello, intentando pensar en frío , sin que las sensaciones se apoderaran de ella , aunque como tentadores opciones con cuerpo visible, éstas  le removieran el interior una y otra vez.
Una sensación de incertidumbre sobre sí misma por lo que estaba sintiendo , y de impotencia por lo que sabía que debía ser y no podía permitirse, evidenciaban su estado de nerviosismo. Sólo una imagen a la que aferrarse en aquel instante y un deseo, la única persona con la que de verdad quería hablar y que necesitaba por encima de todo en ese momento : Michael.

Como  toda tormenta que deja paso a la serena calma, la luz del alba llegó para avisar de un nuevo día.
Un día de cielos despejados, de sol con aspiraciones de asfixiar a todo dios, y con más tráfico del que sería deseable.

Serían sobre las nueve de la mañana cuando Robert despertase de su sueño. Aturdido,  después de haber pasado una mala noche , y retrasar su hora de reencuentro con el descanso , por  algo que por primera vez, no resultaba un acto social.

Tal cual se encontraba, descalzo y con su atuendo de pantalones cortos y camiseta, salió de su habitación bajando las escaleras para acercarse a la cocina.
Al pasar por delante de la puerta, le pareció ver algo familiar a través de los cristales situados a los lados.
Habiendo pasado ya de largo, retrocedió sólo para asegurarse. Se acercó a la cristalera y comprobó que su apreciación resultaba correcta.
Acelerando su paso , llegó a la cocina donde la mujer que se encarga de su casa, Isabel,  preparaba el almuerzo.
Al verlo entrar, se dirigió a la cafetera dispuesta a servirle.

•             SHELDON: ¿Isabel?
•             ISABEL: Buenos días Sr. Sheldon. ¿Café?
•             SHELDON: Sí gracias. – mostrándose nervioso- Isabel.
•             ISABEL: ¿Sí Sr Sheldon?
•             SHELDON: ¿Tienes algo que contarme?

Le acercó la taza a la mesa  que tenía  delante de él.

•             ISABEL: ¿A qué se refiere ?
•             SHELDON: Bueno, o tú te has sacado el carnet de moto de pronto , o hay alguien más en esta casa.

Isabel comenzó a reírse compulsivamente.

•             ISABEL: ¡Oh no , Sr. Sheldon!  Reconozco  que me gustan pero  no creo estar en la edad sinceramente. No. No es mía. Es de la Srta. Nash. Menos mal que me avisó que podría presentarse en cualquier momento.

Con los ojos abiertos como platos, su cansancio pareció desaparecer de inmediato , mostrándose acelerado.

•             SHELDON: ¿La Srta. Nash?
•             ISABEL: Sí señor. Llegó  como a las seis de la mañana. Vaya mujer . Tuve que insistirle en que se sentase a desayunar.

Él no dejaba de alternar su cabeza observando a Isabel y a la escalera del vestíbulo.

•             SHELDON: ¿Y dónde se supone que está ahora?
•             ISABEL: En su despacho  - antes de que pudiese proseguir  , él ya había salido de allá como alma que es perseguida por el diablo - ¡Pero, debería desayunar antes !¡Sr. Sheldon!

Subiendo los escalones de dos en dos, llegó hasta la última puerta a la izquierda del pasillo del piso superior, su despacho.
La puerta se encontraba entreabierta , y tras apenas empujarla con los dedos , vio a Heyden sentada en su silla,  con lo que parecían sus libros de contabilidad en la mesa. No hizo falta levantar la cabeza para saber que se trataba de él, así que sin hacerlo, mientras pasaba una nueva hoja , le saludó.

•             HEYDEN: Vaya, ¿un poco tarde para un hombre de negocios no crees? ¿mala noche?

Mientras él trataba de mentalizarse con la imagen , ella alzó su cabeza por un instante. Acostumbrada a otra imagen más pulcra del caballero en cuestión, aquella que se le mostraba  le resultaba caótica.

•             HEYDEN: Vaya. Supongo que debería guardar esta imagen para el recuerdo.

Acercándose a la mesa, trató de ver qué clase de libros había cogido fijándose en las estanterías .

•             SHELDON: ¿Qué se supone que haces aquí?
•             HEYDEN: Tú me querías aquí.

Continuaba rondando  lentamente, observándolo todo.

•             SHELDON: Ayer te marchaste sin responderme. – su paso se denotaba nervioso- Ni siquiera has firmado el contrato, ni sabes las condiciones.

Con absoluta calma , ella recolocó su espalda recta y las manos cruzadas en su vientre. Su mirada mantenida al frente, fría y segura, le suponía una sorpresa aún mayor a él.

•             HEYDEN: Las condiciones ya me las explicitaste ayer, las más importantes al menos. Respecto al contrato, estás tardando en llamar a Michael – él se le sentó en el filo de la mesa, justo a su lado- ¿por qué es él quién te los redacta verdad?
•             SHELDON: ¿Y esto?- dijo señalando hacia los libros abiertos - .
•             HEYDEN: No tenía las claves de acceso a tu ordenador, así que me puse a repasarte los libros en papel. La verdad no sé quién te la llevaría antes, pero es algo horroroso. En el rato que llevo aquí, he visto tres operaciones donde has dejado de ganar pasta gansa por cerrar mal. Falta de ambición en la negociación. 
•             SHELDON: A ver si lo entiendo. Ayer no  me dices nada y esta mañana te presentas a las seis de la mañana , en mi casa, entras a mi despacho, coges libros y – mirando su reloj- ¿en apenas tres horas te ha dado tiempo de observar operaciones en las que he dejado de obtener beneficios?

Ella miró también el suyo antes de contestarle.

•             HEYDEN: Para ser sincera, menos. Y sí lo hice a espera de que te levantases y me dejases lo que falta. Mi tiempo es muy valioso Sheldon, sobre todo cuando asumo responsabilidades.  Respecto a la falta de mi firma en un papel, tómate esto como una fase a prueba, si no te convence, cuando Michael te lo traiga no me lo entregues.

Él, aún sorprendido, no podía dejar de observar los libros mientras trataba de pensar en aquello último que le había dicho ella.

•             HEYDEN: Por cierto, no creo que te convenga hacer enfadar a Isabel. Mujer cabezota donde las haya , sí señor. Ve a  desayunar antes de que venga a buscarte, cuando vuelvas ya nos pondremos al día.

Con una última mirada hacia su “nueva empleada”, en la cual ella había decidido volver a prestar atención a los libros , se levantó y se dispuso a bajar a desayunar y a adecentarse antes de continuar con la jornada.


Mientras tanto  ,  en una gran casa en mitad de una zona boscosa,  muy lejos de Florida, aún de madrugada,  habiéndose finalizado una cena con personalidades importantes del lugar y algunos mandatarios, la paz se hacía con la  estancia por momentos.

La luna llena y brillante, desplegaba toda su magnificiencia sobre los amplios jardines de setos a media altura y rosales abiertos en esta época del año, consolidaba la piscina como si fuera un estanque natural de paz inmensa en la que poder perderse, y culminaba de gloria sus gruesas paredes de piedra .

Dentro, enormes salones con techos de madera oscura y amplios sillones ,  biblioteca privada convertida en despacho privado, y varios patios en los que poder disfrutar solo o en compañía de otros.

En una de las terrazas del piso superior, un hombre elegantemente vestido  con traje color beig y una copa en una de sus manos, disfrutaba de las vistas mientras esperaba que uno de sus  hombres de confianza  acudiera  a su encuentro.

Este último , tocó la puerta con los nudillos y esperó una confirmación a través de u gesto de su jefe con la cabeza. Una vez fue dado el mismo, accedió , incorporándose al lado suyo.

•             BOURKE: ¿Se han ido todos?

El otro hombre le asintió.

•             BOURKE: Mañana llama a Sheldon a primera hora. Quiero que esté aquí el viernes , sin falta, y que traiga ropa. Ya me encargaré yo de su vuelta el domingo .

Y su ayudante se retiró con la orden dada.

Ana Patricia Cruz López

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1 comentario:

  1. Impresionante, de verdad la manera en que detallas cada situación, sin duda alguna hace que me haga una fotografía en mi mente de lo que pasa mientras leo, descubro letras y las mismas se convierten en imágenes en mi mente, Grandiosa simplemente Grandiosa!!!!

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