CAPITULO QUINTO (TERCERA PARTE)
NUEVAS CARTAS, NUEVO JUEGO
Pasando las horas , llegó la tarde noche.
Como de costumbre, su preparación para este tipo de citas solía ser
lenta y minuciosa, con exquisito cuidado en la selección de los detalles.
Tras un relajante baño de espuma con aceite de aroma afrutado, se
acercó a su cama , y a los pies de la misma, comenzó a observar las prendas
elegidas que previamente había colocado.
Cuando hubo revisado todo, descendió su vista al suelo y revisó sus zapatos,
de tacón tan alto como fino. Un capricho tan delicioso como caro, del que se
enamoró tras cruzar sus ojos con el escaparate de aquella tienda tan cara cerca
del despacho de su hermano.
Sin saber qué encontraría en realidad, puesto que sólo una idea inicial
es lo que en su mente se mantenía a flote, decidió ir a por todas, y puesto que
el vehículo escogido para llegar a su destino era su apreciada moto, optó por un elegante mono enterizo de cuero negro
muy ajustado con cremallera frontal que dejaba todas sus curvas al completo
juego imaginativo visual.
Con todo lo que necesitaba saber de antemano en su cabeza, tras haber revisado de nuevo la primera parte
de la documentación que se hallaba en su poder, volvió a mirarse en el espejo ,
revisándose una vez más, respiró hondo y se dispuso a salir de su casa ,
habiendo cogido su bolso y las llaves que se encontraban en la cómoda de la
entrada.
Extrañamente tranquila la ciudad para ser una hora clave , y sin prisa
alguna puesto que había salido con tiempo suficiente, se limitó a disfrutar del
recorrido hasta la dirección dada .
Circulando por la única carretera que la llevaba cuesta arriba hasta
la parte alta de la colina, los cinco últimos minutos del camino se le hicieron especialmente expectantes al
no encontrar más casas alrededor ,ni más puertas ni otros accesos, salvo al
final, en el que una verja abierta, le
daba vía libre a la imagen de una enorme
pero hermosa casa al final del mismo.
Nada más llegar a la entrada ,
detuvo su moto y comenzó a observar
detenidamente toda la fachada de la casa, especialmente las ventanas .
Visionado el entorno, se bajó de la misma, y tras quitarse los guantes , el casco y la chaqueta , los guardó en el maletín portaequipajes
trasero.
Con las manos entre su cabello
lo sacudió, y bajó hasta el pecho la cremallera del mono enterizo.
Con tan sólo detenerse un instante y fijar la vista al frente, podía
llegar a entenderse las razones que llevaron a adquirir esta casa o los terrenos en ella situada, puesto
que, desde lo alto de la colina en la
que se encontraba, se podían contemplar
unas vistas impresionantes de toda Miami.
Al darse la vuelta en dirección a la puerta, algo le decía que debía
mirar a una ventana concreta, la última de la esquina izquierda. La luz se
encontraba apagada y aparentemente no había nadie, pero ella sentía una
presencia que la observaba.
Volviendo a la realidad de la situación, decidió no demorar más ese
momento y subió los cuatro escalones que la llevaban hasta la gran puerta
principal, y antes de que pudiera tocar
el timbre, la puerta se abrió sola.
Ante ella, un enorme vestíbulo presidido por unas imponentes escaleras de mármol que venían a dividirse en dos al llegar a la
planta alta de la casa.
Una vez dentro, la puerta, de
la misma forma que se abrió, se cerró
sola.
Al no ver ni oír a nadie, lo único que le quedaba, era mirar hacia todas partes desde donde se
encontraba. Con la casa iluminada por una luz tenue, al girar a la izquierda su
cuello, observó un largo pasillo con puertas laterales y lo que parecía ser un
anexo del mismo que acababa torciendo, a
juzgar por la proveniencia de la luz que se veía.
A la derecha, se extendía otro
pasillo. Una especie de corredor con ventanas al exterior , que parecía dar a una puerta cerrada.
Apabullada por todo aquello, de
pronto, esa primera sensación de sentirse vigilada por alguien volvió a repetirse. Pero esta vez, volvió la mirada hacia la parte alta de la
escalera y vio a Sheldon, que como de
costumbre, no dejaba de observarla con
aquella particularmente incómoda mirada tan propiamente suya cuándo deseaba
algo con mucha ansia y que ella recordaba a la perfección. La misma mirada que
nunca había olvidado desde el primer instante que se encontraron en el club.
Robert bajó la escalera lentamente, disfrutando de la visión situada junto a su puerta, con
aquel porte y gesto interesante tan habitual , se acercó a ella.
• SHELDON: Buenas
noches.
No era la primera vez que tenía la oportunidad de escuchar su voz, y ésta , una vez más, volvía a mostrarse insinuante y
serena. A su mente sólo le venía la idea recurrente repetida en aquel
entonces una y otra vez por sus ex compañeras:
“Sheldon no era ni un hombre corriente,
ni un cliente como los demás”.
Sin mediar palabra alguna, le extendió una de sus manos en claro signo
de esperar una de las suyas.
Tras volver a sus ojos como
referencia , una mirada serena, que transmitía paz y seguridad, es lo que la
hizo convencerse de que aquel era un lugar seguro, aunque no sabía exactamente
por qué.
Mostrándose receptiva, le colocó su mano sobre la palma ofrecida, y
sosteniéndola, la llevó con él por el
largo pasillo de la derecha, el que conducía a la gran puerta cerrada. La
soltó, giró el pomo ligeramente, y abrió las dos hojas.
Aquellas pesadas puertas fueron abriéndose solas poco a poco, y la
primera impresión de lo que vio la dejó sin palabras. Una enorme biblioteca de
dos pisos , completamente de madera, con una impresionante escalera de caracol
en el medio que conducía al piso superior.
Pese a su considerable tamaño, el tono del material en el que estaba
realizada y su iluminación, la hacían
acogedora para los momentos de asueto y relax , con el único acompañamiento de
las palabras escritas.
La moqueta rojo oscuro del suelo, contrastaba con el hermoso piano de
cola negro situado en uno de los laterales , que permanecía como impasible
observador del pasar del tiempo allí dentro, imponente , con la tapa central
abierta mostrando sus entrañas a todo curioso que quisiera acercarse.
En el margen derecho, dos antiguos sillones orejeros perfectamente
restaurados, una pequeña y antigua mesita redonda en el lateral de uno de
ellos, y todo presidido por una enorme chimenea de las de antes .
Al alzar la mirada , pudo ver asombrada los espectaculares frescos
del techo, y la más que llamativa lámpara de diseño y miles de cristales de Swarovski que
iluminaba tenuemente la sala , dándole un toque muy favorecedor y acogedor.
Amante de la observación, Robert disfrutaba con su rostro de sorpresa
ante cada mínimo detalle así como la luz
que irradiaba al ver la estancia.
• SHELDON: ¿Una copa?
• HEYDEN:- sin dejar
de observar los detalles de aquella estancia- Sí, por favor.
Mientras él preparaba las bebidas en el mueble bar disimulado
debidamente dentro de un enorme globo terráqueo antiguo, Heyden se acercó lentamente hacía una de las estanterías , y
si la sala la había sorprendido gratamente, aún más, los libros que las ocupaban. Miró a Sheldon
señalando con la mano uno de ellos.
• SARAH: ¿Puedo?
• SHELDON: Por
supuesto- y se acercó hasta ella con las copas en la mano.
Con mucha delicadeza cogió el libro señalado. Un volumen de “ El Rey Lear” con aspecto especialmente
antiguo. Lo abrió muy despacio, y en la contraportada, escrito en letra y tinta
antigua, figuraba una fecha de edición (
1608 In Quarto) , y una breve introducción :” William Shakespeare, la auténtica
crónica histórica compuesta por él sobre la vida y muerte del rey Lear y sus
tres hijas”.
La sorpresa de ella era mayúscula, y Robert , no podía sino estar
complacido por lo que estaba descubriendo.
• HEYDEN: Una de las
dos ediciones originales.
• SHELDON: Una
subasta en Christie´s, hace unos años. ¿Entendida?
• HEYDEN: Adoradora
de Shakespeare más bien, y más de los volúmenes de valor incalculable.
Con la misma delicadeza con la que dispuso de él, volvió a colocarlo dónde estaba, cogiendo la copa ofrecida por Robert.
• SHELDON:
¿Sorprendida?
• HEYDEN: Un poco.
Aunque supongo que cuando se tiene dinero es fácil poseer todo esto, aunque
sólo sea para presumir.
• SHELDON: Yo no tengo por costumbre poseer cosas para
presumir.
• HEYDEN: Y entonces,
¿para qué posees?
Dentro de lo que podría parecer un papel sin serlo, la actitud de él,
abrió la veda para que ella desplegase su faceta más atrayente. Manejando con
absoluta maestría elementos tan corrientes como su voz , modulándola, o ciertos
gestos copa en mano, el control sobre la atención de este hombre, al cual, le gustaba disfrutar de la provocación ejercida
por los demás, era casi absoluta .
• SHELDON: Me gusta
poder disfrutar en exclusiva.
• HEYDEN: ¿En serio?
– mirando hacia la columna de libros en dónde se encontraba el extraído
instantes antes- ¿Cuántos clásicos en ediciones especiales debe haber? ¿30?
¿40? ¿ 50 tal vez? A juzgar por el aspecto de los lomos , y habiendo tenido uno
solo en mis manos, ¿cuánto valor tiene esa posesión?
• SHELDON: ¿En serio
quieres saberlo o sólo exiges una respuesta por el simple placer de hacerte una
imagen a tu gusto sobre mí?
• HEYDEN: No soy una entendida sobre arte, ni siquiera
envidio a la gente que puede permitírselo. Pero lo habitual , es comprar el
original y una fidedigna reproducción. El primero , acabará en la oscuridad de
una cámara oculta y con combinación, mientras que la reproducción, será lo que
se exhiba y venda como un original de mucha calidad.
• SHELDON: Para no
ser entendida, lo pareces.
• HEYDEN: Yo no, pero
uno de mis más antiguos clientes sí lo es, marchante para ser más exactos.
Podría decirse, que todo lo que sé, lo aprendí a través de él.
Se levantó del sillón dirigiéndose lentamente hacia el piano, dejando
su particular aroma en su estela al pasar al lado de él.
• SHELDON: ¿Y siempre
eres tan buena alumna?
Encontrándose junto al instrumento de porte elegante, con las yemas de
los dedos de una de sus manos, acariciaba el filo de la lacada madera negra que
protegía las teclas. Se detuvo un instante, y devolviéndole la mirada por unos
segundos a su espalda, se dispuso a responderle.
• HEYDEN: Cuando me
gusta lo que se imparte , procuro.
Él giró medio cuerpo hacia ella. Aquella luz, su pose junto al piano,
y el contraste , resultaban demasiado tentadores como para permanecer sentado
por más tiempo, así que se incorporó , y se acercó.
Había algo en aquel hombre que lo hacía diferente , pero ella no
lograba averiguar el qué. Lo que si no podía evitar, era coquetear con él de
forma descarada porque simplemente le apetecía. Por un instante, decidió seguir
con aquel juego no iniciado por ella. Un juego en el que él creía tener el
tablero controlado , cuando en realidad la acción se encontraba fuera de
aquellas paredes. Por un instante, olvidó todo lo estudiado, todo lo aprendido,
todo lo que aquel maldito informe le proporcionaba en cuanto a información y a
sentimientos encontrados, y es que , las vinculaciones personales no son
deseables en estos casos.
Un amigo que quería presentarle. Una única mirada en el club al
finalizar su actuación. Un gesto sin gesticulación alguna. Unos ojos ansiosos
por saber más de ella, de lo que se escondía tras su apariencia de normalidad.
Mismos ojos, curiosos, que despertaban en ella algo extraño e indefinible.
Con la libertad que le otorgaba su posición, pese a las órdenes
recibidas, su forma de llevar todo a cabo
se desenvolvía con la tranquilidad de que siempre era ella la que
marcaba los tiempos , la que establecía las ocasiones.
Hasta ahora , siempre había sido así, y nunca había habido problemas.
Pero el lema de la “casa”, el “nunca te impliques personalmente”, le estaba
comenzando a resultar una losa con
atisbos de inmensa pesadez.
• SHELDON: ¿Sabes
tocar?
• HEYDEN: - se sonrió
ante el doble sentido de la pregunta dado el tono empleado por él.-No, prefiero
que lo toquen.
Abrió la tapa protectora de las teclas, acercó su mano a la de ella
con intención de cogerla , pero se detuvo. Mirándola, le preguntó si podía. Ella le asintió, y con
su mano encima de la de ella sostenida suavemente, le hizo acariciar cada una
de las teclas desde su comienzo , hasta que , llegados al primer tercio del
teclado, se detuvo y apretó. Detrás de esa , vinieron algunas más, y
mientras ella simplemente se dejaba
llevar, observaba complacida su perfil
cabizbajo , y sus ojos buscando la siguiente nota que aportar al proyecto de
melodía improvisada que quería que sonase.
Cada nueva tecla , suponía que la reverberación del piano, de los
martillos sobre el metal y la madera de
su caja , erizaban de forma intermitente su piel, hasta que esa sensación pasó
a ser continua. Pero lejos de querer
evitarla, de que parase, se sentía muy a gusto, tanto, que estiró sus dedos
buscando otro tipo de reacción. Y mientras él continuaba con sus ojos fijos en
sus manos, ella pudo ver que el movimiento de su pecho se aceleraba
ligeramente, y sentir, que pese al intento por separarlas, él decidió apretarla
aún más contra las teclas , entrelazando sus dedos superficialmente, como quien
retiene su deseo verdadero y ansiado desde hace tiempo, como quién no termina
de creerse , que su sueño puede cumplirse.
Sin embargo, de vuelta a la realidad que les rodeaba, decidió
separarla y alejarse de allí unos pasos , hacia el mueble bar para volver a
servirse otra copa.
• SHELDON: Era de mi
madre. Es de las pocas cosas que decidí traerme de la casa familiar. Era una
concertista buenísima. Salzburgo, Viena, Londres. Era su vida. Hasta que
conoció a mi padre. – señalando para el instrumento- ése fue su regalo de
bodas. A cambio, vida familiar y tranquila, y nada de giras. Sólo su casa, sus
hijos, y……..él.
• HEYDEN: Era otra
época. Si pudiera repetir su vida hoy, posiblemente lo hubiera tenido más fácil
para seguirlo siendo.
• SHELDON: No con un
hombre como mi padre al lado.
Robert se acercó a la estantería de los clásicos.
• SHELDON: ¿Valor real? – tocaba los lomos con cierto
tono nostálgico en la voz- posiblemente más que toda la casa, pero es cierto
que cuando uno adquiere algo así, no llega a apreciar su verdadero valor hasta
que lo pierde, bien porque se lo roban o tiene que desprenderse de ello. Yo también
podría tenerlos escondidos en una caja fuerte, resguardados de las miradas
curiosas que no saben apreciar su verdadero origen, pero ¿para qué tenerlos
entonces?
Ella se le acercó , apoyándose en el saliente de madera con el vaso en ambas manos.
• HEYDEN: ¿Cuántas
veces te has sentado aquí buscando lo que no eres capaz de encontrar fuera?.
• SHELDON: -
Extrañado, y con la mirada de reojo clavada en ella, una media sonrisa se
dibujó en su cara- ¿ Tengo curiosidad?
• HEYDEN: Paz. Fuera
ejemplificas un papel. El triunfador, el aguerrido hombre de los negocios , el
de los titulares , aunque no siempre te favorezcan. Pero cuando todo eso
desaparece, cuando te permites ser tú, este es el único lugar de todo el mundo
donde encuentras la paz que buscas, donde no tienes que disimular, donde puedes
vivir y pensar cómo siempre has querido. Protegido por ellos- señalando con la
cabeza todo lo que les rodeaba- aunque ni los toques siquiera, y especialmente, por el recuerdo de tu madre reflejado en él-
e hizo un gesto con la cabeza hacia detrás, justo dónde se encontraba el piano-
.
Robert no podía disimular su sorpresa y su intriga. Se supone que no
lo conocía y, sin embargo, le bastaba mirarle a los ojos o escucharle para
extraer la verdad. Ante la expresión de incertidumbre mostrada por sus ojos, ella bebió un nuevo
sorbo, y decidió explicarle.
• HEYDEN: En mi
trabajo estás obligada a captar las
sensaciones que te transmite el cliente, sobre todo cuando no le conoces y no
sabes hasta dónde estará dispuesto a llegar. En uno, porque es mi obligación complacer y para eso, tienes
que saber escuchar los silencios; y en el otro, porque es esencial reconocer el
terreno y saber qué postura debes llevar a cabo en la mesa de negociación.
• SHELDON: ¿Y en mi
caso?
• HEYDEN: Tu
semblante ha cambiado en cuanto has traspasado la puerta, y tu tono de
voz, ha sido radicalmente distinto
cuando has mencionado a tu madre y todo lo que implicaba, que cuando le has
mencionado a él.
Él se sonrió. Indudablemente era buena observadora. Poco a poco, todas
las palabras que Michael le dijo sobre
ella en su momento, se quedaban cortas respecto al espectáculo que se abría
ante sus ojos.
Él se alejó de allí para volverse a sentar en el sillón, y mientras
pensaba cómo proseguir la conversación, ella le facilitó el empeño desde el
mismo puesto desde donde se encontraba, a su espalda, y acomodada en el mismo
lado de la librería, arropada por la columna de los clásicos de valor
incalculable.
• HEYDEN: Y pese a
todo, aún hay algo que no entiendo.
Colocando la copa encima de la mesita auxiliar , sin soltarla, y su
cabeza en el espaldar del sillón, se dispuso a escuchar.
• SHELDON: Adelante,
soy todo oídos.
• HEYDEN: ¿Por qué ocultar tu identidad?
• SHELDON: Porque de
haber sabido que era yo, no hubieras
venido.
• HEYDEN: ¿Y lo de
hacerlo a través de Clark en vez de Victoria?
• SHELDON: Cuestión
de confianza y discreción. Con él ,las cosas siempre han funcionado de otra
forma.
• HEYDEN: Me consta,
pero esa respuesta no me basta.
• SHELDON: - con tono
socarrón- Exigente.
• HEYDEN: Mucho.
• SHELDON: Le
pregunté si sería capaz de convencerte para aceptar sin dar mi identidad, y me
aseguró que confiabas más en él que en nadie, que no habría problema. Clark es
un gran tipo, siempre lo ha sido, aunque en el pasado se viera en apuros y las
casualidades hicieran que acudiera a mí como último recurso. Jamás le pedí nada
a cambio, pero siempre ha sentido que me debía algo. Con Victoria, cualquier
negociación se convierte en un pesado interrogatorio.
• HEYDEN: ¿Y le
dijiste a él de qué tipo de servicio se trataba, o eso es algo que también él
deduce?
• SHELDON:
Simplemente señalé lo que necesitaba
para facturar, un servicio especial por toda la noche. Con él , no hace falta
especificar más.
Mientras aquellas últimas palabras aún resonaban en la habitación,
ella decidió seguir adelante con su supuesto plan, aún sin definir con
exactitud ante la indeterminación de lo que querría, pero con sus sentidos
completamente activados captándolo todo.
Mientras él permanecía sentado, ella se le apareció por un lateral. Se
agachó para dejar su copa en la misma mesilla lateral, incorporando su cuerpo
hacia delante , procurando quedar lo suficientemente cerca de él como para
tentarle. Y al haberla dejado, en lugar de incorporarse, sin dejar de mirarle
fijamente a los ojos , mientras él devoraba sus labios en silencio, con sus
manos, separó sus piernas cruzadas hasta
dejar hueco suficiente, para hacer
descender lentamente su cuerpo entre ellas y quedar apoyada en el suelo sobre
sus rodillas, con sus brazos apoyados en las de él.
Las inequívocas señales por él trasmitidas, fueron captadas a la
perfección . Sabía lo que quería , o por lo manos parte de ello. Sin embargo ,
el desarrollo de los acontecimientos que habrían de venir a continuación, le
depararían una sorpresa inesperada.
• SHELDON: La misma
forma de mirarme que aquella noche.
• HEYDEN: La tuya,
desde que me has visto en tu hall.
• SHELDON: En nuestro
segundo encuentro te negaste a volver a verme.
• HEYDEN: Y sin
embargo, aquí me tienes.
Aquellas sutiles manos, acostumbradas a dar placer con tan sólo
sentirlas, se apropiaban descaradamente de sus muslos ante la inquietud sentida
por él. Notar aquellos largos y finos dedos
incrustarse prácticamente en su carne , con la única salvaguarda de su
pantalón, apoderándose de él de forma tan elegantemente descarada , le
tensaba más de lo que posiblemente
hubiera deseado.
Él , inmerso en el mundo de sensaciones en el que ella le estaba
introduciendo, se fue dejando llevar sin pensar, hasta que al sentir sus manos
en las ingles, detuvo su prosecución colocándole las suyas encima .
Heyden elevó la vista , aturdida en parte por su reacción, mientras
él acercaba su rostro al de ella.
• SHELDON: No es esto
por lo que quería tenerte aquí.
• HEYDEN: - Extrañada
- ¿Entonces?
Le retiró las manos con cuidado y se incorporó . Cogiendo su copa , se
acercó hasta la chimenea.
• SHELDON: Quiero
contratarte por tus servicios, pero no esos.
Aquella supuesta propuesta de trabajo comenzaba a inquietarla, sobre
todo por lo que desencadenaba.
Haciéndose la ingenua, decidió simplemente , dejarle seguir hablando
para averiguar hasta dónde era capaz de llegar.
Aún en el suelo, sentada sobre sus piernas , con la cabeza baja , le preguntó.
• HEYDEN: Extraño
concepto el tuyo de servicio especial.
• SHELDON: No sería
la primera vez que contrato sólo por compañía.
• HEYDEN: - mostrando
cierta molestia - Pero seguro que no das las señales equivocadas.
Dijo en voz baja como para no ser oída.
Con decisión, se levantó para sentarse en el sillón que previamente él
había ocupado, y sin ponerse demasiado cómoda, esperó a que él se explicara.
• HEYDEN: Soy toda
oídos.
• SHELDON: Quiero que seas mi asesora financiera.
No pudo disimular en su rostro la sorpresa que aquel anuncio le
causaba, sobre todo porque ello aceleraría el transcurso de los acontecimientos
brutalmente. Sin embargo, lejos de manifestarse e interrumpirle, se limitó a
guardar silencio esperando la continuación.
• SHELDON: Hace mucho
que no tengo a nadie que me ayude con los negocios y revise todo. Alguien con
olfato que me asesore y me de otro punto de vista. No voy a engañarte. Tengo
fama certera de ser desconfiado, y siempre investigo previamente a todos
aquellos que tarde o temprano terminan de relacionarse conmigo o con los míos.
En tu caso, simplemente , adopté otro camino, contaba con la referencia de
Michael.
• HEYDEN: ¿Qué camino
si puedo saber?
• SHELDON: Nada que
sea especialmente relevante.
De pie, se dirigió a él con
determinación.
• HEYDEN: Creo que
eso debería decidirlo yo.
Dos miradas cruzadas casi al unísono. Ella, inquietante y molesta. Él,
casi sin capacidad de respuesta, pero mostrándose imponente, como sabía serlo.
• SHELDON: Hija de un
capitán de la policía altamente condecorado. Madre fallecida apenas con 16.
Carácter rebelde. Un hermano , abogado de prestigio en Nueva York , y una
excompañera de cuarto universitario que decidió intercambiarte por él,
comprensible por otra parte. Sin romances destacados, salvo….
El acercamiento de ella en ese instante, transmitía cierta agresividad
por su parte. Un carácter intimidatorio que él estaba seguro , debió haber sido forjado a través de los
años.
• SHELDON: Un joven
policía del mismo distrito y departamento,
que desapareció misteriosamente y sin dejar huella .
Lejos de querer seguir interpretando el papel que venía desempeñando,
se olvidó de lo que supuestamente era
para mostrar quién era en realidad, haciendo salir todo su genio sin
contención alguna mientras más se acercaba a él.
• HEYDEN: Te falta un
pequeño detallito, mi entrada al club.
• SHELDON: Eso no me
hace falta investigarlo, ya me ocupé de saberlo hace bastante tiempo. Ah por
cierto, ¿he dicho ya que también descubrí la particularidad de ser uno de los
tres mejores expedientes universitarios de esa promoción?
• HEYDEN: ¿Y?
• SHELDON: Vida
tranquila en los últimos años, sin demasiados clientes en …..¿servicios
especiales?. Aunque la verdad , de todo el informe lo que más me interesó, fue tu cartera de clientes en cuanto a ese
otro trabajo, digamos, más formal. Tres
de las navieras más importantes del país, y hasta el propio Gobernador, al cual
comenzaste a conocer y tratar gracias a
ese otro tipo de trabajitos extras.
• HEYDEN: ¿Algo más?
• SHELDON: Lo demás ,
la verdad- bebió un nuevo sorbo sin retirarle la vista ni por un instante- nada
que me interese. Tú mejor garantía es
que Michael te conoce, y con eso me basta. Por lo demás, sé que eres buena en
lo tuyo y competente, justo lo que necesito ahora.
• HEYDEN: ¿Ponía tu
informe cuánto cobro por esos servicios que tú llamas formales? Porque soy
cara, muy cara.
Tras humedecerse los labios y
bajar la cabeza por un instante, Robert era consciente de la incomodidad que le
había hecho sentir, mostrándose a la defensiva. Y como tal reacción, la
respuesta a la misma no podía ser de otra manera.
• SHELDON: Eso
siempre lo he sabido.
Con su alteración contenida igual que dentro de una botella de cristal
a punto de explotar, simplemente optó por darse la vuelta y caminar hacia la
puerta con la férrea intención de marcharse dejándolo plantado.
Al comprobar sus intenciones y ver que se le escapaba, decidió
detenerla.
• SHELDON : ¿En serio
vas a perder la posibilidad siquiera de escuchar la propuesta ?
Detuvo su paso en seco, y con un leve ladeo de cabeza hacia detrás ,
él recibió el mensaje claro y alto, sin necesidad de decir nada.
• SHELDON: ¿Es una
cuestión de dinero? Multiplicaré tu tarifa por ¿cuánto? ¿Tres veces más? ¿Cinco tal vez? ¿Cuánto necesitas
para quedarte?
• HEYDEN: ¿Por qué no
empiezas por lo que realmente importa?
• SHELDON: Tendrás que revisar la contabilidad hasta
ponerte al día. Tendrás acceso a mi listado de clientes, mis claves de
operaciones y firma en ellas . Una vez ellos te conozcan , podrás sustituirme
en algunas reuniones y ser tú la que cierre las operaciones, con mi supervisión
por supuesto. Para ello, deberás realizar informes previos y a posteriori al
final del cierre de la operación de que se trate. En otras ocasiones,
simplemente me acompañarás .
Heyden terminó de darse la
vuelta completa, y , desafiante, pareció mostrar interés por los detalles de la oferta.
• HEYDEN: Esos son
los pros, ¿Cuáles son los contras?
Él se distanció de la chimenea y caminó en dirección a ella lentamente
aunque con aquella seguridad tan aplastante que le caracterizaba.
• SHELDON: No suelo
trabajar en mi oficina, sino en mi despacho, aquí en casa, y nada de lo que hay
en él sale al exterior, por lo que tendrás que
trasladarte aquí, al menos hasta que logres ponerte al día. No tendrás
horarios, pero deberás estar disponible para mí las 24 horas del día, y sobre
todo, lo peor para ti, tendrás que aguantarme.
Ella se sonrió por su
apreciación de lo que podía ser peor para ella dadas las circunstancias.
Sin mediar palabra, volvió a girar sobre si misma y a retomar su
intención inicial de salir de aquel lugar. Sin reacción alguna más por la
oferta, ni contestación verbal que darle, sólo cuando estuvo cerca de la
puerta , Robert reaccionó y,
sorprendido, le preguntó alzando la voz.
• SHELDON: ¿Y ya
está? ¿Te marchas ? ¿Ni siquiera vas a dignarte darme una respuesta?
Prosiguiendo su paso y ya fuera de la estancia , le contestó.
• HEYDEN: Ya veremos.
Y se marchó de aquella casa con la
sensación de haber cumplido un deber ,y por otro, con el sentimiento de
una chiquilla traviesa que consigue culminar un ansiado juego. La figura de
Sheldon le resultaba muy atractiva e interesante desde la primera vez que se
encontraron, y sólo ahora, se le
brindaba la oportunidad de tenerlo lo suficientemente cerca como para que el
juego iniciado pudiera continuar, pero eso sí, teniendo en cuenta y muy
presente, que era un hombre
extremadamente cauteloso, inteligente y habilidoso, tanto , como para
arrastrarte a su terreno sin darte cuenta, y eso es justo lo que ella no podía
permitirse en este momento.
Desconcertados ambos , él por lo que le resultaba peor que una duda
directa , y ella, por su ofrecimiento, el descanso no resultó tarea fácil. Él se encerró en su despacho para revisar
papeles evitando, con su mente ocupada en otra cosa, pensar en ella. Heyden, se
limitó a volver a coger las carpetas con la documentación que Sanders le había
proporcionado.
Revisar una y otra vez hasta el más mínimo detalle para que no se le
escapara nada, y planificar los
siguientes pasos a dar. Todo ello, intentando pensar en frío , sin que las
sensaciones se apoderaran de ella , aunque como tentadores opciones con cuerpo visible,
éstas le removieran el interior una y
otra vez.
Una sensación de incertidumbre sobre sí misma por lo que estaba
sintiendo , y de impotencia por lo que sabía que debía ser y no podía
permitirse, evidenciaban su estado de nerviosismo. Sólo una imagen a la que
aferrarse en aquel instante y un deseo, la única persona con la que de verdad
quería hablar y que necesitaba por encima de todo en ese momento : Michael.
Como toda tormenta que deja
paso a la serena calma, la luz del alba llegó para avisar de un nuevo día.
Un día de cielos despejados, de sol con aspiraciones de asfixiar a
todo dios, y con más tráfico del que sería deseable.
Serían sobre las nueve de la mañana cuando Robert despertase de su
sueño. Aturdido, después de haber pasado
una mala noche , y retrasar su hora de reencuentro con el descanso , por algo que por primera vez, no resultaba un
acto social.
Tal cual se encontraba, descalzo y con su atuendo de pantalones cortos
y camiseta, salió de su habitación bajando las escaleras para acercarse a la
cocina.
Al pasar por delante de la puerta, le pareció ver algo familiar a
través de los cristales situados a los lados.
Habiendo pasado ya de largo, retrocedió sólo para asegurarse. Se
acercó a la cristalera y comprobó que su apreciación resultaba correcta.
Acelerando su paso , llegó a la cocina donde la mujer que se encarga
de su casa, Isabel, preparaba el
almuerzo.
Al verlo entrar, se dirigió a la cafetera dispuesta a servirle.
• SHELDON: ¿Isabel?
• ISABEL: Buenos días
Sr. Sheldon. ¿Café?
• SHELDON: Sí
gracias. – mostrándose nervioso- Isabel.
• ISABEL: ¿Sí Sr
Sheldon?
• SHELDON: ¿Tienes
algo que contarme?
Le acercó la taza a la mesa que
tenía delante de él.
• ISABEL: ¿A qué se
refiere ?
• SHELDON: Bueno, o
tú te has sacado el carnet de moto de pronto , o hay alguien más en esta casa.
Isabel comenzó a reírse compulsivamente.
• ISABEL: ¡Oh no , Sr. Sheldon! Reconozco que me gustan pero no creo estar en la edad sinceramente. No. No
es mía. Es de la Srta. Nash. Menos mal que me avisó que podría presentarse en
cualquier momento.
Con los ojos abiertos como platos, su cansancio pareció desaparecer de
inmediato , mostrándose acelerado.
• SHELDON: ¿La Srta.
Nash?
• ISABEL: Sí señor.
Llegó como a las seis de la mañana. Vaya
mujer . Tuve que insistirle en que se sentase a desayunar.
Él no dejaba de alternar su cabeza observando a Isabel y a la escalera
del vestíbulo.
• SHELDON: ¿Y dónde
se supone que está ahora?
• ISABEL: En su
despacho - antes de que pudiese
proseguir , él ya había salido de allá
como alma que es perseguida por el diablo - ¡Pero, debería desayunar antes
!¡Sr. Sheldon!
Subiendo los escalones de dos en dos, llegó hasta la última puerta a
la izquierda del pasillo del piso superior, su despacho.
La puerta se encontraba entreabierta , y tras apenas empujarla con los
dedos , vio a Heyden sentada en su silla,
con lo que parecían sus libros de contabilidad en la mesa. No hizo falta
levantar la cabeza para saber que se trataba de él, así que sin hacerlo,
mientras pasaba una nueva hoja , le saludó.
• HEYDEN: Vaya, ¿un
poco tarde para un hombre de negocios no crees? ¿mala noche?
Mientras él trataba de mentalizarse con la imagen , ella alzó su
cabeza por un instante. Acostumbrada a otra imagen más pulcra del caballero en
cuestión, aquella que se le mostraba le
resultaba caótica.
• HEYDEN: Vaya.
Supongo que debería guardar esta imagen para el recuerdo.
Acercándose a la mesa, trató de ver qué clase de libros había cogido
fijándose en las estanterías .
• SHELDON: ¿Qué se
supone que haces aquí?
• HEYDEN: Tú me
querías aquí.
Continuaba rondando lentamente,
observándolo todo.
• SHELDON: Ayer te
marchaste sin responderme. – su paso se denotaba nervioso- Ni siquiera has
firmado el contrato, ni sabes las condiciones.
Con absoluta calma , ella recolocó su espalda recta y las manos
cruzadas en su vientre. Su mirada mantenida al frente, fría y segura, le
suponía una sorpresa aún mayor a él.
• HEYDEN: Las
condiciones ya me las explicitaste ayer, las más importantes al menos. Respecto
al contrato, estás tardando en llamar a Michael – él se le sentó en el filo de
la mesa, justo a su lado- ¿por qué es él quién te los redacta verdad?
• SHELDON: ¿Y esto?-
dijo señalando hacia los libros abiertos - .
• HEYDEN: No tenía
las claves de acceso a tu ordenador, así que me puse a repasarte los libros en
papel. La verdad no sé quién te la llevaría antes, pero es algo horroroso. En
el rato que llevo aquí, he visto tres operaciones donde has dejado de ganar
pasta gansa por cerrar mal. Falta de ambición en la negociación.
• SHELDON: A ver si
lo entiendo. Ayer no me dices nada y
esta mañana te presentas a las seis de la mañana , en mi casa, entras a mi
despacho, coges libros y – mirando su reloj- ¿en apenas tres horas te ha dado
tiempo de observar operaciones en las que he dejado de obtener beneficios?
Ella miró también el suyo antes de contestarle.
• HEYDEN: Para ser
sincera, menos. Y sí lo hice a espera de que te levantases y me dejases lo que
falta. Mi tiempo es muy valioso Sheldon, sobre todo cuando asumo responsabilidades. Respecto a la falta de mi firma en un papel,
tómate esto como una fase a prueba, si no te convence, cuando Michael te lo
traiga no me lo entregues.
Él, aún sorprendido, no podía dejar de observar los libros mientras
trataba de pensar en aquello último que le había dicho ella.
• HEYDEN: Por cierto,
no creo que te convenga hacer enfadar a Isabel. Mujer cabezota donde las haya ,
sí señor. Ve a desayunar antes de que
venga a buscarte, cuando vuelvas ya nos pondremos al día.
Con una última mirada hacia su “nueva empleada”, en la cual ella había
decidido volver a prestar atención a los libros , se levantó y se dispuso a
bajar a desayunar y a adecentarse antes de continuar con la jornada.
Mientras tanto , en una gran casa en mitad de una zona
boscosa, muy lejos de Florida, aún de
madrugada, habiéndose finalizado una
cena con personalidades importantes del lugar y algunos mandatarios, la paz se
hacía con la estancia por momentos.
La luna llena y brillante, desplegaba toda su magnificiencia sobre los
amplios jardines de setos a media altura y rosales abiertos en esta época del
año, consolidaba la piscina como si fuera un estanque natural de paz inmensa en
la que poder perderse, y culminaba de gloria sus gruesas paredes de piedra .
Dentro, enormes salones con techos de madera oscura y amplios sillones
, biblioteca privada convertida en
despacho privado, y varios patios en los que poder disfrutar solo o en compañía
de otros.
En una de las terrazas del piso superior, un hombre elegantemente
vestido con traje color beig y una copa
en una de sus manos, disfrutaba de las vistas mientras esperaba que uno de
sus hombres de confianza acudiera
a su encuentro.
Este último , tocó la puerta con los nudillos y esperó una
confirmación a través de u gesto de su jefe con la cabeza. Una vez fue dado el
mismo, accedió , incorporándose al lado suyo.
• BOURKE: ¿Se han ido
todos?
El otro hombre le asintió.
• BOURKE: Mañana
llama a Sheldon a primera hora. Quiero que esté aquí el viernes , sin falta, y
que traiga ropa. Ya me encargaré yo de su vuelta el domingo .
Y su ayudante se retiró con la orden dada.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

Impresionante, de verdad la manera en que detallas cada situación, sin duda alguna hace que me haga una fotografía en mi mente de lo que pasa mientras leo, descubro letras y las mismas se convierten en imágenes en mi mente, Grandiosa simplemente Grandiosa!!!!
ResponderEliminar