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| Créditos a quién corresponda |
Los días pasaban , y con ellos,
los clientes y los números de baile que ella innovaba frecuentemente.
Respecto a su relación con Michael, ésta se había estrechado conforme
más ratos pasaban juntos a espaldas de Victoria. Bien solo, o en compañía de alguna de las otras chicas que
la estaban ayudando a desenvolverse.
Con el tiempo, Heyden tuvo que reconocer que Michael había sabido
mucho más de ella en tan poco tiempo,
que casi asustaba preguntarle qué más podría decirle de sí misma, y esa
fue siempre una incógnita pendiente para
cuya respuesta era
consciente que ella tendría que
prepararse.
Aún después de muchos años y conversaciones , ella nunca tendría el
valor de preguntarle por qué.
Inteligente y hábil, caballeroso y muy educado , de gustos
exquisitamente refinados, con él,
tenía la sensación de estar viviendo una primera vez especial, la de poder compartir el mismo espacio con un
hombre, con la seguridad de que no
querría aprovecharse de ella, ni le pediría nada a cambio de su ayuda .
Continuó trabajando incansablemente en el local combinándolo sin
apenas descanso con los estudio. Consciente de que aquello la estaba agotando,
y que sus horas de sueño iban mermando conforme más tiempo pasaba, trataba de
evadirse del mundanal ruido alejándose de todo y todos. Para ella, la idea de
poder pasar de nivel dentro del local era su objetivo prioritario, y combinarlo
con su expediente académico se le estaba
convirtiendo en misión imposible, o casi.
Durante ese período de tiempo, Victoria comprobó , que la chica
nueva, había resultado otra de las
selecciones con acierto de Michael. Una inversión sobre seguro, que reportaba
beneficios indiscutibles tanto dentro como fuera del escenario. Sin embargo,
junto a la ambición de la joven por conseguir ser la mejor , se encontraba la
de la dueña del local por saber qué secretos la hacían tan deseable para los clientes.
Ya en su momento, Fassworth la puso en sobreaviso sobre el cuidado que
debía tener con ella y sus “caprichos”,
y éstos , no tardaron en mostrarse .
Victoria quiso dar una vuelta al espectáculo central y propuso una
novedad. Comenzó a ofertar los habituales
números de” tentación lésbica “ ya habituales, pero cambiando a la
pareja actuante. Distribuyó a las mujeres que lo llevaban realizando desde
hacía meses en otros números, y sin previo aviso, la noche del estreno, entró
en el camerino conjunto de las chicas para anunciarle a ella tendría un número
nuevo a parte de su consabido striptease artístico. Sin negarse tajantemente a
llevarlo a cabo, recordando en todo momento las palabras de su “ángel protector” , ante la pregunta de
quién sería su pareja en el espectáculo, una interrogante se cernió en ese
instante. La respuesta más elocuente por
parte de Victoria, fue que “para el caso daba igual, lo importante es que no
había diferencia entre hacerlo con un hombre que con una mujer, y que sólo se
trataba de un espectáculo, que ya se enteraría esa noche”.
Una vez salió del camerino, se dio la vuelta buscando la mirada
cómplice de una de las chicas, para después continuar, intentando no pensar en esa actuación. Una
vez las chicas actuaban, no volvían. Por
regla general, alternaban con los clientes allí mismo, o se marchaban a
realizar los otros servicios.
Cuando ambas mujeres se quedaron completamente solas en aquel
habitáculo, la otra chica se acercó a ella y le dio una pastilla y alcohol para tragársela.
Era un tranquilizante, y aunque es cierto que no resultaba nada
recomendable la mezcla, para aquella
ocasión era hasta necesaria.
Su compañera le adelantó que aquel numerito sería la vuelta de Victoria por la puerta
grande; que se había asegurado tener la
sala repleta y con clientes influyentes para incrementar el morbo de verla,
especialmente para aquellos que no lo hacían desde hacía años, y que respecto a
ella misma, suponía la única forma en la que de momento se podía permitir
tenerla entre las manos sin que pudiese
negarse.
Tras unos consejos a seguir
para que todo fuera bien, sobre todo para no robarle el protagonismo a la
“señora”, Heyden, encontrándose más relajada por la mezcla, simplemente se dejó llevar y entró en el
escenario. Apenas dos minutos después que ella, Victoria hacía acto de
presencia ante el asombro de propios y extraños. Sólo el sentir una de sus
manos encima de su hombro, hizo que algo en el pecho se encogiese. Cerró los
ojos, respiró hondo, y se concentró al igual que lo hacía en los bailes.
Cada roce que ella le otorgaba, en su mente eran propiciados por otra
persona, alguien con el que no compartiría estas lides ni dentro ni fuera de
ese tablero, pero que le otorgaba la suficiente confianza como para convertirlo
en el sustituto imaginario perfecto.
Cuarenta y cinco minutos. Posiblemente, los más penosos y largos de su
vida, en un reloj que parecía no querer pasar nunca. Como el resto de relojes
del resto de días en los que esos números se repitieron.
Espectáculos, que acabaron
convirtiéndose en una costumbre, y ésta
, que ya llevaba tiempo percatándose del encaprichamiento de su jefa ,
aprovechó el tirón para pedirle, a cambio, incrementar su caché e incluirse de
una vez en el grupo de las “selectivas”.
Y así fue pasando el tiempo, las dificultades económicas aminoraron
considerablemente y Heyden logró poder
costear un piso para ambas en una zona
céntrica.
Cuando le entregaron las llaves, sacó a Liz de clase para ir a verlo.
La zona dónde éste se encontraba , una
zona de clase media alta y cuyos residentes contaban con un nivel de renta alto
ya la trajo extrañada, pero cuando llegó la hora de abrir la puerta y verlo…..
Heyden se mostraba ilusionada con su nueva adquisición. Totalmente
exterior y reformado. No era muy grande, pero ambas gozarían de suficiente
intimidad con dormitorios individuales,
y amplias vistas a gran parte de la ciudad.
Abrumada por todo aquello, el silencio fue lo único que pudo acompañar
su cara se auténtica conmoción.
• HEYDEN: ¿Y bien?
¿Qué te parece? Es céntrico, a las dos nos viene genial para ir a la facultad,
y la mejor zona de compras está a penas
a cien metros. – se acercó a Liz y la
cogió de las manos tratando de
transmitirle su alegría, pero su rostro no parecía mostrar mucha
conformidad- ¿Qué?
• LIZ: ¿Cómo……….?- no
pudo terminar la pregunta , aunque tampoco sabía cómo hacerlo-.
• HEYDEN: Alguien me dio un soplo. El dueño lo
alquilaba barato, por lo visto se marchaba del país y estaba rematando algunos
flecos que quedaban sueltos. ¿A qué es una maravilla?
• LIZ: ¿De dónde ha
salido el dinero?
El rostro de felicidad de su amiga se tornó serio de pronto. Trató de
disimular todo lo que pudo, se recompuso en segundos, y le dijo lo primero que
se le ocurrió.
• HEYDEN: David, se
lo dije a él y me hizo un préstamo. ¿No te gusta?
La preocupación por una respuesta de cuya veracidad no estaba segura,
sumado, a sus horarios intempestivos y una delgadez más que evidente ,
posiblemente a una mala alimentación, y unas ojeras demasiado evidentes para
tratarse sólo de estudios , hicieron que Elizabeth deseara averiguar en qué
estaba metida y de dónde salía todo ese dinero que de pronto parecía venir a manos llenas.
Una noche, decidió seguirla.
Heyden se movía en la ciudad en su moto, una de esas inversiones
fantasmas para las que posiblemente también hubiera pedido un crédito bastante
imposible de obtener según lo que ella sabía.
Liz cogió su coche, y manteniendo las distancias , procuro pasar
inadvertida pese a la dificultad de
seguirla dada su habilidad sobre las dos ruedas. Conforme se fijaba en los
detalles del recorrido y la ruta escogida,
todo le resultaba familiar.
Llegados a un punto, ella paró el coche porque Heyden había aparcado
la moto por fuera de la puerta de un local.
Nada más ver el letrero con el
nombre, Liz reconoció de qué tipo de establecimiento se trataba , pero
se negaba a creer que ella trabajase
realmente allí dentro. Cuando la vio bajarse de ella, ponerle el seguro,
y quitarse el casco cogiéndolo con una de las manos , el bolso con la otra, y
adentrarse en aquel sitio no podía creerlo.
Algunas horas más tarde, de madrugada y con el cansancio a cuestas,
nada más entrar en la casa y encender
las luces, dejó todo en la cómoda de la entrada. Al darse la vuelta, no pudo
evitar dar un grito al asustarse por ver a Liz levantada a esas horas, sentada
en el sofá de cara a la puerta, y con
una copa en las manos.
• HEYDEN: ¿Liz?
¡Dios! Me has dado un susto de muerte- miró su reloj y vio que eran alrededor de
las cinco de la mañana- ¿Qué haces
levantada?
Liz bebía un sorbo de su copa mientras la observaba impertérrita,
inmóvil, con gesto serio pero tranquilo.
Heyden se fue acercando al sofá preocupada .
• HEYDEN: ¿Ha pasado algo?
• LIZ: Ha llamado David.
• HEYDEN: - algo
alterada - ¿Le ha pasado algo?
• LIZ: No. Sólo llamó
preguntando por ti.
Ella respiró más tranquila.
• HEYDEN: ¡Gracias a
Dios! Por un momento pensé …….. Bueno….en esa ciudad ya se sabe.
Liz volvió a beber otro sorbo , y continuó mirándola seria.
• HEYDEN: ¿Entonces
qué pasa?
• LIZ: Nada de
particular. Sólo que yo pensaba que habías hablado con él justo antes de
adquirir el piso, a eso de hace aproximadamente un mes quizás.
El rostro de Heyden parecía perder color por momentos.
• HEYDEN: Pues , la
verdad, no..no me acuerdo de cuando lo hablé. Ya sabes que esas cosas llevan
sus gestiones y su tiempo… los bancos son muy caprichosos.
• LIZ: Sí claro,
tanto como algunos de sus clientes. Claro que prefiero pensar que es eso lo que
ha pasado , y que tu hermano ha tenido un desliz de memoria al hablar
conmigo porque juraría que me dijo que
quería saber de su adorada hermanita con la que hacía más de tres meses que no
hablaba.
Heyden bajó la cabeza , y
mientras se mordía el labio, pensaba qué decir a continuación.
Mientras tanto, vio como su amiga se levantaba del sofá, y se dirigía
a una de las ventanas con la copa en la mano , bebiendo de un solo sorbo todo
lo que quedaba de contenido.
• LIZ: Y también
prefiero pensar , que la que consideraba como casi una hermana, sería lo
suficientemente valiente para contarme la verdad sobre el origen del dinero con
el que adquirió la moto, consiguió adelantar más de seis meses de alquiler más
señal, con los que , desde hace un tiempo a esta parte, consigue solapar
absolutamente su armario hasta casi no haber hueco con sus modelitos, y la
cajonera con ropa interior de nada menos
que de Victoria´s Secret. Algo, con lo que por cierto, yo sólo puedo permitirme
soñar, al menos de momento.
Prefiero pensar, que esa amiga que yo consideraba mi hermana, me sería
tan franca como siempre, que tendría la suficiente confianza para plantearme la
necesidad de …- Heyden se levantó del sofá dirigiéndose hacia ella ,
interrumpiendo su elocución, a lo que ella la detuvo- Aunque la verdad es que no sé de qué me
sorprendo a estas alturas, y más desde que te he visto más de una vez con ese
tipo atractivo del deportivo que tan a secreto pareces mantener. – con la cabeza
gacha frente a ella, Heyden aguantaba estoicamente todos y cada uno de los
argumentos esgrimidos por su colega , amiga y , como ella misma se definió,
casi hermana, intentando pensar , al mismo tiempo, los argumentos con los que ,
si no contrarrestarla, si al menos
tranquilizarla e intentar rebajar el tono de dureza empleado - Sabía que eras ambiciosa, y hasta puedo
llegar a entender que seas capaz de cualquier cosa, pero suponía, que en caso
de que necesitases algo, serías capaz de comerte tu maldito orgullo y pedir
ayuda, en vez de – mirándola con rabia-
venderte de esa forma. ¿Creías
que no me enteraría? ¿Cuánto tiempo crees que se puede ocultar algo así?
• HEYDEN: Liz……
• LIZ: ¿No te
atreverás a decirme que sólo era para
pagarte la carrera ? Por favor.
• HEYDEN: ¿Vas a
dejarme que te lo explique?
• LIZ: ¿Cuánto llevas
haciendo esto?
• HEYDEN: ¿El
qué? ¿Bailar sin nada encima o los otros
servicios extras?
Liz continuó observándola enfurecida , con los ojos humedecidos ,
mostrando auténtica rabia interior. Heyden se armó de valor para decirle las
cosas que quería oír, de forma directa y clara.
• HEYDEN: ¿Querías
franqueza? Ahí la tienes, tarde pero la tienes.
• LIZ: Me mentiste.
• HEYDEN: ¿A caso tu
reacción hubiera variado mucho de la que muestras ahora ? Y respondiendo a tu
pregunta, no, no te preocupes que no voy a decirte que mi excusa es la carrera,
porque esa sólo es una parte. ¿Crees realmente que merecía la pena seguir cómo
estábamos con la porquería de dinero que ganaba de gogó y de camarera los fines
de semana? ¿Crees en serio que hay mucha diferencia entre lo que hacía en las
discotecas y parte de lo que hago en el club?
• LIZ: ¿Y tú hermano?
• HEYDEN: ¿Qué pasa
con él?
• LIZ : - mostrándose
desafiante- ¿Cómo crees que reaccionará cuándo sepa cómo te pagas todo esto?
¿Qué excusa te inventarás entonces?
• HEYDEN: Mi hermano
es cosa mía, y esto no lo habrá de saber jamás.
• LIZ: ¿Crees en
serio que no se enterará?
Su risa desquiciante hizo que Heyden se enfureciera y se le acercase
casi amenazantemente, deteniendo la otra, su risa de golpe.
• HEYDEN: Nunca. De
mi hermano me encargo yo, y seré yo la que decida cuando decírselo llegado el
momento, y sólo si fuera necesario.
Nunca más volvieron a hablar de ello. Jamás volvió a sacarse el tema.
No hubieron preguntas, ni mensajes velados, ni indirectas. De forma implícita,
como si hubieran hecho uso de un lenguaje secreto sólo entendible por ellas, la
vida de ambas siguió discurriendo como lo venía haciendo, como si nada hubiera
pasado. No había necesidad.
Una mañana, muy temprano, encontrándose Heyden en la biblioteca
preparando sus últimos exámenes, una visita inesperada la sorprendía. Era
Michael.
Liz le había visto llegar y entrar, siguiendo todos sus pasos de
acercamiento a la mesa en todo momento.
Encontrándose a su espalda, le susurró un “hola” que , dado su nivel de
concentración, la asustó.
Liz , que no le perdía de vista justo en frente, llegó a sentirse
intimidada por aquel individuo y su forma de mirarla.
• HEYDEN: - mirando
su reloj- ¡Dios! Son las nueve de la mañana ¿no duermes?
• MICHAEL: No siempre
tengo una vida nocturna. Además , tengo asuntos pendientes que arreglar.
• HEYDEN: ¿Qué haces
aquí? – le preguntó extrañada.
• MICHAEL: Necesito
hablar contigo un momento. ¿Nos tomamos un café?
• HEYDEN: Estoy muy
apurada, liada con los exámenes.
• MICHAEL: Sólo será
un momento.
Ciertamente, no podía negarle nada, así que mientras recogía, él se
limitó a sonreírle a Liz y a no dejar de mirarla fijamente con aquellos ojos
que imponían tanto.
Una vez recogido su bolso, le dijo a su compañera que vendría en
seguida, y mientras ella ya caminaba con dirección a la salida, él bajó la
cabeza en señal de despedida cortés, y se colocó las gafas de sol , siguiéndola
a la zaga.
Habiendo pasado por el bar para pedir cafés para llevar, se marcharon
a los jardines aprovechando para tomar asiento en uno de los muros que rodeaban
los grandes árboles.
• HEYDEN: Bien tú
dirás.
• MICHAEL: ¿Esa que
estaba en frente tuyo es tu compañera de piso?
• HEYDEN: ¿Has venido
hasta aquí a esta hora para ligar con mi compañera?
Michael no podía evitar reírse.
• HEYDEN: No quiero
que pienses que soy descortés, pero….
• MICHAEL: Está bien
, lo sé, estás liada con los exámenes finales. Iré al grano. ¿Te acuerdas que
te hablé de un amigo mío de muchos años al que hacía tiempo que no veía?
Ella trató de recordar.
• HEYDEN: Vagamente.
• MICHAEL: Bueno, él
era un cliente habitual del local, y de los buenos. Pero dejó de ir hace algún
tiempo, y le he medio convencido para que vaya esta noche, acompañándome.
• HEYDEN: Bien,
si era tan bueno como dices, Victoria te lo agradecerá eternamente.
• MICHAEL: No quiero
agradecimientos, y no le llevo para que la vea a ella .
En el tiempo que le conocía, jamás le había indicado nada respecto de
un cliente. Ella sospechaba que algunos de los que llegaron a solicitarla
fueron por indicación suya, pero nunca le preguntó porque sabía que él no se lo
diría.
Pero , indicarle algo así, de forma tan directa, y más, siendo alguien
que gozaba de su amistad desde hacía tanto tiempo, no parecía ser algo normal.
• HEYDEN: ¿Qué
quieres de mí Michael?
• MICHAEL: Nada, sólo
, que esta noche estés tan espléndida como siempre. Todo lo demás vendrá por sí
solo.
• HEYDEN: ¿Lo
demás? ¿Qué pasa ? ¿Es un cliente con
gustos especiales?
• MICHAEL: - volvió a reírse y bebió algo de café-
Podría decirse que sí, pero no en el servicio en sí, si no en la mujer que se
lo proporciona.
Ella comenzaba a extrañarse. Aquello parecía un galimatías que se complicaba
por momentos y eso la desesperaba. Se levantó de un salto, y le exigió
respuestas más concretas.
• HEYDEN: Michael, no
tengo tiempo para acertijos. ¿Quieres que le escoja o qué?
• MICHAEL: Eso no
será necesario, ya lo hará él por ti.
• HEYDEN: Sigo sin
entender nada, ¿Qué tiene de especial? A parte de ser amigo tuyo. ¿Por qué es
tan importante como para haber venido hasta aquí para avisarme.
Él se levantó y se le colocó en frente.
• MICHAEL: Porque él
supondrá tu salida definitiva del club.
• HEYDEN: ¿De qué
estás hablando?
• MICHAEL: Ya lo
entenderás.
• HEYDEN: Pasar de
ser la prostituta de muchas a la querida en exclusiva de uno , no te convierte
en mejor persona, ni te hace dejar de ser lo que eres.
• MICHAEL: No es ese
tipo de cliente, y no será eso lo que reclame de ti, pero la de esta noche será
una de tus últimas noches en el club, puedo asegurártelo.
• HEYDEN: -
dubitativa- ¿Cómo estás tan seguro?
• MICHAEL: Créeme, lo
sé. Él será tu último objetivo, y tú habrás conseguido todo lo que te habías
propuesto.
• HEYDEN: De verdad
Michael, no te comprendo- caminó
agitadamente de vuelta al muro, volviendo a sentarse- Te andas con tanto
misterio que no sé qué pensar.
Él la acompañó, la miró y le cogió las manos.
• MICHAEL: Te hará
una oferta que no podrás ni querrás rechazar, y cuándo eso suceda, tus
objetivos cambiarán. – miró su reloj- Ahora he de irme, no puedo llegar tarde a
una reunión, y tampoco quiero quitarte más tiempo. Nos vemos esta noche.
Y dejándola envuelta en un mar de dudas, la besó en la mejilla, y se
marchó.
Intentando mantener la calma y concentrarse para estudiar, no pudo
evitar que aquellas palabras de Michael le retumbaran una y otra vez : “Te hará
una oferta que no podrás ni querrás rechazar “ .” Él será tu último objetivo”.
Y entre nervios, la noche llegó. La tranquilidad con la que se había
comenzado, dejó paso a un revuelo generado por una de las chicas al terminar su
actuación. Alguien que tiempo atrás
solía ser uno de los mejores clientes del local, reaparecía de nuevo. Robert Sheldon. La
noticia causó un revuelo espectacular entre todas las chicas, no sólo por una fama bien merecida de sus
modales caballerosos y su atractivo innato, sino además por ser notablemente generoso gratificando los bailes privados con sustanciosas
cantidades. Pero quizás lo que
llamaba más la atención de él, y lo que
le diferenciaba del resto de clientes,
es su exquisitez cuando solicitaba los
“otros servicios especiales”.
Sheldon era el hombre de moda , el empresario del año eterno , el
triunfador por naturaleza propia. Un hombre que fue capaz de ganar su primer
millón de dólares con tan solo veintitrés años gracias, en parte, a su buen
ojo para las inversiones, y es que un par de golpes de suerte no podía
desmerecerse tanto. Sin embargo, en los
últimos años, los titulares de los periódicos de tirada nacional, más que
hablar de sus merecidos éxitos
económicos, se centraban en rumores que circulaban sobre la no tan limpia base de sus negocios ,
llegándose a comentar incluso, su vasta y conocida relación con sectores y
personajes de dudosa reputación provenientes
de los países del Este Europeo ,
Asia y Sudamérica.
Pero claro, en un mundo como en el que se movía Sheldon, en donde la
mayoría de los que ya se encontraban en él ,, gustaban de manejar el “cotarro” en exclusiva
desde hacía muchísimos años, y dónde la
sangre nueva, con ideas frescas
y diferentes formas de plantear las cosas, se convertía en un peligro
constante, los rumores, desmereciendo su
capacidad , o sobre posibles y no probadas relaciones mafiosas estaban a la orden del día, y él , carismáticamente
arrollador, pasaba por encima de todo aquello.
Pese a todos los comentarios
escuchados a las chicas , fue nombrarlo y ya saber , al menos en su perfil público,
de quién se trataba. Las referencias no podían ser más precisas. Sólo le
faltaba confirmarlo una vez saliese .
Heyden intentó no pensar en ello, ni en el hecho de que un individuo
de esas características viniese de manos de Michael. “ Su amigo desde hace
muchos años” , “Gustos especiales en mujeres que prestaban los servicios”.
Aquellas malditas frases llenas de un contenido aún desconocido para ella,
rebotaban una y otra vez en su cabeza, y por más que trataba de concentrarse y
olvidarse de todo , la voz de Michael diciéndole esto una y otra vez , tan
claro y nítido como si lo tuviera delante , hacían que los nervios se la
comieran por completo.
Cuando le tocó salir a bailar,
procuró despejar su mente, dejarla en blanco como siempre, y
concentrarse sólo en la música. Aquella noche, tocaba estrenar nuevo
número de baile y melodía de acompañamiento.
Vestida con traje chaqueta
oscuro, sin nada más que su ropa interior debajo, la oscuridad se hizo
en la sala, no total, gracias a los
pequeñas luces indicadoras de las salidas de emergencia.
Y el silencio, acompañó aquel ambiente.
Una luz iba iluminando la trasera de un panel suavemente, y para los
espectadores, una figura aparentemente femenina con sombrero y vestida de forma muy masculina, iba surgiendo
en el fondo del mismo. Una silueta estilizada con la cabeza gacha y el sobrero
ladeado, que no movió un solo músculo hasta que los primeros compases del tema
THIS CITY NEVER SLEEPS (EURYTHMICS) lo invadieron todo.
Aquella estilizada y misteriosa figura, de espaldas al público, abrió
sus piernas lentamente en posición de descanso militar. Siguiendo su sentir de
la música ,comenzó a girar la cabeza y a mover los brazos circularmente.
Movimientos pausados, de roces lentos y continuos.
Con absoluta elegancia , cuando la cabeza volvió a situarse recta , se
quitó el sombrero arrojándolo hacia su derecha mientras , al agitar la cabeza,
su larga melena oscura oscilaba
siguiendo los movimientos sinuosos de su caderas.
Conforme el cañón de luz se iba abriendo centrado en ella, sin que su
cuerpo dejase de moverse lentamente, sus manos hicieron que aquel pantalón se
despojase de su cuerpo de un solo golpe .
Cegada por el foco, en parte aliviada por el echo de no ver a la
gente, situada de perfil, se desabrochó la chaqueta y se la situó en los
hombros. Curvando su espalda hacia detrás, estiró los brazos, y ésta,
simplemente cayó al suelo, apartándola con el pie al girar y colocarse de nuevo
frente a la gente.
Mientras, entre el público, alguien parecía seguir con mucho interés y
notable curiosidad la actuación.
Haciendo del suelo su particular
campo de juegos, sus aperturas de piernas , y la sutileza y elegancia al
desprenderse del resto de la ropa quedándose sólo con las medias de ligero
negras, no dejaban indiferente a nadie.
El punto final de su actuación: completamente tendida en el suelo,
giró hacia su derecha apoyándose en parte sobre sus brazos , y retirándose el
pelo de la cara tirando bruscamente
hacia detrás.
El primer rostro que la luz le permitió ver, fue la de alguien que
acompañaba a Michael, el cual sonreía maliciosamente. Miró al sujeto, y por
segundos desvió la vista hacia su ángel guardián, comprendiendo que aquel
sujeto era el amigo del que le había hablado, el cual, al verse centrado por
ella de forma tan directa, incorporó su
cuerpo hacia delante en el asiento.
Al terminar, encontrándose en el camerino, no pudo evitar que en su mente apareciese la cara de aquel
individuo una y otra vez, sobre todo por lo que fue capaz de transmitirle. Un
hombre que podía hacerte sentir desnuda aunque llevases kilos de ropa encima.
A aquella noche le siguieron algunas más, adoptando la costumbre de
aparecer poco antes de comenzar su actuación y marchándose nada más terminar.
Después de un tiempo, como apareció desapareció, sin dejar rastro
salvo en la prensa de vez en cuando.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados

Me encanta como va la trama, pero espera eso ya lo sabes, dejame resaltar la descripcion a DETALLE del baile de Heyden, me encanto, fue como si yo estuviera entre el publico admirando a la hermosa mujer en el escenario, definitivamente esta historia esta tomando mas matices, y es que me encanta el misterio, la accion, lo complicado de los personajes, las emociones que proyectas de ellos tan definidas, realmente mereces que alguien del mundo editorial lea esto para que empieces a publicar tus novelas, con gusto iria a la firma de autografos... y a la lectura del mismo.
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