lunes, 3 de agosto de 2015

NADA ES LO QUE PARECE. CAPITULO SEGUNDO. TERCERA PARTE. UN DURO COMIENZO ( Registrada en SAFE CREATIVE , Junio 2015)


Créditos  a quién corresponda


Los días pasaban , y con ellos,  los clientes y los números de baile que ella innovaba frecuentemente.
Respecto a su relación con Michael, ésta se había estrechado conforme más ratos pasaban juntos a espaldas de Victoria. Bien solo, o  en compañía de alguna de las otras chicas que la estaban ayudando a desenvolverse.

Con el tiempo, Heyden tuvo que reconocer que Michael había sabido mucho más de ella en tan poco tiempo,  que casi asustaba preguntarle qué más podría decirle de sí misma, y esa fue siempre una incógnita pendiente para  cuya respuesta  era consciente  que ella tendría que prepararse.

Aún después de muchos años y conversaciones , ella nunca tendría el valor de preguntarle por qué.
Inteligente y hábil, caballeroso y muy educado , de gustos exquisitamente  refinados,  con él,  tenía la sensación de estar viviendo una primera vez especial,  la de poder compartir el mismo espacio con un hombre,  con la seguridad de que no querría aprovecharse de ella, ni le pediría nada a cambio de su ayuda .


Continuó trabajando incansablemente en el local combinándolo sin apenas descanso con los estudio. Consciente de que aquello la estaba agotando, y que sus horas de sueño iban mermando conforme más tiempo pasaba, trataba de evadirse del mundanal ruido alejándose de todo y todos. Para ella, la idea de poder pasar de nivel dentro del local era su objetivo prioritario, y combinarlo con su expediente académico se le  estaba convirtiendo en misión imposible, o casi.
Durante ese período de tiempo, Victoria comprobó , que la chica nueva,  había resultado otra de las selecciones con acierto de Michael. Una inversión sobre seguro, que reportaba beneficios indiscutibles tanto dentro como fuera del escenario. Sin embargo, junto a la ambición de la joven por conseguir ser la mejor , se encontraba la de la dueña del local por saber qué secretos la hacían tan  deseable para los clientes.
Ya en su momento, Fassworth la puso en sobreaviso sobre el cuidado que debía tener con ella  y sus “caprichos”, y éstos , no tardaron en mostrarse .

Victoria quiso dar una vuelta al espectáculo central y propuso una novedad. Comenzó a ofertar los habituales  números de” tentación lésbica “ ya habituales, pero cambiando a la pareja actuante. Distribuyó a las mujeres que lo llevaban realizando desde hacía meses en otros números, y sin previo aviso, la noche del estreno, entró en el camerino conjunto de las chicas para anunciarle a ella tendría un número nuevo a parte de su consabido striptease artístico. Sin negarse tajantemente a llevarlo a cabo, recordando en todo momento las palabras  de su “ángel protector” , ante la pregunta de quién sería su pareja en el espectáculo, una interrogante se cernió en ese instante.  La respuesta más elocuente por parte de Victoria, fue que “para el caso daba igual, lo importante es que no había diferencia entre hacerlo con un hombre que con una mujer, y que sólo se trataba de un espectáculo, que ya se enteraría esa noche”.

Una vez salió del camerino, se dio la vuelta buscando la mirada cómplice de una de las chicas, para después continuar,  intentando no pensar en esa actuación. Una vez las chicas actuaban, no volvían.  Por regla general, alternaban con los clientes allí mismo, o se marchaban a realizar los otros servicios.
Cuando ambas mujeres se quedaron completamente solas en aquel habitáculo, la otra chica se acercó a ella y le dio  una pastilla y alcohol para tragársela.
Era un tranquilizante, y aunque es cierto que no resultaba nada recomendable  la mezcla, para aquella ocasión era hasta necesaria.
Su compañera le adelantó que aquel numerito  sería la vuelta de Victoria por la puerta grande; que  se había asegurado tener la sala repleta y con clientes influyentes para incrementar el morbo de verla, especialmente para aquellos que no lo hacían desde hacía años, y que respecto a ella misma, suponía la única forma en la que de momento se podía permitir tenerla entre  las manos sin que pudiese negarse.
Tras unos consejos  a seguir para que todo fuera bien, sobre todo para no robarle el protagonismo a la “señora”, Heyden, encontrándose más relajada por la mezcla,  simplemente se dejó llevar y entró en el escenario. Apenas dos minutos después que ella, Victoria hacía acto de presencia ante el asombro de propios y extraños. Sólo el sentir una de sus manos encima de su hombro, hizo que algo en el pecho se encogiese. Cerró los ojos, respiró hondo, y se concentró al igual que lo hacía en los bailes. 
Cada roce que ella le otorgaba, en su mente eran propiciados por otra persona, alguien con el que no compartiría estas lides ni dentro ni fuera de ese tablero, pero que le otorgaba la suficiente confianza como para convertirlo en el sustituto imaginario perfecto.
Cuarenta y cinco minutos. Posiblemente, los más penosos y largos de su vida, en un reloj que parecía no querer pasar nunca. Como el resto de relojes del resto de días en los que esos números se repitieron.
Espectáculos,  que acabaron convirtiéndose en una  costumbre, y ésta , que ya llevaba tiempo percatándose del encaprichamiento de su jefa , aprovechó el tirón para pedirle, a cambio, incrementar su caché e incluirse de una vez en el grupo de las “selectivas”.

Y así fue pasando el tiempo, las dificultades económicas aminoraron considerablemente  y Heyden logró poder costear un piso para ambas  en una zona céntrica.
Cuando le entregaron las llaves, sacó a Liz de clase para ir a verlo. La zona  dónde éste se encontraba , una zona de clase media alta y cuyos residentes contaban con un nivel de renta alto ya la trajo extrañada, pero cuando llegó la hora de abrir la puerta y verlo…..
Heyden se mostraba ilusionada con su nueva adquisición. Totalmente exterior y reformado. No era muy grande, pero ambas gozarían de suficiente intimidad  con dormitorios individuales, y amplias vistas a gran parte de la ciudad.
Abrumada por todo aquello, el silencio fue lo único que pudo acompañar su cara se auténtica conmoción.

•             HEYDEN: ¿Y bien? ¿Qué te parece? Es céntrico, a las dos nos viene genial para ir a la facultad, y la mejor zona de compras  está a penas a cien metros.  – se acercó a Liz y la cogió de las manos  tratando de transmitirle su alegría, pero su rostro no parecía mostrar mucha conformidad-  ¿Qué?
•             LIZ: ¿Cómo……….?- no pudo terminar la pregunta , aunque tampoco sabía cómo hacerlo-.
•             HEYDEN:  Alguien me dio un soplo. El dueño lo alquilaba barato, por lo visto se marchaba del país y estaba rematando algunos flecos que quedaban sueltos. ¿A qué es una maravilla?
•             LIZ: ¿De dónde ha salido el dinero?

El rostro de felicidad de su amiga se tornó serio de pronto. Trató de disimular todo lo que pudo, se recompuso en segundos, y le dijo lo primero que se le ocurrió.

•             HEYDEN: David, se lo dije a él y me hizo un préstamo. ¿No te gusta?

La preocupación por una respuesta de cuya veracidad no estaba segura, sumado, a sus horarios intempestivos y una delgadez más que evidente , posiblemente a una mala alimentación, y unas ojeras demasiado evidentes para tratarse sólo de estudios , hicieron que Elizabeth deseara averiguar en qué estaba metida y de dónde salía todo ese dinero que de pronto  parecía venir a manos llenas.

Una noche,  decidió seguirla.
Heyden se movía en la ciudad en su moto, una de esas inversiones fantasmas para las que posiblemente también hubiera pedido un crédito bastante imposible de obtener según lo que ella sabía.
Liz cogió  su coche,  y manteniendo las distancias , procuro pasar inadvertida pese a la dificultad   de seguirla dada su habilidad sobre las dos ruedas. Conforme se fijaba en los detalles del recorrido y la ruta escogida,  todo le resultaba familiar.
Llegados a un punto, ella paró el coche porque Heyden había aparcado la moto por fuera de la puerta de un local.
Nada más ver el letrero con el  nombre, Liz reconoció de qué tipo de establecimiento se trataba , pero se negaba a creer que ella trabajase  realmente allí dentro. Cuando la vio bajarse de ella, ponerle el seguro, y quitarse el casco cogiéndolo con una de las manos , el bolso con la otra, y adentrarse en aquel sitio no podía creerlo.

Algunas horas más tarde, de madrugada y con el cansancio a cuestas, nada más entrar en la casa  y encender las luces, dejó todo en la cómoda de la entrada. Al darse la vuelta, no pudo evitar dar un grito al asustarse por ver a Liz levantada a esas horas, sentada en el sofá  de cara a la puerta, y con una copa en las manos.

•             HEYDEN: ¿Liz? ¡Dios! Me has dado un susto de muerte- miró su reloj y vio que eran alrededor de las  cinco de la mañana- ¿Qué haces levantada?

Liz bebía un sorbo de su copa mientras la observaba impertérrita, inmóvil,  con gesto serio pero tranquilo.
Heyden se fue acercando al sofá preocupada .

•             HEYDEN:  ¿Ha pasado algo?
•             LIZ:  Ha llamado David.
•             HEYDEN: - algo alterada - ¿Le ha pasado algo?
•             LIZ: No. Sólo llamó preguntando por ti.

Ella respiró más tranquila.

•             HEYDEN: ¡Gracias a Dios! Por un momento pensé …….. Bueno….en esa ciudad ya se sabe.

Liz volvió a beber otro sorbo , y continuó mirándola seria.

•             HEYDEN: ¿Entonces qué pasa?
•             LIZ: Nada de particular. Sólo que yo pensaba que habías hablado con él justo antes de adquirir el piso, a eso de hace aproximadamente un mes quizás.

El rostro de Heyden parecía perder color por momentos.

•             HEYDEN: Pues , la verdad, no..no me acuerdo de cuando lo hablé. Ya sabes que esas cosas llevan sus gestiones y su tiempo… los bancos son muy caprichosos.
•             LIZ: Sí claro, tanto como algunos de sus clientes. Claro que prefiero pensar que es eso lo que ha pasado , y que tu hermano ha tenido un desliz de memoria al hablar conmigo  porque juraría que me dijo que quería saber de su adorada hermanita con la que hacía más de tres meses que no hablaba.

Heyden bajó la cabeza ,  y mientras se mordía el labio, pensaba qué decir a continuación.
Mientras tanto, vio como su amiga se levantaba del sofá, y se dirigía a una de las ventanas con la copa en la mano , bebiendo de un solo sorbo todo lo que quedaba de contenido.

•             LIZ: Y también prefiero pensar , que la que consideraba como casi una hermana, sería lo suficientemente valiente para contarme la verdad sobre el origen del dinero con el que adquirió la moto, consiguió adelantar más de seis meses de alquiler más señal, con los que , desde hace un tiempo a esta parte, consigue solapar absolutamente su armario hasta casi no haber hueco con sus modelitos, y la cajonera con  ropa interior de nada menos que de Victoria´s Secret. Algo, con lo que por cierto, yo sólo puedo permitirme soñar, al menos de momento.
Prefiero pensar, que esa amiga que yo consideraba mi hermana, me sería tan franca como siempre, que tendría la suficiente confianza para plantearme la necesidad de …- Heyden se levantó del sofá dirigiéndose hacia ella , interrumpiendo su elocución, a lo que ella la detuvo-  Aunque la verdad es que no sé de qué me sorprendo a estas alturas, y más desde que te he visto más de una vez con ese tipo atractivo del deportivo que tan a secreto pareces mantener. – con la cabeza gacha frente a ella, Heyden aguantaba estoicamente todos y cada uno de los argumentos esgrimidos por su colega , amiga y , como ella misma se definió, casi hermana, intentando pensar , al mismo tiempo, los argumentos con los que , si no contrarrestarla,  si al menos tranquilizarla e intentar rebajar el tono de dureza empleado -  Sabía que eras ambiciosa, y hasta puedo llegar a entender que seas capaz de cualquier cosa, pero suponía, que en caso de que necesitases algo, serías capaz de comerte tu maldito orgullo y pedir ayuda, en vez de – mirándola con rabia-   venderte de esa forma.  ¿Creías que no me enteraría? ¿Cuánto tiempo crees que se puede ocultar algo así?
•             HEYDEN: Liz……
•             LIZ: ¿No te atreverás a decirme  que sólo era para pagarte la carrera ? Por favor.
•             HEYDEN: ¿Vas a dejarme que te lo explique?
•             LIZ: ¿Cuánto llevas haciendo esto?
•             HEYDEN: ¿El qué?  ¿Bailar sin nada encima o los otros servicios extras?

Liz continuó observándola enfurecida , con los ojos humedecidos , mostrando auténtica rabia interior. Heyden se armó de valor para decirle las cosas que quería oír, de forma directa y clara.

•             HEYDEN: ¿Querías franqueza? Ahí la tienes, tarde pero la tienes.
•             LIZ: Me mentiste.
•             HEYDEN: ¿A caso tu reacción hubiera variado mucho de la que muestras ahora ? Y respondiendo a tu pregunta, no, no te preocupes que no voy a decirte que mi excusa es la carrera, porque esa sólo es una parte. ¿Crees realmente que merecía la pena seguir cómo estábamos con la porquería de dinero que ganaba de gogó y de camarera los fines de semana? ¿Crees en serio que hay mucha diferencia entre lo que hacía en las discotecas y parte de lo que hago en el club?
•             LIZ: ¿Y tú hermano?
•             HEYDEN: ¿Qué pasa con él?
•             LIZ : - mostrándose desafiante- ¿Cómo crees que reaccionará cuándo sepa cómo te pagas todo esto? ¿Qué excusa te inventarás entonces?
•             HEYDEN: Mi hermano es cosa mía, y esto no lo habrá de saber jamás.
•             LIZ: ¿Crees en serio que no se enterará?
Su risa desquiciante hizo que Heyden se enfureciera y se le acercase casi amenazantemente, deteniendo la otra, su risa de golpe.

•             HEYDEN: Nunca. De mi hermano me encargo yo, y seré yo la que decida cuando decírselo llegado el momento, y sólo si fuera necesario.

Nunca más volvieron a hablar de ello. Jamás volvió a sacarse el tema. No hubieron preguntas, ni mensajes velados, ni indirectas. De forma implícita, como si hubieran hecho uso de un lenguaje secreto sólo entendible por ellas, la vida de ambas siguió discurriendo como lo venía haciendo, como si nada hubiera pasado. No había necesidad.


Una mañana, muy temprano, encontrándose Heyden en la biblioteca preparando sus últimos exámenes, una visita inesperada la sorprendía. Era Michael.
Liz le había visto llegar y entrar, siguiendo todos sus pasos de acercamiento a la mesa en todo momento.  Encontrándose a su espalda, le susurró un “hola” que , dado su nivel de concentración, la asustó.
Liz , que no le perdía de vista justo en frente, llegó a sentirse intimidada por aquel individuo y su forma de mirarla.

•             HEYDEN: - mirando su reloj- ¡Dios! Son las nueve de la mañana ¿no duermes?
•             MICHAEL: No siempre tengo una vida nocturna. Además , tengo asuntos pendientes que arreglar.
•             HEYDEN: ¿Qué haces aquí? – le preguntó extrañada.
•             MICHAEL: Necesito hablar contigo un momento. ¿Nos tomamos un café?
•             HEYDEN: Estoy muy apurada, liada con los exámenes.
•             MICHAEL: Sólo será un momento.

Ciertamente, no podía negarle nada, así que mientras recogía, él se limitó a sonreírle a Liz y a no dejar de mirarla fijamente con aquellos ojos que imponían tanto.
Una vez recogido su bolso, le dijo a su compañera que vendría en seguida, y mientras ella ya caminaba con dirección a la salida, él bajó la cabeza en señal de despedida cortés, y se colocó las gafas de sol , siguiéndola a la zaga.

Habiendo pasado por el bar para pedir cafés para llevar, se marcharon a los jardines aprovechando para tomar asiento en uno de los muros que rodeaban los grandes árboles.

•             HEYDEN: Bien tú dirás.
•             MICHAEL: ¿Esa que estaba en frente tuyo es tu compañera de piso?
•             HEYDEN: ¿Has venido hasta aquí a esta hora para ligar con mi compañera?

Michael no podía evitar reírse.

•             HEYDEN: No quiero que pienses que soy descortés, pero….
•             MICHAEL: Está bien , lo sé, estás liada con los exámenes finales. Iré al grano. ¿Te acuerdas que te hablé de un amigo mío de muchos años al que hacía tiempo que no veía?

Ella trató de recordar.

•             HEYDEN: Vagamente.
•             MICHAEL: Bueno, él era un cliente habitual del local, y de los buenos. Pero dejó de ir hace algún tiempo, y le he medio convencido para que vaya esta noche, acompañándome.
•             HEYDEN:  Bien,  si era tan bueno como dices, Victoria te lo agradecerá eternamente.
•             MICHAEL: No quiero agradecimientos, y no le llevo para que la vea a ella .

En el tiempo que le conocía, jamás le había indicado nada respecto de un cliente. Ella sospechaba que algunos de los que llegaron a solicitarla fueron por indicación suya, pero nunca le preguntó porque sabía que él no se lo diría.
Pero , indicarle algo así, de forma tan directa, y más, siendo alguien que gozaba de su amistad desde hacía tanto tiempo, no parecía ser algo normal.

•             HEYDEN: ¿Qué quieres de mí Michael?
•             MICHAEL: Nada, sólo , que esta noche estés tan espléndida como siempre. Todo lo demás vendrá por sí solo.
•             HEYDEN: ¿Lo demás?  ¿Qué pasa ? ¿Es un cliente con gustos  especiales?
•             MICHAEL:   - volvió a reírse y bebió algo de café- Podría decirse que sí, pero no en el servicio en sí, si no en la mujer que se lo proporciona.

Ella comenzaba a extrañarse. Aquello parecía un galimatías que se complicaba por momentos y eso la desesperaba. Se levantó de un salto, y le exigió respuestas más concretas.

•             HEYDEN: Michael, no tengo tiempo para acertijos. ¿Quieres que le escoja o qué?
•             MICHAEL: Eso no será necesario, ya lo hará él por ti.
•             HEYDEN: Sigo sin entender nada, ¿Qué tiene de especial? A parte de ser amigo tuyo. ¿Por qué es tan importante como para haber venido hasta aquí para avisarme.

Él se levantó y se le colocó en frente.

•             MICHAEL: Porque él supondrá tu salida definitiva del club.
•             HEYDEN: ¿De qué estás hablando?
•             MICHAEL: Ya lo entenderás.
•             HEYDEN: Pasar de ser la prostituta de muchas a la querida en exclusiva de uno , no te convierte en mejor persona, ni te hace dejar de ser lo que eres.
•             MICHAEL: No es ese tipo de cliente, y no será eso lo que reclame de ti, pero la de esta noche será una de tus últimas noches en el club, puedo asegurártelo.
•             HEYDEN: - dubitativa- ¿Cómo estás tan seguro?
•             MICHAEL: Créeme, lo sé. Él será tu último objetivo, y tú habrás conseguido todo lo que te habías propuesto.
•             HEYDEN: De verdad Michael, no te comprendo-  caminó agitadamente de vuelta al muro, volviendo a sentarse- Te andas con tanto misterio que no sé qué pensar.

Él la acompañó, la miró y le cogió las manos.

•             MICHAEL: Te hará una oferta que no podrás ni querrás rechazar, y cuándo eso suceda, tus objetivos cambiarán. – miró su reloj- Ahora he de irme, no puedo llegar tarde a una reunión, y tampoco quiero quitarte más tiempo.  Nos vemos esta noche.

Y dejándola envuelta en un mar de dudas, la besó en la mejilla, y se marchó.

Intentando mantener la calma y concentrarse para estudiar, no pudo evitar que aquellas palabras de Michael le retumbaran una y otra vez : “Te hará una oferta que no podrás ni querrás rechazar “ .” Él será tu último objetivo”.

Y entre nervios, la noche llegó. La tranquilidad con la que se había comenzado, dejó paso a un revuelo generado por una de las chicas al terminar su actuación.  Alguien que tiempo atrás solía ser uno de los mejores clientes del local,  reaparecía de nuevo. Robert Sheldon. La noticia causó un revuelo espectacular entre todas las chicas,  no sólo por una fama bien merecida de sus modales caballerosos y su atractivo innato, sino  además por ser notablemente  generoso gratificando  los bailes privados con sustanciosas cantidades. Pero quizás  lo que llamaba  más la atención de él, y lo que le diferenciaba del resto  de clientes, es su exquisitez  cuando solicitaba los “otros servicios especiales”.

Sheldon era el hombre de moda , el empresario del año eterno , el triunfador por naturaleza propia. Un hombre que fue capaz de ganar su primer millón de dólares con tan solo veintitrés años gracias, en parte,  a su buen  ojo para   las inversiones,  y es que un par de golpes de suerte no podía desmerecerse tanto. Sin embargo,  en los últimos años, los titulares de los periódicos de tirada nacional, más que hablar de sus merecidos éxitos  económicos, se centraban en rumores que circulaban  sobre la no tan limpia base de sus negocios , llegándose a comentar incluso, su vasta y conocida relación con sectores y personajes de dudosa reputación provenientes  de los países del Este Europeo ,  Asia y Sudamérica.
Pero claro, en un mundo como en el que se movía Sheldon, en donde la mayoría de los que ya se encontraban en él ,,  gustaban de manejar el “cotarro” en exclusiva desde hacía muchísimos años,  y dónde la sangre nueva,  con  ideas frescas  y diferentes formas de plantear las cosas, se convertía en un peligro constante, los rumores,  desmereciendo su capacidad , o sobre posibles y no probadas relaciones mafiosas estaban  a la orden del día, y él , carismáticamente arrollador, pasaba por encima de todo aquello.

 Pese a todos los comentarios escuchados a las chicas , fue nombrarlo y ya saber , al menos en su perfil público, de quién se trataba. Las referencias no podían ser más precisas. Sólo le faltaba confirmarlo una vez saliese .
Heyden intentó no pensar en ello, ni en el hecho de que un individuo de esas características viniese de manos de Michael. “ Su amigo desde hace muchos años” , “Gustos especiales en mujeres que prestaban los servicios”. Aquellas malditas frases llenas de un contenido aún desconocido para ella, rebotaban una y otra vez en su cabeza, y por más que trataba de concentrarse y olvidarse de todo , la voz de Michael diciéndole esto una y otra vez , tan claro y nítido como si lo tuviera delante , hacían que los nervios se la comieran por completo.

Cuando le tocó salir a bailar,  procuró despejar su mente, dejarla en blanco como siempre,  y  concentrarse sólo en la música. Aquella noche, tocaba estrenar nuevo número de baile y melodía de acompañamiento. 
Vestida con traje chaqueta  oscuro, sin nada más que su ropa interior debajo, la oscuridad se hizo en la sala,  no total, gracias a los pequeñas luces indicadoras de las salidas de emergencia.
Y el silencio, acompañó aquel ambiente.
Una luz iba iluminando la trasera de un panel suavemente, y para los espectadores, una figura aparentemente femenina con sombrero  y vestida de forma muy masculina, iba surgiendo en el fondo del mismo. Una silueta estilizada con la cabeza gacha y el sobrero ladeado, que no movió un solo músculo hasta que los primeros compases del tema THIS CITY NEVER SLEEPS (EURYTHMICS) lo invadieron todo.
Aquella estilizada y misteriosa figura, de espaldas al público, abrió sus piernas lentamente en posición de descanso militar. Siguiendo su sentir de la música ,comenzó a girar la cabeza y a mover los brazos circularmente. Movimientos pausados, de roces lentos y continuos.
Con absoluta elegancia , cuando la cabeza volvió a situarse recta , se quitó el sombrero arrojándolo hacia su derecha mientras , al agitar la cabeza, su larga melena oscura oscilaba  siguiendo los movimientos sinuosos de su caderas.
Conforme el cañón de luz se iba abriendo centrado en ella, sin que su cuerpo dejase de moverse lentamente, sus manos hicieron que aquel pantalón se despojase de su cuerpo de un solo golpe .
Cegada por el foco, en parte aliviada por el echo de no ver a la gente, situada de perfil, se desabrochó la chaqueta y se la situó en los hombros. Curvando su espalda hacia detrás, estiró los brazos, y ésta, simplemente cayó al suelo, apartándola con el pie al girar y colocarse de nuevo frente a la gente.

Mientras, entre el público, alguien parecía seguir con mucho interés y notable curiosidad la actuación.

Haciendo del suelo su particular  campo de juegos, sus aperturas de piernas , y la sutileza y elegancia al desprenderse del resto de la ropa quedándose sólo con las medias de ligero negras, no dejaban indiferente a nadie.
El punto final de su actuación: completamente tendida en el suelo, giró hacia su derecha apoyándose en parte sobre sus brazos , y retirándose el pelo de la cara  tirando bruscamente hacia detrás.

El primer rostro que la luz le permitió ver, fue la de alguien que acompañaba a Michael, el cual sonreía maliciosamente. Miró al sujeto, y por segundos desvió la vista hacia su ángel guardián, comprendiendo que aquel sujeto era el amigo del que le había hablado, el cual, al verse centrado por ella de forma tan directa,  incorporó su cuerpo hacia delante en el asiento.
Al terminar, encontrándose en el camerino, no pudo evitar  que en su mente apareciese la cara de aquel individuo una y otra vez, sobre todo por lo que fue capaz de transmitirle. Un hombre que podía hacerte sentir desnuda aunque llevases kilos de ropa encima.

A aquella noche le siguieron algunas más, adoptando la costumbre de aparecer poco antes de comenzar su actuación y marchándose nada más terminar.

Después de un tiempo, como apareció desapareció, sin dejar rastro salvo en la prensa de vez en cuando.

Ana Patricia Cruz López

Todos los derechos reservados

1 comentario:

  1. Me encanta como va la trama, pero espera eso ya lo sabes, dejame resaltar la descripcion a DETALLE del baile de Heyden, me encanto, fue como si yo estuviera entre el publico admirando a la hermosa mujer en el escenario, definitivamente esta historia esta tomando mas matices, y es que me encanta el misterio, la accion, lo complicado de los personajes, las emociones que proyectas de ellos tan definidas, realmente mereces que alguien del mundo editorial lea esto para que empieces a publicar tus novelas, con gusto iria a la firma de autografos... y a la lectura del mismo.

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