jueves, 17 de septiembre de 2015

NADA ES LO QUE PARECE. CAPITULO SEXTO. PARTE TERCERA . EL REENCUENTRO (Registrado en Safe Creative en JUNIO 2015)

CAPITULO SEXTO (TERCERA PARTE)
EL REENCUENTRO

Créditos a quién corresponda
Apenas se cruzaron palabra  durante los primeros instantes en que permanecieron allí sentados. Él buscaba paz y serenidad , y ella sabía lo que eso significaba, así que se limitó a permanecer sentada a su lado, muda, disfrutando del agradable frescor del agua en sus píes, mientras era consciente de que su acompañante improvisado aquella noche,  deparaba en ella en más de una ocasión.

No más de quince minutos pasaron,  cuando él se levantó para regresar al interior de la casa, mientras ella , decidía quedarse.

Las diez .  Cambio de luces en los exteriores de la casa como de costumbre. Pequeñas led alumbraban lo justo de los caminos para no tropezar, y en la piscina,  apenas un hilo de luz tenue en todo su borde interior.
Un cielo oscuro pero más limpio de lo normal, le permitió disfrutar de un número interminable de estrellas.


Mientras tanto, en el interior de la vivienda, Robert se dirigía a su dormitorio cuando , al pasar por la puerta de su despacho, entró . Su vista se centró en las carpetas que Heyden le había dejado ordenadamente colocadas. Con ellas delante, mientras las yemas de sus dedos rozaban las cubiertas suavemente, fueron las manos de ella las que vio apoderarse del cartón una y otra vez. 
Llevado por la curiosidad, se dispuso a abrir una de ellas encontrando papeles grapados con lo que parecía un informe. Minuciosidad y detalle, asombrosa combinación revestida de exquisita corrección técnica,  que lo convertían en uno de los trabajos  más impecables que había visto en este sentido.
Y tras esa , llegaron las demás, salvo la última , la cual no abrió porque algo le decía que debía asomarse por la ventana situada justo a su espalda.

Una silueta,  que como si flotase en el agua,  pareciera estar danzando en ese espacio acuoso inmenso con delicadeza casi inimaginable. Incluso en un elemento no propio como ese, en algo tan sencillo como gozar de la ligereza prestada por el agua, lo transmitido no difería demasiado de cuando bailaba encima del escenario o hacía suya la barra de baile.
Un leve movimiento hacia atrás de su cabeza para que su cabello quedase sumergido por entero, un rostro de placer infinito y un cuello completamente arqueado  llamando a reaccionar. Una mano , la suya, apoyada en el cristal justo a su altura, que hacía acariciar su frialdad continuando la sinuosa línea de piel que llevaba desde sus labios hasta donde el agua cubría su pecho, la respuesta a un imposible real , al menos para él.

El brillo de la humedad en su piel , destacando las zonas de su cuerpo a contraluz, y una mirada lanzada hacia aquella ventana en el piso superior,  sintiéndose observada, hicieron que ella no retirase la cara en ningún momento , y sí , bajase la mano que portaba su ropa .

Y la noche dejó paso a una mañana de lunes diferente.
La costumbre de ser la primera que llegaba al despacho,  se rompía en esta ocasión con la esperanza de poderlo acompañar en el  desayuno en el comedor por una vez. Y ciertamente se lo encontró ,allí sentado,  tomando su habitual zumo de pomelo, unas piezas de fruta y tostadas. Por una vez, era a ella a quién se la esperaba.
Nada más  entrar , los buenos días de la persona del servicio , le anunciaron  su presencia.

·        ISABEL : Buenos días Srta. Nash.
·        HEYDEN:  Buenos días Isabel ¿Qué tal estamos esta mañana?
·        ISABEL: Bien,  gracias Srta.
·        HEYDEN: Isabel.
·        ISABEL: ¿Sí señorita?

Observó ligeramente a Robert al cual tenía justo en frente,  y después lo hizo con la mujer , que se disponía a servirle una taza de café.

·        HEYDEN: He pensado que ahora que mi estancia en esta casa va a prolongarse durante un tiempo indefinido , me agradaría mucho que dejásemos los formalismos – Robert, aunque estuviese atento a su móvil , prestaba la atención debido a la conversación , sonriéndose levemente- y me tratases con más confianza.
·        ISABEL: ¿Quiere decir que la llame por su nombre  y deje el señorita ?
·        HEYDEN: Te lo agradecería  la verdad, nunca he sido amiga del protocolo y menos en una casa entre personas que deben convivir- devolviendo la mirada a Robert de nuevo-  si el señor Sheldon lo cree conveniente,  por supuesto.

Remojándose los labios , sus ojos se centraron primero en Heyden y después en su empleada, para volver a centrarse en su teléfono.

·        SHELDON: Considerando el tiempo que paso aquí, no seré yo quien diga  nada en contra.
·        HEYDEN: Entonces hecho.
·        ISABEL: - Con una amplia sonrisa- Perfecto entonces, si se va a sentir más cómoda así, así se hará. Si no desean nada más, me retiraré a la cocina, ¿comerán aquí Sr. Sheldon?
·        SHELDON: En principio yo así ¿Heyden?
·        HEYDEN: He de salir un momento esta tarde , pero sí, almorzaré aquí.
·        ISABEL: Entonces , si me disculpan, me retiro a la cocina.

Los silencios entre ambos parecían haberse constituido en una costumbre previa a cualquier conversación, pero antes, la pugna interior por saber quién aguantaría más tiempo callado sin introducir una sola sílaba, no había hecho más que comenzar.

Pese a gozar de una paciencia infinita, en esta ocasión , sería Robert el que no pudo resistir la tentación de romper  la  serenidad del lugar.

·        ROBERT: Estuve echando un vistazo a lo que hiciste.
·        HEYDEN: ¿Y?
·        ROBERT: Aún no puedo formar una opinión. Sólo lo vi por encima . Me deleitaré mejor esta mañana.
·        HEYDEN: Vaya- un gesto de interés curioso y casi juguetón se apoderó de ella mientras bebía algo de zumo- Así que no puedes decirme si quiera si te gusto lo que viste- él alzó su mirada clavándosela inesperadamente- aunque fuera ligeramente.

Él comenzó a apretar su mandíbula y respiró hondo.

·        ROBERT: Bueno……….detallado, elegante e inmejorable.

Cada una de las pausas provocadas en su voz, su compostura siguiendo el juego iniciado del doble sentido al hablar,  cuando en realidad los dos  sabían perfectamente a que se referían, cada mirada mantenida, cada leve gesto realizado con las manos aunque sólo se tratase de  coger el vaso, el roce en los labios con cualquier líquido elemento……………. Todo era objeto de mutuo estudio. Todo parecía ser una obra pictórica que cobrase vida con cada leve roce del elemento invisible como el aire,  o de los materiales de los que se rodeaban. Todo inspiraba  a continuar lo iniciado sin más, a dejarse llevar bajo pena de placer infinito con cierta dosis de tensión.

·        HEYDEN: ¿Inmejorable? Vaya, para haberlo visto sólo superficialmente, pareciera que te causó mejor impresión de la que esperabas.
·        ROBERT: Ciertamente sí. Quizás sea porque estoy demasiado acostumbrado a lo habitual, y esto, es sencillamente diferente.

Con su mirada clavada en el vaso de zumo, Heyden comenzó a seguir con sus dedos los círculos que la boca del vaso le ofrecía, los cuales,  la llevaban de manera repetida una y otra vez a casi desear desgastarlos, como un bucle permanente, al igual que sus propias sensaciones.

·        HEYDEN: ¿Y cómo de diferente es esto que has visto ahora?
·        ROBERT: - mientras él no la dejaba de mirar fijamente-  Arriesgado y valiente, aunque trate de transmitir cierta seguridad . Pulcritud de formas que transpira con cada palabra que menciona, y una claridad de ideas aplastante. Atrayente por su fuerza y determinación, con delicadas formas en cada párrafo, necesitado de mucha atención y de una atención  adecuada a su auténtica valía.  

Sus dedos se detuvieron  , y su garganta apenas pudo tragar su propia saliva.

·        ROBERT: La combinación perfecta que necesitaba en mi vida , y nunca pude encontrar.

Y soltó el vaso como reacción instantánea.
No era la primera que pasaba. Casi se podría decir , que a estas alturas ya debería estar plenamente acostumbrada. Pero, ¿cómo hacerlo?
En su faceta personal , no había conocido tantos hombres como para poder comparar, pero de todos los que algo habían merecido la pena que formaran  parte de su vida, el único, con el que este juego siempre terminaba en descontrol de sí misma ,  era él.

Extraña sensación la que este hombre le causaba  que  , sin ser del todo consciente,  por su capacidad para disimular aprendida con los años,  era capaz de terminar desarmándola lentamente, sin daño ni dolor.
La intuición se desmoronaba por segundos. La capacidad de previsión, con él, era imposible que funcionase.
En ocasiones, lo agradable de cómo la hacía sentir , sólo era comparable a lo que experimentaban  las hojas de los árboles ante los primeros vientos de otoño , que arreciando, no les quedaba otra forma de sobrevivir que no resistirse y dejarse llevar, y cuyo único sostén real, las pequeñas ramas de las que dependían, aguantaban los embates por costumbre.
Y como hoja cuyo embate del viento ha hecho que se soltase de su pequeña rama de amarre, ella determinó que aquel era el momento perfecto para alejarse, aunque sin poder desaparecer o permanecer lejos de él demasiado tiempo.

Una retirada a tiempo bajo la salvaguarda de los papeles en su despacho, bajo el salvavidas del trabajo realizado y que deberían comentar.
Y mientras ella trataba de recuperar la serenidad, imbuida en sus notas  a efectos de poder preguntarle las dudas surgidas, él permaneció solo, sentado ante  aquella mesa de comedor , con la cabeza apoyada en el espaldar,  tratando de respirar hondo mientras observaba los detalles del techo, con la sensación de haber dado otra vuelta de tuerca más a su más que complicada existencia.

Simplemente no podía evitarlo. Ella extraía de él todo cuanto siempre quiso ser sin arrepentimiento alguno. Aquel hombre,  que había olvidado que era  capaz de sentir a manos llenas . Un hombre capaz de ofrecerse por entero y hacer suyo , con el simple roce de sus dedos, aquella piel que tanta curiosidad le causaba desde que la vio por primera vez.
Alguien , que  había permitido endurecerse con el paso de los años y los golpes recibidos, y que sin duda alguna, en su momento, se había prometido , que evitaría volver a caer una vez más en este carrusel de sentimientos, desconociendo hasta qué punto se podía ser ingenuo con semejante promesa, realizada  especialmente, pensando en que podía con todo, en que los obstáculos no existían, y que sus pies ya llevaban demasiados pasos como para desandarlos.

Retrasar más el momento de volver a respirar el mismo aire en un reducido y cerrado espacio como era su despacho,  no serviría de nada. Tenía la impresión de que en el fondo le tocaría contestar a bastantes preguntas por parte de ella, porque pese a no llevar directamente su contabilidad, sí  conocía perfectamente sus puntos oscuros.

A cada paso nuevo dado en aquella escalera que le llevaba a su despacho, a su reencuentro con ella, los nervios conformaban en su estómago un nudo cada vez más agobiante.
Con la puerta completamente abierta y la  claridad de la mañana iluminando todo , ella procuró tenerlo listo para cuando él se presentara, y según lo hizo, nada tardó en comenzar a comentarle lo que sus estudios habían deparado, mientras él, trataba de aparentar serenidad.

·        HEYDEN: Procuraré ser directa y breve, aunque no sea fácil.
·        SHELDON: ¿Tan desastroso está?
·        HEYDEN: El problema, es que hace meses parte de todo esto hubiera tenido arreglo, pero ahora…………..

Cogió uno de los documentos del interior de una de las carpetas y se lo ofreció.

·        HEYDEN: La cifra definitiva de lo que has dejado de percibir es la que está al final. Esa es la base no recuperable.

Sorprendido, parecía no asimilarlo demasiado bien.

·        SHELDON: ¿Cómo?
·        HEYDEN: Ya te lo dije. Operaciones realizadas a destiempo, con muy poco olfato por no decir nada , y una enorme falta de previsión.
·        SHELDON: ¿Y nada de esto es recuperable?
·        HEYDEN: Me temo que no. Por otra parte , puede que tampoco te interesara. Algunas de esas empresas ya no resultan tan rentables .Casi sería mejor quitarse de encima cualquier vinculación posible.
·        SHELDON: De acuerdo.

Quieta , con la mesa separando a ambos,  y mirando pensativa un documento que tenía entre las manos, Robert la observaba inquieto.

·        SHELDON: ¿Qué sucede?
·        HEYDEN: - alzando su cabeza – Hay una parte de la información confusa a la que no he podido tener acceso.

Se acercó a ella y Heyden le entregó lo que estaba leyendo.

·        HEYDEN: Hay una serie de cuentas que te relacionan con ciertas entidades. La mayoría están encriptadas, y el resto no son accesibles porque se necesita doble clave. Robert, ¿Quién o qué es J.B.?

Su forma de mirarla , rápida y serio, no la dejó indiferente. Parecía haber tocado algo que le disgustara , mientras que por su parte, sólo aspiraba a tener al menos unos segundos para buscar qué responder, optando, sin más salida, por la vía rápida.

·        HEYDEN: Su referencia aparece en algunas ocasiones, no demasiado a menudo, pero si relacionado con algunas de esas entidades,  y sobre todo con la clave que falta para acceder.
·        ROBERT: De todas formas no debes preocuparte , esas cuentas ya llevan contabilidad externa. Sólo sirven para hacer pagos e ingresos.
·        HEYDEN: ¿Son sociedades participadas también por ti o sólo las gestionas?

Ella comenzó a percibirle visiblemente nervioso e incómodo con cada pregunta suya, sin saber hacia donde mirar.

·        ROBERT: De verdad, no tienes que preocuparte, de eso ya se encarga otra gente.

Sentirla acercarse a él, no arreglaba las cosas.

·        HEYDEN: Tú me pediste que aceptase hacer esto para ti, y a mí nunca me ha gustado dejar los trabajos incompletos o a mitad. Si esa es la confianza que vas a depositar en mí, mejor lo dejo y me marcho.

Ante su sepulcral silencio, ella optó por marcharse , pero antes de que llegase a la puerta , él volvió a hablarle.

·        SHELDON: Es mi socio en algunas de esas sociedades.

Se detuvo y se dio la vuelta hacia él.

·        SHELDON: J.B. es John Bourke. En algunas trabajamos conjuntamente, en otras simplemente me encargo de  gestionar. Las cuentas están encriptadas sí, y necesitan doble clave efectivamente, la mía y la suya. Y como veo que has sabido hacer tu trabajo, sobra decirte los lugares de residencia de las mismas.

Él se giró hacia ella. Su rostro de circunstancia lo decía todo por sí solo.

·        SHELDON: Debí hablarte de esto antes de encargarte nada, pero……
·        HEYDEN: - con la cabeza gacha- No creíste que daría con ellas.
·        SHELDON:  No creí que tendría que dar explicaciones más bien. No estoy acostumbrado.

Heyden no pudo evitar sonreírse.
·        HEYDEN: Resulta paradójico. Eres capaz de investigar a todo el que trabaja para ti, sij embargo eres incapaz de controlar lo que hacen esos mismos  de los que en parte dependes.  Será mejor que lo dejemos estar. Revisa si puedes los informes de resultados, yo tengo que salir .Volveré dentro de unas horas.

Y preocupado , Robert quedó allí con aquella documentación en la mano, preguntándose si realmente sabía lo qué había hecho. Pendiente de la información que debía transmitirle, su mayor duda , por múltiples razones, era si debía asistir a la reunión del miércoles con ella o no.
Una simple cuestión de confianza en alguien que comenzaba a dudar de que pudiera traicionarle, especialmente por lo que Michael le había dicho de ella, pero de la que en el fondo, temía una huida en forma de desbandada dada su personalidad y su carácter, sin tener en cuenta,  lo que podría reportarle para y por su socio.

Para Heyden, la “rueda” había comenzado a  girar desde el momento en que aceptaba trabajar para Sheldon. Los informes que Sanders le había dado mencionaban un segundo nombre, aquel del que Michael tampoco quiso hablar, pero que al  reconocerlo, su actitud  con ella  se volvió abrupta y exageradamente preocupante. John Bourke.

Como piezas de un puzzle casi imposible, éste iba conformándose sólo  por puras casualidades que iban surgiendo, y como tal, todas casaban a la perfección o por lo menos lo intentaban.

Ella cogió la moto y se dirigió al centro de la ciudad. Había recibido un mensaje en la que se la citaba a una hora concreta en una cafetería muy conocida  con una amplia terraza en su parte alta.
Reconociéndose no muy centrada , llegó algo más tarde de lo que tenía previsto , algo que ella odiaba, puesto que siempre había preferido esperar a que la esperasen.
Una vez en el lugar, la recepcionista se acercó a ella para preguntarle, pero un gesto suyo de haber ubicado a  la persona con la que estaba citada, le bastó a la señorita para acompañarla hasta esa mesa.
Dejando su bolso encima de la mesa, y sin que aún ninguna palabra se hubiera cruzado, unos penetrantes ojos familiares continuaban observándola detenidamente habiéndose iniciado en tal labor desde que la viera aparecer.

Como refrescante contrapartida, pidió una copa de vino blanco. Observó la copa de quién tenía en frente, y pudo comprobar que las costumbres se repetían con deliciosa frecuencia.
Lo que no resultaba efectivamente tan habitual, es que el propio SANDERS se  desplazase personalmente con tanta asiduidad para tratar con el personal , confirmando en parte lo que Michael le había dicho sobre este “trabajo”.
Un sorbo de vino, y toda la disposición del mundo para escuchar lo que “los jefes” debían decirle.

·        HEYDEN: Últimamente  deben de estar cambiando mucho las cosas .
·        SANDERS: Puede. Son nuevos tiempos. Adaptarse o morir.

Con su cuerpo completamente relajado apoyado en la silla, sus piernas cruzadas y sus manos en su rodilla, la fotografía de la pose perfecta  no cambiaba con el pasar de los años. Lejos de imponerle, cosa que jamás pretendió , siempre procuró mantener una corrección de formas casi exasperante  , sobre todo cuando se trataba de trabajo. Aún así, los años , la habían hecho acostumbrarse.

·        HEYDEN: ¿Morir? – se sonrió abiertamente- Sois quiénes sois. A nadie le interesa que desaparezcáis. Hacéis el trabajo sucio.

Con un extraño sentido del humor , no demostrado en demasiadas ocasiones, aquel comentario sí le causó cierta gracia, no pudiendo evitar sonreírse también.

·        SANDERS: Los basureros o limpiadores de la basura gubernamental. No lo había pensado.
·        HEYDEN: En serio Sanders, si no fuera porque te conozco y sé cómo trabajáis, juraría que me estás ocultando algo.

Su rostro se tornó serio de pronto.

·        SANDERS: ¿Y por qué habría de ocultarte nada? Hay confianza.
·        HEYDEN: Ese es el problema. Demasiada.

La cabeza gacha en él le confirmaba a ella que efectivamente , en aquella cita, no podría conseguir toda la información que ansiaba conocer, que necesitaba manejar. Aquella, que aquel hombre, aquel enlace de la  Agencia, sabía perfectamente que casi se convertía imprescindible y , que al mismo tiempo, había decidido que ella debía averiguar por sí misma.

·        SANDERS: Nuestra gente sabe que está preparando volver a la ciudad. Algo grande, aún está por determinar el lugar y día exacto.  ¿Supongo que en este tiempo con Sheldon  no habrás averiguado aún la conexión?.

Se quedó pensativa por un instante. Desgraciadamente, ambos se conocían demasiado como para saber cuándo se mentían.

·        HEYDEN: Ha aparecido en su contabilidad. Más bien sus iniciales. Él me lo confirmó.

Se  incorporó mostrando bastante interés.

·        HEYDEN:  Negocios conjuntos y algunos en los que ejerce de intermediario, pero olvídate de que pueda acceder. Ha insistido mucho en que esa parte está controlada externamente y no es problemática.
·        SANDERS:  ¿Desde cuándo ha habido algún tipo de obstáculo para ti que impidiera seguir adelante?
·        HAYDEN: No voy a provocar que desconfíe de mí sólo porque ahora os hayan entrado prisas.  Sabes cuáles son mis condiciones de trabajo y que soy yo quien marca mis tiempos.

Acercó su silla. Aquel acercamiento resultaba casi intimidante .

·        SANDERS: Necesitamos tener controlado el lugar dónde vaya a estar, y sabemos que será en días. Particularmente, me da igual cómo te lo montes y lo que hagas,  pero para esto sí hay prisa, y los de arriba no tienen tanta paciencia.

Le  puso una de sus manos encima de  la suya en la mesa, apretando ligeramente.

·        SANDERS: Haz lo que sea preciso. Acelera el tiempo como creas conveniente. Pero hazlo. Nuestra gente tiene que estar allí antes de que llegue. Seguro que sabrás que hacer. Confió plenamente en ti.

Y se levantó, acercándose  a su oído , tensando su cuerpo en cuestión de segundos, y manteniendo  la respiración por segundos.

·        SANDERS: Sé que no me fallarás, no esta vez.

Aquel susurro frío y casi amenazante era nuevo. La aparente tranquilidad  dio paso a su verdadera naturaleza , tensa y odiosamente realista. 
Sanders nunca había sido un individuo fácil de llevar.
Años atrás, tras el  cansino e interminable interrogatorio en aquel cuarto , a solas, observada detrás de uno de esos espejos con fondo transparente que daban a la sala de al lado, su mente divagaba y trataba de decidir si marcharse por donde mismo había venido , dejando a Michael  en evidencia, o seguir adelante con aquello dada la valía que parecía tener para aquel trabajo  dados sus informes.

Sangre fría y decisión. Rapidez y capacidad de reacción en las circunstancias comprometidas. Competente y leal. ¿Lealtad? ¿Qué clase de concepto era ese? ¿Qué se entendía por lealtad en un trabajo como aquel , dónde la mentira y la ocultación eran la principal baza   para sobrevivir?
Algo tan manido y mal empleado como ese concepto, utilizado a conveniencia en función de lo que se tuviera entre manos , y dónde la reciprocidad nunca había existido ni jamás se había inventado, puesto que si las cosas se complicaban, te encontrabas solo ante tus circunstancias.
Esas eran las garantías  que ofrecían: ninguna.

Tras permanecer allí sentada unas cuantas horas más, decidió caminar sin rumbo fijo . Necesitaba pensar y , sobre todo, relajarse antes de regresar a la que era su realidad ahora.
Aparentar, formalizar de nuevo ese papel aprendido con los años: “la profesional fría incapaz de sentir, competente y eficaz, que distinguía lo que tenía delante y cuáles  eran sus intereses “. Eso fue lo último que escuchó de Sanders aquel día. Una firma le dio la entrada , y a partir de entonces, sólo quedó demostrarles y demostrarse a sí misma que servía para esto.

Escaparates que se cruzaban en su camino. Amplios  espacios cristalinos  que reflejaban de forma algo borrosa su silueta , su imagen , su rostro . Ojos que reflejaban tristeza y sensación de soledad envuelta en una confusión permanente.  
Y entre todos, decidió detenerse ante uno de ellos sin fijarse en su interior en realidad, en lo que exhibían y pretendían vender.  Cuando su mente le permitió volver al presente, su vista logró centrarse. Recuerdos de tiempos atrás, cuando lo que veía , ahora de forma clara y precisa, se había convertido en parte de su vida y ahora lo era de su pasado.

Si su escaparate llamaba la atención por el exquisito gusto con el que estaba decorado, su interior no desmerecía menos.  Ropajes de cuero de alta calidad poblaban sus paredes en expositores de cristal  y perchas de cuarzo.
paredes revestidas de madera hasta el techo, jugaban el papel de ambientación de lo que resultaba , en parte, una boutique para el más sibarita de los degustadores de este tipo de productos.
Tras una primera impresión  de tratarse  de una tienda de complementos y ropa del mejor cuero del mercado, su parte superior, a la que se accedía  por unas escaleras situadas a la izquierda, mostraba lo más interesante de aquel cúmulo de despropósitos no asumibles  para cualquier bolsillo.
El nombre del establecimiento en todas las perchas  y en parte de los complementos, de diseño  y fabricación propios , le hizo reconocerla en seguida .  Algunos de sus exclientes poseían elementos de placer de aquella tienda en sus casas, ocultos bajo llave en cajones  situados en las mesas de sus despachos. Alejados de la posible accesibilidad y curiosidad de sus esposas.
Desde fustas cuyo mango se había realizado de elegante y exquisito pelo de crin de caballo recubierto por tantas capas de cuero negro o marrón como hicieran falta para lograr que fuera más suave o inflexible  al toque, según el habitual y exigente gusto del consumidor,  grilletes revestidos en parte o por completo , mordazas y correas para la boca , el cuello o las extremidades….  Un mundo de deliciosas sensaciones que ella difícilmente olvidaría, pese a iniciarse sin serle del todo desconocido.

Cada roce de sus dedos  con aquellos elementos de deliciosa tortura, le traía recuerdos . ¿Entrañables? Posiblemente , teniendo en cuenta quién tuvo que ayudarla a manejar este tipo de situaciones.
La necesidad de que Victoria dejase de controlarla, de  poder tener la opción de escoger los clientes e incrementar los ingresos  propios y los del club, provocó que tras una conversación larga con  Michael , mientras almorzaban un día ,  ella le pidiese ayuda.
Jamás hizo falta preguntarle como él, en su momento , se introdujo en este mundo. Salió de él contárselo.
Normalmente este tipo de servicios conllevaban una serie de responsabilidades extras para quien lo practicaba , y debía manejarse muy bien y no perder el control jamás. 
Una sonrisa llegó a escaparse  ligeramente al recordar, como aquellos ojos grandes y claros,  la observaban temerosos y al mismo tiempo incrédulos de que ella fuese capaz de asumir aquel reto. La tercera vez que le preguntó si de verdad sabía dónde se estaba metiendo, ella ni siquiera respondió, le bastó mirarle y ya tenía la respuesta dada.

Lo necesitaba. Requería perfeccionarse, ser la mejor. Su alma combativa la había enseñado a ser muy competitiva en todo cuanto realizase, y siguiendo los propios consejos dados por su ángel de la guarda, recabar contactos y dinero era la meta , aparte de  fijarse una fecha para salir de todo aquello. Hacer lo que fuera por conseguirlo, era su parte en esta especie de trato realizado consigo misma y con el resto del mundo.
Nada de que arrepentirse, pero mucho por lo que no sentirse orgullosa, cuestión esta última, en la que procuraba no pensar.

La segunda parte de aquel entrenamiento de introducción en el mundo del BDSM: enseñárselo en la práctica una vez comprendidas las reglas . La medición de tiempos y de intensidad en cada acto, conocer por los sonidos y gestos del cliente más que por sus palabras  qué poder ofrecer  y hasta dónde llegar , o cómo introducir nuevas prácticas que pudieran extender sus propios límites del placer a través de la contención de movimientos o incluso de la respiración,
eran sólo algunas de las indicaciones a tener en cuenta.
Siendo en principio él quién  ejerciera de maestro, cambiando el chip respecto a  quién tenía delante , y tratándola como una clienta inexperta en ese ámbito pero que le apetecía probarlo,
comenzó  por lo que le supondría menos incómodo para ambos y más fácil de llevar : los amarres de contención.  La combinación del juego de sus manos a la hora de colocárselos , tocándole la piel como una caricia continuada de forma que apenas se percatase que aquellos grilletes la apretaban, era su mejor baza para seguir adelante y darse cuenta de que , pese a no practicarlo hacía tiempo,  sus mañas no se habían perdido.

Cuando los nervios comenzaron a aflorar en ella  dejando su cuerpo cada vez más duro e inmóvil, tenso, y su piel completamente erizada y fría ,  su mirada fija y su voz tranquilizadora , más su imperturbable silencio, intentando tranquilizarla , hizo que su cuerpo se erizase también al recordarlo frente al mostrador de los guantes.
Tacto aparentemente frío que nunca lo fue en realidad, una segunda piel mucho más rígida haciéndose con sus senos como símil a los genitales masculinos , y una de sus manos fue directa a su nuca soltando los guantes en el cristal.

Volviendo a casa varias horas después, notablemente cansada y pensativa, mientras dejaba las cosas en la cómoda de la entrada, le pareció oír varias voces en el salón hablando y riendo.
Se acercó a fin de saciar su curiosidad, y nada más entrar, la espalda de Robert fue lo primero que vio.

·        HEYDEN: ¿Robert?

Él se dio la vuelta , sonriente, con una copa en la mano , y presto, se acercó a ella.

·        SHELDON: ¡Heyden! Por fin has vuelto.  
·        HEYDEN : He estado haciendo unas cosas.

Sorprendida por su aparente estado de euforia , no conseguía entender nada de lo que estaba pasando.

·        SHELDON: Mira quién nos ha querido sorprender con su compañía.

 Y siguiendo los ojos de él ,  los cuales miraban de pronto a su espalda , dónde se encontraba el mueble bar, ella se dio la vuelta y vio a Michael.

Después de lo sucedido el viernes y haberse despedido el sábado por la mañana no hubieron llamadas ni palabras sueltas. No habían vuelto a encontrarse. Aquel cruce de miradas , casi cómplices custodias de un secreto a  voces que sólo pocos privilegiados conocían en la intimidad, sinuosas susurrantes de una relación no entendida del todo por quienes les rodeaban, pero en la que las palabras, siempre habían dicho mucho menos que los silencios.
Robert, no ajeno a la situación , aunque extrañado por aquella especie de conectividad mutua, trató de suavizar el ambiente y devolver la normalidad.

·        SHELDON: Vaya, si que ha sido una sorpresa, de pronto os habéis quedado mudos los dos.

Ella reaccionó inmediatamente.

·        HEYDEN: Lo siento, es que no me lo esperaba, te hacía de vuelta a casa.

Michael se fue acercando a  ambos.

·        MICHAEL: Tuve que quedarme por unos clientes .

Cortante y sin solución de continuidad. Ella no parecía estar centrada , y él creía que actuaba de esa forma por incomodidad con su presencia.

·        HEYDEN: Si me disculpáis, me iré a dar una ducha rápida y a cambiarme de ropa y vuelvo en seguida.
·        SHELDON: Claro ve. Te esperamos.
El tiempo pareció discurrir más deprisa de lo esperado o ella se había dado mucha prisa en terminar y estar lista para volver al comedor , al menos, eso fue lo que pensaron ambos cuando la vieron de regreso.  Sencilla pero elegantemente vestida para la ocasión, su sonrisa, casi inducida, fue seguida de un tono de amabilidad  y tensa dulzura que la hacía parecer atenta a todo lo que sucediese a su alrededor.

·        SHELDON: Siempre consigues sorprenderme.
·        HEYDEN: ¿Por?

Tomando en la mano la copa de vino ofrecida por él, sus ojos siempre encontraban en el camino a los de Michael, vigilantes e insaciables.

·        SHELDON: No sabría decirte. Aparentemente son cosas cotidianas pero………
·        MICHAEL: Ella  nunca deja a nadie indiferente.
·        SHELDON: Bueno, es cierto que tú la conoces mejor que yo, así que supongo que estarás acostumbrado .
·        MICHAEL: No lo creas Robert- la seguía con la mirada mientras ella se retiraba un poco de ambos hombres- Heyden por regla general siempre te termina sorprendiendo, por mucho que la conozcas o sepas de ella, siempre habrá algo nuevo que te pueda ofrecer.
·        SHELDON: No me había dado cuenta .

Su tono irónico , sólo  contrastaba con el exceso de atención mostrado entre ellos. Un Michael excesivamente pendiente de ella, y una Heyden que en el fondo, parecía querer huir.

·        HEYDEN: ¿Nadie os ha enseñado que es de mala educación hablar de alguien que se encuentra delante cómo si no existiera?
·        MICHAEL:  ¿Y nadie te ha dicho que tanta mala educación es lo que dices como marcharse cuando se está hablando , y más , si no se tiene una buena excusa?

Su tajante giro de cabeza hacia él fue determinante. La tensión entre ambos, por motivos desconocidos para Robert, no podría cortarse por mucho que se intentase.

Avisados por Isabel, todos pasaron a cenar al comedor . Durante la degustación, ella se mostró pendiente de ambos hombres  pero en silencio, mientras  ellos , departían sobre el pasado , presente y futuro de su relación.
Las anécdotas de ambos lo sobrevolaban todo, y el ambiente al final se convirtió en algo de a dos . una pareja de amigos que, observados a media distancia, parecieran conocerse mucho mejor de lo que la tercera en discordia hubiera pensado, y que visto desde fuera, nadie podría pensar que no se habrían hasta criado juntos.

Toda aquella situación la relajaba en el fondo. Le permitía observar las actitudes , especialmente las del hombre con el que ahora convivía , y que lejos de incomodarse por sentirse observado, disfrutaba siendo el centro de atención de ella para variar.  Sin hacer amago alguno por introducirse entre ellos, se limitó a recabar información personal de exclusivo interés . Nada que le interesara a la Agencia. Algo, que le permitiera conocerle más , ya que la curiosidad podía con ella.

Tan sólo cuando los postres dejaron paso a platos vacíos, y las copas de vino apenas portaban unas gotas, Robert se dirigió a ella con la intención de obligarla a participar.

·        SHELDON: Has estado muy callada.
·        HEYDEN: No he querido interrumpiros.
·        SHELDON: No hubiera sido molestia alguna y lo sabes.
·        HEYDEN:  Sí lo sé, pero parecíais estar de lo más divertidos contándoos anécdotas de una época en donde yo no existía en el mapa de noticias de actualidad.

Y el móvil de Robert sonó. Él cortó la llamada , pero se levantó de la mesa con la intención de devolverla en otra estancia .
Separados por una gran mesa en medio, ella trataba de provocarle para que iniciase la conversación que estimase oportuna, para que la primera palabra en abrir  aquella situación nueva fuese él. Y lo logró.

·        MICHAEL:  No te he visto ni hablado contigo desde el sábado, y sin embargo, tengo la impresión de haber metido la pata en algo y no saber en qué.
·        HEYDEN: No sé por qué lo dices.

Se levantó y se sentó a su lado.

·        MICHAEL: Lo sabes perfectamente. Esa forma de mirarme  al entrar esta noche …………no me has mirado de otra forma, y sé lo que significa, no es la primera vez que me reprochas algo. ¿Qué sucede?
·        HEYDEN:  El  segundo nombre de la carpeta  aparece en una parte de la contabilidad de Sheldon. Él ha intentado que lo olvide contándome una historia un poco inusual considerando que los ingresos procedentes de esas operaciones que él llama conjuntas , acaban en sus cuentas o en inversiones que él realiza, pero no tengo forma de llegar a hasta él. Por lo menos de momento.

Bajando la cabeza y negando con ella, daba por imposible lo que estaba escuchando.

·        HEYDEN: Ellos saben que se dispone a volver. Esta semana . Saben que prepara algo y que Sheldon está metido o que por lo menos le facilitará los cauces para que se lleve a cabo.

Su rostro, alzado, cerca del de ella, parecía preocupado , quejumbroso.

·        MICHAEL: ¿Han vuelto a hablar contigo?
·        HEYDEN: Me están presionando Michael. Quieren tenerlo todo listo en el lugar donde vaya a estar, porque creen que si lo hace es que no va a estar solo. 
·        MICHAEL: Sanders. – dijo con tono de resignación-.
·        HEYDEN: Necesito que me pongas en contacto con él sea como sea .
·        MICHAEL – Sorprendido por tal petición- ¿Yo? Has perdido el juicio.

Se levantó bruscamente separando la silla de forma repentina.

·        HEYDEN: No puedo esperar por Robert. Tú no le viste cuando le saqué el tema.
·        MICHAEL: Tú no sabes lo qué me estás pidiendo.

Su estado de nervios le hacía deambular por la habitación , deteniéndose sólo cuándo oyó regresar a Robert .

·        SHELDON: Disculpad,  pero estaba esperando una confirmación y debía gestionar algo. Por cierto Michael- éste se dio la vuelta hacia él-  conforme venía hacia aquí me estaba preguntando por cuánto pensabas quedarte.

Miró en primer término a Heyden para después devolvérsela a él.

·        MICHAEL: No lo sé aún.  No depende  de mí.
·        SHELDON: Es que verás, tengo uno de esos engorrosos actos sociales con reunión de negocios de fondo, y me preguntaba si te importaría acompañarme.

Ella , callada, no dejaba de mirarle fijamente . Michael sintió sus ojos clavándose como cuchillos  pero no se atrevió a enfrentarse .

·        MICHAEL: La verdad- titubeaba demasiado para lo que era frecuente en él- pienso que quizás sería mejor que te llevases a Heyden.

Robert la miró y se mostró dudoso durante unos minutos.

·        SHELDON: Bueno, también lo había pensado pero…….. me gustaría que tú también vinieses, ya que lo conoces bien y podrías ser de mucha ayuda.
·        MICHAEL: ¿Lo conozco bien?
·        SHELDON: Sí, es Bourke.

Su rostro palideció de pronto en lo que su  cabeza se dirigía a ella. Respecto a Heyden, ya  estaba dentro y lo sabía. Pero algo no le terminaba de gustar. Algo no terminaba de casar en toda esta historia: Su insistencia para que el abogado asistiera por mucho que le conociera.

Un acuerdo de día y hora , y por fin un lugar.  Pendiente de retirarse a efectos de poder comunicarlo tal y como le habían ordenado, poco después de la cena, tras tomar la última copa, llegó la hora de la retirada.
Nada más marcharse ella de la habitación, conforme subía la escalera, la voz de Michael la reclamaba  desde la base de las misma.

·        MICHAEL: Heyden.

Apoyada en la barandilla, altiva y más relajada que en  instantes anteriores, giró su cabeza sólo un poco para que le constase que le prestaba atención.

·        MICHAEL: No lo hagas.
·        HEYDEN: Sabes que debo hacerlo.

Él fue subiendo lentamente escalón a escalón.

·        MICHAEL:  Ya has conseguido lo que querías. No les avises, aún no.
·        HEYDEN: Aún  no he conseguido nada Michael, y lo sabes.  Todos tenemos  órdenes que cumplir. Tú acompañar a tu cliente a esa reunión, y yo ejercer mis buenas labores profesionales. Simplemente .
·        MICHAEL: No sabes cómo es. Si se descubre todo…………..
·        HEYDEN: ¿No crees que ha llegado la hora de que me lo digas ? Empiezo a estar un poco harta de tus insinuaciones y advertencias veladas . Quiero razones , y las quiero ya, antes de la fiesta. ¡Dime de una vez lo que no está en la carpeta y lo que ellos tampoco me cuentan!

La voz de Robert de fondo, reclamándole, hizo que tuviera que abandonarla allí y  dar la vuelta. Heyden prosiguió su camino hacia su habitación , desde donde comunicó los datos que necesitaban sin estar del todo convencida  ya que esas lagunas de información le conllevaban una intranquilidad manifiesta bastante poco agradable.

Apenas una hora después, recién acostada pero en estado de adormecimiento, sentir una mano que le tapaba la boca en la oscuridad la sobresaltó. Trató de retirársela, pero un cuerpo pesado que no lograba distinguir se le impedía y con una mano trataba de retenerle los brazos. Sólo cuando oyó su voz, dejó de resistirse, y él pudo  soltarla.

·        HEYDEN: ¡Maldita sea Michael! Me has dado un susto de muerte.
·        MICHAEL:  Lo siento,  pero supuse que haciéndolo  de la otra forma no me abrirías la puerta o no me dejarías pasar.
·        HEYDEN: ¿Qué diablos quieres ahora?-giró la cabeza hacia la mesilla de noche y vio que eran cerca de las dos de la madrugada- ¡Dios! Es tardísimo.
·        MICHAEL:  Heyden, no podía esperar a mañana.

Con su cuerpo aun prácticamente encima, no lograba poder moverse para colocarse mejor en la cama.

·        HEYDEN: No es que a estas alturas me importe tenerte así , pero , ¿te importaría levantarte para que pueda sentarme?

Sin demasiado convencimiento sobre porque se lo decía,  ya que su mente se encontraba en la nebulosa de explicarle lo que creía que debía saber de Bourke y que no podía permitirse saber por él, cayó en la cuenta cuando ella le empujó con sus manos en el pecho.

·        MICHAEL: Perdona.

Ella se sentó apoyándola espalda en la pared. Al sentirse incómoda, colocó la otra almohada detrás. Cruzó los brazos sobre el pecho y esperó dispuesta a escuchar lo que él tenía que contarle.

·        HEYDEN: Bien, soy toda oídos.
·        MICHAEL:  Decirte que tengas cuidado  supongo que será inútil.
·        HEYDEN: Me lo llevas diciendo muchos años Michael.
·        MICHAEL: Pero esta vez es diferente. Conozco demasiado bien a Bourke, mucho mejor que a Robert para ser sincero. Por lo menos desde hace más años. Sé cómo empezó, y sí, es cierto lo que Sanders te dijo. Yo  comencé a favorecerle rutas posibles y mercados. Le presenté gente, unos de los últimos Robert.  Al principio todo iba bien. No todo era sospechoso, pero cada uno tenía su papel y sabía lo que debía hacer y , nadie se metía en lo del otro.  De pronto, un día, cambió. No sé cómo no lo vi venir. Se volvió ambicioso, imprudente y muy desconfiado. Le dije que debía delegar en más gente de confianza pero nunca a me escuchó. Prefería hacer las cosas por su cuenta me decía. Y tanto que le gustaba ensuciarse las manos con tal de asegurarse de que el resultado era el esperado.  Heyden, un día vine de una reunión con unos clientes. Entré al salón para hablar con él, y me encontré con dos tipos con capuchas en la cabeza arrodillados delante suya . me miró, se la quitó a uno de ellos , y con  su pistola de culata de nácar apuntando a la sien, apretó el gatillo y le voló la cabeza. Acto seguido, repitió lo mismo con el otro individuo.  Yo apenas podía articular palabra, y él………sonreía tranquilo  dejando la pistola encima de la mesa y mirándose el traje por las salpicaduras de sangre  que se le habían esparció por todo él, y se ofuscó porque era un traje carísimo y no sabría si quedaría bien después de intentar quitarle las manchas.  Me ofreció una copa, y yo aún era incapaz de reaccionar. Y él sin embargo, estaba como si no hubiera sucedido nada.
Heyden…………….

·        HEYDEN: Vaya. Un tipo con una particular sangre fría. – restándole importancia- No le veo diferencia con respecto a otros.

Él se levantó de la cama muy alterado.

·        MICHAEL: Es un tipo muy oscuro Heyden. Es más peligroso por lo que no muestra que cuando lo hace. No son sus  arranques a lo que hay que temerle, sino cuando está tranquilo.
·        HEYDEN: ¿Qué más?
·        MICHAEL: ¿Más?
·        HEYDEN: hay algo que no me cuentas de él.  necesito saber sus puntos débiles. Todos los tenemos , y el de éste no es el dinero evidentemente, porque le sobra. Tú dices que le conoces mejor que nadie. Dime lo que quiero saber.

Él conocía la respuesta . Sabía perfectamente lo que debía decirle , pero temía que aquello sólo alentara aún más sus ganas de acercarse a él.

·        HEYDEN: Vamos Michael. Dime lo que le apasiona, lo que le gusta realmente. Dime hasta qué punto puede ser tan oscuro como débil en cierta forma.

Aquel tono mostrado por ella , de gusto y curiosidad morbosa mezclados a partes  iguales , le incomodaba, pero dado que ella quería una respuesta , se la daría.

·        MICHAEL: Tú.

Ella incorporó su cuerpo hacia delante sorprendida.

·        MICHAEL: Lo que podría ser a priori un hándicap , no conocerte, se convierte en una ventaja por su parte por el simple hecho de tener relación con Robert.  Su mayor debilidad son las mujeres de carácter y que sepan lo que hay . Sinceras , que demuestren fuerza y sepan lo que quieren. Pero si además trabajan para Robert, resultas una auténtica tentación.
·        HEYDEN: Vaya. Así que le van ……..
·        MICHAEL: - Visiblemente preocupado y molesto- Heyden ¡por favor! No trates de acercarte a ese tío. No es un tema de fiarse o no, que sabes que no puedes hacerlo, pero es destructivo y…………….. ¿Quieres que hable con Sanders? – por su cara sabía que no debía ni intentarlo- ¡Pues hazlo tú y que envíen a otra persona!
·        HEYDEN: No voy a hacer eso. Ya estoy dentro y no voy a salir. Esto seguirá adelante, con o sin tu ayuda.

Y entre la rabia y la impotencia que lo consumía , se marchó a toda prisa de allí, mientras su salida de la habitación de ella, de forma sigilosa aunque alterado, no pasó desapercibido para Sheldon que salía de su despacho dirigiéndose a su dormitorio en ese instante . Extrañado , miró su reloj para confirmar la hora respecto de la que se supone que ella debía de estar durmiendo a juzgar por su retirada, y se mantuvo allí de pie, hasta que vio al abogado bajar las escaleras.


No resultaba nada fácil definir el estado en el  que todos parecían encontrarse dos días después.
Michael y Robert , adecuadamente uniformados para la ocasión esperaron a una increíble Heyden con al que ambos parecieron quedar muy sorprendidos observándola bajar por aquellas escaleras con un impresionante vestido  de noche de escote prominente hasta la cintura en tono azul marino muy oscuro, de corte estilizado , y  sostenido por dos tirantas de pedrería final sobre sus hombros.

Ante el gesto de ambos hombres, su complacencia no podía superarse,  al menos de momento.  Y aun habiendo llegado hasta ellos, ninguno fue capaz de articular palabra.

·        HEYDEN: Puesto que ninguno de los dos sois capaces de decirme nada, me tomaré vuestra reacción como un cumplido, y lo cierto es, que resulta agradable que te admiren de esa forma, pero si continuamos aquí llegaremos tarde. ¿Nos vamos?

Robert le brindó su brazo para acompañarla hasta el coche , ante un Michael que parecía no terminar de reaccionar.
Con destino a uno de los hoteles  reformados y recientemente reinaugurados  más afamados de toda la ciudad, se dispusieron a coger uno de los ascensores con destino a una de las suites dobles  de las seis que poseía la instalación.  

Una vez las puertas del elevador se abrieron, la expectación creció al tratarse de una fiesta con abundante asistencia de gente fácilmente reconocible del mundo del espectáculo e incluso de la política.  Bourke no había perdido las formas sabiendo cómo organizar lo que podría denominarse, según acuñamiento propio, “fiestas tapaderas”; pero a partir de ahora, el resto de las instrucciones sobre el desenvolvimiento de la velada, era algo que sólo un hombre conocía, y ese era Sheldon.

Dos copas más tarde ,  algo de conversación mantenida con algunos invitados , y un observador. Alguien que se encontraba departiendo en un corrillo de hombres de mediana edad en la parte alta de la suite dúplex, y que por un instante giró su cabeza porque le parecía haber visto algo que le llamaba poderosamente la atención. Ese hombre era Bourke, y el objeto de su capricho visual, ella.
Pronto, reconoció a sus acompañantes , pero lejos de volver al grupo de personas en el que se encontraba, permaneció apoyado a la barandilla degustando la visión de algo que podría convertirse en su nuevo centro de atención.
Su hombre de confianza , pendiente de él como siempre, captó en seguida el objeto que centraba su mundo en ese instante , acercándose a él de inmediato.

·        AYUDANTE: Es la nueva asesora financiera de Sheldon.

Bourke se sonrió ligeramente.

·        BOURKE: Su nueva asesora financiera. ¿Sabes algo más?
·        AYUDANTE: Dependiendo de qué más quiera saber.
Mirándolo.

·        BOURKE: Todo.
·        AYUDANTE: Bien.
·        BOURKE: Y por cierto, urge. Como si te lo hubiese pedido para ayer.

Cuando más distendidos se encontraban los tres invitados en el salón de la suite, una voz varonil y fuerte les derivó su objetivo visual.

·        BOURKE: ¡Sheldon!
·        SHELDON: John.

Ella , que se encontraba de espaladas en ese instante, se dio la vuelta y su rostro quedó casi petrificado en los ojos azul verdosos de aquel hombre. De porte alto , elegante, y aparentes correctas formas, sin haber tenido posibilidad de conocer su aspecto previamente, procuró comportarse con la normalidad que ella misma esperaba expresar, salvo por la incomodidad que le causaba mirarle fijamente a los ojos, algo que no podía evitar, ni debía.
Sin dejar de observarla, decidió dirigirse a Michael en segundo lugar.

·        BOURKE: Vaya , vaya , vaya, esto si que no me lo esperaba Fassworth ¡Cuánto tiempo!
·        MICHAEL: También me alegra verte John.

La tensión entre ambos  se percibía en el ambiente . hacía mucho que no se veían, y de las expresiones, de lo forzado que parecía hasta el estrechamiento de sus manos, se deducía que no había resultado una relación fácil.

Hasta que le llegó el turno a ella. Bourke suavizó su gesto con una media sonrisa natural que parecía darle otro aspecto.  Sin dejar de contemplarla complacido, y ante la inquietud de Michael por la situación que se estaba generando y a la que ya estaba habituado por situaciones anteriores, el anfitrión se dirigió a Robert para que ejerciera de maestro de ceremonias en la presentación.

·        BORUKE:  Robert, ¿no vas a presentarme a la dama que os acompaña?

La incomodidad de la situación no era algo exclusivo de Fassworth.  A Robert, todas aquellas caras, aquellos gestos, aquel incipiente y malsano interés , ya lo había vivido anteriormente en sus propias carnes, y con cierto temor a ver repetir ciertas historias pasadas, procedió a presentarles.

·        SHELDON: Por supuesto , disculpa. John, esta es Heyden Nash, mi  nueva asesora financiera.

Le extendió la mano con la intención de estrechársela, y ella le correspondió.

·        BOURKE : Realmente he de felicitarte por el gusto Robert, porque conociéndote , estoy seguro de que su atractivo sólo es equiparable a su inestimable  profesionalidad. Es un placer conocerla ¿Srta.? Nash.

Acostumbrada a distinguir los elogios sinceros de los dichos por convencimiento pulcro interés, procuró adoptar el papel que debía desempeñar de la forma más rápida posible.

·        HEYDEN: Siento diferir en su argumentación de felicitación Sr. Bourke, la belleza siempre depende de la subjetividad del observador, por lo que nunca es comparable a la profesionalidad objetivamente comprobable, y sí, respondiendo a su pregunta , es Srta. Nash. Para mí también es un placer conocerle.

Con la sonrisa interna más gloriosa que podía sentir en ese instante, Michael trató de disimular sin lograrlo en demasía, mientras Robert quedaba notablemente sorprendido por su capacidad de resolución .

Reacción, que lejos de molestar al generador de aquel evento, le produjo mucha más curiosidad si cabe por conocer a aquella mujer , y por comprobar qué es lo que realmente Sheldon había visto en ella.

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos Reservados.


1 comentario:

  1. Sin lugar a dudas, Ana Patricia una deliciosa lectura y créeme que ya la extrañaba, tarde pero segura y totalmente complacida. inquieta por saber en que continua.

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