CAPITULO
SEXTO (TERCERA PARTE)
EL
REENCUENTRO
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Apenas se cruzaron palabra durante los primeros instantes en que
permanecieron allí sentados. Él buscaba paz y serenidad , y ella sabía lo que
eso significaba, así que se limitó a permanecer sentada a su lado, muda,
disfrutando del agradable frescor del agua en sus píes, mientras era consciente
de que su acompañante improvisado aquella noche, deparaba en ella en más de una ocasión.
No más de quince minutos pasaron, cuando él se levantó para regresar al interior
de la casa, mientras ella , decidía quedarse.
Las diez .
Cambio de luces en los exteriores de la casa como de costumbre. Pequeñas
led alumbraban lo justo de los caminos para no tropezar, y en la piscina, apenas un hilo de luz tenue en todo su borde
interior.
Un cielo oscuro pero más limpio de lo normal, le
permitió disfrutar de un número interminable de estrellas.
Mientras tanto, en el interior de la vivienda,
Robert se dirigía a su dormitorio cuando , al pasar por la puerta de su
despacho, entró . Su vista se centró en las carpetas que Heyden le había dejado
ordenadamente colocadas. Con ellas delante, mientras las yemas de sus dedos
rozaban las cubiertas suavemente, fueron las manos de ella las que vio
apoderarse del cartón una y otra vez.
Llevado por la curiosidad, se dispuso a abrir una
de ellas encontrando papeles grapados con lo que parecía un informe.
Minuciosidad y detalle, asombrosa combinación revestida de exquisita corrección
técnica, que lo convertían en uno de los
trabajos más impecables que había visto
en este sentido.
Y tras esa , llegaron las demás, salvo la última ,
la cual no abrió porque algo le decía que debía asomarse por la ventana situada
justo a su espalda.
Una silueta, que como si flotase en el agua, pareciera estar danzando en ese espacio acuoso
inmenso con delicadeza casi inimaginable. Incluso en un elemento no propio como
ese, en algo tan sencillo como gozar de la ligereza prestada por el agua, lo
transmitido no difería demasiado de cuando bailaba encima del escenario o hacía
suya la barra de baile.
Un leve movimiento hacia atrás de su cabeza para
que su cabello quedase sumergido por entero, un rostro de placer infinito y un
cuello completamente arqueado llamando a
reaccionar. Una mano , la suya, apoyada en el cristal justo a su altura, que
hacía acariciar su frialdad continuando la sinuosa línea de piel que llevaba
desde sus labios hasta donde el agua cubría su pecho, la respuesta a un
imposible real , al menos para él.
El brillo de la humedad en su piel , destacando las
zonas de su cuerpo a contraluz, y una mirada lanzada hacia aquella ventana en
el piso superior, sintiéndose observada,
hicieron que ella no retirase la cara en ningún momento , y sí , bajase la mano
que portaba su ropa .
Y la noche dejó paso a una mañana de lunes
diferente.
La costumbre de ser la primera que llegaba al
despacho, se rompía en esta ocasión con
la esperanza de poderlo acompañar en el desayuno en el comedor por una vez. Y
ciertamente se lo encontró ,allí sentado, tomando su habitual zumo de pomelo, unas
piezas de fruta y tostadas. Por una vez, era a ella a quién se la esperaba.
Nada más
entrar , los buenos días de la persona del servicio , le anunciaron su presencia.
·
ISABEL : Buenos días Srta. Nash.
·
HEYDEN: Buenos
días Isabel ¿Qué tal estamos esta mañana?
·
ISABEL: Bien, gracias Srta.
·
HEYDEN: Isabel.
·
ISABEL: ¿Sí señorita?
Observó ligeramente a Robert al cual tenía justo en
frente, y después lo hizo con la mujer ,
que se disponía a servirle una taza de café.
·
HEYDEN: He pensado que ahora que mi estancia en
esta casa va a prolongarse durante un tiempo indefinido , me agradaría mucho
que dejásemos los formalismos – Robert, aunque estuviese atento a su móvil ,
prestaba la atención debido a la conversación , sonriéndose levemente- y me tratases
con más confianza.
·
ISABEL: ¿Quiere decir que la llame por su
nombre y deje el señorita ?
·
HEYDEN: Te lo agradecería la verdad, nunca he sido amiga del protocolo
y menos en una casa entre personas que deben convivir- devolviendo la mirada a
Robert de nuevo- si el señor Sheldon lo
cree conveniente, por supuesto.
Remojándose los labios , sus ojos se centraron
primero en Heyden y después en su empleada, para volver a centrarse en su
teléfono.
·
SHELDON: Considerando el tiempo que paso aquí,
no seré yo quien diga nada en contra.
·
HEYDEN: Entonces hecho.
·
ISABEL: - Con una amplia sonrisa- Perfecto
entonces, si se va a sentir más cómoda así, así se hará. Si no desean nada más,
me retiraré a la cocina, ¿comerán aquí Sr. Sheldon?
·
SHELDON: En principio yo así ¿Heyden?
·
HEYDEN: He de salir un momento esta tarde , pero
sí, almorzaré aquí.
·
ISABEL: Entonces , si me disculpan, me retiro a
la cocina.
Los silencios entre ambos parecían haberse
constituido en una costumbre previa a cualquier conversación, pero antes, la
pugna interior por saber quién aguantaría más tiempo callado sin introducir una
sola sílaba, no había hecho más que comenzar.
Pese a gozar de una paciencia infinita, en esta
ocasión , sería Robert el que no pudo resistir la tentación de romper la serenidad
del lugar.
·
ROBERT: Estuve echando un vistazo a lo que
hiciste.
·
HEYDEN: ¿Y?
·
ROBERT: Aún no puedo formar una opinión. Sólo lo
vi por encima . Me deleitaré mejor esta mañana.
·
HEYDEN: Vaya- un gesto de interés curioso y casi
juguetón se apoderó de ella mientras bebía algo de zumo- Así que no puedes
decirme si quiera si te gusto lo que viste- él alzó su mirada clavándosela
inesperadamente- aunque fuera ligeramente.
Él comenzó a apretar su mandíbula y respiró hondo.
·
ROBERT: Bueno……….detallado, elegante e
inmejorable.
Cada una de las pausas provocadas en su voz, su
compostura siguiendo el juego iniciado del doble sentido al hablar, cuando en realidad los dos sabían perfectamente a que se referían, cada
mirada mantenida, cada leve gesto realizado con las manos aunque sólo se
tratase de coger el vaso, el roce en los
labios con cualquier líquido elemento……………. Todo era objeto de mutuo estudio. Todo
parecía ser una obra pictórica que cobrase vida con cada leve roce del elemento
invisible como el aire, o de los
materiales de los que se rodeaban. Todo inspiraba a continuar lo iniciado sin más, a dejarse
llevar bajo pena de placer infinito con cierta dosis de tensión.
·
HEYDEN: ¿Inmejorable? Vaya, para haberlo visto
sólo superficialmente, pareciera que te causó mejor impresión de la que
esperabas.
·
ROBERT: Ciertamente sí. Quizás sea porque estoy
demasiado acostumbrado a lo habitual, y esto, es sencillamente diferente.
Con su mirada clavada en el vaso de zumo, Heyden
comenzó a seguir con sus dedos los círculos que la boca del vaso le ofrecía,
los cuales, la llevaban de manera
repetida una y otra vez a casi desear desgastarlos, como un bucle permanente,
al igual que sus propias sensaciones.
·
HEYDEN: ¿Y cómo de diferente es esto que has
visto ahora?
·
ROBERT: - mientras él no la dejaba de mirar
fijamente- Arriesgado y valiente, aunque
trate de transmitir cierta seguridad . Pulcritud de formas que transpira con
cada palabra que menciona, y una claridad de ideas aplastante. Atrayente por su
fuerza y determinación, con delicadas formas en cada párrafo, necesitado de
mucha atención y de una atención adecuada a su auténtica valía.
Sus dedos se detuvieron , y su garganta apenas pudo tragar su propia
saliva.
·
ROBERT: La combinación perfecta que necesitaba
en mi vida , y nunca pude encontrar.
Y soltó el vaso como reacción instantánea.
No era la primera que pasaba. Casi se podría decir
, que a estas alturas ya debería estar plenamente acostumbrada. Pero, ¿cómo
hacerlo?
En su faceta personal , no había conocido tantos
hombres como para poder comparar, pero de todos los que algo habían merecido la
pena que formaran parte de su vida, el
único, con el que este juego siempre terminaba en descontrol de sí misma , era él.
Extraña sensación la que este hombre le
causaba que , sin ser del todo consciente, por su capacidad para disimular aprendida con
los años, era capaz de terminar
desarmándola lentamente, sin daño ni dolor.
La intuición se desmoronaba por segundos. La
capacidad de previsión, con él, era imposible que funcionase.
En ocasiones, lo agradable de cómo la hacía sentir
, sólo era comparable a lo que experimentaban las hojas de los árboles ante los primeros
vientos de otoño , que arreciando, no les quedaba otra forma de sobrevivir que
no resistirse y dejarse llevar, y cuyo único sostén real, las pequeñas ramas de
las que dependían, aguantaban los embates por costumbre.
Y como hoja cuyo embate del viento ha hecho que se
soltase de su pequeña rama de amarre, ella determinó que aquel era el momento
perfecto para alejarse, aunque sin poder desaparecer o permanecer lejos de él
demasiado tiempo.
Una retirada a tiempo bajo la salvaguarda de los
papeles en su despacho, bajo el salvavidas del trabajo realizado y que deberían
comentar.
Y mientras ella trataba de recuperar la serenidad, imbuida
en sus notas a efectos de poder
preguntarle las dudas surgidas, él permaneció solo, sentado ante aquella mesa de comedor , con la cabeza
apoyada en el espaldar, tratando de
respirar hondo mientras observaba los detalles del techo, con la sensación de
haber dado otra vuelta de tuerca más a su más que complicada existencia.
Simplemente no podía evitarlo. Ella extraía de él
todo cuanto siempre quiso ser sin arrepentimiento alguno. Aquel hombre, que había olvidado que era capaz de sentir a manos llenas . Un hombre capaz
de ofrecerse por entero y hacer suyo , con el simple roce de sus dedos, aquella
piel que tanta curiosidad le causaba desde que la vio por primera vez.
Alguien , que había permitido endurecerse con el paso de los
años y los golpes recibidos, y que sin duda alguna, en su momento, se había
prometido , que evitaría volver a caer una vez más en este carrusel de
sentimientos, desconociendo hasta qué punto se podía ser ingenuo con semejante
promesa, realizada especialmente,
pensando en que podía con todo, en que los obstáculos no existían, y que sus
pies ya llevaban demasiados pasos como para desandarlos.
Retrasar más el momento de volver a respirar el
mismo aire en un reducido y cerrado espacio como era su despacho, no serviría de nada. Tenía la impresión de que
en el fondo le tocaría contestar a bastantes preguntas por parte de ella,
porque pese a no llevar directamente su contabilidad, sí conocía perfectamente sus puntos oscuros.
A cada paso nuevo dado en aquella escalera que le
llevaba a su despacho, a su reencuentro con ella, los nervios conformaban en su
estómago un nudo cada vez más agobiante.
Con la puerta completamente abierta y la claridad de la mañana iluminando todo , ella
procuró tenerlo listo para cuando él se presentara, y según lo hizo, nada tardó
en comenzar a comentarle lo que sus estudios habían deparado, mientras él, trataba
de aparentar serenidad.
·
HEYDEN: Procuraré ser directa y breve, aunque no
sea fácil.
·
SHELDON: ¿Tan desastroso está?
·
HEYDEN: El problema, es que hace meses parte de
todo esto hubiera tenido arreglo, pero ahora…………..
Cogió uno de los documentos del interior de una de
las carpetas y se lo ofreció.
·
HEYDEN: La cifra definitiva de lo que has dejado
de percibir es la que está al final. Esa es la base no recuperable.
Sorprendido, parecía no asimilarlo demasiado bien.
·
SHELDON: ¿Cómo?
·
HEYDEN: Ya te lo dije. Operaciones realizadas a
destiempo, con muy poco olfato por no decir nada , y una enorme falta de
previsión.
·
SHELDON: ¿Y nada de esto es recuperable?
·
HEYDEN: Me temo que no. Por otra parte , puede
que tampoco te interesara. Algunas de esas empresas ya no resultan tan
rentables .Casi sería mejor quitarse de encima cualquier vinculación posible.
·
SHELDON: De acuerdo.
Quieta , con la mesa separando a ambos, y mirando pensativa un documento que tenía
entre las manos, Robert la observaba inquieto.
·
SHELDON: ¿Qué sucede?
·
HEYDEN: - alzando su cabeza – Hay una parte de
la información confusa a la que no he podido tener acceso.
Se acercó a ella y Heyden le entregó lo que estaba
leyendo.
·
HEYDEN: Hay una serie de cuentas que te
relacionan con ciertas entidades. La mayoría están encriptadas, y el resto no
son accesibles porque se necesita doble clave. Robert, ¿Quién o qué es J.B.?
Su forma de mirarla , rápida y serio, no la dejó
indiferente. Parecía haber tocado algo que le disgustara , mientras que por su
parte, sólo aspiraba a tener al menos unos segundos para buscar qué responder,
optando, sin más salida, por la vía rápida.
·
HEYDEN: Su referencia aparece en algunas
ocasiones, no demasiado a menudo, pero si relacionado con algunas de esas
entidades, y sobre todo con la clave que
falta para acceder.
·
ROBERT: De todas formas no debes preocuparte ,
esas cuentas ya llevan contabilidad externa. Sólo sirven para hacer pagos e
ingresos.
·
HEYDEN: ¿Son sociedades participadas también por
ti o sólo las gestionas?
Ella comenzó a percibirle visiblemente nervioso e
incómodo con cada pregunta suya, sin saber hacia donde mirar.
·
ROBERT: De verdad, no tienes que preocuparte, de
eso ya se encarga otra gente.
Sentirla acercarse a él, no arreglaba las cosas.
·
HEYDEN: Tú me pediste que aceptase hacer esto
para ti, y a mí nunca me ha gustado dejar los trabajos incompletos o a mitad.
Si esa es la confianza que vas a depositar en mí, mejor lo dejo y me marcho.
Ante su sepulcral silencio, ella optó por marcharse
, pero antes de que llegase a la puerta , él volvió a hablarle.
·
SHELDON: Es mi socio en algunas de esas
sociedades.
Se detuvo y se dio la vuelta hacia él.
·
SHELDON:
J.B. es John Bourke. En algunas trabajamos conjuntamente, en otras
simplemente me encargo de gestionar. Las
cuentas están encriptadas sí, y necesitan doble clave efectivamente, la mía y
la suya. Y como veo que has sabido hacer tu trabajo, sobra decirte los lugares
de residencia de las mismas.
Él se giró hacia ella. Su rostro de circunstancia
lo decía todo por sí solo.
·
SHELDON: Debí hablarte de esto antes de
encargarte nada, pero……
·
HEYDEN: - con la cabeza gacha- No creíste que
daría con ellas.
·
SHELDON:
No creí que tendría que dar explicaciones más bien. No estoy
acostumbrado.
Heyden no pudo evitar sonreírse.
·
HEYDEN: Resulta paradójico. Eres capaz de
investigar a todo el que trabaja para ti, sij embargo eres incapaz de controlar
lo que hacen esos mismos de los que en
parte dependes. Será mejor que lo
dejemos estar. Revisa si puedes los informes de resultados, yo tengo que salir
.Volveré dentro de unas horas.
Y preocupado , Robert quedó allí con aquella
documentación en la mano, preguntándose si realmente sabía lo qué había hecho. Pendiente
de la información que debía transmitirle, su mayor duda , por múltiples
razones, era si debía asistir a la reunión del miércoles con ella o no.
Una simple cuestión de confianza en alguien que
comenzaba a dudar de que pudiera traicionarle, especialmente por lo que Michael
le había dicho de ella, pero de la que en el fondo, temía una huida en forma de
desbandada dada su personalidad y su carácter, sin tener en cuenta, lo que podría reportarle para y por su socio.
Para Heyden, la “rueda” había comenzado a girar desde el momento en que aceptaba
trabajar para Sheldon. Los informes que Sanders le había dado mencionaban un
segundo nombre, aquel del que Michael tampoco quiso hablar, pero que al reconocerlo, su actitud con ella se volvió abrupta y exageradamente
preocupante. John Bourke.
Como piezas de un puzzle casi imposible, éste iba
conformándose sólo por puras
casualidades que iban surgiendo, y como tal, todas casaban a la perfección o
por lo menos lo intentaban.
Ella cogió la moto y se dirigió al centro de la
ciudad. Había recibido un mensaje en la que se la citaba a una hora concreta en
una cafetería muy conocida con una
amplia terraza en su parte alta.
Reconociéndose no muy centrada , llegó algo más
tarde de lo que tenía previsto , algo que ella odiaba, puesto que siempre había
preferido esperar a que la esperasen.
Una vez en el lugar, la recepcionista se acercó a
ella para preguntarle, pero un gesto suyo de haber ubicado a la persona con la que estaba citada, le bastó
a la señorita para acompañarla hasta esa mesa.
Dejando su bolso encima de la mesa, y sin que aún
ninguna palabra se hubiera cruzado, unos penetrantes ojos familiares
continuaban observándola detenidamente habiéndose iniciado en tal labor desde
que la viera aparecer.
Como refrescante contrapartida, pidió una copa de
vino blanco. Observó la copa de quién tenía en frente, y pudo comprobar que las
costumbres se repetían con deliciosa frecuencia.
Lo que no resultaba efectivamente tan habitual, es
que el propio SANDERS se desplazase
personalmente con tanta asiduidad para tratar con el personal , confirmando en
parte lo que Michael le había dicho sobre este “trabajo”.
Un sorbo de vino, y toda la disposición del mundo
para escuchar lo que “los jefes” debían decirle.
·
HEYDEN: Últimamente deben de estar cambiando mucho las cosas .
·
SANDERS: Puede. Son nuevos tiempos. Adaptarse o
morir.
Con su cuerpo completamente relajado apoyado en la
silla, sus piernas cruzadas y sus manos en su rodilla, la fotografía de la pose
perfecta no cambiaba con el pasar de los
años. Lejos de imponerle, cosa que jamás pretendió , siempre procuró mantener
una corrección de formas casi exasperante
, sobre todo cuando se trataba de trabajo. Aún así, los años , la habían
hecho acostumbrarse.
·
HEYDEN: ¿Morir? – se sonrió abiertamente- Sois
quiénes sois. A nadie le interesa que desaparezcáis. Hacéis el trabajo sucio.
Con un extraño sentido del humor , no demostrado en
demasiadas ocasiones, aquel comentario sí le causó cierta gracia, no pudiendo
evitar sonreírse también.
·
SANDERS: Los basureros o limpiadores de la
basura gubernamental. No lo había pensado.
·
HEYDEN: En serio Sanders, si no fuera porque te
conozco y sé cómo trabajáis, juraría que me estás ocultando algo.
Su rostro se tornó serio de pronto.
·
SANDERS: ¿Y por qué habría de ocultarte nada?
Hay confianza.
·
HEYDEN: Ese es el problema. Demasiada.
La cabeza gacha en él le confirmaba a ella que
efectivamente , en aquella cita, no podría conseguir toda la información que
ansiaba conocer, que necesitaba manejar. Aquella, que aquel hombre, aquel
enlace de la Agencia, sabía
perfectamente que casi se convertía imprescindible y , que al mismo tiempo,
había decidido que ella debía averiguar por sí misma.
·
SANDERS: Nuestra gente sabe que está preparando
volver a la ciudad. Algo grande, aún está por determinar el lugar y día
exacto. ¿Supongo que en este tiempo con
Sheldon no habrás averiguado aún la
conexión?.
Se quedó pensativa por un instante.
Desgraciadamente, ambos se conocían demasiado como para saber cuándo se
mentían.
·
HEYDEN: Ha aparecido en su contabilidad. Más
bien sus iniciales. Él me lo confirmó.
Se incorporó
mostrando bastante interés.
·
HEYDEN:
Negocios conjuntos y algunos en los que ejerce de intermediario, pero
olvídate de que pueda acceder. Ha insistido mucho en que esa parte está
controlada externamente y no es problemática.
·
SANDERS:
¿Desde cuándo ha habido algún tipo de obstáculo para ti que impidiera
seguir adelante?
·
HAYDEN: No voy a provocar que desconfíe de mí
sólo porque ahora os hayan entrado prisas.
Sabes cuáles son mis condiciones de trabajo y que soy yo quien marca mis
tiempos.
Acercó su silla. Aquel acercamiento resultaba casi
intimidante .
·
SANDERS: Necesitamos tener controlado el lugar
dónde vaya a estar, y sabemos que será en días. Particularmente, me da igual
cómo te lo montes y lo que hagas, pero
para esto sí hay prisa, y los de arriba no tienen tanta paciencia.
Le puso una
de sus manos encima de la suya en la
mesa, apretando ligeramente.
·
SANDERS: Haz lo que sea preciso. Acelera el
tiempo como creas conveniente. Pero hazlo. Nuestra gente tiene que estar allí
antes de que llegue. Seguro que sabrás que hacer. Confió plenamente en ti.
Y se levantó, acercándose a su oído , tensando su cuerpo en cuestión de
segundos, y manteniendo la respiración
por segundos.
·
SANDERS: Sé que no me fallarás, no esta vez.
Aquel susurro frío y casi amenazante era nuevo. La
aparente tranquilidad dio paso a su
verdadera naturaleza , tensa y odiosamente realista.
Sanders nunca había sido un individuo fácil de
llevar.
Años atrás, tras el
cansino e interminable interrogatorio en aquel cuarto , a solas,
observada detrás de uno de esos espejos con fondo transparente que daban a la
sala de al lado, su mente divagaba y trataba de decidir si marcharse por donde
mismo había venido , dejando a Michael
en evidencia, o seguir adelante con aquello dada la valía que parecía
tener para aquel trabajo dados sus
informes.
Sangre fría y decisión. Rapidez y capacidad de reacción
en las circunstancias comprometidas. Competente y leal. ¿Lealtad? ¿Qué clase de
concepto era ese? ¿Qué se entendía por lealtad en un trabajo como aquel , dónde
la mentira y la ocultación eran la principal baza para
sobrevivir?
Algo tan manido y mal empleado como ese concepto,
utilizado a conveniencia en función de lo que se tuviera entre manos , y dónde
la reciprocidad nunca había existido ni jamás se había inventado, puesto que si
las cosas se complicaban, te encontrabas solo ante tus circunstancias.
Esas eran las garantías que ofrecían: ninguna.
Tras permanecer allí sentada unas cuantas horas
más, decidió caminar sin rumbo fijo . Necesitaba pensar y , sobre todo,
relajarse antes de regresar a la que era su realidad ahora.
Aparentar, formalizar de nuevo ese papel aprendido
con los años: “la profesional fría incapaz de sentir, competente y eficaz, que
distinguía lo que tenía delante y cuáles
eran sus intereses “. Eso fue lo último que escuchó de Sanders aquel
día. Una firma le dio la entrada , y a partir de entonces, sólo quedó
demostrarles y demostrarse a sí misma que servía para esto.
Escaparates que se cruzaban en su camino.
Amplios espacios cristalinos que reflejaban de forma algo borrosa su
silueta , su imagen , su rostro . Ojos que reflejaban tristeza y sensación de
soledad envuelta en una confusión permanente.
Y entre todos, decidió detenerse ante uno de ellos
sin fijarse en su interior en realidad, en lo que exhibían y pretendían
vender. Cuando su mente le permitió
volver al presente, su vista logró centrarse. Recuerdos de tiempos atrás,
cuando lo que veía , ahora de forma clara y precisa, se había convertido en
parte de su vida y ahora lo era de su pasado.
Si su escaparate llamaba la atención por el
exquisito gusto con el que estaba decorado, su interior no desmerecía menos. Ropajes de cuero de alta calidad poblaban sus
paredes en expositores de cristal y
perchas de cuarzo.
paredes revestidas de madera hasta el techo,
jugaban el papel de ambientación de lo que resultaba , en parte, una boutique
para el más sibarita de los degustadores de este tipo de productos.
Tras una primera impresión de tratarse
de una tienda de complementos y ropa del mejor cuero del mercado, su
parte superior, a la que se accedía por
unas escaleras situadas a la izquierda, mostraba lo más interesante de aquel
cúmulo de despropósitos no asumibles
para cualquier bolsillo.
El nombre del establecimiento en todas las
perchas y en parte de los complementos,
de diseño y fabricación propios , le
hizo reconocerla en seguida . Algunos de
sus exclientes poseían elementos de placer de aquella tienda en sus casas,
ocultos bajo llave en cajones situados
en las mesas de sus despachos. Alejados de la posible accesibilidad y
curiosidad de sus esposas.
Desde fustas cuyo mango se había realizado de
elegante y exquisito pelo de crin de caballo recubierto por tantas capas de
cuero negro o marrón como hicieran falta para lograr que fuera más suave o
inflexible al toque, según el habitual y
exigente gusto del consumidor, grilletes
revestidos en parte o por completo , mordazas y correas para la boca , el
cuello o las extremidades…. Un mundo de
deliciosas sensaciones que ella difícilmente olvidaría, pese a iniciarse sin
serle del todo desconocido.
Cada roce de sus dedos con aquellos elementos de deliciosa tortura,
le traía recuerdos . ¿Entrañables? Posiblemente , teniendo en cuenta quién tuvo
que ayudarla a manejar este tipo de situaciones.
La necesidad de que Victoria dejase de controlarla,
de poder tener la opción de escoger los
clientes e incrementar los ingresos
propios y los del club, provocó que tras una conversación larga con Michael , mientras almorzaban un día , ella le pidiese ayuda.
Jamás hizo falta preguntarle como él, en su momento
, se introdujo en este mundo. Salió de él contárselo.
Normalmente este tipo de servicios conllevaban una
serie de responsabilidades extras para quien lo practicaba , y debía manejarse
muy bien y no perder el control jamás.
Una sonrisa llegó a escaparse ligeramente al recordar, como aquellos ojos
grandes y claros, la observaban
temerosos y al mismo tiempo incrédulos de que ella fuese capaz de asumir aquel
reto. La tercera vez que le preguntó si de verdad sabía dónde se estaba
metiendo, ella ni siquiera respondió, le bastó mirarle y ya tenía la respuesta
dada.
Lo necesitaba. Requería perfeccionarse, ser la
mejor. Su alma combativa la había enseñado a ser muy competitiva en todo cuanto
realizase, y siguiendo los propios consejos dados por su ángel de la guarda,
recabar contactos y dinero era la meta , aparte de fijarse una fecha para salir de todo aquello.
Hacer lo que fuera por conseguirlo, era su parte en esta especie de trato
realizado consigo misma y con el resto del mundo.
Nada de que arrepentirse, pero mucho por lo que no
sentirse orgullosa, cuestión esta última, en la que procuraba no pensar.
La segunda parte de aquel entrenamiento de
introducción en el mundo del BDSM: enseñárselo en la práctica una vez
comprendidas las reglas . La medición de tiempos y de intensidad en cada acto,
conocer por los sonidos y gestos del cliente más que por sus palabras qué poder ofrecer y hasta dónde llegar , o cómo introducir
nuevas prácticas que pudieran extender sus propios límites del placer a través
de la contención de movimientos o incluso de la respiración,
eran sólo algunas de las indicaciones a tener en
cuenta.
Siendo en principio él quién ejerciera de maestro, cambiando el chip
respecto a quién tenía delante , y
tratándola como una clienta inexperta en ese ámbito pero que le apetecía
probarlo,
comenzó por
lo que le supondría menos incómodo para ambos y más fácil de llevar : los
amarres de contención. La combinación
del juego de sus manos a la hora de colocárselos , tocándole la piel como una
caricia continuada de forma que apenas se percatase que aquellos grilletes la
apretaban, era su mejor baza para seguir adelante y darse cuenta de que , pese
a no practicarlo hacía tiempo, sus mañas
no se habían perdido.
Cuando los nervios comenzaron a aflorar en
ella dejando su cuerpo cada vez más duro
e inmóvil, tenso, y su piel completamente erizada y fría , su mirada fija y su voz tranquilizadora , más
su imperturbable silencio, intentando tranquilizarla , hizo que su cuerpo se
erizase también al recordarlo frente al mostrador de los guantes.
Tacto aparentemente frío que nunca lo fue en
realidad, una segunda piel mucho más rígida haciéndose con sus senos como símil
a los genitales masculinos , y una de sus manos fue directa a su nuca soltando
los guantes en el cristal.
Volviendo a casa varias horas después, notablemente
cansada y pensativa, mientras dejaba las cosas en la cómoda de la entrada, le
pareció oír varias voces en el salón hablando y riendo.
Se acercó a fin de saciar su curiosidad, y nada más
entrar, la espalda de Robert fue lo primero que vio.
·
HEYDEN: ¿Robert?
Él se dio la vuelta , sonriente, con una copa en la
mano , y presto, se acercó a ella.
·
SHELDON: ¡Heyden! Por fin has vuelto.
·
HEYDEN : He estado haciendo unas cosas.
Sorprendida por su aparente estado de euforia , no
conseguía entender nada de lo que estaba pasando.
·
SHELDON: Mira quién nos ha querido sorprender
con su compañía.
Y siguiendo
los ojos de él , los cuales miraban de
pronto a su espalda , dónde se encontraba el mueble bar, ella se dio la vuelta
y vio a Michael.
Después de lo sucedido el viernes y haberse
despedido el sábado por la mañana no hubieron llamadas ni palabras sueltas. No
habían vuelto a encontrarse. Aquel cruce de miradas , casi cómplices custodias
de un secreto a voces que sólo pocos
privilegiados conocían en la intimidad, sinuosas susurrantes de una relación no
entendida del todo por quienes les rodeaban, pero en la que las palabras,
siempre habían dicho mucho menos que los silencios.
Robert, no ajeno a la situación , aunque extrañado
por aquella especie de conectividad mutua, trató de suavizar el ambiente y
devolver la normalidad.
·
SHELDON: Vaya, si que ha sido una sorpresa, de
pronto os habéis quedado mudos los dos.
Ella reaccionó inmediatamente.
·
HEYDEN: Lo siento, es que no me lo esperaba, te
hacía de vuelta a casa.
Michael se fue acercando a ambos.
·
MICHAEL: Tuve que quedarme por unos clientes .
Cortante y sin solución de continuidad. Ella no
parecía estar centrada , y él creía que actuaba de esa forma por incomodidad
con su presencia.
·
HEYDEN: Si me disculpáis, me iré a dar una ducha
rápida y a cambiarme de ropa y vuelvo en seguida.
·
SHELDON: Claro ve. Te esperamos.
El tiempo pareció discurrir más deprisa de lo
esperado o ella se había dado mucha prisa en terminar y estar lista para volver
al comedor , al menos, eso fue lo que pensaron ambos cuando la vieron de
regreso. Sencilla pero elegantemente
vestida para la ocasión, su sonrisa, casi inducida, fue seguida de un tono de
amabilidad y tensa dulzura que la hacía
parecer atenta a todo lo que sucediese a su alrededor.
·
SHELDON: Siempre consigues sorprenderme.
·
HEYDEN: ¿Por?
Tomando en la mano la copa de vino ofrecida por él,
sus ojos siempre encontraban en el camino a los de Michael, vigilantes e
insaciables.
·
SHELDON: No sabría decirte. Aparentemente son
cosas cotidianas pero………
·
MICHAEL: Ella
nunca deja a nadie indiferente.
·
SHELDON: Bueno, es cierto que tú la conoces
mejor que yo, así que supongo que estarás acostumbrado .
·
MICHAEL: No lo creas Robert- la seguía con la
mirada mientras ella se retiraba un poco de ambos hombres- Heyden por regla
general siempre te termina sorprendiendo, por mucho que la conozcas o sepas de
ella, siempre habrá algo nuevo que te pueda ofrecer.
·
SHELDON: No me había dado cuenta .
Su tono irónico , sólo contrastaba con el exceso de atención
mostrado entre ellos. Un Michael excesivamente pendiente de ella, y una Heyden
que en el fondo, parecía querer huir.
·
HEYDEN: ¿Nadie os ha enseñado que es de mala
educación hablar de alguien que se encuentra delante cómo si no existiera?
·
MICHAEL:
¿Y nadie te ha dicho que tanta mala educación es lo que dices como
marcharse cuando se está hablando , y más , si no se tiene una buena excusa?
Su tajante giro de cabeza hacia él fue
determinante. La tensión entre ambos, por motivos desconocidos para Robert, no
podría cortarse por mucho que se intentase.
Avisados por Isabel, todos pasaron a cenar al
comedor . Durante la degustación, ella se mostró pendiente de ambos
hombres pero en silencio, mientras ellos , departían sobre el pasado , presente
y futuro de su relación.
Las anécdotas de ambos lo sobrevolaban todo, y el
ambiente al final se convirtió en algo de a dos . una pareja de amigos que,
observados a media distancia, parecieran conocerse mucho mejor de lo que la tercera
en discordia hubiera pensado, y que visto desde fuera, nadie podría pensar que
no se habrían hasta criado juntos.
Toda aquella situación la relajaba en el fondo. Le
permitía observar las actitudes , especialmente las del hombre con el que ahora
convivía , y que lejos de incomodarse por sentirse observado, disfrutaba siendo
el centro de atención de ella para variar. Sin hacer amago alguno por introducirse entre
ellos, se limitó a recabar información personal de exclusivo interés . Nada que
le interesara a la Agencia. Algo, que le permitiera conocerle más , ya que la
curiosidad podía con ella.
Tan sólo cuando los postres dejaron paso a platos
vacíos, y las copas de vino apenas portaban unas gotas, Robert se dirigió a
ella con la intención de obligarla a participar.
·
SHELDON: Has estado muy callada.
·
HEYDEN: No he querido interrumpiros.
·
SHELDON: No hubiera sido molestia alguna y lo
sabes.
·
HEYDEN: Sí lo sé, pero parecíais estar de lo más
divertidos contándoos anécdotas de una época en donde yo no existía en el mapa
de noticias de actualidad.
Y el móvil de Robert sonó. Él cortó la llamada ,
pero se levantó de la mesa con la intención de devolverla en otra estancia .
Separados por una gran mesa en medio, ella trataba
de provocarle para que iniciase la conversación que estimase oportuna, para que
la primera palabra en abrir aquella
situación nueva fuese él. Y lo logró.
·
MICHAEL:
No te he visto ni hablado contigo desde el sábado, y sin embargo, tengo
la impresión de haber metido la pata en algo y no saber en qué.
·
HEYDEN: No sé por qué lo dices.
Se levantó y se sentó a su lado.
·
MICHAEL: Lo sabes perfectamente. Esa forma de
mirarme al entrar esta noche …………no me
has mirado de otra forma, y sé lo que significa, no es la primera vez que me
reprochas algo. ¿Qué sucede?
·
HEYDEN:
El segundo nombre de la
carpeta aparece en una parte de la
contabilidad de Sheldon. Él ha intentado que lo olvide contándome una historia
un poco inusual considerando que los ingresos procedentes de esas operaciones
que él llama conjuntas , acaban en sus cuentas o en inversiones que él realiza,
pero no tengo forma de llegar a hasta él. Por lo menos de momento.
Bajando la cabeza y negando con ella, daba por
imposible lo que estaba escuchando.
·
HEYDEN: Ellos saben que se dispone a volver.
Esta semana . Saben que prepara algo y que Sheldon está metido o que por lo
menos le facilitará los cauces para que se lleve a cabo.
Su rostro, alzado, cerca del de ella, parecía
preocupado , quejumbroso.
·
MICHAEL: ¿Han vuelto a hablar contigo?
·
HEYDEN: Me están presionando Michael. Quieren
tenerlo todo listo en el lugar donde vaya a estar, porque creen que si lo hace
es que no va a estar solo.
·
MICHAEL: Sanders. – dijo con tono de
resignación-.
·
HEYDEN: Necesito que me pongas en contacto con
él sea como sea .
·
MICHAEL – Sorprendido por tal petición- ¿Yo? Has
perdido el juicio.
Se levantó bruscamente separando la silla de forma
repentina.
·
HEYDEN: No puedo esperar por Robert. Tú no le
viste cuando le saqué el tema.
·
MICHAEL: Tú no sabes lo qué me estás pidiendo.
Su estado de nervios le hacía deambular por la
habitación , deteniéndose sólo cuándo oyó regresar a Robert .
·
SHELDON: Disculpad, pero estaba esperando una confirmación y
debía gestionar algo. Por cierto Michael- éste se dio la vuelta hacia él- conforme venía hacia aquí me estaba
preguntando por cuánto pensabas quedarte.
Miró en primer término a Heyden para después
devolvérsela a él.
·
MICHAEL: No lo sé aún. No depende
de mí.
·
SHELDON: Es que verás, tengo uno de esos
engorrosos actos sociales con reunión de negocios de fondo, y me preguntaba si
te importaría acompañarme.
Ella , callada, no dejaba de mirarle fijamente .
Michael sintió sus ojos clavándose como cuchillos pero no se atrevió a enfrentarse .
·
MICHAEL: La verdad- titubeaba demasiado para lo
que era frecuente en él- pienso que quizás sería mejor que te llevases a
Heyden.
Robert la miró y se mostró dudoso durante unos
minutos.
·
SHELDON: Bueno, también lo había pensado
pero…….. me gustaría que tú también vinieses, ya que lo conoces bien y podrías
ser de mucha ayuda.
·
MICHAEL: ¿Lo conozco bien?
·
SHELDON: Sí, es Bourke.
Su rostro palideció de pronto en lo que su cabeza se dirigía a ella. Respecto a Heyden,
ya estaba dentro y lo sabía. Pero algo
no le terminaba de gustar. Algo no terminaba de casar en toda esta historia: Su
insistencia para que el abogado asistiera por mucho que le conociera.
Un acuerdo de día y hora , y por fin un lugar. Pendiente de retirarse a efectos de poder
comunicarlo tal y como le habían ordenado, poco después de la cena, tras tomar
la última copa, llegó la hora de la retirada.
Nada más marcharse ella de la habitación, conforme
subía la escalera, la voz de Michael la reclamaba desde la base de las misma.
·
MICHAEL: Heyden.
Apoyada en la barandilla, altiva y más relajada que
en instantes anteriores, giró su cabeza
sólo un poco para que le constase que le prestaba atención.
·
MICHAEL: No lo hagas.
·
HEYDEN: Sabes que debo hacerlo.
Él fue subiendo lentamente escalón a escalón.
·
MICHAEL:
Ya has conseguido lo que querías. No les avises, aún no.
·
HEYDEN: Aún
no he conseguido nada Michael, y lo sabes. Todos tenemos
órdenes que cumplir. Tú acompañar a tu cliente a esa reunión, y yo
ejercer mis buenas labores profesionales. Simplemente .
·
MICHAEL: No sabes cómo es. Si se descubre
todo…………..
·
HEYDEN: ¿No crees que ha llegado la hora de que
me lo digas ? Empiezo a estar un poco harta de tus insinuaciones y advertencias
veladas . Quiero razones , y las quiero ya, antes de la fiesta. ¡Dime de una
vez lo que no está en la carpeta y lo que ellos tampoco me cuentan!
La voz de Robert de fondo, reclamándole, hizo que
tuviera que abandonarla allí y dar la
vuelta. Heyden prosiguió su camino hacia su habitación , desde donde comunicó
los datos que necesitaban sin estar del todo convencida ya que esas lagunas de información le
conllevaban una intranquilidad manifiesta bastante poco agradable.
Apenas una hora después, recién acostada pero en
estado de adormecimiento, sentir una mano que le tapaba la boca en la oscuridad
la sobresaltó. Trató de retirársela, pero un cuerpo pesado que no lograba
distinguir se le impedía y con una mano trataba de retenerle los brazos. Sólo
cuando oyó su voz, dejó de resistirse, y él pudo soltarla.
·
HEYDEN: ¡Maldita sea Michael! Me has dado un
susto de muerte.
·
MICHAEL:
Lo siento, pero supuse que
haciéndolo de la otra forma no me
abrirías la puerta o no me dejarías pasar.
·
HEYDEN: ¿Qué diablos quieres ahora?-giró la
cabeza hacia la mesilla de noche y vio que eran cerca de las dos de la
madrugada- ¡Dios! Es tardísimo.
·
MICHAEL:
Heyden, no podía esperar a mañana.
Con su cuerpo aun prácticamente encima, no lograba
poder moverse para colocarse mejor en la cama.
·
HEYDEN: No es que a estas alturas me importe
tenerte así , pero , ¿te importaría levantarte para que pueda sentarme?
Sin demasiado convencimiento sobre porque se lo
decía, ya que su mente se encontraba en
la nebulosa de explicarle lo que creía que debía saber de Bourke y que no podía
permitirse saber por él, cayó en la cuenta cuando ella le empujó con sus manos
en el pecho.
·
MICHAEL: Perdona.
Ella se sentó apoyándola espalda en la pared. Al
sentirse incómoda, colocó la otra almohada detrás. Cruzó los brazos sobre el
pecho y esperó dispuesta a escuchar lo que él tenía que contarle.
·
HEYDEN: Bien, soy toda oídos.
·
MICHAEL:
Decirte que tengas cuidado
supongo que será inútil.
·
HEYDEN: Me lo llevas diciendo muchos años
Michael.
·
MICHAEL: Pero esta vez es diferente. Conozco
demasiado bien a Bourke, mucho mejor que a Robert para ser sincero. Por lo
menos desde hace más años. Sé cómo empezó, y sí, es cierto lo que Sanders te
dijo. Yo comencé a favorecerle rutas
posibles y mercados. Le presenté gente, unos de los últimos Robert. Al principio todo iba bien. No todo era
sospechoso, pero cada uno tenía su papel y sabía lo que debía hacer y , nadie
se metía en lo del otro. De pronto, un
día, cambió. No sé cómo no lo vi venir. Se volvió ambicioso, imprudente y muy
desconfiado. Le dije que debía delegar en más gente de confianza pero nunca a
me escuchó. Prefería hacer las cosas por su cuenta me decía. Y tanto que le
gustaba ensuciarse las manos con tal de asegurarse de que el resultado era el
esperado. Heyden, un día vine de una
reunión con unos clientes. Entré al salón para hablar con él, y me encontré con
dos tipos con capuchas en la cabeza arrodillados delante suya . me miró, se la
quitó a uno de ellos , y con su pistola
de culata de nácar apuntando a la sien, apretó el gatillo y le voló la cabeza.
Acto seguido, repitió lo mismo con el otro individuo. Yo apenas podía articular palabra, y
él………sonreía tranquilo dejando la
pistola encima de la mesa y mirándose el traje por las salpicaduras de
sangre que se le habían esparció por
todo él, y se ofuscó porque era un traje carísimo y no sabría si quedaría bien
después de intentar quitarle las manchas.
Me ofreció una copa, y yo aún era incapaz de reaccionar. Y él sin
embargo, estaba como si no hubiera sucedido nada.
Heyden…………….
·
HEYDEN: Vaya. Un tipo con una particular sangre
fría. – restándole importancia- No le veo diferencia con respecto a otros.
Él se levantó de la cama muy alterado.
·
MICHAEL: Es un tipo muy oscuro Heyden. Es más
peligroso por lo que no muestra que cuando lo hace. No son sus arranques a lo que hay que temerle, sino
cuando está tranquilo.
·
HEYDEN: ¿Qué más?
·
MICHAEL: ¿Más?
·
HEYDEN: hay algo que no me cuentas de él. necesito saber sus puntos débiles. Todos los
tenemos , y el de éste no es el dinero evidentemente, porque le sobra. Tú dices
que le conoces mejor que nadie. Dime lo que quiero saber.
Él conocía la respuesta . Sabía perfectamente lo
que debía decirle , pero temía que aquello sólo alentara aún más sus ganas de
acercarse a él.
·
HEYDEN: Vamos Michael. Dime lo que le apasiona,
lo que le gusta realmente. Dime hasta qué punto puede ser tan oscuro como débil
en cierta forma.
Aquel tono mostrado por ella , de gusto y
curiosidad morbosa mezclados a partes
iguales , le incomodaba, pero dado que ella quería una respuesta , se la
daría.
·
MICHAEL: Tú.
Ella incorporó su cuerpo hacia delante sorprendida.
·
MICHAEL: Lo que podría ser a priori un hándicap ,
no conocerte, se convierte en una ventaja por su parte por el simple hecho de
tener relación con Robert. Su mayor
debilidad son las mujeres de carácter y que sepan lo que hay . Sinceras , que
demuestren fuerza y sepan lo que quieren. Pero si además trabajan para Robert,
resultas una auténtica tentación.
·
HEYDEN: Vaya. Así que le van ……..
·
MICHAEL: - Visiblemente preocupado y molesto-
Heyden ¡por favor! No trates de acercarte a ese tío. No es un tema de fiarse o
no, que sabes que no puedes hacerlo, pero es destructivo y…………….. ¿Quieres que
hable con Sanders? – por su cara sabía que no debía ni intentarlo- ¡Pues hazlo
tú y que envíen a otra persona!
·
HEYDEN: No voy a hacer eso. Ya estoy dentro y no
voy a salir. Esto seguirá adelante, con o sin tu ayuda.
Y entre la rabia y la impotencia que lo consumía ,
se marchó a toda prisa de allí, mientras su salida de la habitación de ella, de
forma sigilosa aunque alterado, no pasó desapercibido para Sheldon que salía de
su despacho dirigiéndose a su dormitorio en ese instante . Extrañado , miró su
reloj para confirmar la hora respecto de la que se supone que ella debía de
estar durmiendo a juzgar por su retirada, y se mantuvo allí de pie, hasta que
vio al abogado bajar las escaleras.
No resultaba nada fácil definir el estado en
el que todos parecían encontrarse dos días
después.
Michael y Robert , adecuadamente uniformados para la
ocasión esperaron a una increíble Heyden con al que ambos parecieron quedar muy
sorprendidos observándola bajar por aquellas escaleras con un impresionante
vestido de noche de escote prominente
hasta la cintura en tono azul marino muy oscuro, de corte estilizado , y sostenido por dos tirantas de pedrería final sobre
sus hombros.
Ante el gesto de ambos hombres, su complacencia no
podía superarse, al menos de momento. Y aun habiendo llegado hasta ellos, ninguno
fue capaz de articular palabra.
·
HEYDEN: Puesto que ninguno de los dos sois
capaces de decirme nada, me tomaré vuestra reacción como un cumplido, y lo
cierto es, que resulta agradable que te admiren de esa forma, pero si
continuamos aquí llegaremos tarde. ¿Nos vamos?
Robert le brindó su brazo para acompañarla hasta el
coche , ante un Michael que parecía no terminar de reaccionar.
Con destino a uno de los hoteles reformados y recientemente reinaugurados más afamados de toda la ciudad, se dispusieron
a coger uno de los ascensores con destino a una de las suites dobles de las seis que poseía la instalación.
Una vez las puertas del elevador se abrieron, la
expectación creció al tratarse de una fiesta con abundante asistencia de gente
fácilmente reconocible del mundo del espectáculo e incluso de la política. Bourke no había perdido las formas sabiendo cómo
organizar lo que podría denominarse, según acuñamiento propio, “fiestas
tapaderas”; pero a partir de ahora, el resto de las instrucciones sobre el
desenvolvimiento de la velada, era algo que sólo un hombre conocía, y ese era
Sheldon.
Dos copas más tarde , algo de conversación mantenida con algunos
invitados , y un observador. Alguien que se encontraba departiendo en un
corrillo de hombres de mediana edad en la parte alta de la suite dúplex, y que
por un instante giró su cabeza porque le parecía haber visto algo que le
llamaba poderosamente la atención. Ese hombre era Bourke, y el objeto de su
capricho visual, ella.
Pronto, reconoció a sus acompañantes , pero lejos
de volver al grupo de personas en el que se encontraba, permaneció apoyado a la
barandilla degustando la visión de algo que podría convertirse en su nuevo
centro de atención.
Su hombre de confianza , pendiente de él como
siempre, captó en seguida el objeto que centraba su mundo en ese instante ,
acercándose a él de inmediato.
·
AYUDANTE: Es la nueva asesora financiera de
Sheldon.
Bourke se sonrió ligeramente.
·
BOURKE: Su nueva asesora financiera. ¿Sabes algo
más?
·
AYUDANTE: Dependiendo de qué más quiera saber.
Mirándolo.
·
BOURKE: Todo.
·
AYUDANTE: Bien.
·
BOURKE: Y por cierto, urge. Como si te lo
hubiese pedido para ayer.
Cuando más distendidos se encontraban los tres
invitados en el salón de la suite, una voz varonil y fuerte les derivó su
objetivo visual.
·
BOURKE: ¡Sheldon!
·
SHELDON: John.
Ella , que se encontraba de espaladas en ese
instante, se dio la vuelta y su rostro quedó casi petrificado en los ojos azul
verdosos de aquel hombre. De porte alto , elegante, y aparentes correctas
formas, sin haber tenido posibilidad de conocer su aspecto previamente, procuró
comportarse con la normalidad que ella misma esperaba expresar, salvo por la
incomodidad que le causaba mirarle fijamente a los ojos, algo que no podía
evitar, ni debía.
Sin dejar de observarla, decidió dirigirse a Michael
en segundo lugar.
·
BOURKE: Vaya , vaya , vaya, esto si que no me lo
esperaba Fassworth ¡Cuánto tiempo!
·
MICHAEL: También me alegra verte John.
La tensión entre ambos se percibía en el ambiente . hacía mucho que
no se veían, y de las expresiones, de lo forzado que parecía hasta el
estrechamiento de sus manos, se deducía que no había resultado una relación fácil.
Hasta que le llegó el turno a ella. Bourke suavizó
su gesto con una media sonrisa natural que parecía darle otro aspecto. Sin dejar de contemplarla complacido, y ante
la inquietud de Michael por la situación que se estaba generando y a la que ya
estaba habituado por situaciones anteriores, el anfitrión se dirigió a Robert
para que ejerciera de maestro de ceremonias en la presentación.
·
BORUKE: Robert, ¿no vas a presentarme a la dama que os
acompaña?
La incomodidad de la situación no era algo
exclusivo de Fassworth. A Robert, todas
aquellas caras, aquellos gestos, aquel incipiente y malsano interés , ya lo había
vivido anteriormente en sus propias carnes, y con cierto temor a ver repetir
ciertas historias pasadas, procedió a presentarles.
·
SHELDON: Por supuesto , disculpa. John, esta es
Heyden Nash, mi nueva asesora financiera.
Le extendió la mano con la intención de estrechársela,
y ella le correspondió.
·
BOURKE : Realmente he de felicitarte por el
gusto Robert, porque conociéndote , estoy seguro de que su atractivo sólo es
equiparable a su inestimable profesionalidad. Es un placer conocerla ¿Srta.?
Nash.
Acostumbrada a distinguir los elogios sinceros de
los dichos por convencimiento pulcro interés, procuró adoptar el papel que debía
desempeñar de la forma más rápida posible.
·
HEYDEN: Siento diferir en su argumentación de
felicitación Sr. Bourke, la belleza siempre depende de la subjetividad del
observador, por lo que nunca es comparable a la profesionalidad objetivamente comprobable,
y sí, respondiendo a su pregunta , es Srta. Nash. Para mí también es un placer
conocerle.
Con la sonrisa interna más gloriosa que podía
sentir en ese instante, Michael trató de disimular sin lograrlo en demasía,
mientras Robert quedaba notablemente sorprendido por su capacidad de resolución
.
Reacción, que lejos de molestar al generador de
aquel evento, le produjo mucha más curiosidad si cabe por conocer a aquella
mujer , y por comprobar qué es lo que realmente Sheldon había visto en ella.
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos Reservados.

Sin lugar a dudas, Ana Patricia una deliciosa lectura y créeme que ya la extrañaba, tarde pero segura y totalmente complacida. inquieta por saber en que continua.
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