LA LLAMADA DE LA
SANGRE
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CAPITULO TERCERO (
Primera parte)
Otra vez amanecía lloviendo en Londres. ¿Cuándo podrían disfrutar de
algo de sol que calentase las almas de los penitentes que apenas siendo las
cuatro de la mañana, ya debían
disponerse a caminar por aquellas frías y húmedas calles hacia sus lugares de
trabajo?
Nada más asomarse a la ventana , con su taza de té humeante en las
manos, la sensación de frío le coló por dentro de la ropa. Aquellas nubes
negras y los relámpagos juguetones entre ellas, le traían vagos recuerdos. Los mismos que le
producían el entumecimiento de las manos y un cierto sabor metálico en la boca.
Tras dos días de merecido descanso hogareño, en contraprestación por las guardias
realizadas, aquella mañana tocó volver a una nueva e impredecible jornada en el hospital.
Durante todo el trayecto en el metro , cuya parada la dejaba apenas a
cincuenta metros de la puerta del centro, trató de recordar mentalmente su
agenda, pero unos ojos grandes, azul intenso y
desgarradores, se le cruzaron, y
entonces, sólo un pensamiento vino a su mente ¿Qué era lo que querían decirle?
Tratando de descartar cualquier idea sobre ellos o sus supuestos
mensajes , nada más entrar por el vestíbulo y
firmar el registro, recogió su correo y fichó. De nuevo el ascensor se abría ante su planta
, recibiéndola con la tranquilidad acostumbrada a esas horas. Paz , solo rota por un ligero timbre acusado de voz
que la asaltó nada más entrar en el cuarto para dejar sus cosas.
·
AUX. ENFERMERIA: Buenos días.
Una sonrisa deliciosa y mucha vitalidad , resultaba posiblemente, el
mejor arma para comenzar la jornada y la próxima semana de guardia a la que le
tocaría enfrentarse, y de la que acababa de recibir notificación.
·
CASEY: Buenos días. ¿Alguna novedad?
·
AUX. ENFERMERÍA : Me permití ordenarle los historiales
según preferencia del doctor .
Casey continuaba leyendo atenta
su correo .
·
CASEY: Gracias, eso facilita mucho las cosas.
¿Algo más?
·
AUX. ENFERMERÍA: Depende.
Aquel tono misterioso hizo que lo dejase todo encima de la mesa y el
centro de su atención cambiase.
·
AUX. ENFERMERÍA: El paciente milagro ya tiene
identidad. Kilian Ewan.
·
CASEY: Kilian. ¿Irlandés quizás?
·
AUX. ENFERMERÍA: Eso sí que no hemos podido
averiguarlo. Apenas recordaba nada, pero
en cuanto el doctor le preguntó su nombre pareció estar muy seguro. E incluso
se acordaba de haber estado conduciendo, poco antes del impacto.
·
CASEY: ¿Pero no cómo se produjo el accidente ni
qué lo provocó?
·
AUX. Enfermería: No, me temo.
·
CASEY: ¿Y su familia?
·
AUX. ENFERMERIA: No tiene a nadie aquí. Según él
están fuera , por negocios , y prefería no avisarles y que se enteraran. Ahora
tengo que irme, he de prepararlo todo para cuando empecemos con los aseos .
·
CASEY: Gracias.
Pero cuando se disponía a atravesar la puerta , algo la hizo detenerse
y volverse hacia ella.
·
AUX. ENFERMERÍA: ¡Ah! Por cierto, se me olvidaba
un pequeño detalle. Preguntó por usted.
·
CASEY: - sorprendida - ¿Por mí?
·
AUX. ENFERMERÍA: Sí.
·
CASEY: ¿Dijo algo más?
·
AUX.
ENFERMERÍA: Nada . Sólo preguntó.
Y se marchó para prepararlo todo en el cuarto de baños.
Kilian………..Indefectiblemente todo lo que tuviera su origen en aquellos
tiempos remotos , todo, le traía a la memoria la búsqueda de su sentido. Involuntariamente,
su mente había aprendido a ubicar los significados de los nombres ancestrales ,
aunque fueran muy presentes quiénes los portaban.
Kilian………. (Combate. Nombre muy habitual y conocido tanto en Irlanda
como en Gran Bretaña , aunque de origen Celta-Irlandés). Ese sonido. Debía
dejar de pensar de esa forma . Pese a no poseer más datos sobre él para poder
determinar aproximativamente su edad, la tendencia de ciertos padres a
denominar a sus hijos de una u otra forma, no siempre determinaba ni su origen
ni el lazo de nacimiento ancestral . Por un instante, en su vuelta a la
normalidad, sacudió su cabeza y pensó que sólo serían meras casualidades. Una
de tantas que podría haber tenido o tendría durante su carrera .
Tras ojear los historiales e irlos ubicando tal y como la joven
auxiliar se los hubo preparado, salió del habitáculo para repasar el listado de
medicamentos que debían ser distribuidos esa mañana para firmar la conformidad.
Encontrándose en el mostrador situado en mitad de la sala , como si de una
torre de control aeroportuaria se tratara, sintió la necesidad imperiosa de doblar su
cabeza hacia uno de los lados, su derecha. Con la sala casi en penumbra y
apenas unas tenues luces en el suelo , más la reflejada en los monitores de
ordenador que la rodeaban y la de los pilotos de las máquinas, sin nadie más
allí en ese momento, sus ojos no pudieron evitar no apartar la vista de aquel
fondo oscuro. De aquel horizonte cercano que sin serlo, le pareció diferente.
Sabía que la distancia desde donde se encontraba hasta ese punto que
miraba no era tanta. Sabía que al fondo sólo había una pared con una puerta
auxiliar a su derecha . Sabía que sólo
había camas y enfermos sedados , pero ¿
por qué esa necesidad ? ¿Qué la atrajo a
mirar y centrarse buscando algo
que sólo ella creía que estaba al final de aquel negro casi teñido de
gris ?
No podía verlo. No podía ver nada . La oscuridad no le dejaba . Pero
sabía que algo la estaba llamando a hacerlo. A dejar de prestar atención en lo
que tenía entre las manos y a buscarle. Se sintió observada por alguien que , de píe entre esa inmensa
oscuridad , no dejaba de llamarla sin palabras qué decir ni voz que pronunciar.
Y de pronto, las luces del techo fueron encendiéndose progresivamente , y la
oscuridad desapareció. Y con ella, los gritos ahogados de quién reclamaba su
atención . Alguien que no podía ver , ni escuchar. Alguien que estaba allí ,y
sólo ella podía sentir.
Y con la luz , también como de
la nada, comenzó a incorporarse el resto
del personal que debía estar presente a primera hora . Los que entraban frescos
después del merecido descanso, como ella, y los que habían estado de guardia y
debían proseguir.
Sí, la luz lo iluminó todo, y pese
a que la visión producto de su cabeza , producto más de un deseo extrañamente
interno que de una realidad evidente,
había desaparecido, para ella, continuaba estando ahí, en el mismo lugar
, al menos durante los segundos subsiguientes.
Sólo camas con pacientes inconscientes , en plácido sueño. Nada más.
Una ronda que ella comenzaría una vez las auxiliares hubieran
finalizado, pero antes que todo eso, no pudo evitar dejar todo lo que portaban
sus manos encima del mostrador, y acercarse lentamente hacia el punto en cuestión, mientras su
cabeza, intentaba luchar contra su
creencia , recordándole que allí no había nada .
Qué diferente parecía aquella especie de vía o camino dejado entre las
camas convenientemente alineadas. Con la luz de las lámparas , hasta las
baldosas del suelo, en las que nunca se había percatado, le parecían distintas.
Un andar lento y casi
angustioso . Uno tras otro, aquellos pasos parecían haber sido recorridos antes.
Alguien que había dejado sus huellas no visibles . Huellas que seguían
apareciendo a lo largo de aquel camino
de baldosas blancas y camas que parecían
difuminarse. Sensación extraña la que percibía en ese deambular . Un cuerpo ,
el suyo, que sintió como un frío gélido le ascendía por la espalda conforme más hacia delante iba. Hasta que se detuvo. Algo
la impidió continuar. Algo en su
interior le decía que aquel punto, justo dónde se encontraba, era dónde debía
quedarse.
Sólo pudo mover sus ojos hacia su derecha . Las huellas se detenían
justo delante de una cama, la última de ese lado, la del “paciente milagro”. Continúo ascendiendo la cabeza para
proseguir por toda la sábana hasta encontrarse con su rostro. Unos ojos muy
intensos y abiertos de par en par, que la observaban sin pestañear, mientras el
frío desaparecía y una inconmensurable y extraña sensación de paz, se apoderó
de ella por sólo unos segundos. Tiempo interrumpido, por el médico que se encontraba de guardia
esa mañana cuando la agarró del brazo, y
que la requería para entregarle una documentación de inmediato.
Y pese a darse la vuelta, pese
a no volver a mirar hacia detrás, sentía como aquellos ojos continuaban
vigilantes .
Por más que trató de evitarlo, sabía que debía cumplir con su labor.
Retrasó todo lo que pudo el momento de volver a la última cama de la derecha,
pero no poseía una excusa lo suficientemente
razonable como para que lo atendiera ninguna otra de las enfermeras. Se
le tenía asignado, y no sólo para ese día, sino para el resto de la semana en
que debía permanecer allí, y aunque la idea no le atrajese lo más mínimo , puesto
que aquel hombre lograba incomodarla sin
saber por qué, su concepto de deber le podía.
Intentando guardar en lo posible las formas y, sin olvidar en ningún
momento la clase de profesional que era, cogió la bandeja con toda la
medicación , los sueros y la tablilla de anotaciones, y se dispuso a acercarse
a él.
Nada más llegar, aquellos ojos que la habían observado antes aún continuaban haciéndolo, sólo que esta vez
, su gesto se denotaba cambiado. Un tibio “buenos días “ por su parte ,
evitando mirarle de forma directa a su cara, y sin respuesta por parte de él,
fue la mejor forma que encontró para poder cumplir su obligación .
Una vez depositadas las medicinas para tomar vía oral en un pequeñísimo vasito plástico, procedió a
quitarle los sueros antiguos para instalarle los nuevos.
Retiró los apósitos que mantenían fija la palometa , limpió la zona, y
procedió a colocarle los nuevos con sumo cuidado, para finalizar conectándole los medicamentos
vía intravenosa. Cuando se hubo asegurado de que todo marchaba correctamente y
se disponía a soltar su mano encima de la cama, él, una vez más, la retuvo.
De forma involuntaria , no pudo evitar mirarle esta vez, y al mismo
tiempo que lo hacía, aquella sensación de paz inmensa volvía a hacerse con
ella. Su mirada era muy distinta ahora. Ciertamente no imponía tanto. Parecía
tranquilo, aunque no dejaba de ser un auténtico misterio humano. Sin datos, sin
familia que le visitase y a quién preguntar. Sin………………. Hasta que ella resonó.
·
KILIAN: Lo siento.
Su voz capaz de imbuir a quién la escuchaba en ese mismo mar de paz y tranquilidad
que transmitía. Una voz imponente pero dulce , sincera.
·
KILIAN: Por el susto del otro día.
Ella miró hacia su mano, aún cogida por él y sin visos de ser soltada,
para volver a aquel rostro del que no parecía poder desprenderse información alguna.
·
CASEY: No tiene por qué disculparse. Al
contrario, es una suerte que lo hiciera .
·
KILIAN: Pero al no esperárselo …
·
CASEY: Le puedo asegurar que estoy más que
acostumbrada a que estas cosas sucedan de esa forma, de hecho, es lo habitual
aquí. Muchos de los pacientes que permanecen en esta planta llevan mucho más
tiempo inconscientes del que usted ha estado.
Volvió a mirar su mano retenida con la esperanza de que él la
soltase pero no fue así hasta que
alguien llegó .
·
AUX. ENFERMERÍA: ¡Vaya! Buenos días Sr. Ewan.
¿Qué tal se encuentra esta mañana?
·
KILIAN: Mejor,
gracias.
·
AUX. ENFERMERÍA: Bueno, me alegro que sea así. Si
necesita algo ya sabe dónde encontrarme. Le dejo en la mejor de las compañías.
·
KILIAN: Sin duda.
Ella, que se encontraba observando a la inquieta joven, volvió de
forma pronta a observarle al escucharle contestar. Aquella aparente dulzura ,
se había transformado en un interés casi obsceno por la forma de mirarla. Su
tono de voz, estudiado con mucho cuidado, mostraba una sinuosidad que sólo
podría ser perceptible a través del tacto, y aun así, cuando lo lógico hubiera
sido marcharse, prefirió permanecer allí , a su lado.
·
CASEY: Me dijeron que preguntó por mí.
·
KILIAN: Cierto.
·
CASEY: Podría decirme con qué intención.
·
KILIAN: Vi su rostro , asustado, pálido, pese a
la habitualidad de la que ha hecho gala hace unos instantes.
·
CASEY: Mi nivel de concentración en mi trabajo hace que hasta lo más habitual pueda ser recibido de forma
impredecible, y más a esas horas, con el silencio reinante en la sala.
Se acercó a la mesita-bandeja y
recogió en recipiente plástico que había traído con todo lo desechable .
·
CASEY: Será mejor que le deje descansar y yo prosiga mi trabajo. El médico pasará
pronto a verle. Con suerte, si se encuentra mejor , pronto le bajarán a planta.
Se dio la vuelta con la intención de marcharse, pero algo le impidió
proseguir. Al girarse y mirar, comprobó como
el borde exterior de su bata era retenido por parte de sus dedos .
Y de nuevo aquel escalofrío que ella era capaz de sentir familiar.
Aquella imagen, aquella escena………….Aturdida, decidió continuar tirando, con la
mano que le quedaba libre , de la falda , soltándose.
Al llegar a la dependencia dónde se encontraban los bidones de
aislamiento de la basura hospitalaria, con la sensación de escalofrío aún en su
cuerpo, apoyada en el mostrador de mármol, una imagen vino por si sola a su
mente. La de aquel paciente misterioso de la “celda nº 5”, con el que , sin
haber intercambiado ni una sola palabra, decidió llamarla su atención de la
misma forma mientras le afeitaba, pero entonces, siendo el pesado faldón de
novicia lo que trababa con apenas dos de sus dedos. El paciente de los ojos
profundos y la mirada inquieta, de los miedos subsumidos bajo apariencia de
normalidad, que se llevaría consigo el día que se despidió de él en el puerto ,
hace ya…………….demasiado tiempo.
Brian, al que no había vuelto a ver desde entonces, y del que apenas
le habían llegado noticias , al no quedar nadie en común al que preguntarle.
Todo y lo único que siempre necesitó, cuando no eran más que Veleda y
Eiden. Una druidesa aún iniciática y un joven aguerrido , uno de los dos hijos consanguíneos
del jefe de un clan al que todos temían
, en una tribu en lucha continua por la dominación de nuevos territorios , y
dónde sus enemigos , siempre parecían tener las de perder . Un tiempo en el que
la prohibición incluso de acercarse no era ya nada para él, tras sólo ver parte de su rostro. Unas normas que ambos , en secreto , incumplieron ,
hasta que el tiempo y las maldiciones usadas como castigo entre los suyos, les
separaron .
Un Eiden que, convertido desde tiempos inmemoriales en Brian Cárthaigh,
se despedía de ella con los ojos enjugados de lágrimas . Una imagen que
irremediablemente , como siempre que había vuelto a reproducirse, le causaba
una honda presión en el pecho con la que le resultaba muy difícil respirar o
seguir adelante.
Recuerdos……….Personas…….Pasado. Un pasado que se aferraba a ella de
forma salvaje sin dejarla respirar una vez más por algo que no era capaz de
entender aún. Pero era el presente el
que la reclamaba. Un presente en forma de obligaciones hospitalarias, y al que
las alarmas de las bombas de sedación , sonando a la par en varios puntos de la
sala, la devolvían .
Siendo consciente de que se encontraba bajo la atenta mirada de un Kilian
situado en un lugar privilegiado de la
sala, el cual que tampoco cejaba en su
empeño por tratar de prestarle la atención debida al médico que le visitaba,
Casey desarrolló con normalidad el resto de la jornada. Salvo aquellas palabras
tempranas, ninguna más fue intercambiada entre ellos, pese a habérsele sido
adjudicado a su servicio y habiendo tenido que controlarle con regularidad.
Sólo miradas, pero nunca normales . Mensajes que parecían indescifrables en ese
instante y que ella no supo
interpretar, pero para nada banales , de
eso estaba segura.
Al igual que las palabras no hicieron acto de presencia, la sensación
de incomodidad al estar a su lado fue
desapareciendo, llegando a sentirse hasta extrañamente confortable.
Pasada la media noche, mientras realizaba las últimas anotaciones
hasta la próxima revisión, tres horas más tarde, con él aparentemente
durmiendo, no pudo evitar observarle. Al principio , simplemente por encima de la tablilla de
anotaciones , pero conforme avanzaron los minutos, ésta fue descendiendo ,
quedando su rostro a merced de aquel extraño sujeto y de la inquietante sensación que la abarcaba
por completo estando allí.
No sabía quién era, pero allí, con aquel rostro tranquilo y dormido,
las angulosas y marcadas líneas de su cara , aquella expresión que parecía
formársele, le seguían resultando tremendamente conocidas. Repasando sus datos habidos en la tablilla, y
la información que portaba en la carpeta que llevaba entre las manos ,
intentaba enlazar datos sin conseguir
nada. Así que , desistiendo, se dio media vuelta para marcharse, mientras
Kilian, que sólo aparentaba encontrarse en plena ensoñación, abría sus ojos
para seguir cada uno de sus pasos dados.
Dada la hora y la guardia que se le venía por delante, antes de una nueva ronda, quiso
recostarse. Nunca un sueño a destiempo como este podría lograr relajarla , ni
siquiera se podía considerar descanso ya que apenas se cerraban los ojos, había
que volver a estar en píe, pero sí se conseguía cierta evasión , favorecida por
el silencio de la planta a esas horas.
Lejos de la idea inicial con la que recostaba su cuerpo en aquella
cama , el sueño parecía hacer de las suyas nada más apoyar su cabeza en la
almohada. Y con la misma rapidez que Morfeo se apoderaba de ella, la pesadez en
ese estado no se hizo esperar. Una sensación casi de incapacidad para moverse ,
de igual manera que si tuviera un cuerpo pesado encima suyo que se lo
impidiese, y sin embargo , notaba desplazarse, como si alguien o algo tirase de
ella . Era una fuerza muy intensa . Se veía así misma en mitad de una oscuridad
absoluta , con la retención en el pecho y sin embargo, sintiéndose arrastrada
hacia delante por algo que no lograba definir. Hasta que la sensación de
movimiento desapareció , al igual que la presión en el pecho.
Suspendida, flotando en un aire que la hacía mucho más liviana de la
realidad, comenzó a percibir una sensación de paz inmensa y liberación, hasta
que se miró las manos , y éstas , ensangrentadas, portaban algo brillante en
una de sus partes . Con dificultad para
ver qué era, todo parecía borroso , y un aire fuerte con cierto olor metálico
se le introdujo por la nariz hasta el sentido del gusto.
Un dolor inesperado e intenso en el pecho hizo que su cuerpo , en
aquella cama, se retorciese hasta un punto casi sobrehumano. Mientras, en su
subconsciente, volvía a mirar hacia sus manos, y la imagen antes borrosa, se convertía en un instrumento harto
familiar que del pasado , parecía
recobrar auténtica certeza. Y aquel
puñal , con su hoja ensangrentada, se calló sólo de sus manos desapareciendo
entre el inmenso vacío de un fondo sin límite bajo sus pies.
Y el dolor fue suavizando su estigma , agudo y certero, mientras aquel
cuerpo a merced de algo que desconocía, era invadido por un frío inmenso que no
cesaba . Alzó su cabeza, y delante suyo, una sombra se le apareció. La misma,
se giró ligeramente , pero en ese momento algo tiró de ella hacia delante con mucha
fuerza, y sin que pudiera resistirse , sólo pudo dejarse llevar a un lugar qué
desconocía.
Sólo una luz cegadora en la cara , que en la realidad se transformaba
en una mano amiga que trataba de despertarla
agarrándola por el hombro , y una
sensación turbia en su boca, le hicieron pensar que todo había resultado
sólo un mal sueño ¿ o no?
·
WILLIAM: ¡Eh! Profundo sueño el tuyo.
Aún aturdida y dolorida como si acabasen de darle una paliza, trató de
incorporarse. El buen doctor, al verle
la cara , se preocupó.
·
WILLIAM: ¿Te encuentras bien?
·
CASEY: No lo sé.
·
WILLIAM: Estás algo pálida y sudorosa ¿No
estarás incubando nada?
Se tocó al frente y el cuello con una de las manos, y la mezcla de
humedad y piel fría le resultó del todo desagradable. Pese a sus intentos por comprender qué estaba
pasando, su desconcierto se reflejaba en su expresión.
Al notarla confusa , decidió seguir insistiendo.
·
WILLIAM: ¿Casey?
Sin demasiada claridad, reaccionó como pudo e intentó responderle algo
mínimamente coherente.
·
CASEY: ¿Incubar algo? No.
·
WILLIAM: ¿Estás segura? Sería preferible que te
quedases aquí echada un poco más.
·
CASEY: No. Será mejor que vuelva.
·
WILLIAM: ¿Segura? No me importe cubrirte un par de horas.
·
CASEY: Gracias William, no hará falta. En cuanto
beba algo de café me encontraré repuesta.
·
WILLIAM : Bien, como quieras. Te espero en el
puesto .
·
CASEY: Sí, en seguida iré.
No se encontraba repuesta del todo , y lo sabía. Aquel sabor extraño y
ligero a metal aún permanecía en su boca sin saber por qué, y el dolor en su
cuerpo no disminuía. Se encontraba muy agotada sin motivo aparente, y una
necesidad imperiosa por saciar una duda surgida , abarcó su mente hasta la hora
de salir. Pero mientras, había que
continuar la jornada de guardia.
La última inspección del día para acabar la jornada y que los
compañeros que entraban frescos en ese nuevo turno ocupasen sus lugares
respectivos, y una vez más, se encontró ante aquella cama.
El dolor se fue mitigando y el cansancio desapareciendo
conforme atravesaba aquella especie de círculo que parecía rodearle. Aunque no
quisiera creer en que todo aquello resultaba bastante extraño, lo cierto, es que aquel lugar parecía poseer un áurea
que sólo ella era capaz de captar . Algo que no se veía pero sí se sentía y que
una vez penetrado, al salir de su halo de protección, no parecía desaparecer, y
sólo un deseo ese día, que su jornada llegase a su fín y poder regresar a casa.
Con miradas desesperadas a su reloj de muñeca, las horas no parecían
pasar. El segundero marchaba más lento
de lo que debía a juicio de unos ojos,
los suyos, que andaban muy confundidos, y que sólo encontraron el alivio que
necesitaban cuando fichó su salida.
Eran aproximadamente las cinco de la mañana y aún no había amanecido.
Dispuesta a llegar al andén de metro justo a tiempo de coger el primero que
debía pasar y llevarla a casa, caminó todo lo deprisa que su cuerpo era capaz
de dar para lograrlo.
En el parking al aire libre apenas quedaban coches , y en la calle,
húmeda aún por la lluvia continua que apenas había decidido detenerse hacía una
hora, el frío se colaba
entre las ropas de abrigo .
En la puerta exterior del hospital, tratando de cerrar aún más su chaquetón, se dispuso a salir cuando, nada más dar un
solo paso, algo le decía que debía echar un vistazo general porque no se
encontraba sola. Con una visibilidad bastante disminuida por las condiciones
del sitio y las horas , sin querer
demorarse mucho más, salió decidida a no detenerse , pero nada más encontrarse
fuera del aparcamiento y en plena calle, sola, le pareció estar seguida por
alguien.
Detenida en seco se dio la
vuelta , y con sus ojos hacia todas partes
, no logró ver nada.
Continuó andando, y la sensación proseguía, cada vez más cerca. Con
cada acelerón de pasos que ella daba o si arrancaba a correr, aquello que la
perseguía , le iba detrás. No podía definir qué era. Ni siquiera en el andén,
dónde mantenía la sensación de vigilancia cercana, fue capaz de ver nada ni a nadie. La
tranquilidad sólo le llegó , cuando pudo
subirse al vagón que tras media hora de trayecto , la dejaría cerca de sus
casa.
Vigilante , trató de atravesar los casi cien metros que le separaban
desde la parada de llegada hasta la puerta de su casa lo antes posible. Sin
percatarse de ser seguida , ni de que el sonido de pasos , por pequeños que
éstos pudiesen ser, estuvieran acercándose a sus espaldas a punto de abordarla,
cuando llegó a la puerta de su casa , algo que sí no era habitual , parecía
esperarla en frente de la puerta.
Con la llave en la mano a punto de introducirla en la cerradura,
sintió la necesidad de darse la vuelta, de mirar a su espalda. Introdujo la
llave antes de hacerlo, y sin soltarla, fue girando parte de su cuerpo. En la acera de en frente , en absoluta
penumbra , ya que las farolas de esa calle sólo se encontraban en su lado , dos
especies de pequeñas luces blancas , muy brillantes, parecían moverse a ratos,
intercalando su movimiento , con la quietud más absoluta y centrada en ella.
Sin saber exactamente de qué se trataba, su instinto le decía que aquello
parecían ser ojos, y que por la altura de quién los portaba, más parecería
animal que humano su ser .
De forma casi imperceptible, y sin dejar de mirar hacia lo que se
encontraba a su espalda, fue girando lentamente la llave con la intención de
abrir la puerta y adentrarse en la casa a toda velocidad. Cuando lo hubo hecho,
dispuesta a entrar , las misteriosas y pequeñas luces desaparecieron, y ante su
temor fundado de que pudiese tratarse de un animal , no esperó a que
reapareciesen , entrando a toda prisa en el interior del vestíbulo. Desde allí, cerró de nuevo la puerta con la llave y sus fechillos , y observó
durante un instante a través del pequeño ventanuco lateral . Las dos pequeñas
luces se encontraban allí de nuevo, para desaparecer instantes después.
Tras dejar las llaves encima de
la consola situada a la izquierda de la entrada, subió las escaleras y se dirigió a su cuarto. Cogió
un pequeño banco , abrió el armario y lo
colocó junto a las estanterías. Se subió a él, y tras apartar tirando al suelo
alguna de las cosas que se encontraban en el altillo, logró su objetivo: una
caja de madera añeja, la cual cogió con mucho cuidado.
Se sentó en la cama, la colocó encima de la colcha , y la observó
mientras respiraba hondamente.
Con el cuerpo temblándole , la abrió. En su interior, un pañuelo negro simulando
seda , guardaba algo tras sus pliegues . Aquello que resguardaba era su mayor
tesoro, el “Libro”.
Con él en las manos, fue retirando la tela que lo recubría con mucho
cuidado hasta dejarlo a la vista. Con
apariencia de un libro normal, como cualquier otro, con sus tapas envejecidas y
los bordes de sus páginas amarillentas, esa obra era y representaba su vida, lo
que nunca dejaría de ser y lo sería toda su vida. Aquello que había preferido
dejar aparcado en un lado de su memoria, y que ahora parecía verse obligada a
hacer relucir y aún sin saber por qué.
No fue hasta el momento en que
acercó el volumen a su rostro para amplificar sus recuerdos con su particular
olor , una singular mezcla a piel , la
de sus tapas, y a papel antiguo , el que se encontraba en su interior, cuando cerró sus ojos y el recuerdo del día en
qué ese libro le fue entregado se refrescaba.
Habiendo debido terminar su educación en el destierro, una de las
druidesas de más edad que había ayudado en su educación se le presentó la noche
antes de que su proceso culminase.
Aquella noche, todo estaba listo para que las druidesas de mayor rango
mandatasen el inicio de la danza
milenaria prevista. En la colina dónde se guardaba tributo a la
naturaleza , un claro rodeado por altos
y robustos árboles, símbolo de la vida por integrar en su interior la totalidad
de los elementos : el agua que fluía en sus adentros, la tierra integrada a
través de sus raíces , y el fuego surgido por su fricción.
Una zona muy antigua, dónde en su día , sin que nadie logre recordarlo
con exactitud, se dice que por imperativo divino, se plantaron en círculo unos árboles
muy específicos que en ningún otro lugar
hubieran podido crecer y mantenerse unidos, y en cuyo centro se consagraban las nuevas druidesas de
primer rango entregadas por las más
antiguas.
Dichos árboles eran los
siguientes:
Un Abedul. Árbol de la luz por
su corteza blanca y sus hojas verde claro. Se le considera el de la adivinación,
la protección y la juventud.
Un Aliso. El árbol de la muerte
y la resurrección. Capaz de crecer en los lugares más inverosímiles.
Un Sauce. El encantamiento y el renacimiento
espiritual eran sus dos principales virtudes achacadas.
Un Roble. De los más
apreciados por los druidas, representa la
sabiduría y la fuerza, siempre tan necesarias .
Y el más emblemático
y secreto de todos, el Manzano. Oculto
de los calendarios por la asociación de
su fruto , en tiempos del cristianismo, con la tentación al diablo. Representa
la inmortalidad, la perfección y la pureza.
Siendo ellos los protectores y testigos mudos de una danza milenaria
llevada a cabo en su nombre, cuales vírgenes a un ritual de consagración, las
elegidas , ataviadas con sus correspondientes túnicas blancas , eran conminadas
a ocupar arrodilladas el centro del espacio, y a la luz de la luna llena,” las
portadoras “, haciendo entrada casi cual
danza , portando antorchas encendidas en su mano izquierda, entonaban de forma
solemne , los cánticos que correspondían para tal celebración.
Su comienzo, apenas imperceptible para el oído de quiénes se encontraban absortas esperando su lugar y
momento, parecía casi un susurro que iniciado de forma suave, comenzase a
elevarse cual espíritu. Voces que se iban incorporando, mientras caminaban ,
casi deslizándose , alrededor de las jóvenes
aspirantes, mientras el sonido de todas iban acrecentando su interior. Así,
hasta que círculo quedaba cerrado en torno a ellas , y con las antorchas
colocadas en el suelo , justo delante de las jóvenes, cual hoguera que habría
de iluminar los espíritus allí congregados , las que dan paso , alzando las
manos al cielo, y danzando sobre sí mismas, nombran uno a uno a los dioses
reverenciados esa noche , así como lanzan, en el lenguaje ancestral, todas las
alabanzas y oraciones previstas para
este acto.
Una vez terminada todo el proceso previo, las jóvenes, despojadas de todo ropaje , de rodillas y entregadas tal y como vinieron al mundo al
devenir de los dioses, debían conjugar las palabras indicadas por quién era su
responsable durante todo el proceso de formación. Llegando a
imbuirse de tal nivel de concentración durante su disertación, que parecían abstraerse de lo que les rodeaba
, entrando en conjunción mística con el espíritu de los dioses que las recibían
con los brazos abiertos, mientras les susurraban al oído , las nuevas leyes a
las que se sometían.
Casey abrió los ojos muy despacio , encontrándose abrazada en su
regazo con aquel libro.
Días antes de que todo aquello pasara, de que Carlton Court se
convirtiera en un mal recuerdo y un baño de sangre, en un despropósito, aquella misma caja ,
guardada celosamente también en el altillo del armario de su antaño habitación,
fue escondida en un lugar dentro del cochambroso cobertizo, recuperándolo algún
tiempo después cuando, saltándose todos los niveles de seguridad permitidos , puesto que la finca todavía era objeto de investigación, se adentró en ella para recuperarla. Momento
que no recuerda con especial dedicación.
Y el libro, aquel libro de rituales , aquel libro que aún en su
interior, conservaba unas páginas sueltas recuperadas, arrancadas de otro libro
mucho más antiguo, aquel que se guardaba bajo celosa llave de un maligno cuello
colgada, el del falso profeta.
Páginas amarilleadas por el paso del tiempo , a las que casi costaba
coger por sus filos , dado su aspecto frágil y delicado.
Hojas, cuál pergaminos , que llevaban impresas las señas de una
historia . Algo que , en su día, hubo afectado incluso a los inocentes de los
que se requirió, y en dónde la sombra de la duda estuvo presente.
Una historia con demasiados lastres, demasiadas incógnitas sobre el
después , y que pareció no haber concluido.
Una imagen en la última hoja suelta de aquel grupo, algo demasiado
reconocible y no visto hace mucho de nuevo. Una daga que sólo se recordaba
ensangrentada y en cuyas manos vio en su sueño, pero cuyos recuerdos , si no
creía encontrarse confundida, diferían notablemente de aquella imagen . ¿Entonces?
Demasiadas preguntas qué hacerse e infinidad de respuestas
inexistentes todavía o no localizadas aún.
Cansada y aturdida por todo ello, volvió a guardar el libro en el
interior de la caja tal cual fue encontrado , y colocó la caja de nuevo en el
altillo del armario. Sin querer pensar más , simplemente, trató de descansar,
pero antes, algo la llamaba a asomarse a la ventana de su cuarto. Apartó las
cortinas, y sólo pudo ver la intención de la noche de irse despidiendo. Pero sólo
fue un intento, de momento. Al depositar su vista en la acera de en frente ,
aquellas dos mismas pequeñas luces que en su interior decía debían ser ojos de
bestia, volvían a aparecer , y esta vez, de forma fija, se centraban en la
ventana desde dónde ella observaba. Sin poder dejar de mirarlas fijamente
apenas un minuto después, las luces descendían , y una sombra con cierto volumen parecía dejar
sus huellas en el frío y húmedo suelo.
Ana Patricia Cruz López
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Inquietante, oscura, intrigante eso es lo que es este capitulo sin duda, como dejar de mirar esos ojos grandes y de color azul? como guardar la compostura ante la atenta mirada de un desconocido que...despues de todo no es tan desagradable? sin duda alguna estoy enganchada y doy gracias a que hayas prestado oidos a mis suplicas desgarradoras por continuar esta historia que sin quererlo la dejaste abierta. Te quiero bien mucho Amada Canaria!!!
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