sábado, 21 de noviembre de 2015

LA LLAMADA DE LA SANGRE ( SECUELA DE ELECCIÓN) CAPÍTULO TERCERO. Primera Parte. ( Registrado en SAFE CREATIVE OCTUBRE 2015)

LA LLAMADA DE LA SANGRE

Créditos a quién corresponda

CAPITULO TERCERO ( Primera parte)

Otra vez amanecía lloviendo en Londres. ¿Cuándo podrían disfrutar de algo de sol que calentase las almas de los penitentes que apenas siendo las cuatro de la mañana,  ya debían disponerse a caminar por aquellas frías y húmedas calles hacia sus lugares de trabajo?

Nada más asomarse a la ventana , con su taza de té humeante en las manos, la sensación de frío le coló por dentro de la ropa. Aquellas nubes negras y los relámpagos juguetones entre ellas,  le traían vagos recuerdos. Los mismos que le producían el entumecimiento de las manos y un cierto sabor metálico en la boca.

Tras dos días de merecido descanso hogareño,  en contraprestación por las guardias realizadas, aquella mañana tocó volver a una nueva e impredecible  jornada en el hospital.
Durante todo el trayecto en el metro , cuya parada la dejaba apenas a cincuenta metros de la puerta del centro, trató de recordar mentalmente su agenda, pero unos ojos grandes, azul intenso y  desgarradores,  se le cruzaron, y entonces, sólo un pensamiento vino a su mente ¿Qué era lo que querían decirle?
Tratando de descartar cualquier idea sobre ellos o sus supuestos mensajes , nada más entrar por el vestíbulo y  firmar el registro, recogió su correo y fichó.  De nuevo el ascensor se abría ante su planta , recibiéndola con la tranquilidad acostumbrada a esas horas. Paz ,  solo rota por un ligero timbre acusado de voz que la asaltó nada más entrar en el cuarto para dejar sus cosas.

·        AUX. ENFERMERIA: Buenos días.

Una sonrisa deliciosa y mucha vitalidad , resultaba posiblemente, el mejor arma para comenzar la jornada y la próxima semana de guardia a la que le tocaría enfrentarse, y de la que acababa de recibir notificación.


·        CASEY: Buenos días. ¿Alguna novedad?
·        AUX. ENFERMERÍA : Me permití ordenarle los historiales según preferencia del doctor .

Casey continuaba  leyendo atenta su correo .

·        CASEY: Gracias, eso facilita mucho las cosas. ¿Algo más?
·        AUX. ENFERMERÍA: Depende.

Aquel tono misterioso hizo que lo dejase todo encima de la mesa y el centro de su atención cambiase.

·        AUX. ENFERMERÍA: El paciente milagro ya tiene identidad. Kilian Ewan. 
·        CASEY: Kilian. ¿Irlandés quizás?
·        AUX. ENFERMERÍA: Eso sí que no hemos podido averiguarlo.  Apenas recordaba nada, pero en cuanto el doctor le preguntó su nombre pareció estar muy seguro. E incluso se acordaba de haber estado conduciendo, poco antes del impacto. 
·        CASEY: ¿Pero no cómo se produjo el accidente ni qué lo provocó?
·        AUX. Enfermería: No,  me temo.
·        CASEY: ¿Y su familia?
·        AUX. ENFERMERIA: No tiene a nadie aquí. Según él están fuera , por negocios , y prefería no avisarles y que se enteraran. Ahora tengo que irme, he de prepararlo todo para cuando empecemos con los aseos .
·        CASEY: Gracias.

Pero cuando se disponía a atravesar la puerta , algo la hizo detenerse y volverse hacia ella.

·        AUX. ENFERMERÍA: ¡Ah! Por cierto, se me olvidaba un pequeño detalle. Preguntó por usted.
·        CASEY: - sorprendida - ¿Por mí?
·        AUX. ENFERMERÍA: Sí.
·        CASEY: ¿Dijo algo más?
·         AUX. ENFERMERÍA: Nada . Sólo preguntó.

Y se marchó para prepararlo todo en el cuarto de baños.

Kilian………..Indefectiblemente todo lo que tuviera su origen en aquellos tiempos remotos , todo, le traía a la memoria la búsqueda de su sentido. Involuntariamente, su mente había aprendido a ubicar los significados de los nombres ancestrales , aunque fueran muy presentes quiénes los portaban. 

Kilian………. (Combate. Nombre muy habitual y conocido tanto en Irlanda como en Gran Bretaña , aunque de origen Celta-Irlandés). Ese sonido. Debía dejar de pensar de esa forma . Pese a no poseer más datos sobre él para poder determinar aproximativamente su edad, la tendencia de ciertos padres a denominar a sus hijos de una u otra forma, no siempre determinaba ni su origen ni el lazo de nacimiento ancestral . Por un instante, en su vuelta a la normalidad, sacudió su cabeza y pensó que sólo serían meras casualidades. Una de tantas que podría haber tenido o tendría durante su carrera .

Tras ojear los historiales e irlos ubicando tal y como la joven auxiliar se los hubo preparado, salió del habitáculo para repasar el listado de medicamentos que debían ser distribuidos esa mañana para firmar la conformidad. Encontrándose en el mostrador situado en mitad de la sala , como si de una torre de control aeroportuaria se tratara,  sintió la necesidad imperiosa de doblar su cabeza hacia uno de los lados, su derecha. Con la sala casi en penumbra y apenas unas tenues luces en el suelo , más la reflejada en los monitores de ordenador que la rodeaban y la de los pilotos de las máquinas, sin nadie más allí en ese momento, sus ojos no pudieron evitar no apartar la vista de aquel fondo oscuro. De aquel horizonte cercano que sin serlo, le pareció diferente.
Sabía que la distancia desde donde se encontraba hasta ese punto que miraba no era tanta. Sabía que al fondo sólo había una pared con una puerta auxiliar a su derecha .  Sabía que sólo había camas  y enfermos sedados , pero ¿ por qué esa necesidad ? ¿Qué la atrajo a  mirar y centrarse buscando algo  que sólo ella creía que estaba al final de aquel negro casi teñido de gris ?

No podía verlo. No podía ver nada . La oscuridad no le dejaba . Pero sabía que algo la estaba llamando a hacerlo. A dejar de prestar atención en lo que tenía entre las manos y a buscarle. Se sintió observada por  alguien que , de píe entre esa inmensa oscuridad , no dejaba de llamarla sin palabras qué decir ni voz que pronunciar. Y de pronto, las luces del techo fueron encendiéndose progresivamente , y la oscuridad desapareció. Y con ella, los gritos ahogados de quién reclamaba su atención . Alguien que no podía ver , ni escuchar. Alguien que estaba allí ,y sólo ella podía sentir.
Y con la luz , también  como de la nada, comenzó  a incorporarse el resto del personal que debía estar presente a primera hora . Los que entraban frescos después del merecido descanso, como ella, y los que habían estado de guardia y debían proseguir.

Sí, la luz lo iluminó  todo, y pese a que la visión producto de su cabeza , producto más de un deseo extrañamente interno que de una realidad evidente,  había desaparecido, para ella, continuaba estando ahí, en el mismo lugar , al menos durante los segundos subsiguientes.
Sólo camas con pacientes inconscientes , en  plácido sueño. Nada más.

Una ronda que ella comenzaría una vez las auxiliares hubieran finalizado, pero antes que todo eso, no pudo evitar dejar todo lo que portaban sus manos encima del mostrador, y acercarse lentamente  hacia el punto en cuestión, mientras su cabeza,  intentaba luchar contra su creencia , recordándole que allí no había nada .
Qué diferente parecía aquella especie de vía o camino dejado entre las camas convenientemente alineadas. Con la luz de las lámparas , hasta las baldosas del suelo, en las que nunca se había percatado, le parecían distintas.

Un andar lento  y casi angustioso . Uno tras otro, aquellos pasos parecían haber sido recorridos antes. Alguien que había dejado sus huellas no visibles . Huellas que seguían apareciendo a  lo largo de aquel camino de baldosas blancas  y camas que parecían difuminarse. Sensación extraña la que percibía en ese deambular . Un cuerpo , el suyo, que sintió como un frío gélido le ascendía por la espalda conforme más  hacia delante iba. Hasta que se detuvo. Algo la impidió continuar.  Algo en su interior le decía que aquel punto, justo dónde se encontraba, era dónde debía quedarse.

Sólo pudo mover sus ojos hacia su derecha . Las huellas se detenían justo delante de una cama, la última de ese lado, la del “paciente  milagro”. Continúo ascendiendo la cabeza para proseguir por toda la sábana hasta encontrarse con su rostro. Unos ojos muy intensos y abiertos de par en par, que la observaban sin pestañear, mientras el frío desaparecía y una inconmensurable y extraña sensación de paz, se apoderó de ella por sólo unos segundos. Tiempo interrumpido,  por el médico que se encontraba de guardia esa mañana cuando la agarró del brazo,  y que la requería para entregarle una documentación de inmediato.
Y pese a darse la vuelta, pese  a no volver a mirar hacia detrás, sentía como aquellos ojos continuaban vigilantes .

Por más que trató de evitarlo, sabía que debía cumplir con su labor. Retrasó todo lo que pudo el momento de volver a la última cama de la derecha, pero no poseía una excusa lo suficientemente  razonable como para que lo atendiera ninguna otra de las enfermeras. Se le tenía asignado, y no sólo para ese día, sino para el resto de la semana en que debía permanecer allí, y aunque la idea no le atrajese lo más mínimo , puesto que aquel hombre  lograba incomodarla sin saber por qué, su concepto de deber le podía.

Intentando guardar en lo posible las formas y, sin olvidar en ningún momento la clase de profesional que era, cogió la bandeja con toda la medicación , los sueros y la tablilla de anotaciones, y se dispuso a acercarse a él.
Nada más llegar, aquellos ojos que la habían observado antes  aún continuaban haciéndolo, sólo que esta vez , su gesto se denotaba cambiado. Un tibio “buenos días “ por su parte , evitando mirarle de forma directa a su cara, y sin respuesta por parte de él, fue la mejor forma que encontró para poder cumplir su obligación . 

Una vez depositadas las medicinas para tomar vía oral  en un pequeñísimo vasito plástico, procedió a quitarle los sueros antiguos para instalarle los nuevos.
Retiró los apósitos que mantenían fija la palometa , limpió la zona, y procedió a colocarle los nuevos con sumo cuidado,  para finalizar conectándole los medicamentos vía intravenosa. Cuando se hubo asegurado de que todo marchaba correctamente y se disponía a soltar su mano encima de la cama, él, una vez  más, la retuvo.
De forma involuntaria , no pudo evitar mirarle esta vez, y al mismo tiempo que lo hacía, aquella sensación de paz inmensa volvía a hacerse con ella. Su mirada era muy distinta ahora. Ciertamente no imponía tanto. Parecía tranquilo, aunque no dejaba de ser un auténtico misterio humano. Sin datos, sin familia que le visitase y a quién preguntar. Sin………………. Hasta que ella resonó.

·        KILIAN: Lo siento.

Su voz capaz de imbuir a quién la escuchaba en ese mismo mar de paz y tranquilidad que transmitía. Una voz imponente pero dulce , sincera.

·        KILIAN: Por el susto del otro día.

Ella miró hacia su mano, aún cogida por él y sin visos de ser soltada, para volver a aquel rostro del que no parecía poder desprenderse información alguna.

·        CASEY: No tiene por qué disculparse. Al contrario, es una suerte que lo hiciera .
·        KILIAN: Pero al no esperárselo …
·        CASEY: Le puedo asegurar que estoy más que acostumbrada a que estas cosas sucedan de esa forma, de hecho, es lo habitual aquí. Muchos de los pacientes que permanecen en esta planta llevan mucho más tiempo inconscientes del que usted ha estado.

Volvió a mirar su mano retenida con la esperanza de que él la soltase  pero no fue así hasta que alguien llegó .

·        AUX. ENFERMERÍA: ¡Vaya! Buenos días Sr. Ewan. ¿Qué tal se encuentra esta mañana?
·        KILIAN: Mejor,  gracias.
·        AUX. ENFERMERÍA: Bueno, me alegro que sea así. Si necesita algo ya sabe dónde encontrarme. Le dejo en la mejor de las compañías.
·        KILIAN: Sin duda.

Ella, que se encontraba observando a la inquieta joven, volvió de forma pronta a observarle al escucharle contestar. Aquella aparente dulzura , se había transformado en un interés casi obsceno por la forma de mirarla. Su tono de voz, estudiado con mucho cuidado, mostraba una sinuosidad que sólo podría ser perceptible a través del tacto, y aun así, cuando lo lógico hubiera sido marcharse, prefirió permanecer allí , a su lado.

·        CASEY: Me dijeron que preguntó por mí.
·        KILIAN: Cierto.
·        CASEY: Podría decirme con qué intención.
·        KILIAN: Vi su rostro , asustado, pálido, pese a la habitualidad de la que ha hecho gala hace unos instantes.
·        CASEY: Mi nivel de concentración en mi trabajo  hace que hasta lo más  habitual pueda ser recibido de forma impredecible, y más a esas horas, con el silencio reinante en la sala.

Se acercó a la mesita-bandeja  y recogió en recipiente plástico que había traído con todo lo desechable .

·        CASEY: Será mejor que le deje descansar  y yo prosiga mi trabajo. El médico pasará pronto a verle. Con suerte, si se encuentra mejor , pronto le bajarán a planta.

Se dio la vuelta con la intención de marcharse, pero algo le impidió proseguir. Al girarse y mirar, comprobó como  el borde exterior de su bata era retenido por  parte de sus dedos .
Y de nuevo aquel escalofrío que ella era capaz de sentir familiar. Aquella imagen, aquella escena………….Aturdida, decidió continuar tirando, con la mano que le quedaba libre , de la falda , soltándose.

Al llegar a la dependencia dónde se encontraban los bidones de aislamiento de la basura hospitalaria, con la sensación de escalofrío aún en su cuerpo, apoyada en el mostrador de mármol, una imagen vino por si sola a su mente. La de aquel paciente misterioso de la “celda nº 5”, con el que , sin haber intercambiado ni una sola palabra, decidió llamarla su atención de la misma forma mientras le afeitaba, pero entonces, siendo el pesado faldón de novicia lo que trababa con apenas dos de sus dedos. El paciente de los ojos profundos y la mirada inquieta, de los miedos subsumidos bajo apariencia de normalidad, que se llevaría consigo el día que se despidió de él en el puerto , hace ya…………….demasiado tiempo.
Brian, al que no había vuelto a ver desde entonces, y del que apenas le habían llegado noticias , al no quedar nadie en común al que preguntarle.
Todo y lo único que siempre necesitó, cuando no eran más que Veleda y Eiden. Una druidesa aún iniciática y un joven aguerrido , uno de los dos hijos consanguíneos del jefe de un clan  al que todos temían , en una tribu en lucha continua por la dominación de nuevos territorios , y dónde sus enemigos , siempre parecían tener las de perder . Un tiempo en el que la prohibición incluso de acercarse no era ya nada para él,  tras sólo ver parte de su rostro. Unas  normas que ambos , en secreto , incumplieron , hasta que el tiempo y las maldiciones usadas como castigo entre los suyos, les separaron .

Un Eiden que, convertido desde tiempos inmemoriales en Brian Cárthaigh, se despedía de ella con los ojos enjugados de lágrimas . Una imagen que irremediablemente , como siempre que había vuelto a reproducirse, le causaba una honda presión en el pecho con la que le resultaba muy difícil respirar o seguir adelante.  

Recuerdos……….Personas…….Pasado. Un pasado que se aferraba a ella de forma salvaje sin dejarla respirar una vez más por algo que no era capaz de entender aún.  Pero era el presente el que la reclamaba. Un presente en forma de obligaciones hospitalarias, y al que las alarmas de las bombas de sedación , sonando a la par en varios puntos de la sala, la devolvían .

Siendo consciente de que se encontraba bajo la atenta mirada de un Kilian  situado en un lugar privilegiado de la sala, el cual  que tampoco cejaba en su empeño por tratar de prestarle la atención debida al médico que le visitaba, Casey desarrolló con normalidad el resto de la jornada. Salvo aquellas palabras tempranas, ninguna más fue intercambiada entre ellos, pese a habérsele sido adjudicado a su servicio y habiendo tenido que controlarle con regularidad. Sólo miradas, pero nunca normales . Mensajes que parecían indescifrables en ese instante y que ella  no supo interpretar,  pero para nada banales , de eso estaba segura.

Al igual que las palabras no hicieron acto de presencia, la sensación de incomodidad al estar a su lado  fue desapareciendo, llegando a sentirse hasta extrañamente confortable.  
Pasada la media noche, mientras realizaba las últimas anotaciones hasta la próxima revisión, tres horas más tarde, con él aparentemente durmiendo, no pudo evitar observarle. Al principio  , simplemente por encima de la tablilla de anotaciones , pero conforme avanzaron los minutos, ésta fue descendiendo , quedando su rostro a merced de aquel extraño sujeto  y de la inquietante sensación que la abarcaba por completo estando allí.

No sabía quién era, pero allí, con aquel rostro tranquilo y dormido, las angulosas y marcadas líneas de su cara , aquella expresión que parecía formársele, le seguían resultando tremendamente conocidas.  Repasando sus datos habidos en la tablilla, y la información que portaba en la carpeta que llevaba entre las manos , intentaba enlazar datos  sin conseguir nada. Así que , desistiendo, se dio media vuelta para marcharse, mientras Kilian, que sólo aparentaba encontrarse en plena ensoñación, abría sus ojos para seguir cada uno de sus pasos dados.

Dada la hora y la guardia que se le venía  por delante, antes de una nueva ronda, quiso recostarse. Nunca un sueño a destiempo como este podría lograr relajarla , ni siquiera se podía considerar descanso ya que apenas se cerraban los ojos, había que volver a estar en píe, pero sí se conseguía cierta evasión , favorecida por el silencio de la planta a esas horas.

Lejos de la idea inicial con la que recostaba su cuerpo en aquella cama , el sueño parecía hacer de las suyas nada más apoyar su cabeza en la almohada. Y con la misma rapidez que Morfeo se apoderaba de ella, la pesadez en ese estado no se hizo esperar. Una sensación casi de incapacidad para moverse , de igual manera que si tuviera un cuerpo pesado encima suyo que se lo impidiese, y sin embargo , notaba desplazarse, como si alguien o algo tirase de ella . Era una fuerza muy intensa . Se veía así misma en mitad de una oscuridad absoluta , con la retención en el pecho y sin embargo, sintiéndose arrastrada hacia delante por algo que no lograba definir. Hasta que la sensación de movimiento desapareció , al igual que la presión en el pecho.
Suspendida, flotando en un aire que la hacía mucho más liviana de la realidad, comenzó a percibir una sensación de paz inmensa y liberación, hasta que se miró las manos , y éstas , ensangrentadas, portaban algo brillante en una de sus partes .  Con dificultad para ver qué era, todo parecía borroso , y un aire fuerte con cierto olor metálico se le introdujo por la nariz hasta el sentido del gusto.
Un dolor inesperado e intenso en el pecho hizo que su cuerpo , en aquella cama, se retorciese hasta un punto casi sobrehumano. Mientras, en su subconsciente, volvía a mirar hacia sus manos, y la imagen antes borrosa,  se convertía en un instrumento harto familiar  que del pasado , parecía recobrar auténtica certeza.  Y aquel puñal , con su hoja ensangrentada, se calló sólo de sus manos desapareciendo entre el inmenso vacío de un fondo sin límite bajo sus pies.
Y el dolor fue suavizando su estigma , agudo y certero, mientras aquel cuerpo a merced de algo que desconocía, era invadido por un frío inmenso que no cesaba . Alzó su cabeza, y delante suyo, una sombra se le apareció. La misma, se giró ligeramente , pero en ese momento algo tiró de ella hacia delante con mucha fuerza, y sin que pudiera resistirse , sólo pudo dejarse llevar a un lugar qué desconocía.
Sólo una luz cegadora en la cara , que en la realidad se transformaba en una mano amiga que trataba de despertarla  agarrándola por el hombro ,  y una sensación  turbia en su boca,  le hicieron pensar que todo había resultado sólo un mal sueño ¿ o no?

·        WILLIAM: ¡Eh! Profundo sueño el tuyo.

Aún aturdida y dolorida como si acabasen de darle una paliza, trató de incorporarse.  El buen doctor, al verle la cara , se preocupó.

·        WILLIAM: ¿Te encuentras bien?
·        CASEY: No lo sé.
·        WILLIAM: Estás algo pálida y sudorosa ¿No estarás incubando nada?

Se tocó al frente y el cuello con una de las manos, y la mezcla de humedad y piel fría le resultó del todo desagradable.  Pese a sus intentos por comprender qué estaba pasando, su desconcierto se reflejaba en su expresión.

Al notarla confusa , decidió seguir insistiendo.

·        WILLIAM: ¿Casey?

Sin demasiada claridad, reaccionó como pudo e intentó responderle algo mínimamente coherente.

·        CASEY: ¿Incubar algo?  No.
·        WILLIAM: ¿Estás segura? Sería preferible que te quedases aquí echada un poco más.
·        CASEY: No. Será mejor que vuelva.
·        WILLIAM: ¿Segura? No me importe cubrirte  un par de horas.
·        CASEY: Gracias William, no hará falta. En cuanto beba algo de café me encontraré repuesta.
·        WILLIAM : Bien, como quieras. Te espero en el puesto .
·        CASEY: Sí, en seguida iré.

No se encontraba repuesta del todo , y lo sabía. Aquel sabor extraño y ligero a metal aún permanecía en su boca sin saber por qué, y el dolor en su cuerpo no disminuía. Se encontraba muy agotada sin motivo aparente, y una necesidad imperiosa por saciar una duda surgida , abarcó su mente hasta la hora de salir. Pero mientras,  había que continuar la jornada de guardia.

La última inspección del día para acabar la jornada y que los compañeros que entraban frescos en ese nuevo turno ocupasen sus lugares respectivos, y una vez más, se encontró ante aquella cama.
El dolor  se fue  mitigando y el cansancio desapareciendo conforme atravesaba aquella especie de círculo que parecía rodearle. Aunque no quisiera creer en que todo aquello resultaba bastante extraño, lo cierto,  es que aquel lugar parecía poseer un áurea que sólo ella era capaz de captar . Algo que no se veía pero sí se sentía y que una vez penetrado, al salir de su halo de protección, no parecía desaparecer, y sólo un deseo ese día, que su jornada llegase a su fín y poder regresar a casa.

Con miradas desesperadas a su reloj de muñeca, las horas no parecían pasar. El segundero  marchaba más lento de lo que debía a juicio  de unos ojos, los suyos, que andaban muy confundidos, y que sólo encontraron el alivio que necesitaban cuando fichó su salida.

Eran aproximadamente las cinco de la mañana y aún no había amanecido. Dispuesta a llegar al andén de metro justo a tiempo de coger el primero que debía pasar y llevarla a casa, caminó todo lo deprisa que su cuerpo era capaz de dar para lograrlo.
En el parking al aire libre apenas quedaban coches , y en la calle, húmeda aún por la lluvia continua que apenas había decidido detenerse hacía una hora, el frío  se  colaba  entre las ropas de abrigo .

En la puerta exterior del hospital, tratando de cerrar  aún más su chaquetón,  se dispuso a salir cuando, nada más dar un solo paso, algo le decía que debía echar un vistazo general porque no se encontraba sola. Con una visibilidad bastante disminuida por las condiciones del sitio y las horas ,  sin querer demorarse mucho más, salió decidida a no detenerse , pero nada más encontrarse fuera del aparcamiento y en plena calle, sola, le pareció estar seguida por alguien.
Detenida en seco  se dio la vuelta , y con sus ojos hacia todas partes  , no logró ver nada.
Continuó andando, y la sensación proseguía, cada vez más cerca. Con cada acelerón de pasos que ella daba o si arrancaba a correr, aquello que la perseguía , le iba detrás. No podía definir qué era. Ni siquiera en el andén, dónde mantenía la sensación de vigilancia  cercana, fue capaz de ver nada ni a nadie. La tranquilidad  sólo le llegó , cuando pudo subirse al vagón que tras media hora de trayecto , la dejaría cerca de sus casa.

Vigilante , trató de atravesar los casi cien metros que le separaban desde la parada de llegada hasta la puerta de su casa lo antes posible. Sin percatarse de ser seguida , ni de que el sonido de pasos , por pequeños que éstos pudiesen ser, estuvieran acercándose a sus espaldas a punto de abordarla, cuando llegó a la puerta de su casa , algo que sí no era habitual , parecía esperarla en frente de la puerta.
Con la llave en la mano a punto de introducirla en la cerradura, sintió la necesidad de darse la vuelta, de mirar a su espalda. Introdujo la llave antes de hacerlo, y sin soltarla, fue girando parte de su cuerpo.  En la acera de en frente , en absoluta penumbra , ya que las farolas de esa calle sólo se encontraban en su lado , dos especies de pequeñas luces blancas , muy brillantes, parecían moverse a ratos, intercalando su movimiento , con la quietud más absoluta y centrada en ella. Sin saber exactamente de qué se trataba, su instinto le decía que aquello parecían ser ojos, y que por la altura de quién los portaba, más parecería animal que humano su ser .
De forma casi imperceptible, y sin dejar de mirar hacia lo que se encontraba a su espalda, fue girando lentamente la llave con la intención de abrir la puerta y adentrarse en la casa a toda velocidad. Cuando lo hubo hecho, dispuesta a entrar , las misteriosas y pequeñas luces desaparecieron, y ante su temor fundado de que pudiese tratarse de un animal , no esperó a que reapareciesen , entrando a toda prisa en el interior del vestíbulo.  Desde allí, cerró de nuevo la puerta  con la llave y sus fechillos , y observó durante un instante a través del pequeño ventanuco lateral . Las dos pequeñas luces se encontraban allí de nuevo, para desaparecer instantes después.

Tras dejar las llaves  encima de la consola situada a la izquierda de la entrada, subió  las escaleras y se dirigió a su cuarto. Cogió un pequeño banco , abrió el armario  y lo colocó junto a las estanterías. Se subió a él, y tras apartar tirando al suelo alguna de las cosas que se encontraban en el altillo, logró su objetivo: una caja de madera añeja, la cual cogió con mucho cuidado.
Se sentó en la cama, la colocó encima de la colcha , y la observó mientras respiraba hondamente.
Con el cuerpo temblándole , la abrió.  En su interior, un pañuelo negro simulando seda , guardaba algo tras sus pliegues . Aquello que resguardaba era su mayor tesoro, el “Libro”.
Con él en las manos, fue retirando la tela que lo recubría con mucho cuidado hasta dejarlo a la vista.  Con apariencia de un libro normal, como cualquier otro, con sus tapas envejecidas y los bordes de sus páginas amarillentas, esa obra era y representaba su vida, lo que nunca dejaría de ser y lo sería toda su vida. Aquello que había preferido dejar aparcado en un lado de su memoria, y que ahora parecía verse obligada a hacer relucir y aún sin saber por qué.

No fue  hasta el momento en que acercó el volumen a su rostro para amplificar sus recuerdos con su particular olor , una  singular mezcla a piel , la de sus tapas, y a papel antiguo , el que se encontraba en su interior,  cuando cerró sus ojos y el recuerdo del día en qué ese libro le fue entregado se refrescaba.
Habiendo debido terminar su educación en el destierro, una de las druidesas de más edad que había ayudado en su educación se le presentó la noche antes de que su proceso culminase.
Aquella noche, todo estaba listo para que las druidesas de mayor rango mandatasen el inicio de la danza  milenaria prevista. En la colina dónde se guardaba tributo a la naturaleza ,  un claro rodeado por altos y robustos árboles, símbolo de la vida por integrar en su interior la totalidad de los elementos : el agua que fluía en sus adentros, la tierra integrada a través de sus raíces , y el fuego surgido por su fricción.
Una zona muy antigua, dónde en su día , sin que nadie logre recordarlo con exactitud, se dice que por imperativo divino, se plantaron en círculo unos árboles muy específicos  que en ningún otro lugar hubieran podido crecer y mantenerse unidos, y en cuyo centro   se consagraban las nuevas druidesas de primer rango  entregadas por las más antiguas.
Dichos árboles  eran los siguientes:

Un Abedul. Árbol de la luz por su corteza blanca y sus hojas verde claro. Se le considera el de la adivinación, la protección  y la juventud.
Un Aliso. El árbol de la muerte y la resurrección. Capaz de crecer en los lugares más inverosímiles.
Un Sauce.  El encantamiento y el renacimiento espiritual eran sus dos principales virtudes achacadas.
Un Roble. De los más apreciados  por los druidas, representa la sabiduría y la fuerza, siempre tan necesarias .
Y el más emblemático y secreto de todos, el Manzano. Oculto  de los calendarios por la asociación de su fruto , en tiempos del cristianismo, con la tentación al diablo. Representa la inmortalidad, la perfección y la pureza.

Siendo ellos los protectores y testigos mudos de una danza milenaria llevada a cabo en su nombre, cuales vírgenes a un ritual de consagración, las elegidas , ataviadas con sus correspondientes túnicas blancas , eran conminadas a ocupar arrodilladas el centro del espacio, y a la luz de la luna llena,” las portadoras “, haciendo entrada  casi cual danza , portando antorchas encendidas en su mano izquierda, entonaban de forma solemne , los cánticos que correspondían para tal celebración.
Su comienzo, apenas imperceptible para el oído de quiénes  se encontraban absortas esperando su lugar y momento, parecía casi un susurro que iniciado de forma suave, comenzase a elevarse cual espíritu. Voces que se iban incorporando, mientras caminaban , casi deslizándose , alrededor  de las jóvenes aspirantes, mientras el sonido de todas iban acrecentando su interior. Así, hasta que círculo quedaba cerrado en torno a ellas , y con las antorchas colocadas en el suelo , justo delante de las jóvenes, cual hoguera que habría de iluminar los espíritus allí congregados , las que dan paso , alzando las manos al cielo, y danzando sobre sí mismas, nombran uno a uno a los dioses reverenciados esa noche , así como lanzan, en el lenguaje ancestral, todas las alabanzas y oraciones  previstas para este acto.

Una vez terminada todo el proceso previo, las jóvenes, despojadas  de todo ropaje , de rodillas  y entregadas tal y como vinieron al mundo al devenir de los dioses, debían conjugar las palabras indicadas por quién era su responsable durante todo el proceso de formación.  Llegando a  imbuirse de tal nivel de concentración durante su disertación,  que parecían abstraerse de lo que les rodeaba , entrando en conjunción mística con el espíritu de los dioses que las recibían con los brazos abiertos, mientras les susurraban al oído , las nuevas leyes a las que se sometían.

Casey abrió los ojos muy despacio , encontrándose abrazada en su regazo con aquel libro.

Días antes de que todo aquello pasara, de que Carlton Court se convirtiera en un mal recuerdo y un baño de sangre,  en un despropósito, aquella misma caja , guardada celosamente también en el altillo del armario de su antaño habitación, fue escondida en un lugar dentro del cochambroso cobertizo, recuperándolo algún tiempo después cuando, saltándose todos los niveles de seguridad permitidos ,  puesto que la finca todavía  era objeto de investigación,  se adentró en ella para recuperarla. Momento que no recuerda con especial dedicación.

Y el libro, aquel libro de rituales , aquel libro que aún en su interior, conservaba unas páginas sueltas recuperadas, arrancadas de otro libro mucho más antiguo, aquel que se guardaba bajo celosa llave de un maligno cuello colgada, el del falso profeta.
Páginas amarilleadas por el paso del tiempo , a las que casi costaba coger por sus filos , dado su aspecto frágil y delicado.
Hojas, cuál pergaminos , que llevaban impresas las señas de una historia . Algo que , en su día, hubo afectado incluso a los inocentes de los que se requirió, y en dónde la sombra de la duda estuvo presente.
Una historia con demasiados lastres, demasiadas incógnitas sobre el después , y que pareció no haber concluido.

Una imagen en la última hoja suelta de aquel grupo, algo demasiado reconocible y no visto hace mucho de nuevo. Una daga que sólo se recordaba ensangrentada y en cuyas manos vio en su sueño, pero cuyos recuerdos , si no creía encontrarse confundida, diferían notablemente de aquella imagen . ¿Entonces?
Demasiadas preguntas qué hacerse e infinidad de respuestas inexistentes todavía o no  localizadas aún.

Cansada y aturdida por todo ello, volvió a guardar el libro en el interior de la caja tal cual fue encontrado , y colocó la caja de nuevo en el altillo del armario. Sin querer pensar más , simplemente, trató de descansar, pero antes, algo la llamaba a asomarse a la ventana de su cuarto. Apartó las cortinas, y sólo pudo ver la intención de la noche de irse despidiendo. Pero sólo fue un intento, de momento. Al depositar su vista en la acera de en frente , aquellas dos mismas pequeñas luces que en su interior decía debían ser ojos de bestia, volvían a aparecer , y esta vez, de forma fija, se centraban en la ventana desde dónde ella observaba. Sin poder dejar de mirarlas fijamente apenas un minuto después, las luces descendían , y  una sombra con cierto volumen parecía dejar sus huellas en el frío y húmedo suelo.

Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados


1 comentario:

  1. Inquietante, oscura, intrigante eso es lo que es este capitulo sin duda, como dejar de mirar esos ojos grandes y de color azul? como guardar la compostura ante la atenta mirada de un desconocido que...despues de todo no es tan desagradable? sin duda alguna estoy enganchada y doy gracias a que hayas prestado oidos a mis suplicas desgarradoras por continuar esta historia que sin quererlo la dejaste abierta. Te quiero bien mucho Amada Canaria!!!

    ResponderEliminar

Muchísimas gracias por participar en esta página