CUENTA ATRÁS
A la mañana siguiente , Heyden
despertó en una cama vacía y la luz del día entrando por un
hueco dejado entre las cortinas. Por más que rebuscó con la mirada por lo largo
y ancho del dormitorio, no encontró rastros de Robert, y sólo los
recuerdos flasheados de lo acontecido la
noche anterior , le hacían sentir el aroma de la realidad. No había sido un
sueño. Aún gozaba del olor de su piel encima. Momento de disfrute, sólo
interpuesto por un súbito sonido proveniente de la parte baja de la casa.
Cogiendo una bata que tenía colocada encima de una silla, salió de la
habitación , y con cuidado fue descendiendo las escaleras. Ya desde la parte
más alta de éstas, la imagen casi podría decirse que adorable y ensoñadora , a
la par que distinta, de un Robert Sheldon en ropa interior y camiseta haciendo
el desayuno, se le antojaba deseable. Mucho.
Apoyada en la barandilla de la misma, se deleitó contemplando aquella
imagen, y por un momento deseó que su realidad
se tiñese de esos colores y de
esas imágenes, hasta el punto casi inimaginable tiempo atrás, de encontrarse, a
sí misma, preguntándose por qué no.
No era la casa en sí, ni el paisaje que les rodeaba. Tan siquiera el
aire puro de la Toscana que les rodeaba , con los viñedos de extenso fondo
presencial. Era la imagen viva de la cotidianidad, de lo familiarmente
deseable. Alguien con quién poder compartir momentos tranquilos. Olor a café
recién hecho por las mañanas y vino para
degustar a dos copas por la noche. Un cuerpo que abrigase los deseos de
abrazos no dados por nadie , no a los que ella siempre había aspirado , y a los
que parecía no tener derecho alguno. Alguien ……..a quien amar, y por quién
sentirse amado.
Con qué seguridad , aquella noche en el club, ambos sabían que aquella
historia debía culminarse tarde o temprano y que, lo que
aparentemente parecía imposible por temor o inseguridad a entregarse
mutuamente, terminaría realizándose sin que ni ellos, ni sus razonamientos ,
pudieran impedirlo.
Aquella noche en el club , sucedió algo más que un cruce de miradas.
Aquel instante marcó un destino, faltando sólo, que las circunstancias y el
devenir de los acontecimientos, le dejase seguir su curso.
Sólo cuando Robert miró hacia la parte alta de la escalera y la vio,
ella no pudo evitar sonreírle y continuar su descenso hasta la cocina.
Aquella picardía que lo hacía
tan significativo y a la vez provocador,
aquel talento innato para atraer sin tener que hacer demasiado esfuerzo,
aquello que , en definitiva, las que habían sido compañeras suyas en el club
habían hablado delante suya, rezumaba por los cuatro costados por todo aquel
cuerpo que , al menos, la noche anterior había sido suyo.
Sin que los buenos días fueran estruendosas pero debidamente
moduladas palabras que las cuerdas
vocales se vieras obligadas a emanar, con que ella le abrazase desde su espalda
con fuerza , y él colocase fuertemente
una de sus manos sobre las suyas, fue suficiente.
Él apartó la sartén , y tras darse la vuelta sobre sí mismo, la
correspondió en el abrazo. Aquellos ojos volvían a ser los de aquella noche en
el club. Los mismos ojos sinceros que la deseaban por encima de todo , y sus
labios, una vez más, le confirmaron con su entrega, que aquello parecía
definitivo y sin vuelta atrás.
Sentada al otro lado de la encimera, él le sirvió el desayuno , y
mientras bebía café, la mirada tentadora y
acuciante de una Heyden que
jugueteaba con el tenedor de forma muy explícita, mientras se introducía sensualmente la comida en la boca, parecía transmitirle un
mensaje muy claro.
·
SHELDON: ¿Qué?
·
HEYDEN: Eso mismo iba a preguntarte yo. Tenemos
que regresar esta tarde ¿Lo sabes verdad?
·
SHELDON: Sí.
·
HEYDEN: ¿Y todo va a ser igual que antes?
Aquel juego dialéctico, donde el tono irónico, y el más delicioso y sugerente de los
sarcasmos parecían haberse hecho , con total confianza , con todo lo que les
rodeaba, era acompañado por los paseos
deslizados que ambos realizaban con
regusto morboso sobre las partes del cuerpo que tenían más visibles .
Mientras él se centraba en sus labios carnosos, la mente más
perturbadora de ella se centraba en algo que no podía ver en aquel momento,
pero que desde luego, era muy fácilmente
deducible y visualizador por su rostro, imaginar en qué forma , su mente
lo estaría disfrutando.
·
SHELDON: - Escondiendo su sonrisa maliciosa tras
la taza mientras la observaba por encima de su borde - ¿ Y por qué habría de
cambiar? No pretendo prescindir de ti, ni puedo. Ni quiero.
·
HEYDEN: ¿Hablas de la profesional o de la mujer?
·
SHELDON: ¿Tú qué crees?
·
HEYDEN: La última vez que te pregunté esto,
dejaste muy clara tu respuesta al respecto. ¿Sigue invariable?
Robert se mantuvo pensativo unos instantes mientras no dejaba de
observarla, hasta que se decidió a contestarla con seguridad aplastante.
·
SHELDON: No puedo permitirme prescindir de la
profesional pero………..no quiero tener que despedirme nunca de la mujer.
Contundente y seguro de sí mismo. Así se mostraba un Sheldon capaz de
todo . Como el hombre al que había visto cerrar las negociaciones más
imposibles sabiendo que contaba en su mano con las cartas ganadoras. Un
profesional en lo suyo al que pocos discutían sus técnicas o su forma de hacer
las cosas , aunque supieran que no siempre la legalidad las cubría .
Habiendo aparentado sin duda, delante suyo, que sus presuntos miedos,
aquellos que le impedían seguir adelante con ella , habían desaparecido,
aquello, también implicó un impulso de su propio valor para ella, escondido en
su interior desde hacía más tiempo.
Con todo debidamente recogido y cerrado, bajaron hasta el coche para
colocar los bultos en el maletero y
ponerse en marcha en dirección al Aeropuerto. La orden dada por Frank esta vez,
no variaba respecto a la de anteriores
ocasiones. Según llegasen , ella tendría que llamar a un número de teléfono que
él previamente le había guardado en la guantera , dentro de un pequeño
sobrecito sepia , y esperar porque alguien apareciese a recoger las llaves .
Tras ello, subirse al avión y llamarle nada más legar a
su casa para que pudiera estar tranquilo .
Todo realizado conforme los planes previstos, un vuelo largo pero
tranquilo y casi envidiable a juzgar por otros anteriores, y una nada
disimulada felicidad que traían consigo ambos cuando aparecieron en la terminal
de llegadas . Un rostro que se tornó casi preocupante cuando vieron a Michael
esperándoles .
Las imprevisibilidades no era algo que
a Robert le asustasen , pero a ella, aquello, sólo podía significarle
una cosa: que algo había salido mal.
Pautas de conducta que sólo ellos dos conocían , y un rostro tras las
gafas de sol como primera nota indicadora , que no indicaba nada bueno.
Por su parte, en su interior, lejos de alegrarse , lo que hubiera sido
plausible en otras circunstancias , resultaba sumamente preocupante en las
actuales aquellas que sólo él portaba por el momento, y que había venido a
trasmitirles.
·
HEYDEN: ¡Michael!
·
SHELDON: ¿Qué haces aquí? Te hacía en Nueva
York.
·
MICHAEL:
Tenemos que hablar, pero no aquí. Vamos al coche .
Conforme se acercaban al vehículo atravesando medio aparcamiento, el
abogado parecía encontrarse bastante molesto con la situación de ellos dos. Sin
saber por qué, Heyden sintió sus miradas de desaprobación a través del espejo
retrovisor y sólo cuando se hallaba lejos del recinto aeroportuario, pudo gozar
de mayor libertad para hablar. Aunque fue la preocupante insistencia de Robert,
el que le daría píe para ello.
·
SHELDON: Bueno,¿ vas a decirnos qué está
pasando?
·
MICHAEL: Tenemos problemas.
·
SHELDON: ¿De qué tipo?
·
MICHAEL: El fisco ha decidido cargar sobre ti a saco,
ayudado por los Federales claro está.
Su mirada directa y acuciante de Heyden, le hizo ver a ella que sabía
de quién se trataba.
·
SHELDON: Pero, ¿Cómo? Los federales.
·
MICHAEL: Van
a por ti, porque creen que es la única forma que tienen de atrapar a
Bourke. Es su única forma de presionarle .
·
SHELDON: - Se rió socarronamente demostrando cierto gesto de incredulidad con
lo que estaba escuchando- Pero eso es
una soberana estupidez. Ellos me conocen , no es la primera investigación que
me abren y que han tenido que cerrar. Mis vínculos con Bourke están
perfectamente delimitados. Sólo tenemos algunos negocios en común, como socios,
pero como podría tenerlo como cualquier otro.
·
MICHAEL : No tienen nada lo suficientemente sostenible como para
hacerse con él, así que recurren a posible delito fiscal, evasión de impuestos.
Lo mismo de siempre. Esos tipos saben que se quiere largar del país , y que se
está dando demasiada prisa , así que piensan que cogiéndote a ti, le presionan
a él. Quieren ponerle nervioso y que cometa un solo error.
Dando un golpe inesperado sobre el salpicadero del coche , Robert mostró por fín aquel lado que no le gustaba,
el incontrolable.
·
SHELDON: Imprudente y temerario. Puñeteramente
imprudente y temerario. ¡Maldita sea!
Llegados a la casa y con las maletas en el vestíbulo, Robert se fue
quitando la chaqueta conforme se dirigía a la biblioteca en búsqueda
desesperada del mueble bar, seguido muy de cerca por Michael, y finalmente por
ella , que fue la última en entrar.
·
MICHAEL: He hecho algunas llamadas. Tienen
previsto hacerlo oficial en los medios de comunicación en uno , a lo sumo , dos
días.
·
SHELDON: ¿Se han vuelto locos? ¿Desde luego no
esperarán que haciendo eso vaya a colaborar después?
Observando detenidamente la escena, cual público en una obra de Agatha Christie que pudiese ser
representada , intentar averiguar qué es lo que se movía detrás de todo esto,
resultaba algo relativamente fácil de desentrañar, pero aún Michael no había
sacado su “as” , aquel, que la implicaba
a ella directamente.
No sólo le estaba avisando, sino que la información proporcionada
gozaba de detalles que Robert no tenía por qué conocer. Las reglas de la Agencia eran muy claras al respecto, y
en sólo apenas dos horas, Michael había obviado intencionalmente algunos de los
artículos del código .
Todo se había precipitado y no sabía por qué.
·
HEYDEN: No buscan tu colaboración. Jamás han
esperado encontrarla.
Ambos hombres la miraron, erguida, junto a la puerta.
·
HEYDEN: A ellos les dará igual si Bourke te hace
desaparecer del mapa. Como bien ha dicho Michael, buscan precipitar sus actos y
que cometa más errores de los que ha cometido ya. Conociéndoles , llevarán investigándoos a los
dos más tiempo del que se haya podido pensar. Saben que tú tienes conocimiento
de sus otros negocios porque además lleváis
una contabilidad conjunta. Han tenido gente metida en los actos que él
supuestamente coordinaba con tanta cautela , delante de sus narices, y , o bien
lo ha sabido y no le ha importado porque alguno de sus topos ya le había
avisado que tenía la cabeza de turco perfecta , con lo que él ganaba tiempo ya
que tu concepto de lealtad es diferente al suyo, o realmente le tendieron la trampa en sus narices y ni se
la olió, lo que resulta bastante improbable teniendo en cuenta su forma de ser.
– Detuvo su mirada fija en el abogado.
En su amigo. La respuesta real debía salir a la luz , y debía ser ella quién la
diera a conocer- Él no irá por ti, irá a
por mí. De hecho , ya ha comenzado.
Sheldon, incrédulo con lo que estaba escuchando, por la forma en que
desplegaba la información y su contenido , se fue acercando a ella tratando de
que se explicase. Michael , gesticulándole , le hacía señas de que se
detuviese. Ella, sin embargo, decidió proseguir.
·
HEYDEN: Y
él no es el único.
·
SHELDON: Te lo pregunté una sola vez.
·
HEYDEN: Y ya sabes cuál fue mi respuesta, pero
sus fuentes de información son demasiado buenas.
·
SHELDON: ¿Fassworth? – sin dejar de observarse
fijamente ambos, él esperaba una solución o el
inicio del camino hacia ella.
·
MICHAEL: Hay una
vía . Una solución temporal, pero………………
Robert se retiró, y ambos esperaron la respuesta.
·
MICHAEL: No creo que a ninguno os convenga.
·
SHELDON:
¿A dónde quieres llegar?
·
MICHAEL: Si las investigaciones prosiguen, que
tienen todos los visos de no detenerse por supuesto, la idea de ellos es
utilizarte a ti para poner nervioso a Bourke, pero sólo hay una forma real de que
a ti no puedan tocarte y Bourke se vea con el agua al cuello real porque su
salvavidas desaparece, en teoría.
Por su forma de dirigirse a ella , Heyden se temía lo peor., y trató
de impedirle que continuara.
·
HEYDEN: No Michael.
·
MICHAEL: Heyden………….. No podrían obligarte a
testificar en contra suya.
Ella , bastante ofuscada, caminó hacia él. Aquellos ojos clamaban silencio, pero él no estaba dispuesto a
guardarlo.
·
MICHAEL: Cuando hayan terminado contigo Robert,
irán a por ella Esa será la mejor forma de presionarte. Llevan meses
investigando. Pero – ella le negaba con la cabeza , casi suplicándole que no
siguiera hablando – si ella fuese tu esposa …………..
A ella se le humedecieron los ojos y de la impotencia bajó al cabeza.
A la otra parte implicada, sólo la sorpresa por escuchar una idea que creía
loca le hacía imposible creer en la que
fuese cierto lo que había escuchado.
·
MICHAEL: Estando casada contigo no podrían
obligarla a testificar en tu contra, y por ende , tampoco en lo referente a los
negociosa que tenéis en común Bourke y tú, todo los demás sale fuera de su
campo de conocimiento.
Al volver a alzar el rostro, sentía un enorme rencor . Algo que la
estaba quemando , y Michael lo sabía.
·
SHELDON: ¿Estas de broma verdad? - se acercó a ellos- No puedes estar hablando en serio. Eres
abogado , y ¿es lo único que se te
ocurre?
Sin dar explicación alguna, sin mencionar sonido descriptible, se
marchó de la sala con Robert llamándola
a gritos. Seguida por él en primera instancia, y por Michael de tras, ella no
se detuvo en ningún momento. Ninguna de las palabras vociferadas por Robert la
hacía desistir , y sólo el contundente portazo dado en su habitación tras
adentrarse en ella, dejó el resto de aquel panorama para ellos dos.
·
SHELDON: Dime que esa no es la única solución
posible.
Alternando sus ojos entre la parte superior de la escalera y su amigo,
una vez los hubo fijado en él, se dispuso a contestarle.
·
MICHAEL: Sólo como algo temporal, hasta que la
tempestad haya pasado.
Ambos hombres volvieron a la biblioteca para continuar hablando, pero apenas media hora más tarde , el sonido de
cerrazón de la puerta principal les puso en sobreaviso , y saliendo disparados
hacia ella . Conforme Robert la abría, el coche en el que habían venido
arrancaba a todo lo más que daba el acelerador.
Michael , corrió escaleras arriba ante la mirada sorpresiva del
anfitrión, abrió la puerta y la habitación que ocupaba Heyden parecía ordenada
, pero ella no se encontraba en su interior.
Salió de ella y entró en el despacho de Robert sin resultado favorable. Con su móvil en el
bolsillo, lo cogió para marcarle pero
incluso intentándolo de forma reiterada, era su contestador lo que terminaba
saliendo. Con Sheldon esperando en el vestíbulo, el rostro de circunstancia del
abogado y su negativa con la cabeza, y una imagen , la de la cara de ella en la
biblioteca , tratar de hacerse una
composición de lugar podría resultar sencillo , si no fuera por qué desconocía
hacia donde se dirigía.
Habiendo cogido algo de ropa, lo justo para un par de días, procuró
llegar rápidamente al Aeropuerto y conseguir un vuelo hacia Washington. Había
llegado la hora de que alguien le explicase qué estaba pasando.
Los tiempos debidamente marcados, los informes transcritos a
tiempo, y libertad absoluta para organizarse.
No hacía falta más. Pero en su cabeza, no cabía este nuevo esquema mental en
donde pareciese que el enemigo lo tuviese justo en su propia casa.
Sólo ellos podían haber acelerado las cosas, de la misma forma, que
fueron ellos quienes propiciaron todo la información que Bourke poseía. Demasiadas
coincidencias .
Pero , teniendo ellos la misma información que ella respecto a los
tiempos de huida previstos, de la casa-palacete que Bourke se estaba
construyendo en Brasil, ¿qué era lo que fallaba para que hubieran decidido casi
entregársela en bandeja de plata a las autoridades?
Por un momento, las cábalas sobre las posibilidades ,dejaron paso a
una sola palabra : matrimonio. ¿ En qué
diablos estaba pensando Michael para proponerles tan disparatada idea? Un
matrimonio temporal por pura conveniencia ,
que sirviese como pantalla de protección frente a los que presumían ser
buenos en esta historia , pero que a la hora de la verdad, no arreglaba nada
respecto al otro lado, al contrario, lo empeoraba.
Matrimonio. Un dudoso recuerdo que quedaría vinculado a un momento
harto desagradable en donde dos vidas andaban en el tablero a merced de unos
pocos.
Matrimonio.
La cabeza suele jugar malas pasadas, sobre todo, cuando las
planificaciones, aparentemente correctas se desvanecen como el humo sin saber
por qué. La de Heyden se encontraba en ese estado aletargado en que las ideas ,
las palabras, las presuntas preguntas y sus posibles respuestas , conformaban un diálogo con una sola oyente:
ella misma.
Pese a las horas y el cansancio acumulado, le fue imposible conciliar
algo de sueño y descansar.
Llegada a la capital, alquiló un coche y se dirigió al único punto en
dónde podrían informarla , o por lo menos intentarlo . El 601 4th St NW,
Washington, DC , la Oficina Central del FBI.
Llegada de noche, sabía que a
quién ella iba a buscar no se encontraría allí,
pero conocía sus métodos y formas de hacer, y dado el interés que
propiciaba en ese instante, estaba segura de que pocos serían los esfuerzos por
localizarlo.
Una vez identificada, fue llevada a una oficina que gustan en
denominar “neutra” . Reconocible por ella fácilmente, parecía más una sala de
interrogatorios, con su típico espejo de dos caras en un lado de la pared , sin
ventanas , y una pequeña cámara de vigilancia debidamente oculta y disimulada
en el interior de un aspersor contraincendios. Una mesa y dos únicas
sillas-taburetes debidamente pegados al suelo, aunque más bien, habría que
decir incrustado en él antes de que las
dos últimas capas de cemento pulido
fuesen vertidas. ¿Y el blanco impoluto de sus paredes, más manchado de sangre
que las propias manos de los que frecuentaban aquel edificio?
Una espera de poco más de media hora fue suficiente . No llegó a
parecerle excesiva para lo que podía haber sido. Podrían haber tardado más.
Podrían haberla hecho esperar toda la noche , ofrecerle dormir en una de las
celdas del subterráneo y que, a la mañana siguiente, quién debía recibirla lo
hiciera. Pero no fue así.
Aquel al que ella quería ver, tenía tanta ansiedad por tenerla en
frente como la que ella podía sentir, y los dos , por la misma causa.
La puerta de acceso, a su espalda, se abrió y unos pasos se acercaron
para rodearla , situándose en frente el portador de los pies que provocaban tal
sonido. Colocando una carpeta de archivador en la mesa, meticulosamente
cuadrada con la esquina de la misma situada a su izquierda, el hombre , en
mangas de camisa, se las remangó, y colocando los antebrazos apoyados y las
manos entrelazadas, decidió romper el silencio del que hasta entonces , ella
había disfrutado allí dentro.
·
SANDERS: Bien. Has conseguido lo que querías.
Estoy aquí. Ahora te toca a ti.
Con tranquilidad absoluta por su parte, muy segura de sí misma , más
que nunca, y siendo consciente de la situación a la que se enfrentaba, su
serenidad la mantenía firme allí sentada de forma cómoda.
·
HEYDEN: ¿A cuántos tienes detrás del espejo?
Él lanzó una mirada fugaz hacia el mismo , para volver a centrarse a
continuación en ella.
·
SANDERS: Ya sabes cómo es esto.
·
HEYDEN: ¿En serio? Porque empiezo a creer que
estaba equivocada.
·
SANDERS: Estaba cenando tranquilamente con mi
familia cuando me llamaron para comunicarme tu irrupción, así que espero, que realmente haya merecido la pena.
·
HEYDEN:
Suerte tú que has podido cenar. A mí me bastó saber que mi cabeza tenía
precio para que se me quitasen las ganas.
Sanders apenas pestañeaba. A diferencia de los encuentros anteriores,
a diferencia de la primera vez que lo vio en una sala como en la que se
encontraban ahora, su gesto, extremadamente serio, y el color de su piel bajo aquellas lámparas de
intensa luz blanca, le hacían acercarse físicamente a un ser recién salido de
una criogenización voluntaria y pasada de fecha, que a una humanidad mucho más
cercana que les rodeaba normalmente.
·
SANDERS: ¿Buscas respuestas? – acercó una de sus
manos a la carpeta clasificada y , desmarcándola de aquel ángulo perfectamente delimitado, se la entregó - Nosotros también.
Observando primero a su interrogador y después el color amarillento
del ensamblaje de lo que parecía documentación, se dispuso a abrirla. En su
interior, a parte de papeles, lo primero con lo que se encontró fueron unas
fotografías. En ellas aparecían Bourke y ella, en la casa de Panamá. Por cómo
estaban realizadas las tomas , podría parecer todo , menos lo que realmente
sucedió cuando fueron capturadas. Fotografías cuya mano ejecutora era capaz de
reconocer. Quince exclusivas fotografías
en donde incluso Victoria , en aquella actuación magistralmente realizada,
parecía formar parte del cuadro perfecto que a ellos les resultaba más que
conveniente.
Dejándolas de nuevo en su interior, habiendo visto ligeramente parte
del contenido de los documentos que se encontraban justo debajo, decidió
cerrarla.
·
HEYDEN: ¿Sabe él para qué las queríais?
·
SANDERS: Él siempre ha sabido cuál era su papel.
·
HEYDEN:
Para vosotros, se supone que yo también , hasta ahora.
·
SANDERS: A mí , sinceramente, me da igual.
Siempre me lo ha dado. Nunca he estado muy de acuerdo con usar agentes
externos.
·
HEYDEN: Por eso eres tú quién te encargas . El
único capaz de no implicarse . Lo que siempre me he preguntado es por qué desde
tu cómodo sillón saltas a la arena. ¿Qué fue lo que hiciste mal ? El hombre
perfecto siendo castigado. Ha debido ser todo un trauma.
Las espadas permanecían más en alto que nunca. Es cierto que Sanders
gozaba de una fama bien merecida, por lo que desde la Agencia , siempre le encargaban todo lo que
los demás no querían. Demasiada sangre fría siempre desde la mesa de un
despacho. Lo que nunca entendió nadie , es como cualquier agente de campo
mandatado por él, no había perdido la cabeza por completo acabando con él de un
tiro en la cabeza.
Es cierto que no podía existir implicación personal entre los
superiores y los agentes que se encontraban justo debajo. También era verdad,
que no todos los agentes de campo eran iguales y que la permanencia de vida
media de los mismos era relativa , siempre
dependía de los destinos y el tiempo en ellos.
Los encubiertos solían tener incluso un estatus especial . Si lograban
sobrevivir , había que hacerlos desaparecer prácticamente por razones obvias, y rara vez eran reutilizados
en nuevas misiones del mismo ámbito. Demasiado conocidos. Demasiadas caras que
podían reconocerles y recordar.
Del plan de agentes denominados “externos” poca gente sabía detalle.
No era un grupo muy nutrido, y quiénes les supervisaban y servían de enlace ,
solía ser la gente de más confianza y que ya levase años llevando agentes de
campo. No era un grupo oficial , ni siquiera estaban presupuestados por las
vías ordinarias. Casi nadie conocía sus identidades, y a diferencia de los
demás, a ellos no se les mantenía ocultos. Interesaba que aquellas actividades
que hubieran desempeñado hasta entonces y que formaban parte de sus vidas, continuasen
su curso . La normalidad como regla de vida.
Su reclutamiento solía venir por recomendación , siempre de alguien de
la casa. Mundos aparentemente normales , pero con algo que hiciese suponerles
capaces de aguantar presión. No contaban con el mismo entrenamiento. Ni se les
dispensaba el mismo trato. Lo único que sí tenían en común, es que a la hora de
la verdad, se encontraban solos. El principio de que la Agencia no debía verse
comprometida , era una norma sagrada y
nunca debía incumplirse.
Heyden pasó ese fino corte en su día. Esa delgada línea divisoria entre la frialdad de
sentimientos y una vida muy marcada,
dejando el lugar donde trabajaba aparcado por aquel entonces. Sin lazos
familiares, sin propensión a los vínculos sentimentales , y un carácter agreste
muy definido con tendencia a la manipulación nata según la conclusión extraída tras los sucesivos test
de personalidad, junto con otros detalles considerados subsidiarios, hicieron
de ella una candidata perfecta para
determinado tipo de objetivos. Sin
embargo, aunque el concepto de prescindibilidad estaba muy presente , ¿qué es
lo que había cambiado?
·
SANDERS: Tus métodos y tus reglas.
·
HEYDEN: ¿Y
qué ha cambiado ahora?
·
SANDERS: Dímelo tú. A poco más de dos semanas de que se largue del país y no tenemos nada.
·
HEYDEN: No sabía que eso dependiera sólo de mí.
·
SANDERS: Indudablemente que no, pero tú mejor
que nadie sabe cómo es y lo difícil que resulta entrar en su mundo, sobre todo
porque desconocemos a muchos de los contactos que posee.
·
HEYDEN: A lo mejor deberías empezar por cambiar
al perro guardián de la casa, que me da que no os está resultando muy efectivo,
y no estoy hablando de Thorm precisamente. No estaría mal que empezaseis a
mirar el interior antes de ir por las casas de los demás, pero claro, supongo
que esto ya no tiene marcha atrás.
·
SANDERS: ¿Querías respuestas? Bien. A los de
arriba ya no le convencen tus métodos. No nos deja espacio temporal para maniobrar. Vas
demasiado lenta para su gusto. Eso ellos. A mí, el hecho de que decidieras
tomarte unas mini vacaciones románticas en Europa con quién se supone que sólo
es el medio para llegar al objetivo , resulta un pelín molesto.
·
HEYDEN: Se me está haciendo notablemente
agotador seguirte ¿por qué no me lo resumes?
·
SANDERS: Sabes que todos los medios son válidos
si el fín merece la pena.
·
HEYDEN: Supongo
que decirte que os equivocáis de persona es algo evidente.
·
SANDERS: ¿Equivocarse de persona? Es su socio.
·
HEYDEN: Sí claro. Pero yo soy la contable. Es
más. No es él quién le interesa .
·
SANDERS: Sea como sea , esto ya no puede
detenerse. La investigación está abierta por cuatro frentes distintos , las
informaciones se casarán y veremos si es capaz o no de hacer un trato.
Heyden se levantó y andó hasta
el espejo. No sabía quién estaría detrás de él exactamente, pero teniendo en
cuenta que se la grababa y que incluso alguien más que no se encontraba cercano
lo presenciaba, decidió acordarse de la palabra maldita.
·
SANDERS: Y de todas formas…………..siempre nos
quedaría acudir a ti. Él puede alegar en su defensa desconocer detalles sobre
su relación con Bourke , pero tú………………
De entre todo el espacio imaginario de la sala que se encontraba al
otro lado del espejo doble, algo en su interior le hizo detenerse en uno en
concreto, y como si ese mismo interior le hubiese dado una orden, el órdago lanzado quedaría encima de la mesa.
·
HEYDEN: No tenéis nada.
·
SANDERS: No puedes negarte a testificar.
·
HEYDEN: A Heyden Nash es posible, pero , a
Heyden Sheldon lo dudo.
Sanders se reclinó apoyando la espalda sobre la silla. Un lejano pero
perceptible sonido proveniente de la sala oculta fue escuchado por ella. Ante
actuaciones inesperadas , medidas desesperadas. Aquello había caído como un
jarro de agua fría a muchos, pero si su cabeza había sido puesta en una picota,
estaba dispuesta arrastrar a quién hiciese falta.
·
HEYDEN: Nunca he visto a un tribunal – se fue
dando la vuelta hasta apoyarse en el espejo-
que ordene testificar contra su marido.
·
SANDERS: Es un farol.
·
HEYDEN: - con una amplia sonrisa - ¿En serio? ¿Y
qué hay de la escapadita romántica a Europa?
Levantándose , alzó la cabeza e hizo una señal con la misma. No hacía
falta hacer nada más. La grabación de
imagen y sonido acababa de ser detenida. Se fue acercando a ella con ese porte elegantemente amenazador.
Hace años , quizá con ella podría haber funcionado, pero ahora……….
·
SANDERS: Podría encerrarte aquí y olvidarme de
que si quiera esta conversación ha tenido lugar.
·
HEYDEN: Lo sé, pero ¿adivina quién me echaría de
menos? No tenéis nada y lo sabes. De vosotros depende que sea definitivamente
vuestro, o acabe en otras manos mucho más interesadas en hacer su trabajo y que
desde luego, estarían dispuestos a negociar sin apenas esfuerzo.
Su corpulento cuerpo se le acercó tanto que su pecho no contaba con el
espacio suficiente libre para moverse al respirar. Y sin tocarla , acercándose
a su oído, asegurándose de que los micros en abierto no pudieran escucharle, le
susurró.
·
SANDERS: No tienes ni idea de a lo que estás
jugando ni quiénes son los que se sientan en esa mesa. Las cartas están
repartidas . cada uno tiene el final de la misma asignado y sólo puede haber un
ganador.
Y de la misma forma que él procuró no ser escuchado, de la misma
manera que su aliento se posaba con cada palabra sobre su cuello y parte de su
mejilla, ella , acercando su rostro hacia el suyo, profesó hacer lo mismo con
su clara sentencia.
·
HEYDEN: Mis cartas ya estaba repartidas antes de
que vosotros aparecierais.
Sin dejar de mirarla mientras se separaba y erguía, hizo una señal a
cámara y la puerta sonó abierta.
Las cartas de esta partida estaban efectivamente echadas y nada podría
detener el reloj. Con más información de
la que él creía , Heyden sabía qué silla ocupaba cada quién, y hasta con qué
cartas continuaban cada uno.
La ansiedad les hacía cometer fallos. Ésto se había convertido en una
cacería , pero había que asegurar el tiro, porque a la bestia no debía
dejársele herida. Sólo quedaba algo por hacer y una tirada por averiguar.
Ya no quedaban tres ni dos semanas. El tiempo no lo marcaba Bourke .
Ni siquiera lo editaban ellos. El tiempo ahora no se marcaba en parámetros normales.
Con el FBI , la CIA e
Inteligencia detrás del mismo individuo, habían demasiados frentes abiertos ,
sin espacio alguno para errar.
Había llegado la hora de hacer las cosas de la única manera posible,
pero antes debía preparar el terreno .
Ana Patricia Cruz López
Todos los derechos reservados.

un giro inesperado, un anhelo, un sentimiento de inseguridad, esta historia me tiene atrapada en cada parrafo, me tienes al filo de la silla. Gracias Totales!!!!
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