viernes, 6 de noviembre de 2015

MOMENTOS. Siempre tuya. (176)

Amantes traicionados
embebidos en su propio orgullo.
Caricias cada vez más aisladas
como muestra de un final,
próximo o no ,
el tiempo dirá.

Presunción de que uno de los dos
parece tener más prisa que el otro.


Sin necesidad de buscar,
sin necesidad de encontrar,
los cuerpos caen en desconocidos 
mundos de placeres extraños,
marcados por la avaricia de sentir ,
de robar los sentidos.

Caída lenta ,
progresiva,
con los ojos vendados
por la oscuridad de la obstinación,
del no hablar,
del rencor  hacia quién más se conoce.
Venda de suave seda
con pinchos sangrantes,
de la que cada gota derramada,
supone sólo alejarse más.

Caras desconocidas
de las que somos conscientes sólo al rato de abrir los ojos.
Pieles que no reconocemos,
preguntándonos qué hacemos realmente ahí,
si somos nosotros
y cómo hemos llegado.

Alientos colados entre el sudor ajeno,
olor a una piel que no somos capaces de reconocer.
Marcas en la piel
dejadas por otra persona.
Marcas en el alma,
dejadas por nosotros mismos.

Un nuevo intento.
La poca voluntad que queda
dada por entero como plataforma de rescate
de una historia,
la nuestra,
que nos lleva por nuestro propio infierno.
Tiras y aflojas.
Manos extendidas como señal de querer.
Dedos que apenas rozan.
Ojos que miran sinceros los del otro.

Final previsto y conocido,
sin fecha.
Y sin que  quepan más que silencios,
nuestros labios  encontraron de nuevo la calma,
los sabores conocidos,
los latidos persistentes aún vivos,
la respiración entrecortada y tan familiar.

Odios diluidos en encuentros,
en mitad de los gritos ahogados de los gemidos
marcantes de una entrega siempre deseada.
Rotos por la misma,
sólo aspiramos a vivir igual que ayer,
y nunca mejor que mañana ,
porque éste no está escrito.

Ya no hay tiempo para las lágrimas,
para los desaires,
para las palabras malsonantes,
para las faltas de respeto que hieren nuestros orgullos,
para los odios malentendidos.

Una fecha, borrosa,
atenta vigilante sobre nuestras cabezas,
mientras son nuestros corazones,
los que mandan en nosotros

Ana Patricia Cruz López

Todos los derechos reservados

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchísimas gracias por participar en esta página