Extraños en un tren sin destino fijo,
con pasaje a ninguna parte.
Sin objetivos salvo vivir,
con las inquietudes propias de los chiquillos.
Cimientos hechos a sí mismos
a base de palabras,
que como una losa
caen encima nuestro.
Verdades a medias ,
porque enteras,
dañan más de lo que somos capaces de soportar.
Sordos de todo lo que
nos rodea,
culminamos el puzle
de una vida ideal.
Una convivencia dulce,
donde los besos sustituyan las palabras.
Pero la realidad llamó a la puerta
en forma de tentador lado oscuro,
de promesas futuras
que jamás se cumplirán,
de silencios en vez de conversación,
de miradas vacías sin contenido.
Transformación que nunca pude comprender,
jamás entendí que pretendías conseguir,
ni qué fue lo que lo provocó.
Deterioro sobrevenido ,
de la relación,
de la persona.
Caiste en un bucle sin final,
de palabras no dichas pero malentendidas,
de supuestas ofensas tomadas como guerras personales,
de falsas lágrimas para convencer,
de un suelo
convertido en el centro de las miradas.
Sin nada que decirnos,
sólo quedaban las sombras de lo que pudo ser,
de lo que fue.
Me perdías ,
mientras yo sufría con tu alejamiento.
Tratar de rescatarte de aquella garras
que decidiste adorar como tabla salvadora
de tu nuevo yo,
misión imposible mil veces intentada.
Ojos cuya mirada un día encontré,
y ahora son sólo huecos sin sentimiento.
Y mientras,
a mí sólo me queda suplicar al que quiera escucharme,
que me devuelva lo que un día fue mío,
que vuelvas a ser el mismo,
que quieras recibir mi mano,
que desees mi ayuda.
Sumidos en melancolía,
el alcohol fluía como rápidos ríos
de sangrante agua que todo habría de llevarse.
El viento arreciaba,
llevándose nuestros recuerdos como arena,
sin que ninguno lo evitase.
Vivir para saber si algún día volverás a mí.
Vivir sin ti , sabiendo que existes
y no puedo tenerte.
Vivir adorando cada
paso que pisas y adelantas,
mientras es tu espalda la respuesta.
Esperanza que consumes
con tus falsos resultados,
un poco más de mi vida cada vez.
Y , mientras espero la muerte venga a buscarme,
ya que nada tiene sentido,
una última mirada
tuya me hará feliz.
Vano detalle desoído,
desinteresado al que no te rindes.
Te puse mi vida en tus manos,
mi voluntad a tus deseos,
mis energías a rescatarte.
Triste resultado el mío,
que en vez de acercarte,
sólo logro alejarte más de mi lado.
Absorbido por ella,
mis cadenas comienzan a pesarme.
No quiero darme por vencida,
pero mis fuerzas comienzan a fallarme.
Capaz de vender mi alma al diablo
por recuperarte,
hasta éste me abandona,
dándote por imposible.
Ilusiones que derriban cada piedra,
del castillo de los sueños rotos,
borran tus pasos,
y nublan tu figura,
mientras veo como simplemente desapareces.
Ana Patricia Cruz López
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