“ Me creí valiente ante todo,
y
sin embargo,
me
he convertido en lo más indefenso entre tus brazos.
Una
mirada tuya capaz de desarmarme,
Capaz
de atrapar mi alma sin que pueda hacer nada por evitarlo.
Sentimientos
que creí olvidados en el cajón de mi mente,
Al
que ahora descubro, que jamás cerré con llave” .
ENCONTRANDO
LA REALIDAD FRENTE AL ESPEJO
Salir
de aquel despacho, tras mil recuerdos
revoloteando a flor de piel, no fue tarea fácil. Richard aún se encontraba tan
nervioso que no era capaz de sentir dolor en la mano ,y posiblemente, a juzgar
por el gesto de su rostro, aún podría haber continuado sin descanso hasta
saciar todo aquel rencor guardado durante tanto tiempo.
Se
dirigieron a casa de Sarah y , aunque él insistió en marcharse, ella trató de
convencerle de que subiera para curarle la mano, cuyos nudillos se encontraban ensangrentados
y abiertos, aprovechando de paso para intentar tranquilizarle.
Una
vez en el piso, sin que él tuviera la posibilidad de reaccionar enteramente,
ella le hizo sentarse en el sofá mientras iba a la cocina para servirle una
copa. Una vez se la entregó, fue al cuarto de baño en busca del botiquín y
comprobó si tenía suficiente hielo en la nevera.
Cuando
lo hubo traído todo, lo dejó en la mesita auxiliar y se sentó a su lado. Le
cogió la mano con mucho cuidado y la observó. Del golpe propiciado , el dolor
no parecía si no comenzar a aparecer al irse enfriando , pero la hinchazón era
una cuestión imparable. Los signos de un incipiente derrame en el inicio de los
dedos centrales sumado a cortes en la piel producidos por la fuerza de la pegada, resultaban demasiados visibles en su piel tan
blanca , no siendo nada agradable.
Richard
no era un hombre que acostumbrase a quejarse, de echo era la persona que mejor
resistía el dolor de las que Sarah conocía, pero aquello le molestaba, aunque ella nunca estuvo muy segura de si se
trataba por el golpe y las consecuencias
que ello suponía , por tener que volverse a encontrar en una situación así,
para él , difícilmente olvidable.
En
cuanto la gasa humedecida en agua oxigenada rozó la herida, el escozor le hizo
volver del mundo en el que parecía encontrarse absorto mentalmente, retirándolo
bruscamente y manifestando molestia . Ella no insistió en tocarle hasta que
estuviese listo reacción que no tardó demasiado acompañado de una disculpa
gesticulada con la mirada.
Mirarla
en aquel instante le hizo olvidar todo aquello que le turbaba, siendo lo único
que le devolvía algo de serenidad, y desde entonces , no deseó otra cosa. La
delicadeza y cuidado con el que ella le limpiaba la herida en silencio y le
colocaba el apósito , removía todo lo conmovedor que siempre guardaba para ella
en su interior, resultando una imagen
más que conmovedora. Su cabeza gacha, le
daba el aspecto de una frágil chiquilla a la que nunca dejaría de proteger, ese
alma tan suya que nunca había dejado de tener en el fondo y que le otorgaba el
mayor de los placeres posibles: paz. Una paz inmensa, casi eterna.
Aún
sin que ninguno de los dos intercambiase ni una sola palabra, instante
impagable y memorable en el que los silencios entre ambos , una vez más, así como antaño se disfrutaron, lo abarcaban
todo.
Sarah
fue a la cocina para prepararle la bolsa de hielo . Le dejó un cojín para
apoyarla y con cuidado le colocó la bolsa encima.
Mientras
ella lo recogía todo sentada a su lado , se sentía observada. Richard gozaba de la más que dudosa virtud de
poseer una vista tan profundamente penetrante que hasta cuando te miraba a
metros de distancia podías percibir sus ojos depositados en ti.
• RICHARD: Estás muy callada.
• SARAH: No más que de costumbre.
• RICHARD: ¿No tienes que preguntarme
nada?
• SARAH: ¿Tendría que hacerlo?
Ella
se levantó en ese momento para llevar de vuelta las cosas del botiquín al
cuarto de baño.
Richard
respiró hondo mientras se miraba la mano.
Sabía que se moría de ganas de preguntarle , pero que no lo haría por
las respuestas que sobre el pasado que no recuerda había recibido de él.
Al
regresar ella a la cocina la conversación continuó.
• SARAH: Por una vez pareces tú más
ansioso de que te pregunte . De hacerlo ¿me responderías ?
• RICHARD: Lo que creo es que no
puedes esperar a obtener respuestas de esto y no entender qué ha pasado.
• SARAH : Lo cierto es que no sé por qué habría de
extrañarme lo que ha pasado, no sería la primera persona que conozco con la que
te llevas mal.
Richard
, sin soltar la bolsa de hielo con la otra mano, se acercó a la cocina .
Su
cara de sorpresa no dejó indiferente a la dueña de la casa.
• SARAH: Es cierto que aún no te he
visto pegarle , claro que……si se produjo , no lo recuerdo. Pero ciertamente pareciera
que no te faltan ganas cada vez que te lo encuentras.
• RICHARD: ¿Lowell?
Sarah
preparaba algo de cena mientras.
• RICHARD: No es lo mismo, y no,
jamás me he pegado con Lowell.
• SARAH: Evidentemente no creo que
ello haya sucedido. De lo contrario , dudo que ni la cortesía evitase que no os
saludaseis, y sí, es cierto, la motivación no es la misma a juzgar por lo que
te he escuchado -
Richard
continuaba viéndose la mano y apretando la bolsa de hielo, mientras Sarah
trataba de saciar su curiosidad averiguadora por otro camino.
• SARAH: ¿Fue eso de lo que hablabas
con Bruce en el Parking del Hospital?- un rápido vistazo a su cara y la
relativa sorpresa resultó mayúscula- La gente habla, y hay otra que se entera.
Por lo visto , dicen que le sacaste de mi habitación prácticamente por el cuello y que una vez lo
soltaste en el parking, hablaste
agitadamente con él . ¿Fue eso lo que le
dijiste? ¿Qué le matarías si me volvía a poner una mano encima? – al ver que no
contestaba, mientras partía algo de queso , decidió instigarle de otra forma - Ahora eres tú el que te has quedado muy
callado.
• RICHARD: Yo andaba liado por aquel
entonces en Londres y no podía venir a los Estados Unidos tanto como hubiera
querido. Candice me contaba cosas . Contestaba
como podía a mis preguntas, pero tampoco
sabía demasiado. Entonces comenzaron las ruedas de prensa y los actos públicos,
y tus apariciones. Conforme éstas eran más frecuentes tu aspecto se desmejoraba
aún más, y mi último recurso , Candice, me decía lo que estaba pasando. Por eso
tampoco me atreví a llamarte. Cuando fuiste a Londres para presentar tu último
libro estuve , te vi y vi su actitud contigo. No eras la Sarah que yo conocía.
Apocada, insegura, intentando ser profesional en vez de serlo, que era la imagen a la que estaba
acostumbrado. Parecías tan enferma…… me marché. No me atreví a acercarme.
Poco
después vino la noticia del accidente. Candice me llamó para evitar que me
enterase por la prensa . Yo me desesperaba porque aún quedaba medio mes de
representaciones y yo no podía marcharme. Hablaba con ella todos los días , me
daba los partes de evolución. El mismo día que culminábamos la última
representación, con mi maleta lista en el teatro, vine hacia aquí en el primer
vuelo. Fui directo del aeropuerto al hospital, y cuando llegué , él estaba
allí, al lado de tu cama, vigilante. Sin mediar palabra entré , y sí, lo saqué
al parking a la fuerza , y sí, le amenacé procurando que nadie me escuchara.
Sarah dejó de preparar comida para mirar a un
Richard realmente abatido, con sus ojos muy abiertos con los que decía de todo
.
• RICHARD: No puedes imaginarte lo
que supuso para mí verte así, cubierta de cables y tubos, deformada por la
hinchazón, amoratada…….. sin reacción.
• SARAH: Siendo crudos, se suponía
que me había empotrado contra un árbol después de dar unas cuantas vueltas de campana cuando
circulaba a más de ciento cuarenta por hora, estando a punto de morir
decapitada cuando una de sus ramas entró
por el parabrisas ¿cómo querías que
estuviese?- cogió un trozo del queso que partía, y se lo acercó- abre la boca.
Richard
no podía evitar mirarla incansablemente. Su gesto se había suavizado y hasta
parecía iluminarse por una casi inapreciable sonrisa.
• SARAH: Abre la boca, quiero que lo
pruebes, tú eres el sibarita de los quesos.
Richard
hizo lo que le dijo, y antes de que ella pudiese retirar los dedos de forma
definitiva, sus labios se los atraparon cuidadosamente.
Ella
bajó la vista hacia sus dedos atrapados para después mirar sus ojos.
• SARAH: Si no me los devuelves, no
cenamos.
Tras
recuperar su mano continuó cortando.
• SARAH: ¿Qué tal?
• RICHARD: Suave. Exquisito a decir
verdad.
• SARAH: Francés. – le sirvió una
copa de vino blanco cuya botella había abierto previamente- este vino lo he
comprado en el mismo sitio.
Richard
bebió un sorbo de aquel magnífico caldo mientras continuaba observándola comportase como si nada hubiera pasado.
Poco
rato después todo estaba listo para cenar : quesos , uvas y vino. Cena
típicamente francesa y ligera. Ella lo llevó todo al salón y lo colocó en la
mesita auxiliar. Aunque para poder disfrutarla, ambos decidieron sentarse en la
alfombra con la espalda apoyada en la parte baja del sofá.
• SARAH: Un exquisita y fina
cena de la forma más cómoda, ¿cuánto
crees que nos hubieran cobrado por esto en uno de esos restaurantes finos?
Richard
se mantenía en silencio, pensativo, con la copa de vino en la mano no
lesionada.
Ella
, aunque intentaba mantener la calma e
intentaba distendir el ambiente , se
desesperaba con aquella actitud, propia de él cuando tiene algo más que
decir y espera el momento oportuno. Apoyó su cabeza en el filo del asiento del
sillón y giró su cabeza . Con sus ojos,
marcaba y seguía su perfil de hombre
sereno en su madurez , que ha disfrutado de la vida como ha querido haciendo lo
que más le gustaba . Qué mayor satisfacción se podía pedir.
Él
, sintiendo sus ojos, giró la suya, pero poco pudo mantenerle la mirada.
• RICHARD: En el informe médico dieron con más lesiones de las que cabía prever dada la
entidad del accidente.
• SARAH: Fue muy aparatoso.
• RICHARD: De las que yo
te estoy hablando, no eran tan recientes, y tampoco las había producido el
accidente. Su localización , resultaba coincidir con lugares de difícil visibilidad.
Volvió
a mirar hacia el frente y bebió otro
sorbo .
• RICHARD: ¿ Te has preguntado por
qué dejé de ser su amigo?
• SARAH: Jamás he querido
preguntarte.
• RICHARD: Siempre oí rumores. Comentarios
que creí maledicentes, más propios de envidiosos que de gente honesta. Pero
jamás pude confirmar nada. Nunca coincidimos en público con sus conquistas.
Apenas las presentaba, y nunca estaba
con ellas más de dos meses a lo sumo. Cuando me enteré de que estabas saliendo
con él , recuerdo que no me lo tomé demasiado bien. Él siempre procuraba estar
atento con mis amistades, especialmente femeninas. Debiste resultarle
excesivamente interesante. Optó por ir a
por ello y le salió bien. Atractivo, con porte, mucha pasta y labia, y sobre
todo, contactos. Los ingredientes perfectos para conquistar y tener todo lo que
quería.
Sarah
dejó su copa encima de la mesa.
• SARAH: Déjame verte la mano.
Ella
le quitó la bolsa de hielo y observó su mano cogiéndola con mucha
delicadeza. Aunque el moretón se había
suavizado bastante, la hinchazón no había desaparecido .
• SARAH: Tendré que dejarte unos
antinflamatorios para mañana.
Aunque
le costaba, por la hinchazón y el dolor,
cerró la mano cogiendo la suya. Su rostro lo reflejaba una y otra vez. Cada vez
que miraba de aquella forma, algo se le removía en el interior. Sin soltársela,
colocó su cabeza encima de las piernas de él.
Él
comenzó a acariciarle el cabello entrelazando sus dedos en él, mientras que con
la mano lesionada, acariciaba su cuello , estirado, terso y suave.
• RICHARD: Siempre que estabas
nerviosa, venías a casa y terminábamos como hoy, en la alfombra del salón y yo
haciendo justamente lo que estoy haciendo ahora.
• SARAH: Y tú portándote como un
auténtico caballero.
• RICHARD: Que remedio.
El
ambiente comenzó a distenderse , permitiendo
incluso que Richard sonriese. Más que por sus palabras, por el tono con el que eran dichas.
• RICHARD: En algo no has cambiado.
Te sigue encantando provocar.
• SARAH: Pero ¿qué he hecho ahora? –
en tono jocoso y con vocecilla de niña pequeña y buena.-
• RICHARD: Será mejor que me marche.
Intentó
levantarse, pero ella ejerció presión
sobre las piernas no pudiendo incorporarse.
• SARAH: No quiero que te vayas.
Vamos, quédate un poco más, sólo un poco.
Richard
dudó si sería correcto cumplir sus deseos, pero dada la dificultad respecto a la resistencia que debía ejercer, decidió
insistir .
• RICHARD: Yo tampoco es que quiera
irme, pero ……….debo hacerlo. ¿Me permites por favor?
• SARAH: ¿Y si no dejo que te marches?
• RICHARD: - ese tonito de ella él lo
conocía muy bien, y aquella situación comenzaba a tensionarlo- He de hacerlo.
Como
si un resorte la hubiera hecho saltar, Sarah se incorporó colocándose sobre sus
piernas, ante la mirada de un Richard, el cual comenzaba a plantearse si pensaba demasiado.
• SARAH: Dame una buena razón de
porque deba dejarte ir.
Richard
observó sus piernas , y trató de colocar en su mente la idoneidad más deseaba
durante años de una imagen como aquella: una Sarah relajada, con el pelo suelto
y alborotado , que le provocaba a olvidarse de muchos de sus principios con tan
sólo mirarla.
• RICHARD: Porque estoy a punto de olvidar el respeto
que te tengo , y mis entrañas me piden
otra cosa, y no quiero.
Richard
siempre había tenido la facilidad para decir las palabras justas en el momento
adecuado. Esa facilidad para devolverte a la realidad que pocos tenían. Pero esas
palabras nunca venían solas .Siempre les
acompañaba aquella especial forma de
mirarla, donde transmitía auténticas caricias que recorrían su cuerpo.
Ella
se incorporó para dejarle el paso libre, y tras levantarse , circunstancia que
aprovechó para recoger su chaqueta
mientras Sarah desaparecía momentáneamente
en su dormitorio. Al comprobar que tardaba, se preocupó, y fue a
buscarla. Al asomarse en la puerta, ella se encontraba sentada en el borde la
cama mirando su reflejo en el espejo en frente suya, con la chaqueta de cuero
en las manos rozando el suelo en parte. Él se apoyó en la moldura, y ella tornó
ligeramente los ojos hacia su imagen.
·
SARAH: Aún no he podido acostumbrarme a ese
reflejo, y por más que lo intento, pareciese que sin la ropa, lo que queda, sea
un deformado recuerdo de lo que fui.
·
RICHARD: Todo el mundo necesita un tiempo para
acostumbrarse.
·
SARAH: Pero yo no lo consigo. Tú hablabas de mis
juegos y mis provocaciones. Sólo soy capaz de hacerlo contigo. No es que me
haya prodigado demasiado en el contacto con el sexo opuesto. Pero cuando todo
sigue un curso casi inevitable, reacciono de la peor manera para alejar todo de
mí.
·
RICHARD:
Eres una superviviente Sarah. Los miedos………..
Ella
le interrumpió.
·
SARAH: ¿Y los miedos me impiden llevar una vida
completamente normal y debo superarlos para seguir adelante? ¿Es eso lo que
ibas a decirme? Porque no me es de mucha ayuda. Es lo que mi psiquiatra lleva
años diciéndome , y aún sigo sin aceptar del todo lo que el accidente y …………..-
bajó su doliente rostro hacia la colcha -
Todas esas teorías sobre la aceptación debe empezar por uno mismo quedan
estupendamente en un papel, pero la realidad viene cuando no hay ropas que te
cubran. Si no soy capaz de aceptar lo que veo de mí, ¿cómo voy a atreverme a
que otro lo vea?.
Se
quedó pensativo. Para ella , toda
aquella vuelta a la realidad , había supuesto algo que pocos conocían
realmente. Entender su incapacidad para rehacer su vida , siempre se había
asociado a problemas con un carácter más que cambiante y potencialmente fuerte
que pocos toleraban . Ser demasiado directa y no jugar a la diplomacia, porque
no quería más que porque no supiera , eran sus puntos más fuertes pero incluso para los que tenía en frente.
Miedo
a la desnudez , y no sólo de su alma , por parte de una mujer que siempre se
había sentido libre de decidir el cómo, cuándo y con quién de cada instante, y
que de pronto, la vida, en uno de esos juegos mortales en los que se empeña en
probar a determinados humanos , da el hachazo de forma distendida cambiándote
la vida por completo y la forma en la que percibimos que los demás nos ven.
¿Miedo
a vivir? No en el sentido estricto, pero no así con sus efectos colaterales.
Miedo a sentir o a que la hagan sentir, a dejarse llevar porque ese momento , tarde o temprano, llega
y
¿qué
hacer entonces?. No se puede vivir siempre de excusas.
Tratando
de recomponerse, decidió pasar página por aquella noche y, cogiendo fuertemente
la chaqueta , se levantó de la cama para salir de la habitación.
• RICHARD: ¿A dónde crees que vas?
• SARAH: ¿No creerías que teniendo la
mano así iba a dejarte ir solo al hotel?
• RICHARD: Pero…. Y ¿tú?
• SARAH: Richard, me conozco la ciudad de cabo a rabo,
son muchos años. En realidad, toda mi vida, y dadas las circunstancias estarás
más rápido y mejor si te llevo yo. Al menos
lograré quedarme algo más tranquila –el rostro de él no parecía muy convencido-
Te prometo que me portaré como una niña buena y vendré derechita a casa.
Y
ofreciéndole uno de los cascos, no tardó demasiado en decidirse, cogiéndolo.
Una
despedida en la puerta del hotel desmedida en ternura, se convertiría casi en
el preámbulo de lo que acontecería sólo dos días después.
La
noche del estreno de la obra de Richard se antojaba distinta a cualquier otra.
Hacía muchos años que Sarah no había tenido oportunidad de ver un estreno de algo suyo y mucho menos
verle trabajar encima de un escenario, pero sabía cómo se sentía perfectamente.
Esos nervios que nunca desaparecían por muchos años que se anduviera en ello.
Los nervios propios a la primera vez que una obra emerge y se muestra en
abierto para todos , con los críticos colados entre el público pendientes del más mínimo de los fallos . Un
público, el de la primera función, que solía mostrarse , sólo por lo que la
novedad que representaba y que no poseía referencia previa, , frío en apariencia, y al que si todo salía como se esperaba, debía
ser la mejor publicidad móvil de la
misma.
Sólo
una vez tuvo oportunidad de observar todo el proceso previo en el backstage, y
ciertamente, el nivel de concentración de los actores era brutal. Pero Richard
lo pasaba realmente mal. Se tensaba
mucho y hasta llegaba a dolerle la cabeza,
síntomas que desaparecían tras subir el telón e imbuirse por completo en
el cuerpo y alma del personaje a interpretar. En su vida y en sus pesares.
Su
amiga había decidido finalmente acudir sola, y ciertamente, las localidades eran inmejorables. No sólo por
su espectacular ubicación, muy cerca del escenario, si no que además, a
diferencia de otras , no se perdía visión alguna de cuanto aconteciera.
Tras
tres horas de pura inspiración poética y prosa trágica, su Hamlet,
excepcionalmente representado por Richard, como no podía ser de otra manera,
dejó el más deliciosos de los regustos a arte en toda la extensión de la
palabra. Aplausos continuados al elenco con todo el público en píe, debiendo
salir a saludar más veces de lo habitual como correspondencia a
su acalorada respuesta , y con una dedicatoria silenciada muy especial hacia
ella por parte del protagonista.
Como
era costumbre, ella le esperaría en la puerta del teatro . Una vez cambiado y acicalado, elegante y
sobriamente vestido , se dirigió a
buscarla. Nada más verla se le notaba feliz,
lo que demostraba que las primeras críticas ya habían comenzado a
circular y que eran del todo favorables. La abrazó tan fuertemente que casi le
corta la respiración, incluso la levantó en peso igual que si fuese una pluma. Estaba eufórico, su mejor manera de soltar los nervios
acumulados, y no paraba de gesticular mucho para expresar sus emociones.
De
allí fueron directamente al local dónde se celebraba la fiesta de inicio de temporada, muy cerca del teatro.
• RICHARD: No creí que fueras a venir
sola.
Entre
el ruido de la gente hablando y el volumen de la música, para poder entenderse
, debieron acercarse mucho el uno al otro.
• SARAH: Perdona, no te oigo bien con
el ruido.
Acercándose
a su oído.
• RICHARD: Digo que pensé que
vendrías con alguien.
• SARAH: Sabes que a veces me gusta
hacer estas cosas sola.
• RICHARD: - en tono irónico- ¿a
veces?
• SARAH: Salgamos a la terraza.
• RICHARD: Allí nos vamos a congelar.
• SARAH: Prefiero pasar un poco de
frío antes que quedarme afónica.
Cogieron
ambos sus copas y fueron hasta la pequeña terraza con vistas a la ciudad . El
local estaba situado en una especie de entrepiso que separaba las viviendas de
las oficinas, un entresuelo sólo que a veinte pisos de altura.
• RICHARD: Bueno, expectante estoy a
que me des tu opinión.
• SARAH: Sabes que siempre me encanta
todo lo que haces.
• RICHARD: Sarah, es tu obra favorita
de Shakespeare… no me des una respuesta políticamente correcta, para eso ya
están el resto del público, y no hablemos de los cuervos de los críticos. Hace mucho que nos conocemos . A estas
alturas tus críticas no me dolerán.
• SARAH: ¿Y por qué habrían de
dolerte? ¿Por qué presupones que son malas?
• RICHARD: No lo sé, quizás es que
así me preparo mejor para los palos.
• SARAH: La gente os ha estado
aplaudiendo más de veinte minutos y han tenido que dejarlo porque se les
desalojaba discretamente. No habrá palos en la prensa ni en la calle. ¡Vuelven
los clásicos !
Tras
pasar parte de la noche allí, decidieron marcharse dando un paseo en busca de
un taxi que llevase a Sarah de vuelta a casa. Ella , como de costumbre , se
cogió de su brazo para intentar abrigarse algo más, y así estuvieron andando y
hablando hasta que unos cincuenta metros más adelante, él se detuvo.
• RICHARD: Quiero darte algo.
Sarah
no podía salir de su perplejidad. Richard introdujo su mano en el bolsillo izquierdo del abrigo
ante la atenta mirada de ella.
• RICHARD: Extiende la mano.
• SARAH: Richard…- nerviosa- .
• RICHARD: Extiéndela.
Y
le colocó una pequeña cajita azul de terciopelo. Sarah la observaba desconcertada y
nerviosa. Ante su reacción él decidió
tranquilizarla.
• RICHARD: No es un anillo de
compromiso- ella se relajó y respiró- Ábrelo.
Era
un colgante de plata con un trébol de
tres hojas .
• RICHARD: Gracias a algo como eso
nos conocimos , y gracias a algo como eso hemos seguido juntos. – la sonrisa de
ella era más que notable- Lo vi en una
joyería el otro día y no pude evitar comprarlo para ti. No sabía si tendría otra oportunidad en estas
Navidades , y más teniendo en cuenta que no te gustan.
• SARAH: ¡Oh Richard! Es precioso.
Y
le abrazó, besándole en la mejilla.
• SARAH: ¿Me lo pones?
• RICHARD: Claro. Así , cuando yo no
esté a tu lado y me necesites, tendrás algo que te recuerde que siempre
estaré contigo.
• SARAH: Eso ya lo sé. Siempre lo he sabido.
Y
cogió sus manos por encima de sus hombros estrechando su cara.
Envueltos
en su mundo, eran ajenos a que alguien más les observaba. Alguien que pasaba
por casualidad junto a unos conocidos con los cuales había ido a cenar aquella
noche, muy cerca del teatro. Alguien a
quien , entre las sombras y la escasa iluminación, la mitad de los gestos se le
antojaban distintos. A quien un beso en
la mejilla, podía parecer la más
apasionada entrega en los labios desde
las luces y sombras del lugar donde se encontraba. Para el que aquellas
imágenes, sólo le confirmaban que se le
acababa el tiempo si no actuaba más deprisa.
El
mismo alguien que una vez llegado a su
casa, con una copa en la mano y sentado en
el gran sofá frente a la chimenea encendida, daba vueltas una y otra vez
a la misma idea, a los mismos recuerdos………….
La
mañana se había levantado de un perfecto azul despejado. Algo frio para lo que se esperaba, ya que años anteriores, la entrada del invierno se había percibido más
progresivamente, pero esta vez se notaba que tenía prisa por llegar . Pronto,
la imagen bucólica de los abrigos dentro de las bolsas plásticas en los
armarios, y de gorros y guantes en sus
forros, resultó ser eso , la imagen bucólica y ya perdida de algo que dejaba de
estar oculto para ocuparlo todo. Sin embargo , a diferencia de esos tiempos
pasados , había decidido sorprenderlos con un sol radiante que les consolara
algo , un cielo sin nubes y una ligera brisa fría pero agradable.
Sarah
llevaba poco más de una hora en el Departamento terminando de preparar la
jornada de clases acompañada por Candice cuando llego Steve. Porte serio, gafas de sol, guantes
y chaqueta de cuero, y el casco de la moto colgando de uno de los
codos.
• STEVE: Buenos días.
• CANDICE: Buenos días Lowell.
Dejó
todo encima del mueblito que había en la entrada, excepto la chaqueta y las gafas , las cuales, espero a quitárselas estando ya junto a su
mesa . Al retirárselas, Candice observó que no parecía haber pasado buena
noche.
• CANDICE: ¿Problemas en el paraíso?
Pese
a que Sarah aún no le había visto, Steve se percató de que algo nuevo había en
ella: el colgante que Richard le había regalado.
Él
se dio la vuelta para prepararse café.
·
STEVE: Perdona Candice ¿decías?
• CANDICE: Te preguntaba si habías dormido mal, por tu
cara digo.
Sarah
levantó entonces la vista un segundo, pero fue su espalda y sus manos maniobrar
lo que alcanzó a ver, volviendo su atención a lo que estaba haciendo.
• STEVE: No, no he pasado muy buena
noche precisamente.
• CANDICE: Bueno, bien pensado pronto llegarán las
vacaciones de Navidad y así descansaremos todos.¿ Supongo que aprovecharás para
volver a casa?
Steve,
que se estaba sirviendo el café en ese momento, dejó de hacerlo, se quedó
pensativo, y giró la cabeza ligeramente hacia detrás para continuar sirviéndose.
• STEVE: No.
Sarah
volvió a mirarle por encima de las gafas.
Mientras
tanto, Candice procuraba no perder detalle tanto de las respuestas de él como
de las reacciones de ella.
·
CANDICE: ¡Oh Dios! ¿Vas a pasar las Navidades
aquí? Dime que al menos tienes pensado quedar con amigos o familia. No es que
no se puedan pasar solo pero……. Y en esta ciudad.
Una
vez servido volvió a la mesa, dejó la taza, y procuró hacer como que prestaba atención a otras cosas
en vez de a ella que la tenía justo en frente .
• STEVE: Pues sí Candice, habemos gente que tendremos que pasar las
Navidades solos, pero te aseguro que no seré el único. Lo de que sea en esta
ciudad , es simplemente circunstancial.
Su
tono serio extrañaba sobremanera a una Sarah que pese a todo , no estaba dispuesta a darle el gusto de propiciarle una respuesta
impropia y que descargara su supuesto enfado o frustración con ella.
• CANDICE: Bueno, desde luego no
serás el único, Sarah también lo pasará sola, para no variar.
Sarah
no la miró, pero el cambio de gesto si fue visto por Candice. Posiblemente , si
Steve no estuviera delante, hubiera sido el objeto del lanzamiento de algún
objeto pesado.
Y
Steve volvió a mirarla a ella , pero su
vista se iba irremediablemente a su colgante, procurando no cruzarse con sus
ojos.
• CANDICE: Claro que para ella
siempre es más fácil.
• STEVE: Como a todo el que no le
gusta las Navidades.
Steve,
que lo lanzó sin pensar, cuando se dio cuenta de lo que había dicho, cerró los
ojos con claro gesto de haber metido la pata. Sarah evitaba mirarle , pero un
enfado súbito y sorpresivo se apoderó de ella.
Candice
no salía de su sorpresa.
• CANDICE: ¿Cómo sabes que no le
gustan las Navidades?
Steve
pudo sentir la mirada inquisitiva y expectante
de Sarah tratando salir del paso
con una respuesta que le ayudase.
• STEVE: Bueno, no……..no lo sé. Lo he
supuesto al decir tú que se quedaba sola como forma habitual.
• CANDICE: ¿Entonces, por esa regla
de tres a ti tampoco te gustan?
• STEVE: No, a mí sí que me gustan,
pero este año prefiero pasarlas aquí.
• CANDICE: Pues para alguien a quien
le gustan , estar solo en Nueva York en esas fechas y más en Fin De Año es duro
y difícil.
• STEVE: Tengo amigos, seguro que
quedamos.
• CANDICE: Bien, tengo que irme a
clase.-dirigiéndose a Sarah- ¿Nos vemos hoy para comer?
Sarah
levantó la cabeza y le afirmó para después girar su cabeza y continuar mirando a Steve, el
cual seguía con la cabeza baja.
• SARAH: Así que no me gustan las
Navidades.
• STEVE: Lo siento- alzó su cara
aunque le costaba mantener la vista.- lo dije sin pensar.
• SARAH: Da igual, Candice no es
tonta , pero sí muy curiosa. En algún momento preguntará.
Ambos
disimularon haciendo que continuaban trabajando en sus cosas, hasta que ella no
pudo evitar continuar preguntando.
• SARAH: ¿Y desde cuándo se supone
que no me gustan?
• STEVE: Se supone que desde siempre,
o al menos eso fue lo que me dijiste.
Ambos
se levantaron al mismo tiempo coincidiendo cerca de la puerta. Él la abrió, y
ella se dispuso a salir cuando un comentario
de su compañero de Departamento la
detuvo.
• STEVE: Bonito colgante.
Ella
se lo tocó, y aún con la mano sobre él lo miró.
• SARAH: Sí, me lo regaló Richard ,
anoche.
Tono
desafiante donde los hubiera, ella esperaba su reacción, pero lejos de
sorprenderle, una mirada altiva fue lo que recibió por respuesta.
• STEVE: ¿Buen estreno?
Ante
el tono evidentemente chulesco de él, ella se puso a la misma altura.
·
SARAH: Inmejorable, claro que, si llego a saber
que tenías tanto interés podría haberte
ofrecido acompañarme, de hecho , me dejó dos entradas en una ubicación
privilegiada.
• STEVE: No lo dudo, lo de las
entradas digo, pero supongo, que para la
fiesta postestreno hubiera resultado un incordio y habría obstaculizado vuestro
paseo posterior.
Sarah
no podía creer lo que estaba escuchando.
·
SARAH: ¿Estuviste allí?
• STEVE: No, pero quedé con unos
conocidos por la zona y os vi.
• SARAH: ¿Y no fuiste capaz de
acercarte? ¡No claro! Eso no va con tu
concepto del honor inglés.
• STEVE: Esto no tiene nada que ver
con el honor inglés. Ni siquiera con el honor.
La
apartó con el brazo y cerró la puerta.
·
SARAH: Pero ¿qué se supone que haces? Tengo
clase ¡abre la puerta!
• STEVE: ¿Vas a continuar la
conversación por estos derroteros? Porque si es así preferiría que no se
enterase media facultad a ser posible.
• SARAH: Pero…… ¡Dios! – lanzó las
cosas que llevaba encima del mueblito de la entrada, y se cruzó de brazos.-
• STEVE: ¿Qué?
• SARAH: ¿Vas a decirme de una vez
que es lo que pasa? ¡Porque la verdad, yo ya no entiendo de qué vas! – Su
rostro, claro con el agua ,lo decía todo por sí solo, pero hasta el momento
nunca le había visto aquella expresión, ni sus ojos le habían transmitido lo
qué sentía en ese instante- ¡Oh Dios! Todo esto es por celos. Estás celoso de
Richard.
• STEVE: - se rió- Resulta curioso
que siempre las mujeres recurráis al mismo tema para excusaros en cuanto hay
otro hombre metido en medio.
Ella
volvió a coger sus cosas.
• SARAH: Entonces, ilumíname. Dime
que me equivoco, pero dame las razones de por qué estoy tan errada según tú, y
mejor será que sean lo suficientemente buenas como para convencerme.
Steve
continuaba atravesándole el brazo en la puerta.
• STEVE: ¿Realmente quieres
saberlo?
Sarah
se moría de ganas , pero tanto el tono empleado en la pregunta como la forma de
mirarla cuando lo hizo , le hacía presagiar que nada bueno se avecinaba y que
posiblemente la respuesta no fuese a gustarle.
Sin
soltar la mano de la puerta, casi amenazantemente, aprovechando su gesto y su
altura, fue acercándose seriamente hacia ella, a la cual sólo le quedaba como
última escapatoria andar hacia atrás .
• STEVE: Poco después de que te
fueras, tu querido amigo Richard vino a buscarme a la facultad. Altamente
cabreado, dio conmigo justo cuando salía del Departamento. Sin mediar palabra,
me colocó la mano en el cuello, me empujo al interior y cerrando la puerta me
empotró contra la pared. Por más que yo intentaba que me soltara, su
corpulencia en ese momento hacía que cuanto más lo intentase más apretase mi
cuello - Sarah quedó encajonada sin
salida entre la pared y la mesita del fondo , prácticamente sentada , con el
cuerpo de Steve prácticamente haciéndole sombra, sintiendo su rabia - Sin dejarme contestar ni decir palabra, sin
aflojar su mano , me acusó de haber provocado tu marcha , y que debía de haber
sido algo tan terrible como para que te
fueras corriendo antes de lo esperado y sin avisar. Juró que removería cielo y tierra para
averiguarlo, y que si se enteraba de que
te había hecho daño, me mataría con esas
mismas manos. Cuando logré que aflojase la presión, le
dije que tampoco sabía dónde estabas, que discutiste conmigo de pronto y sin
venir a cuento y que desapareciste, pero no me creyó. Aseguraba que nunca te irías sin
avisarle, sin despedirte. Le insistí que estabas extraña, que no parecías la
misma, y le dio igual. Cualquier palabra que dijera no era escuchada. No quería
argumentos, ni respuestas. Pagó conmigo sus propias frustraciones por el simple
hecho de que te marchases de esa forma
ni que acudieras a él si tenías problemas. Ni una sola palabra pude decir que fuera
escuchada, ni una sola respuesta recibí tampoco. Dos días después, cogía un avión para buscarte aquí.
Aún
hoy, después de tanto tiempo, espero una explicación al menos, porque la
disculpa hace tiempo que desistí en la esperanza de encontrarla.- se fue
incorporando y ella recuperaba poco a poco el espacio y el aire - Ya sabes lo que ha pasado , por lo menos lo
último, porque lo del inicio entre él y yo fue otra historia. Lo que me extraña,
es que nunca tratara de convencerte para
que dejaras de verme, por mi supuesta perniciosa influencia de crío bien y
aprovechado. – su boca, se tornó en una sonrisa casi siniestra – El eterno
amante silencioso que jamás me vio bien. El mismo , que en el momento de ser
presentado, apretó mi mano con tanta fuerza que logró transmitirme, sin decirme
unan sola palabra, todos sus temores de macho herido por el miembro invasor. El
de las preguntas perniciosas aunque sutiles durante tus ausencias momentáneas
de aquella maldita fiesta. Ya me dejó claro en aquel entonces cuanto te
consideraba suya, y ahora que vuelvo a cruzarme en tu camino, pese a los años y
lo sucedido que , desde luego, él conoce mejor que yo, aún continúo
representando un peligro. Llegados a estas alturas, lo único que me cuestiono,
sinceramente, es sí de verdad lo soy. ¿Tú que crees?
Con
la mano en el pomo de la puerta, la abrió mirando hacia otro punto de la habitación, y esperando, simplemente, que ella saliese.
Recogiendo
sus cosas aún con su cuerpo tembloroso de los nervios , se dispuso a salir del
Departamento sin dudar por un instante.
Aquellos pasillos , se convertían en un regocijante marco de seguridad.
Antes
de entrar a clase, cogió su móvil, marcó el número de Richard, saltó el
contestador y le dejó un recado: debían verse lo antes posible .
Richard
le confirmaría mediante mensaje la hora y el lugar. ¿El día? Aquel mismo. El
tono de su mensaje hablado le había
dejado preocupado. El lugar: La casa de ella. El Momento: Después de la
función, pero él pasaría a recogerla a la Facultad e irían juntos.
Preocupada
por el estado de su relación con Steve,
todas las complicaciones subsiguientes y su estado interior de plena
confusión sobre lo que consideraba como razonable y lo que sentía en realidad ,
algo desgraciadamente familiar, se
dispuso a afrontar un almuerzo en apariencia de mero trámite.
Dado
que el día ofrecía una de las últimas oportunidades de poder comer en el
exterior, quedaron en la pista de atletismo como siempre, en la parte superior
de las gradas de piedra.
Cuando
Sarah llegó, Candice la estaba esperando.
• CANDICE: Llegas a tardar cinco
minutos más y me encuentran hecha figurita de hielo.
• SARAH: Piensa en las ventajas, es
la mejor manera de conservarse joven.
Se
sonrió, sabía que a su amiga los comentarios sobre la edad no es que le
molestasen , pero tampoco es que le gustase que le recordasen que se hacía
mayor.
• CANDICE: Muy graciosa. He traído un
termo con café caliente del bueno.
• SARAH: ¿Todo un termo?
• CANDICE: Bueno, no hace falta
tomárselo por entero, pero necesitaba huir del café aguado de la cafetería al
menos por un día.
• SARAH: Tengo dos sándwiches de
pavo, si quieres te dejo uno.
Cuando
Candice vio el tamaño, no pudo evitar comentar.
• CANDICE: ¿Y con eso piensas
aguantar lo que queda de día? ¿Con un mísero sándwich casi transparente de
pavo?
• SARAH: No tengo demasiado apetito.
• CANDICE: ¿No estarás incubando
nada? Te lo pregunto para saber si he de tomar las precauciones habitúales, que contigo nunca se sabe.
• SARAH: No, simplemente llevo unos
días algo rara .
Candice
siguió comiendo mientras la observaba. Parecía ida, pensativa , en otro lugar.
Es cierto que su apetito no era destacable lo cual en ella tampoco es que fuera
normal. Intentando centrarla y sin
andarse con rodeos como solía ser costumbre en ella, fue lo más directa que
supo.
• CANDICE: ¿Qué hay entre Steve y tú?
Sarah
dejó de masticar. Su amiga y compañera consiguió uno de los objetivos que
pretendía, acaparar toda su atención sin medida alguna. Ante tal pregunta , el silencio , al menos
temporal, y el rostro perplejo, fueron
las únicas respuestas recibidas.
• CANDICE: Os llevo observando hace
tiempo, y dese luego, no sé tú que disimulas bastante bien , pero a Steve………..
– desesperada por no encontrar la forma de que reaccionase decidió volver a
golpear verbalmente de nuevo- ¡Vamos
Sarah! ¿Qué hay que ocultar? Realmente si hubieras tenido un rollo aislado lo
comprendería, hasta me alegraría por ti . Es joven , atractivo, culto. Aunque
esto último no sea estrictamente necesario para pasar un buen rato.- Y tanto
lanzó que no paraba de hablar casi compulsivamente, comenzando a agobiarla
- La verdad, tengo mi edad y mi experiencia , y sé cuándo
algo pasa o está a punto de pasar entre dos personas. Da igual el sexo, es como
un sexto sentido..- Sarah, agobiada, la interrumpió-.
• SARAH: Candice…
• CANDICE: Ciertamente, ya te dije
desde el principio…
• SARAH: Candice
• CANDICE: Que ese chico
era perfecto para ti , al menos para un ratito si no querías nada más
…..
• SARAH: ¡¡¡Candice!!!
Candice,
subsumida en su mundo mientras hablaba, se sobresaltó con el grito.
• CANDICE: ¿Qué?
• SARAH: Steve fue el motivo de no
querer volver a los Estados Unidos. Fue él por quién quise quedarme en Londres,
y fue por él y por la idea de tener que alejarme de él, por quién tuve el ataque de ansiedad cuando
hablé contigo.
Su
amiga no salía de su asombro.
• SARAH: ¿Ahora entiendes por qué no
era una buena idea?
Continuaron
el almuerzo en absoluto silencio. Candice asumiendo la información recibida y
tratando de casar hechos, conversaciones y datos sueltos que ahora parecían
cobrar sentido por sí solos. Pero mucho no le duraría ese estado letárgico
pensativo, con el momento del café postcomida llegaron las preguntas.
• CANDICE: He de reconocer que nunca has sabido mentir, pero ocultar
información……
• SARAH: Yo tampoco lo sabía, hasta
hace poco. Y no me preguntes como lo descubrí porque posiblemente tampoco
podría explicártelo razonablemente. Al
final , las imágenes y sueños recurrentes resultaron tener cara, voz y tacto. De borrosas, pasaron a tener una nitidez meridiana y hasta
casi dolorosa.
Candice
continuó pensativa .
• CANDICE: Espera un segundo… si las
cuentas no me fallan estamos hablando de unos seis años. Pero….. ¿estamos
hablando de que ese hombre ha dejado su cátedra por venir aquí y …?
Su
amiga continuó la argumentación.
·
SARAH: Y no saber lo que estaba pasando en
realidad. Por lo visto, recibí una
llamada que no recuerdo. Cambié de
actitud. Me puse nerviosa y terminé de forma muy desagradable. Vino a buscarme, pero tuvo que volverse sin resultado.
• CANDICE: ¿Vino? ¡Oh Dios! La llamada. Sarah………..
Sarah
la miró aún más desconcertada.
·
CANDICE: Sarah…………
Del
desconcierto pasó al temor más absoluto, apoyado por el rostro de su amiga,
pálido y desencajado.
·
CANDICE: Cuando fuiste a Londres, te acababan de realizar una de tus
revisiones. Por las fechas, la llamada coincide aproximadamente con el día que
te dijeron que te localizarían para darte los resultados. Londres no fue lo único que terminaste mal.
Hubo que iniciar todo, estando tú en
coma.
Del
desconcierto pasó a la congoja más absoluta. Se entristeció de forma muy
notable . No hacía falta hablar más de ello, ahora todo cobraba sentido teniendo
en cuenta lo pasado posteriormente, su
forma de pensar, y las decisiones que
adoptó en torno a su vida.
Ana
Patricia Cruz López
Todos
los derechos reservados.

debo de reconocer que este capitulo me encanto y por muchas razones. Gracias!!!!
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