sábado, 21 de noviembre de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO DECIMO SEGUNDO ( Cuarta parte) Encontrando la realidad frente al espejo. (Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPITULO DECIMO SEGUNDO (Cuarta  parte)
N.Y. Créditos a quién corresponda

“  Me creí valiente  ante todo,
y sin embargo,
me he convertido en lo más indefenso entre tus brazos.
Una mirada tuya capaz de desarmarme,
Capaz de atrapar mi alma sin que pueda hacer nada por evitarlo.
Sentimientos que creí olvidados en el cajón de mi mente,
Al que ahora descubro, que jamás cerré con llave” .

ENCONTRANDO LA REALIDAD FRENTE AL ESPEJO

Salir de aquel despacho,   tras mil recuerdos revoloteando a flor de piel, no fue tarea fácil. Richard aún se encontraba tan nervioso que no era capaz de sentir dolor en la mano ,y posiblemente, a juzgar por el gesto de su rostro, aún podría haber continuado sin descanso hasta saciar todo aquel rencor guardado durante tanto tiempo.

Se dirigieron a casa de Sarah y , aunque él insistió en marcharse, ella trató de convencerle de que subiera para curarle la mano,  cuyos nudillos se encontraban ensangrentados y abiertos, aprovechando de paso para intentar tranquilizarle.

Una vez en el piso, sin que él tuviera la posibilidad de reaccionar enteramente, ella le hizo sentarse en el sofá mientras iba a la cocina para servirle una copa. Una vez se la entregó, fue al cuarto de baño en busca del botiquín y comprobó si tenía suficiente hielo en la nevera.
Cuando lo hubo traído todo, lo dejó en la mesita auxiliar y se sentó a su lado. Le cogió la mano con mucho cuidado y la observó. Del golpe propiciado , el dolor no parecía si no comenzar a aparecer al irse enfriando , pero la hinchazón era una cuestión imparable. Los signos de un incipiente derrame en el inicio de los dedos centrales  sumado  a cortes en la piel  producidos por la fuerza de la pegada,  resultaban demasiados visibles en su piel tan blanca , no siendo nada agradable.
Richard no era un hombre que acostumbrase a quejarse, de echo era la persona que mejor resistía el dolor de las que Sarah conocía, pero aquello  le molestaba,  aunque ella nunca estuvo muy segura de si se trataba por el golpe  y las consecuencias que ello suponía , por tener que volverse a encontrar en una situación así, para él , difícilmente olvidable.


En cuanto la gasa humedecida en agua oxigenada rozó la herida, el escozor le hizo volver del mundo en el que parecía encontrarse absorto mentalmente, retirándolo bruscamente y manifestando molestia . Ella no insistió en tocarle hasta que estuviese listo reacción que no tardó demasiado acompañado de una disculpa gesticulada con la mirada.

Mirarla en aquel instante le hizo olvidar todo aquello que le turbaba, siendo lo único que le devolvía algo de serenidad, y desde entonces , no deseó otra cosa. La delicadeza y cuidado con el que ella le limpiaba la herida en silencio y le colocaba el apósito , removía todo lo conmovedor que siempre guardaba para ella en su interior,  resultando una imagen más que conmovedora. Su cabeza gacha,  le daba el aspecto de una frágil chiquilla a la que nunca dejaría de proteger, ese alma tan suya que nunca había dejado de tener en el fondo y que le otorgaba el mayor de los placeres posibles: paz. Una paz inmensa, casi eterna.

Aún sin que ninguno de los dos intercambiase ni una sola palabra, instante impagable y memorable en el que los silencios entre ambos , una vez más,  así como antaño se disfrutaron, lo abarcaban todo.
Sarah fue a la cocina para prepararle la bolsa de hielo . Le dejó un cojín para apoyarla y con cuidado le colocó la bolsa encima.

Mientras ella lo recogía todo sentada a su lado , se sentía observada.  Richard gozaba de la más que dudosa virtud de poseer una vista tan profundamente penetrante que hasta cuando te miraba a metros de distancia podías percibir sus ojos depositados en ti.

•             RICHARD: Estás muy callada.
•             SARAH: No más que de costumbre.
•             RICHARD: ¿No tienes que preguntarme nada?
•             SARAH: ¿Tendría que hacerlo?

Ella se levantó en ese momento para llevar de vuelta las cosas del botiquín al cuarto de baño.
Richard respiró hondo mientras se miraba la mano.  Sabía que se moría de ganas de preguntarle , pero que no lo haría por las respuestas que sobre el pasado que no recuerda había recibido de él.
Al regresar ella a la cocina la conversación continuó.

•             SARAH: Por una vez pareces tú más ansioso de que te pregunte . De hacerlo ¿me responderías ?
•             RICHARD: Lo que creo es que no puedes esperar a obtener respuestas de esto y no entender qué ha pasado.
•             SARAH :  Lo cierto es que no sé por qué habría de extrañarme lo que ha pasado, no sería la primera persona que conozco con la que te llevas mal.

Richard , sin soltar la bolsa de hielo con la otra mano,  se acercó a la cocina .
Su cara de sorpresa no dejó indiferente a la dueña de la casa.

•             SARAH: Es cierto que aún no te he visto pegarle , claro que……si se produjo , no lo recuerdo. Pero ciertamente pareciera que no te faltan ganas cada vez que te lo encuentras.
•             RICHARD: ¿Lowell?

Sarah preparaba algo de cena mientras.

•             RICHARD: No es lo mismo, y no, jamás me he pegado con Lowell.
•             SARAH: Evidentemente no creo que ello haya sucedido. De lo contrario , dudo que ni la cortesía evitase que no os saludaseis, y sí, es cierto, la motivación no es la misma a juzgar por lo que te he escuchado -


Richard continuaba viéndose la mano y apretando la bolsa de hielo, mientras Sarah trataba de saciar su curiosidad averiguadora por otro camino.

•             SARAH: ¿Fue eso de lo que hablabas con Bruce en el Parking del Hospital?- un rápido vistazo a su cara y la relativa sorpresa resultó mayúscula- La gente habla, y hay otra que se entera. Por lo visto , dicen que le sacaste de mi habitación  prácticamente por el cuello y que una vez lo soltaste en el parking,  hablaste agitadamente con él .  ¿Fue eso lo que le dijiste? ¿Qué le matarías si me volvía a poner una mano encima? – al ver que no contestaba, mientras partía algo de  queso , decidió  instigarle de otra forma -  Ahora eres tú el que te has quedado muy callado.

•             RICHARD: Yo andaba liado por aquel entonces en Londres y no podía venir a los Estados Unidos tanto como hubiera querido.  Candice me contaba cosas . Contestaba como podía  a mis preguntas, pero tampoco sabía demasiado. Entonces comenzaron las ruedas de prensa y los actos públicos, y tus apariciones. Conforme éstas eran más frecuentes tu aspecto se desmejoraba aún más, y mi último recurso ,  Candice,  me decía lo que estaba pasando. Por eso tampoco me atreví a llamarte. Cuando fuiste a Londres para presentar tu último libro estuve , te vi y vi su actitud contigo. No eras la Sarah que yo conocía. Apocada, insegura, intentando ser profesional en vez de serlo,  que era la imagen a la que estaba acostumbrado. Parecías tan enferma…… me marché. No me atreví a acercarme.
Poco después vino la noticia del accidente. Candice me llamó para evitar que me enterase por la prensa . Yo me desesperaba porque aún quedaba medio mes de representaciones y yo no podía marcharme. Hablaba con ella todos los días , me daba los partes de evolución. El mismo día que culminábamos la última representación, con mi maleta lista en el teatro, vine hacia aquí en el primer vuelo. Fui directo del aeropuerto al hospital, y cuando llegué , él estaba allí, al lado de tu cama, vigilante. Sin mediar palabra entré , y sí, lo saqué al parking a la fuerza , y sí, le amenacé procurando que nadie me escuchara.

Sarah  dejó de preparar comida para mirar a un Richard realmente abatido, con sus ojos muy abiertos con los que decía de todo .

•             RICHARD: No puedes imaginarte lo que supuso para mí verte así, cubierta de cables y tubos, deformada por la hinchazón, amoratada…….. sin reacción.
•             SARAH: Siendo crudos, se suponía que me había empotrado contra un árbol después de dar  unas cuantas vueltas de campana cuando circulaba a más de ciento cuarenta por hora, estando a punto de morir decapitada cuando  una de sus ramas entró por el parabrisas  ¿cómo querías que estuviese?- cogió un trozo del queso que partía, y se lo acercó- abre la boca.

Richard no podía evitar mirarla incansablemente. Su gesto se había suavizado y hasta parecía iluminarse por una casi inapreciable sonrisa.

•             SARAH: Abre la boca, quiero que lo pruebes, tú eres el sibarita de los quesos.

Richard hizo lo que le dijo, y antes de que ella pudiese retirar los dedos de forma definitiva, sus labios se los atraparon cuidadosamente.
Ella bajó  la vista hacia sus dedos atrapados  para después mirar sus ojos.

•             SARAH: Si no me los devuelves, no cenamos.

Tras recuperar su mano continuó cortando.

•             SARAH: ¿Qué tal?
•             RICHARD: Suave. Exquisito a decir verdad.
•             SARAH: Francés. – le sirvió una copa de vino blanco cuya botella había abierto previamente- este vino lo he comprado en el mismo sitio.

Richard bebió un sorbo de aquel magnífico caldo mientras continuaba observándola  comportase como si nada hubiera pasado.

Poco rato después  todo estaba listo  para cenar : quesos , uvas y vino. Cena típicamente francesa y ligera. Ella lo llevó todo al salón y lo colocó en la mesita auxiliar. Aunque para poder disfrutarla, ambos decidieron sentarse en la alfombra con la espalda apoyada en la parte baja del sofá.

•             SARAH: Un exquisita y fina cena  de la forma más cómoda, ¿cuánto crees que nos hubieran cobrado por esto en uno de esos restaurantes finos?

Richard se mantenía en silencio, pensativo, con la copa de vino en la mano no lesionada.
Ella , aunque intentaba mantener la calma  e intentaba distendir el ambiente , se  desesperaba con aquella actitud, propia de él cuando tiene algo más que decir y espera el momento oportuno. Apoyó su cabeza en el filo del asiento del sillón y giró su cabeza .  Con sus ojos, marcaba y seguía  su perfil de hombre sereno en su madurez , que ha disfrutado de la vida como ha querido haciendo lo que más le gustaba . Qué mayor satisfacción se podía pedir.

Él , sintiendo sus ojos, giró la suya, pero poco pudo mantenerle la mirada.

•             RICHARD:  En el informe médico dieron con más  lesiones de las que cabía prever dada la entidad del accidente.
•             SARAH: Fue muy aparatoso.
•             RICHARD:  De las que yo  te estoy hablando, no eran tan recientes, y tampoco las había producido el accidente. Su localización , resultaba coincidir  con lugares de difícil visibilidad.

Volvió a mirar hacia el frente y  bebió otro sorbo .

•             RICHARD: ¿ Te has preguntado por qué dejé de ser su amigo?
•             SARAH: Jamás he querido preguntarte.
•             RICHARD: Siempre oí rumores. Comentarios que creí maledicentes, más propios de envidiosos que de gente honesta. Pero jamás pude confirmar nada. Nunca coincidimos en público con sus conquistas. Apenas las presentaba,  y nunca estaba con ellas más de dos meses a lo sumo. Cuando me enteré de que estabas saliendo con él , recuerdo que no me lo tomé demasiado bien. Él siempre procuraba estar atento con mis amistades, especialmente femeninas. Debiste resultarle excesivamente interesante.  Optó por ir a por ello y le salió bien. Atractivo, con porte, mucha pasta y labia, y sobre todo, contactos. Los ingredientes perfectos para conquistar y tener todo lo que quería.

Sarah dejó su copa encima de la mesa.

•             SARAH: Déjame verte la mano.

Ella le quitó la bolsa de hielo y observó su mano cogiéndola con mucha delicadeza.  Aunque el moretón se había suavizado bastante, la hinchazón no había desaparecido .

•             SARAH: Tendré que dejarte unos antinflamatorios para mañana.

Aunque le costaba,  por la hinchazón y el dolor, cerró la mano cogiendo la suya. Su rostro lo reflejaba una y otra vez. Cada vez que miraba de aquella forma, algo se le removía en el interior. Sin soltársela, colocó su cabeza encima de las piernas de él.
Él comenzó a acariciarle el cabello entrelazando sus dedos en él, mientras que con la mano lesionada, acariciaba su cuello , estirado, terso y suave.

•             RICHARD: Siempre que estabas nerviosa, venías a casa y terminábamos como hoy, en la alfombra del salón y yo haciendo justamente lo que estoy haciendo ahora.
•             SARAH: Y tú portándote como un auténtico caballero.
•             RICHARD: Que remedio.

El ambiente comenzó a distenderse , permitiendo  incluso que Richard sonriese. Más que por sus palabras,  por el tono con el que eran dichas.

•             RICHARD: En algo no has cambiado. Te sigue encantando provocar.
•             SARAH: Pero ¿qué he hecho ahora? – en tono jocoso y con vocecilla de niña pequeña y buena.-
•             RICHARD: Será mejor que me marche.

Intentó levantarse,  pero ella ejerció presión sobre las piernas no pudiendo incorporarse.

•             SARAH: No quiero que te vayas. Vamos, quédate un poco más, sólo un poco.

Richard dudó si sería correcto cumplir sus deseos, pero dada la dificultad respecto a  la resistencia que debía ejercer, decidió insistir .

•             RICHARD: Yo tampoco es que quiera irme, pero ……….debo hacerlo. ¿Me permites por favor?
•             SARAH: ¿Y si no  dejo que te marches?
•             RICHARD: - ese tonito de ella él lo conocía muy bien, y aquella situación comenzaba a tensionarlo- He de hacerlo.

Como si un resorte la hubiera hecho saltar, Sarah se incorporó colocándose sobre sus piernas, ante la mirada de un Richard,  el cual comenzaba  a plantearse si pensaba demasiado.

•             SARAH: Dame una buena razón de porque deba dejarte ir.

Richard observó sus piernas , y trató de colocar en su mente la idoneidad más deseaba durante años de una imagen como aquella: una Sarah relajada, con el pelo suelto y alborotado , que le provocaba a olvidarse de muchos de sus principios con tan sólo mirarla.

•             RICHARD:  Porque estoy a punto de olvidar el respeto que te tengo , y mis entrañas  me piden otra cosa, y no quiero.

Richard siempre había tenido la facilidad para decir las palabras justas en el momento adecuado. Esa facilidad para devolverte a la realidad que pocos tenían. Pero esas palabras nunca venían solas .Siempre  les acompañaba  aquella especial forma de mirarla, donde transmitía auténticas caricias que recorrían su cuerpo.

Ella se incorporó para dejarle el paso libre, y tras levantarse , circunstancia que aprovechó para recoger  su chaqueta mientras Sarah desaparecía momentáneamente  en su dormitorio. Al comprobar que tardaba, se preocupó, y fue a buscarla. Al asomarse en la puerta, ella se encontraba sentada en el borde la cama mirando su reflejo en el espejo en frente suya, con la chaqueta de cuero en las manos rozando el suelo en parte. Él se apoyó en la moldura, y ella tornó ligeramente los ojos hacia su imagen.

·        SARAH: Aún no he podido acostumbrarme a ese reflejo, y por más que lo intento, pareciese que sin la ropa, lo que queda, sea un deformado recuerdo de lo que fui.
·        RICHARD: Todo el mundo necesita un tiempo para acostumbrarse.
·        SARAH: Pero yo no lo consigo. Tú hablabas de mis juegos y mis provocaciones. Sólo soy capaz de hacerlo contigo. No es que me haya prodigado demasiado en el contacto con el sexo opuesto. Pero cuando todo sigue un curso casi inevitable, reacciono de la peor manera para alejar todo de mí.
·        RICHARD:  Eres una superviviente Sarah. Los miedos………..

Ella le interrumpió.

·        SARAH: ¿Y los miedos me impiden llevar una vida completamente normal y debo superarlos para seguir adelante? ¿Es eso lo que ibas a decirme? Porque no me es de mucha ayuda. Es lo que mi psiquiatra lleva años diciéndome , y aún sigo sin aceptar del todo lo que el accidente y …………..- bajó su doliente rostro hacia la colcha -  Todas esas teorías sobre la aceptación debe empezar por uno mismo quedan estupendamente en un papel, pero la realidad viene cuando no hay ropas que te cubran. Si no soy capaz de aceptar lo que veo de mí, ¿cómo voy a atreverme a que otro lo vea?.
Se quedó pensativo.  Para ella , toda aquella vuelta a la realidad , había supuesto algo que pocos conocían realmente. Entender su incapacidad para rehacer su vida , siempre se había asociado a problemas con un carácter más que cambiante y potencialmente fuerte que pocos toleraban . Ser demasiado directa y no jugar a la diplomacia, porque no quería más que porque no supiera , eran sus puntos más fuertes  pero incluso para los que tenía en frente.

Miedo a la desnudez , y no sólo de su alma , por parte de una mujer que siempre se había sentido libre de decidir el cómo, cuándo y con quién de cada instante, y que de pronto, la vida, en uno de esos juegos mortales en los que se empeña en probar a determinados humanos , da el hachazo de forma distendida cambiándote la vida por completo y la forma en la que percibimos que los demás nos ven.

¿Miedo a vivir? No en el sentido estricto, pero no así con sus efectos colaterales. Miedo a sentir o a que la hagan sentir, a dejarse llevar  porque ese momento , tarde o temprano, llega y
¿qué hacer entonces?. No se puede vivir siempre de excusas.

Tratando de recomponerse, decidió pasar página por aquella noche y, cogiendo fuertemente la chaqueta , se levantó de la cama para salir de la habitación.

•             RICHARD: ¿A dónde crees que vas?
•             SARAH: ¿No creerías que teniendo la mano así iba a dejarte ir solo al hotel?
•             RICHARD: Pero…. Y ¿tú?
•             SARAH:  Richard, me conozco la ciudad de cabo a rabo, son muchos años. En realidad, toda mi vida, y dadas las circunstancias estarás más rápido y mejor si te llevo yo. Al menos  lograré quedarme algo más tranquila –el rostro de él no parecía muy convencido- Te prometo que me portaré como una niña buena y vendré derechita a casa.

Y ofreciéndole uno de los cascos, no tardó demasiado en decidirse, cogiéndolo.

Una despedida en la puerta del hotel desmedida en ternura, se convertiría casi en el preámbulo de lo que acontecería sólo dos días después.
La noche del estreno de la obra de Richard se antojaba distinta a cualquier otra. Hacía muchos años que Sarah no había tenido oportunidad  de ver un estreno de algo suyo y mucho menos verle trabajar encima de un escenario, pero sabía cómo se sentía perfectamente. Esos nervios que nunca desaparecían por muchos años que se anduviera en ello. Los nervios propios a la primera vez que una obra emerge y se muestra en abierto para todos , con los críticos colados entre el público  pendientes del más mínimo de los fallos . Un público, el de la primera función, que solía mostrarse , sólo por lo que la novedad  que  representaba y que no poseía  referencia previa, , frío en apariencia,  y al que si todo salía como se esperaba, debía ser  la mejor publicidad móvil de la misma.

Sólo una vez tuvo oportunidad de observar todo el proceso previo en el backstage, y ciertamente, el nivel de concentración de los actores era brutal. Pero Richard lo pasaba realmente mal.  Se tensaba mucho y hasta llegaba a dolerle la cabeza,  síntomas que desaparecían tras subir el telón e imbuirse por completo en el cuerpo y alma del personaje a interpretar. En su vida y en sus pesares.

Su amiga había decidido finalmente acudir sola, y ciertamente,  las localidades eran inmejorables. No sólo por su espectacular ubicación, muy cerca del escenario, si no que además, a diferencia de otras , no se perdía visión alguna de cuanto aconteciera.

Tras tres horas de pura inspiración poética y prosa trágica, su Hamlet, excepcionalmente representado por Richard, como no podía ser de otra manera, dejó el más deliciosos de los regustos a arte en toda la extensión de la palabra. Aplausos continuados al elenco con todo el público en píe, debiendo salir a saludar  más  veces de lo habitual como correspondencia a su acalorada respuesta , y con una dedicatoria silenciada muy especial hacia ella  por parte del protagonista.

Como era costumbre, ella le esperaría en la puerta del teatro .  Una vez cambiado y acicalado, elegante y sobriamente  vestido , se dirigió a buscarla. Nada más verla se le notaba feliz,  lo que demostraba que las primeras críticas ya habían comenzado a circular y que eran del todo favorables. La abrazó tan fuertemente que casi le corta la respiración, incluso la levantó en peso  igual que si fuese una pluma.  Estaba eufórico,  su mejor manera de soltar los nervios acumulados, y no paraba de gesticular mucho para expresar sus emociones.

De allí fueron directamente al local dónde se celebraba la fiesta de inicio  de temporada, muy cerca del teatro.

•             RICHARD: No creí que fueras a venir sola.

Entre el ruido de la gente hablando y el volumen de la música, para poder entenderse , debieron acercarse mucho el uno al otro.

•             SARAH: Perdona, no te oigo bien con el ruido.

Acercándose a su oído.

•             RICHARD: Digo que pensé que vendrías con alguien.
•             SARAH: Sabes que a veces me gusta hacer estas cosas sola.
•             RICHARD: - en tono irónico- ¿a veces?
•             SARAH: Salgamos a la terraza.
•             RICHARD: Allí nos vamos a congelar.
•             SARAH: Prefiero pasar un poco de frío antes que quedarme afónica.

Cogieron ambos sus copas y fueron hasta la pequeña terraza con vistas a la ciudad . El local estaba situado en una especie de entrepiso que separaba las viviendas de las oficinas, un entresuelo sólo que a veinte pisos de altura.

•             RICHARD: Bueno, expectante estoy a que me des tu opinión.
•             SARAH: Sabes que siempre me encanta todo lo que haces.
•             RICHARD: Sarah, es tu obra favorita de Shakespeare… no me des una respuesta políticamente correcta, para eso ya están el resto del público, y no hablemos de los cuervos de los críticos.  Hace mucho que nos conocemos . A estas alturas tus críticas no me dolerán.
•             SARAH: ¿Y por qué habrían de dolerte? ¿Por qué presupones que son malas?
•             RICHARD: No lo sé, quizás es que así me preparo mejor para los palos.
•             SARAH: La gente os ha estado aplaudiendo más de veinte minutos y han tenido que dejarlo porque se les desalojaba discretamente. No habrá palos en la prensa ni en la calle. ¡Vuelven los clásicos !

Tras pasar parte de la noche allí, decidieron marcharse dando un paseo en busca de un taxi que llevase a Sarah de vuelta a casa. Ella , como de costumbre , se cogió de su brazo para intentar abrigarse algo más, y así estuvieron andando y hablando hasta que unos cincuenta metros más adelante, él se detuvo.

•             RICHARD: Quiero darte algo.

Sarah no podía salir de su perplejidad. Richard introdujo  su mano en el bolsillo izquierdo del abrigo ante  la atenta mirada de ella. 

•             RICHARD: Extiende la mano.
•             SARAH: Richard…- nerviosa- .
•             RICHARD: Extiéndela.

Y le colocó una pequeña cajita azul de terciopelo.  Sarah la observaba desconcertada y nerviosa.  Ante su reacción él decidió tranquilizarla.

•             RICHARD: No es un anillo de compromiso- ella se relajó y respiró- Ábrelo.

Era un colgante de plata  con un trébol de tres hojas .

•             RICHARD: Gracias a algo como eso nos conocimos , y gracias a algo como eso hemos seguido juntos. – la sonrisa de ella era más que notable-  Lo vi en una joyería el otro día y no pude evitar comprarlo para ti.  No sabía si tendría otra oportunidad en estas Navidades , y más teniendo en cuenta que no te gustan.
•             SARAH: ¡Oh Richard! Es precioso.

Y le abrazó,  besándole en la mejilla.

•             SARAH: ¿Me lo pones?
•             RICHARD: Claro. Así , cuando yo no esté a tu lado y me necesites, tendrás algo que te recuerde que siempre estaré  contigo.
•             SARAH: Eso ya lo sé.  Siempre lo he sabido.

Y cogió sus manos por encima de sus hombros estrechando su cara.

Envueltos en su mundo, eran ajenos a que alguien más les observaba. Alguien que pasaba por casualidad junto a unos conocidos con los cuales había ido a cenar aquella noche,  muy cerca del teatro. Alguien a quien , entre las sombras y la escasa iluminación, la mitad de los gestos se le antojaban distintos.  A quien un beso en la mejilla,  podía parecer la más apasionada entrega  en los labios desde las luces y sombras del lugar donde se encontraba. Para el que aquellas imágenes, sólo  le confirmaban que se le acababa el tiempo si no actuaba más deprisa.
El mismo alguien que  una vez llegado a su casa, con una copa en la mano y sentado en  el gran sofá frente a la chimenea encendida, daba vueltas una y otra vez a la misma idea, a los mismos recuerdos………….


La mañana se había levantado de un perfecto azul despejado.  Algo frio para lo que se esperaba,  ya que años anteriores,  la entrada del invierno se había percibido más progresivamente, pero esta vez se notaba que tenía prisa por llegar . Pronto, la imagen bucólica de los abrigos dentro de las bolsas plásticas en los armarios, y de  gorros y guantes en sus forros, resultó ser eso , la imagen bucólica y ya perdida de algo que dejaba de estar oculto para ocuparlo todo. Sin embargo , a diferencia de esos tiempos pasados , había decidido sorprenderlos con un sol radiante que les consolara algo , un cielo sin nubes y una ligera brisa fría pero agradable.

Sarah llevaba poco más de una hora en el Departamento terminando de preparar la jornada de clases acompañada por Candice cuando llego Steve. Porte serio,   gafas de sol,  guantes   y   chaqueta de cuero,  y el casco de la moto colgando de uno de los codos.

•             STEVE: Buenos días.
•             CANDICE: Buenos días Lowell.

Dejó todo encima del mueblito que había en la entrada,  excepto la chaqueta y las gafas , las cuales,  espero a quitárselas estando ya junto a su mesa . Al retirárselas, Candice observó que no parecía haber pasado buena noche.

•             CANDICE: ¿Problemas en el paraíso?

Pese a que Sarah aún no le había visto, Steve se percató de que algo nuevo había en ella: el colgante que Richard le había regalado. 
Él se dio la vuelta para prepararse café.

·        STEVE: Perdona Candice ¿decías?
•             CANDICE:  Te preguntaba si habías dormido mal, por tu cara digo.

Sarah levantó entonces la vista un segundo, pero fue su espalda y sus manos maniobrar lo que alcanzó a ver, volviendo su atención a lo que estaba haciendo.

•             STEVE: No, no he pasado muy buena noche precisamente.
•             CANDICE:  Bueno, bien pensado pronto llegarán las vacaciones de Navidad y así descansaremos todos.¿ Supongo que aprovecharás para volver a casa?

Steve, que se estaba sirviendo el café en ese momento, dejó de hacerlo, se quedó pensativo, y giró la cabeza ligeramente hacia detrás  para continuar sirviéndose.

•             STEVE: No.

Sarah volvió a mirarle por encima de las gafas.
Mientras tanto, Candice procuraba no perder detalle tanto de las respuestas de él como de las reacciones de ella.

·        CANDICE: ¡Oh Dios! ¿Vas a pasar las Navidades aquí? Dime que al menos tienes pensado quedar con amigos o familia. No es que no se puedan pasar solo pero……. Y en esta ciudad.

Una vez servido volvió a la mesa, dejó la taza, y procuró  hacer como que prestaba atención a otras cosas en vez de a ella que la tenía justo en frente .

•             STEVE: Pues sí Candice,  habemos gente que tendremos que pasar las Navidades solos, pero te aseguro que no seré el único. Lo de que sea en esta ciudad , es simplemente circunstancial.

Su tono serio extrañaba sobremanera a una Sarah que pese a todo ,  no estaba dispuesta a  darle el gusto de propiciarle una respuesta impropia y que descargara su supuesto enfado o frustración con ella.

•             CANDICE: Bueno, desde luego no serás el único, Sarah también lo pasará sola, para no variar.

Sarah no la miró, pero el cambio de gesto si fue visto por Candice. Posiblemente , si Steve no estuviera delante, hubiera sido el objeto del lanzamiento de algún objeto pesado.
Y Steve volvió a mirarla a ella  , pero su vista se iba irremediablemente a su colgante, procurando no cruzarse con sus ojos.

•             CANDICE: Claro que para ella siempre es más fácil.
•             STEVE: Como a todo el que no le gusta las Navidades.

Steve, que lo lanzó sin pensar, cuando se dio cuenta de lo que había dicho, cerró los ojos con claro gesto de haber metido la pata. Sarah evitaba mirarle , pero un enfado súbito y sorpresivo se apoderó de ella.
Candice no salía de su sorpresa.

•             CANDICE: ¿Cómo sabes que no le gustan las Navidades?

Steve pudo sentir la mirada inquisitiva y expectante  de Sarah  tratando salir del paso con una respuesta que le ayudase.

•             STEVE: Bueno, no……..no lo sé. Lo he supuesto al decir tú que se quedaba sola como forma habitual.
•             CANDICE: ¿Entonces, por esa regla de tres a ti tampoco te gustan?
•             STEVE: No, a mí sí que me gustan, pero este año prefiero pasarlas aquí.
•             CANDICE: Pues para alguien a quien le gustan , estar solo en Nueva York en esas fechas y más en Fin De Año es duro y difícil.
•             STEVE: Tengo amigos, seguro que quedamos.
•             CANDICE: Bien, tengo que irme a clase.-dirigiéndose a Sarah- ¿Nos vemos hoy para comer?

Sarah levantó la cabeza y le afirmó para después girar  su cabeza y continuar mirando a Steve, el cual seguía con la cabeza baja.

•             SARAH: Así que no me gustan las Navidades.
•             STEVE: Lo siento- alzó su cara aunque le costaba  mantener la  vista.- lo dije sin pensar.
•             SARAH: Da igual, Candice no es tonta , pero  sí  muy curiosa. En algún momento preguntará.

Ambos disimularon haciendo que continuaban trabajando en sus cosas, hasta que ella no pudo evitar continuar preguntando.

•             SARAH: ¿Y desde cuándo se supone que no me gustan?
•             STEVE: Se supone que desde siempre, o al menos eso fue lo que me dijiste.

Ambos se levantaron al mismo tiempo coincidiendo cerca de la puerta. Él la abrió, y ella se dispuso a salir  cuando un comentario de su compañero de Departamento  la detuvo.

•             STEVE: Bonito colgante.

Ella se lo tocó, y aún con la mano sobre él  lo miró.

•             SARAH: Sí, me lo regaló Richard , anoche.

Tono desafiante donde los hubiera, ella esperaba su reacción, pero lejos de sorprenderle, una mirada altiva fue lo que recibió por respuesta.

•             STEVE: ¿Buen estreno?

Ante el tono evidentemente chulesco de él, ella se puso a la misma altura.

·        SARAH: Inmejorable, claro que, si llego a saber que tenías tanto interés  podría haberte ofrecido acompañarme, de hecho , me dejó dos entradas en una ubicación privilegiada.
•             STEVE: No lo dudo, lo de las entradas digo, pero supongo,  que para la fiesta postestreno hubiera resultado un incordio y habría obstaculizado vuestro paseo posterior.

Sarah no podía creer lo que estaba escuchando.

·        SARAH: ¿Estuviste allí?
•             STEVE: No, pero quedé con unos conocidos por la zona y os vi.
•             SARAH: ¿Y no fuiste capaz de acercarte?  ¡No claro! Eso no va con tu concepto del honor inglés.
•             STEVE: Esto no tiene nada que ver con el honor inglés. Ni siquiera con el honor.

La apartó con el brazo y cerró la puerta.

·        SARAH: Pero ¿qué se supone que haces? Tengo clase ¡abre la puerta!
•             STEVE: ¿Vas a continuar la conversación por estos derroteros? Porque si es así preferiría que no se enterase media facultad a ser posible.
•             SARAH: Pero…… ¡Dios! – lanzó las cosas que llevaba encima del mueblito de la entrada, y se cruzó de brazos.-
•             STEVE: ¿Qué?
•             SARAH: ¿Vas a decirme de una vez que es lo que pasa? ¡Porque la verdad, yo ya no entiendo de qué vas! – Su rostro, claro con el agua ,lo decía todo por sí solo, pero hasta el momento nunca le había visto aquella expresión, ni sus ojos le habían transmitido lo qué sentía en ese instante- ¡Oh Dios! Todo esto es por celos. Estás celoso de Richard.
•             STEVE: - se rió- Resulta curioso que siempre las mujeres recurráis al mismo tema para excusaros en cuanto hay otro hombre metido en medio.

Ella volvió a coger sus cosas.

•             SARAH: Entonces, ilumíname. Dime que me equivoco, pero dame las razones de por qué estoy tan errada según tú, y mejor será que sean lo suficientemente buenas como para convencerme. 

Steve continuaba atravesándole el brazo en la puerta.

•             STEVE: ¿Realmente quieres saberlo? 

Sarah se moría de ganas , pero tanto el tono empleado en la pregunta como la forma de mirarla cuando lo hizo , le hacía presagiar que nada bueno se avecinaba y que posiblemente la respuesta no fuese a gustarle.
Sin soltar la mano de la puerta, casi amenazantemente, aprovechando su gesto y su altura, fue acercándose seriamente hacia ella, a la cual sólo le quedaba como última escapatoria andar hacia atrás .

•             STEVE: Poco después de que te fueras, tu querido amigo Richard vino a buscarme a la facultad. Altamente cabreado, dio conmigo justo cuando salía del Departamento. Sin mediar palabra, me colocó la mano en el cuello, me empujo al interior y cerrando la puerta me empotró contra la pared. Por más que yo intentaba que me soltara, su corpulencia en ese momento hacía que cuanto más lo intentase más apretase mi cuello -  Sarah quedó encajonada sin salida entre la pared y la mesita del fondo , prácticamente sentada , con el cuerpo de Steve prácticamente haciéndole sombra, sintiendo su rabia -  Sin dejarme contestar ni decir palabra, sin aflojar su mano , me acusó de haber provocado tu marcha , y que debía de haber sido algo tan terrible como  para que te fueras corriendo antes de lo esperado y sin avisar.  Juró que removería cielo y tierra para averiguarlo,  y que si se enteraba de que te había hecho daño,  me mataría con esas mismas manos. Cuando logré que aflojase la presión,   le dije que tampoco sabía dónde estabas, que discutiste conmigo de pronto y sin venir a cuento y que desapareciste, pero  no me creyó. Aseguraba que nunca te irías sin avisarle, sin despedirte. Le insistí que estabas extraña, que no parecías la misma, y le dio igual. Cualquier palabra que dijera no era escuchada. No quería argumentos, ni respuestas. Pagó conmigo sus propias frustraciones por el simple hecho de que te marchases de esa forma  ni que acudieras a él si tenías problemas.  Ni una sola palabra pude decir que fuera escuchada, ni una sola respuesta recibí tampoco. Dos días después,  cogía un avión para buscarte aquí.
Aún hoy, después de tanto tiempo, espero una explicación al menos, porque la disculpa hace tiempo que desistí en la esperanza de encontrarla.- se fue incorporando y ella recuperaba poco a poco el espacio y el aire -  Ya sabes lo que ha pasado , por lo menos lo último, porque lo del inicio entre él y yo fue otra historia. Lo que me extraña,  es que nunca tratara de convencerte para que dejaras de verme, por mi supuesta perniciosa influencia de crío bien y aprovechado. – su boca, se tornó en una sonrisa casi siniestra – El eterno amante silencioso que jamás me vio bien. El mismo , que en el momento de ser presentado, apretó mi mano con tanta fuerza que logró transmitirme, sin decirme unan sola palabra, todos sus temores de macho herido por el miembro invasor. El de las preguntas perniciosas aunque sutiles durante tus ausencias momentáneas de aquella maldita fiesta. Ya me dejó claro en aquel entonces cuanto te consideraba suya, y ahora que vuelvo a cruzarme en tu camino, pese a los años y lo sucedido que , desde luego, él conoce mejor que yo, aún continúo representando un peligro. Llegados a estas alturas, lo único que me cuestiono, sinceramente, es sí de verdad lo soy. ¿Tú que crees?


Con la mano en el pomo de la puerta, la abrió mirando hacia  otro punto de la habitación, y  esperando, simplemente,  que ella saliese.
Recogiendo sus cosas aún con su cuerpo tembloroso de los nervios , se dispuso a salir del Departamento  sin dudar por un instante. Aquellos pasillos , se convertían en un regocijante marco de seguridad.

Antes de entrar a clase, cogió su móvil, marcó el número de Richard, saltó el contestador y le dejó un recado: debían verse lo antes posible .

Richard le confirmaría mediante mensaje la hora y el lugar. ¿El día? Aquel mismo. El tono de su mensaje hablado  le había dejado preocupado. El lugar: La casa de ella. El Momento: Después de la función, pero él pasaría a recogerla a la Facultad e irían juntos.

Preocupada por el estado de su relación con Steve,  todas las complicaciones subsiguientes y su estado interior de plena confusión sobre lo que consideraba como razonable y lo que sentía en realidad , algo desgraciadamente familiar,  se dispuso a afrontar un almuerzo en apariencia de mero trámite.  
Dado que el día ofrecía una de las últimas oportunidades de poder comer en el exterior, quedaron en la pista de atletismo como siempre, en la parte superior de las gradas de piedra.
Cuando Sarah llegó, Candice la estaba esperando.

•             CANDICE: Llegas a tardar cinco minutos más y me encuentran hecha figurita de hielo.
•             SARAH: Piensa en las ventajas, es la mejor manera de conservarse joven.

Se sonrió, sabía que a su amiga los comentarios sobre la edad no es que le molestasen , pero tampoco es que le gustase que le recordasen que se hacía mayor.

•             CANDICE: Muy graciosa. He traído un termo con café caliente del bueno.
•             SARAH: ¿Todo un termo?
•             CANDICE: Bueno, no hace falta tomárselo por entero, pero necesitaba huir del café aguado de la cafetería al menos por un día.
•             SARAH: Tengo dos sándwiches de pavo, si quieres te dejo uno.

Cuando Candice vio el tamaño, no pudo evitar comentar.

•             CANDICE: ¿Y con eso piensas aguantar lo que queda de día? ¿Con un mísero sándwich casi transparente de pavo?
•             SARAH: No tengo demasiado apetito.
•             CANDICE: ¿No estarás incubando nada? Te lo pregunto para saber si he de tomar las precauciones habitúales,  que contigo nunca se sabe.
•             SARAH: No, simplemente llevo unos días algo rara  .

Candice siguió comiendo mientras la observaba. Parecía ida, pensativa , en otro lugar. Es cierto que su apetito no era destacable lo cual en ella tampoco es que fuera normal.  Intentando centrarla y sin andarse con rodeos como solía ser costumbre en ella, fue lo más directa que supo.

•             CANDICE: ¿Qué hay entre Steve y tú?

Sarah dejó de masticar. Su amiga y compañera consiguió uno de los objetivos que pretendía, acaparar toda su atención sin medida alguna.  Ante tal pregunta , el silencio , al menos temporal, y el rostro perplejo,   fueron  las únicas respuestas recibidas.

•             CANDICE: Os llevo observando hace tiempo, y dese luego, no sé tú que disimulas bastante bien , pero a Steve……….. – desesperada por no encontrar la forma de que reaccionase decidió volver a golpear verbalmente de nuevo-  ¡Vamos Sarah! ¿Qué hay que ocultar? Realmente si hubieras tenido un rollo aislado lo comprendería, hasta me alegraría por ti . Es joven , atractivo, culto. Aunque esto último no sea estrictamente necesario para pasar un buen rato.- Y tanto lanzó que no paraba de hablar casi compulsivamente, comenzando a agobiarla -  La verdad,  tengo mi edad y mi experiencia , y sé cuándo algo pasa o está a punto de pasar entre dos personas. Da igual el sexo, es como un sexto sentido..- Sarah, agobiada, la interrumpió-.
•             SARAH: Candice…
•             CANDICE: Ciertamente, ya te dije desde el principio…
•             SARAH: Candice
•             CANDICE:  Que ese chico  era perfecto para ti , al menos para un ratito si no querías nada más …..
•             SARAH: ¡¡¡Candice!!!

Candice, subsumida en su mundo mientras hablaba, se sobresaltó con el grito.

•             CANDICE: ¿Qué?
•             SARAH: Steve fue el motivo de no querer volver a los Estados Unidos. Fue él por quién quise quedarme en Londres, y fue por él y por la idea de tener que alejarme de él,  por quién tuve el ataque de ansiedad cuando hablé contigo.

Su amiga no salía de su asombro.

•             SARAH: ¿Ahora entiendes por qué no era una buena idea?

Continuaron el almuerzo en absoluto silencio. Candice asumiendo la información recibida y tratando de casar hechos, conversaciones y datos sueltos que ahora parecían cobrar sentido por sí solos. Pero mucho no le duraría ese estado letárgico pensativo, con el momento del café postcomida llegaron las preguntas.

•             CANDICE: He de reconocer  que nunca has sabido mentir, pero ocultar información……
•             SARAH: Yo tampoco lo sabía, hasta hace poco. Y no me preguntes como lo descubrí porque posiblemente tampoco podría explicártelo razonablemente.  Al final , las imágenes y sueños recurrentes resultaron tener cara,  voz y tacto. De borrosas,  pasaron a tener una nitidez meridiana y hasta casi dolorosa.

Candice continuó pensativa .

•             CANDICE: Espera un segundo… si las cuentas no me fallan estamos hablando de unos seis años. Pero….. ¿estamos hablando de que ese hombre ha dejado su cátedra por venir aquí y …?


Su amiga continuó la argumentación.

·        SARAH: Y no saber lo que estaba pasando en realidad. Por lo visto,  recibí una llamada que no recuerdo.  Cambié de actitud. Me puse nerviosa y terminé de forma muy desagradable. Vino a  buscarme,  pero tuvo que volverse sin resultado.
•             CANDICE:  ¿Vino? ¡Oh Dios! La llamada. Sarah………..

Sarah la miró aún más desconcertada.

·        CANDICE: Sarah…………

Del desconcierto pasó al temor más absoluto, apoyado por el rostro de su amiga, pálido y desencajado.

·        CANDICE: Cuando fuiste a Londres,  te acababan de realizar una de tus revisiones. Por las fechas, la llamada coincide aproximadamente con el día que te dijeron que te localizarían para darte los resultados.  Londres no fue lo único que terminaste mal. Hubo que iniciar todo,  estando tú en coma.

Del desconcierto pasó a la congoja más absoluta. Se entristeció de forma muy notable . No hacía falta hablar más de ello, ahora todo cobraba sentido teniendo en cuenta lo pasado posteriormente,  su forma de pensar,  y las decisiones que adoptó en torno a su vida.

Ana Patricia Cruz López
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1 comentario:

  1. debo de reconocer que este capitulo me encanto y por muchas razones. Gracias!!!!

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