sábado, 12 de diciembre de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO DECIMO CUARTO. SEGUNDA PARTE. ...Y llegó..............Navidad (Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPÍTULO DECIMO CUARTO   (Segunda  parte)
N.Y.. Créditos a quién corresponda

“Podría estar el resto de mi vida mirándote,
con eso me conformaría.
Dibujando con mis dedos invisibles cada tramo de tu piel.
Podría estar el resto de mi vida escuchándote,
cada letra, cada sílaba, no pido más.
Podría estar el resto de mi vida recordándote,
así, tal y cómo te muestras: hermoso,
vulnerable en el fondo pero seguro de ti mismo, entregado………….
Si pudieras prometerme que esto continuaría siendo así…….”

……Y LLEGÓ ………NAVIDAD

Al volver con el manuscrito en la mano, Steve ya se encontraba en el sofá de nuevo. Ella se sentó a su lado pero sin guardar demasiado las distancias , algo que él interpretó como la desaparición de las pocas posibles defensas que debían quedar hacia su persona. De echo, era agradable apenas mirar ligeramente a su derecha y verla, sentirla tan cerca, como antes.
Ella le extendió la mano que portaba el documento.
•             SARAH: Todo tuyo.
Su mirada determinante. Por dentro,  cuestionándose si aquello seguía siendo una buena idea, por fuera y hacia ella,  la duda de si de verdad quería que lo hiciera.
•             SARAH: ¿Te acuerdas por dónde lo dejamos?
•             STEVE: Hace tiempo que no hacíamos esto. ¿Te acuerdas  o lo repasaste intencionadamente para hoy?
•             SARAH: La duda ofende, difícil olvidar los días de lectura ¿no crees?  - al verle abrirlo y buscar la página exacta ella se lo indicó para su sorpresa-  está marcado con el pos it verde.
Steve no salía de su sorpresa  lo cual resultaba extraño porque él no era un hombre fácil de sorprender.
Vio el pos it, lo abrió justo donde estaba marcado, respiró hondo ,  y continuó leyendo retomando el último párrafo donde lo dejaron.
·        STEVE: “No quiero dejar de sentir esto que siento, esto que me provocas. No quiero volver a sentirme fría como una mañana de invierno, no quiero , que ese viento helado que tare el tiempo, ejemplifique mi muerte.
No quiero seguir viviendo sin ti, porque entonces, no merecerá la pena seguir viviendo.”

Volvió a respirar hondo, lo necesitaba. Aquellas últimas palabras leídas y más en las circunstancias que lo fueron, encontrarse ahora a su lado  ……….. Decidió continuar.

·        STEVE: Y la mañana congregó a los falsos amantes . Él , engañado , creyéndose protagonista de un sentimiento sincero , y ella,  desplegando su papel cuando por dentro , lo que se escondía bajo su piel , era otra cosa.


Así te he visto compañero de cama y desfallecimiento , y aunque creas que esto ha sido fácil, no lo es. Mentirosa profesional de los sentimientos , juego con mis fichas intercambiables una y otra vez , tratando de sobrevivir en este absurdo mundo que perdió sentido hace más tiempo del que creo recordar.

Piezas de un tablero  sin rostros , sólo con nombres y cuerpos, con los que cubrir esa necesidad animal para revestirla de compaña .  Carne sudorosa e irreconocible, mezclada con olor humano informal , propio de un ritual repetitivo de falsos testimonios , dónde lo más primitivo surge de forma espontánea .

Y mientras, entre sus brazos, busco saber por qué realmente no puedes estar ahí. Necesidad convertida en pura ansiedad por saber cuándo volveré a sentirte en mis adentros , cuándo será tu alma diluida en cada intercambio la que me diga quién soy.

Sin personalidad , perdida entre los escombros de lo que fue mi vida contigo, trato de encontrarme en dónde nunca me he atrevido a buscar. Aquel lugar escondido y silencioso que sólo tú conoces , con la sabia esperanza de encontrarte  una vez sea capaz de averiguar quién soy. De quién soy . A dónde pertenezco.
Perdida entre columnas de silencio y frío mármol,  me siento sola pese a siempre buscar algo  que poder ver  , algo que me haga sentir .

Mujer por necesidad, castigo divino por algo que nunca hice, ahora se niegan a concederme que pueda desaparecer.

Manchas de sangre  en mi piel. Mis manos recubiertas de tu sacrificio. Sentimiento de culpabilidad.  Hedor a puro vicio y descontrol centrado entre mis piernas que siempre esperan al nuevo aspirante. Dolor sangrante  del que jamás nadie oirá un solo lamento .

Dije que no podría vivir sin ti, y no puedo.

Me dejo llevar por todo lo que me rodea . Quise ser normal, y sólo las tentaciones me fueron presentadas. Camino por un valle , pero sus sombras son conocidas , las de los cadáveres que he ido dejando tras usarlos como correspondía y de mí se esperaba, mientras mi corazón , con su recubrimiento de plata, espera que la luna vuelva a enviarte a mí .

Te necesito. Ya no me reconozco. Mi desamparo, mi desierto. Eres el agua capaz de aplacarme. Y sin embargo , todo contigo nunca fue fácil. Tus reglas y condiciones no escritas. Veladas amenazadas de cansancio infranqueable haciéndote conmigo sin que pueda negarme. Manos ,las mías, enlazadas por  la seda carmín que representan tus manos , y cuyas yemas impregnan de ti cada rincón mío. Cerebro incandescente, al que evades en una nebulosa con cada palabra que susurras.

Necesidad. Aire contaminado por ti que te hace inolvidable y al mismo tiempo muy presente . Dúo convertido en individualidad.

Soy tuya. Eso era todo lo que necesitabas escuchar y yo jamás quise decirte, aunque lo pensase, lo desease, lo supiese. ¿De quién más si no? Y consciente de ello, creo que en el fondo jamás te he perdido,  aunque no estés, aspirando , por siempre, a que yo sólo haya podido dejar en ti  una milésima parte de mi esencia . Una parte , sin duda insignificante comparada a la tuya, pero que haga que te acuerdes y regreses a dónde siempre quisiste estar y de dónde nunca quisiste marcharte.”

Steve se detuvo. La página continuaba en blanco, y lo poco que transparentaba la siguiente , se veía que no proseguía. Lo cerró, y lo depositó encima de la mesa por un instante.

•             STEVE: Necesito ir al servicio un segundo.

Ella, que no había perdido ni un ápice de atención a cada palabra dicha, a cada entonación suya le indicó.

•             SARAH: Sigue ese pasillo hasta el fondo, es la última puerta de la izquierda.
•             STEVE: Gracias, vengo en seguida.

Ella aprovechó para estirar algo las piernas y recoger un poco.
Cuando Steve salió del cuarto de baño, vio la puerta del dormitorio abierta y se quedó observándolo todo desde su posición. Ella , intentando guardar algo en uno de los armarios más cercanos al pasillo, al cerrar la puerta , le pareció verle detenido por fuera del baño, se asomó y lo confirmó. De pie, con una mano apoyada en la moldura de su habitación mirando al interior de su dormitorio.
Cuando volvió en sí, al darse la vuelta la vio , viéndole curiosear .

•             STEVE: Lo siento, no quería…
•             SARAH: Tranquilo, puedes mirar todo lo que quieras, no tengo nada que ocultar.
•             STEVE: No , sólo fue un ………
•             SARAH: Impulso , curioso,  pero impulso.

Él se medio sonrió.

•             STEVE: Supongo. Por cierto- mirando su reloj- he visto la hora y estaba pensando que posiblemente era hora de que me marchase.
•             SARAH: ¿Por qué? Aún no es muy tarde y mañana es festivo. Salvo que… tengas algo que hacer o – miró al suelo –  y  prefieras marcharte.

El tono casi suplicante de ella resultaba muy significativo.

•             STEVE: ¿Algo que hacer ¿ ¿ Mañana?
•             SARAH: Sí, no sé, pensé que lo decías porque podrías haber quedado con alguien.
•             STEVE: - pensando para sí en alto y diciéndolo no lo suficientemente alto  como para que ella lo oyera, la cual volvía a la cocina - No con quién yo quisiera desde luego.
•             SARAH: ¿Perdona? ¿Decías algo?
•             STEVE: No que va – tratando de recomponer la normalidad mientras regresaba al salón -  pensando en alto sólo. Pues la verdad no tenía planes específicos , lo pensé más bien  por ti, no sé .
•             SARAH: -cogió otra botella de vino blanco de la nevera- Voy a serte sincera.
•             STEVE: - Ansioso por saber qué tenía que decirle- Por favor.
•             SARAH: Primero, no pensé que esta noche la acabaría pasando acompañada, y menos aún tan bien acompañada.
•             STEVE: Gracias por la parte que me toca. ¿Qué más?
•             SARAH: - Mientras intentaba abrir la botella- Segundo, no pensé que esa persona me fuese a hacer esta noche tan deliciosamente agradable.

Al ver que ella estaba haciendo fuerza para abrirla y que le costaba , él se ofreció.

•             STEVE:  Si sigues así vas a conseguir  sonrojarme, ¿quieres dejar de forzarla? Se te puede romper en la mano. ¿Te importa dejármela?

Lejos de pensar si había sido una buena idea tal comentario, sin reticencia alguna por su parte , se la cedió de inmediato gustosamente.

•             STEVE: ¿Y tercero? ¿Por qué habrá un tercero? – mientras hacía fuerza para abrir la botella que parecía atascada.
•             SARAH: Y tercero…
•             STEVE: ¿Sí?
•             SARAH: Que nunca te agradeceré lo bastante que  hayas vuelto, y pese a todo,  te hayas quedado.- Steve dejó quieta la botella por un instante , se limitó a escuchar algo que en ninguna manera imaginó que oiría sin dejar de observar lo que tenía entre las manos , no atreviéndose a hacerlo hacia ningún otro lugar -  Sé lo que te he dicho y aún así , pudiendo decidir dejarlo todo y regresar a casa  preferiste quedarte,  aunque fueses consciente de que las cosas podrían no volver a ser iguales o al menos, a ser normales, dentro de lo que ambos podemos entender por normal dadas las circunstancias. No voy a excusarme en mi falta de memoria porque ello no es justificación. No he sabido estar a la altura de lo que ha ido sucediendo ni de la madurez que se supone  debería haber mostrado, y posiblemente te haya hecho más daño del que he intentado evitar  con todo ello.- Steve trataba de controlar su reacción natural en ese instante aprovechando su cabeza gacha. Aquellas palabras le ahogaban lentamente. Para ella, una forma de disculparse; para él, una puerta abierta , una nueva oportunidad – Soy bastante cabezota , y  por lo que me dicen lo he sido siempre, y sólo espero que no sea demasiado tarde  para si no olvidar , si por lo menos perdonar .- Steve permanecía en silencio volviendo a intentar abrir la botella- Te advierto que esto no es fruto del mal llamado espíritu navideño, yo no tengo de eso.- logró por fin que él se riera  y él consiguió abrir la botella. Cuando levantó la cabeza, aunque disimulara, sus ojos lo decían todo. Como al niño que recién despierto, salta  de la cama , va al árbol y descubre que papa Noel ha llegado, y ella supo captarlo-  Está bien, tomaré lo que me transmiten tus ojos en este momento como respuesta válida.
•             STEVE: ¿Botella de vino abierta? Eso creo que significa que todavía queda mucha noche.
•             SARAH: Si tú quieres,  sí.

Su sonrisa lo decía por sí mismo, pero aun así prefiero apostillar.

•             STEVE: Me encantaría.

Una  amplia sonrisa en el rostro  era el mejor punto y seguido de aquella especial noche de Navidad, una noche de Navidad diferente………….para los dos.

Al llegar a la mesita del salón, Steve echó un vistazo velado a la cubierta del  manuscrito.

•             STEVE: Ahora te toca decidir qué hacer, ya que no podremos proseguir con la lectura.
·        SARAH : ¿Qué ?
·        STEVE: Compruébalo tú misma.

Con él en las manos vio que no era mentira ni error. El resto de sus páginas permanecían blancas. Entre preocupada y afligida , se sentó en el sofá con los papeles en las manos.

·        SARAH: ¿Recordabas cómo terminaba?
·        STEVE: Sé que se vio interrumpido por tu marcha, pero no, no recordaba el punto exacto aunque ……….

Ella mostró interés inusitado por lo que podría decirle.

·        STEVE: Sí , recuerdo lo que estuvimos haciendo ese día. Había decidido darte una sorpresa. Fui a buscarte muy temprano aquella mañana . Creo recordar que debía de ser sábado, por el escaso tráfico. Tú me preguntabas cada cinco minutos a dónde te llevaba , y yo , mordiéndome la lengua, trataba de conducir  manteniéndome  firme sin responderte. Y de pronto, cuando menos te lo esperabas, allí apareció .  Meriton Hall .  La casa de verano familiar. . Estuvimos allí aprovechando que no había nadie, salvo el guarda . La  recorrimos  por completo , y aunque tu rostro era digno de grabación  mientras no parabas de admirar admirando los techos y las paredes, fue ese misma cara de sorpresa y delirio absoluto,  lo que no pude dejar de mirar fijamente cuando llegamos a la sala de arte, con el clavicordio y el chelo siempre preparados para ser tocados.  Hasta que llegamos a las caballerizas, después de atravesar parte de los jardines.

Sarah cogió su copa de vino y bebió lo que le quedaba de un solo trago. Su cabeza seguía rigiendo, proporcionándole mil y una ideas que no lograba distinguir de los recuerdos. Realidad y ficción a partes iguales, mezclándose continuamente.
Demasiado tiempo en silencio por su parte comenzaron a preocupar a Steve.

•             STEVE: Sarah……..

Ella  se levantó con decisión del sofá, mientras Steve quedó sentado donde mismo estaba, extrañado. Sarah andaba pensativa, más de lo que era habitual y deambulaba por la casa sin recalar en ningún sitio en concreto, hasta que se detuvo en la encimera alta. Él se acercó , deteniéndose a pocos centímetros.

•             STEVE:  Sarah….

Con la cabeza baja y con ambas manos apoyada en el mármol, comenzó a hablar.

·        SARAH: Insististe en que entráramos. Me cediste el hacerlo primero y me seguiste.  Vi aquella preciosa yegua de pelaje anacarado y brillante que parecía llamarme. Te pedí permiso sin decirte si quiera las palabras y tú me incitaste a que me acercase. Cuando la estaba acariciando, sentí que me abrazabas desde atrás. Tus manos, en mi vientre, haciéndome sentir fuerte y segura, y en mi mente, pensando por qué no podría ser todo así, tan sencillo.

 Sin pensar, la atrajo hacia sí estrechándola en un abrazo contundente, de los que hacen traspasar el calor humano del contrincante. Cuando hubo logrado darse cuenta, reaccionó en seco. Cerró los ojos por un instante al pensar que había cometido el peor de los errores en esas circunstancias.
Fue separando su cuerpo lentamente hasta tener el rostro de ella lo suficientemente cerca como para que no se le olvidara aquella expresión, tranquila , serena, de casi aceptación a su juicio. No ,no parecía molesta. Ni siquiera había retirado las manos de su cintura , posible reacción natural de ella ante dicho abrazo, sostenía su mirada,  sin miedo .

En aquel contacto, parte de su pelo quedó junto a uno de los lados de su cara. Con cuidado exquisito ,  se lo fue retirando  delicadamente sin dejar de observarla. La oportunidad perfecta, la digna ocasión de poder demostrarle lo que sentía, pero algo en su interior le contrariaba y le decía que ante una duda como aquella era mejor no hacerlo, no en ese instante. Aquella misma conciencia que lo atormentaba con razones que él no llegaba a comprender del todo pero tampoco cuestionaba, le hacía merecedor de los devaneos de la tentación más absoluta la cual,  giraba una y otra vez en su conciencia  y en sus instintos, llegando éstos a pesar mucho más que cualquier otra cosa. 

Al final, su raciocinio pudo más, y se limitó a apoyar su frente en la de ella y pedirle  perdón para sí ,  en silencio, por algo genérico que ni él mismo entendía.

El resto de la noche, con un ambiente más natural y distendido, transcurrió entre botellas de vino, mucha conversación sobre otros temas y las perspectivas más tranquilas . Una noche de Navidad diferente sin duda.

Bien entrada la madrugada, y acuciando el cansancio, tocó la hora de retirarse.
Sin embargo, pese a la insistencia de Steve de marcharse a su casa, ella le advirtió de que no le dejaría salir de allí hasta que no descansase y se despejase , que ella no permitiría que con lo que había bebido cogiese el coche para volver a casa.

Con una mezcla muy peligrosa de alcohol- desinhibición  , instintos retenidos y sobredosis de provocación  , continuaba con la idea de marcharse hasta que Sarah tuvo que ponerse seria. Vio que cogía sus cosas y se dirigía a la puerta , corriendo hacia él  para interponerse en medio.

•             STEVE: Vamos, déjame salir, estoy bien.
•             SARAH: No es que te estés cayendo precisamente,  pero no voy a dejarte salir y menos aún coger el coche.
·        STEVE: Pues llámame a un taxi.
·        SARAH: A esta hora imposible , ¿te queda alternativa?

Su gesto juguetón y aquella forma de acercarse a la puerta presagiaban lo peor en su estado. A ella  sólo le quedaba conservar  la calma y  la seriedad ,  rezumándola por los cuatro costados.

•             SARAH: Déjame las llaves Steve.
•             STEVE: - Se sonreía , pese a su rostro serio y su tono de voz no la creía capaz de hacer cualquier cosa-  ¿Qué llaves?- con ellas en la mano derecha-.
•             SARAH: ¡Estas!-  y se abalanzó sobre su mano para cogerlas , pero él metió su brazo en la espalda  cayendo ella sobre su pecho-
•             STEVE: Wow , wow , wow, ¿acosándome Doctora McBridge?
•             SARAH:  No tiene puñetera gracia Steve, dame las llaves de una vez.

Steve cogió las llaves, y delante de ella, muy lentamente, se las metió en uno de los bolsillos del pantalón, al alzar el rostro, la sonrisa casi maléfica  de un niño travieso con los brazos extendidos se presentaba como si le hubieran poseído.

•             STEVE: ¡Upsss!  Me temo que eso no va a ser posible, porque como según tú estoy lo suficientemente borracho como para no atinar, podría estar horas buscándolas en estos bolsillos tan inmensos.
•             SARAH: Yo no he dicho que estés borracho, sólo que no estás en disposición de coger el coche, ahí fuera hay nieve hasta dos palmos , y hielo . Dame las llaves Steve, no volveré a repetírtelo.
•             STEVE: No.
•             SARAH: - Bastante enfadada- ¿Vas a obligarme a cogerlas?
•             STEVE: ¿Tú? ¿La dama de los principios férreos? Noooooooo, no serías capaz.
•             SARAH: No me provoques Steve, tú conocías a la antigua Sarah, de la actual, aún no sabes  de lo que es capaz.
•             STEVE: - en voz tan baja que ella sólo oyó un murmullo inentendible- Sí que lo sé.
•             SARAH: ¿Qué has dicho?
•             STEVE: Nada. Bueno, podemos pasarnos así el resto de….

Se vio interrumpido por el abordamiento rápido de ella  , la cual introdujo su mano en el bolsillo haciéndose con las llaves. En cuanto intentó sacarlas , él se la cogió impidiéndole alejarse.
Ella miró hacia arriba, él, sin bajar siquiera la barbilla , se mostraba desafiante , agradecido por la situación.

•             STEVE: ¿No preferirías dejarla ahí?
•             SARAH: No. No me fío .
•             STEVE: No me refería a las llaves.

Al ver que lo miraba con rabia la soltó.  Ella cogió las suyas y cerró la puerta de la calle.

•             SARAH: ¿A qué viene esa cara de satisfacción?
•             STEVE: A que algunas cosas no cambian , ni cambiarán nunca.
•             SARAH: ¡Oh Dios! Voy a buscar la ropa de cama, me ayudarás a preparar el sofá ya que tampoco estás tan mal según tú.

El sofá era espacioso y muy confortable. Le buscó ropa de cama de uno de sus armarios y lo habilitaron incluso con un par de mantas  ya que la noche se presentaba fría.

Pese al jugueteo y la provocación, lo cierto es que aquella noche a Steve no le apetecía demasiado marcharse de allí. Le bastaba con compartir el mismo espacio, saber que a unos pocos metros ella se encontraba allí, y con esa idea rondando, con la sensación de que le bastaba alargar la mano para tocarla, intentó dormir colocándose de lado, justo del lado que daba mirando hacia el pasillo al final del cual se encontraba su dormitorio.

Cuando todo se encontraba en silencio, Steve, sin poder conciliar el sueño,  fue al cuarto de baño. Al salir , oyó ruidos que provenían del dormitorio de Sarah.  Una voz angustiada llorando y casi chillando. La puerta  no estaba cerrada del todo. Con cuidado,  la abrió un poco más y allí se encontraba, con su cuerpo destapado y el camisón ligeramente levantado dejando parte de su cuerpo a la libre desnudez, moviéndose con gestos compulsivos de vez en cuando, con la voz en alto, cómo encontrándose en mitad de una fuerte discusión   pero sin poder entender nada.  Él terminó de abrir la puerta  y entró, dispuesto a taparla si despertarla .  

Una luna nueva , brillante y  grande, hacía de las suyas iluminando el contorno. Rodeó la cama  tan silenciosamente como era capaz, observándola por completo. De pronto parecía estar más tranquila, acurrucada sobre ella misma en posición fetal.  Su rostro, empañado de  sudor y mostrando auténtico gesto  de dolor.
Cogió las sábanas y el edredón con mucho cuidado ,  y fue subiéndolo sin apenas rozarla para evitar que se despertara, pero  cuando llegó a su hombro,  abrió los ojos y  cogió inesperadamente la mano de él ,  diciéndole casi susurrantemente  : “Quédate. Quédate conmigo, por favor”.

Desconcertado pero tranquilo, dudó durante un instante. Él volvió a mirar sus ojos ,  aquel cruce fue determinante para que él se quedara. Ella se retiró hacia atrás dejándole espacio  y él se recostó a su lado, de cara a ella, observando como el sueño se apoderaba de nuevo de aquel cuerpo.

La mañana se presentaba fría y las nubes apenas dejaban atravesar los rayos de sol . Steve abrió uno de sus ojos  haciéndose situación de donde estaba. Cuando consiguió abrir los dos, su brazo izquierdo se encontraba estirado al otro lado de la cama,  con el anverso de la mano encima de la almohada. Solo.

Incorporó la cabeza mirando por toda la habitación y no vio a nadie. Volvió a apoyar la cabeza en su almohada. El olor a café recién hecho , la mejor seña de que ella continuaba en la casa. A ese olor le acompañaría una cierta fragancia dulzona , como de pastelería y algo de pan tostado. 
Nada más levantarse apareció en la cocina. Sarah le vio llegar por el rabillo del ojo, lo miró y continuó preparando el desayuno. Puso una bandeja de tostadas y mantequilla delante suyo.

•             SARAH: ¿Café?
•             STEVE: Sí, por favor.

Corrección absoluta.  Un aire a tranquila mañana de invierno en un ambiente casi familiar donde los dos parecían encontrarse muy cómodos.

•             SARAH: ¿Con dos de azúcar, verdad?
•             STEVE:- (sorprendido) -Sí.

Le puso la taza al lado de la bandeja, y cogiendo la suya se sentó justo en frente.
Una escena de gestos,  de aparente normalidad sin nada pendiente que decirse. Steve no sabía si hablar de lo de anoche , y ella no dejaba de observarle fijamente.

Parecía relajado, aunque dándole vueltas a su cabeza, como casi siempre. Por su expresión,  sabía que esta vez,  su centro de atención era ella, así que , tratando de evitarlo , metió las manos en uno de los bolsillos de su bata, y sacó las llaves del coche de Steve poniéndoselas delante.

•             SARAH: No voy a hablar de lo de anoche, no quiero. Pero sé que tengo que darte las gracias porque para ti no debió ser nada fácil quedarte, y menos aún a mi lado.

Steve respiró hondo y continuó mirándola, no podía decir nada.

•             SARAH: No tengo ropa que pueda servirte, pero si quieres puedes darte una ducha. Podría aprovechar y meter la ropa en la lavadora y la secadora. En este edificio debemos ser de los pocos que la tenemos en los pisos.

Y se levantó para recoger mientras él terminaba .

Cuando hubo terminado, conformo se acercaban a la puerta del cuarto de baño , ella le hizo esperar para entregarle la toalla.

•             SARAH: Cuando te quites la última prenda llámame y la recogeré, si quieres puedes dejarla en el suelo.

Ella se dirigió de nuevo a la cocina para terminar de recoger y leer la prensa del día en el portátil. No pasarían más de cinco minutos cuando oyó la voz de Steve reclamándola.
Conforme andaba por el pasillo, vio que la puerta del cuarto de baño no se encontraba cerrada del todo,  sin esperárselo, Steve asomó medio cuerpo y se la entregó toda en las manos. Era una imagen extraña ,  el vapor de la ducha  lo inundaba todo, el sonido del agua correr como soundtrack de la escena  y la luz difuminada por aquella especie de niebla húmeda que se había formado,  mientras el calor de la habitación hacía brillar su rostro.

Al volver a sentarse para continuar leyendo, el sonido del agua rebotando en algo se hacía más patente. Las gotas caían con más fuerza al ser desviadas de su transcurso natural una y otra vez.
La puerta continuaba si estar  cerrada, pero en ningún momento se cuestionó   la intención o no de haberla dejado así. Cerró los ojos,  e imaginó el recorrido  angosto de cada gota de agua, con su sonido armonioso y acompasado, interrumpido bruscamente de vez en cuando , por lo que seguramente eran las manos en su pelo  o mientras se la quitaba  de la cara disfrutándola.
Aquel ruido de goterones que  a veces , de forma conjunta , parecía acumularse en un gruesa cascada artificial   sobre la base de la bañera, salpicando a su vez  la mampara de cristal, y cuyo sonido pausado e ininterrumpido,  le llevaba imágenes de una piel completamente húmeda y de como sus ojos eran capaces de recorrerla.

De pronto, el silencio volvió a imperar. El agua se había cerrado y la secadora había concluido casi al mismo tiempo. Sacó la ropa casi sin arrugas , y la llevó al dormitorio.
Al regresar al salón se lo encontró de pronto justo en frente suya. Él salía del cuarto de baño con la toalla enrollada en la cintura, y el pelo revuelto y húmedo. Después de lo imaginado , escuchado y casi sentido, toparse de golpe con aquella imagen capaz de transmitir el calor del interior del habitáculo por sí solo,  no podía resultar más que el mejor de los buenos días que podía esperarse la mañana siguiente a Navidad, y ello era indiscutible.

De forma voluntaria por una vez , y sin timidez o recato alguno, tal y como instantes antes  su imaginación hizo que sus ojos lo recorrieran , ahora que lo tenía delante , procedió a hacer lo mismo.  
Con tranquilidad pasmosa,  procuró que la dejara pasar al salón puesto que le obstaculizaba el paso.

•             SARAH: Te he dejado la ropa encima de la cama.

Steve, sintiéndose observado de aquella forma por ella, disfrutaba de aquel momento sólo como en los viejos y buenos momentos solía hacer. Miró por encima de uno de sus hombros y vio la ropa , perfectamente situada, como recién planchada.

•             STEVE: Gracias.
•             SARAH: ¿Te importa….?

Él la miraba pero no lograba caer a qué se refería, hasta que ella repitió la pregunta y señaló.

•             SARAH: Steve ¿Te importaría….?
•             STEVE: ¡Ah …claro….lo siento!

Y él se apartó para que ella pudiese pasar. Cuando se hubo vestido, se acercó de nuevo al salón, ella se encontraba mirando papeles en la mesa  y preparando un maletín. Intentaba cerrarse los puños de la camisa para colocarse la chaqueta , pero el del brazo izquierdo se le resistía.

•             STEVE: ¿Vas a trabajar?
•             SARAH: He de recoger unos exámenes y hacer algo en el centro.
•             STEVE: Maldito botón.

Ella dejó de hacer lo suyo para ayudarle.

•             SARAH: Déjame a mí. – a ella también le costaba- Tendrías que hacer que te lo revisaran , lo haría yo misma pero ahora voy mal de tiempo. Ya está. – y volvió a la mesa-.
•             STEVE: ¿Al centro?  Yo también tendré que hacer gestiones, ¿te apetece que quedemos para comer?
•             SARAH: Te lo agradezco  pero ……….,-  casi con miedo , continúo  hablando- voy a comer con Richard . Hace tiempo que no le veo y son fechas fastidiosas para estar lejos de casa.

No podía evitar que se notase en su cara el jarrón de agua fría, aun así trató de disimular aprovechando que ella no le estaba viendo.

•             STEVE: Claro, y además trabajando.
•             SARAH: Eso lo lleva mejor, ya es costumbre. Cuando rueda , según donde lo haga,  les dan días y puede ir a casa. Pero estando en el teatro es más difícil.  Esta vez no ha podido ni venir a verme.
•             STEVE: Sarah
•             SARAH: ¿Sí?
•             STEVE: - Acercándose- ¿Tienes pensado hacer algo en fin de año?
•             SARAH: No, posiblemente haré lo mismo de todos  los años, cena calentita y cama tempranera . A lo mejor varío y alquilo una peli. ¿por?
•             STEVE: Bueno, es que me han invitado al SOHO HOUSE ese día. Ya sabes,  cena, copas y algo de baile para entrar bien en el año nuevo, y ………estaba pensando que a lo mejor……….cabía la posibilidad…….si no tenías nada mejor que hacer………. Pues que……- ella le interrumpió –
•             SARAH: ¿Te acompañara?

Él no pudo evitar sonreír.

•             STEVE: Si no tenías ningún plan.
•             SARAH: ¿Al Soho House? Hay que ver a que sitios más selectivos te invitan.
•             STEVE: Bueno…
•             SARAH: Ya, no hace falta que me lo expliques.
•             STEVE: - Comenzaba a impacientarse igual que un niño- ¿Entonces?

Sarah terminó de recoger y cerró el maletín. Se quedó pensativa unos segundos hasta que la idea de  “qué podía perder con ello”  le dio la respuesta. Lo cierto es , que para vivir toda la vida en la ciudad oyendo hablar de esos sitios sin poder pisarlos suponía una aventura, así que mejor hacerlo de la mano de uno de ellos, de los habituales, de los afortunados que lograban ser invitados por un socio de esos que disfrutaban de plaza en propiedad en Los Hamptons. Y por otra parte , también pensó ¿por qué no?, ¿Por qué no un fin de  año diferente y sobre todo……acompañada?.

•             SARAH: De acuerdo, iré contigo. Celebraremos la entrada de Año Nuevo juntos, aunque suponga para mí que se me viene lo más complicado, aunque ya pensaré lo qué hacer.
•             STEVE: - Con una sonrisa de oreja a oreja- ¿Lo más complicado?
•             SARAH: Tener que ir de tiendas y eso es lo más tedioso, pero supongo que a veces debemos hacer sacrificios.

Sarah lo miraba y apenas le reconocía, parecía un chiquillo al que Papa Noél hubiera regalado todo lo que esperaba. Para ella, tras el cierre de la puerta, quedaba atrás , aunque muy presente, la noche pasada. La aceptación de algo que había vuelto a surgir o surgía de forma espontánea  como si fuera por primera vez. Desconfiada por naturaleza, por lo menos respecto al tiempo que ella se recuerda de sí misma,  algo en su interior decía que podía confiar, que Steve era sincero o por lo menos que no jugaba con ella. Y en su interior, en su cabeza, un pensamiento la acuciaba: si siempre habría sido así o los años le habrían convertido.  Los años y encontrarse con una Sarah que no esperaba, con una Sarah con sus secretos, con una vida diferente en tan sólo seis años, pero una Sarah capaz de sentir lo mismo , o lo que ella creía que podía ser lo mismo. Una Sarah en la que él parecía no haber perdido las esperanzas.

Para ella, sin embargo, sus sentimientos y Steve suponían , como ya le dijo a Candice,  una seria complicación más. La mayor de todas.

Ana Patricia Cruz López

Todos los derechos reservados

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchísimas gracias por participar en esta página