“Podría
estar el resto de mi vida mirándote,
con
eso me conformaría.
Dibujando
con mis dedos invisibles cada tramo de tu piel.
Podría
estar el resto de mi vida escuchándote,
cada
letra, cada sílaba, no pido más.
Podría
estar el resto de mi vida recordándote,
así,
tal y cómo te muestras: hermoso,
vulnerable
en el fondo pero seguro de ti mismo, entregado………….
Si
pudieras prometerme que esto continuaría siendo así…….”
……Y LLEGÓ ………NAVIDAD
Al volver con el manuscrito en la
mano, Steve ya se encontraba en el sofá de nuevo. Ella se sentó a su lado pero
sin guardar demasiado las distancias , algo que él interpretó como la
desaparición de las pocas posibles defensas que debían quedar hacia su persona.
De echo, era agradable apenas mirar ligeramente a su derecha y verla, sentirla
tan cerca, como antes.
Ella le extendió la mano que
portaba el documento.
• SARAH:
Todo tuyo.
Su mirada determinante. Por
dentro, cuestionándose si aquello seguía
siendo una buena idea, por fuera y hacia ella, la duda de si de verdad quería que lo hiciera.
• SARAH:
¿Te acuerdas por dónde lo dejamos?
• STEVE:
Hace tiempo que no hacíamos esto. ¿Te acuerdas o lo repasaste intencionadamente para hoy?
• SARAH:
La duda ofende, difícil olvidar los días de lectura ¿no crees? - al verle abrirlo y buscar la página exacta
ella se lo indicó para su sorpresa- está
marcado con el pos it verde.
Steve no salía de su sorpresa lo cual resultaba extraño porque él no era un
hombre fácil de sorprender.
Vio el pos it, lo abrió justo
donde estaba marcado, respiró hondo , y
continuó leyendo retomando el último párrafo donde lo dejaron.
·
STEVE: “No quiero dejar de sentir esto que siento,
esto que me provocas. No quiero volver a sentirme fría como una mañana de
invierno, no quiero , que ese viento helado que tare el tiempo, ejemplifique mi
muerte.
No
quiero seguir viviendo sin ti, porque entonces, no merecerá la pena seguir
viviendo.”
Volvió a respirar hondo, lo necesitaba. Aquellas últimas palabras
leídas y más en las circunstancias que lo fueron, encontrarse ahora a su
lado ……….. Decidió continuar.
·
STEVE: Y la mañana congregó a los falsos amantes .
Él , engañado , creyéndose protagonista de un sentimiento sincero , y
ella, desplegando su papel cuando por
dentro , lo que se escondía bajo su piel , era otra cosa.
Así te he visto compañero de cama
y desfallecimiento , y aunque creas que esto ha sido fácil, no lo es. Mentirosa
profesional de los sentimientos , juego con mis fichas intercambiables una y
otra vez , tratando de sobrevivir en este absurdo mundo que perdió sentido hace
más tiempo del que creo recordar.
Piezas de un tablero sin rostros , sólo con nombres y cuerpos, con
los que cubrir esa necesidad animal para revestirla de compaña . Carne sudorosa e irreconocible, mezclada con
olor humano informal , propio de un ritual repetitivo de falsos testimonios ,
dónde lo más primitivo surge de forma espontánea .
Y mientras, entre sus brazos,
busco saber por qué realmente no puedes estar ahí. Necesidad convertida en pura
ansiedad por saber cuándo volveré a sentirte en mis adentros , cuándo será tu
alma diluida en cada intercambio la que me diga quién soy.
Sin personalidad , perdida entre
los escombros de lo que fue mi vida contigo, trato de encontrarme en dónde
nunca me he atrevido a buscar. Aquel lugar escondido y silencioso que sólo tú
conoces , con la sabia esperanza de encontrarte
una vez sea capaz de averiguar quién soy. De quién soy . A dónde
pertenezco.
Perdida entre columnas de silencio
y frío mármol, me siento sola pese a
siempre buscar algo que poder ver , algo que me haga sentir .
Mujer por necesidad, castigo
divino por algo que nunca hice, ahora se niegan a concederme que pueda
desaparecer.
Manchas de sangre en mi piel. Mis manos recubiertas de tu
sacrificio. Sentimiento de culpabilidad. Hedor a puro vicio y descontrol centrado entre
mis piernas que siempre esperan al nuevo aspirante. Dolor sangrante del que jamás nadie oirá un solo lamento .
Dije que no podría vivir sin ti,
y no puedo.
Me dejo llevar por todo lo que me rodea .
Quise ser normal, y sólo las tentaciones me fueron presentadas. Camino por un
valle , pero sus sombras son conocidas , las de los cadáveres que he ido
dejando tras usarlos como correspondía y de mí se esperaba, mientras mi corazón
, con su recubrimiento de plata, espera que la luna vuelva a enviarte a mí .
Te
necesito. Ya no me reconozco. Mi desamparo, mi desierto. Eres el agua capaz de
aplacarme. Y sin embargo , todo contigo nunca fue fácil. Tus reglas y
condiciones no escritas. Veladas amenazadas de cansancio infranqueable
haciéndote conmigo sin que pueda negarme. Manos ,las mías, enlazadas por la seda carmín que representan tus manos , y
cuyas yemas impregnan de ti cada rincón mío. Cerebro incandescente, al que
evades en una nebulosa con cada palabra que susurras.
Necesidad.
Aire contaminado por ti que te hace inolvidable y al mismo tiempo muy presente
. Dúo convertido en individualidad.
Soy
tuya. Eso era todo lo que necesitabas escuchar y yo jamás quise decirte, aunque
lo pensase, lo desease, lo supiese. ¿De quién más si no? Y consciente de ello,
creo que en el fondo jamás te he perdido,
aunque no estés, aspirando , por siempre, a que yo sólo haya podido
dejar en ti una milésima parte de mi
esencia . Una parte , sin duda insignificante comparada a la tuya, pero que
haga que te acuerdes y regreses a dónde siempre quisiste estar y de dónde nunca
quisiste marcharte.”
Steve se detuvo. La página continuaba en blanco, y lo poco que
transparentaba la siguiente , se veía que no proseguía. Lo cerró, y lo depositó
encima de la mesa por un instante.
• STEVE: Necesito ir
al servicio un segundo.
Ella, que no había perdido ni un ápice de atención a cada palabra
dicha, a cada entonación suya le indicó.
• SARAH: Sigue ese
pasillo hasta el fondo, es la última puerta de la izquierda.
• STEVE: Gracias,
vengo en seguida.
Ella aprovechó para estirar algo las piernas y recoger un poco.
Cuando Steve salió del cuarto de baño, vio la puerta del dormitorio
abierta y se quedó observándolo todo desde su posición. Ella , intentando
guardar algo en uno de los armarios más cercanos al pasillo, al cerrar la
puerta , le pareció verle detenido por fuera del baño, se asomó y lo confirmó.
De pie, con una mano apoyada en la moldura de su habitación mirando al interior
de su dormitorio.
Cuando volvió en sí, al darse la vuelta la vio , viéndole curiosear .
• STEVE: Lo siento,
no quería…
• SARAH: Tranquilo,
puedes mirar todo lo que quieras, no tengo nada que ocultar.
• STEVE: No , sólo
fue un ………
• SARAH: Impulso ,
curioso, pero impulso.
Él se medio sonrió.
• STEVE: Supongo. Por
cierto- mirando su reloj- he visto la hora y estaba pensando que posiblemente
era hora de que me marchase.
• SARAH: ¿Por qué?
Aún no es muy tarde y mañana es festivo. Salvo que… tengas algo que hacer o –
miró al suelo – y prefieras marcharte.
El tono casi suplicante de ella resultaba muy significativo.
• STEVE: ¿Algo que
hacer ¿ ¿ Mañana?
• SARAH: Sí, no sé,
pensé que lo decías porque podrías haber quedado con alguien.
• STEVE: - pensando
para sí en alto y diciéndolo no lo suficientemente alto como para que ella lo oyera, la cual volvía a
la cocina - No con quién yo quisiera desde luego.
• SARAH: ¿Perdona?
¿Decías algo?
• STEVE: No que va –
tratando de recomponer la normalidad mientras regresaba al salón - pensando en alto sólo. Pues la verdad no tenía
planes específicos , lo pensé más bien por ti, no sé .
• SARAH: -cogió otra
botella de vino blanco de la nevera- Voy a serte sincera.
• STEVE: - Ansioso
por saber qué tenía que decirle- Por favor.
• SARAH: Primero, no
pensé que esta noche la acabaría pasando acompañada, y menos aún tan bien
acompañada.
• STEVE: Gracias por
la parte que me toca. ¿Qué más?
• SARAH: - Mientras
intentaba abrir la botella- Segundo, no pensé que esa persona me fuese a hacer
esta noche tan deliciosamente agradable.
Al ver que ella estaba haciendo fuerza para abrirla y que le costaba ,
él se ofreció.
• STEVE: Si sigues así vas a conseguir sonrojarme, ¿quieres dejar de forzarla? Se te
puede romper en la mano. ¿Te importa dejármela?
Lejos de pensar si había sido una buena idea tal comentario, sin
reticencia alguna por su parte , se la cedió de inmediato gustosamente.
• STEVE: ¿Y tercero?
¿Por qué habrá un tercero? – mientras hacía fuerza para abrir la botella que
parecía atascada.
• SARAH: Y tercero…
• STEVE: ¿Sí?
• SARAH: Que nunca te
agradeceré lo bastante que hayas vuelto,
y pese a todo, te hayas quedado.- Steve
dejó quieta la botella por un instante , se limitó a escuchar algo que en ninguna
manera imaginó que oiría sin dejar de observar lo que tenía entre las manos ,
no atreviéndose a hacerlo hacia ningún otro lugar - Sé lo que te he dicho y aún así , pudiendo
decidir dejarlo todo y regresar a casa
preferiste quedarte, aunque
fueses consciente de que las cosas podrían no volver a ser iguales o al menos,
a ser normales, dentro de lo que ambos podemos entender por normal dadas las
circunstancias. No voy a excusarme en mi falta de memoria porque ello no es
justificación. No he sabido estar a la altura de lo que ha ido sucediendo ni de
la madurez que se supone debería haber
mostrado, y posiblemente te haya hecho más daño del que he intentado evitar con todo ello.- Steve trataba de controlar su
reacción natural en ese instante aprovechando su cabeza gacha. Aquellas
palabras le ahogaban lentamente. Para ella, una forma de disculparse; para él, una
puerta abierta , una nueva oportunidad – Soy bastante cabezota , y por lo que me dicen lo he sido siempre, y sólo
espero que no sea demasiado tarde para
si no olvidar , si por lo menos perdonar .- Steve permanecía en silencio
volviendo a intentar abrir la botella- Te advierto que esto no es fruto del mal
llamado espíritu navideño, yo no tengo de eso.- logró por fin que él se
riera y él consiguió abrir la botella.
Cuando levantó la cabeza, aunque disimulara, sus ojos lo decían todo. Como al
niño que recién despierto, salta de la
cama , va al árbol y descubre que papa Noel ha llegado, y ella supo
captarlo- Está bien, tomaré lo que me
transmiten tus ojos en este momento como respuesta válida.
• STEVE: ¿Botella de
vino abierta? Eso creo que significa que todavía queda mucha noche.
• SARAH: Si tú
quieres, sí.
Su sonrisa lo decía por sí mismo, pero aun así prefiero apostillar.
• STEVE: Me
encantaría.
Una amplia sonrisa en el rostro
era el mejor punto y seguido de aquella
especial noche de Navidad, una noche de Navidad diferente………….para los dos.
Al llegar a la mesita del salón, Steve echó un vistazo velado a la
cubierta del manuscrito.
• STEVE: Ahora te
toca decidir qué hacer, ya que no podremos proseguir con la lectura.
·
SARAH : ¿Qué ?
·
STEVE: Compruébalo tú misma.
Con él en las manos vio que no era mentira ni error. El resto de sus
páginas permanecían blancas. Entre preocupada y afligida , se sentó en el sofá
con los papeles en las manos.
·
SARAH: ¿Recordabas cómo terminaba?
·
STEVE: Sé que se vio interrumpido por tu marcha,
pero no, no recordaba el punto exacto aunque ……….
Ella mostró interés inusitado por lo que podría decirle.
·
STEVE: Sí , recuerdo lo que estuvimos haciendo
ese día. Había decidido darte una sorpresa. Fui a buscarte muy temprano aquella
mañana . Creo recordar que debía de ser sábado, por el escaso tráfico. Tú me
preguntabas cada cinco minutos a dónde te llevaba , y yo , mordiéndome la
lengua, trataba de conducir manteniéndome firme sin responderte. Y de pronto, cuando
menos te lo esperabas, allí apareció . Meriton Hall .
La casa de verano familiar. . Estuvimos allí aprovechando que no había
nadie, salvo el guarda . La recorrimos por completo , y aunque tu rostro era digno de
grabación mientras no parabas de admirar
admirando los techos y las paredes, fue ese misma cara de sorpresa y delirio
absoluto, lo que no pude dejar de mirar
fijamente cuando llegamos a la sala de arte, con el clavicordio y el chelo
siempre preparados para ser tocados. Hasta
que llegamos a las caballerizas, después de atravesar parte de los jardines.
Sarah cogió su copa de vino y bebió lo que le quedaba de un solo
trago. Su cabeza seguía rigiendo, proporcionándole mil y una ideas que no
lograba distinguir de los recuerdos. Realidad y ficción a partes iguales,
mezclándose continuamente.
Demasiado tiempo en silencio por su parte comenzaron a preocupar a
Steve.
• STEVE: Sarah……..
Ella se levantó con decisión
del sofá, mientras Steve quedó sentado donde mismo estaba, extrañado. Sarah
andaba pensativa, más de lo que era habitual y deambulaba por la casa sin recalar
en ningún sitio en concreto, hasta que se detuvo en la encimera alta. Él se
acercó , deteniéndose a pocos centímetros.
• STEVE: Sarah….
Con la cabeza baja y con ambas manos apoyada en el mármol, comenzó a
hablar.
·
SARAH: Insististe en que entráramos. Me cediste
el hacerlo primero y me seguiste. Vi
aquella preciosa yegua de pelaje anacarado y brillante que parecía llamarme. Te
pedí permiso sin decirte si quiera las palabras y tú me incitaste a que me
acercase. Cuando la estaba acariciando, sentí que me abrazabas desde atrás. Tus
manos, en mi vientre, haciéndome sentir fuerte y segura, y en mi mente,
pensando por qué no podría ser todo así, tan sencillo.
Sin pensar, la atrajo hacia sí
estrechándola en un abrazo contundente, de los que hacen traspasar el calor
humano del contrincante. Cuando hubo logrado darse cuenta, reaccionó en seco.
Cerró los ojos por un instante al pensar que había cometido el peor de los
errores en esas circunstancias.
Fue separando su cuerpo lentamente hasta tener el rostro de ella lo
suficientemente cerca como para que no se le olvidara aquella expresión,
tranquila , serena, de casi aceptación a su juicio. No ,no parecía molesta. Ni
siquiera había retirado las manos de su cintura , posible reacción natural de
ella ante dicho abrazo, sostenía su mirada,
sin miedo .
En aquel contacto, parte de su pelo quedó junto a uno de los lados de
su cara. Con cuidado exquisito , se lo
fue retirando delicadamente sin dejar de
observarla. La oportunidad perfecta, la digna ocasión de poder demostrarle lo
que sentía, pero algo en su interior le contrariaba y le decía que ante una
duda como aquella era mejor no hacerlo, no en ese instante. Aquella misma
conciencia que lo atormentaba con razones que él no llegaba a comprender del
todo pero tampoco cuestionaba, le hacía merecedor de los devaneos de la
tentación más absoluta la cual, giraba
una y otra vez en su conciencia y en sus
instintos, llegando éstos a pesar mucho más que cualquier otra cosa.
Al final, su raciocinio pudo más, y se limitó a apoyar su frente en la
de ella y pedirle perdón para sí , en silencio, por algo genérico que ni él
mismo entendía.
El resto de la noche, con un ambiente más natural y distendido,
transcurrió entre botellas de vino, mucha conversación sobre otros temas y las
perspectivas más tranquilas . Una noche de Navidad diferente sin duda.
Bien entrada la madrugada, y acuciando el cansancio, tocó la hora de
retirarse.
Sin embargo, pese a la insistencia de Steve de marcharse a su casa,
ella le advirtió de que no le dejaría salir de allí hasta que no descansase y
se despejase , que ella no permitiría que con lo que había bebido cogiese el
coche para volver a casa.
Con una mezcla muy peligrosa de alcohol- desinhibición , instintos retenidos y sobredosis de
provocación , continuaba con la idea de
marcharse hasta que Sarah tuvo que ponerse seria. Vio que cogía sus cosas y se
dirigía a la puerta , corriendo hacia él para interponerse en medio.
• STEVE: Vamos,
déjame salir, estoy bien.
• SARAH: No es que te
estés cayendo precisamente, pero no voy
a dejarte salir y menos aún coger el coche.
·
STEVE: Pues llámame a un taxi.
·
SARAH: A esta hora imposible , ¿te queda
alternativa?
Su gesto juguetón y aquella forma de acercarse a la puerta presagiaban
lo peor en su estado. A ella sólo le
quedaba conservar la calma y la seriedad ,
rezumándola por los cuatro costados.
• SARAH: Déjame las
llaves Steve.
• STEVE: - Se sonreía
, pese a su rostro serio y su tono de voz no la creía capaz de hacer cualquier
cosa- ¿Qué llaves?- con ellas en la mano
derecha-.
• SARAH:
¡Estas!- y se abalanzó sobre su mano
para cogerlas , pero él metió su brazo en la espalda cayendo ella sobre su pecho-
• STEVE: Wow , wow , wow, ¿acosándome
Doctora McBridge?
• SARAH: No tiene puñetera gracia Steve, dame las
llaves de una vez.
Steve cogió las llaves, y delante de ella, muy lentamente, se las
metió en uno de los bolsillos del pantalón, al alzar el rostro, la sonrisa casi
maléfica de un niño travieso con los
brazos extendidos se presentaba como si le hubieran poseído.
• STEVE: ¡Upsss! Me temo que eso no va a ser posible, porque
como según tú estoy lo suficientemente borracho como para no atinar, podría
estar horas buscándolas en estos bolsillos tan inmensos.
• SARAH: Yo no he
dicho que estés borracho, sólo que no estás en disposición de coger el coche,
ahí fuera hay nieve hasta dos palmos , y hielo . Dame las llaves Steve, no
volveré a repetírtelo.
• STEVE: No.
• SARAH: - Bastante
enfadada- ¿Vas a obligarme a cogerlas?
• STEVE: ¿Tú? ¿La
dama de los principios férreos? Noooooooo, no serías capaz.
• SARAH: No me
provoques Steve, tú conocías a la antigua Sarah, de la actual, aún no sabes de lo que es capaz.
• STEVE: - en voz tan
baja que ella sólo oyó un murmullo inentendible- Sí que lo sé.
• SARAH: ¿Qué has
dicho?
• STEVE: Nada. Bueno,
podemos pasarnos así el resto de….
Se vio interrumpido por el abordamiento rápido de ella , la cual introdujo su mano en el bolsillo
haciéndose con las llaves. En cuanto intentó sacarlas , él se la cogió
impidiéndole alejarse.
Ella miró hacia arriba, él, sin bajar siquiera la barbilla , se
mostraba desafiante , agradecido por la situación.
• STEVE: ¿No
preferirías dejarla ahí?
• SARAH: No. No me
fío .
• STEVE: No me
refería a las llaves.
Al ver que lo miraba con rabia la soltó. Ella cogió las suyas y cerró la puerta de la
calle.
• SARAH: ¿A qué viene
esa cara de satisfacción?
• STEVE: A que
algunas cosas no cambian , ni cambiarán nunca.
• SARAH: ¡Oh Dios!
Voy a buscar la ropa de cama, me ayudarás a preparar el sofá ya que tampoco
estás tan mal según tú.
El sofá era espacioso y muy confortable. Le buscó ropa de cama de uno
de sus armarios y lo habilitaron incluso con un par de mantas ya que la noche se presentaba fría.
Pese al jugueteo y la provocación, lo cierto es que aquella noche a
Steve no le apetecía demasiado marcharse de allí. Le bastaba con compartir el
mismo espacio, saber que a unos pocos metros ella se encontraba allí, y con esa
idea rondando, con la sensación de que le bastaba alargar la mano para tocarla,
intentó dormir colocándose de lado, justo del lado que daba mirando hacia el
pasillo al final del cual se encontraba su dormitorio.
Cuando todo se encontraba en silencio, Steve, sin poder conciliar el
sueño, fue al cuarto de baño. Al salir ,
oyó ruidos que provenían del dormitorio de Sarah. Una voz angustiada llorando y casi chillando.
La puerta no estaba cerrada del todo.
Con cuidado, la abrió un poco más y allí
se encontraba, con su cuerpo destapado y el camisón ligeramente levantado
dejando parte de su cuerpo a la libre desnudez, moviéndose con gestos
compulsivos de vez en cuando, con la voz en alto, cómo encontrándose en mitad
de una fuerte discusión pero sin poder entender nada. Él terminó de abrir la puerta y entró, dispuesto a taparla si despertarla .
Una luna nueva , brillante y grande, hacía de las suyas iluminando el
contorno. Rodeó la cama tan
silenciosamente como era capaz, observándola por completo. De pronto parecía
estar más tranquila, acurrucada sobre ella misma en posición fetal. Su rostro, empañado de sudor y mostrando auténtico gesto de dolor.
Cogió las sábanas y el edredón con mucho cuidado , y fue subiéndolo sin apenas rozarla para
evitar que se despertara, pero cuando
llegó a su hombro, abrió los ojos y cogió inesperadamente la mano de él , diciéndole casi susurrantemente : “Quédate. Quédate conmigo, por favor”.
Desconcertado pero tranquilo, dudó durante un instante. Él volvió a
mirar sus ojos , aquel cruce fue
determinante para que él se quedara. Ella se retiró hacia atrás dejándole
espacio y él se recostó a su lado, de
cara a ella, observando como el sueño se apoderaba de nuevo de aquel cuerpo.
La mañana se presentaba fría y las nubes apenas dejaban atravesar los
rayos de sol . Steve abrió uno de sus ojos
haciéndose situación de donde estaba. Cuando consiguió abrir los dos, su
brazo izquierdo se encontraba estirado al otro lado de la cama, con el anverso de la mano encima de la
almohada. Solo.
Incorporó la cabeza mirando por toda la habitación y no vio a nadie.
Volvió a apoyar la cabeza en su almohada. El olor a café recién hecho , la
mejor seña de que ella continuaba en la casa. A ese olor le acompañaría una
cierta fragancia dulzona , como de pastelería y algo de pan tostado.
Nada más levantarse apareció en la cocina. Sarah le vio llegar por el
rabillo del ojo, lo miró y continuó preparando el desayuno. Puso una bandeja de
tostadas y mantequilla delante suyo.
• SARAH: ¿Café?
• STEVE: Sí, por
favor.
Corrección absoluta. Un aire a
tranquila mañana de invierno en un ambiente casi familiar donde los dos
parecían encontrarse muy cómodos.
• SARAH: ¿Con dos de
azúcar, verdad?
• STEVE:-
(sorprendido) -Sí.
Le puso la taza al lado de la bandeja, y cogiendo la suya se sentó
justo en frente.
Una escena de gestos, de
aparente normalidad sin nada pendiente que decirse. Steve no sabía si hablar de
lo de anoche , y ella no dejaba de observarle fijamente.
Parecía relajado, aunque dándole vueltas a su cabeza, como casi
siempre. Por su expresión, sabía que
esta vez, su centro de atención era
ella, así que , tratando de evitarlo , metió las manos en uno de los bolsillos
de su bata, y sacó las llaves del coche de Steve poniéndoselas delante.
• SARAH: No voy a
hablar de lo de anoche, no quiero. Pero sé que tengo que darte las gracias
porque para ti no debió ser nada fácil quedarte, y menos aún a mi lado.
Steve respiró hondo y continuó mirándola, no podía decir nada.
• SARAH: No tengo
ropa que pueda servirte, pero si quieres puedes darte una ducha. Podría
aprovechar y meter la ropa en la lavadora y la secadora. En este edificio
debemos ser de los pocos que la tenemos en los pisos.
Y se levantó para recoger mientras él terminaba .
Cuando hubo terminado, conformo se acercaban a la puerta del cuarto de
baño , ella le hizo esperar para entregarle la toalla.
• SARAH: Cuando te
quites la última prenda llámame y la recogeré, si quieres puedes dejarla en el
suelo.
Ella se dirigió de nuevo a la cocina para terminar de recoger y leer
la prensa del día en el portátil. No pasarían más de cinco minutos cuando oyó
la voz de Steve reclamándola.
Conforme andaba por el pasillo, vio que la puerta del cuarto de baño
no se encontraba cerrada del todo, sin
esperárselo, Steve asomó medio cuerpo y se la entregó toda en las manos. Era una
imagen extraña , el vapor de la
ducha lo inundaba todo, el sonido del
agua correr como soundtrack de la escena y la luz difuminada por aquella especie de
niebla húmeda que se había formado, mientras
el calor de la habitación hacía brillar su rostro.
Al volver a sentarse para continuar leyendo, el sonido del agua
rebotando en algo se hacía más patente. Las gotas caían con más fuerza al ser
desviadas de su transcurso natural una y otra vez.
La puerta continuaba si estar cerrada, pero en ningún momento se
cuestionó la intención o no de haberla dejado así. Cerró
los ojos, e imaginó el recorrido angosto de cada gota de agua, con su sonido
armonioso y acompasado, interrumpido bruscamente de vez en cuando , por lo que
seguramente eran las manos en su pelo o mientras
se la quitaba de la cara disfrutándola.
Aquel ruido de goterones que a
veces , de forma conjunta , parecía acumularse en un gruesa cascada artificial sobre
la base de la bañera, salpicando a su vez la mampara de cristal, y cuyo sonido pausado e
ininterrumpido, le llevaba imágenes de
una piel completamente húmeda y de como sus ojos eran capaces de recorrerla.
De pronto, el silencio volvió a imperar. El agua se había cerrado y la
secadora había concluido casi al mismo tiempo. Sacó la ropa casi sin arrugas ,
y la llevó al dormitorio.
Al regresar al salón se lo encontró de pronto justo en frente suya. Él
salía del cuarto de baño con la toalla enrollada en la cintura, y el pelo
revuelto y húmedo. Después de lo imaginado , escuchado y casi sentido, toparse
de golpe con aquella imagen capaz de transmitir el calor del interior del
habitáculo por sí solo, no podía
resultar más que el mejor de los buenos días que podía esperarse la mañana
siguiente a Navidad, y ello era indiscutible.
De forma voluntaria por una vez , y sin timidez o recato alguno, tal y
como instantes antes su imaginación hizo
que sus ojos lo recorrieran , ahora que lo tenía delante , procedió a hacer lo
mismo.
Con tranquilidad pasmosa, procuró
que la dejara pasar al salón puesto que le obstaculizaba el paso.
• SARAH: Te he dejado
la ropa encima de la cama.
Steve, sintiéndose observado de aquella forma por ella, disfrutaba de
aquel momento sólo como en los viejos y buenos momentos solía hacer. Miró por
encima de uno de sus hombros y vio la ropa , perfectamente situada, como recién
planchada.
• STEVE: Gracias.
• SARAH: ¿Te importa….?
Él la miraba pero no lograba caer a qué se refería, hasta que ella
repitió la pregunta y señaló.
• SARAH: Steve ¿Te
importaría….?
• STEVE: ¡Ah
…claro….lo siento!
Y él se apartó para que ella pudiese pasar. Cuando se hubo vestido, se
acercó de nuevo al salón, ella se encontraba mirando papeles en la mesa y preparando un maletín. Intentaba cerrarse
los puños de la camisa para colocarse la chaqueta , pero el del brazo izquierdo
se le resistía.
• STEVE: ¿Vas a
trabajar?
• SARAH: He de
recoger unos exámenes y hacer algo en el centro.
• STEVE: Maldito
botón.
Ella dejó de hacer lo suyo para ayudarle.
• SARAH: Déjame a mí.
– a ella también le costaba- Tendrías que hacer que te lo revisaran , lo haría
yo misma pero ahora voy mal de tiempo. Ya está. – y volvió a la mesa-.
• STEVE: ¿Al
centro? Yo también tendré que hacer
gestiones, ¿te apetece que quedemos para comer?
• SARAH: Te lo
agradezco pero ……….,- casi con miedo , continúo hablando- voy a comer con Richard . Hace
tiempo que no le veo y son fechas fastidiosas para estar lejos de casa.
No podía evitar que se notase en su cara el jarrón de agua fría, aun
así trató de disimular aprovechando que ella no le estaba viendo.
• STEVE: Claro, y
además trabajando.
• SARAH: Eso lo lleva
mejor, ya es costumbre. Cuando rueda , según donde lo haga, les dan días y puede ir a casa. Pero estando
en el teatro es más difícil. Esta vez no
ha podido ni venir a verme.
• STEVE: Sarah
• SARAH: ¿Sí?
• STEVE: -
Acercándose- ¿Tienes pensado hacer algo en fin de año?
• SARAH: No,
posiblemente haré lo mismo de todos los
años, cena calentita y cama tempranera . A lo mejor varío y alquilo una peli.
¿por?
• STEVE: Bueno, es
que me han invitado al SOHO HOUSE ese día. Ya sabes, cena, copas y algo de baile para entrar bien
en el año nuevo, y ………estaba pensando que a lo mejor……….cabía la
posibilidad…….si no tenías nada mejor que hacer………. Pues que……- ella le
interrumpió –
• SARAH: ¿Te
acompañara?
Él no pudo evitar sonreír.
• STEVE: Si no tenías
ningún plan.
• SARAH: ¿Al Soho
House? Hay que ver a que sitios más selectivos te invitan.
• STEVE: Bueno…
• SARAH: Ya, no hace
falta que me lo expliques.
• STEVE: - Comenzaba
a impacientarse igual que un niño- ¿Entonces?
Sarah terminó de recoger y cerró el maletín. Se quedó pensativa unos
segundos hasta que la idea de “qué podía
perder con ello” le dio la respuesta. Lo
cierto es , que para vivir toda la vida en la ciudad oyendo hablar de esos
sitios sin poder pisarlos suponía una aventura, así que mejor hacerlo de la
mano de uno de ellos, de los habituales, de los afortunados que lograban ser
invitados por un socio de esos que disfrutaban de plaza en propiedad en Los
Hamptons. Y por otra parte , también pensó ¿por qué no?, ¿Por qué no un fin
de año diferente y sobre
todo……acompañada?.
• SARAH: De acuerdo,
iré contigo. Celebraremos la entrada de Año Nuevo juntos, aunque suponga para
mí que se me viene lo más complicado, aunque ya pensaré lo qué hacer.
• STEVE: - Con una
sonrisa de oreja a oreja- ¿Lo más complicado?
• SARAH: Tener que ir
de tiendas y eso es lo más tedioso, pero supongo que a veces debemos hacer
sacrificios.
Sarah lo miraba y apenas le reconocía, parecía un chiquillo al que
Papa Noél hubiera regalado todo lo que esperaba. Para ella, tras el cierre de
la puerta, quedaba atrás , aunque muy presente, la noche pasada. La aceptación
de algo que había vuelto a surgir o surgía de forma espontánea como si fuera por primera vez. Desconfiada por
naturaleza, por lo menos respecto al tiempo que ella se recuerda de sí
misma, algo en su interior decía que
podía confiar, que Steve era sincero o por lo menos que no jugaba con ella. Y
en su interior, en su cabeza, un pensamiento la acuciaba: si siempre habría
sido así o los años le habrían convertido.
Los años y encontrarse con una Sarah que no esperaba, con una Sarah con
sus secretos, con una vida diferente en tan sólo seis años, pero una Sarah
capaz de sentir lo mismo , o lo que ella creía que podía ser lo mismo. Una
Sarah en la que él parecía no haber perdido las esperanzas.
Para ella, sin embargo, sus sentimientos y Steve suponían , como ya le
dijo a Candice, una seria complicación
más. La mayor de todas.
Ana Patricia Cruz López
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