domingo, 20 de diciembre de 2015

UNA HISTORIA INACABADA. CAPÍTULO DÉCIMO QUINTO . PRIMERA PARTE. Y el Fin de Año llegó. ( Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPÍTULO DECIMOQUINTO ( PRIMERA PARTE)
Créditos a quién corresponda

“Soy consciente de lo que significas en mi vida.
Ya no puedo permitirme volver a probar el sabor de la misma sin ti .
Si el destino pronostica que deba perderte ,
Mi lucha no habrá tenido sentido, no habrá merecido la pena. “

Y EL FÍN DE AÑO LLEGÓ



Sarah cogió el metro bajándose en la parada más cercana al teatro dónde Richard representaba. Como llegó más temprano de lo que tenía previsto,  se entretuvo mirando los  escaparates que se encontraba a su paso y disfrutando de la fría ciudad en unas fechas especiales para la mayoría. Fechas,  en las que ella prefería seguir manteniéndose al margen. 

Tanto se entretuvo , que ni se había percatado de que la hora se le venía encima,   y justo cuando se encontraba en el escaparate de una de las bombonerías más famosas de la ciudad, alguien más alto que ella, la atrapaba  por detrás tapándole  los ojos con sus manos enguantadas en cuero. Sobresaltada , apenas intento retirarlas cuando voz profundamente masculina la felicitaba al oído. Al soltarla , se dio la vuelta y se abrazaron.

•             RICHARD: No sé por qué supuse que estarías aquí delante.
•             SARAH: Llegué temprano para ser puntual y resulta que he perdido la noción del tiempo.
•             RICHARD: ¿Vamos entonces?
•             SARAH: Claro.

Dejándose guiar por él, terminaron recalando  en el Restaurante  favorito de ambos,  cogiendo  la mesa de siempre, una de las más  apartadas de la puerta.
Por las fechas en las que se encontraban,  había más gente que de costumbre . Bullicio contagioso que,  sin embargo,  no molestaba tanto como quizás podría esperarse aunque algunos grupos resultasen más ruidosos que otros con sus cánticos. Productos de una mezcla selecta de amistad , buenos sentimientos y dosis de alcohol.


El dueño se acercó a  ellos  nada más verlos entrar como resultaba costumbre , tomándoles nota e incluso sirviéndoles personalmente cuando él se encontraba, aprovechando la ocasión para departir con ellos durante  un rato.

Un Richard , que mientras disfrutaba  los manjares, se convirtió en un observador, pero no en uno cualquiera, sino en aquel cuya admiración por quién tenía delante, le insuflaba  el pecho de orgullo de tan sólo de pensar que aún continuaba a su lado.  Durante todo el almuerzo, pareciera que sólo hablara con ella , pero no. Con la contemplación de  cada gesto , de su rostro relajado y tranquilo , o del  color sonrosado de sus mejillas denotando una especie de jovialidad interior que le tenía maravillado, él mantenía argumentos de peso, pero en silencio. Argumentos aplastantes sobre la admiración que sentía por el tipo de mujer que siempre le había demostrado ser , y que pese a las dificultades  atravesadas nunca había abandonado.
Por un instante,  pareciera que el tiempo no había pasado y que volvía a ser ella, la de antes, pero con una madurez serena que la hacía más interesante y atrayente si cabe.

Pese a su circunloquio continuado , lo más sorprendente,  es que destacó siempre por sentirse más cómoda escuchando pero en aquella ocasión algo indescriptible no le permitía darse cuenta de que no había dado la vez a su acompañante , hasta que  bebió un sorbo de vino, respiró hondo y al mirar hacia Richard de nuevo reconoció esa mirada .

•             SARAH: ¡ Oh Dios! No he parado de hablar desde que nos dejaron solos,  y tú tampoco me has detenido. Claro que , a juzgar por tu cara ,  creo que estás aguardando el momento justo para preguntarme o decirme algo .
•             RICHARD: Siempre he pensado que me conoces demasiado bien
•             SARAH: Vamos Richard, tu pose defensiva dice más que tu cara.
•             RICHARD: - se sonrió- ¿Me estás analizando?
•             SARAH: No sé por qué te preocupas en realidad , aún no he sido capaz de llegar a tu nivel. – volvió a coger su copa y bebió un nuevo trago - Dime lo que sea de una vez anda. Estamos en Navidad.  En teoría debo tener buenos sentimientos,  así que no me enfadaré contigo.
•             RICHARD: ¿Y por qué habrías de enfadarte?
•             SARAH: Porque te conozco, y no sé…….. tengo la impresión de que más que decirme algo vas a regañarme.
•             RICHARD: ¿Y por qué habría de hacer eso? Sarah,  eres mayorcita para saber lo que estás haciendo y adoptar tus propias decisiones sea de lo que sea. Además, ¿desde cuándo has necesitado justificarte ? Si te miraba como dices tú, analizándote ,  era porque con cada palabra tuya , cada movimiento,  me pareció reconocer  extrañamente a la mujer que tenía delante. – Ella , ligeramente tensada, apoyó la espalda en el respaldo del sofá corrido que le servía de asiento-  Por un instante,  el reloj retrocedió solo , y me encontraba realmente a gusto , porque  tenía a la Sarah de siempre  en frente mía y no me lo terminaba de creer .
•             SARAH: Necesito otra copa-  la alargó hacia él para que le sirviera- ¿te importaría……….?

Él le sirvió con habilidad exquisita  sin quitarle los ojos de encima. Los nervios le secaban la boca con demasiada facilidad, lo que no era frecuente , pero se sentía distinta, algo había cambiado en ella, y ese tono habitual en él , con aquel mensaje subliminal  recordándole el pasado, le traía a la ente posibles dudas sobre lo que resultaría correcto versus su intento por no hacerle daño.

•             RICHARD: Te lo preguntaré una sola vez , y con la misma honestidad con la que te la formulo, espero tu respuesta. ¿Va en serio?

Con la copa en la mano, bebió la mitad de un solo trago y la dejó en la mesa. Le costaba mantenerle la mirada , y su refugio  resultó ser el filo de la mesa o incluso el suelo más allá de la madera  que tenía delante.

•             SARAH:  ¿Por qué?

Su tono lamentoso , casi suplicante  , reflejaba su conciencia sobre la obligatoriedad de contestarle y sin embargo, no sabía si hacerlo o no, ni qué tipo de respuesta  esperaba recibir.

•             RICHARD: ¡Tienes miedo! – aseveró sorprendido- Puedo olerlo desde aquí.

Incómoda y sin tener muy claro cómo lidiar con aquella situación , trató de solventarlo como  pudo.

•             SARAH: Exageras.
•             RICHARD:¿ Y tu nerviosismo inmediato también son exageraciones mías  o ahora me vas a decir que lo imagino y mal interpreto?

Con la copa sostenida en la mano , la sensación de seguridad  casi desaparecía.

•             RICHARD: Te conozco demasiado bien, pareces olvidarlo.
•             SARAH: Ojalá pudiera, así no me sentiría juzgada por algo que ni siquiera sabes.
•             RICHARD: Pues eso estoy esperando precisamente que me digas.

Sus manos comenzaban a no encontrar un punto en el que parapetarse y quedarse quietas.

•             RICHARD: No es que te quiera meter presión, pero tengo que representar esta noche y dentro de dos horas debo volver al teatro.
•             SARAH: ¿Te importa cambiar de tema ?
•             RICHARD: No, pero no voy a darte el gusto.

No podía creer lo que  escuchaba. Richard la estaba sometiendo a un interrogatorio sobre las suposiciones mentales  de las que hubiera partido , mientras que ella se quedaba sin opciones de respuesta.
Mientras continuaba mirándola , recaló en un pequeño detalle .  Se incorporó hacia delante , y con un tono de voz casi amenazante , le afirmó algo de forma muy directa, quizás demasiado.

•             RICHARD: ¡No se lo has dicho!

Ella  giró la cabeza hacia él bruscamente , y  cuando su primera reacción fue levantarse, él , siendo más rápido, le agarró fuertemente de una mano impidiéndolo.

•             RICHARD: ¿Realmente crees que podrás huir de nuevo? Una vez puede que te saliese bien. Dos veces,  es tentar a tu suerte.

Sarah volvió  a sentarse , y sólo cuando realmente estuvo seguro de que no saldría corriendo , la soltó para apoyar cómodamente la espalda. Con la mirada al frente , trataba de conservarse lo más entera posible resultándole notablemente difícil.
•             RICHARD: ¿Cómo puedes permitirte el lujo de creer  que esto no se te puede ir de las manos ? Es cierto. No había caído. Ya se te ha ido de las manos, y resulta que el caballero inglés capaz de romper todos tus principios , ha tenido la culpa ignorándolo. –Apuró su copa de vino y respiró hondo una sola vez-  Nunca fui capaz de entender que le viste , sobre todo porque aparentemente te rompía todos los esquemas conocidos. Le reconocí nada más entrar contigo en la sala, y él también sabía quién era yo. Podría decirse , que lo nuestro no fue precisamente amor a primera vista. Demasiado presuntuoso para mi gusto , quizás, por el hecho de no haber asumido algún fracaso para variar, difícil claro está, cuando no se tiene ninguno. Un tipo con mucha suerte sin duda.  Pero tú…………. Con él precisamente. ¿Por qué?

Dado su estado, el argumentario de su mejor amigo, de su aliado fiel durante tanto tiempo, unido al tono de su voz con el que pronunciaba dichas palabras, lo reducía todo a puro desprecio , incluso yendo más allá, casi  podría decir que cuestionaba su inteligencia a la hora de escogerle. Todo aquello, la enfurecía sobremanera.

•             SARAH: ¿Pretendes que te conteste?
•             RICHARD: Si  no piensas marcharte de nuevo , lo preferiría si no te importa.
•             SARAH: ¿Qué es lo que  prefieres escuchar Richard? ¿Qué es cierto que  sentí atracción por él y me dejé llevar ? ¿Qué conforme fui conociéndole , su inteligencia dada su edad , fue lo que hizo que le mirase de otra forma rompiendo el mayor de mis prejuicios? ¿Qué me hizo sentir más mujer , más deseada y querida de lo que nunca me había hecho sentir ningún otro hombre? ¿O prefieres que te lo resuma , diciéndote que hizo que me volviese tan loca por él , que estuve a punto de dejarlo todo para quedarme a su lado ? ¿Qué versión escoges Richard? Porque te aseguro que , si con eso no tienes suficiente, aún puedo estar señalándote más hasta que no lo soportes y me mandes a callar de la peor de las formas.

Si esto fuese una batalla naval , y lo parecía, el término concreto con el que poder definir la expresión que iba adoptando el rostro de Richard conforme los argumentos  resonaban en su cabeza , era “tocado” y mucho, aunque aún , conociéndole, debía de faltar bastante para hundirlo, ocasión sin duda, la de su silencio momentáneo, que ella aprovechó para tratar de calmarle .

•             SARAH: Richard…

Pero no lo consiguió. Todo aquello sólo sirvió para darle un leve respiro y proseguir en aquel cúmulo de despropósitos  que parecían envolverle en una espiral de rabia contenida continua , sin saber cómo salir, aunque su intención, a priori, tampoco era hacerlo.

•             RICHARD:  Resulta irónico.  Cuando todo está hecho, cuando los peores tragos los hemos pasado , él vuelve y se queda con todo,  sin esfuerzo , una vez más.  Sin gozarse las malas noticias,  las noches en vela, tu aspecto cadavérico y entubado , casi irreconocible, los argumentos de los médicos, las horas críticas…………… Sin tener que adoptar decisiones de vida y muerte , ni tener que decirte que  o aquello que esperabas…………………………….- una sola mirada amenazante de ella bastó para silenciarle-.

Sus ojos , llorosos  hasta el punto de la incontinencia, trataban de entender todo aquello. Era imposible creer que fuese producto de un ataque de celos , porque ya le había visto en ese estado en ocasiones anteriores , pero ahora todo era diferente. Hería, y lo hacía de forma consciente y a fondo, dónde más dolía , sin importarle las consecuencias , sin nada que temer respecto a las consecuencias que sus actos pudieran acarrearle.

Sarah era incapaz de articular palabra. La crueldad indómita de un  Richard casi irreconocible, le generaba cierta dificultad para respirar. Debía salir de allí, y tenía que hacerlo ahora, ya. Alejarse de aquel lugar, de aquel día. Olvidarlo aunque le costase, guardarlo en su memoria aletargada ,  y darle uso cubriendo uno de los huecos liberados por los recuerdos, siendo el día a día  el que le permitiera seguir adelante y olvidarlo.

Sabía que él se arrepentiría tarde o temprano, y que de la misma forma que sus palabras salían con descontrol desmedido, la disculpa consiguiente llegaría de la misma manera sumida en un mar de desesperación absoluta , como tantas otras veces.  Y de la misma forma, también sabía, que esto, volvería a repetirse una vez más  en mayor o menor grado, porque sólo así se entendía esta relación. Aquella, en la que él seguiría amándola toda la vida sin asumir que no la tenía por su propia voluntad, y en el que ella, simplemente, no podía darle la espalda, no sólo por cuanto había hecho por ella , sino porque sabía que para él nada de lo anterior había resultado fácil y sin embargo, jamás, la había fallado.

Pasar de tener auténticos y sobrecogedores huecos  en su memoria sobre pasajes de su vida , a una realidad, en la que los sentimientos y las sensaciones escondidas entre esas lagunas, reaparecían de forma vibrante e intensa sin saber bien cómo reaccionar, la sumergían en una confusión y un mar de dudas no tanto  constante como sí creciente.

La agresividad de su  voz , esa rabia contenida,  la hizo imbuirse en un silencio angustioso. Cuando no era ella quien provocaba este tipo de situaciones , era él quién de una amabilidad completa parecía transformarse con las presuntas imágenes en las que envolvía su conciencia. 

Aquella expresión en sus ojos era la mejor respuesta a todas sus dudas.  Ella  sabía perfectamente que él podía oler su miedo, sentirlo de igual forma que ella. Sabía que  sentía un miedo como nunca antes  la había visto sentir. Miedo a la responsabilidad de dejar entrar a otra persona de nuevo en su vida, miedo al compromiso y a lo que encierra, miedo a que alguien pudiese amarla de verdad y a decirlo, cuando delante suyo sabía que tenía a alguien que incondicionalmente había aceptado su destino de amarla por siempre sin poder tenerla.  Miedo a sentir, en definitiva, que es el peor de los miedos , porque ello significaría estar viva,  y no sabía si podía permitírselo tan abiertamente. Una pregunta. Una sola pregunta para saber hasta qué punto , la mente podía llegar a su máximo nivel de torsión , obnubilando a quién la realizaba , hasta el punto de no permitirle visualizar el dolor que producía con ella.

•             RICHARD: Sólo por seguir teniéndolo claro , ¿crees qué serás capaz de decírselo antes de que  te acuestes con él  o todavía creerás que la excusa de la pobre amnésica dudosa  te servirá para continuar dando lástima y así evitar que lo descubra?

Como si de pronto un golpe de aire frío se hubiese apoderado de ella, sin poder reaccionar, no podía creer que realmente aquellas palabras cobrasen en sus  oídos la fuerza con la que fueron dichas, y menos quién las pronunciaba.

Una crueldad innata, sin detención posible. Un disfrute silencioso de una venganza encubierta por un daño involuntario provocado sin saber. No corrigió. Ni un solo músculo de su cuerpo, ni un mínimo gesto  percibido que le indicase que la disculpa más sentida estaba por venir. Nada. El arrepentimiento no se encontraba disponible en ese momento.

Tratando de recomponerse, se puso de píe apenas intentando equilibrar su sorprendido cuerpo con ayuda de la mesa. La dignidad del herido en batalla cuando se ha visto envuelto en una trampa mortal,  era lo único que quedaba cuando la sangre no dejaba de emanar de la herida, y sin embargo, en su interior, no quería dejar de pensar , que todo aquello debía ser una pesadilla que en despierto , como un mal recuerdo o un dejavu  vivido, se le aparecía  como un rifle disparado a bocajarro, por un portador inocente con cara de niño .

Sin volver a mirarle, con la cabeza alta, fue andando lentamente hasta la salida del Restaurante, mientras aquella pregunta maldita rebotaba en ambos lados de su maltrecho cerebro en blanco una y otra vez, sin compasión, como si en vez de leerlas , estuviese escuchando su aguerrida y profunda voz  endemoniada , escupirle aquellas palabras una y otra vez . Una y otra vez.

Pasos sin destino claro  aparentemente. Un punto distante en blanco ,sobre un horizonte determinado por la verticalidad de lo que la rodeaba. Caminar. Sólo podía caminar. Calles en los que el tumulto de gente que la rodeaba se percataba de su mirada ida como cualquier persona con problemas , algo a lo que estaban más que habituados.  Pero Sarah  no veía, sólo caminaba.  Tropiezos  no sentidos  con cuerpos,   que de forma constante, trataban de esquivarla sin poder , y a los que ella parecía recibir  impasible cual saco de boxeo.

Sin capacidad para pensar , reaccionar o decidir, sin darse cuenta ni saber en realidad como , cuando se detuvo , se encontraba a la altura de su edificio. Su casa, su hogar, su refugio. El único lugar del que no querría salir en días , ni tenía por qué , pensó. Y eso fue lo único que la hizo reaccionar , lo suficiente, como para llegar hasta su piso y cerrar la puerta con llave , tras lo cual, simplemente, se dejó caer en su cama .

Pasaron los días  sin que ella volviese a saber de nadie , oculta en su piso y sin querer responder al teléfono.
Candice, la cual  había ido a pasar la Navidad con unos familiares a Chicago,  regresaba a la ciudad para terminar el año . Sucesivas y continuas llamadas para tratar de localizarla , todas ellas sin éxito, la pusieron en sobreaviso de que pasaba algo.  Se acercó hasta su casa, y no dejó de aporrear la puerta  de forma compulsiva hasta que su amiga no tuvo más remedio que abrirle, especialmente , para evitar problemas con los vecinos.

Nada más aparecer, la imagen de Sarah distaba mucho de ser lo que esperaba . Efectivamente algo había pasado, y dado lo visto, bastante grave parecía. Tuvo que ser ella la que cerrase la puerta nada más entrar, y conforme vino del dormitorio para  detener aquellos sonidos que ella misma produjo con una de sus manos sobre la madera que la aislaba del mundo real, como una auténtica zombi silenciosa , arrastrando los píes desnudos, volvió a la misma habitación.

Sin que Candice soltase sus cosas , se limitó a seguirla, y como si de un cuerpo enfermo se tratase, se la encontró acostada en semioscuridad. Acercándose a la ventana , apretó el botón que abría los estores , y conforme la luz exterior  se adentraba, la perspectiva desaliñada del cuarto, con ropa tirada por todos sitios y la cama desecha que pareciera haber estado así durante días, sumado al hecho, de que ella se hubiese cubierto con la colcha hasta la cabeza , provocó que dejara el bolso y su abrigo en una silla cercana y tratase de destaparla, recibiendo fuertes manotazos para que se detuviera.
Los gemidos de protesta  y apenas unas palabras difíciles de entender, le daban una ligera idea de que la persona que creía conocer había tocado más fondo que nunca.  Dispuesta  a que reaccionase, luchó contra ella por arrebatarle el manto protector de la ropa de cama, cogerla por la cintura y , con su resistencia a cuestas y esquivando golpes, logró llevarla hasta la ducha , abriendo el grifo de agua fría a continuación mientras  hacía todo lo posible por sostenerla pegada a la pared .  Sentir aquel chorro frío como primera impresión,   hizo que gritase sonoramente , pero  contra todo pronóstico, se mantuvo de píe dejando que el agua , además de refrescarla, le devolviese algo de sosiego mental.

Dejándola sola , Candice se dispuso a prepararle una cafetera bien cargada en la cocina, mientras recogía el poco desorden que parecía haber en la casa. Indudablemente , llevaba días encerrada en su habitación , posiblemente sin haber comido nada  ni salido de ella.
Con lo poco que encontró en la nevera y la despensa, trató de prepararle un desayuno lo más copioso posible, y cuando apartaba la cafetera, Sarah , duchada , algo más despejada aunque con aspecto aún cansado, se le apareció en el salón. Ella continuó actuando con normalidad  mientras la propietaria de la casa se sentaba en frente suya , en una de las banquetas altas , portando en una de sus manos el móvil, el cual dejó a su lado , mientras la  cocinera improvisada , le colocó delante su taza de café recién hecho y bien cargado, listo para ser tomado.

Sin musitar palabra ninguna de las dos, Sarah se limitaba a comer y beber su café mientras , con  gesto compulsivo y continuado, no parecía querer prestar atención a otra cosa que su teléfono, algo que no le pasó desapercibido a Candice, aprovechándolo para intentar obligarla a que le dijese qué había pasado.

•             CANDICE:  ¿Se puede saber qué esperas con tanto ansia?
•             SARAH: Un mensaje , nada más.
•             CANDICE: Estamos en Navidad y no hay clases, tú no tienes familia y apenas amigos, y para ti este día no es diferente de cualquier otro  , así que, salvo que ese mensaje sea de algún secretito personal que me estés ocultando intencionalmente y éste tenga aspecto de varón, no entiendo el interés desmedido y desesperado que le llevas puesto desde que te has sentado.

En ese instante el teléfono sonó. Un mensaje.   Antes de que Sarah pudiera cogerlo,  su amiga se apoderó de él.

•             SARAH: Pero ¿Se puede saber qué crees que estás haciendo? Devuélvemelo.

Su ansiedad y elevado nerviosismo  le extrañó mucho más.

•             CANDICE:  No sin que me respondas.
•             SARAH: ¡No! Y me lo darás ahora mismo.
•             CANDICE: Si te calmas y me dices tranquilamente de quién se trata,  te lo devolveré.
•             SARAH: No soy una persona violenta  pero ¿sabes lo que sería capaz de hacerte verdad? Quiero mi móvil en el mismo sitio dónde estaba   ya.
•             CANDICE: Pero ¿a qué viene tanto secreto? 
•             SARAH: ¡Eso no es asunto tuyo Candice!

Ante la reacción alterada de la anfitriona, Candice se molestó, y así se lo hizo notar.

•             CANDICE: ¿Ah no? Entonces dime qué lo es. Llevo días intentando contactar contigo sin respuesta alguna por tu parte. Pregunto en la Universidad , y allí me dicen que hace días que no te ven pese a tener exámenes que corregir y correspondencia que recoger. Me he vuelto loca preguntando por toda la facultad  , a quiénes te conocen, si te habían visto. Resuelvo acercarme hasta aquí ¿y qué me encuentro? A una Sarah que no reconozco, ojerosa y cansada y con muy mal aspecto que parece no haber salido de esa maldita cama en días, y que sin decirme nada ni darme una puñetera explicación para que pueda entender algo de lo qué está pasando, se sienta delante de mí para acabar estando más pendiente del móvil que de lo que la rodea.  Quizás tengas razón, mira tú por dónde. Con todo lo que tengo qué hacer hoy, resulta que me preocupo por mi amiga con la que he compartido mucho en años , en muchos años, pero claro, es cierto, después de todo no es asunto mío.

Notablemente enfadada , cogió el teléfono y se lo puso delante suyo. Sarah,  ni se movió para cogerlo.

•             CANDICE: Aún recuerdo que siendo mi alumna, me sacabas de quicio por lo franca que siempre eras cuando preguntabas y escogías las dudas tan meticulosamente. Eras rebelde y se te veía a la legua. Siempre pensé que nunca me lo pondrías fácil. Incluso  llegué a creer que querías que te expulsaran,  cuando fuiste capaz de enfrentarte al Rector por aquellos chicos.  Lo que nunca pensé, es  que con los años , una de mis mejores amigas sería una de mis alumnas más contestatarias y con el mejor expediente que yo había visto en mucho tiempo. Nunca firmamos nada, no hizo falta hablar jamás sobre el grado de confianza que debíamos darnos. Todo salía solo, de forma natural. Y hemos pasado por tanto………… Sin embargo , has cambiado. Ya no pareces la misma , porque creo que tampoco lo eres. Te has vuelto recelosa hasta de quién te rodea. Es como si volvieses a salir de aquel hospital, exactamente igual, desconfiando de todo. La única diferencia , es que en aquel entonces no transmitías porque tenías miedo al no acordarte, pero ahora , sabiendo, te cierras en banda , y no sólo me refiero al hecho de lo que ocultas o pareces esconder y no querer decir. Te has acobardado en todo lo que antes disfrutabas, en la vida , en sentir. Te da miedo equivocarte , por eso evitas tener que adoptar decisiones, y tú no eras así. Antes lo pensabas todo tres mil veces , pero decidías De un tiempo a esta parte parece que tienes miedo de todos y de todo, te has vuelto reacia a confiar o a entregarte. – Señalando con sus ojos al móvil-  No hace ni cinco segundos pareciera que querías matarme por quitártelo de delante , y cuando por fín lo consigues , ni siquiera lo miras. ¿Miedo del mensaje o del remitente?

Sarah  cogió el móvil y leyó el mensaje. Tragó saliva, y se lo dejó a Candice para que lo leyera.

•             CANDICE: ¿Estás segura?

Su amiga le asintió con la cabeza.

•             CANDICE: “ Pasaré a recogerte a tu casa a las seis y media. Steve”.

Candice carraspeó y le devolvió el móvil.

•             CANDICE: No voy a preguntarte……..pero creo que tu “mala idea “ londinense apuesta fuerte. Insiste. Casi me atrevería a decir que no terminará el curso sin conseguir su propósito , a no ser ……….que…………. ya lo haya conseguido sin saberlo.
•             SARAH: Ya lo consiguió y  lo sabe –  La sonrisa guasona de su amiga le dejaba a las claras que estaba pensando muy mal , y no le faltaba razón dado el comentario-  No como estás pensando.

Candice se le acercó algo más para hablarle algo más íntimamente.

•             CANDICE: ¿Y cuál es el problema?

Sarah la miró y con eso bastó, pero ella quiso pasar del tema de momento .

•             CANDICE:  Posiblemente no creo ser la persona más indicada para darte consejos en estas cuestiones después de haber pasado por tres matrimonios que yo misma decidí terminar , y encontrarme en este momento en una relación más que satisfactoria pero incipiente , con alguien al que llevo más de diez años – se quedó pensativa un instante- vale , algunos más en realidad, pero si lo piensas bien ¿qué tienes que perder? Han pasado seis años , eso es cierto. Cualquier otro hombre se hubiera olvidado de toda la historia, y más de la forma en la que te marchaste. Pero él,  después de seis largos e interminables años deja cátedra, puesto de trabajo, casa , y se incursa en una aventura sin saber si tendrá o no éxito , desconociendo por completo la realidad habida. No es que me quiera meter en asuntos que supuestamente no me incumben, pero dándome igual lo que seas capaz de decirme, no voy a cortarme ni un pelo, sobre todo, porque creo que a estas alturas me lo merezco y tú deberías escucharme aunque sólo fuera una vez. – Dio la vuelta a la encimera alta , y en frente suya, la cogió por los hombros- No creo que nadie asuma todos esos riesgos sin un objetivo, y por lo poco que lo conozco, testarudez a parte, sé que no se marchará por muy cruda que sea la realidad que se esconde detrás de tus miedos. Ya confiaste una vez en él y te dejaste llevar. No hay razón alguna que te impida hacerlo de nuevo. Permítete perder la cabeza otra vez , sabiendo que vas sobre seguro.

Su rostro se suavizó, y una leve sonrisa  apareció en él dándole otro aspecto. Más relajada, tomó aire un par de veces y se armó de decisión.

•             SARAH: Vámonos de aquí. ¿Me ayudarás a encontrar el traje perfecto? 
•             CANDICE: Nunca dudes de mi exquisito gusto pequeña.

Ana Patricia Cruz López

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