“Soy
consciente de lo que significas en mi vida.
Ya no
puedo permitirme volver a probar el sabor de la misma sin ti .
Si el
destino pronostica que deba perderte ,
Mi
lucha no habrá tenido sentido, no habrá merecido la pena. “
Y EL FÍN DE AÑO
LLEGÓ
Sarah cogió
el metro bajándose en la parada más cercana al teatro dónde Richard
representaba. Como llegó más temprano de lo que tenía previsto, se entretuvo mirando los escaparates que se encontraba a su paso y
disfrutando de la fría ciudad en unas fechas especiales para la mayoría.
Fechas, en las que ella prefería seguir
manteniéndose al margen.
Tanto se
entretuvo , que ni se había percatado de que la hora se le venía encima, y justo cuando se encontraba en el escaparate
de una de las bombonerías más famosas de la ciudad, alguien más alto que ella,
la atrapaba por detrás tapándole los ojos con sus manos enguantadas en cuero.
Sobresaltada , apenas intento retirarlas cuando voz profundamente masculina la
felicitaba al oído. Al soltarla , se dio la vuelta y se abrazaron.
• RICHARD: No sé por qué supuse que
estarías aquí delante.
• SARAH: Llegué temprano para ser
puntual y resulta que he perdido la noción del tiempo.
• RICHARD: ¿Vamos entonces?
• SARAH: Claro.
Dejándose
guiar por él, terminaron recalando en el
Restaurante favorito de ambos, cogiendo
la mesa de siempre, una de las más
apartadas de la puerta.
Por las
fechas en las que se encontraban, había
más gente que de costumbre . Bullicio contagioso que, sin embargo,
no molestaba tanto como quizás podría esperarse aunque algunos grupos
resultasen más ruidosos que otros con sus cánticos. Productos de una mezcla
selecta de amistad , buenos sentimientos y dosis de alcohol.
El dueño se
acercó a ellos nada más verlos entrar como resultaba
costumbre , tomándoles nota e incluso sirviéndoles personalmente cuando él se
encontraba, aprovechando la ocasión para departir con ellos durante un rato.
Un Richard ,
que mientras disfrutaba los manjares, se
convirtió en un observador, pero no en uno cualquiera, sino en aquel cuya
admiración por quién tenía delante, le insuflaba el pecho de orgullo de tan sólo de pensar que
aún continuaba a su lado. Durante todo
el almuerzo, pareciera que sólo hablara con ella , pero no. Con la
contemplación de cada gesto , de su
rostro relajado y tranquilo , o del
color sonrosado de sus mejillas denotando una especie de jovialidad
interior que le tenía maravillado, él mantenía argumentos de peso, pero en
silencio. Argumentos aplastantes sobre la admiración que sentía por el tipo de
mujer que siempre le había demostrado ser , y que pese a las dificultades atravesadas nunca había abandonado.
Por un
instante, pareciera que el tiempo no
había pasado y que volvía a ser ella, la de antes, pero con una madurez serena
que la hacía más interesante y atrayente si cabe.
Pese a su
circunloquio continuado , lo más sorprendente,
es que destacó siempre por sentirse más cómoda escuchando pero en
aquella ocasión algo indescriptible no le permitía darse cuenta de que no había
dado la vez a su acompañante , hasta que
bebió un sorbo de vino, respiró hondo y al mirar hacia Richard de nuevo
reconoció esa mirada .
• SARAH: ¡ Oh Dios! No he parado de
hablar desde que nos dejaron solos, y tú
tampoco me has detenido. Claro que , a juzgar por tu cara , creo que estás aguardando el momento justo
para preguntarme o decirme algo .
• RICHARD: Siempre he pensado que me
conoces demasiado bien
• SARAH: Vamos Richard, tu pose
defensiva dice más que tu cara.
• RICHARD: - se sonrió- ¿Me estás
analizando?
• SARAH: No sé por qué te preocupas
en realidad , aún no he sido capaz de llegar a tu nivel. – volvió a coger su
copa y bebió un nuevo trago - Dime lo que sea de una vez anda. Estamos en
Navidad. En teoría debo tener buenos
sentimientos, así que no me enfadaré
contigo.
• RICHARD: ¿Y por qué habrías de
enfadarte?
• SARAH: Porque te conozco, y no
sé…….. tengo la impresión de que más que decirme algo vas a regañarme.
• RICHARD: ¿Y por qué habría de hacer
eso? Sarah, eres mayorcita para saber lo
que estás haciendo y adoptar tus propias decisiones sea de lo que sea. Además,
¿desde cuándo has necesitado justificarte ? Si te miraba como dices tú,
analizándote , era porque con cada
palabra tuya , cada movimiento, me
pareció reconocer extrañamente a la
mujer que tenía delante. – Ella , ligeramente tensada, apoyó la espalda en el
respaldo del sofá corrido que le servía de asiento- Por un instante, el reloj retrocedió solo , y me encontraba
realmente a gusto , porque tenía a la
Sarah de siempre en frente mía y no me
lo terminaba de creer .
• SARAH: Necesito otra copa- la alargó hacia él para que le sirviera- ¿te
importaría……….?
Él le sirvió
con habilidad exquisita sin quitarle los
ojos de encima. Los nervios le secaban la boca con demasiada facilidad, lo que
no era frecuente , pero se sentía distinta, algo había cambiado en ella, y ese
tono habitual en él , con aquel mensaje subliminal recordándole el pasado, le traía a la ente
posibles dudas sobre lo que resultaría correcto versus su intento por no
hacerle daño.
• RICHARD: Te lo preguntaré una sola
vez , y con la misma honestidad con la que te la formulo, espero tu respuesta.
¿Va en serio?
Con la copa
en la mano, bebió la mitad de un solo trago y la dejó en la mesa. Le costaba
mantenerle la mirada , y su refugio
resultó ser el filo de la mesa o incluso el suelo más allá de la
madera que tenía delante.
• SARAH: ¿Por qué?
Su tono
lamentoso , casi suplicante , reflejaba
su conciencia sobre la obligatoriedad de contestarle y sin embargo, no sabía si
hacerlo o no, ni qué tipo de respuesta
esperaba recibir.
• RICHARD: ¡Tienes miedo! – aseveró
sorprendido- Puedo olerlo desde aquí.
Incómoda y
sin tener muy claro cómo lidiar con aquella situación , trató de solventarlo
como pudo.
• SARAH: Exageras.
• RICHARD:¿ Y tu nerviosismo
inmediato también son exageraciones mías
o ahora me vas a decir que lo imagino y mal interpreto?
Con la copa
sostenida en la mano , la sensación de seguridad casi desaparecía.
• RICHARD: Te conozco demasiado bien,
pareces olvidarlo.
• SARAH: Ojalá pudiera, así no me
sentiría juzgada por algo que ni siquiera sabes.
• RICHARD: Pues eso estoy esperando
precisamente que me digas.
Sus manos
comenzaban a no encontrar un punto en el que parapetarse y quedarse quietas.
• RICHARD: No es que te quiera meter
presión, pero tengo que representar esta noche y dentro de dos horas debo
volver al teatro.
• SARAH: ¿Te importa cambiar de tema
?
• RICHARD: No, pero no voy a darte el
gusto.
No podía
creer lo que escuchaba. Richard la
estaba sometiendo a un interrogatorio sobre las suposiciones mentales de las que hubiera partido , mientras que
ella se quedaba sin opciones de respuesta.
Mientras
continuaba mirándola , recaló en un pequeño detalle . Se incorporó hacia delante , y con un tono de
voz casi amenazante , le afirmó algo de forma muy directa, quizás demasiado.
• RICHARD: ¡No se lo has dicho!
Ella giró la cabeza hacia él bruscamente , y cuando su primera reacción fue levantarse, él
, siendo más rápido, le agarró fuertemente de una mano impidiéndolo.
• RICHARD: ¿Realmente crees que
podrás huir de nuevo? Una vez puede que te saliese bien. Dos veces, es tentar a tu suerte.
Sarah
volvió a sentarse , y sólo cuando
realmente estuvo seguro de que no saldría corriendo , la soltó para apoyar
cómodamente la espalda. Con la mirada al frente , trataba de conservarse lo más
entera posible resultándole notablemente difícil.
• RICHARD: ¿Cómo puedes permitirte el
lujo de creer que esto no se te puede ir
de las manos ? Es cierto. No había caído. Ya se te ha ido de las manos, y
resulta que el caballero inglés capaz de romper todos tus principios , ha
tenido la culpa ignorándolo. –Apuró su copa de vino y respiró hondo una sola
vez- Nunca fui capaz de entender que le
viste , sobre todo porque aparentemente te rompía todos los esquemas conocidos.
Le reconocí nada más entrar contigo en la sala, y él también sabía quién era
yo. Podría decirse , que lo nuestro no fue precisamente amor a primera vista. Demasiado
presuntuoso para mi gusto , quizás, por el hecho de no haber asumido algún
fracaso para variar, difícil claro está, cuando no se tiene ninguno. Un tipo
con mucha suerte sin duda. Pero tú………….
Con él precisamente. ¿Por qué?
Dado su
estado, el argumentario de su mejor amigo, de su aliado fiel durante tanto
tiempo, unido al tono de su voz con el que pronunciaba dichas palabras, lo
reducía todo a puro desprecio , incluso yendo más allá, casi podría decir que cuestionaba su inteligencia
a la hora de escogerle. Todo aquello, la enfurecía sobremanera.
• SARAH: ¿Pretendes que te conteste?
• RICHARD: Si no piensas marcharte de nuevo , lo preferiría
si no te importa.
• SARAH: ¿Qué es lo que prefieres escuchar Richard? ¿Qué es cierto
que sentí atracción por él y me dejé
llevar ? ¿Qué conforme fui conociéndole , su inteligencia dada su edad , fue lo
que hizo que le mirase de otra forma rompiendo el mayor de mis prejuicios? ¿Qué
me hizo sentir más mujer , más deseada y querida de lo que nunca me había hecho
sentir ningún otro hombre? ¿O prefieres que te lo resuma , diciéndote que hizo
que me volviese tan loca por él , que estuve a punto de dejarlo todo para
quedarme a su lado ? ¿Qué versión escoges Richard? Porque te aseguro que , si
con eso no tienes suficiente, aún puedo estar señalándote más hasta que no lo
soportes y me mandes a callar de la peor de las formas.
Si esto
fuese una batalla naval , y lo parecía, el término concreto con el que poder
definir la expresión que iba adoptando el rostro de Richard conforme los
argumentos resonaban en su cabeza , era
“tocado” y mucho, aunque aún , conociéndole, debía de faltar bastante para hundirlo,
ocasión sin duda, la de su silencio momentáneo, que ella aprovechó para tratar
de calmarle .
• SARAH: Richard…
Pero no lo
consiguió. Todo aquello sólo sirvió para darle un leve respiro y proseguir en
aquel cúmulo de despropósitos que
parecían envolverle en una espiral de rabia contenida continua , sin saber cómo
salir, aunque su intención, a priori, tampoco era hacerlo.
• RICHARD: Resulta irónico. Cuando todo está hecho, cuando los peores
tragos los hemos pasado , él vuelve y se queda con todo, sin esfuerzo , una vez más. Sin gozarse las malas noticias, las noches en vela, tu aspecto cadavérico y
entubado , casi irreconocible, los argumentos de los médicos, las horas
críticas…………… Sin tener que adoptar decisiones de vida y muerte , ni tener que
decirte que o aquello que esperabas…………………………….-
una sola mirada amenazante de ella bastó para silenciarle-.
Sus ojos ,
llorosos hasta el punto de la
incontinencia, trataban de entender todo aquello. Era imposible creer que fuese
producto de un ataque de celos , porque ya le había visto en ese estado en
ocasiones anteriores , pero ahora todo era diferente. Hería, y lo hacía de
forma consciente y a fondo, dónde más dolía , sin importarle las consecuencias
, sin nada que temer respecto a las consecuencias que sus actos pudieran
acarrearle.
Sarah era
incapaz de articular palabra. La crueldad indómita de un Richard casi irreconocible, le generaba
cierta dificultad para respirar. Debía salir de allí, y tenía que hacerlo
ahora, ya. Alejarse de aquel lugar, de aquel día. Olvidarlo aunque le costase,
guardarlo en su memoria aletargada , y
darle uso cubriendo uno de los huecos liberados por los recuerdos, siendo el
día a día el que le permitiera seguir
adelante y olvidarlo.
Sabía que él
se arrepentiría tarde o temprano, y que de la misma forma que sus palabras
salían con descontrol desmedido, la disculpa consiguiente llegaría de la misma
manera sumida en un mar de desesperación absoluta , como tantas otras
veces. Y de la misma forma, también
sabía, que esto, volvería a repetirse una vez más en mayor o menor grado, porque sólo así se
entendía esta relación. Aquella, en la que él seguiría amándola toda la vida
sin asumir que no la tenía por su propia voluntad, y en el que ella,
simplemente, no podía darle la espalda, no sólo por cuanto había hecho por ella
, sino porque sabía que para él nada de lo anterior había resultado fácil y sin
embargo, jamás, la había fallado.
Pasar de
tener auténticos y sobrecogedores huecos
en su memoria sobre pasajes de su vida , a una realidad, en la que los
sentimientos y las sensaciones escondidas entre esas lagunas, reaparecían de
forma vibrante e intensa sin saber bien cómo reaccionar, la sumergían en una
confusión y un mar de dudas no tanto
constante como sí creciente.
La
agresividad de su voz , esa rabia contenida, la hizo imbuirse en un silencio angustioso.
Cuando no era ella quien provocaba este tipo de situaciones , era él quién de
una amabilidad completa parecía transformarse con las presuntas imágenes en las
que envolvía su conciencia.
Aquella
expresión en sus ojos era la mejor respuesta a todas sus dudas. Ella
sabía perfectamente que él podía oler su miedo, sentirlo de igual forma
que ella. Sabía que sentía un miedo como
nunca antes la había visto sentir. Miedo
a la responsabilidad de dejar entrar a otra persona de nuevo en su vida, miedo
al compromiso y a lo que encierra, miedo a que alguien pudiese amarla de verdad
y a decirlo, cuando delante suyo sabía que tenía a alguien que
incondicionalmente había aceptado su destino de amarla por siempre sin poder
tenerla. Miedo a sentir, en definitiva,
que es el peor de los miedos , porque ello significaría estar viva, y no sabía si podía permitírselo tan
abiertamente. Una pregunta. Una sola pregunta para saber hasta qué punto , la
mente podía llegar a su máximo nivel de torsión , obnubilando a quién la
realizaba , hasta el punto de no permitirle visualizar el dolor que producía
con ella.
• RICHARD: Sólo por seguir teniéndolo
claro , ¿crees qué serás capaz de decírselo antes de que te acuestes con él o todavía creerás que la excusa de la pobre
amnésica dudosa te servirá para
continuar dando lástima y así evitar que lo descubra?
Como si de
pronto un golpe de aire frío se hubiese apoderado de ella, sin poder
reaccionar, no podía creer que realmente aquellas palabras cobrasen en sus oídos la fuerza con la que fueron dichas, y
menos quién las pronunciaba.
Una crueldad
innata, sin detención posible. Un disfrute silencioso de una venganza
encubierta por un daño involuntario provocado sin saber. No corrigió. Ni un
solo músculo de su cuerpo, ni un mínimo gesto
percibido que le indicase que la disculpa más sentida estaba por venir.
Nada. El arrepentimiento no se encontraba disponible en ese momento.
Tratando de
recomponerse, se puso de píe apenas intentando equilibrar su sorprendido cuerpo
con ayuda de la mesa. La dignidad del herido en batalla cuando se ha visto
envuelto en una trampa mortal, era lo
único que quedaba cuando la sangre no dejaba de emanar de la herida, y sin
embargo, en su interior, no quería dejar de pensar , que todo aquello debía ser
una pesadilla que en despierto , como un mal recuerdo o un dejavu vivido, se le aparecía como un rifle disparado a bocajarro, por un
portador inocente con cara de niño .
Sin volver a
mirarle, con la cabeza alta, fue andando lentamente hasta la salida del
Restaurante, mientras aquella pregunta maldita rebotaba en ambos lados de su
maltrecho cerebro en blanco una y otra vez, sin compasión, como si en vez de
leerlas , estuviese escuchando su aguerrida y profunda voz endemoniada , escupirle aquellas palabras una
y otra vez . Una y otra vez.
Pasos sin
destino claro aparentemente. Un punto
distante en blanco ,sobre un horizonte determinado por la verticalidad de lo
que la rodeaba. Caminar. Sólo podía caminar. Calles en los que el tumulto de
gente que la rodeaba se percataba de su mirada ida como cualquier persona con
problemas , algo a lo que estaban más que habituados. Pero Sarah
no veía, sólo caminaba.
Tropiezos no sentidos con cuerpos,
que de forma constante, trataban de esquivarla sin poder , y a los que
ella parecía recibir impasible cual saco
de boxeo.
Sin
capacidad para pensar , reaccionar o decidir, sin darse cuenta ni saber en
realidad como , cuando se detuvo , se encontraba a la altura de su edificio. Su
casa, su hogar, su refugio. El único lugar del que no querría salir en días ,
ni tenía por qué , pensó. Y eso fue lo único que la hizo reaccionar , lo
suficiente, como para llegar hasta su piso y cerrar la puerta con llave , tras
lo cual, simplemente, se dejó caer en su cama .
Pasaron los
días sin que ella volviese a saber de
nadie , oculta en su piso y sin querer responder al teléfono.
Candice, la
cual había ido a pasar la Navidad con
unos familiares a Chicago, regresaba a
la ciudad para terminar el año . Sucesivas y continuas llamadas para tratar de
localizarla , todas ellas sin éxito, la pusieron en sobreaviso de que pasaba
algo. Se acercó hasta su casa, y no dejó
de aporrear la puerta de forma
compulsiva hasta que su amiga no tuvo más remedio que abrirle, especialmente ,
para evitar problemas con los vecinos.
Nada más
aparecer, la imagen de Sarah distaba mucho de ser lo que esperaba .
Efectivamente algo había pasado, y dado lo visto, bastante grave parecía. Tuvo
que ser ella la que cerrase la puerta nada más entrar, y conforme vino del
dormitorio para detener aquellos sonidos
que ella misma produjo con una de sus manos sobre la madera que la aislaba del
mundo real, como una auténtica zombi silenciosa , arrastrando los píes desnudos,
volvió a la misma habitación.
Sin que
Candice soltase sus cosas , se limitó a seguirla, y como si de un cuerpo
enfermo se tratase, se la encontró acostada en semioscuridad. Acercándose a la
ventana , apretó el botón que abría los estores , y conforme la luz
exterior se adentraba, la perspectiva
desaliñada del cuarto, con ropa tirada por todos sitios y la cama desecha que
pareciera haber estado así durante días, sumado al hecho, de que ella se
hubiese cubierto con la colcha hasta la cabeza , provocó que dejara el bolso y
su abrigo en una silla cercana y tratase de destaparla, recibiendo fuertes
manotazos para que se detuviera.
Los gemidos
de protesta y apenas unas palabras
difíciles de entender, le daban una ligera idea de que la persona que creía conocer
había tocado más fondo que nunca.
Dispuesta a que reaccionase,
luchó contra ella por arrebatarle el manto protector de la ropa de cama,
cogerla por la cintura y , con su resistencia a cuestas y esquivando golpes,
logró llevarla hasta la ducha , abriendo el grifo de agua fría a continuación
mientras hacía todo lo posible por
sostenerla pegada a la pared . Sentir
aquel chorro frío como primera impresión,
hizo que gritase sonoramente , pero
contra todo pronóstico, se mantuvo de píe dejando que el agua , además
de refrescarla, le devolviese algo de sosiego mental.
Dejándola
sola , Candice se dispuso a prepararle una cafetera bien cargada en la cocina,
mientras recogía el poco desorden que parecía haber en la casa. Indudablemente
, llevaba días encerrada en su habitación , posiblemente sin haber comido
nada ni salido de ella.
Con lo poco
que encontró en la nevera y la despensa, trató de prepararle un desayuno lo más
copioso posible, y cuando apartaba la cafetera, Sarah , duchada , algo más
despejada aunque con aspecto aún cansado, se le apareció en el salón. Ella
continuó actuando con normalidad
mientras la propietaria de la casa se sentaba en frente suya , en una de
las banquetas altas , portando en una de sus manos el móvil, el cual dejó a su
lado , mientras la cocinera improvisada
, le colocó delante su taza de café recién hecho y bien cargado, listo para ser
tomado.
Sin musitar
palabra ninguna de las dos, Sarah se limitaba a comer y beber su café mientras
, con gesto compulsivo y continuado, no
parecía querer prestar atención a otra cosa que su teléfono, algo que no le
pasó desapercibido a Candice, aprovechándolo para intentar obligarla a que le
dijese qué había pasado.
• CANDICE: ¿Se puede saber qué esperas con tanto ansia?
• SARAH: Un mensaje , nada más.
• CANDICE: Estamos en Navidad y no
hay clases, tú no tienes familia y apenas amigos, y para ti este día no es
diferente de cualquier otro , así que,
salvo que ese mensaje sea de algún secretito personal que me estés ocultando
intencionalmente y éste tenga aspecto de varón, no entiendo el interés
desmedido y desesperado que le llevas puesto desde que te has sentado.
En ese
instante el teléfono sonó. Un mensaje.
Antes de que Sarah pudiera cogerlo,
su amiga se apoderó de él.
• SARAH: Pero ¿Se puede saber qué
crees que estás haciendo? Devuélvemelo.
Su ansiedad
y elevado nerviosismo le extrañó mucho
más.
• CANDICE: No sin que me respondas.
• SARAH: ¡No! Y me lo darás ahora
mismo.
• CANDICE: Si te calmas y me dices
tranquilamente de quién se trata, te lo
devolveré.
• SARAH: No soy una persona
violenta pero ¿sabes lo que sería capaz
de hacerte verdad? Quiero mi móvil en el mismo sitio dónde estaba ya.
• CANDICE: Pero ¿a qué viene tanto
secreto?
• SARAH: ¡Eso no es asunto tuyo
Candice!
Ante la
reacción alterada de la anfitriona, Candice se molestó, y así se lo hizo notar.
• CANDICE: ¿Ah no? Entonces dime qué
lo es. Llevo días intentando contactar contigo sin respuesta alguna por tu
parte. Pregunto en la Universidad , y allí me dicen que hace días que no te ven
pese a tener exámenes que corregir y correspondencia que recoger. Me he vuelto
loca preguntando por toda la facultad ,
a quiénes te conocen, si te habían visto. Resuelvo acercarme hasta aquí ¿y qué
me encuentro? A una Sarah que no reconozco, ojerosa y cansada y con muy mal
aspecto que parece no haber salido de esa maldita cama en días, y que sin
decirme nada ni darme una puñetera explicación para que pueda entender algo de
lo qué está pasando, se sienta delante de mí para acabar estando más pendiente
del móvil que de lo que la rodea. Quizás
tengas razón, mira tú por dónde. Con todo lo que tengo qué hacer hoy, resulta
que me preocupo por mi amiga con la que he compartido mucho en años , en muchos
años, pero claro, es cierto, después de todo no es asunto mío.
Notablemente
enfadada , cogió el teléfono y se lo puso delante suyo. Sarah, ni se movió para cogerlo.
• CANDICE: Aún recuerdo que siendo mi
alumna, me sacabas de quicio por lo franca que siempre eras cuando preguntabas
y escogías las dudas tan meticulosamente. Eras rebelde y se te veía a la legua.
Siempre pensé que nunca me lo pondrías fácil. Incluso llegué a creer que querías que te expulsaran, cuando fuiste capaz de enfrentarte al Rector
por aquellos chicos. Lo que nunca pensé,
es que con los años , una de mis mejores
amigas sería una de mis alumnas más contestatarias y con el mejor expediente
que yo había visto en mucho tiempo. Nunca firmamos nada, no hizo falta hablar
jamás sobre el grado de confianza que debíamos darnos. Todo salía solo, de
forma natural. Y hemos pasado por tanto………… Sin embargo , has cambiado. Ya no
pareces la misma , porque creo que tampoco lo eres. Te has vuelto recelosa
hasta de quién te rodea. Es como si volvieses a salir de aquel hospital,
exactamente igual, desconfiando de todo. La única diferencia , es que en aquel
entonces no transmitías porque tenías miedo al no acordarte, pero ahora ,
sabiendo, te cierras en banda , y no sólo me refiero al hecho de lo que ocultas
o pareces esconder y no querer decir. Te has acobardado en todo lo que antes
disfrutabas, en la vida , en sentir. Te da miedo equivocarte , por eso evitas
tener que adoptar decisiones, y tú no eras así. Antes lo pensabas todo tres mil
veces , pero decidías De un tiempo a esta parte parece que tienes miedo de
todos y de todo, te has vuelto reacia a confiar o a entregarte. – Señalando con
sus ojos al móvil- No hace ni cinco
segundos pareciera que querías matarme por quitártelo de delante , y cuando por
fín lo consigues , ni siquiera lo miras. ¿Miedo del mensaje o del remitente?
Sarah cogió el móvil y leyó el mensaje. Tragó
saliva, y se lo dejó a Candice para que lo leyera.
• CANDICE: ¿Estás segura?
Su amiga le
asintió con la cabeza.
• CANDICE: “ Pasaré a recogerte a tu casa
a las seis y media. Steve”.
Candice
carraspeó y le devolvió el móvil.
• CANDICE: No voy a
preguntarte……..pero creo que tu “mala idea “ londinense apuesta fuerte.
Insiste. Casi me atrevería a decir que no terminará el curso sin conseguir su
propósito , a no ser ……….que…………. ya lo haya conseguido sin saberlo.
• SARAH: Ya lo consiguió y lo sabe –
La sonrisa guasona de su amiga le dejaba a las claras que estaba
pensando muy mal , y no le faltaba razón dado el comentario- No como estás pensando.
Candice se
le acercó algo más para hablarle algo más íntimamente.
• CANDICE: ¿Y cuál es el problema?
Sarah la
miró y con eso bastó, pero ella quiso pasar del tema de momento .
• CANDICE: Posiblemente no creo ser la persona más
indicada para darte consejos en estas cuestiones después de haber pasado por
tres matrimonios que yo misma decidí terminar , y encontrarme en este momento
en una relación más que satisfactoria pero incipiente , con alguien al que
llevo más de diez años – se quedó pensativa un instante- vale , algunos más en
realidad, pero si lo piensas bien ¿qué tienes que perder? Han pasado seis años
, eso es cierto. Cualquier otro hombre se hubiera olvidado de toda la historia,
y más de la forma en la que te marchaste. Pero él, después de seis largos e interminables años
deja cátedra, puesto de trabajo, casa , y se incursa en una aventura sin saber
si tendrá o no éxito , desconociendo por completo la realidad habida. No es que
me quiera meter en asuntos que supuestamente no me incumben, pero dándome igual
lo que seas capaz de decirme, no voy a cortarme ni un pelo, sobre todo, porque
creo que a estas alturas me lo merezco y tú deberías escucharme aunque sólo
fuera una vez. – Dio la vuelta a la encimera alta , y en frente suya, la cogió
por los hombros- No creo que nadie asuma todos esos riesgos sin un objetivo, y
por lo poco que lo conozco, testarudez a parte, sé que no se marchará por muy
cruda que sea la realidad que se esconde detrás de tus miedos. Ya confiaste una
vez en él y te dejaste llevar. No hay razón alguna que te impida hacerlo de
nuevo. Permítete perder la cabeza otra vez , sabiendo que vas sobre seguro.
Su rostro se
suavizó, y una leve sonrisa apareció en
él dándole otro aspecto. Más relajada, tomó aire un par de veces y se armó de
decisión.
• SARAH: Vámonos de aquí. ¿Me
ayudarás a encontrar el traje perfecto?
• CANDICE: Nunca dudes de mi
exquisito gusto pequeña.
Ana Patricia
Cruz López
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