CAPITULO NOVENO
(PRIMERA PARTE)
Habiendo solicitado parte de sus días de vacaciones por adelantado
bajo la excusa de la realización de unas gestiones familiares urgentes , la respuesta sería recibida tan
sólo dos días después.
Con una maleta relativamente pequeña, portando lo imprescindible para
no más de una semana de estancia fuera,
se acercó hasta el Aeropuerto de London
City para coger el primer vuelo en el
que hubiera una plaza disponible con destino a Dublín. Una vez allí, y según la
hora en la que llegase , su siguiente destino fijo era el edificio del Archivo
Nacional de Irlanda , dónde consta uno de los más completos registros de centros
hospitalarios del país , incluyendo
aquellos que ya existían desde tiempos
inmemoriales.
Teniendo la suerte de su parte , al menos de momento, una vacante de
última hora le permitía embarcar con
efecto inmediato, llegando antes de mediodía a la capital irlandesa. Una vez
allí, apenas veinte minutos antes de que cerrase el susodicho Archivo, atravesaba sus puertas buscando a
alguien que pudiera ayudarla.
Un señor mayor, de aspecto
afable y amabilidad exquisita , se ofreció a traerle a la persona que mejor
podría ayudarla en su investigación. De forma casi inmediata, una mujer alta
y muy delgada , de unos cincuenta años y
con el cabello completamente blanco , apareció en el mostrador de información .
·
FUNCIONARIA: Buenos días, ¿en qué puedo
ayudarla?
·
CASEY: Buenos días , necesitaba información sobre esta propiedad .
Le entregó un papel que ella misma se había encargado de preparar el
día anterior con los datos que consideraba imprescindibles para facilitar la búsqueda. Cuando la empleada leyó el nombre del centro,
sus ojos se mostraron sorprendidos, la miró
durante unos instantes frunciendo el ceño, y abriendo el libro de Registro ,
anotó la solicitud, le asignó su número correspondiente y se dispuso a añadir los datos del
peticionario.
·
FUNCIONARIA: Carlton Court. Desde que volviera
la calma a esas aguas , y de eso hace mucho, mucho tiempo, no había vuelto a
ver tanto interés por esa propiedad.
·
CASEY: ¿Tanto interés? – Preguntó extrañada-.
·
FUNCIONARIA: Creo recordar ligeramente haber
vuelto a escuchar ese nombre , y no hace
demasiado tiempo de aquello.
·
CASEY: No quisiera parecerle ansiosa pero ¿Cuánto creen que podrían tardar en darme la
información?
·
FUNCIONARIA: Lo cierto es que no somos tantos
empleados como esta oficina requiere en este momento, y llevamos algo de
retraso en algunos encargos…
Ante la duda de la empleada, Casey trató de convencerla mostrando su
aspecto más dulce y desesperado.
·
CASEY: Sé que su trabajo no es nada fácil, entre
tantos archivos y con tanta documentación, pero verá, he tenido que solicitar
adelantados días de mis vacaciones para poder realizar las gestiones que me
traen hasta aquí y, lo cierto, es que no
dispongo de demasiado tiempo, ni sé cuándo podré volver.
La funcionaria no parecía demasiado convencida , pero aun así, tras
volver a mirar la nota y el libro comprobando que todo estaba correcto, conforme
se la devolvía , acercó su cuerpo al mostrador y le hizo señas para que se
acercase, pero antes de hablarle, se aseguró de que nadie pudiera escucharla.
·
FUNCIONARIA: Cerramos a las cinco de la tarde. Vuelva
mañana , como a unos quince minutos antes de la hora de cierre . Si mis impresiones se confirman, cumplimentar
la solicitud no será demasiado costoso.
Conforme cogió la nota, le estrechó las manos agradeciéndole
enormemente los esfuerzos y se dispuso a salir de allí, pero antes de dar un
paso más, sintió un frío cortante que
provenía del interior del edificio. Girando ligeramente su cuerpo hacia
su espalda , justo dónde la escalera que
llevaba al resto de pisos del inmueble daba comienzo, algo parecía estarla
llamando a acercarse.
Mientras caminaba hacia ella, ese frío iba desapareciendo. Con miedo,
apenas se atrevió a asomarse por el hueco y fijar sus ojos hacia arriba sin que
lograse ver nada a priori, pero con la extraña sensación , de que alguien o
algo se encontraba situado en el último piso
y la observaba.
Decidida a marcharse de forma definitiva hasta el día siguiente, algo
la hizo volver a asomarse. Una figura de negro y aspecto muy sobrio a la que no logró distinguir la cara, se retiraba tras cruzarse brevemente con
ella. Una mirada que pudo sentir en sus
adentros con relativa familiaridad sin saber por qué.
Tratando de restar importancia a lo que acababa de producirse,
tomándolo más como otra de las posibles muestras de esa especie de paranoia
mental en la que últimamente se veía envuelta, con la vuelta de sus sueños recurrentes y las
sensaciones, decidió regresar al hotel
dando un paseo.
Los recuerdos se le agolpaban en cada esquina , con cada fachada que
parecía reconocer de lo poco que quedaba en la capital desde aquel entonces.
Las pequeñas mercerías, que conservaban su aspecto como forma de mantener el recuerdo de
lo que en su día, fue uno de los
patrimonios arquitectónicos más representativos de las clases trabajadoras. Las
tabernas , acogedoras como pocas , revestidas en su interior por madera antigua y oscura , que provocaban en el visitante ,
la sensación placentera de viajar en el tiempo con sólo un par de pintas de
cerveza y la observación del ambiente , si antes , los lugareños, no habían
logrado introducirte en sus corrillos de cantos tradicionales . La familiaridad
en el trato por parte de sus gentes pese a no ser un pueblo , y la sensación
real de volver a estar en casa , le aseguraban un confort impagable .
Pasos que la llevaban a lo largo de calles ya recorridas en alguna
ocasión, incluso cuando sólo un empedrado angosto permitía a los carruajes
circular por ellos con relativa soltura.
Calles que continuaban canalizando en los bordes de las aceras , el
agua que descendía desde las partes altas de la ciudad. Una mezcla particular
de olores a productos de limpieza y
hierba recién mojada, pero que en el pasado, llegaron
confluir por ellos otras esencias menos agradables si cabe.
Caminos vueltos a andar ,
quizás no con los mismos aires ni las
mismas caras, pero que en el fondo de su
corazón, sabía que en cierta forma le pertenecían, y que ella pertenecía a ellos.
Una parte de la historia que
recorría de nuevo sus venas , y que
involuntariamente , aunque con pasión
inaudita, la retrotraía a antaño. Recuerdos de una vestimenta de novicia bajo un abrigo en el duro invierno,
de los momentos de supuesto encuentro con el altísimo y que a ella le
supusieron más de una tempestad de dudas y desaciertos. Momentos de
conversaciones casi interminables sobre lo humano y lo divino, con aquel que decía ser su protector por aquel
entonces y que sin embargo, resultó su mayor verdugo.
Intentando afrontar la noche evitando que aquellos recuerdos
continuaran por otros derroteros ya acaecidos, de lo que era consciente, es que su voluntad quedaría mermada de pleno
en el momento en que tuviese que enfrentarse de nuevo con la casona – hospital,
e intentando que permaneciesen ocultos en ese pequeño hueco de su memoria, hizo
todos los esfuerzos posibles para que el sueño la visitara pronto , y el estado
de inconsciencia fuese absoluto pasase lo que pasase fuera de allí,
consiguiéndolo .
Pero durante la noche, una imprevista y fuerte tormenta con viento
racheado, hizo que el agua golpease con tanta fuerza contra las ventanas , que
aun estando adormecida, no pudo evitar
despertarse. Con la madera sonando como si fuese a desvencijarse y a caer
encima suyo, la intranquilidad hizo que se levantase para asegurar su cierre. Tras
comprobar que éste había cedido un poco,
tuvo que abrirla por completo para cerrar las hojas bien. En ese momento, un
golpe de viento brutal, empujó una de las partes tan fuertemente que la obligó a soltarla , empapándose por
completo.
Cuando logró recuperarla , empujó ambos lados con las manos resistiéndose con el vendaval que parecía no
querer dar tregua, y tras lograrlo, conforme trataba de separar el camisón
húmedo de su cuerpo, se centró por un instante en el exterior. Pese a la semioscuridad reinante y la
abundancia de agua que impedía tener una visión clara, la figura de un animal
que le pareció altamente reconocible , se encontraba en la acera de en frente ,
sobre sus cuatro patas , mirando hacia aquella ventana. Pese a no poder distinguirlo con certeza, sintió
los penetrantes ojos del animal tan
cerca como si los tuviese a su lado. Seguidamente
y de forma decidida, abrió de nuevo la
ventana para asomarse, y nada más alongar parte de su cuerpo hacia el exterior,
el animal comenzó a andar sin quitarle los ojos de encima hasta desaparecer
casi al final de la calle.
De esa forma, lo que había comenzado como un exitoso intento por
conciliar el sueño , se convirtió en el desasosiego más inmediato por el deseo
de que amaneciese lo antes posible, pero las manecillas del reloj parecían no
querer correr esta vez a su favor, haciéndole aquella jornada interminable.
Apenas el sol comenzó con sus juegos de abrazos compartidos y
generosos , la lluvia fue deteniéndose , aunque previamente , de la misma forma
imprevista que el viento había hecho acto de presencia , desapareció, y como si
nada hubiera pasado, Casey decidió
aprovechar la mañana para alquilar un coche que la llevase hasta Lifford esa misma tarde.
Un aperitivo en una taberna, algo de prensa para amenizar la espera y
un suave almuerzo , culminaron la ronda de actividades a desarrollar entretanto
llegaba la hora convenida con la funcionaria del Archivo.
Con puntualidad británica, se personaría en el mismo mostrador
preguntando por ella, y al poco de ser anunciada, la mujer apareció.
·
FUNCIONARIA: Espere un segundo.
Su tono y hasta la forma de mirarla mientras se lo decía , parecían
estar impregnados de cierto misterio. Sin querer preguntarse por qué de esa actitud, espero pacientemente
a que volviese a reclamarla echando un
vistazo , mientras tanto, a los tablones
de anuncios. Aproximadamente cinco
minutos más tarde, otra mujer salía del interior de los despachos por la puerta
situada justo a la izquierda del mostrador, y la voz reconocible de la amable
funcionaria , podía escucharse de lejos despidiéndose de ella.
A continuación, tras cerrarse la puerta de la calle, la buena mujer ,
con un manojo de llaves en la mano, se apostó
allí para cerrarla, volviendo sobre sus pasos mucho más tranquila.
·
FUNCIONARIA: Ahora sí . Acompáñame ,por favor.
Tras guiarla por el habitáculo lleno de mesas y pequeños despachos
separados por mamparas y cristales, llegaron al que era supuestamente el
suyo, en
el fondo de la sala. La invitó
amablemente a tomar asiento, y abriendo uno de los cajones de su mesa, extrajo
una carpeta con documentación. Mientras, expectante, Casey esperaba que
comenzase a contarle lo que había
descubierto.
·
FUNCIONARIA: Carlton Court. ¿Recuerda lo qué le
dije ayer?
·
CASEY: Sí.
·
FUNCIONARIA: No andaba nada mal encaminada. Resultó
relativamente fácil dar con ella.
Encontré en los libros una anotación de solicitud de información
realizada hace poco más de seis meses. Al producirse esta actuación sobre el
expediente, suelen pasar a un nivel de registro distinto temporalmente hasta
que los devolvemos a su lugar original, aunque con el tiempo que ha pasado, no deja de sorprendernos que todavía haya
gente que se interese por un propiedad como esa, y menos aún después de lo que
sucedió .
·
CASEY: Respecto a esa persona , ¿es posible
conocer su identidad?
·
FUNCIONARIA: Lo lamento, pero esa es una
información que no estamos autorizados a dar, no obstante, volviendo a ver su
nombre y firma, tras algún pequeño esfuerzo, logré recordar su aspecto, ya que
fui yo también quién le tramité la búsqueda , y según mi anotación, él sí fue
mucho más preciso tanto en los datos aportados como detallista en lo qué
solicitaba.
·
CASEY: ¿Podría decirme al menos qué aspecto
tenía?
·
FUNCIONARIA: En eso sí que puedo satisfacerla .
Era un sujeto aparentemente normal, ni muy alto ni bajo, de pelo largo , diría
que castaño, pero lo que más me llamó la atención fueron sus ojos, eran grandes
, de mirada inquietante, casi incómoda.
Recuerdo que hubo un momento dónde creí sentir escalofríos.
·
CASEY: ¿Y dice que preguntó por la finca?
·
FUNCIONARIA: Sí. Por lo visto trataba de
localizar a sus dueños para hacerles una oferta de compra. Parecía muy
interesado incluso en saber si pudiera estar ocupada, lo cual era y es
imposible. Desde que sucedieran aquellos terribles hechos de antaño, la
propiedad ha permanecido cerrada por completo, y que se sepa nadie ha vuelto a
entrar.
·
CASEY: Disculpe que la interrumpa , pero ha
hablado de dueños. Tenía entendido que la casa pertenecía en su momento a los
hermanos Carthaigh, incluso que la iglesia de aquel entonces financiaba lo que
allí se hacía.
Con absoluta incredulidad por la certeza que manifestaba, se acomodó
en su asiento y la observó extrañada.
·
FUNCIONARIA: ¿No tendrá pensado adentrarse en la finca
verdad?
Sin haber caído en la cuenta de qué tipo de señal podría haberle
facilitado para que llegase ,en su proceso deductivo , a la conclusión
exacta, trató de encauzar el tema lo
mejor que pudo.
·
CASEY: Estoy realizando un estudio sobre la
relación entre crímenes y rituales religiosos.
Una pausa donde las miradas y los gestos serios parecían culminarse
por un silencio sepulcral, consolidó el
tono de voz con el que la empleada de la institución, comenzó a proporcionarle
información sobre la misma.
·
FUNCIONARIA: Cuando pasó todo aquello, ninguno
de los trabajadores de esta oficina habíamos nacido, y en muchos casos, ni sus padres tenían conciencia de que un día
pisarían esta bendita tierra. En torno a lo ocurrido surgieron muchas leyendas
urbanas , incluso las autoridades tuvieron muchos problemas para contener las
invasiones de jóvenes y no tanto, que con la excusa de vivir una experiencia
paranormal , saltaban las vallas o las destrozaban , y buscaban los huecos
justos por dónde meterse en el que se denominó “ el hospital del miedo”. Así
fue durante muchos años , hasta que se decidieron a someterla a subasta
pública al no poder localizar a ninguno
de los dos hermanos, ni a nadie que constase como responsable y albergase la
información sobre sus legítimos dueños, porque ellos no constaban como tales
tampoco.
Lo curioso , es que a la hora de
juntar toda la documentación sobre la parcela, apareció la referencia antigua
sobre la tierra en la que se encontraba construido, y lejos de aminorar y
tranquilizar a las masas de curiosos e insaciables del morbo, saber lo que
había sido lo incrementó, y con ello los problemas.
·
CASEY: ¿A qué se refiere?
·
FUNCIONARIA: Según los textos debidamente
autenticados que se aportaron, toda la parcela fue una zona de asentamiento
druida . Un lugar sagrado, que se usaba
de forma exclusiva para rituales al estar en un lugar tan privilegiado como cerca de un acantilado con leyenda. Se
cuenta que la entonces diosa de la muerte y de la guerra , MORRIGAN, antes de
convertirse en tal, era una mujer muy hermosa y sensual. Tan dulce , que no
había hombre que no la viese y se enamorase de ella. Elegida para convertirse en diosa , y con el
proceso de su culminación casi terminado, incumplió una de las mayores y más
inquebrantables reglas que existían por aquel entonces, poseer sentimientos de
mujer y amar a alguien prohibido. Cuando el resto de dioses se enteraron, la
castigaron con la no correspondencia de ese amor por siempre, y con el
sufrimiento de convertirla en algo que nadie habría querido, una diosa con
poderes malignos , adoración por la sangre, vengativa y salvaje, con tanto
poder en sus espaldas y en su interior, que ningún hombre podría amarla, sólo
por saber lo qué era y quién era. Justo el día que recibía la sentencia, anduvo
hasta el borde del acantilado, y en mitad de una fuerte tormenta y de un cielo
con sed de sangre, Morrigan se lanzó al vacío , pero sin saber que todo aquello resultaba inútil, puesto que
la conversión ya se había producido.
Cuando esto se dio a conocer ,
poco antes de la subasta, todos pensaban que las ofertas harían incrementar la
puja hasta niveles insospechados, pero los pocos ofertantes que tuvieron el
valor de presentarse , fueron
desapareciendo misteriosamente, salvo uno , que actuaba en representación de la
familia Haford , los propietarios de la famosa
naviera que lleva su nombre.
·
CASEY: ¿Y la subasta cuándo se produjo?
·
FUNCIONARIA : En realidad , al quedar desierta,
casi se podría decir que fue una compraventa directa, y por las fechas que ponen los papeles , hace unos veinte años
aproximadamente. Al no haber inscripción posterior , se sobreentiende que no
hay nuevo titular , claro que también es posible que les haya costado
localizarlo, puesto que pese a comprarla , se cree que jamás ha sido
habitada , o por lo menos de forma
continua.
·
CASEY: ¿Así que después de tantos años tiene propietario?
·
FUNCIONARIA: Ciertamente, pero a decir verdad
nadie les ha visto jamás. Lo cual ha resultado incluso contradictorio con las
versiones de algunos visitantes curiosos que afirman haber estado por los
alrededores, e incluso aseguran haber
visto a alguien tras las ventanas o alguna luz esporádica en mitad de la noche.
Un suspiro profundo , fue la mejor señal de asunción de un cúmulo de
información que ahora tendría que asimilar.
El hecho de haber escogido aquella parcelas de terreno , no fue
meramente casual , y la argumentación de que se necesitase un sacrificio de una
joven virgen para convertir en sagrado
todo aquello , sólo parte de la farsa.
Imbuida por segundos en la ensoñación de sus pensamientos, la voz de
la mujer la volvió de inmediato a la oficina.
·
FUNCIONARIA: ¿Parece decepcionada?
·
CASEY: Extrañada más bien. Acabo de descubrir
que parte de la información que poseía , no era tan veraz como yo creía.
Colocando sus brazos sobre la mesa , el tono y el rostro de la mujer
parecieron cambiar de pronto.
·
FUNCIONARIA: Voy a permitirme darle un consejo .
A veces , dejar las cosas como están, resulta lo más inteligente, sobre todo
cuando las señales que apreciamos, parecen advertirnos de que ése, es el mejor
de los caminos. Mucha gente de por aquí aún cree en leyendas y en la supuesta
realidad que subyace tras ellas, y la resolución de un castigo divino por un
acto no debido, no es algo que le haga gracia a esa gente.
No sólo su tono parecía de advertencia. La forma en que la miraba
mientras se lo decía, o incluso la parsimonia en cómo se encargaba de
gesticular cada palabra, su lenguaje corporal, agresivo y casi impositivo, todo
en ella, hizo que Casey lo tomase como una amenaza.
Aquella mujer no es que pareciera saber de lo qué hablaba, es que lo
conocía perfectamente y se percibía , que la mera sola idea de que ella pudiese
volver y remover todo aquello, no era de su agrado, y menos aún , conveniente.
Sabiendo de antemano lo que podía esperar de su visita, y sin saber
con certeza ante quién o qué estaba sentada, entendió que era hora de marcharse
de aquel lugar y partir antes de que fuese más tarde.
·
CASEY: Será mejor que me marche ya, no quisiera continuar
robándole su valioso tiempo. – Se
levantó de la silla y le extendió el brazo para estrechar las manos como
despedida – Le agradezco enormemente las prisas que se ha dado para poder
facilitarme la información.
Y las manos se estrecharon, dejando un bloqueo mental momentáneo , donde
la sensación dejada por la servicial empleada no pudo resultar más desconcertante.
Tan pronto salió de la
oficina y con el coche preparado desde
hacía horas, se puso en camino para llegar al Condado de Donegal antes de que
la noche pudiese cerrarse demasiado. Su conocimiento de las carreteras del
lugar no resultaba demasiado fiable , y mucho menos , si éstas se encontraban
campo a través y con nula iluminación.
Pasando de largo todos los condados y pueblos que se encontraban en la
trayectoria, el sol desapareció antes de lo previsto por una nueva amenaza de
tormenta , de la que ella esperaba, sinceramente, se quedase en sólo una imagen
de advertencia.
Siendo excesivamente tarde cuando llegó a destino, y aún quedando varias
horas de trayecto hasta Lifford, decidió detenerse en el primer hostal que
encontrase para pasar la noche. Algo de comida caliente y casera, una ducha templada
y un sueño reparador era todo lo que necesitaba de momento para afrontar con
entereza el temido día siguiente.
El establecimiento , casi en los límites del pueblo, se encontraba en
un espléndido y tranquilo lugar , con vistas a una amplia llanura, pero desde
la ventana de su habitación, la imagen distaba mucho de ser idílica.
Como si la amenaza de tormenta tuviera vida propia e inteligente y hubiera querido seguirla, las nubes , densas y
en tono gris oscuro, casi parecían posarse en los tejados de las casas de lo
bajas que circulaban, dando al entorno, una ambientación más típicamente
londinense que irlandesa. Ocultando las
casas situadas a pocos metros, pareciera que aquel hostal fuese lo único que se
encontrase con vida en el lugar , y su carácter sombrío , húmedo y frío, le otorgaba la sensación de estar sola ,
aunque no fuese real.
Aquel día , sólo tres clientes contando con ella ocupaban el recinto, lo
habitual en esta época del año , a diferencia de en temporada alta , que en toda la zona la ocupación suele ser casi absoluta y de carácter familiar básicamente.
Tres únicas personas , dos de ellas de las que sólo conocía su
existencia por el comentario de la buena mujer que la atendió en la recepción,
la cual, a su vez, parecía haberla estado analizando por completo mientras
tomaba sus datos . Hasta se podría decir, que la pregunta habitual del motivo
que la había traído hasta allí, resonaba más a interrogatorio intencionado que
a puro interés o curiosidad.
Ayudada por su aspecto de no ser una turista más , la educación
mostrada por quién la atendía, se vio correspondida por una respuesta políticamente
admitida, y basada en lo que se podría
denominar como una mentira piadosa . Casey
se presentó como agente inmobiliario , y eso bastó para que el rostro cambiase
y también la actitud de la recepcionista. Su pronta y exagerada amabilidad , su dación de información harto innecesaria
,y un servilismo más propio de otras épocas , nada tenían que ver con el carácter
sociable del que podían presumir abiertamente los irlandeses.
Asomada ante aquel cristal, disfrutando placenteramente de una ambientación absolutamente cinematográfica
y casi antinatural, comenzó a hacerse sus planeamientos mentales con la información que le había sido proporcionada
y con los datos que llevaba consigo, sin que el anormal encuentro final con la
funcionaria del Registro, la dejase del todo indiferente.
Una noche en la que el tiempo se venía encima con demasiada facilidad.
Un tiempo, en el que las horas sí quisieron formar parte del ansiado juego del
pronto amanecer , ante la ansiedad que representaba esperar para volver a enfrentarse
a aquella construcción a la que no había vuelto desde hacía demasiado tiempo, y
a la que en realidad, creía que nunca tendría que volver.
Nadie , ni ella misma, fue capaz de entender qué seguía atándola a
Inglaterra después de lo pasado, y mucho menos , siendo consciente de que se
quedaba sola y que no tendría a nadie a quién recurrir. Brian , pese a tratar de
convencerla de que pese a no acompañarle debía salir del país, nunca supo
realmente si sus intentos habían resultado en vano, habiéndose perdido el
contacto entre ambos por completo, mientras algo indescriptible en su interior, le decía que debía permanecer en esa tierra.
Aquella noche, en mitad de sus recuerdos y planes, en mitad de las imágenes
angulosas y claras que volvían a su mente , quiso entender que efectivamente ,
lo inacabado reclamaba su lugar y atención, y que en ese último trayecto de tan
peculiar viaje, era una pieza clave.
No durmió , efectivamente, aunque por una vez , que los nervios y la
excesiva tensión le hubieran aislado su sueño
no le importaba en realidad.
Mirando su reloj, calculó el tiempo preciso para ducharse , vestirse y
volver a salir , esta vez , sin parada estimada , con destino Lifford y más
concretamente a Carlton Court.
Un viaje aquel, en el que la tensión fue creciendo conforme los kilómetros
se reducían y se acercaba a la zona. Un trayecto, en el que las mismas nubes
grises y misteriosas del día anterior parecieran perseguirla más que velarla, y
que en su densidad , más que patente, parecieran ocultar algo .
Todo era observable . Cada detalle
de cada casa cuando eran calles las que tocaba atravesar , y en las que
pese a contar con gente en sus interiores, la impresión era casi de estarse
enfrentando a una vía que la llevase de forma directa a su infierno particular.
Dos horas después, atravesada la última colina, detuvo el coche . Con
las manos aferradas al volante como única forma de sentirse algo más segura
mientras decidía si continuar adelante o no, la visión a lo lejos , de la
casona – hospital y sus infatigables torres, hizo que se sobrecogiera.
Antes de pensar si retroceder y desistir, en un acto cuasi reflejo,
soltó el freno y aceleró, conduciendo en
dirección a la verja exterior.
La imagen imponente de una construcción que pese a los años de soledad
y supuesto abandono parecía estar como antaño, con aquel pórtico imponente ,
aquellas torres cuyas ventanas continuaban sin rejas, la gran buhardilla
laboratorio , las robustas paredes de piedra humedecida y oscura, sin nada de
vida alrededor… El lejano sonido del mar
traído desde el acantilado por el viento que , como antaño, provenía de esas
latitudes.
Todo se mantenía exactamente igual a cómo lo recordaba , como si el
reloj de arena hubiera retrocedido de pronto y , salvo por la vestimenta o el vehículo,
nada hubiera cambiado.
Detuvo el motor y bajó la ventanilla. Los mismos olores , familiares y
extraños a la nada más simple, cuando sólo por la humedad de la tierra todo
debería percibirse diferente. La sensación
de miedo , que la hacía escuchar su corazón acelerado , como banda sonora de
aquella inusitada escena. Una leve
sudoración aparecida entre sus dedos, que la hizo soltar el volante bruscamente para frotárselas y tratar de hacerlo
desaparecer. Un nudo en su garganta, que parecía advertirle de que era
preferible darse la vuelta, aunque ella supiera , que esa posibilidad era
imposible.
Cogiendo las llaves del contacto, bajó del vehículo y cerrándolo con
el mando, se acercó lentamente a la puerta de hierro que la separaba de su
entorno de inseguridad y temor.
Tras apoyar la mano en los barrotes, empujó pensando que estaría
cerrada, pero para su sorpresa, en su aspecto nada desvencijado, ésta se abrió
sola y con relativa facilidad. Sin dejar de mirar como la fachada crecía ante
sus píes, como la casa se le venía encima
a modo de abrazo mortal, cada
detalle de cada ventana eran observados escrupulosamente.
No había olvidado lo que la funcionaria había dicho sobre los comentarios de
las gentes que habían estado por los alrededores , y aunque creyera que podían
ser producto de la imaginería popular, trató de que nada pudiese escapársele.
A los pies de la escalinata de entrada , una imagen se reprodujo en su mente , el día que volvía a
la casa y Aengus la recibía. Ladeó la cabeza hacia su izquierda, y por un
instante, su figura , tal cual se encontraba cuando se despidió de ella a su forma,
el día que se marchaba supuestamente
para adoptar los votos, se le reapareció .
Pese a la indecisión sobre si realmente estaba haciendo lo correcto, pese
al miedo que se acrecentaba porque los recuerdos le devolvían como escenas de
una película vista en ese instante casi
en tono de advertencia, prefirió dejar de pensar y atorarse, y subir aquellos escalones con la esperanza de
que de la misma forma , si bien la verja se encontraba abierta, con la puerta
de acceso no correría la misma suerte.
Su mano en aquella madera fría se limitó a reaccionar y empujarla . En
un primer intento parecía bloqueada , pero pensando que podría ser que
estuviera hinchada por el frío, volvió a intentarlo empujando con fuerza con
ayuda de ambas manos y su peso . Con notable dificultad, logró que se abriera lo
suficiente como para poder acceder.
Tras conseguir adentrarse, algo la sobrecogió, tanto, como para no poder moverse de la puerta
durante algunos minutos.
Lejos de pensar que la casa, en su interior, estaría en un estado deplorable, si bien en su parte externa sólo la humedad y
su relativa cercanía con el mar podrían haber jugado alguna mala pasada, lo que
se mostraba ante sus ojos , tal y como su sueño presagiaba, era el mismo ámbito
intacto que antaño encontró por primera vez. Más oscura que como la recordaba, dado el efecto de la escasa entrada de luz desde
el exterior, no pareciera que por ella hubieran pasado los años.
A su izquierda , el pasillo que la llevaba a la cocina y al comedor
donde tantas veces preguntó por el doctor. A su derecha, el largo pasillo cuyas
altas puertas vistas en su fondo , completamente cerradas, albergaban la gran
biblioteca y los secretos acordes de la
exquisita combinación de blancas y negras . Y enfrente suya , la gran escalera , con
aquellos cuadros vigilantes guardando la memoria añeja de otros tiempos , y al
término de ésta, la que fue su habitación.
Ana Patricia Cruz López
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