viernes, 22 de enero de 2016

LA LLAMADA DE LA SANGRE ( Secuela de ELECCIÓN) . CAPÍTULO NOVENO ( Primera parte) ( Registrado en SAFE CREATIVE OCTUBRE 2015)

LA LLAMADA DE LA SANGRE
Créditos a quién corresponda
CAPITULO NOVENO
(PRIMERA PARTE)

Habiendo solicitado parte de sus días de vacaciones por adelantado bajo la excusa de la realización de unas gestiones familiares  urgentes , la respuesta sería recibida tan sólo dos días después.

Con una maleta relativamente pequeña, portando lo imprescindible para no más de una semana  de estancia fuera, se acercó  hasta el Aeropuerto de London City  para coger el primer vuelo en el que hubiera una plaza disponible con destino a Dublín. Una vez allí, y según la hora en la que llegase , su siguiente destino fijo era el edificio del Archivo Nacional de Irlanda , dónde consta uno de los más completos registros de centros hospitalarios del país  , incluyendo aquellos  que ya existían desde tiempos inmemoriales.

Teniendo la suerte de su parte , al menos de momento, una vacante de última hora  le permitía embarcar con efecto inmediato, llegando antes de mediodía a la capital irlandesa. Una vez allí, apenas veinte minutos antes de que cerrase el susodicho  Archivo, atravesaba sus puertas buscando a alguien que pudiera ayudarla.

Un señor mayor, de  aspecto afable y amabilidad exquisita , se ofreció a traerle a la persona que mejor podría ayudarla en su investigación. De forma casi inmediata, una mujer alta y  muy delgada , de unos cincuenta años y con el cabello completamente blanco , apareció en el mostrador de información .


·        FUNCIONARIA: Buenos días, ¿en qué puedo ayudarla?
·        CASEY: Buenos días , necesitaba información  sobre esta propiedad .

Le entregó un papel que ella misma se había encargado de preparar el día anterior con los datos que consideraba imprescindibles para  facilitar la búsqueda.  Cuando la empleada leyó el nombre del centro, sus ojos se mostraron  sorprendidos,  la  miró durante unos instantes frunciendo el ceño, y abriendo el libro de Registro , anotó la solicitud, le asignó su número correspondiente  y se dispuso a añadir los datos del peticionario.

·        FUNCIONARIA: Carlton Court. Desde que volviera la calma a esas aguas , y de eso hace mucho, mucho tiempo, no había vuelto a ver tanto interés por esa propiedad.
·        CASEY: ¿Tanto interés? – Preguntó extrañada-.
·        FUNCIONARIA: Creo recordar ligeramente haber vuelto a  escuchar ese nombre , y no hace demasiado tiempo de aquello.
·        CASEY: No quisiera parecerle ansiosa pero  ¿Cuánto creen que podrían tardar en darme la información?
·        FUNCIONARIA: Lo cierto es que no somos tantos empleados como esta oficina requiere en este momento, y llevamos algo de retraso en algunos encargos…

Ante la duda de la empleada, Casey trató de convencerla mostrando su aspecto más dulce y desesperado.

·        CASEY: Sé que su trabajo no es nada fácil, entre tantos archivos y con tanta documentación, pero verá, he tenido que solicitar adelantados días de mis vacaciones para poder realizar las gestiones que me traen hasta aquí y, lo cierto,  es que no dispongo de demasiado tiempo, ni sé cuándo podré volver.

La funcionaria no parecía demasiado convencida , pero aun así, tras volver a mirar la nota y el libro comprobando que todo estaba correcto, conforme se la devolvía , acercó su cuerpo al mostrador y le hizo señas para que se acercase, pero antes de hablarle, se aseguró de que nadie pudiera escucharla.

·        FUNCIONARIA: Cerramos a las cinco de la tarde. Vuelva mañana , como a unos quince minutos antes de la hora de cierre .  Si mis impresiones se confirman, cumplimentar la solicitud no será demasiado costoso.

Conforme cogió la nota, le estrechó las manos agradeciéndole enormemente los esfuerzos y se dispuso a salir de allí, pero antes de dar un paso más, sintió  un frío cortante  que  provenía del interior del edificio. Girando ligeramente su cuerpo hacia su espalda , justo dónde la escalera  que llevaba al resto de pisos del inmueble daba comienzo, algo parecía estarla llamando a acercarse. 
Mientras caminaba hacia ella, ese frío iba desapareciendo. Con miedo, apenas se atrevió a asomarse por el hueco y fijar sus ojos hacia arriba sin que lograse ver nada a priori, pero con la extraña sensación , de que alguien o algo se encontraba situado en el último piso  y la observaba.
Decidida a marcharse de forma definitiva hasta el día siguiente, algo la hizo volver a asomarse. Una figura de negro y aspecto muy sobrio  a la que no logró distinguir la cara,   se retiraba tras cruzarse brevemente con ella. Una mirada que pudo sentir  en sus adentros con relativa familiaridad sin saber por qué. 

Tratando de restar importancia a lo que acababa de producirse, tomándolo más como otra de las posibles muestras de esa especie de paranoia mental en la que últimamente se veía envuelta,  con la vuelta de sus sueños recurrentes y las sensaciones,  decidió regresar al hotel dando un paseo. 

Los recuerdos se le agolpaban en cada esquina , con cada fachada que parecía reconocer de lo poco que quedaba en la capital desde aquel entonces.
Las pequeñas mercerías,  que  conservaban su  aspecto como forma de mantener el recuerdo de lo que en su día,  fue uno de los patrimonios arquitectónicos más representativos de las clases trabajadoras. Las tabernas , acogedoras como pocas , revestidas en su interior  por madera antigua  y oscura , que provocaban en el visitante , la sensación placentera de viajar en el tiempo con sólo un par de pintas de cerveza y la observación del ambiente , si antes , los lugareños, no habían logrado introducirte en sus corrillos de cantos tradicionales . La familiaridad en el trato por parte de sus gentes pese a no ser un pueblo , y la sensación real de volver a estar en casa , le aseguraban un confort  impagable .

Pasos que la llevaban a lo largo de calles ya recorridas en alguna ocasión, incluso cuando sólo un empedrado angosto permitía a los carruajes circular por ellos con relativa soltura.
Calles que continuaban canalizando en los bordes de las aceras , el agua que descendía desde las partes altas de la ciudad. Una mezcla particular de olores a productos de limpieza y  hierba recién mojada, pero que en el pasado,  llegaron  confluir por ellos otras esencias menos agradables si cabe.

Caminos  vueltos a andar , quizás no con los mismos aires  ni las mismas caras, pero  que en el fondo de su corazón, sabía que en cierta forma le pertenecían, y que ella pertenecía  a ellos.
Una parte de la historia  que recorría de nuevo sus venas ,  y que involuntariamente ,  aunque con pasión inaudita, la retrotraía a antaño. Recuerdos de una vestimenta  de novicia bajo un abrigo en el duro invierno, de los momentos de supuesto encuentro con el altísimo y que a ella le supusieron más de una tempestad de dudas y desaciertos. Momentos de conversaciones casi interminables sobre lo humano y lo divino,  con aquel que decía ser su protector por aquel entonces y que sin embargo, resultó su mayor verdugo. 

Intentando afrontar la noche evitando que aquellos recuerdos continuaran por otros derroteros ya acaecidos, de lo que era consciente,  es que su voluntad quedaría mermada de pleno en el momento en que tuviese que enfrentarse de nuevo con la casona – hospital, e intentando que permaneciesen ocultos en ese pequeño hueco de su memoria, hizo todos los esfuerzos posibles para que el sueño la visitara pronto , y el estado de inconsciencia fuese absoluto pasase lo que pasase fuera de allí, consiguiéndolo .

Pero durante la noche, una imprevista y fuerte tormenta con viento racheado, hizo que el agua golpease con tanta fuerza contra las ventanas , que aun estando  adormecida, no pudo evitar despertarse. Con la madera sonando como si fuese a desvencijarse y a caer encima suyo, la intranquilidad hizo que se levantase para asegurar su cierre. Tras comprobar que éste  había cedido un poco, tuvo que abrirla por completo para cerrar las hojas bien. En ese momento, un golpe de viento brutal, empujó una de las partes tan fuertemente  que la obligó a soltarla , empapándose por completo. 
Cuando logró recuperarla , empujó ambos lados con las manos  resistiéndose con el vendaval que parecía no querer dar tregua, y tras lograrlo, conforme trataba de separar el camisón húmedo de su cuerpo, se centró por un instante en el exterior.  Pese a la semioscuridad reinante y la abundancia de agua que impedía tener una visión clara, la figura de un animal que le pareció altamente reconocible , se encontraba en la acera de en frente , sobre sus cuatro patas , mirando hacia aquella ventana.  Pese a no poder distinguirlo con certeza, sintió los penetrantes ojos del animal  tan cerca  como si los tuviese a su lado. Seguidamente y  de forma decidida, abrió de nuevo la ventana para asomarse, y nada más alongar parte de su cuerpo hacia el exterior, el animal comenzó a andar sin quitarle los ojos de encima hasta desaparecer casi al final de la calle.

De esa forma, lo que había comenzado como un exitoso intento por conciliar el sueño , se convirtió en el desasosiego más inmediato por el deseo de que amaneciese lo antes posible, pero las manecillas del reloj parecían no querer correr esta vez a su favor, haciéndole aquella jornada interminable.

Apenas el sol comenzó con sus juegos de abrazos compartidos y generosos , la lluvia fue deteniéndose , aunque previamente , de la misma forma imprevista que el viento había hecho acto de presencia , desapareció, y como si nada  hubiera pasado, Casey decidió aprovechar la mañana para alquilar un coche que la llevase hasta Lifford  esa misma tarde.

Un aperitivo en una taberna, algo de prensa para amenizar la espera y un suave almuerzo , culminaron la ronda de actividades a desarrollar entretanto llegaba la hora convenida con la funcionaria del Archivo.

Con puntualidad británica, se personaría en el mismo mostrador preguntando por ella, y al poco de ser anunciada, la mujer apareció.

·        FUNCIONARIA: Espere un segundo.

Su tono y hasta la forma de mirarla mientras se lo decía , parecían estar impregnados de cierto misterio. Sin querer preguntarse  por qué de esa actitud, espero pacientemente a que volviese a reclamarla  echando un vistazo , mientras tanto,  a los tablones de anuncios.  Aproximadamente cinco minutos más tarde, otra mujer salía del interior de los despachos por la puerta situada justo a la izquierda del mostrador, y la voz reconocible de la amable funcionaria , podía escucharse de lejos despidiéndose de ella.
A continuación, tras cerrarse la puerta de la calle, la buena mujer , con un manojo de llaves en la mano, se apostó  allí para cerrarla, volviendo sobre sus pasos mucho más tranquila.

·        FUNCIONARIA: Ahora sí .  Acompáñame ,por favor.

Tras guiarla por el habitáculo lleno de mesas y pequeños despachos separados por mamparas y cristales, llegaron al que era supuestamente el suyo,  en  el  fondo de la sala. La invitó amablemente a tomar asiento, y abriendo uno de los cajones de su mesa, extrajo una carpeta con documentación. Mientras, expectante, Casey esperaba que comenzase a contarle  lo que había descubierto.

·        FUNCIONARIA: Carlton Court. ¿Recuerda lo qué le dije ayer?
·        CASEY: Sí.
·        FUNCIONARIA: No andaba nada mal encaminada. Resultó relativamente fácil dar con ella.  Encontré en los libros una anotación de solicitud de información realizada hace poco más de seis meses. Al producirse esta actuación sobre el expediente, suelen pasar a un nivel de registro distinto temporalmente hasta que los devolvemos a su lugar original, aunque con el tiempo que ha pasado,  no deja de sorprendernos que todavía haya gente que se interese por un propiedad como esa, y menos aún después de lo que sucedió .
·        CASEY: Respecto a esa persona , ¿es posible conocer su identidad?
·        FUNCIONARIA: Lo lamento, pero esa es una información que no estamos autorizados a dar, no obstante, volviendo a ver su nombre y firma, tras algún pequeño esfuerzo, logré recordar su aspecto, ya que fui yo también quién le tramité la búsqueda , y según mi anotación, él sí fue mucho más preciso tanto en los datos aportados como detallista en lo qué solicitaba.
·        CASEY: ¿Podría decirme al menos qué aspecto tenía?
·        FUNCIONARIA: En eso sí que puedo satisfacerla . Era un sujeto aparentemente normal, ni muy alto ni bajo, de pelo largo , diría que castaño, pero lo que más me llamó la atención fueron sus ojos, eran grandes , de  mirada inquietante, casi incómoda. Recuerdo que hubo un momento dónde creí sentir escalofríos.
·        CASEY: ¿Y dice que preguntó por la finca?
·        FUNCIONARIA: Sí. Por lo visto trataba de localizar a sus dueños para hacerles una oferta de compra. Parecía muy interesado incluso en saber si pudiera estar ocupada, lo cual era y es imposible. Desde que sucedieran aquellos terribles hechos de antaño, la propiedad ha permanecido cerrada por completo, y que se sepa nadie ha vuelto a entrar. 
·        CASEY: Disculpe que la interrumpa , pero ha hablado de dueños. Tenía entendido que la casa pertenecía en su momento a los hermanos Carthaigh, incluso que la iglesia de aquel entonces financiaba lo que allí se hacía.

Con absoluta incredulidad por la certeza que manifestaba, se acomodó en su asiento y la observó extrañada.

·        FUNCIONARIA:  ¿No tendrá pensado adentrarse en la finca verdad?

Sin haber caído en la cuenta de qué tipo de señal podría haberle facilitado para que llegase ,en su proceso deductivo , a la conclusión exacta,  trató de encauzar el tema lo mejor que pudo.

·        CASEY: Estoy realizando un estudio sobre la relación entre crímenes y rituales religiosos.

Una pausa donde las miradas y los gestos serios parecían culminarse por un silencio sepulcral,  consolidó el tono de voz con el que la empleada de la institución, comenzó a proporcionarle información sobre la misma.

·        FUNCIONARIA: Cuando pasó todo aquello, ninguno de los trabajadores de esta oficina habíamos nacido, y en muchos casos,  ni sus padres tenían conciencia de que un día pisarían esta bendita tierra. En torno a lo ocurrido surgieron muchas leyendas urbanas , incluso las autoridades tuvieron muchos problemas para contener las invasiones de jóvenes y no tanto, que con la excusa de vivir una experiencia paranormal , saltaban las vallas o las destrozaban , y buscaban los huecos justos por dónde meterse en el que se denominó “ el hospital del miedo”. Así fue durante muchos años , hasta que se decidieron a someterla a subasta pública  al no poder localizar a ninguno de los dos hermanos, ni a nadie que constase como responsable y albergase la información sobre sus legítimos dueños, porque ellos no constaban como tales tampoco.
Lo curioso , es que a la hora de juntar toda la documentación sobre la parcela, apareció la referencia antigua sobre la tierra en la que se encontraba construido, y lejos de aminorar y tranquilizar a las masas de curiosos e insaciables del morbo, saber lo que había sido lo incrementó, y con ello los problemas.
·        CASEY: ¿A qué se refiere?
·        FUNCIONARIA: Según los textos debidamente autenticados que se aportaron, toda la parcela fue una zona de asentamiento druida . Un lugar sagrado,  que se usaba de forma exclusiva para rituales al estar en un lugar tan privilegiado  como cerca de un acantilado con leyenda. Se cuenta que la entonces diosa de la muerte y de la guerra , MORRIGAN, antes de convertirse en tal, era una mujer muy hermosa y sensual. Tan dulce , que no había hombre que no la viese y se enamorase de ella.  Elegida para convertirse en diosa , y con el proceso de su culminación casi terminado,  incumplió una de las mayores y más inquebrantables reglas que existían por aquel entonces, poseer sentimientos de mujer y amar a alguien prohibido. Cuando el resto de dioses se enteraron, la castigaron con la no correspondencia de ese amor por siempre, y con el sufrimiento de convertirla en algo que nadie habría querido, una diosa con poderes malignos , adoración por la sangre, vengativa y salvaje, con tanto poder en sus espaldas y en su interior, que ningún hombre podría amarla, sólo por saber lo qué era y quién era. Justo el día que recibía la sentencia, anduvo hasta el borde del acantilado, y en mitad de una fuerte tormenta y de un cielo con sed de sangre, Morrigan se lanzó al vacío , pero sin saber  que todo aquello resultaba inútil, puesto que la conversión ya se había producido. 
Cuando esto se dio a conocer , poco antes de la subasta, todos pensaban que las ofertas harían incrementar la puja hasta niveles insospechados, pero los pocos ofertantes que tuvieron el valor de presentarse ,  fueron desapareciendo misteriosamente, salvo uno , que actuaba en representación de la familia Haford ,  los propietarios de la famosa naviera que lleva su nombre.
·        CASEY: ¿Y la subasta cuándo se produjo?
·        FUNCIONARIA : En realidad , al quedar desierta, casi se podría decir que fue una compraventa directa, y por las fechas  que ponen los papeles , hace unos veinte años aproximadamente. Al no haber inscripción posterior , se sobreentiende que no hay nuevo titular , claro que también es posible que les haya costado localizarlo, puesto que pese a comprarla , se cree que jamás ha sido habitada  , o por lo menos de forma continua.
·        CASEY: ¿Así que después de tantos años  tiene propietario?
·        FUNCIONARIA: Ciertamente, pero a decir verdad nadie les ha visto jamás. Lo cual ha resultado incluso contradictorio con las versiones de algunos visitantes curiosos que afirman haber estado por los alrededores, e incluso aseguran  haber visto a alguien tras las ventanas o alguna luz esporádica en mitad de la noche.

Un suspiro profundo , fue la mejor señal de asunción de un cúmulo de información  que ahora tendría que asimilar.
El hecho de haber escogido aquella parcelas de terreno , no fue meramente casual , y la argumentación de que se necesitase un sacrificio de una joven virgen  para convertir en sagrado todo aquello , sólo parte de la farsa.
Imbuida por segundos en la ensoñación de sus pensamientos, la voz de la mujer la volvió de inmediato a la oficina.

·        FUNCIONARIA: ¿Parece decepcionada?
·        CASEY: Extrañada más bien. Acabo de descubrir que parte de la información que poseía , no era tan veraz como yo creía.

Colocando sus brazos sobre la mesa , el tono y el rostro de la mujer parecieron cambiar de pronto.

·        FUNCIONARIA: Voy a permitirme darle un consejo . A veces , dejar las cosas como están, resulta lo más inteligente, sobre todo cuando las señales que apreciamos, parecen advertirnos de que ése, es el mejor de los caminos. Mucha gente de por aquí aún cree en leyendas y en la supuesta realidad que subyace tras ellas, y la resolución de un castigo divino por un acto no debido, no es algo que le haga gracia a esa gente.

No sólo su tono parecía de advertencia. La forma en que la miraba mientras se lo decía, o incluso la parsimonia en cómo se encargaba de gesticular cada palabra, su lenguaje corporal, agresivo y casi impositivo, todo en ella, hizo que Casey lo tomase como una amenaza.

Aquella mujer no es que pareciera saber de lo qué hablaba, es que lo conocía perfectamente y se percibía , que la mera sola idea de que ella pudiese volver y remover todo aquello, no era de su agrado, y menos aún , conveniente.

Sabiendo de antemano lo que podía esperar de su visita, y sin saber con certeza ante quién o qué estaba sentada, entendió que era hora de marcharse de aquel lugar y partir antes de que fuese más tarde.

·        CASEY: Será mejor que me marche ya, no quisiera continuar robándole su valioso  tiempo. – Se levantó de la silla y le extendió el brazo para estrechar las manos como despedida – Le agradezco enormemente las prisas que se ha dado para poder facilitarme la información.

Y las manos se estrecharon, dejando un bloqueo mental momentáneo , donde la sensación dejada por la servicial empleada no pudo resultar más desconcertante.

Tan  pronto salió de la oficina  y con el coche preparado desde hacía horas, se puso en camino para llegar al Condado de Donegal antes de que la noche pudiese cerrarse demasiado. Su conocimiento de las carreteras del lugar no resultaba demasiado fiable , y mucho menos , si éstas se encontraban campo a través y con nula iluminación.

Pasando de largo todos los condados y pueblos que se encontraban en la trayectoria, el sol desapareció antes de lo previsto por una nueva amenaza de tormenta , de la que ella esperaba, sinceramente, se quedase en sólo una imagen de advertencia.  
Siendo excesivamente tarde cuando llegó a destino, y aún quedando varias horas de trayecto hasta Lifford, decidió detenerse en el primer hostal que encontrase para pasar la noche. Algo de comida caliente y casera, una ducha templada y un sueño reparador era todo lo que necesitaba de momento para afrontar con entereza el temido día siguiente.
El establecimiento , casi en los límites del pueblo, se encontraba en un espléndido y tranquilo lugar , con vistas a una amplia llanura, pero desde la ventana de su habitación, la imagen distaba mucho de ser idílica.
Como si la amenaza de tormenta tuviera vida propia e inteligente y  hubiera querido seguirla, las nubes , densas y en tono gris oscuro, casi parecían posarse en los tejados de las casas de lo bajas que circulaban, dando al entorno, una ambientación más típicamente londinense que irlandesa.  Ocultando las casas situadas a pocos metros, pareciera que aquel hostal fuese lo único que se encontrase con vida en el lugar , y su carácter sombrío , húmedo y frío,  le otorgaba la sensación de estar sola , aunque no fuese real.

Aquel día , sólo tres clientes  contando con ella ocupaban el recinto, lo habitual en esta época del año , a diferencia de en  temporada alta , que  en toda la zona  la ocupación suele ser casi absoluta  y de carácter familiar básicamente.
Tres únicas personas , dos de ellas de las que sólo conocía su existencia por el comentario de la buena mujer que la atendió en la recepción, la cual, a su vez, parecía haberla estado analizando por completo mientras tomaba sus datos . Hasta se podría decir, que la pregunta habitual del motivo que la había traído hasta allí, resonaba más a interrogatorio intencionado que a puro interés o curiosidad.

Ayudada por su aspecto de no ser una turista más , la educación mostrada por quién la atendía, se vio correspondida por una respuesta políticamente admitida,  y basada en lo que se podría denominar  como una mentira piadosa . Casey se presentó como agente inmobiliario , y eso bastó para que el rostro cambiase y también la actitud de la recepcionista. Su pronta y exagerada amabilidad  , su dación de información harto innecesaria ,y un servilismo más propio de otras épocas , nada tenían que ver con el carácter sociable del que podían presumir abiertamente los irlandeses.

Asomada ante aquel cristal, disfrutando placenteramente  de una ambientación absolutamente cinematográfica y casi antinatural, comenzó a hacerse sus planeamientos mentales  con la información que le había sido proporcionada y con los datos que llevaba consigo, sin que el anormal encuentro final con la funcionaria del Registro, la dejase del todo indiferente.

Una noche en la que el tiempo se venía encima con demasiada facilidad. Un tiempo, en el que las horas sí quisieron formar parte del ansiado juego del pronto amanecer , ante la ansiedad que representaba esperar para volver a enfrentarse a aquella construcción a la que no había vuelto desde hacía demasiado tiempo, y a la que en realidad, creía que nunca tendría que volver.

Nadie , ni ella misma, fue capaz de entender qué seguía atándola a Inglaterra después de lo pasado, y mucho menos , siendo consciente de que se quedaba sola y que no tendría a nadie a quién recurrir. Brian , pese a tratar de convencerla de que pese a no acompañarle debía salir del país, nunca supo realmente si sus intentos habían resultado en vano, habiéndose perdido el contacto entre ambos por completo, mientras algo indescriptible  en su interior,  le decía    que debía permanecer en esa tierra.
Aquella noche, en mitad de sus recuerdos y planes, en mitad de las imágenes angulosas y claras que volvían a su mente , quiso entender que efectivamente , lo inacabado reclamaba su lugar y atención, y que en ese último trayecto de tan peculiar viaje, era una pieza clave.

No durmió , efectivamente, aunque por una vez , que los nervios y la excesiva tensión le hubieran aislado su sueño  no le importaba en realidad.
Mirando su reloj, calculó el tiempo preciso para ducharse , vestirse y volver a salir , esta vez , sin parada estimada , con destino Lifford y más concretamente a  Carlton Court.

Un viaje aquel, en el que la tensión fue creciendo conforme los kilómetros se reducían y se acercaba a la zona. Un trayecto, en el que las mismas nubes grises y misteriosas del día anterior parecieran perseguirla más que velarla, y que en su densidad , más que patente, parecieran ocultar algo .
Todo era observable . Cada detalle  de cada casa cuando eran calles las que tocaba atravesar , y en las que pese a contar con gente en sus interiores, la impresión era casi de estarse enfrentando a una vía que la llevase de forma directa a su infierno particular.

Dos horas después, atravesada la última colina, detuvo el coche . Con las manos aferradas al volante como única forma de sentirse algo más segura mientras decidía si continuar adelante o no, la visión a lo lejos , de la casona – hospital y sus infatigables torres, hizo que se sobrecogiera.

Antes de pensar si retroceder y desistir, en un acto cuasi reflejo, soltó el freno y  aceleró, conduciendo en dirección a la verja exterior.

La imagen imponente de una construcción que pese a los años de soledad y supuesto abandono parecía estar como antaño, con aquel pórtico imponente , aquellas torres cuyas ventanas continuaban sin rejas, la gran buhardilla laboratorio , las robustas paredes de piedra humedecida y oscura, sin nada de vida alrededor…  El lejano sonido del mar traído desde el acantilado por el viento que , como antaño, provenía de esas latitudes.
Todo se mantenía exactamente igual a cómo lo recordaba , como si el reloj de arena hubiera retrocedido de pronto y , salvo por la vestimenta o el vehículo, nada hubiera cambiado.

Detuvo el motor y bajó la ventanilla. Los mismos olores , familiares y extraños a la nada más simple, cuando sólo por la humedad de la tierra todo debería percibirse diferente.  La sensación de miedo , que la hacía escuchar su corazón acelerado , como banda sonora de aquella inusitada escena.  Una leve sudoración aparecida entre sus dedos,  que la hizo soltar el volante bruscamente  para frotárselas y tratar de hacerlo desaparecer. Un nudo en su garganta, que parecía advertirle de que era preferible darse la vuelta, aunque ella supiera , que esa posibilidad era imposible.

Cogiendo las llaves del contacto, bajó del vehículo y cerrándolo con el mando, se acercó lentamente a la puerta de hierro que la separaba de su entorno de inseguridad y temor.
Tras apoyar la mano en los barrotes, empujó pensando que estaría cerrada, pero para su sorpresa, en su aspecto nada desvencijado, ésta se abrió sola y con relativa facilidad. Sin dejar de mirar como la fachada crecía ante sus píes, como la casa se le venía encima  a modo de abrazo  mortal, cada detalle de cada ventana  eran observados escrupulosamente. No había olvidado lo que la funcionaria había dicho sobre los comentarios de las gentes que habían estado por los alrededores , y aunque creyera que podían ser producto de la imaginería popular, trató de que nada pudiese escapársele.

A los pies de la escalinata de entrada , una imagen  se reprodujo en su mente , el día que volvía a la casa y Aengus la recibía. Ladeó la cabeza hacia su izquierda, y por un instante, su figura , tal cual se encontraba cuando se despidió de ella a su forma,  el día que se marchaba supuestamente para adoptar los votos, se le reapareció .

Pese a la indecisión sobre si realmente estaba haciendo lo correcto, pese al miedo que se acrecentaba porque los recuerdos le devolvían como escenas de una película vista en ese instante  casi en tono de advertencia, prefirió dejar de pensar y atorarse,  y subir aquellos escalones con la esperanza de que de la misma forma , si bien la verja se encontraba abierta, con la puerta de acceso no correría la misma suerte.

Su mano en aquella madera fría se limitó a reaccionar y empujarla . En un primer intento parecía bloqueada , pero pensando que podría ser que estuviera hinchada por el frío, volvió a intentarlo empujando con fuerza con ayuda de ambas manos y su peso . Con notable dificultad, logró que se abriera lo suficiente como para poder acceder.

Tras conseguir adentrarse, algo la sobrecogió, tanto,  como para no poder moverse de la puerta durante algunos minutos.
Lejos de pensar que la casa, en su interior, estaría en un estado deplorable,  si bien en su parte externa sólo la humedad y su relativa cercanía con el mar podrían haber jugado alguna mala pasada, lo que se mostraba ante sus ojos , tal y como su sueño presagiaba, era el mismo ámbito intacto que antaño encontró por primera vez.  Más oscura que como la recordaba,  dado el efecto de la escasa entrada de luz desde el exterior, no pareciera que por ella hubieran pasado los años.
A su izquierda , el pasillo que la llevaba a la cocina y al comedor donde tantas veces preguntó por el doctor. A su derecha, el largo pasillo cuyas altas puertas vistas en su fondo , completamente cerradas, albergaban la gran biblioteca y los secretos acordes  de la exquisita combinación de blancas y negras . Y  enfrente suya , la gran escalera , con aquellos cuadros vigilantes guardando la memoria añeja de otros tiempos , y al término de ésta, la que fue su habitación.

Ana Patricia Cruz López
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