“Un
nuevo comienzo
Un
nuevo amanecer
Una
nueva alma alimentada con tu presencia
Me
siento distinta, otra mujer; pero soy la
misma.
La
misma que nunca dejó de amarte sin saberlo
La
misma capaz de sentirse tan intensamente tuya como ya no recordaba
La
misma a la que has sabido ganarte a cada paso sin esperar nada a cambio aunque
lo deseases.
La
misma que ha de reconocer la guerra de la resistencia perdida
La
misma a la que recoges en tus brazos
cada noche bajo rendición absoluta.”
NUEVO AÑO
Un nuevo
año. Un nuevo día. Nuevo amanecer. Nueva luz.
El mismo
espectáculo tras las ventanas. Las mismas altas torres de cristal y las mismas
aceras empañadas con la lluvia de la noche anterior.
Seguíamos en
invierno .
A las cuatro
de la mañana , los primeros vehículos de reparto comenzaban a invadir la ciudad
sin apenas hacer ruido, mientras los tubos de escape dejaban la mejor huella de
que aún se necesitaba abrigo y guantes.
Las nubes
practicaban sus saludos mañaneros entre ellas.
Largo debate el que parecían
mantener, ante los ojos expectantes de
quienes degustaban observarlas permanecer casi inmóviles , sin hacer caso al
viento.
Las primeras
luces iban haciendo suyas las ventanas . La ciudad despertaba poco a poco,
reponiéndose de lo que había resultado la semana más loca y desajustada del
año.
La casa a
media luz.
Apoyada
desde la ventana, la visión de un
hermoso cuerpo rezumando paz tras su desnudez,
le otorgaba lo indescriptible.
Reflejo de una realidad , no de un sueño que desaparecería al despertar.
Una realidad en forma de piel, cuyo
recorrido podía realizarse tan despacio como se quisiera. Una piel tocable
visualmente, capaz de transmitir sensaciones maravillosas sin que su
propietario, imbuido en su sueño más profundo , fuera consciente de ello. Piel
que reflejaba una paz casi prohibitiva y envidiada. Una paz encontrada tras una
búsqueda insaciable.
Hoy como
antaño , algunas cosas se repetían , todo no había cambiado. Como el ojo del
artista a punto de realizar su mejor obra,
o del fotógrafo cuya mirada se
convierte en el objetivo de una cámara
mental, hoy como ayer, como antesdeayer, como hace seis años, disfrutaba
incansablemente de una visión inolvidable de líneas angulosas que parecían
desdibujarse con la luz entrante. Líneas que no parecían tener fin ni
principio. El tiempo no pasaba, nadie se daba cuenta .
La luz se
iba apoderando de él conforme ésta crecía en intensidad , mostrando nuevos
huecos , nuevos colores . Casi un sabor.
Un cuerpo inmóvil, arrebatado por la luz , a quien de verdad había
vuelto a poseerlo sin que hubiera resistencia alguna por su parte. Esa amante
reñida y silenciosa, que hacía brotar a
cada segundo una sensación nueva. Un sentimiento.
Sentirlo
suyo sin roce alguno. Sentirlo suyo sin palabras, sin medida, sin límites. Una sensación maravillosa que sólo él podría
haber vuelto a provocar, una sensación que se quedaría para siempre pasase lo
que pasase. Una sensación, que ahora era más suya que nunca.
Una imagen
que inesperadamente , aún con los ojos
cerrados, parecía moverse en su búsqueda. Una mano que con curiosidad innata y
vida propia, parecía sentir su piel conforme tocaba la sábana ,mientras se
aseguraba de que efectivamente no se encontraba a su lado. Forma singular de encontrarla , en cuya
expectativa , sus dedos parecían volver a recorrerla, sin tan siquiera necesitar girar su
cabeza por el contoneo de sus dedos
sobre la blanca tela.
Y ante su
mirada observadora y placentera, su rostro fue visto al fín, y sus ojos, como los de un chiquillo que ansiaba con
ternura lo que ya sabía que era suyo, se
limitaron a observarla de pie , cubierta por una camisola, acariciando sus
labios con parte de sus dedos, tratando de recordar , una y otra vez, su forma
de entregarse.
Ni un solo
gesto que alterase la quietud entre las sombras , ni un solo vocablo que
indicase nada al respecto. Continuó observándola y respiró hondo, y aquel
sonido llegó hasta ella, para abarcarla con la misma paz que parecía emanar.
Y hoy como
entonces, los recuerdos de amaneceres inquietos en los que al final, la guerra
casi fratricida , deslumbraba con un único resultado posible, reflejado en una maraña de carne y piel con
emulsiones a pasión desbordada y entrega sin temor alguno, en la cual , las
víctimas lo eran de forma placentera y descarnada. Un solo cuerpo, un único
grito ansioso por más .
Pero bajo
todo aquello, en el trasfondo de aquellos encuentros , algunos acoplados por
sorpresa, el sentirse por fín a gusto con alguien , resultaba impagable.
Sentirse persona de nuevo y su valoración
por algo más que su empatía sexual, ensalzaban su orgullo , caído en un
pozo sin fondo por quien se suponía que debía quererla por aquel entonces.
Steve se
convirtió entonces, en un refugio en el que volver a encontrarse a sí misma, en
el que recuperar lo que fue antes de que Bruce se interpusiera. Alguien, con
quién todos los muros y tabúes sociales se iban derrumbando conforme él adelantaba sus
pasos con exquisita prudencia. Alguien
capaz de amarla antes de conocerla , sólo por lo que su cabeza era capaz de
irradiar, y que supo demostrarle que el
respeto no sólo se debía tener en la cama.
Unos ojos
que en aquel instante, le seguían trayendo, como en una moviola, los instantes
de conversaciones largas, en los que
las horas no se medían de igual forma
que para el resto de los mortales. Debates intensos , algunos incluso, de una crudeza tal que la sinceridad
era capaz de pedir auxilio al verse impedida para huir.
Contrapuntos
maravillosos jugados en ambos casos de forma magistral, que siempre procuraban
finalizar con el coctel preciso de la razón y la madurez, salpicado por algo de ternura.
Y mil dudas
por resolver de ahora en adelante, en este camino sin vuelta atrás. Incógnitas
sobre si aquello era un comienzo nuevo o una sencilla continuación, sin
transición posible.
Al observar
que parecía no tener intención de acercarse a la cama, optó por ser él quién
tomase la iniciativa, acercándose al borde más cercano con su pecho sobre el
colchón.
• STEVE: Ya entonces odiabas que te
preguntase esto, pero no me dejas alternativa.
• SARAH: No lo hagas .
• STEVE: ¿Vas a decirme algo que
sabes que no me va a gustar?
• SARAH: No lo sé.
De cara a la
ventana, el sol le aclaraba el cabello
deslizándose a lo largo de todo su perfil , otorgándole al observador amante
,la visión reflejada de algunos cuadros que recordaba haber visto hacía años.
Por su
parte, no quedaba más que esperar a que la palabra retornase a ella. Y la otra
parte en cuestión, sintiéndose observada,
no quiso defraudarle.
• SARAH: Voy a registrar parcialmente
el libro. Bruce no tardará en reclamármelo y yo no crea que pueda terminarlo.
• STEVE: Pero………podrías intentarlo.
Yo me ofrecí a ayudarte ,y la propuesta aún sigue encima de la mesa.
• SARAH: Ese libro trae a mi cabeza
lo mejor de una época que no cambiaría
por nada del mundo, pero también me trae lo peor, y recordar por qué terminé en
Londres es una carga demasiado pesada , un error inasumible .
Su seguridad
y esa forma de afirmarse, otorgaban la imagen de una imagen planeada sin
posibilidad de encontrar cabos sueltos.
• STEVE: Ya lo tenías pensado – tras dar con su frente
en la sábana, resignado, optó por sentarse
- Ni siquiera lo has intentado, ¿apenas un par de líneas y ya te ves
incapaz?
• SARAH: Ni puedo ahora ni quiero.
Aún no estoy preparada para afrontar y reencontrarme con todo aquello.
Registrándolo , al menos salvaguardaré la parte realizada de posibles retoques.
• STEVE: Es un error . Nunca dejabas
nada a mitad .
• SARAH: Aún hay algo más.
Tormento
pausado cuyas dosis , pequeñas, llegaban a cuentagotas.
• SARAH: En la cesión habrá una
cláusula de derechos .
• STEVE: Esto me parece una locura.
¿No sólo no lo terminas si no que además lo cedes? – su rostro lo decía todo.
La sorpresa pudiera no serlo tanta. A él, le dio miedo preguntar - ¿Quién?
• SARAH: Richard.
No podía
verle el rostro , pero su risa provocada por la confirmación inmediata de algo
que parecía saber a ciencia cierta le
vaticinaba tener que pelear porque lo entendiera.
Sin embargo,
lejos de reaccionar , en principio, dando voces o visiblemente alterado, se
limitó a mostrarse agitado , enrabietado casi, pero mudo lo que a todas
luces le resultaba aún peor.
Lejos de la
cama , buscando su ropa a toda prisa , fue vistiéndose sin nada qué decir ,
pese a ella esperarlo.
• SARAH: Es el único al que Bruce
respeta por temor.
Con cada vez
menos piezas por ponerse y las reacciones propias de quién contiene la furia,
ella necesitaba escucharle , algo más calmado si cabe. Después de lo acontecido
durante la noche , no podía permitir que el último recuerdo de ese día fuera éste. Sentada en el suelo , junto a sus
piernas , deteniendo sus manos que amarraban los cordones del último zapato que
le quedaba por dejar listo, y sin que la mirase, en su perfil se dibujaba todo.
Resultaba tan transparente , al menos para ella.
• STEVE: Lo cierto, es qué no sé
porque me sorprende. Para ti , habría sido tan fácil estar con él. Y después de tantos años, no me queda más que
reconocer que tiene arrestos. Antes sólo creía que podría tenerlos, pero ha demostrado saber jugar sus cartas a la
perfección. El más notable papel de toda su carrera se lo has facilitado
tú. Auténticamente glorioso en su
dramatización. Tan natural, que ni necesita ensayo .
Pasar de la
rabia al dolor es sumamente fácil, y expresarlo más que con palabras en el tono de voz, dejando entrever los
sentimientos que no son posibles expresar por miedo a hacer más daño del que se
querría , todo un arte de contención sublime con el que se nace .
Aquellas
palabras parecían desgarrar con cada una
que se dijese. Aducir un sentimiento de hundimiento personal por una pérdida
que se creía probable , su realidad, su presente. Aquel nombre que volvía a interponerse entre
los dos , vanagloriándose , sin saberlo, de un éxito que ella había permitido.
Observando
su mano impuesta antes de retirarla, se levantó para terminar de abrocharse la
camisa.
• STEVE: Aquella
cara suya cuando nos presentaste. Inolvidable. Tan forzado a ser amable,
tan falsamente distinguido tratando de guardar las formas y tú , mientras,
ajena a todo. Es curioso como a pesar de
lo grande que es el mundo, las mismas personas terminemos recalando en los
mismos lugares , y pese a todo , sigamos cometiendo los mismos errores una y
otra vez. Parece mentira que después de
tanto tiempo, las cosas y las actitudes no hayan cambiado. Ni tomó la
iniciativa entonces cuando pudo, ni la toma ahora, pero siempre vence. ¿Y tú?
Lo sabes , y se lo permites por un vínculo que sólo vosotros entendéis, donde
pareces disfrutar de tus tiras y aflojas con él basados en sus celos más que
evidentes cuando es otro quién te toca y disfruta contigo, muriéndose de ganas
por ser él, pero faltándole valor no para decírtelo, si no para demostrártelo ,
porque sabe que entonces no habrá vuelta atrás, y como él mismo se encargó de hacerme saber, siempre ha
preferido perderte de esta forma que teniéndote .
Aquella
frase, aquellas palabras . Exactamente lo mismo que le dijo a ella en su casa.
Frío repentino fue lo que comenzó a recorrerla por dentro., y desde el mismo
lugar dónde se encontraba, agarrando la sábana con el puño y apretando
fuertemente, mientras buscaba la poca
fuerza que pudiera quedarle en un punto fijo en el suelo,
intentó saldar su duda, mientras
él terminaba de vestirse.
• SARAH: ¿Cuándo te dijo eso?
• STEVE: ¿Qué más da eso ya?
• SARAH: A mí me importa, necesito
saberlo.
• STEVE: Un día que lo encontré en la
facultad.
• SARAH: ¿Estando allí aún?
• STEVE: Sí, poco antes de que desaparecieras.
Steve
comenzaba a extrañarse tanto por las preguntas cómo por el tono empleado.
Parecía preocupada.
• SARAH: ¿Y te dijo algo más?
• STEVE: Sinceramente no lo recuerdo ¿Qué importa eso
ya? Hace mucho tiempo .
• SARAH: ¿Sólo te dijo eso?
• STEVE: Sarah ¿Qué ocurre? Para mí no me descubría nada que no fuera
evidente. Supongo que ante su incapacidad para decidirse y afrontar , el hecho de tener un competidor que sí lo
haga no debe hacerle ninguna gracia.
Realmente , yo en su lugar no sé si podría aguantar algo así. Será mejor que me
vaya. – Pensativo, recordó algo, y aunque ella no pudiera corresponderle , él
sí decidió hablarle a la cara –
Siempre supe de tu cabalidad y
raciocinio, de tu seriedad , pero nunca
creí que no supieras qué hacer con tu vida. Tenías razón cuando me dijiste que
no eras la misma. La Sarah que yo conocía y de la que me enamoré, la arriesgada
y amante de la vida, jamás hubiera dudado de sus sentimientos ni jugaría con
los de otro , sobre todo, cuando éstos no han cambiado pese a la ausencia
y los años , y menos , sabiendo que esa persona lo habría dejado
todo por intentar recuperar algo en lo que siempre había creído , sin contar con un mínimo de posibilidad o de esperanza.
Ciertamente no, no eres la misma, y no
puedes imaginarte cuánto dolor me supone tener que darte la razón en ello.
El sonido de
la puerta , lejano como nunca , mientras
su mente la sumergía en un vago recuerdo del que ella era la
coprotagonista. Un perfil sin rostro
definido , cuya sonrisa le hacía gesticular. Unas manso grandes y fuertes ,
pero a la vez delicadas , de piel blanca que se hacían con las suyas sobre un
fondo matizado. Una voz fuerte , profunda que resonaba y le hablaba , un cabello oscuro en el que unos dedos delgados
, los de una mano no masculina, parecían perderse y hacer suyos. Oscuridad . Risas que preceden a una nueva
luz . Cuerpos que parecen abrigarse mutuamente, que parecen entregados en un sinfín
de caricias no ajenas , abrazos protectores
bajo una desnudez simple , distorsionadora
de la realidad.
Y por más
que lo intentase, por más que cerrase sus ojos para intentar de aclarar todo
aquello, y que esa cara tuviera su rostro completo , y que esa voz le diese la
pista de reconocimiento completo, una y otra vez , los flashes continuados de
lo que sin duda parecía un encuentro sexual con receptividad completa y sentimiento, hicieron que algo la
oprimiera, la angustiara.
En su cabeza
, en sus adentros, necesitaba saber la verdad, saber quién era, porque ese
mismo cerebro que dudaba, a priori, se enrocaba en el mismo nombre , en el
mismo aspecto, en la misma voz, y en el fondo, no quería creer que ese nombre
que parecía grabado a fuego se confirmase .
Y en mitad
de la sucesión de fotogramas mentales , donde la claridad, como antaño, fue
brotando, la voz ya no resultó desconocida , sintiendo un nudo en su garganta,
acompañado por la posterior visión de que su peor temor resultaba cierto.
Una ducha
rápida, ropa sencilla cogida del armario y su móvil. Un mensaje enviado a quién
después de recibirlo , debía aparecer en el despacho del Departamento después
de finalizar su última clase, y tras confirmar su recepción, salir dispuesta
para reanudar su vida habitual.
Dentro de la
Universidad, el nuevo año también había
supuesto el comienzo del segundo semestre.
Como cada año, los Departamentos comenzaban a concertar las rondas de reuniones por las cuales
se dispondrían los planeamientos definitivos del resto del
semestre y las previsiones del siguiente ,
los cuales deberían ser expuestos
durante la sesión Junta que habría de celebrarse
a final de semana.
Aquella
mañana, Sarah entraría en la Facultad más tarde de lo habitual dado un cambio
de horario producido de forma inesperada , y cuando llegó al Despacho, Candice
se encontraba en él, apuntando las páginas separadas de un libro que tenía
entre las manos.
Tras
felicitarle el año nuevo y dejar sus
cosas en su lado de la mesa, se dispuso
a preparar una taza de café cargado y otro con leche para su compañera.
Entre línea
y línea de apunte, su amiga elevaba la
vista para observarla. Sarah se tocaba mucho entre los dedos, parecía
inquieta y pensativa, hasta que la cafetera hacía ruido trayéndola
de nuevo a la realidad.
El sonido
del cierre de la puerta del despacho volvió a distraerla de su tarea.
Steve llegando a toda prisa , dio los
buenos días, pero en a Candice , que normalmente no se le escapaba nada, le
llamó la atención el hecho de que ella ni se girase pero sí se detuviera ,
tensándose, y él pareciera incómodo al verla.
Con maestría casi forzada , tratando de disimular una situación de
normalidad no existente, se le acercó
para felicitarle el año nuevo con un cálido beso en la mejilla , se dio media
vuelta y se dirigió directo hacia la cocina.
Un espacio
estrecho, angosto, con demasiados objetos grandes y difíciles de mover .
Espacio
habitual y harto conocido que , por una vez, ambos hubieses deseado que fuese
enorme , tanto como para no tener si quiera que verse , especialmente hoy. Sin
que ella moviese un ápice de su cuerpo terminando de preparar la doble dosis de
cafeína, sintió el roce del cuerpo de Steve detrás suyo tratando de coger un
vaso. Tras preferir ser ella quién se lo entregase, tras ofrecérselo, sintió
durante unos segundos su mirada posesiva e intrigante , pero no encontró el
suficiente valor para corresponderle
Aunque la
tercera en discordia en aquel instante disimulase con su libro y sus
anotaciones, sonreía por dentro ya que
todo aquello sólo podía tratarse de una hermosa y esperada confirmación, sin
embargo, algo se le escapaba.
Tras beber
algo de zumo que cogió de la pequeña nevera y antes de salir del despacho,
volvió a girarse y a observarla, antes de despedirse de Candice. Fue su marcha definitiva lo que le dio a la vieja amiga el pistoletazo
de salida para preguntar.
No siendo
ajena a que su observadora amiga había sido testigo de todo , se dio la vuelta
con la taza de café en la mano esperando el comentario siempre oportuno por su
parte.
Candice cogió el marcador que se encontraba encima de
la mesa, lo colocó entre las páginas por las que lo mantenía abierto, cerró el
libro, y lo colocó encima de una carpeta
suya. Seguidamente , colocó la libreta de anotaciones y el bolígrafo, todo muy
ritualista por cierto, se cruzó de brazos sobre el pecho, y con gesto , en
principio serio pero después sonriente , decidió satisfacer a su amiga.
• CANDICE: En otras circunstancias ,
podría sentir cierta satisfacción por el hecho de reconocer que no me equivoco
con tanta facilidad como algunos creen pero visto lo visto, tengo la impresión
, de que lejos de considerar que deba haberme equivocado, hay algo extraño en
el ambiente que no logro divisar con claridad.
• SARAH: Pues me temo que tienes razón en las dos cosas. No
te equivocabas, y sí, algo lo ha empañado todo.
• CANDICE: No sé si preguntarte quién ha tenido la culpa esta vez.
• SARAH: Me temo que eso es algo que
aún no puedo confirmarte.
Con el
silencio como telón de fondo, mientras Sarah volvía a mostrarse pensativa ,
Candice prefirió hacer gala de sus técnicas de disimulo y apariencia. Su
preocupación ,no alejada de razones que
la justificasen, se quedaba suspendida
en una especie de nebulosa de desconcierto . Habían estado juntos , y además,
por la confirmación que había recibido, había venido para quedarse. Los miedos
habían desaparecido y la entrega había culminado, pero entonces ¿por qué
aquella extraña sensación de que algo
debía haber salido mal?
Preguntas
que quedaron momentáneamente sin respuesta ante
su inmediata incorporación a las clases.
Candice
hacía rato que se había marchado puesto que su agenda parecía traerle de cabeza
ese día , no logrando llegar a tiempo a ningún sitio. . Sarah recogió sus cosas y andando por
aquellos largos pasillos de piedra antigua,
observándolo todo y tratando de centrarse , se dispuso a iniciar la nueva clase. Cuando
apenas llevaba media hora, alguien irrumpió bruscamente en ella abriendo la
puerta sin miramiento alguno y bajando con decisión por las escaleras. Era una
mujer ataviada con un traje de chaqueta oscuro y un portafolios negro. Su sorpresa por tal situación la dejó sin
capacidad inmediata de respuesta.
• SARAH: ¡¿Qué diablos?! ¿Sabe que
podría llamar a seguridad y hacer que la echaran? Esto es una clase .
• MUJER: ¿Dra. McBridge?
• SARAH: ¿A qué viene ésto?
• MUJER: Vengo a entregarle esta
comunicación – era un sobre alargado
lacrado y con un sello en su parte trasera- ¿Sería tan amable de firmarme la entrega?
• SARAH: - mientras firmaba- ¿Qué es
esto?
• MUJER: - Cerrando el portafolio- La
citan para una conciliación judicial. Buenos días.
Y aquella
mujer , como mismo vino y apareció , se marchó.
Al abrir el
sobre, vio que se trataba efectivamente de una citación emitida para tratar de
llegar a un acuerdo previo por los derechos del libro. Bruce había decidido
cumplir su amenaza, y a ella se le acaban las posibles opciones.
Tras este
sorpresivo altercado, y unos segundos de asimilación, fría y serenamente ,
decidió proseguir la clase.
Volcada en
el trabajo más que nunca, trató de no pensar demasiado en todo lo que había
sucedido en las últimas veinticuatro horas.
O que había comenzado como algo
que le provocaba por fin reencontrarse consigo misma y que pudiera
mirarse de otra forma, acababa siendo un dulce infierno de no superaciones personales , de huecos en una tramo de su
vida que no terminaba de recuperar , preguntándose entre tanto, cuánto quedaría
aún por descubrir , de cuántas verdades aún podría disfrutar , sin que le
fueran tan o más dolorosas que las recuperada hasta ese momento.
Con las
horas pasadas sin apenas darse cuenta , la hora de dejar las cosas preparadas
para el día siguiente llegaba por fin. Mirando su reloj de forma continua, sólo
le quedaba algo por hacer y con la sensación de que ya no podía perder más,
sólo le quedó respirar hondo y enfrentarse a ello nada más escuchar como
tocaban a la puerta , y comprobar que efectivamente , Richard había decidido
venir.
Ana Patricia
Cruz López
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