sábado, 16 de enero de 2016

UNA HISTORIA INACABADA. CAPÍTULO DÉCIMO SEXTO . PRIMERA PARTE . Año Nuevo( Registrado en SAFE CREATIVE en JUNIO 2015)

CAPÍTULO  DECIMOSEXTO ( Primera parte)
Créditos a quién corresponda


“Un nuevo comienzo
Un nuevo amanecer
Una nueva alma alimentada con tu presencia
Me siento distinta,  otra mujer; pero soy la misma.
La misma que nunca dejó de amarte sin saberlo
La misma capaz de sentirse tan intensamente tuya como ya no recordaba
La misma a la que has sabido ganarte a cada paso sin esperar nada a cambio aunque lo deseases.
La misma que ha de reconocer la guerra de la resistencia perdida
La misma  a la que recoges en tus brazos cada noche bajo rendición absoluta.”


NUEVO AÑO

Un nuevo año. Un nuevo día. Nuevo amanecer. Nueva luz.
El mismo espectáculo tras las ventanas. Las mismas altas torres de cristal y las mismas aceras empañadas con la lluvia de la noche anterior.
Seguíamos en invierno .

A las cuatro de la mañana , los primeros vehículos de reparto comenzaban a invadir la ciudad sin apenas hacer ruido, mientras los tubos de escape dejaban la mejor huella de que aún se necesitaba abrigo y guantes.

Las nubes practicaban sus saludos mañaneros entre ellas.  Largo debate  el que parecían mantener,  ante los ojos expectantes de quienes degustaban observarlas permanecer casi inmóviles , sin hacer caso al viento.

Las primeras luces iban haciendo suyas las ventanas . La ciudad despertaba poco a poco, reponiéndose de lo que había resultado la semana más loca y desajustada del año.

La casa a media luz.


Apoyada desde la ventana, la visión  de un hermoso cuerpo rezumando paz tras su desnudez,  le otorgaba lo indescriptible.  Reflejo de una realidad , no de un sueño que desaparecería al despertar. Una realidad en forma de piel,  cuyo recorrido podía realizarse tan despacio como se quisiera. Una piel tocable visualmente, capaz de transmitir sensaciones maravillosas sin que su propietario, imbuido en su sueño más profundo , fuera consciente de ello. Piel que reflejaba una paz casi prohibitiva y envidiada. Una paz encontrada tras una búsqueda insaciable. 

Hoy como antaño , algunas cosas se repetían , todo no había cambiado. Como el ojo del artista a punto de realizar su mejor obra,   o del fotógrafo cuya mirada  se convierte en el  objetivo de una cámara mental, hoy como ayer, como antesdeayer, como hace seis años, disfrutaba incansablemente de una visión inolvidable de líneas angulosas que parecían desdibujarse con la luz entrante. Líneas que no parecían tener fin ni principio. El tiempo no pasaba, nadie se daba cuenta .
La luz se iba apoderando de él conforme ésta crecía en intensidad , mostrando nuevos huecos , nuevos colores . Casi un sabor.  Un cuerpo inmóvil, arrebatado por la luz , a quien de verdad había vuelto a poseerlo sin que hubiera resistencia alguna por su parte. Esa amante reñida y silenciosa,  que hacía brotar a cada segundo una sensación nueva. Un sentimiento. 

Sentirlo suyo sin roce alguno. Sentirlo suyo sin palabras, sin medida, sin límites.  Una sensación maravillosa que sólo él podría haber vuelto a provocar, una sensación que se quedaría para siempre pasase lo que pasase. Una sensación, que ahora era más suya que nunca.

Una imagen que inesperadamente ,  aún con los ojos cerrados, parecía moverse en su búsqueda. Una mano que con curiosidad innata y vida propia, parecía sentir su piel conforme tocaba la sábana ,mientras se aseguraba de que efectivamente no se encontraba a su lado.  Forma singular de encontrarla , en cuya expectativa , sus dedos parecían volver a recorrerla,  sin tan siquiera necesitar girar su cabeza  por el contoneo de sus dedos sobre la blanca tela.

Y ante su mirada observadora y placentera, su rostro fue visto al fín, y sus ojos,  como los de un chiquillo que ansiaba con ternura  lo que ya sabía que era suyo, se limitaron a observarla de pie , cubierta por una camisola, acariciando sus labios con parte de sus dedos, tratando de recordar , una y otra vez, su forma de entregarse.

Ni un solo gesto que alterase la quietud entre las sombras , ni un solo vocablo que indicase nada al respecto. Continuó observándola y respiró hondo, y aquel sonido llegó hasta ella, para abarcarla con la misma paz que parecía emanar.

Y hoy como entonces, los recuerdos de amaneceres inquietos en los que al final, la guerra casi fratricida , deslumbraba con un único resultado posible,  reflejado en una maraña de carne y piel con emulsiones a pasión desbordada y entrega sin temor alguno, en la cual , las víctimas lo eran de forma placentera y descarnada. Un solo cuerpo, un único grito ansioso por más .
Pero bajo todo aquello, en el trasfondo de aquellos encuentros , algunos acoplados por sorpresa, el sentirse por fín a gusto con alguien , resultaba impagable. Sentirse persona de nuevo y su valoración  por algo más que su empatía sexual, ensalzaban su orgullo , caído en un pozo sin fondo por quien se suponía que debía quererla por aquel entonces.

Steve se convirtió entonces, en un refugio en el que volver a encontrarse a sí misma, en el que recuperar lo que fue antes de que Bruce se interpusiera. Alguien, con quién todos los muros y tabúes sociales  se iban derrumbando conforme él adelantaba sus pasos con exquisita prudencia.  Alguien capaz de amarla antes de conocerla , sólo por lo que su cabeza era capaz de irradiar, y que supo demostrarle  que el respeto no sólo se debía tener en la cama.

Unos ojos que en aquel instante, le seguían trayendo, como en una moviola, los instantes de conversaciones largas,   en los que las horas no se medían de igual forma  que para el resto de los mortales. Debates intensos , algunos  incluso, de una crudeza tal que la sinceridad era capaz de pedir auxilio al verse impedida para huir.
Contrapuntos maravillosos jugados en ambos casos de forma magistral, que siempre procuraban finalizar con el coctel preciso de la razón y la madurez, salpicado  por algo de ternura.

Y mil dudas por resolver de ahora en adelante, en este camino sin vuelta atrás. Incógnitas sobre si aquello era un comienzo nuevo o una sencilla continuación, sin transición posible.

Al observar que parecía no tener intención de acercarse a la cama, optó por ser él quién tomase la iniciativa, acercándose al borde más cercano con su pecho sobre el colchón.

•             STEVE: Ya entonces odiabas que te preguntase esto, pero no me dejas alternativa.
•             SARAH: No lo hagas .
•             STEVE: ¿Vas a decirme algo que sabes que no me va a gustar?
•             SARAH: No lo sé. 

De cara a la ventana,  el sol le aclaraba el cabello deslizándose a lo largo de todo su perfil , otorgándole al observador amante ,la visión reflejada de algunos cuadros que recordaba haber visto hacía años.
Por su parte, no quedaba más que esperar a que la palabra retornase a ella. Y la otra parte en cuestión, sintiéndose observada,  no quiso defraudarle.

•             SARAH: Voy a registrar parcialmente el libro. Bruce no tardará en reclamármelo y yo no crea que pueda terminarlo.
•             STEVE: Pero………podrías intentarlo. Yo me ofrecí a ayudarte ,y la propuesta aún sigue encima de la mesa.
•             SARAH: Ese libro trae a mi cabeza lo mejor de una época  que no cambiaría por nada del mundo, pero también me trae lo peor, y recordar por qué terminé en Londres es una carga demasiado pesada , un error inasumible .

Su seguridad y esa forma de afirmarse, otorgaban la imagen de una imagen planeada sin posibilidad de encontrar cabos sueltos.

•             STEVE:  Ya lo tenías pensado – tras dar con su frente en la sábana, resignado, optó por sentarse  - Ni siquiera lo has intentado, ¿apenas un par de líneas y ya te ves incapaz?
•             SARAH: Ni puedo ahora ni quiero. Aún no estoy preparada para afrontar y reencontrarme con todo aquello. Registrándolo , al menos salvaguardaré la parte realizada de posibles retoques.
•             STEVE: Es un error . Nunca dejabas nada a mitad .
•             SARAH: Aún hay algo más.

Tormento pausado cuyas dosis , pequeñas, llegaban a cuentagotas.

•             SARAH: En la cesión habrá una cláusula de derechos .
•             STEVE: Esto me parece una locura. ¿No sólo no lo terminas si no que además lo cedes? – su rostro lo decía todo. La sorpresa pudiera no serlo tanta. A él, le dio miedo preguntar - ¿Quién?
•             SARAH: Richard.

No podía verle el rostro , pero su risa provocada por la confirmación inmediata de algo que parecía saber a ciencia cierta  le vaticinaba tener que pelear porque lo entendiera.
Sin embargo, lejos de reaccionar , en principio, dando voces o visiblemente alterado, se limitó a mostrarse agitado , enrabietado casi, pero mudo lo que a todas luces  le resultaba aún peor.
Lejos de la cama , buscando su ropa a toda prisa , fue vistiéndose sin nada qué decir , pese a ella esperarlo.

•             SARAH: Es el único al que Bruce respeta por temor.

Con cada vez menos piezas por ponerse y las reacciones propias de quién contiene la furia, ella necesitaba escucharle , algo más calmado si cabe. Después de lo acontecido durante la noche , no podía permitir que el último recuerdo de ese día  fuera éste. Sentada en el suelo , junto a sus piernas , deteniendo sus manos que amarraban los cordones del último zapato que le quedaba por dejar listo, y sin que la mirase, en su perfil se dibujaba todo. Resultaba tan transparente , al menos para ella.

•             STEVE: Lo cierto, es qué no sé porque me sorprende. Para ti , habría sido tan fácil estar con él.  Y después de tantos años, no me queda más que reconocer que tiene arrestos. Antes sólo creía que podría tenerlos, pero  ha demostrado saber jugar sus cartas a la perfección. El más notable papel de toda su carrera se lo has facilitado tú.  Auténticamente glorioso en su dramatización. Tan natural, que ni necesita ensayo .

Pasar de la rabia al dolor es sumamente fácil, y expresarlo más que con palabras  en el tono de voz, dejando entrever los sentimientos que no son posibles expresar por miedo a hacer más daño del que se querría , todo un arte de contención sublime con el que se nace .  
Aquellas palabras parecían desgarrar con  cada una que se dijese. Aducir un sentimiento de hundimiento personal por una pérdida que se creía probable , su realidad, su presente.  Aquel nombre que volvía a interponerse entre los dos , vanagloriándose , sin saberlo, de un éxito que ella había permitido.

Observando su mano impuesta antes de retirarla, se levantó para terminar de abrocharse la camisa.

•             STEVE:  Aquella  cara suya cuando nos presentaste. Inolvidable. Tan forzado a ser amable, tan falsamente distinguido tratando de guardar las formas y tú , mientras, ajena a todo.  Es curioso como a pesar de lo grande que es el mundo, las mismas personas terminemos recalando en los mismos lugares , y pese a todo , sigamos cometiendo los mismos errores una y otra vez.  Parece mentira que después de tanto tiempo, las cosas y las actitudes no hayan cambiado. Ni tomó la iniciativa entonces cuando pudo, ni la toma ahora, pero siempre vence. ¿Y tú? Lo sabes , y se lo permites por un vínculo que sólo vosotros entendéis, donde pareces disfrutar de tus tiras y aflojas con él basados en sus celos más que evidentes cuando es otro quién te toca y disfruta contigo, muriéndose de ganas por ser él, pero faltándole valor no para decírtelo, si no para demostrártelo , porque sabe que entonces no habrá vuelta atrás, y como él mismo  se encargó de hacerme saber, siempre ha preferido perderte de esta forma que teniéndote .

Aquella frase, aquellas palabras . Exactamente lo mismo que le dijo a ella en su casa. Frío repentino fue lo que comenzó a recorrerla por dentro., y desde el mismo lugar dónde se encontraba, agarrando la sábana con el puño y apretando fuertemente, mientras buscaba la poca  fuerza que pudiera quedarle en un punto fijo en el  suelo,  intentó saldar su duda, mientras  él terminaba de vestirse.

•             SARAH: ¿Cuándo te dijo eso?
•             STEVE:  ¿Qué más da eso ya?
•             SARAH: A mí me importa, necesito saberlo.
•             STEVE: Un día que lo encontré en la facultad.
•             SARAH: ¿Estando allí aún?
•             STEVE: Sí, poco antes de que desaparecieras.

Steve comenzaba a extrañarse tanto por las preguntas cómo por el tono empleado. Parecía preocupada.

•             SARAH: ¿Y te dijo algo más?
•             STEVE:  Sinceramente no lo recuerdo ¿Qué importa eso ya? Hace mucho tiempo .
•             SARAH:  ¿Sólo te dijo eso?
•             STEVE: Sarah ¿Qué ocurre?  Para mí no me descubría nada que no fuera evidente. Supongo que ante su incapacidad para decidirse y afrontar  , el hecho de tener un competidor que sí lo haga  no debe hacerle ninguna gracia. Realmente , yo en su lugar no sé si podría aguantar algo así. Será mejor que me vaya. – Pensativo, recordó algo, y aunque ella no pudiera corresponderle , él sí decidió hablarle a la cara  – Siempre  supe de tu cabalidad y raciocinio, de tu seriedad  , pero nunca creí que no supieras qué hacer con tu vida. Tenías razón cuando me dijiste que no eras la misma. La Sarah que yo conocía y de la que me enamoré, la arriesgada y amante de la vida, jamás hubiera dudado de sus sentimientos ni jugaría con los de otro , sobre todo, cuando éstos no han cambiado pese a la ausencia y  los años , y menos ,  sabiendo que esa persona lo habría dejado todo por intentar recuperar algo en lo que siempre había creído , sin contar  con un mínimo de posibilidad o de esperanza. Ciertamente  no, no eres la misma, y no puedes imaginarte cuánto dolor me supone tener que darte la razón en ello.

El sonido de la puerta , lejano como nunca , mientras  su mente la sumergía en un vago recuerdo del que ella era la coprotagonista.  Un perfil sin rostro definido , cuya sonrisa le hacía gesticular. Unas manso grandes y fuertes , pero a la vez delicadas , de piel blanca que se hacían con las suyas sobre un fondo matizado. Una voz fuerte , profunda que resonaba y le hablaba , un  cabello oscuro en el que unos dedos delgados , los de una mano no masculina, parecían perderse  y hacer suyos.  Oscuridad . Risas que preceden a una nueva luz . Cuerpos que parecen abrigarse mutuamente, que parecen entregados en un sinfín de caricias no ajenas , abrazos protectores  bajo una desnudez simple  , distorsionadora de la realidad.

Y por más que lo intentase, por más que cerrase sus ojos para intentar de aclarar todo aquello, y que esa cara tuviera su rostro completo , y que esa voz le diese la pista de reconocimiento completo, una y otra vez , los flashes continuados de lo que sin duda parecía un encuentro sexual con receptividad completa  y sentimiento, hicieron que algo la oprimiera, la angustiara.

En su cabeza , en sus adentros, necesitaba saber la verdad, saber quién era, porque ese mismo cerebro que dudaba, a priori, se enrocaba en el mismo nombre , en el mismo aspecto,  en la misma voz,  y en el fondo, no quería creer que ese nombre que parecía grabado a fuego se confirmase .
Y en mitad de la sucesión de fotogramas mentales , donde la claridad, como antaño, fue brotando, la voz ya no resultó desconocida , sintiendo un nudo en su garganta, acompañado por la posterior visión de que su peor temor resultaba cierto.

Una ducha rápida, ropa sencilla cogida del armario y su móvil. Un mensaje enviado a quién después de recibirlo , debía aparecer en el despacho del Departamento después de finalizar su última clase, y tras confirmar su recepción, salir dispuesta para reanudar su vida habitual.

Dentro de la Universidad,  el nuevo año también había supuesto el comienzo del segundo semestre.  Como cada año, los Departamentos comenzaban a concertar  las rondas de reuniones por las cuales se  dispondrían  los planeamientos definitivos del resto del semestre y las previsiones del siguiente ,  los cuales deberían ser  expuestos durante la sesión  Junta que habría de celebrarse a  final de semana.

Aquella mañana, Sarah entraría en la Facultad más tarde de lo habitual dado un cambio de horario producido de forma inesperada , y cuando llegó al Despacho, Candice se encontraba en él, apuntando las páginas separadas de un libro que tenía entre las manos.
Tras felicitarle  el año nuevo y dejar sus cosas en su lado de la mesa,  se dispuso a preparar una taza de café cargado y otro con leche para su compañera.

Entre línea y línea de apunte, su amiga  elevaba la vista para observarla. Sarah se tocaba mucho entre los dedos, parecía inquieta   y pensativa,  hasta que la cafetera hacía ruido trayéndola de nuevo a la realidad.
El sonido del cierre de la puerta del despacho volvió a distraerla de su tarea. Steve  llegando a toda prisa , dio los buenos días, pero en a Candice , que normalmente no se le escapaba nada, le llamó la atención el hecho de que ella ni se girase pero sí se detuviera , tensándose, y él pareciera incómodo al verla.  Con maestría casi forzada , tratando de disimular una situación de normalidad no existente,  se le acercó para felicitarle el año nuevo con un cálido beso en la mejilla , se dio media vuelta y se dirigió directo hacia la cocina.

Un espacio estrecho, angosto, con demasiados objetos grandes y difíciles de mover .
Espacio habitual y harto conocido que , por una vez, ambos hubieses deseado que fuese enorme , tanto como para no tener si quiera que verse , especialmente hoy. Sin que ella moviese un ápice de su cuerpo terminando de preparar la doble dosis de cafeína, sintió el roce del cuerpo de Steve detrás suyo tratando de coger un vaso. Tras preferir ser ella quién se lo entregase, tras ofrecérselo, sintió durante unos segundos su mirada posesiva e intrigante , pero no encontró el suficiente valor para corresponderle

Aunque la tercera en discordia en aquel instante disimulase con su libro y sus anotaciones, sonreía por dentro  ya que todo aquello sólo podía tratarse de una hermosa y esperada confirmación, sin embargo, algo se le escapaba.

Tras beber algo de zumo que cogió de la pequeña nevera y antes de salir del despacho, volvió a girarse y a observarla, antes de despedirse de Candice.  Fue su marcha definitiva  lo que le dio a la vieja amiga el pistoletazo de salida para preguntar.
No siendo ajena a que su observadora amiga había sido testigo de todo , se dio la vuelta con la taza de café en la mano esperando el comentario siempre oportuno por su parte.
Candice  cogió el marcador que se encontraba encima de la mesa, lo colocó entre las páginas por las que lo mantenía abierto, cerró el libro,  y lo colocó encima de una carpeta suya. Seguidamente , colocó la libreta de anotaciones y el bolígrafo, todo muy ritualista por cierto, se cruzó de brazos sobre el pecho, y con gesto , en principio serio pero después sonriente , decidió satisfacer a su amiga.

•             CANDICE: En otras circunstancias , podría sentir cierta satisfacción por el hecho de reconocer que no me equivoco con tanta facilidad como algunos creen pero visto lo visto, tengo la impresión , de que lejos de considerar que deba haberme equivocado, hay algo extraño en el ambiente que no logro divisar con claridad.
•             SARAH: Pues  me temo que tienes razón en las dos cosas. No te equivocabas, y sí, algo lo ha empañado todo.
•             CANDICE:  No sé si preguntarte  quién ha tenido la culpa esta vez.
•             SARAH: Me temo que eso es algo que aún no puedo confirmarte.

Con el silencio como telón de fondo, mientras Sarah volvía a mostrarse pensativa , Candice prefirió hacer gala de sus técnicas de disimulo y apariencia. Su preocupación ,no alejada de razones  que la justificasen, se  quedaba suspendida en una especie de nebulosa de desconcierto . Habían estado juntos , y además, por la confirmación que había recibido, había venido para quedarse. Los miedos habían desaparecido y la entrega había culminado, pero entonces ¿por qué aquella extraña sensación  de que algo debía haber salido mal?
Preguntas que quedaron momentáneamente sin respuesta ante  su inmediata incorporación a las clases. 

Candice hacía rato que se había marchado puesto que su agenda parecía traerle de cabeza ese día , no logrando llegar a tiempo a ningún sitio. .  Sarah recogió sus cosas y andando por aquellos largos pasillos de piedra antigua,  observándolo todo y tratando de centrarse ,  se dispuso a iniciar la nueva clase. Cuando apenas llevaba media hora, alguien irrumpió bruscamente en ella abriendo la puerta sin miramiento alguno y bajando con decisión por las escaleras. Era una mujer ataviada con un traje de chaqueta oscuro y un portafolios negro.   Su sorpresa por tal situación la dejó sin capacidad inmediata de respuesta.

•             SARAH: ¡¿Qué diablos?! ¿Sabe que podría llamar a seguridad y hacer que la echaran? Esto es una clase .
•             MUJER: ¿Dra. McBridge?
•             SARAH:  ¿A qué viene ésto?
•             MUJER: Vengo a entregarle esta comunicación  – era un sobre alargado lacrado y con un sello en su parte trasera- ¿Sería tan amable de  firmarme la entrega?
•             SARAH: - mientras firmaba- ¿Qué es esto?
•             MUJER: - Cerrando el portafolio- La citan para una conciliación judicial. Buenos días.

Y aquella mujer , como mismo vino y apareció , se marchó.
Al abrir el sobre, vio que se trataba efectivamente de una citación emitida para tratar de llegar a un acuerdo previo por los derechos del libro. Bruce había decidido cumplir su amenaza, y a ella se le acaban las posibles opciones.
Tras este sorpresivo altercado, y unos segundos de asimilación, fría y serenamente , decidió proseguir la clase. 

Volcada en el trabajo más que nunca, trató de no pensar demasiado en todo lo que había sucedido en las últimas veinticuatro horas.  O que había comenzado como algo  que le provocaba por fin reencontrarse consigo misma y que pudiera mirarse de otra forma, acababa siendo un dulce infierno  de no superaciones  personales , de huecos en una tramo de su vida que no terminaba de recuperar , preguntándose entre tanto, cuánto quedaría aún por descubrir , de cuántas verdades aún podría disfrutar , sin que le fueran tan o más dolorosas que las recuperada hasta ese momento.

Con las horas pasadas sin apenas darse cuenta , la hora de dejar las cosas preparadas para el día siguiente llegaba por fin. Mirando su reloj de forma continua, sólo le quedaba algo por hacer y con la sensación de que ya no podía perder más, sólo le quedó respirar hondo y enfrentarse a ello nada más escuchar como tocaban a la puerta , y comprobar que efectivamente , Richard había decidido venir.

Ana Patricia Cruz López

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