“Deseando
saber la verdad , anduve ciega.
Deseando
comprender lo qué sentía,
me he
ido consumiendo .
Deseando
recuperar todo lo que fui,
me
olvidé de quién era .
Y
ahora,
De
nada sirve que me lamente,
De
nada , las lágrimas que pueda derramar.
La
verdad, me ganó la partida esta vez.”
NUEVO AÑO
Desde fuera, un pomo que parecía girar de forma inagotable evitando,
quizás, un posible nuevo enfrentamiento. Desde el otro lado, la duda ante lo qué
habría de encontrarse tras el último
encuentro.
Segundos eternos , en los que la madera que la distaba de otra
realidad en la que sentirse menos protegida, no terminaba de doblegarse .
Inamovible visión , desde el asiento contrario al suyo habitual por necesidad ,
y mil pensamientos combinados adecuadamente
con la dosis justa de nerviosismo. Una peligrosa combinación, cuando aún la
guerra se encontraba en una tregua silenciosa e inestable.
Pese a su intento por tratar de autoconvencerse de que aquello que se
disponía a llevar a cabo, en ese instante, podría ayudarle a adoptar algunas decisiones
trascendentales, por una vez, sus planteamientos no estaban nada claros.
Armarse de un falso valor ante su temida respuesta, pensar en su posible
reacción tanto al escucharla como al responder y tener presente, que podría darse media vuelta y desaparecer ,
conformaban un panorama realmente demoledor .
Con su vista fijada casi sin pestañear en aquella pieza de metal que
continuaba girando sobre sí misma , la respiración se detuvo por breves segundos
cuando la madera comenzó a estrecharse en su horizontalidad , y en su lugar,
aquel hombre de un metro noventa y tres centímetros de altura, voz imponente y
maneras siempre correctas , se personaba con gesto serio .
Detenido junto a la puerta mientras
la cerraba , manteniéndole la vista fija , trató de acoger las fuerzas que parecían
fallarle.
Cada paso dado con aquella particular forma suya de acercarse, sólo
glorificaban el respeto que inspiraba
enfrentarse a él y que ella siempre había
tenido presente.
No más acercarse a la mesa ,
sin decir una sola palabra, gesticuló pidiendo permiso para sentarse en
frente suya , a lo cual, recibiendo respuesta de la misma forma , le fue
concedido.
No era tanto el aire que los
envolvía , que casi se resultaba irrespirable por momentos, ni el hecho de que
se encontrasen en la misma estancia a pocos metros el uno del otro. La
incomodidad del momento iba mucho más allá y ambos lo sabían, pese a que sólo
uno de ellos era consciente del verdadero motivo.
Sin poder encontrar palabras con las que iniciar de forma normal o ,
al menos , más cordial todo aquello,
Sarah optó por la practicidad en lo habitual.
·
SARAH: ¿Café?
·
RICHARD: Sí ,por favor.
Siendo vigilada por él en cada
pequeño movimiento, tras pasar por detrás suya, el aire de su desplazamiento, le trajo el suave aroma de su perfume
afrutado, suave y muy familiar , cerrando sus ojos brevemente para disfrutarlo
y situar de nuevo aquel instante dónde ese aroma fue disfrutado .
Sentir su mano desde atrás suya, con el aroma a café, le hizo volver a aquel
habitáculo, prisión de sentimientos encontrados, al menos , en aquella ocasión.
Con ella de nuevo en frente suya, si
algún muro invisible permanecía alzado como defensa , ahora era el momento de
saberlo .
·
SARAH: He recibido una citación judicial de
Bruce , por los derechos del libro inconcluso.
Con la taza sostenida a ambos
lados emblemáticamente con la punta de sus dedos, mantuvo la compostura seria
en todo momento.
·
RICHARD: ¿Y qué vas a hacer?
·
SARAH: La reunión conciliadora será mañana por
la tarde . Hoy he tenido que realizar algunas llamadas, para consultar una
posibilidad que tenía en mente y que por lo visto es bastante viable, sólo que
a él no le gustará, pero es la última vía que me queda para conseguir que
desista .
·
RICHARD: ¿Y cuál es si puede saberse?
·
SARAH: Registraré la parte realizada, conservando la totalidad de los derechos ante posibles modificaciones posteriores , y
en caso de que decida terminarla y proceda a su explotación, todas las
decisiones sobre la obra , exigirán pasar previamente por el titular del
registro antes de llevarlas a cabo. Es legal y viable.
·
RICHARD: Tienes razón, no le va a gustar. Él
quería que lo terminases tú, ¿por qué no lo haces ?
·
SARAH: No puedo en este momento. Mi vinculación
con ese libro se perdió el día del accidente, si no antes. Además, no puedo
proseguirlo sin la otra parte esencial del proceso creativo.
No era capacidad interpretativa, era él. Aquella expresión tranquila y
serena , se convirtió ligeramente en otra cosa.
Y sus manos , cuyos dedos apenas rozaban la caliente cerámica en un
principio , pasaron a rodearla por completo con determinación. Aún así, procuró
mantener , no sin esfuerzo, la compostura.
·
RICHARD: Ya veo. No sabía que se tratase de una
obra tan vinculada a una coautoría.
·
SARAH: Tú me conociste escribiendo otro tipo de obras,
las seguiste de hecho, y jamás me dijiste que apreciases la diferencia, ¿por
qué la había no?
·
RICHARD: ¿Qué querías que te dijera? – Apartó la
taza a un lado y apoyando sus brazos en la mesa , con las manos entrelazadas,
el Richard más tenso comenzaba a aparecer , al menos visualmente - ¿Qué quieres que te diga ahora ?
·
SARAH: La verdad.
Frunciendo el ceño extrañado, una ligera sonrisa irónica asomó.
·
RICHARD: ¿Realmente necesitabas que te dijera
que era lo mejor que te había visto escribir en años? Un poco morboso por tu
parte ¿no?
Como si en un concurso de preguntas y respuesta rápidas se
encontrasen, la extrañeza y la incredulidad rebotaron en ella.
·
RICHARD: ¿Crees en serio que sabiendo quién te
lo inspiraba , y viendo cómo te encontrabas
en aquella época , radiante , ilusionada como nunca, viva como cuando te
conocí, iba a reconocerte en tu cara que
eran las palabras más fastuosas y cargadas de sentimiento que te había visto
escribir jamás? - Visiblemente nervioso,
se levantó de la silla y anduvo unos pasos en dirección hacia la puerta , deteniéndose posteriormente
- ¡Dios! Daría tanto porque las cosas
volviesen a ser como antes.
·
SARAH: ¿Cómo cuándo?
Aprovechando que se encontraba de espaldas y que no podía ver su
cara, se mordisqueaba con fuerza el
labio inferior tratando de mantener su ejercicio de contención.
·
RICHARD: ¿Cuántas conversaciones nos faltan para
que todo vuelva a la normalidad?
·
SARAH: Dímelo tú.
Aquella seguridad totalmente intencional , abrió una brecha mal cerrada entre ellos, lo
que provocó que se olvidara de la contención, y dándose de nuevo la vuelta, acabase por encontrarse con una Sarah altiva y aparentemente segura de
sí misma , que parecía encaminar la conversación de forma magistral hasta el
punto dónde ella quería.
·
RICHARD: ¿Para qué me has hecho venir hasta
aquí?
Pese a fallarle las fuerzas en las piernas, necesitaba levantarse, y
así lo hizo.
·
SARAH: Después de que el médico hablase conmigo
y Candice entrase para calmarme, recuerdo
que lo hiciste tú, y aunque no fuiste capaz de decirme nada , tus ojos
llorosos e hinchados , y tu mandíbula recta y forzada , transmitieron a mi mente un mensaje claro . Pero
con los años, ha resultado que por falta
de toda la información, mi mente lo recepcionó e interpretó erróneamente. –
Lentamente, Richard terminó por encontrarse cara a cara con ella - Es curioso como normalizamos hechos o
conductas por el entorno en el que se producen, y cuando Candice me dijo que
para obtener mi información médica y mi evolución tuviste que hacerte pasar por mi marido, dado mi estado de coma y lo qué había que
decidir, nunca lo cuestioné y jamás te
pregunté por ello. Entonces, sólo eras
un muy buen amigo preocupado por mi estado , como en teoría siempre había sido.
Como un cuadro recién terminado cuya pintura fresca comienza a mezclarse y diluirse,
el rostro de Richard se descomponía por segundos.
·
SARAH: Ahora , con el tiempo pasado y sólo una
duda por resolver, me pregunto qué fue lo que te resultó más difícil, si tener
qué decirle al médico que firmabas para que me operasen e iniciasen de nuevo el
tratamiento, o asumir que en el accidente había perdido algo más que la memoria
.
Y como en un atrezzo de natural
composición, esa rabia por impotencia ,
tan suya, hizo acto de presencia en
forma de silencio y venas exaltadas en
la piel. Pasos de acercamiento casi descontrolados y pausados a continuación , y la delgada línea divisoria
hacia el enfurecimiento más cruel , se
esfumaría.
·
SARAH: ¿Candice habló contigo verdad? Te dijo
que la llamé aquella noche, justo antes de que volviera, totalmente sobrepasada
y con un profundo ataque de ansiedad, sin querer regresar. Pero también te dijo algo más. Algo que me
confirmaban junto con el aviso de que había que reiniciarlo todo , algo que me
hundió y me enfureció , y me hizo tener
que abandonar el momento más feliz de mi vida en cuestión de horas , más que la
noticia de tener que empezar de nuevo.
Agarrando con fuerza el espaldar de la silla, sus ojos no sabían por
dónde empezar a explicarle , ni cómo contestarle siquiera.
·
SARAH: ¿De cuánto estaba ?
·
RICHARD: Sarah…
Su patente dificultad para hablar con soltura y su voz, temblorosa y rasgada, le suponían
tener que fingir una fuerza que le flaqueaba.
·
SARAH: ¿De cuánto estaba Richard?
La imagen del encuentro en el
hospital después de despertar del coma , desesperada y melancólica, hundida. Su
intento por consolarla conociendo la
verdad ocultada tras su ausencia de memoria … Aquellas realistas y crueles
palabras que el profesional médico que la atendió asestó contra él , y como en
su soledad , nada le quedaba a lo que aferrarse.
·
RICHARD : Poco más de tres meses.
Sarah sintió el crujido , aquella sensación interna y desagradable que
parece consumirte por entero en cuestión de segundos. La altivez desaparecía ,
y mientras él apenas podía mirarla , la contención cambió de manos tratando de
buscar una forma de entenderlo.
·
SARAH: Siempre
habíamos mantenido un código de lealtad que creí infranqueable. ¿Cómo
pude …? – tratando de razonar, lo que vio al dirigirse a él, fue a un hombre
que no era capaz de reconocer – Sabías que me marchaba. ¿Un último intento por
qué no lo hiciera? ¿Decidiste de pronto tener el valor que siempre te faltó y
lo lanzaste todo por la ventana? ¿Qué?
·
RICHARD: Simplemente sucedió.
·
SARAH: ¿Simplemente? – con la rabia
consumiéndola por dentro, se acercó hasta dónde él estaba – Mírame – con la
cabeza aún baja y sin atreverse por su estado, sólo incrementó al fuerza con la
que se agarraba a aquella silla - ¡He dicho que me mires! – y alzándola, tuvo
que enfrentarse a ella - Me lo debes.
·
RICHARD: ¿Qué te lo debo? Tú no sabes lo qué me estás
pidiendo. Contándotelo , puede que descubras que aquello que defendiste durante
años con uñas y dientes , aquello que tú misma te encargaste de establecer, fue
olvidado por quién lo generó y no
precisamente con remordimientos por ello.
·
SARAH: A estas alturas, pocas cosas pueden
sorprenderme.
·
RICHARD: En eso te equivocas. Todavía podrías
encontrar algo con lo que no puede que te reconozcas.
Sin evitar la risa sarcástica que escuchar aquello le provocaba ,
pensando que todo se trataba de una artimaña producto del rencor o la rabia ,
decidió recobrar su cinismo y enfrentarse a él.
·
SARAH: Si es así, bienvenida sea la sorpresa,
pero no creas que vas a convencerme precisamente ahora de que yo tuve la culpa
de aquello . Sea lo que sea lo que hubiera entre los dos, desde luego, seguro que distaba de ser una muestra más allá
del mero placer o sexo por diversión, a
juzgar por mis ausentes recuerdos hasta ahora , - ligeramente pensativa ,
prosiguió- claro que , también, ¿puede
que estuviera bebida y por eso no me acordase hasta ahora?
Un tono de voz desafiante y
provocador que lo enervaba más aún , y
una actitud a la defensiva tomada al vuelo como legítima contraposición.
·
RICHARD: ¿Recuerdos? ¿Y por qué no me dices qué
imágenes viste Sarah? Hablas de puro sexo por diversión, de una noche loca y
desenfrenada, de estar borracha . Pero ¿ en serio me dices eso para convencerme
o es lo que viste? Ahora soy yo el que te exige que no retires tus ojos de los
míos y me digas a la cara ,si tu confusión y lo que provoca todo esto, no ha
sido ver que había algo más que todo eso que te gustaría creer. Dime Sarah
,¿Viste entrega por tu parte? ¿Ese tipo de entrega que hizo , que mientras las
imágenes se sucedían , algo se rompiese por dentro , al darte cuenta de que tú
misma habías destrozado en una sola noche todas tus reglas, barreras y acuerdos
tomados sólo por ti y aceptados por mí? Anda , dime ¿fuiste capaz de sentir lo
que entregaste aquella noche y que desde luego fue algo más que piel ?
¿Recordaste cómo empezó todo?
Un silencio sepulcral por su parte acompañado por el deambular de él para resituarlo todo , dio
comienzo.
·
RICHARD: ¿Quieres saber cómo fue? Está bien
Sarah, ¿lo quieres? , lo tendrás. Faltaba casi una semana para que fueras al
simposio. Yo me encontraba en la ciudad firmando un contrato con una
productora, y me arriesgué a llamarte pese a pensar contrariamente a lo
sucedido después, que me rechazarías ,
como siempre. Sin embargo apareciste. Yo quise quedar en un bar, pero tú
insististe mucho en que fuese en mi habitación del hotel. Llegaste puntual y
algo nerviosa. Apenas atravesaste la puerta , casi suplicabas una copa y te la
ofrecí, y aunque las ansias por preguntarte qué pasaba me comían , no lo hice,
las aguanté estoicamente y te dejé seguir siendo tú. Te fuiste tranquilizando ,
y cuando más confianza obtuviste , simplemente nos callamos , me miraste , y me
besaste. Lo demás…
No pude detenerte. No quise. Incluso
llegaste a parecer dudosa por un instante y, yo sólo quería poder demostrarte
lo que sentía . Temía que huyeras en cuanto te dieras cuenta, pero no podía
permitirlo, y no te fuiste.
Tratando de hallar una razón que lo justificase todo, empezó a
desvariar en sus argumentos lanzados al aire.
·
SARAH: ¿Estábamos hablando de Bruce?
·
RICHARD: No, ni lo mencionamos.
·
SARAH: ¿Estaba apenada o nerviosa por algo
concreto ?
·
RICHARD: Estabas algo nerviosa, ya te lo he
dicho, pero no sabría decirte por qué. Era como antes de estar con Bruce.
·
SARAH: ¿Por qué?
·
RICHARD: ¿Por qué?
·
SARAH: ¿Por qué lo permitiste? ¿Por qué no
impediste que continuara?
Agitado, volvió sobre sus pasos , imponiendo con su corpulencia y tono de voz, en aquel estado en el que se le dirigía.
·
RICHARD: ¿Por qué? Pero ¿Tú te estás escuchando?
¿Me has oído lo que te acabo de decir? ¡ No podía detenerlo! ¡ No quería
detenerlo! Te he amado toda mi puñetera vida desde el día que nos presentaron ,
y cada vez que me he armado de valor para hacer las cosas correctas y tomar la
iniciativa , algo se interponía , frenándome por completo, pero con la esperanza
de que algún día debía llegar mi oportunidad para demostrarte que podías ser
amada de forma intensa y cabal, como yo
sabía que merecías.
¡Dios! Estabas tan entregada,
era tan extasiante sentirte después de desearlo tanto y ... ver que era
capaz de darme a ti por entero aunque no fuese suficiente para demostrártelo todo!
Cuando el médico me dijo que
posiblemente no recordaras y que lamentaba
comunicarme que … ¿Puedes imaginarte por sólo un instante cómo me sentí? Me he
sentido tan malditamente culpable por cosas que no era capaz de controlar … Y
después él.
Un cambio en su tono de voz, indicaba el abandono del sentimiento más
hondo y desesperado, por un velado odio.
·
RICHARD: Todas mis esperanzas y sueños en el
suelo por una sola imagen, la tuya estando con él.
Sintiendo en su cabeza una nebulosa difícil de asumir, y tratando de no llorar, sólo ella sabía lo que
era odiarse a sí misma, y la cruel sensación que eso deja.
·
SARAH: Por eso tu insistencia.- la mirada de él
reflejaba la espera de un nuevo embate dialéctico. Su rostro humedecidos hasta
el límite , fue lo que encontró él – A ti te daba igual que él supiera lo de la
enfermedad, eso era lo de menos, querías que supiera que estaba embarazada
cuando me marché de allí , - y dándose cuenta de lo retorcido que parecía toda
aquella situación, exclamó con sorpresa - ¡ y
que lo había perdido!
·
RICHARD: Tenía derecho a saberlo, a entender por
qué te marchabas en realidad, ya que no fuiste capaz de decírselo a la cara. Si
no hubiera sido el accidente lo habrías perdido por el tratamiento.
·
SARAH: Pero la jugada te salió mal, y lejos de
hacerlo daño a él, te lo hiciste a ti mismo.
Intentando asimilar todo aquello, no fue capaz de darse cuenta de que
en el despacho había alguien más que había escuchado suficiente . Sus ojos se
dirigieron a la izquierda de Richard y le vio. Con la misma expresión triste en
sus ojos que recordaba haberle visto el día que se alejaba de su lado , alejó por un instante la vista de ella para
mirarle a él, y tratando de asimilarlo todo, no fue capaz de decir nada , al
menos con palabras .
Una expresión en el rostro de ella , que a Richard le llamó la atención
, girándose para comprobar qué o a quién
había visto, bajando la cabeza cuando le
vio.
Un por qué profundamente
lastimoso, expresado en un silencio
doloroso y sin explicación posible. Un giro de media vuelta y un portazo ,
fueron a priori las consecuencias de la última
verdad que quedaba oculta .
Una verdad , en la que Richard volvía a tener razón aunque no era capaz de reconocerlo. Una imagen
de sí misma que no terminaba de convencerla , y en el que el carácter
manipulador al que podía llegar su persona , no entraba en sus planes .
Otro portazo, no muy posterior , la dejó sola en aquel despacho, con
la sensación de que toda su vida conocida e interpretada conforme las versiones que los
demás le habían profesado, se le derrumbaba como un castillo de arena cuando lo
cubre el agua, en segundos.
Sintiendo un cierto sabor agrio en la boca, pensó en la hiel, y como ésta , determinaba el envenenamiento
progresivo una vez lograba extenderse por dentro.
Curioso sistema autoinmune el del cerebro humano. Idea recurrente que
mantuvo para no pensar en nada más mientras llegaba a su casa y se sentaba en
el sofá del salón. Basta un hecho traumático
, para que el resto sean subsumidos en una nebulosa permanente, y para no
quedar del todo aislados, algunos de los buenos recuerdos también les
acompañan. Quién o qué realiza la
selección, es otro de esos misterios de la neurociencia que quedan ahí para cuando se pueda descubrir algo, sin demasiadas
esperanzas por otra parte.
Ley física sí demostrada , que se ratifica por sí sola y es bien
conocida : que los golpes más duros bloquean los demás que no lo son tanto. Pero
¿y en este caso? Quizás el hecho de
tener que volver a reencontrarse al irse a acostar , con el maldito instrumento
de tortura mental durante años, el espejo enterizo, fuese el que le ayudase en
ese momento a asumir la diferencia .
Dolor en forma de recuerdos recientes, de una continuación que no un punto y a parte siendo distinta a como la conocía, de
palabras sinceras y “te sigo queriendo” lanzados de forma velada, el
reencuentro con aquello que siempre le otorgó una inmensa paz interior y que
sin aditivo alguno se le mostraba en su desnudez , manos que se apoderaban de
todo su cuerpo como antaño lo hicieron, labios que dejaban su huella de nuevo ,
apropiación de sentimientos puros a los que aferrarse , que volvían a aparecer tan
salvaje y entregadamente dados , que la impresión de que el tiempo había podido
pasar factura, se desvanecía hasta desaparecer
.
Un reflejo que en ese instante quiso repetir encontrándose desnuda
frente a él. Para su desgracia , el encanto se había
volatililizado y la realidad había vuelto. Las cicatrices que la marcaban y que
con él habían desaparecido, volvían para
quedarse de nuevo, para recordarle lo que fue
en su día y no volvería a ser. Dedos , los suyos, que trataban de
reconocerse siguiendo el curso de las
mismas , y que lejos de apreciar caricias, sintieron la tez blanquecina
masacrada, dolorosa, rugosa y deforme. Espinas
cortantes en las yemas de sus dedos , mientras las lágrimas la recorrían y su
mente sólo era capaz de repetirse una sola idea : ¿por qué seguía con vida ?
Ansiedad que la consumía y que pasó a ser odio por lo que reflejaba, y
que terminó descargando contra él con todas sus fuerzas . Trozos rotos en el
suelo, imagen hecha añicos en frente , mientras una gota continua de sangre se desliza por su mano, cayendo lentamente, hasta estallar en los restos esparcidos en el
suelo.
Ana Patricia Cruz López
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