martes, 26 de enero de 2016

UNA HISTORIA INACABADA . CAPÍTULO DÉCIMO SEXTO. SEGUNDA PARTE . Nuevo Año ( Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPÍTULO  DECIMOSEXTO (Segunda parte)
Créditos a quién corresponda

“Deseando saber la verdad , anduve ciega.
Deseando comprender  lo qué sentía,
me he ido consumiendo .
Deseando recuperar todo lo que fui,
me olvidé de quién era .
Y ahora,
De nada sirve que me lamente,
De nada , las lágrimas que pueda derramar.
La verdad, me ganó la partida esta vez.”

NUEVO AÑO

Desde fuera, un pomo que parecía girar de forma inagotable evitando, quizás, un posible nuevo enfrentamiento. Desde el otro lado, la duda ante lo qué habría de encontrarse tras  el último encuentro.

Segundos eternos , en los que la madera que la distaba de otra realidad en la que sentirse menos protegida, no terminaba de doblegarse . Inamovible visión , desde el asiento contrario al suyo habitual por necesidad , y  mil pensamientos combinados adecuadamente con la dosis justa de nerviosismo. Una peligrosa combinación, cuando aún la guerra se encontraba en una tregua silenciosa e inestable.

Pese a su intento por tratar de autoconvencerse de que aquello que se disponía a llevar a cabo, en ese instante,  podría ayudarle a adoptar algunas decisiones trascendentales, por una vez, sus planteamientos no estaban nada claros. Armarse de un falso valor ante su temida respuesta, pensar en su posible reacción tanto al escucharla como al responder y  tener presente,  que podría darse media vuelta y desaparecer , conformaban un panorama realmente demoledor .


Con su vista fijada casi sin pestañear en aquella pieza de metal que continuaba girando sobre sí misma , la respiración se detuvo por breves segundos cuando la madera comenzó a estrecharse en su horizontalidad , y en su lugar, aquel hombre de un metro noventa y tres centímetros de altura, voz imponente y maneras siempre correctas , se personaba con gesto serio .
Detenido junto a la puerta mientras  la cerraba , manteniéndole la vista fija  , trató de acoger las fuerzas que parecían fallarle.

Cada paso dado con aquella particular forma suya de acercarse, sólo glorificaban el respeto  que inspiraba enfrentarse a él  y que ella siempre había tenido presente.
No más acercarse a la mesa ,  sin decir una sola palabra, gesticuló pidiendo permiso para sentarse en frente suya , a lo cual, recibiendo  respuesta de la misma forma , le fue concedido.

No era tanto el  aire que los envolvía , que casi se resultaba irrespirable por momentos, ni el hecho de que se encontrasen en la misma estancia a pocos metros el uno del otro. La incomodidad del momento iba mucho más allá y ambos lo sabían, pese a que sólo uno de ellos era consciente del verdadero motivo.

Sin poder encontrar palabras con las que iniciar de forma normal o , al menos  , más cordial todo aquello, Sarah optó por la practicidad en lo habitual.

·        SARAH: ¿Café?
·        RICHARD: Sí ,por favor.

Siendo vigilada  por él en cada pequeño movimiento, tras pasar por detrás suya, el aire de su desplazamiento,  le trajo el suave aroma de su perfume afrutado, suave y muy familiar , cerrando sus ojos brevemente para disfrutarlo y situar de nuevo aquel instante dónde ese aroma fue disfrutado .
Sentir su mano desde atrás suya,  con el aroma a café, le hizo volver a aquel habitáculo, prisión de sentimientos encontrados, al menos , en aquella ocasión.  Con ella de nuevo en frente suya, si algún muro invisible permanecía alzado como defensa , ahora era el momento de saberlo .

·        SARAH: He recibido una citación judicial de Bruce , por los derechos del libro inconcluso.

Con la taza  sostenida a ambos lados emblemáticamente con la punta de sus dedos, mantuvo la compostura seria en todo momento.

·        RICHARD: ¿Y qué vas a hacer?
·        SARAH: La reunión conciliadora será mañana por la tarde . Hoy he tenido que realizar algunas llamadas, para consultar una posibilidad que tenía en mente y que por lo visto es bastante viable, sólo que a él no le gustará, pero es la última vía que me queda para conseguir que desista .
·        RICHARD: ¿Y cuál es si puede saberse?
·        SARAH: Registraré la parte realizada,   conservando la totalidad de los derechos  ante posibles modificaciones posteriores , y en caso de que decida terminarla y proceda a su explotación, todas las decisiones sobre la obra , exigirán pasar previamente por el titular del registro antes de llevarlas a cabo. Es legal y viable.
·        RICHARD: Tienes razón, no le va a gustar. Él quería que lo terminases tú, ¿por qué no lo haces ?
·        SARAH: No puedo en este momento. Mi vinculación con ese libro se perdió el día del accidente, si no antes. Además, no puedo proseguirlo sin la otra parte esencial del proceso creativo.

No era capacidad interpretativa, era él. Aquella expresión tranquila y serena , se convirtió ligeramente en otra cosa.  Y sus manos , cuyos dedos apenas rozaban la caliente cerámica en un principio , pasaron a rodearla por completo con determinación. Aún así, procuró mantener , no sin esfuerzo, la compostura.

·        RICHARD: Ya veo. No sabía que se tratase de una obra tan vinculada a una coautoría.
·        SARAH: Tú me conociste escribiendo otro tipo de obras, las seguiste de hecho, y jamás me dijiste que apreciases la diferencia, ¿por qué la había no?
·        RICHARD: ¿Qué querías que te dijera? – Apartó la taza a un lado y apoyando sus brazos en la mesa , con las manos entrelazadas, el Richard más tenso comenzaba a aparecer , al menos visualmente -  ¿Qué quieres que te diga ahora ?
·        SARAH: La verdad.

Frunciendo el ceño extrañado, una ligera sonrisa irónica asomó.

·        RICHARD: ¿Realmente necesitabas que te dijera que era lo mejor que te había visto escribir en años? Un poco morboso por tu parte ¿no?

Como si en un concurso de preguntas y respuesta rápidas se encontrasen, la extrañeza y la incredulidad rebotaron en ella.

·        RICHARD: ¿Crees en serio que sabiendo quién te lo inspiraba , y viendo cómo te encontrabas  en aquella época , radiante , ilusionada como nunca, viva como cuando te conocí, iba  a reconocerte en tu cara que eran las palabras más fastuosas y cargadas de sentimiento que te había visto escribir jamás?  - Visiblemente nervioso, se levantó de la silla y anduvo unos pasos en dirección  hacia la puerta , deteniéndose posteriormente -  ¡Dios! Daría tanto porque las cosas volviesen a ser como antes.
·        SARAH: ¿Cómo cuándo?

Aprovechando que se encontraba de espaldas y que no podía ver su cara,  se mordisqueaba con fuerza el labio inferior tratando de mantener su ejercicio de contención.

·        RICHARD: ¿Cuántas conversaciones nos faltan para que todo  vuelva a la normalidad?
·        SARAH: Dímelo tú.

Aquella seguridad totalmente intencional ,  abrió una brecha mal cerrada entre ellos, lo que provocó que se olvidara de la contención, y dándose de  nuevo la vuelta, acabase por encontrarse  con una Sarah altiva y aparentemente segura de sí misma , que parecía encaminar la conversación de forma magistral hasta el punto dónde ella quería.

·        RICHARD: ¿Para qué me has hecho venir hasta aquí?

Pese a fallarle las fuerzas en las piernas, necesitaba levantarse, y así lo hizo.

·        SARAH: Después de que el médico hablase conmigo y Candice entrase para calmarme, recuerdo  que lo hiciste tú, y aunque no fuiste capaz de decirme nada , tus ojos llorosos e hinchados , y tu mandíbula recta y forzada ,  transmitieron a mi mente un mensaje claro . Pero con los años,  ha resultado que por falta de toda la información, mi mente lo recepcionó e interpretó erróneamente. – Lentamente, Richard terminó por encontrarse cara a cara con ella -  Es curioso como normalizamos hechos o conductas por el entorno en el que se producen, y cuando Candice me dijo que para obtener mi información médica y mi evolución  tuviste que hacerte pasar por mi marido,  dado mi estado de coma y lo qué había que decidir, nunca lo cuestioné y jamás  te pregunté por ello.  Entonces, sólo eras un muy buen amigo preocupado por mi estado , como en teoría siempre había sido.

Como un cuadro recién terminado  cuya pintura fresca comienza a mezclarse  y diluirse,  el rostro de Richard se descomponía por segundos.

·        SARAH: Ahora , con el tiempo pasado y sólo una duda por resolver, me pregunto qué fue lo que te resultó más difícil, si tener qué decirle al médico que firmabas para que me operasen e iniciasen de nuevo el tratamiento, o asumir que en el accidente había perdido algo más que la memoria .

Y como  en un atrezzo de natural composición,   esa rabia por impotencia , tan suya,  hizo acto de presencia en forma de silencio   y venas exaltadas en la piel. Pasos de acercamiento casi descontrolados y pausados  a continuación , y la delgada línea divisoria hacia el enfurecimiento más cruel ,  se esfumaría.

·        SARAH: ¿Candice habló contigo verdad? Te dijo que la llamé aquella noche, justo antes de que volviera, totalmente sobrepasada y con un profundo ataque de ansiedad,   sin querer regresar.  Pero también te dijo algo más. Algo que me confirmaban junto con el aviso de que había que reiniciarlo todo , algo que me hundió y me enfureció , y me hizo  tener que abandonar el momento más feliz de mi vida en cuestión de horas , más que la noticia de tener que empezar de nuevo.  

Agarrando con fuerza el espaldar de la silla, sus ojos no sabían por dónde empezar a explicarle , ni cómo contestarle siquiera.

·        SARAH: ¿De cuánto estaba ?
·        RICHARD: Sarah…

Su patente dificultad para hablar con soltura  y su voz, temblorosa y rasgada, le suponían tener que fingir una fuerza que le flaqueaba.

·        SARAH: ¿De cuánto estaba Richard?

La imagen del  encuentro en el hospital después de despertar del coma , desesperada y melancólica, hundida. Su intento por consolarla  conociendo la verdad ocultada tras su ausencia de memoria … Aquellas realistas y crueles palabras que el profesional médico que la atendió asestó contra él , y como en su soledad , nada le quedaba a lo que aferrarse.

·        RICHARD : Poco más de  tres meses.

Sarah sintió el crujido , aquella sensación interna y desagradable que parece consumirte por entero en cuestión de segundos. La altivez desaparecía , y mientras él apenas podía mirarla , la contención cambió de manos tratando de buscar una forma de entenderlo.

·        SARAH: Siempre  habíamos mantenido un código de lealtad que creí infranqueable. ¿Cómo pude …? – tratando de razonar, lo que vio al dirigirse a él, fue a un hombre que no era capaz de reconocer – Sabías que me marchaba. ¿Un último intento por qué no lo hiciera? ¿Decidiste de pronto tener el valor que siempre te faltó y lo lanzaste todo por la ventana? ¿Qué?
·        RICHARD: Simplemente sucedió.
·        SARAH: ¿Simplemente? – con la rabia consumiéndola por dentro, se acercó hasta dónde él estaba – Mírame – con la cabeza aún baja y sin atreverse por su estado, sólo incrementó al fuerza con la que se agarraba a aquella silla   - ¡He dicho que me mires! – y alzándola, tuvo que enfrentarse a ella -  Me lo debes.
·        RICHARD:  ¿Qué te lo debo? Tú no sabes lo qué me estás pidiendo. Contándotelo , puede que descubras que aquello que defendiste durante años con uñas y dientes , aquello que tú misma te encargaste de establecer, fue olvidado  por quién lo generó y no precisamente con remordimientos por ello.
·        SARAH: A estas alturas, pocas cosas pueden sorprenderme.
·        RICHARD: En eso te equivocas. Todavía podrías encontrar algo con lo que no puede que te reconozcas.

Sin evitar la risa sarcástica que escuchar aquello le provocaba , pensando que todo se trataba de una artimaña producto del rencor o la rabia , decidió recobrar su cinismo y enfrentarse a él.

·        SARAH: Si es así, bienvenida sea la sorpresa, pero no creas que vas a convencerme precisamente ahora de que yo tuve la culpa de aquello . Sea lo que sea lo que hubiera entre los dos,  desde luego,  seguro que distaba de ser una muestra más allá del mero placer o sexo por diversión,  a juzgar por mis ausentes recuerdos hasta ahora , - ligeramente pensativa , prosiguió-  claro que , también, ¿puede que estuviera bebida y por eso no me acordase hasta ahora?

Un tono de voz desafiante  y provocador  que lo enervaba más aún , y una actitud a la defensiva tomada al vuelo como legítima contraposición.

·        RICHARD: ¿Recuerdos? ¿Y por qué no me dices qué imágenes viste Sarah? Hablas de puro sexo por diversión, de una noche loca y desenfrenada, de estar borracha . Pero ¿ en serio me dices eso para convencerme o es lo que viste? Ahora soy yo el que te exige que no retires tus ojos de los míos y me digas a la cara ,si tu confusión y lo que provoca todo esto, no ha sido ver que había algo más que todo eso que te gustaría creer. Dime Sarah ,¿Viste entrega por tu parte? ¿Ese tipo de entrega que hizo , que mientras las imágenes se sucedían , algo se rompiese por dentro , al darte cuenta de que tú misma habías destrozado en una sola noche todas tus reglas, barreras y acuerdos tomados sólo por ti y aceptados por mí? Anda , dime ¿fuiste capaz de sentir lo que entregaste aquella noche y que desde luego fue algo más que piel ? ¿Recordaste cómo empezó todo?

Un silencio sepulcral por su parte acompañado por  el deambular de él para resituarlo todo , dio comienzo.

·        RICHARD: ¿Quieres saber cómo fue? Está bien Sarah, ¿lo quieres? , lo tendrás. Faltaba casi una semana para que fueras al simposio. Yo me encontraba en la ciudad firmando un contrato con una productora, y me arriesgué a llamarte pese a pensar contrariamente a lo sucedido después, que me rechazarías   , como siempre. Sin embargo apareciste. Yo quise quedar en un bar, pero tú insististe mucho en que fuese en mi habitación del hotel. Llegaste puntual y algo nerviosa. Apenas atravesaste la puerta , casi suplicabas una copa y te la ofrecí, y aunque las ansias por preguntarte qué pasaba me comían , no lo hice, las aguanté estoicamente y te dejé seguir siendo tú. Te fuiste tranquilizando , y cuando más confianza obtuviste , simplemente nos callamos , me miraste , y me besaste. Lo demás… 
No pude detenerte. No quise. Incluso llegaste a parecer dudosa por un instante y, yo sólo quería poder demostrarte lo que sentía . Temía que huyeras en cuanto te dieras cuenta, pero no podía permitirlo, y no te fuiste.

Tratando de hallar una razón que lo justificase todo, empezó a desvariar en sus argumentos lanzados al aire.

·        SARAH: ¿Estábamos hablando de Bruce?
·        RICHARD: No, ni lo mencionamos.
·        SARAH: ¿Estaba apenada o nerviosa por algo concreto ?
·        RICHARD: Estabas algo nerviosa, ya te lo he dicho, pero no sabría decirte por qué. Era como antes de estar con Bruce.
·        SARAH: ¿Por qué?
·        RICHARD: ¿Por qué?
·        SARAH: ¿Por qué lo permitiste? ¿Por qué no impediste que continuara?

Agitado, volvió sobre sus pasos , imponiendo  con su corpulencia y tono de voz,  en aquel estado en el que se le dirigía.

·        RICHARD: ¿Por qué? Pero ¿Tú te estás escuchando? ¿Me has oído lo que te acabo de decir? ¡ No podía detenerlo! ¡ No quería detenerlo! Te he amado toda mi puñetera vida desde el día que nos presentaron , y cada vez que me he armado de valor para hacer las cosas correctas y tomar la iniciativa , algo se interponía ,  frenándome por completo, pero con la esperanza de que algún día debía llegar mi oportunidad para demostrarte que podías ser amada de forma intensa y cabal,  como yo sabía que merecías.  
¡Dios! Estabas tan entregada, era tan extasiante sentirte después de desearlo tanto y ... ver que era capaz  de darme a ti por entero  aunque no fuese suficiente  para demostrártelo todo!
Cuando el médico me dijo que posiblemente no  recordaras y que lamentaba comunicarme que … ¿Puedes imaginarte por sólo un instante cómo me sentí? Me he sentido tan malditamente culpable por cosas que no era capaz de controlar … Y después él.

Un cambio en su tono de voz, indicaba el abandono del sentimiento más hondo y desesperado, por un velado odio.

·        RICHARD: Todas mis esperanzas y sueños en el suelo por una sola imagen, la tuya estando con él.

Sintiendo en su cabeza una nebulosa difícil de asumir, y  tratando de no llorar, sólo ella sabía lo que era odiarse a sí misma, y la cruel sensación que eso deja.

·        SARAH: Por eso tu insistencia.- la mirada de él reflejaba la espera de un nuevo embate dialéctico. Su rostro humedecidos hasta el límite , fue lo que encontró él – A ti te daba igual que él supiera lo de la enfermedad, eso era lo de menos, querías que supiera que estaba embarazada cuando me marché de allí , - y dándose cuenta de lo retorcido que parecía toda aquella situación, exclamó con sorpresa - ¡ y  que lo había perdido!
·        RICHARD: Tenía derecho a saberlo, a entender por qué te marchabas en realidad, ya que no fuiste capaz de decírselo a la cara. Si no hubiera sido el accidente lo habrías perdido por el tratamiento.
·        SARAH: Pero la jugada te salió mal, y lejos de hacerlo daño a él, te lo hiciste a ti mismo.

Intentando asimilar todo aquello, no fue capaz de darse cuenta de que en el despacho había alguien más que había escuchado suficiente . Sus ojos se dirigieron a la izquierda de Richard y le vio. Con la misma expresión triste en sus ojos que recordaba haberle visto el día que se alejaba de su lado ,  alejó por un instante la vista de ella para mirarle a él, y tratando de asimilarlo todo, no fue capaz de decir nada , al menos con palabras .

Una expresión en el rostro de ella , que a Richard le llamó la atención , girándose para comprobar qué  o a quién había visto,  bajando la cabeza cuando le vio.

Un por qué  profundamente lastimoso,  expresado en un silencio doloroso y sin explicación posible. Un giro de media vuelta y un portazo , fueron a priori  las consecuencias de la última verdad que quedaba oculta .

Una verdad , en la que Richard volvía a tener razón  aunque no era capaz de reconocerlo. Una imagen de sí misma que no terminaba de convencerla , y en el que el carácter manipulador al que podía llegar su persona , no entraba en sus planes .

Otro portazo, no muy posterior , la dejó sola en aquel despacho, con la sensación de que toda su vida conocida e  interpretada conforme las versiones que los demás le habían profesado, se le derrumbaba como un castillo de arena cuando lo cubre el agua, en segundos.  
Sintiendo un cierto sabor agrio en la boca, pensó en la hiel,  y como ésta , determinaba el envenenamiento progresivo una vez lograba extenderse por dentro.
Curioso sistema autoinmune el del cerebro humano. Idea recurrente que mantuvo para no pensar en nada más mientras llegaba a su casa y se sentaba en el sofá del salón.  Basta un hecho traumático , para que el resto sean subsumidos en una nebulosa permanente, y para no quedar del todo aislados, algunos de los buenos recuerdos también les acompañan. Quién  o qué realiza la selección, es otro de esos misterios de la neurociencia  que quedan ahí para cuando  se pueda descubrir algo, sin demasiadas esperanzas por otra parte.

Ley física sí demostrada , que se ratifica por sí sola y es bien conocida : que los golpes más duros bloquean los demás que no lo son tanto. Pero ¿y en este caso?  Quizás el hecho de tener que volver a reencontrarse al irse a acostar , con el maldito instrumento de tortura mental durante años, el espejo enterizo, fuese el que le ayudase en ese momento a asumir la diferencia .
Dolor en forma de recuerdos recientes,  de una continuación que no un punto y  a parte siendo distinta a como la conocía, de palabras sinceras y “te sigo queriendo” lanzados de forma velada, el reencuentro con aquello que siempre le otorgó una inmensa paz interior y que sin aditivo alguno se le mostraba en su desnudez , manos que se apoderaban de todo su cuerpo como antaño lo hicieron, labios que dejaban su huella de nuevo , apropiación de sentimientos puros a los que aferrarse , que volvían a aparecer tan salvaje y entregadamente dados , que la impresión de que el tiempo había podido pasar factura, se desvanecía hasta desaparecer  .

Un reflejo que en ese instante quiso repetir encontrándose desnuda frente a  él.  Para su desgracia , el encanto se había volatililizado y la realidad había vuelto. Las cicatrices que la marcaban y que con él  habían desaparecido, volvían para quedarse de nuevo, para recordarle lo que fue  en su día y no volvería a ser. Dedos , los suyos, que trataban de reconocerse  siguiendo el curso de las mismas , y que lejos de apreciar caricias, sintieron la tez blanquecina masacrada,  dolorosa, rugosa y deforme. Espinas cortantes en las yemas de sus dedos , mientras las lágrimas la recorrían y su mente sólo era capaz de repetirse una sola idea : ¿por qué seguía con vida ?

Ansiedad que la consumía   y que pasó a ser odio por lo que reflejaba, y que terminó descargando contra él con todas sus fuerzas . Trozos rotos en el suelo, imagen hecha añicos en frente , mientras una gota continua de sangre  se desliza por su mano,  cayendo  lentamente,  hasta estallar en los restos esparcidos en el suelo.  

Ana Patricia Cruz López
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