CAPITULO OCTAVO
Londres. Pese a la estación por la que atravesaban, la temperatura se
mostraba más baja que de costumbre. La humedad no daba tregua introduciéndose
en la piel sin que nada ni nadie pudiese evitarlo, mientras las nubes oscuras , no dejaban traspasar el
sol desde hacía días, haciendo que el aire frío, denso y cortante, lo hiciera todo más desapacible.
Y el frío hizo acto de presencia en el interior de la casa. Por más
encendida que permaneciera la chimenea , el piso de madera no se mostraba tan
cálido como siempre , e incluso si se rozaba con el pie, pareciera estarse
pisando una fina de capa de hielo en su superficie.
Sensación desagradable en el interior incapaz de aplacarse con nada.
Tras dos días de descanso , que en realidad tampoco sirvieron
demasiado para ello, tocó volver al hospital y enfrentarse con toda la realidad.
Aquella, que le permitía ser alguien normal, con una vida , con horarios, con
preocupaciones . Alguien , que en cierta medida, le había permitido hasta
ahora olvidarse de la otra vida que, sin
serla, sólo le había propiciado disgustos y malos recuerdos, y sólo una
experiencia que mereciese la pena recordar mientras viviese. Algo a lo que
aferrarse en aquellos momentos en que dudaba de sí no hubiera sido mejor haber
sido la sacrificada aquel día , a gusto de los presentes y de ÉL.
Todavía no podía explicarse como todo comenzaba a volver en sí mismo,
como una rueda que nunca terminase de detenerse. Pero los sucesos inconclusos
siempre terminan pasando factura, y a ella, aquel echo, después de tanto
tiempo, se le revertía por completo, aunque parte de los jugadores hubiesen
cambiado.
El mismo dolor intensificado con los recuerdos, las sensaciones de las
caricias nada aisladas, el deseo creciendo en el interior bajo imagen de
normalidad e impotencia por el no logro de la persona que lo inspira, los
sueños…. llevados en vena como la sangre que las recorre, marcados a fuego de
nuevo, no olvidados. Las imágenes, frescas , constantes , hirientes.
Y ahora, los mensajes,
los enviados, el no saber …..
¿Cómo fiarse de quién tienes al lado , cuándo no sabes si terminará traicionándote?
No tenía forma humana de hallar la respuesta , pero tratando de
reordenar sus ideas, algo le desvió la atención. El lobo no solía despegarse de su lado
mientras estuviese en la casa. Sin poder llamarlo al no conocer si quiera si
poseía nombre, salió de la habitación y
lo vio sentado en el vestíbulo, sentado en posición de guardia frente a la
puerta , sin moverse.
Bajó de inmediato para comprobar qué le sucedía, inquieta por la
actitud del animal que más parecía una estatua decorativa que un ser vivo. Al
asomarse por uno de los cristales laterales, respiró hondo y decidió abrir la
puerta.
Al otro lado de la calle, la imponente figura masculina de un serio
Kaley, de pie, con sus manos en los bolsillos de la chaqueta de cuero que le
protegía, vigilaba la casa como si realmente necesitase protegerla, y sólo se decidió a
cruzar hasta los pies de la escalinata de entrada, al verla apoyada en la pared
. Pero lejos de pensar que subiría
dirigirse a ella, se detuvo justo
a los pies de la misma.
Ella empujó la puerta en un claro signo de invitación a adentrarse,
pero al ver que él no se movía un ápice,
insistió.
·
CASEY: ¿No vas a pasar?
·
KALEY: Preferiría no hacerlo, si no te importa.
Al ver que sus ojos se dirigían a otro punto en el interior del
vestíbulo, pudo comprobar que el lobo se
encontraba erguido sobre sus cuatro patas
en una clara posición defensiva . Volviendo a girar su cabeza hacia él,
vio que no dejaba de observarle, pero en sus ojos no era miedo lo que se
transmitía.
·
CASEY: ¿Miedo?
·
KALEY: Respeto por el territorio ajeno.
·
CASEY: Ah ya, tus reglas no escritas.
·
KALEY: Hubo un tiempo , en que también eran las
tuyas.
Y la misma mirada desafiante y
directa recaló en ella .
·
CASEY: Un tiempo que ya no recuerdo.
·
KALEY: Yo no estaría tan seguro de ello.
Tan sólo poner un pie en el primer escalón, el animal salió de la
puerta sin descender, pero dispuesto a atacar.
Por su parte, sintiéndose inmensamente protegida, decidió ser más
desafiante .
·
CASEY: Lo que desde luego no puedo achacársete ,
es que no seas insistente. Lo que me pregunto , es sí tus cuidadas y precavidas
formas se deben a él – dijo señalando al guardián- o a un cambio de actitud
tuyo .
·
KALEY: Crees estar segura pero tu situación dista mucho de serlo, y más
con él dentro de la casa.
·
CASEY: No me has respondido.
·
KALEY: Si quieres una respuesta, baja a
buscarla.
Mirando primeramente al cánido, se sonrió.
·
CASEY: Eso no te asegura que él no me siga.
·
KALEY: Baja
y tú misma responderás a esa duda.
Nada más descender un solo escalón, el animal se acercó al borde
superior de la escalinata, mostrando el hocico recogido y el gesto regañado,
dejando entrever sus poderosos colmillos capaz de desgarrar a cualquier presa
por grande que fuera con enorme facilidad.
Al comprobar que conforme ella descendía por los nuevos escalones , el
animal no intentaba si quiera moverse , su rostro se fue aseverando en serio ,
quedándose justo en el situado por encima suyo.
·
CASEY: Las reglas no escritas.
·
KALEY: Trato
de evitar un enfrentamiento, lo que no resulta adecuado cuando se trata de
pasar desapercibido.
·
CASEY: ¿Un enfrentamiento? Salvaguarda a quién
escogió, sólo eso.
·
KALEY: Eso que tienes ahí, no es lo que parece.
·
CASEY: ¿Y tú sí? Usar chicas jóvenes……………….que bajo por tu parte.
·
KALEY: Los servidores e intermediarios siempre
han existido, tú mejor que nadie deberías saberlo.
·
CASEY: Yo nunca necesité usar a nadie.
Kaley sorteó el brazo que se le interponía en el ángulo de visión para
volver a observar al animal, el cual había optado por sentarse sin quitarle los
ojos de encima.
·
KALEY: Crees que estás segura – volvió a
centrarse en ella – cuando en realidad no lo estás.
·
CASEY: Dime de una vez qué es lo que quieres.
·
KALEY: Vengo a hacer un trato contigo.
Ella no pudo evitar reírse.
·
CASEY: ¿Un trato? ¿Ahora se os permite negociar
o vas por libre?
·
KALEY: Tengo una forma particular de hacer las
cosas, y normalmente , siempre depende de quién tengo en frente y del respeto
que me inspire.
·
CASEY: Respeto. ¿El mismo que aplicas a la hora
de decidir cómo darles muerte?
·
KALEY: Deberías dejar de remitirte a mi pasado,
nadie está libre de culpas.
·
CASEY: Claro, sólo que en mi caso , pretenden que pague por salvar una vida.
·
KALEY: Impediste un ritual admitido y avalado por las máximas estancias causando una situación de crisis.
·
CASEY: Te olvidas de añadir , mi no aceptación
de un castigo impuesto por un sentimiento natural y humano, aunque ahí , he de
reconocer que obtuve más ayuda de la que quién me lo impuso hubiera deseado.
Cansada, decidió apoyarse en la barandilla , y con su temperamento
matizado por una curiosidad insana por lo que el “soldado de los dioses” venía a proponerle, con los brazos cruzados sobre
el pecho, se dispuso a escucharle.
·
CASEY: Será mejor que te des prisa en decirme a
qué has venido, no me apetece llegar tarde a mi trabajo si no es por un buen
motivo.
Él subió el escalón que le distaba
colocándosele justo en frente.
·
KALEY: ¿Eiden ( Brian) es suficiente motivo para
ti?
Logró captar su atención y que su rostro reflejase una preocupación
extrema. Ahora que la tenía dónde quería.
·
CASEY: Sabes dónde está.
·
KALEY: Sí, pero lo que a ti te interesa es saber
dónde estará dentro de poco.
·
CASEY: Habla de una vez.
·
KALEY: Sólo
queda una oportunidad para culminarlo. Darren debe nombrar a su sucesor oficialmente
, y lo hará durante la próxima luna de sangre, en Agosto. Sin variación alguna, el sacrificio
originalmente encomendado será el que se lleve a cabo, y esta vez no habrá vuelta atrás. Si no vuelves conmigo , no descansarán hasta
que caigas en sus manos y ahora será definitivo.
·
CASEY: Pero ¿a quién? Aengus ….
·
KALEY: Aengus está vivo, y esta vez no viene
solo. Consiguió un aliado poderoso.
·
CASEY: Dices que quieres ayudarme , pero ¿cómo?
·
KALEY: Han empezado a aparecer los signos de
evidencia ¿verdad?
La mancha de sangre en la chaqueta. Ese fue su primer pensamiento. Algo
inexplicable para los demás , pero cuyo significado cierto evidenciaba lago más
que la vuelta de todo.
·
KALEY: Conforme pase el tiempo , serán más
frecuentes y mucho más claros. Y con
cada muestra de su notoriedad, tú irás perdiendo poder para predecir o para
luchar. No vas a tenerlo de tu lado Veleda . Estarás sola, y el enemigo ya no
viene del inframundo solamente. Ven
conmigo ahora y deja que todo siga su curso.
·
CASEY: ¿O?
·
KALEY: Prepárate a morir.
Sin obviar su preocupación , se sonrió durante un instante lo suficientemente breve como para a entender
que no se trataba de u acuerdo, sino de un ultimátum y no podía permitirlo.
Siendo verdad cada uno de sus argumentos, su final se acercaba sin
remedio. Malherida de muerte , malgastó su última vida útil al resurgir,
transformando algo que creía justo y bueno, en el principal motivo de su final.
Aquella era una declaración de guerra en toda regla, y así decidió
adoptarla, sólo le faltaba hacérselo saber. Con todos los elementos de este particular
rompecabezas encima de la mesa invisible
que se postraba ante su cuerpo, giró lateralmente su cabeza hacia su
acompañante animal para devolvérsela a quién inquieto pero desafiante, esperaba
obtener un ansiado triunfo aquel día.
·
CASEY: Un ultimátum con un único resultado
posible. Tarde o temprano habré de morir , lo sé, y mi reloj ha empezado a descontar,
pero no lo haré de rodillas, ni Darren, ni ante quién haya de venir, y menos aún
ante ti.
Él trató de acercarse, pero el animal comenzó a gruñir enseñando sus colmillos nuevamente,
debiendo detenerse.
·
KALEY: Cometes un enorme error.
·
CASEY: Puede, pero te aseguro que no soy la única
que lo hace.
Comenzó a subir de nuevo los escalones y , dejándolo allí de pie, entró
de nuevo en la casa junto con el animal .
Mirándole a los ojos, trató de desentrañar qué es lo que le habría
querido decir afirmando que no era lo que parecía. Agachada frente a él, cogió
su cara con ambas manos acariciándolo para que se mantuviera quieto un rato, y
con sus ojos fijos, trató de averiguar lo que se ocultaba detrás de su oscuridad.
Un fondo casi temible y opaco que no dejaba ver nada por mucho que lo
intentase. Un férreo muro de aislamiento vital , que no le permitía conocer lo
que ocultaba en su cerebro, las últimas imágenes vistas y vividas por él.
Asumiendo que Kaley podría tener razón respecto a sus poderes , y que
incluso el panorama ante el que se enfrentaba presagiaba peores resultados a más
corto plazo, debía pensar alternativas posibles y comenzar a coger sus libros
de nuevo para que su memoria alterna, escondida en alguna pequeña esquina,
volviese a ella ahora que la necesitaba , desplegando toda su plenitud aunque fuera lo último que hiciese.
Durante su trayecto en el metro , con dirección al hospital, trató de
armar mentalmente el mensaje oculto de sus sueños , de sus imágenes difusas, de
las señales , y entre todo ese conglomerado de palabras y fotos fijas, un solo nombre
se repetía , aquel del que nunca logró desprenderse desde que sucediera :
Carlton Court.
La casona hospital volvía a llamarla sin saber por qué, aunque ahora
que gozaba de más información que al principio, le resultase más fácil extraer conclusiones.
Por el momento, trabajaría con normalidad , pero debía de hacer algo y
para eso , necesitaba contar con unos días de permiso. Debía volver a Irlanda.
Carlton Court la llamaba por alguna razón, y debía resolverlo.
El timbre de siguiente parada sonó, y fue lo suficientemente
contundente como para traerla al mundo de los vivos , el de diario, el de la practicidad
, fichaje, horarios y pacientes. La
forma de volcarse en el trabajo , había resultado la mejor terapia posible , y
ahora , las cosas no tenían por qué ser diferentes.
Aparentando más que nunca una normalidad que ya no conocía para su
desgracia, mientras rellenaba los partes de medicación por horas o cuidaba de la vigilancia y
almacenaje de los nuevos envíos, un
pesado reloj la amenazaba , dándose cuenta de que no faltaría mucho para
abandonar esa vida que tantas satisfacciones le había propiciado, simplemente por permitirle ser tratada como una
más.
Desde una posición aventajada, el puesto de control central, la visión
en trescientos sesenta grados de toda la
sala , se le antojaba con fondo musical
propio. En su sala de conciertos interna, en la que ella era la única
asistente, los primeros acordes del Réquiem de Mozart comenzaba a sonar de forma
suavizada pero distinguida. Aún los coros permanecían atentos para hacer su
entrada. Una señal del director inexistente
bastaba , pero en su mente, ellos parecían no necesitarlo.
Curioso juego el del subconsciente , sobre la forma en qué trata de
suavizar las consecuencias de los anhelos humanos, convirtiendo en casi
placenteros, los anuncios de lo que está por venir, cuando esos
acontecimientos sobrevienen a contramano.
Con cada cama observada, con cada detalle de cada paciente, la música
cobraba más vida y más sentido. Sin temor, sin miedos, como un paciente
inconsciente más, la asunción de que su momento había llegado lo dominaba todo,
pero lejos de angustiarla, el cúmulo de imágenes y su ambientación, hicieron
que encontrase cierta paz en la sola presencia de la idea de que todo llegaría
a su fin y podría respirar una última
vez , pero tranquila .
Y durante todo aquel giro sobre sí misma la música le acompañó, hasta
que el sonido de una de las bombas , venido de su derecha, hizo acto de
presencia y los acordes desaparecieron
suavemente. Apenas dos segundos después
, otra de las máquinas, al otro lado de la sala, comenzaba a resultar respondona, continuando
con un tercer paciente pasado el mismo intervalo de tiempo aproximadamente.,
esta vez, desde su espalda. Sin poder
moverse inexplicablemente, los distintos miembros de guardia allí situados, trataron de atender a los pacientes y revisar
las máquinas, pero conforme llegaban a las camas, otro sonido comenzó a interponérseles encima.
Repentinos fallos orgánicos cantados al unísono. Bloqueo absoluto por su parte
e incomprensiblemente invisible para quiénes la rodeaban, el movimiento
imparable a su alrededor , como en una especie de cámara lenta borrosa , hacían
más difícil entender dónde se encontraba, dudando sobre la realidad de lo que
apreciaba .
Un giro que se detuvo al ver algo que tampoco cabría que fuese real,
aunque su mente le dijese lo contrario. La
figura de Kylian, tal y como lo vio la última vez en la puerta de su casa, con
el mismo abrigo , observándola de forma fija al final del largo pasillo de
acceso. No podía verle la cara, pero era capaz de sentirlo. Aquella misma presión
en el pecho , aquel desaire en la voluntad, y no poder evitar centrarse en él. Un brazo extendido y una mano que la solicita .
Aquella supuesta ensoñación viviente la reclamaba. Sus ojos, aún sin
visualizarlos, se sentían penetrantes , como siempre habían sido para con ella.
Pero fueron otras manos las que la trajeron de vuelta, y cuando éstas
tocaron su espalda, una sala tranquila , sin ruidos estridentes ni pasillos
donde el personal se agolpase en plena crisis de desesperación. Las luces como
siempre, tenues , y el personal, ejerciendo las labores encomendadas. Todo , en
una aparente normalidad.
Tras comprobar de quién se trataba, volvió a referenciarse en el mismo
último punto en que lo había dejado, sin más imagen , que un pasillo por el que
estaba acostumbrada a caminar todos los
días, encuadrado a ambos lados por la
fila de sucesivas camas portantes de los vigilantes inconscientes.
Volviendo su vista a su espalda, la joven Auxiliar de Enfermería que días
antes la entregaba a quién había venido
con la misión de matarla, aparentemente preocupada por su estado de abstracción,
sólo le provocó una mirada de indiferencia, y marcharse al cuarto de enfermeras
para tratar de recomponerse.
Con un extraño regusto a hiel y
un dolor agudo en sus entrañas, tras entrar ella , la joven la siguió, y sólo
entonces la puerta fue cerrada , asegurándose , con su cuerpo encima de ella,
de que nadie abriría por sorpresa.
Negándose a mirarla, con su taquilla abierta , procuró disimular que
buscaba algo. Confusa aún más si cabe, lo menos que necesitaba era tener que
dar explicaciones o consolar un alma arrepentida dado el caso.
·
AUX. ENFERMERIA: ¿Te encuentras bien?
No resultaba fingida la pregunta, ni siquiera podía achacársele algo
así en el tono de su voz. Pero cualquier argumentación le era insuficiente.
·
CASEY: Espero que fueras lo suficientemente
inteligente como para reclamarle lo que te prometiera antes de hacerlo.
·
AUX. ENFERMERÍA: Casey, yo……- su giro inesperado
y sumamente violento , la silenció- .
·
CASEY: ¡Ahórrame escuchar una tediosa excusa
referente a una triste historia familiar , que por supuesto has tenido tiempo
de pensar !
·
AUX. ENFERMERIA:
¿Da igual lo qué te diga no?
·
CASEY: Si supieras lo que has hecho en realidad,
dudo mucho que ni siquiera te acercases a mí. – Tratando de respirar hondo sin que el aire
pareciera querer entrar, intentó relajarse - ¿Desde cuándo?
·
AUX. ENFERMERÍA: Desde que te destinaron aquí,
pero ya te vigilaba antes. Sólo bastó confirmar que te quedabas, y le hice
llamar.
El dolor en su interior crecía y sentía la necesidad de tomar asiento,
retirando una de las sillas que tenía delante suya.
·
CASEY: ¿Te dijo para que me quería?
·
AUX. ENFERMERÍA: Yo le pregunté, pero nunca creyó
que debiera saberlo. Le dije que no sería fácil, por tu forma de ser, pero en
las últimas semanas parecía muy nervioso y desesperada, casi incontenible.
·
CASEY: ¿Así que tampoco sabes lo qué es?
El rostro de desconcierto de la auxiliar le daba la respuesta
esperada.
·
CASEY: Pues espero sinceramente que te haya
valido la pena, porque sea lo que sea lo que te haya prometido a cambio, no lo
cumplirá. No tiene potestad para pagar contraprestaciones por servicios otorgados
o ayudas recibidas, y lo que tú le acabas de entregar, paliando de esa forma su supuesta evidenciada
ansiedad, es mi vida. – El rostro de la joven se palidecía y parecía
angustiarse - Ha sido enviado para matarme, porque no logrará que regrese con él
al lugar del que provengo, y no teniendo el valor
de acercarse de frente, decidió usarte habiendo acertado de pleno en el alma débil
escogida.
Incorporándose, se dirigió a la puerta , y con un brazo la apartó, sentenciando
sus actos con severas palabras llenas de condescendencia y lástima.
·
CASEY: Te
perdonaría si pudiese, pero aquellos que han decidido que lo merezco, lo hacen
sobre la mayor injusticia de todas.
Y tras salir como pudo de la habitación, la joven quedó allí ,
con su cuerpo apoyado en una pared , que la recogería por todo su descenso
hasta el suelo, y cuyas rodillas encogidas contra su pecho, le sirvieron de
abrigo ,al escuchar una y otra vez , las palabras dichas por Casey.
Ana Patricia Cruz López
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