sábado, 16 de enero de 2016

NADA ES LO QUE PARECE. CAPÍTULO DÉCIMO CUARTO. Cuenta atrás. ( Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPÍTULO DÉCIMO CUARTO
Créditos a quién corresponda

Cuenta atrás

No parecía encontrarse afectada ni tan siquiera por lo que la noticia representaba. No mostraba ningún ápice de sentimiento , fuese el que fuese. Simplemente , se encontraba agotada , y con los sedantes, la habitación parecía caérsele encima.

Echando un vistazo rápido a todo el salón, se dio cuenta de que todo parecía normal. Los estores permanecían bajos, y elementos decorativos parecían cambiados de sitio , a efectos de ocultar los restos dejados por las balas. Demasiado limpio y ordenado todo, y  un muro infranqueable  acometido por los dos hombres para que los  agentes no entrasen más allá .

David convenció al teniente Carter para que postergaran el interrogatorio hasta pasadas unas horas dado su estado . Aunque en un principio no parecieron demasiado convencidos , el hecho de que bajo los efectos de aquellos sedantes , cualquier declaración  quedaría  invalidada de pleno derecho por encontrarse mermada en sus facultades,  fue la razón de más peso que terminó convenciéndoles.


Conforme las horas pasaban y el efecto iba contrarrestándose llegando a mantenerla en un simple estado de relajación , trató de ir volviendo a la realidad,  pero el timbre sonaba de nuevo.
Frank se limitó a abrir la puerta.

·        MICHAEL: He llegado lo antes que me ha sido posible.
·        FRANK : Cuanto tiempo Fassworth.

Ambos se estrecharon las manos con mucha familiaridad , ante la sorpresa del tercero en discordia, al que el propio Agente de Inteligencia trató de aclarar.

·        FRANK: Es una vieja y larga historia.
·        DAVID: Ya veo.

Tras una inspección visual rápida al piso, no pudo resistir más y preguntó.

·        MICHAEL: ¿Cómo está?
·        DAVID: Más repuesta.
·        FRANK: Hubo que sedarla. No fue una buena idea.

Ambos sabían perfectamente de qué estaban hablando.

·        MICHAEL: Lo sé, pero no podía hacer otra cosa.
·        FRANK: Esto tiene una firma muy precisa. Eran profesionales , posiblemente paramilitares a sueldo.
·        MICHAEL: ¿Y esos dos que he visto salir del edificio con pinta de polis?
·        DAVID: Lo eran. Por lo visto quieren hablar con ella por cierto incidente en el despacho de nuestro padre.
·        MICHAEL:  ¿Incidente? De eso hace días.
·        FRANK:  Le han encontrado muerto en una calle. Dos tiros .
·        MICHAEL: Pero sí………….. ¡Dios! La que tenía la pistola apuntando a su garganta era ella.  
·        DAVID:  ¿Alguien se va a dignar explicarme de qué estáis hablando?
·        MICHAEL: Voy a verla.

Y mientras Frank le ponía al día , Michael entró en la habitación , y conforme  la ayudaba a recomponerse y a prepararse , Frank aprovechó para hacer todo una composición de lugar que su hermano pudiese entender , casando éste los hilos sueltos que quedaban de una historia de la que conocía piezas sueltas y versionadas de forma interesada.

Conforme todo iba sucediendo, intentaba asumir que aquello en lo que se había visto envuelta desde hace ya  muchos años, era algo que no había forma humana de detener, que lo único que quedaba  era observar, ser prudente, y tratar de mantenerla con vida ayudándola en todo lo posible, comenzando para ello, a realizar llamadas aplazando su agenda y recolocando algunos de  los juicios,  los cuales,  pasaban a ser responsabilidad de Liz.  Para él, lo que  en principio había comenzado como una simple visita , se prolongaría  de forma indefinida mientras ella pudiese necesitarle.
Pero las llamadas a su despacho no fueron las únicas que consideró tener pendientes. Algunos flecos que quedaban sueltos de la información habida en sus manos, entre ella, la que saldría directamente de la Oficina del Fiscal del Distrito , el cual , se encargaría directamente  de esta investigación dada la entidad de la víctima, debían ser conocidos antes de enfrentarse con el nada amistoso diálogo policial.

Mientras tanto, en el dormitorio,  rodeados por un silencio sólo roto en la distancia apenas por el sonido del tráfico ,  Heyden no cejaba en su empeño de centrarse en Michael .  Acostumbrada a su mirada cristalina, esta vez, fueron unos ojos más esquivos de lo normal lo que le llamaban la atención.
Una  media sonrisa de compromiso de vez en cuando, gestos más cuidados que de costumbre, detenciones de sus manos en la piel , y una forma de mirarla, cuando no le quedaba más remedio, dónde el muro que tanto había costado bajar entre ellos se encontraba alzado sin saber desde  cuándo.

Terminó de ayudarla con los zapatos, pero antes de que pudiera retirar las manos, ella le agarró una. Lectura extraña la que su mente reprodujo de lo que él le transmitía.
Con aire digno y caminar pausado, mientras Michael cerraba la puerta , David se mantenía a su lado, mientras Frank se adelantaba  . Tras salir del parking, ella bajó la ventanilla del vehículo. Aunque el ruido fuera espeluznante a esa hora, necesitaba sentir todo aquello de primera mano. Sentir  la vida en la ciudad, el aire contaminado e incandescente , cubierto por las prisas ajenas propias de una gran ciudad acostumbrada a no dormir, a no vivir , sino a dejarse llevar. Y entre todo, ella, que al igual que esa mayoría anónima , sin reloj ni tiempo para nada, se limitaba a seguir las reglas impuestas por una mayoría fiel a unos mal llamados principios de supervivencia moderna.

No hubieron palabras durante ese recorrido , pero tampoco se les hizo largo a ninguno de ellos. Cada uno en su mundo , salvo David , el cual continuaba dando vueltas a la misma estrategia sin tener todos los datos . No  le gustaban las sorpresas , y en la medida de lo posible trataba de prevenirlas, al menos , en  su trabajo.

Conforme bajaron del coche, antes de dar un solo paso más al interior del edificio , su hermano se dispuso a comentarle una serie de instrucciones sencillas que debía tener presente.

·        DAVID:  No es un interrogatorio,  se supone que sólo son unas preguntas. Yo no puedo acceder contigo salvo que lo pidas . En caso de que alguna de las cuestiones fuese comprometida , aboga por el comodín y entraré. No contestes nada que pudiera implicarte , y si en algún momento se  lanzase una amenaza velada de algún tipo, o te comunicasen que eres sospechosa , antes de continuar , reclámame . ¿Lo has entendido?

Se limitó a asentirle con la cabeza y atravesaron la puerta entrando en el vestíbulo. Nada más preguntar por el teniente, alguien les acompañó hasta una sala anexa indicándoles que debía entrar ella sola. Tras una mirada cómplice del más alto de los acompañantes, la furtiva  con Michael le dijo más  de lo que podía esperar.

Cuatro paredes de cemento con ventanales en uno de los lados. Una mesa rectangular y cuatro sillas, cuya ausencia de espejos , se vería compensada por la interposición cautelosa y disimulada de cámaras, cuatro a ser posible , para que al psicólogo que deba evaluarte por tus reacciones al contestar, el equivalente más moderno del detector de mentiras, posea una visión rotativa de trescientos sesenta grados. Observadores silenciosos, que ella, por supuesto,  no tardó en localizar. Micrófonos tamizados entre elementos simples y cotidianos como el escaso mobiliario, o entretejidos como grietas  en la pared. Vigilancia absoluta para lo que en principio se revestía como una amigable conversación, y que en la realidad, distaba mucho de serlo.

Tranquila, observante y a la expectativa, se mantuvo apenas sin movimiento alguno hasta que quién debía cobrar todo el protagonismo, hiciese su incursión. En el exterior, el panorama era bien distinto.
Aguardando en el pasillo anexo a la sala, Frank y Michael permanecían sentados aguardando  que David, excesivamente tenso para el gusto de ambos , se dignase a hablar o mover ficha. Algunas llamadas de móvil imprevistas para complementar respuestas pendientes , y atención máxima, cuando vieron al Teniente y al otro agente entrar en la habitación.

La apertura de la puerta daba el pistoletazo de salida al espectáculo. Una leve y casi inapreciable ondulación de la cabeza del agente acompañante , bastó para que todo empezase a andar, y ella lo sabía . Su actuación debía ser impecable, porque no se esperaba menos, y sólo ella misma era capaz de autoexigirse más.

·        TEN. CARTER: ¿Srta. Nash? Éste es el agente Durnet , y yo soy el Teniente Carter. Espero se encuentre mejor. Esta mañana su hermano nos dijo lo de su indisposición.
·        HEYDEN: Estoy mucho mejor , gracias.
·        TEN. CARTER: ¿Su hermano le ha informado del motivo de esta reunión?
·        HEYDEN: No más de lo que ustedes le dijeron.

El policía de mayor rango, abrió la carpeta que portaba , sobresaliendo unas fotografías que mostraban un cuerpo ensangrentado. Tras coger parte de la documentación de su interior, y al darse cuenta de que ella lo había visto,  la cerró apresuradamente.

·        TEN. CARTER: Encontraron el cuerpo sin vida de su padre esta mañana , sobre las seis , con dos tiros en la cabeza. 

Impasible y fría, aquella falta de reacción hizo que el tono de la conversación incurriera en otros derroteros.

·        TEN. CARTER: ¿No parece afectada?
·        HEYDEN: ¿Cambiaría eso las cosas?
·        TEN. CARTER: ¿El qué?
·        HEYDEN: ¿Qué interprete el papel de la hija abnegada a la cual , la noticia que acaban ustedes de darle, le resulte catastrófica  viéndose despojada del único ser que realmente era capaz de amarla……………..hasta la muerte?

Aquel punto de hiriente sarcasmo , desvelaba una ausencia total de colaboración por su parte. Abriendo de nuevo la carpeta, el policía , sacó las fotografías y  las fue colocando delante suya una por una.

·        TEN. CARTER: Antes de asegurarse su muerte con dos balas en la sien, le apalearon con un objeto contundente de metal, posiblemente un bate de béisbol , al carecer de marcas que evidenciaran esquinas o filos . Dado el estado de los golpes, en un primer estudio aproximativo , el forense ha estimado, que quién se las produjo sabía lo que hacía , ya que pudiendo dejarle en seminconsciencia con el primer o segundo golpe, escogió con absoluta precisión casi medida los lugares  y la presión con la que llevarlos a cabo. Primero en las piernas , posiblemente para evitar que huyera. Seguidamente , pudiera haber podido escoger la boca , quizás porque ya estuviese llamando demasiado la atención y debía acallarle. Las costillas, los riñones , las manos ….. Dieciséis golpes  muy medidos , distanciados apenas unos segundos, lo justo quizás, para dejarle descansar pensando que era el último.

Conforme las fotos fueron colocadas, ella las fue observando detenidamente. El rostro , completamente ensangrentado y casi desfigurado,  reflejaba un dolor difícil de soportar. No obstante, elevó los ojos , y sin inmutarse, las juntó, las amontonó ordenadamente, y se las colocó delante.

·        HEYDEN: Nunca fue una persona  clara ni fácil de llevar. Se granjeó muchos enemigos, entre ellos , algunos que detuvo.
·        TEN. CARTER: Tenemos testigos presenciales de un hecho violento  protagonizado por ustedes dos hace unos días, en su despacho. Dichos testigos, aseguran haberle escuchado amenazarle con  que “debía tener cuidado o se encontraría con una desagradable sorpresa”.
·        HEYDEN: ¿Y esos mismos y ávidos testigos, que seguro que no fue lo único que escucharon aquel día, no mencionaron que justo cuando pudieron presenciarlo todo, ese que usted y otros llaman mi padre, me apuntaba con su pistola en el cuello , provocándome para incitarle a disparar, y que esa no había sido la única vez en que puso el cañón  cerca de mi cuerpo ? Claro que en aquella otra ocasión , nos rodeaban unos doscientos testigos , entre ellos el Gobernador  que aún continúa, y su buen amigo el Alcalde .
·        TEN. CARTER: Sabemos  que su relación nunca fue buena con él.  De carácter rebelde y conflictivo, su presente más cercano , y que por supuesto, él consideraba un desagravio,  tampoco se lo pondría fácil, a parte de sus otros problemas no resueltos.

Se incorporó apoyando sus antebrazos sobre la mesa , y con gesto serio , se dirigió a aquellos dos policías.

·        HEYDEN: Era un maldito alcohólico , degenerado y maltratador , que no hizo otra cosa en su miserable vida que  amargarnos a mi madre y a mí, y que no contento con eso, cuando logró acabar con su vida tirándola desde la ventana de su despacho, fue a por su segundo objetivo, sólo que su siguiente víctima nunca se lo puso tan fácil y jamás pudo cogerla desprevenida. ¿ Y después de todo esto, de los años de  palizas y encañonamientos, de gritos y de insultos, pretende en serio que muestre la más mínima sorpresa o sentimiento de aflicción por alguien  que no merecía morir de otra forma?
Hablemos claro de una vez Teniente, esto no es una conversación amigable, es un interrogatorio que ustedes están maquillando de otra cosa  con sus formas , pero si es así y creen ciertamente que soy sospechosa , les recordaré algo que ya deben de  haber comprobado , y es que me encontraba en Nueva York por negocios , que en la ida estuve acompañada hasta la misma puerta del Aeropuerto  por uno de los tres hombres que están ahí fuera, que estuve esperando cerca de tres horas en una sala por retrasos de la compañía, y que en mi regreso , en la madrugada de ayer, un taxi me llevó  hasta mi casalo que por cierto también les constará ya que se habrán encargado de pedir las cámaras de vigilancia. Y que poco después de llegar yo, mi hermano, al que también pueden preguntarle , aparecía en él, sin que en ningún momento en las últimas casi aproximadamente 36 horas,  haya estado sola o no acompañada por alguien en ninguna fracción de segundo.  
Así que dígame Teniente ¿cree en el don de la ubicuidad? Porque salvo que tenga una gemela idéntica y lo desconozca o pueda partirme en dos , yo diría que sus sospechas andan bastante mal encaminadas. Sin embargo, en mi ánimo de no obstaculizar el trabajo de la policía,  le comunico que estaré enteramente a su disposición, pero que no volveré a contestar ni una sola pregunta más, sin que mi abogado esté presente.

Un sentimiento de rabia e impotencia sincera recorría el cuerpo del superior de policía. Por mucho que lo intentase  sabía que quién tenía en frente no era cualquier posible sospechoso común.
Recogió la carpeta , y antes de levantarse , no quiso irse de allí sin dejarle las cosas claras.

·        TEN. CARTER: No puedo retenerla , pero será mejor que esa disponibilidad sea sincera aunque se produzca con la intermediación de su hermano. Para nosotros, usted es la principal sospechosa de la muerte del capitán , bien de forma directa o mandatado, pero eso es algo que sólo nos corresponde averiguar a nosotros.  Puede marcharse.

Retirando al silla de forma seca, se levantó y con la cabeza muy alta , en posición muy digna, salió de allí. Nada más verla , su hermano fue el primero en  acortar su trayectoria, seguido muy de cerca por los otros dos hombres.

·        DAVID: ¿Y bien?
·        HEYDEN: Por lo visto no tiene pruebas suficientes para detenerme. Sus argumentos deben tener muy poco peso, pero me han declarado la principal sospechosa.
·        DAVID: Pero ¿ Cómo?

Se centró en quién tenía en frente suya , en Michael , el cual , por una vez desde que apareció, lograba mantenerle los ojos sin casi pestañear.

·        HEYDEN: No tienen a nadie más. Se basan en mi relación con él y en lo que pasó en el despacho el otro día. Buscarán algo , y aunque sea meramente circunstancial, darán con él.
·        FRANK: Salgamos de aquí.

Durante el trayecto de vuelta a la casa, mientras Frank conducía, ella no podía evitar mirar por el espejo retrovisor a un Michael que , desconcertado y visiblemente serio, se sentía observado pero no la correspondía , limitándose a centrarse en la ventana  y en lo que pasaba a su lado una y otra vez , aunque sin prestar demasiada atención.

Una vez se encontraron solos en el ascensor, la conversación era reanudada.

·        FRANK: Así que ahora no podrás marcharte .
·        DAVID: Mientras no haya una acusación formal sólo tiene que estar disponible.
·        FRANK: Eso en Nueva York no sé cómo lo llamáis , pero aquí tiene un claro significado.
·        DAVID: Buscaremos la forma . Tengo conocidos en la Oficina del Fiscal.
·        FRANK: Yo de ti no haría eso. Eres su hermano, y por las prisas en las gestiones, no te preocupes que ya se encargan ellos. Era un Capitán de Policía condecorado y con muchas amistades influyentes., les interesará solventarlo rápido.
David , que portaba las llaves, abrió la puerta. Nada más entrar él, lo hizo ella , la cual se dirigió de inmediato al dormitorio dando un empujón a la puerta sin que terminase de cerrarse.

Mientras Frank y su hermano departían tratando de planificar el resto de acciones, Michael se personó en la habitación. Ella , sentada en la cama de espaldas a la entrada, oyó ruido ,pero no quiso girarse. El sonido lento de un cierre , le confirmaba una presencia.

·        HEYDEN:  Dieciséis .

Con su cabeza gacha y apoyado sobre sus manos en la fría madera, quería hablar , pero las palabras no le salían, mientras su voz, más femenina y dulce que nunca, brindaba cierto tono melancólico a las palabras dichas.

·        HEYDEN: Dieciséis. Uno por cada año que tenía cuando mató a mi madre.

Acercándose con cierto temor nunca visto en él, se sentó justo detrás de ella.

·        HEYDEN: Golpes medidos en su espalda, cuya sangre agolpada, en el trazo final, recordaban a mis cicatrices .

Cerrando sus ojos y tratando de respirar hondo , sintió que cada palabra suya le recrudecía el pecho  oprimiéndoselo.

·        HEYDEN: Algunos actos hechos por amor, resultan el peor castigo con el que ha de vivirse, sobre todo, cuando ese sentimiento es puro y sincero, no sujeto  a nada en apariencia, pero sí a algo que sólo para quienes lo saben , existe y es fuerte e irrompible , haya distancia o pase el tiempo . Y en ningún caso, jamás ninguno de los amantes , podrá recriminar al otro nada de  lo hecho, de la misma  forma que jamás podrá pedirle ,  que le diga a ciencia cierta,  porque le sigue amando de la misma forma incondicional .

Su mano en su muslo se vio apresada por la de él, y en su espalda, terminó recalando su frente.  Observándola, buscaba el apoyo de los dedos entrelazados, correspondiéndole como no podía ser de otra forma.

·        HEYDEN: Sin reproches. Siempre presente, atento, preocupado, vigilante. Ojos que aparentaban una paz interior fingida sólo para que no viera que sufrías , y que lo has hecho todos y cada uno de los días de tu vida desde que yo formo parte de ella. De la misma forma que años atrás, hiciste con otra joven, de aspecto similar tal vez, y carácter dulce . Alguien a quién contabas tus secretos . Alguien con quién aprendiste a abrirte por entero y a entregarte, pero a la que por circunstancias de la vida, tuviste que dejar. Una pequeña y tierna niña , a la que protegías de aquello que , un día, se la llevó de tu lado sin tu poder hacer nada,   porque sencillamente no estabas allí.

Casi sin miedo a que su mano perdiese toda circulación posible, los dedos de él apretaron con tanta fuerza que un leve dolor ascendió por su antebrazo, pero lejos de decirle nada, al sentir como el gesto era correspondido de la misma forma por su cara sobre su espalda, y que una ligera humedad traspasaba la tela, comprendió que necesitaba ese consuelo fruto de la más férrea de las impotencias, dejándole ser .

·        HEYDEN:  Nunca he olvidado cómo me mirabas la primera vez que te vi , en la casa. Sabía que no eras un cliente, pero tampoco parecías desearme o ir con las mismas intenciones de los otros.  Me pusiste a prueba y decidiste interrumpirlo porque te incomodó, y todo lo que vino después. Cada acto mío, aunque te pareciera una locura, ha encontrado una salvaguarda en ti. Te sentías obligado , porque en mí la has visto siempre a ella. En el silencio de tu ser, siempre has creído que  era lo que debías de hacer. Una segunda oportunidad que te redimiera de todo. 
El club antes que en la calle, porque podías tenerme vigilada. Las clases aventajadas , para librarme de allí y de Victoria . La Agencia , como la mejor tapadera posible. Robert………  -  su cuerpo adelantándose en la silla al ver su rostro en el club, aquella forma de mirarla nunca olvidada , imágenes que volvían a su mente cada vez que pronunciaba su nombre  como el único recuerdo  especial que parecía contener, de alguien que ella consideraba ajeno y sin embargo, la llenaba por completo – Cómo reprochar algo,  a quién he tenido de forma incondicional a mi lado, sin que jamás pidiese nada a cambio.

Con su otra mano , se ayudo a llevar aquella que se encontraba entrelazada  a su boca, y apoyando sus labios, los dejó allí unidos a una piel confusa , pero unida por siempre.

Ana Patricia Cruz López
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