Cuenta atrás
No parecía encontrarse afectada ni tan siquiera por lo que la noticia
representaba. No mostraba ningún ápice de sentimiento , fuese el que fuese.
Simplemente , se encontraba agotada , y con los sedantes, la habitación parecía
caérsele encima.
Echando un vistazo rápido a todo el salón, se dio cuenta de que todo
parecía normal. Los estores permanecían bajos, y elementos decorativos parecían
cambiados de sitio , a efectos de ocultar los restos dejados por las balas.
Demasiado limpio y ordenado todo, y un
muro infranqueable acometido por los dos
hombres para que los agentes no entrasen
más allá .
David convenció al teniente Carter para que postergaran el
interrogatorio hasta pasadas unas horas dado su estado . Aunque en un principio
no parecieron demasiado convencidos , el hecho de que bajo los efectos de
aquellos sedantes , cualquier declaración
quedaría invalidada de pleno
derecho por encontrarse mermada en sus facultades, fue la razón de más peso que terminó convenciéndoles.
Conforme las horas pasaban y el efecto iba contrarrestándose llegando
a mantenerla en un simple estado de relajación , trató de ir volviendo a la
realidad, pero el timbre sonaba de
nuevo.
Frank se limitó a abrir la puerta.
·
MICHAEL: He llegado lo antes que me ha sido
posible.
·
FRANK : Cuanto tiempo Fassworth.
Ambos se estrecharon las manos con mucha familiaridad , ante la
sorpresa del tercero en discordia, al que el propio Agente de Inteligencia
trató de aclarar.
·
FRANK: Es una vieja y larga historia.
·
DAVID: Ya veo.
Tras una inspección visual rápida al piso, no pudo resistir más y
preguntó.
·
MICHAEL: ¿Cómo está?
·
DAVID: Más repuesta.
·
FRANK: Hubo que sedarla. No fue una buena idea.
Ambos sabían perfectamente de qué estaban hablando.
·
MICHAEL: Lo sé, pero no podía hacer otra cosa.
·
FRANK: Esto tiene una firma muy precisa. Eran
profesionales , posiblemente paramilitares a sueldo.
·
MICHAEL: ¿Y esos dos que he visto salir del
edificio con pinta de polis?
·
DAVID: Lo eran. Por lo visto quieren hablar con
ella por cierto incidente en el despacho de nuestro padre.
·
MICHAEL:
¿Incidente? De eso hace días.
·
FRANK: Le
han encontrado muerto en una calle. Dos tiros .
·
MICHAEL: Pero sí………….. ¡Dios! La que tenía la
pistola apuntando a su garganta era ella.
·
DAVID:
¿Alguien se va a dignar explicarme de qué estáis hablando?
·
MICHAEL: Voy a verla.
Y mientras Frank le ponía al día , Michael entró en la habitación , y
conforme la ayudaba a recomponerse y a
prepararse , Frank aprovechó para hacer todo una composición de lugar que su
hermano pudiese entender , casando éste los hilos sueltos que quedaban de una
historia de la que conocía piezas sueltas y versionadas de forma interesada.
Conforme todo iba sucediendo, intentaba asumir que aquello en lo que
se había visto envuelta desde hace ya
muchos años, era algo que no había forma humana de detener, que lo único
que quedaba era observar, ser prudente,
y tratar de mantenerla con vida ayudándola en todo lo posible, comenzando para
ello, a realizar llamadas aplazando su agenda y recolocando algunos de los juicios, los cuales, pasaban a ser responsabilidad de Liz. Para él, lo que en principio había comenzado como una simple
visita , se prolongaría de forma
indefinida mientras ella pudiese necesitarle.
Pero las llamadas a su despacho no fueron las únicas que consideró
tener pendientes. Algunos flecos que quedaban sueltos de la información habida
en sus manos, entre ella, la que saldría directamente de la Oficina del Fiscal
del Distrito , el cual , se encargaría directamente de esta investigación dada la entidad de la
víctima, debían ser conocidos antes de enfrentarse con el nada amistoso diálogo
policial.
Mientras tanto, en el dormitorio,
rodeados por un silencio sólo roto en la distancia apenas por el sonido del
tráfico , Heyden no cejaba en su empeño
de centrarse en Michael . Acostumbrada a
su mirada cristalina, esta vez, fueron unos ojos más esquivos de lo normal lo
que le llamaban la atención.
Una media sonrisa de compromiso
de vez en cuando, gestos más cuidados que de costumbre, detenciones de sus
manos en la piel , y una forma de mirarla, cuando no le quedaba más remedio,
dónde el muro que tanto había costado bajar entre ellos se encontraba alzado
sin saber desde cuándo.
Terminó de ayudarla con los zapatos, pero antes de que pudiera retirar
las manos, ella le agarró una. Lectura extraña la que su mente reprodujo de lo
que él le transmitía.
Con aire digno y caminar pausado, mientras Michael cerraba la puerta ,
David se mantenía a su lado, mientras Frank se adelantaba . Tras salir del parking, ella bajó la
ventanilla del vehículo. Aunque el ruido fuera espeluznante a esa hora,
necesitaba sentir todo aquello de primera mano. Sentir la vida en la ciudad, el aire contaminado e
incandescente , cubierto por las prisas ajenas propias de una gran ciudad
acostumbrada a no dormir, a no vivir , sino a dejarse llevar. Y entre todo,
ella, que al igual que esa mayoría anónima , sin reloj ni tiempo para nada, se
limitaba a seguir las reglas impuestas por una mayoría fiel a unos mal llamados
principios de supervivencia moderna.
No hubieron palabras durante ese recorrido , pero tampoco se les hizo
largo a ninguno de ellos. Cada uno en su mundo , salvo David , el cual
continuaba dando vueltas a la misma estrategia sin tener todos los datos .
No le gustaban las sorpresas , y en la
medida de lo posible trataba de prevenirlas, al menos , en su trabajo.
Conforme bajaron del coche, antes de dar un solo paso más al interior
del edificio , su hermano se dispuso a comentarle una serie de instrucciones
sencillas que debía tener presente.
·
DAVID: No
es un interrogatorio, se supone que sólo
son unas preguntas. Yo no puedo acceder contigo salvo que lo pidas . En caso de
que alguna de las cuestiones fuese comprometida , aboga por el comodín y
entraré. No contestes nada que pudiera implicarte , y si en algún momento
se lanzase una amenaza velada de algún
tipo, o te comunicasen que eres sospechosa , antes de continuar , reclámame .
¿Lo has entendido?
Se limitó a asentirle con la cabeza y atravesaron la puerta entrando
en el vestíbulo. Nada más preguntar por el teniente, alguien les acompañó hasta
una sala anexa indicándoles que debía entrar ella sola. Tras una mirada
cómplice del más alto de los acompañantes, la furtiva con Michael le dijo más de lo que podía esperar.
Cuatro paredes de cemento con ventanales en uno de los lados. Una mesa
rectangular y cuatro sillas, cuya ausencia de espejos , se vería compensada por
la interposición cautelosa y disimulada de cámaras, cuatro a ser posible , para
que al psicólogo que deba evaluarte por tus reacciones al contestar, el
equivalente más moderno del detector de mentiras, posea una visión rotativa de
trescientos sesenta grados. Observadores silenciosos, que ella, por supuesto, no tardó en localizar. Micrófonos tamizados
entre elementos simples y cotidianos como el escaso mobiliario, o entretejidos
como grietas en la pared. Vigilancia
absoluta para lo que en principio se revestía como una amigable conversación, y
que en la realidad, distaba mucho de serlo.
Tranquila, observante y a la expectativa, se mantuvo apenas sin
movimiento alguno hasta que quién debía cobrar todo el protagonismo, hiciese su
incursión. En el exterior, el panorama era bien distinto.
Aguardando en el pasillo anexo a la sala, Frank y Michael permanecían
sentados aguardando que David,
excesivamente tenso para el gusto de ambos , se dignase a hablar o mover ficha.
Algunas llamadas de móvil imprevistas para complementar respuestas pendientes ,
y atención máxima, cuando vieron al Teniente y al otro agente entrar en la
habitación.
La apertura de la puerta daba el pistoletazo de salida al espectáculo.
Una leve y casi inapreciable ondulación de la cabeza del agente acompañante ,
bastó para que todo empezase a andar, y ella lo sabía . Su actuación debía ser
impecable, porque no se esperaba menos, y sólo ella misma era capaz de
autoexigirse más.
·
TEN. CARTER: ¿Srta. Nash? Éste es el agente
Durnet , y yo soy el Teniente Carter. Espero se encuentre mejor. Esta mañana su
hermano nos dijo lo de su indisposición.
·
HEYDEN: Estoy mucho mejor , gracias.
·
TEN. CARTER: ¿Su hermano le ha informado del
motivo de esta reunión?
·
HEYDEN: No más de lo que ustedes le dijeron.
El policía de mayor rango, abrió la carpeta que portaba ,
sobresaliendo unas fotografías que mostraban un cuerpo ensangrentado. Tras
coger parte de la documentación de su interior, y al darse cuenta de que ella
lo había visto, la cerró
apresuradamente.
·
TEN. CARTER: Encontraron el cuerpo sin vida de
su padre esta mañana , sobre las seis , con dos tiros en la cabeza.
Impasible y fría, aquella falta de reacción hizo que el tono de la
conversación incurriera en otros derroteros.
·
TEN. CARTER: ¿No parece afectada?
·
HEYDEN: ¿Cambiaría eso las cosas?
·
TEN. CARTER: ¿El qué?
·
HEYDEN: ¿Qué interprete el papel de la hija
abnegada a la cual , la noticia que acaban ustedes de darle, le resulte
catastrófica viéndose despojada del
único ser que realmente era capaz de amarla……………..hasta la muerte?
Aquel punto de hiriente sarcasmo , desvelaba una ausencia total de
colaboración por su parte. Abriendo de nuevo la carpeta, el policía , sacó las
fotografías y las fue colocando delante
suya una por una.
·
TEN. CARTER: Antes de asegurarse su muerte con
dos balas en la sien, le apalearon con un objeto contundente de metal,
posiblemente un bate de béisbol , al carecer de marcas que evidenciaran esquinas
o filos . Dado el estado de los golpes, en un primer estudio aproximativo , el
forense ha estimado, que quién se las produjo sabía lo que hacía , ya que
pudiendo dejarle en seminconsciencia con el primer o segundo golpe, escogió con
absoluta precisión casi medida los lugares
y la presión con la que llevarlos a cabo. Primero en las piernas ,
posiblemente para evitar que huyera. Seguidamente , pudiera haber podido
escoger la boca , quizás porque ya estuviese llamando demasiado la atención y
debía acallarle. Las costillas, los riñones , las manos ….. Dieciséis golpes muy medidos , distanciados apenas unos
segundos, lo justo quizás, para dejarle descansar pensando que era el último.
Conforme las fotos fueron colocadas, ella las fue observando
detenidamente. El rostro , completamente ensangrentado y casi desfigurado, reflejaba un dolor difícil de soportar. No
obstante, elevó los ojos , y sin inmutarse, las juntó, las amontonó
ordenadamente, y se las colocó delante.
·
HEYDEN: Nunca fue una persona clara ni fácil de llevar. Se granjeó muchos
enemigos, entre ellos , algunos que detuvo.
·
TEN. CARTER: Tenemos testigos presenciales de un
hecho violento protagonizado por ustedes
dos hace unos días, en su despacho. Dichos testigos, aseguran haberle escuchado
amenazarle con que “debía tener cuidado
o se encontraría con una desagradable sorpresa”.
·
HEYDEN: ¿Y esos mismos y ávidos testigos, que
seguro que no fue lo único que escucharon aquel día, no mencionaron que justo
cuando pudieron presenciarlo todo, ese que usted y otros llaman mi padre, me
apuntaba con su pistola en el cuello , provocándome para incitarle a disparar,
y que esa no había sido la única vez en que puso el cañón cerca de mi cuerpo ? Claro que en aquella
otra ocasión , nos rodeaban unos doscientos testigos , entre ellos el
Gobernador que aún continúa, y su buen
amigo el Alcalde .
·
TEN. CARTER: Sabemos que su relación nunca fue buena con él. De carácter rebelde y conflictivo, su
presente más cercano , y que por supuesto, él consideraba un desagravio, tampoco se lo pondría fácil, a parte de sus
otros problemas no resueltos.
Se incorporó apoyando sus antebrazos sobre la mesa , y con gesto serio
, se dirigió a aquellos dos policías.
·
HEYDEN: Era un maldito alcohólico , degenerado y
maltratador , que no hizo otra cosa en su miserable vida que amargarnos a mi madre y a mí, y que no
contento con eso, cuando logró acabar con su vida tirándola desde la ventana de
su despacho, fue a por su segundo objetivo, sólo que su siguiente víctima nunca
se lo puso tan fácil y jamás pudo cogerla desprevenida. ¿ Y después de todo
esto, de los años de palizas y
encañonamientos, de gritos y de insultos, pretende en serio que muestre la más
mínima sorpresa o sentimiento de aflicción por alguien que no merecía morir de otra forma?
Hablemos claro de una vez
Teniente, esto no es una conversación amigable, es un interrogatorio que
ustedes están maquillando de otra cosa
con sus formas , pero si es así y creen ciertamente que soy sospechosa ,
les recordaré algo que ya deben de haber
comprobado , y es que me encontraba en Nueva York por negocios , que en la ida
estuve acompañada hasta la misma puerta del Aeropuerto por uno de los tres hombres que están ahí
fuera, que estuve esperando cerca de tres horas en una sala por retrasos de la
compañía, y que en mi regreso , en la madrugada de ayer, un taxi me llevó hasta mi casalo que por cierto también les
constará ya que se habrán encargado de pedir las cámaras de vigilancia. Y que
poco después de llegar yo, mi hermano, al que también pueden preguntarle ,
aparecía en él, sin que en ningún momento en las últimas casi aproximadamente
36 horas, haya estado sola o no
acompañada por alguien en ninguna fracción de segundo.
Así que dígame Teniente ¿cree en el don
de la ubicuidad? Porque salvo que tenga una gemela idéntica y lo desconozca o
pueda partirme en dos , yo diría que sus sospechas andan bastante mal
encaminadas. Sin embargo, en mi ánimo de no obstaculizar el trabajo de la
policía, le comunico que estaré
enteramente a su disposición, pero que no volveré a contestar ni una sola
pregunta más, sin que mi abogado esté presente.
Un sentimiento de rabia e impotencia sincera recorría el cuerpo del
superior de policía. Por mucho que lo intentase
sabía que quién tenía en frente no era cualquier posible sospechoso
común.
Recogió la carpeta , y antes de levantarse , no quiso irse de allí sin
dejarle las cosas claras.
·
TEN. CARTER: No puedo retenerla , pero será
mejor que esa disponibilidad sea sincera aunque se produzca con la
intermediación de su hermano. Para nosotros, usted es la principal sospechosa
de la muerte del capitán , bien de forma directa o mandatado, pero eso es algo
que sólo nos corresponde averiguar a nosotros. Puede marcharse.
Retirando al silla de forma seca, se levantó y con la cabeza muy alta
, en posición muy digna, salió de allí. Nada más verla , su hermano fue el
primero en acortar su trayectoria,
seguido muy de cerca por los otros dos hombres.
·
DAVID: ¿Y bien?
·
HEYDEN: Por lo visto no tiene pruebas
suficientes para detenerme. Sus argumentos deben tener muy poco peso, pero me
han declarado la principal sospechosa.
·
DAVID: Pero ¿ Cómo?
Se centró en quién tenía en frente suya , en Michael , el cual , por
una vez desde que apareció, lograba mantenerle los ojos sin casi pestañear.
·
HEYDEN: No tienen a nadie más. Se basan en mi
relación con él y en lo que pasó en el despacho el otro día. Buscarán algo , y
aunque sea meramente circunstancial, darán con él.
·
FRANK: Salgamos de aquí.
Durante el trayecto de vuelta a la casa, mientras Frank conducía, ella
no podía evitar mirar por el espejo retrovisor a un Michael que , desconcertado
y visiblemente serio, se sentía observado pero no la correspondía , limitándose
a centrarse en la ventana y en lo que
pasaba a su lado una y otra vez , aunque sin prestar demasiada atención.
Una vez se encontraron solos en el ascensor, la conversación era
reanudada.
·
FRANK: Así que ahora no podrás marcharte .
·
DAVID: Mientras no haya una acusación formal
sólo tiene que estar disponible.
·
FRANK: Eso en Nueva York no sé cómo lo llamáis ,
pero aquí tiene un claro significado.
·
DAVID: Buscaremos la forma . Tengo conocidos en
la Oficina del Fiscal.
·
FRANK: Yo de ti no haría eso. Eres su hermano, y
por las prisas en las gestiones, no te preocupes que ya se encargan ellos. Era
un Capitán de Policía condecorado y con muchas amistades influyentes., les
interesará solventarlo rápido.
David , que portaba las llaves, abrió la puerta. Nada más entrar él,
lo hizo ella , la cual se dirigió de inmediato al dormitorio dando un empujón a
la puerta sin que terminase de cerrarse.
Mientras Frank y su hermano departían tratando de planificar el resto
de acciones, Michael se personó en la habitación. Ella , sentada en la cama de
espaldas a la entrada, oyó ruido ,pero no quiso girarse. El sonido lento de un
cierre , le confirmaba una presencia.
·
HEYDEN: Dieciséis
.
Con su cabeza gacha y apoyado sobre sus manos en la fría madera, quería
hablar , pero las palabras no le salían, mientras su voz, más femenina y dulce
que nunca, brindaba cierto tono melancólico a las palabras dichas.
·
HEYDEN: Dieciséis. Uno por cada año que tenía
cuando mató a mi madre.
Acercándose con cierto temor nunca visto en él, se sentó justo detrás
de ella.
·
HEYDEN: Golpes medidos en su espalda, cuya
sangre agolpada, en el trazo final, recordaban a mis cicatrices .
Cerrando sus ojos y tratando de respirar hondo , sintió que cada
palabra suya le recrudecía el pecho
oprimiéndoselo.
·
HEYDEN: Algunos actos hechos por amor, resultan
el peor castigo con el que ha de vivirse, sobre todo, cuando ese sentimiento es
puro y sincero, no sujeto a nada en
apariencia, pero sí a algo que sólo para quienes lo saben , existe y es fuerte e
irrompible , haya distancia o pase el tiempo . Y en ningún caso, jamás ninguno
de los amantes , podrá recriminar al otro nada de lo hecho, de la misma forma que jamás podrá pedirle , que le diga a ciencia cierta, porque le sigue amando de la misma forma
incondicional .
Su mano en su muslo se vio apresada por la de él, y en su espalda,
terminó recalando su frente. Observándola,
buscaba el apoyo de los dedos entrelazados, correspondiéndole como no podía ser
de otra forma.
·
HEYDEN: Sin reproches. Siempre presente, atento,
preocupado, vigilante. Ojos que aparentaban una paz interior fingida sólo para
que no viera que sufrías , y que lo has hecho todos y cada uno de los días de
tu vida desde que yo formo parte de ella. De la misma forma que años atrás,
hiciste con otra joven, de aspecto similar tal vez, y carácter dulce . Alguien
a quién contabas tus secretos . Alguien con quién aprendiste a abrirte por
entero y a entregarte, pero a la que por circunstancias de la vida, tuviste que
dejar. Una pequeña y tierna niña , a la que protegías de aquello que , un día, se
la llevó de tu lado sin tu poder hacer nada, porque sencillamente no estabas allí.
Casi sin miedo a que su mano perdiese toda circulación posible, los
dedos de él apretaron con tanta fuerza que un leve dolor ascendió por su
antebrazo, pero lejos de decirle nada, al sentir como el gesto era
correspondido de la misma forma por su cara sobre su espalda, y que una ligera
humedad traspasaba la tela, comprendió que necesitaba ese consuelo fruto de la
más férrea de las impotencias, dejándole ser .
·
HEYDEN: Nunca he olvidado cómo me mirabas la primera
vez que te vi , en la casa. Sabía que no eras un cliente, pero tampoco parecías
desearme o ir con las mismas intenciones de los otros. Me pusiste a prueba y decidiste interrumpirlo
porque te incomodó, y todo lo que vino después. Cada acto mío, aunque te
pareciera una locura, ha encontrado una salvaguarda en ti. Te sentías obligado ,
porque en mí la has visto siempre a ella. En el silencio de tu ser, siempre has
creído que era lo que debías de hacer. Una
segunda oportunidad que te redimiera de todo.
El club antes que en la calle, porque
podías tenerme vigilada. Las clases aventajadas , para librarme de allí y de
Victoria . La Agencia , como la mejor tapadera posible. Robert……… - su
cuerpo adelantándose en la silla al ver su rostro en el club, aquella forma de
mirarla nunca olvidada , imágenes que volvían a su mente cada vez que
pronunciaba su nombre como el único
recuerdo especial que parecía contener,
de alguien que ella consideraba ajeno y sin embargo, la llenaba por completo –
Cómo reprochar algo, a quién he tenido
de forma incondicional a mi lado, sin que jamás pidiese nada a cambio.
Con su otra mano , se ayudo a llevar aquella que se encontraba
entrelazada a su boca, y apoyando sus
labios, los dejó allí unidos a una piel confusa , pero unida por siempre.
Ana Patricia Cruz López
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