sábado, 9 de enero de 2016

UNA HISTORIA INACABADA. CAPITULO DECIMO QUINTO. TERCERA PARTE. Y el Fín de Año llegó ( Registrado en SAFE CREATIVE JUNIO 2015)

CAPÍTULO DECIMOQUINTO  ( TERCERA  PARTE)
Créditos a quién corresponda

“La oscuridad me rodea
Siento que me absorbe, que me cubre, que se introduce dentro de mí
Algo pesado pero suave recorre mi cuerpo
Hace suya mi piel
Esa forma de tocarme me es familiar
Haces de mí lo que quieres  y yo no te lo impido
Abro mis ojos……………”

Y EL FÍN DE AÑO LLEGÓ


 La cogió de la mano y la llevó hasta el dormitorio. Con la única luz que entraba del exterior como foco otorgador de la intimidad suficiente.  Sin resistencia alguna por parte de ella , se  detuvieron  justo delante del motivo de discordia consigo misma, el espejo enterizo. Seguidamente, se agachó, y con una rodilla en el suelo, le cogió uno de los píes desatándole con cuidado la sandalia de tacón ,  rozándolo al retirárselo, operación que repitió con el pie que le faltaba.

De nuevo de pie, a su espalda, con sus manos fue buscando las horquillas que retenían su cabello hasta soltárselo, cayendo éste sobre la espalda. Con un cuidado exquisito y mucha delicadeza, buscó la cremallera del vestido, pero antes de hacer nada, al fijarse en el espejo , la vio  con el rostro fijado en el suelo, y sin retirarle los ojos, fue bajándosela , notando como su piel se erizaba  al sentir  la ligera presión de sus dedos.

Con  el vestido ligero a punto de caerse al suelo, su instinto natural fue aferrar sus manos a la tela a la altura de su pecho . Manos que como elementos defensores de seguridad , se mostraban tensas , inamovibles, al igual que si fueses de piedra escrupulosamente esculpidas.


Aquella forma de aferrarse al vestido , la tensión desprendida de su cuerpo, el evitar la imagen reflejada como muestra de una especie de puerta a un infierno personal, hizo que la cautela en los siguientes movimientos se acrecentase. 
Le alzó la barbilla  y sus ojos buscaron inmediatamente el único punto de apoyo posible, los ojos confiados de quién compartía este momento con ella.  Puso sus manos encima de las que gentilmente ejercían de baza protectora, frías y temerosas , logrando relajarlas.
Uniendo su pecho  a su cuerpo, fue separándole los brazos , y con sus ojos cerrados , sintió como el vestido caía a lo largo de su cuerpo.

Todos sus temores en una sola imagen, la que resultaba ser reflejo de su presente. Aquella “arma mortal” en la que un simple cristal se convertía , la hacía diferente a cada instante que se postraba ante él. Su auténtico dueño y señor, que le recordaba día tras día, que había un pasado en el que ella fue de una forma, y que ahora , a partir de un solo instante, largo y tedioso , todo había cambiado.

Lo que Steve tenía delante, eran los signos evidentes de una lucha intestina y cruel , capaz de trasformar a cualquiera. Señales que reflejaban unas pruebas de supervivencia por las que nadie debería pasar, y que exigían mucha fuerza de voluntad para no terminar  haciendo añicos todo lo que se atreviera a recordártelo.

Salvajes cicatrices probablemente mal cerradas por múltiples aberturas, circunvalaciones de quemaduras oscurecidas con el pasar del tiempo en una zona donde hasta los escotes más coquetos temblarían ser impuestos. Un cuerpo flagelado , mutilado en el más amplio de los sentidos  para poder vivir , pero que indudablemente, justificaba todos sus temores. Una imagen externa notablemente cambiada que había afectado sobre todo a esa seguridad de la que siempre hizo gala.  Una sensualidad aplastante y discretamente llevada, que pasaba a segundo plano , casi escondido, por voluntad propia.  Miedo a un momento como este, el de mostrar  las heridas  no imaginadas de una historia con fecha de comienzo pero no de finalización, y en dónde la opción personal de la soledad , aunque no compartida, era más que razonable.

Una sola lágrima iluminada en su recorrido por esa luz derivada y blanquecina del exterior, le hizo continuar, y pese a sus instintos por abrazarla, sabía que por encima de todas las cosas, ella debía enfrentarse cara a cara a este momento.

•             STEVE:  Abre los ojos.

Querer y no poder, eso era lo que la invadía. Un cruce de sensaciones culminadas por una imagen que ya conocía , pero que ahora , además, le tenía  a él.

•             STEVE:  Confía en mí.

Sólo entonces se atrevió,  abrió sus ojos   y aquella imagen que su “maldita realidad reflejaba”, la desconsoló hasta hacerla romperse prácticamente en sus brazos.  

•             STEVE: Sarah, mírame.

Ella no podía hacerlo. En aquel momento hubiera agradecido que la tierra se hubiera abierto bajo sus pies. No podía dejar de observar aquello en lo que se había convertido su cuerpo.

•             STEVE: No voy a irme.

Aquellas palabras resultaron decisivas. Hizo lo que le fue solicitado y simplemente esperó.

•             STEVE: Esta que te ves , la que te refleja lo que más odias, eres tú. Nunca has dejado de serlo. Yo veo a la misma mujer  de la que me enamoré hace tiempo, y la que nunca dejé de querer por muchas explicaciones que faltasen, sólo que ahora , las circunstancias te han vuelto mucho más madura si cabe, y con alguna exquisita rareza de más. Es normal tener miedo a un momento como este, porque eres humana y lo que has pasado no ha sido fácil.   Lo que refleja el espejo, sólo es una mujer a la que  ya conoces pero con huellas de una lucha dura y larga nada más. Las marcas, las cicatrices , sólo son eso, cicatrices. Pero yo veo a la misma mujer, la misma Sarah inquieta, mucho más pasional si cabe y con más carácter , pero la misma. Inteligente, astuta, provocadora y sensual a su manera. Tu reflejo, el que ambos vemos ahora,   es sólo  una imagen, una imagen que asusta porque es tu realidad ahora ,  de acuerdo, pero sólo es eso, una imagen. Él no puede reflejar lo que hay aquí- y señaló con una de sus manos a la cabeza- ni aquí- y señaló al corazón- , ni puede reflejar tu alma, ni tus ilusiones, ni tus sueños  , ni lo que sientes en cada instante o lo que eres capaz de sentir ahora. Sólo es una imagen. Yo no me enamoré de un reflejo Sarah, ni amo una imagen por mucho que la de entonces me atrajese . Amo lo que ese trozo de cristal no puede reflejar ni reflejará jamás,  que es lo que eres capaz de entregarme cada vez que estoy contigo aunque no te des cuenta.

Le dio la vuelta cogiéndola por la cintura.

•             STEVE: Y no, no me voy a ninguna parte.

Le secó las mejillas con el anverso de los dedos, y  sin necesidad de permiso alguno, se apropió de sus labios. Mientras la besaba, la redirigía con su cuerpo al borde de la cama,  mientras , cogida  por la cintura con uno de sus brazos,  la depositó con cuidado.
Inmersos en el intercambio de besos,  él se detuvo  para sorpresa suya , incorporándose  sobre sus rodillas. Y con aquella visión de él, visto desde aquella perspectiva, todo le recordó familiar , y supo que en parte, podía sentirse libre. Sentir como aquella Sarah a la que el placer más hermoso  otorgaba la visión de una nueva vida en manos de un desconocido, libre de ataduras firmes que le impedían ver nada más capitaneadas por principios socialmente impuestos.

Con la camisa completamente desabrochada  y fuera de su único sostén, la cintura de un pantalón que aún permanecía abrochado, mientras él intentaba desabrocharse  las mangas, sintió que ella le detenía. 
Con su pecho ligeramente erguido y apoyado sobre un solo brazo, su mano libre  comenzó a circular por su piel reconociendo cada poro, cada milímetro que volvía a entregarse a ella sin límite alguno.  Un cuerpo que volvía a erizarse mientras seguía el recorrido que las yemas de sus dedos realizaban , disfrutando de cada sensación transmitida, imbuida en un mundo diferente , ajena al dolor o a lo que su propio cuerpo le causaba , pero ahora , en ese instante, sólo se dejó llevar, y él , mientras la sentía vagar por algo que nunca había dejado de ser suyo, se complacía de algo que para él parecía nuevo no siéndolo.  Se sintió observado de nuevo , en toda su amplitud. Sintió como ella disfrutaba haciéndolo , tal y como cuando se despertaba y la descubría velando su sueño al amanecer, y lo que por dentro se removía en él, era indescriptible.

Recordando  la perfecta sensación de  excitación mutua que reportaba ver lo que cada uno le hacía al otro , decidió arriesgarse y recorrer su cuerpo  de la misma forma , sin saber realmente, cuál sería su reacción.

Con su cuerpo empujó el de ella para apoyarlo en  el colchón, y buscando sus labios, el juego iniciático del descubrimiento de algo nuevo para ella  daba comienzo.
Tras creer que sus labios volverían a apropiarse de los suyos y  hacer denotar su cálido aliento , su reconocimiento comenzó en su barbilla mientras sus manos apoyaban el recorrido vital en ambos lados de su cuerpo marcando aquellos canales donde su huella permanecería de nuevo.

Un ligero y medido mordisqueo consiguió tensionarla lo suficiente,  como para su cuerpo se estirase por completo  y su cadera respondiera acercándosele más aún, pero en un intento por extraer a la mujer que siempre fue y convencerla de que nada había cambiado, Steve le cogió las manos y decidió asumir el control, y mientras la inmovilizaba , su boca aprovechaba el turno de delicia carnívora más excitante , en donde el instinto animal  más primitivo del ser humano se consagraba en conjunción perfecta con el deseo racional por satisfacer al otro, mientras con la humedecida punta de su lengua,  comenzaba el recorrido descendente que le llevaba hasta el esternón.

Simplemente sintiéndole en cada parte de su cuerpo como si todo fuese nuevo ,  como si sus reacciones fuesen experimentadas por primera vez,   con su cabeza estirada por completo  hacia detrás, sólo la levantó cuando sintió sus labios besando la cicatriz que ahora se encontraba en lugar del que entonces fue su pecho. Pese a sentirse observado, lejos de detenerse, continuó mientras sus ojos la correspondían.

Con cada roce, con cada caricia, su piel era capaz de sentir y erizarse  . Lejos de creer que no lo haría, que aquel campo de batalla se habría convertido en un estéril pedazo de carne que cubrir y ocultar, sin capacidad para apreciar y responder ante unas caricias que pensó nunca más tener, y que sólo serviría para causarle rechazo propio y ante los demás, aquellas manos que ya la reconocían, volvían a apoderarse de su cuerpo como si nada de ello existiese. La humedad y el calor de su boca,  culminaba en un estremecimiento sincero del que él era testigo, por sentir su cuerpo temblar como si  los escalofríos se apoderasen de ella.

Sin nada que pensar, en mitad de un arrebato inesperado, aquellas manos femeninas   decidieron apropiarse de su cabello,  tirando de él  hacia arriba , separándole de su cuerpo.  Aquel rostro suyo, devorando sin contacto alguno, sabiendo que era él el que manejaba a la perfección el juego en ese preciso instante, sabiéndose conocida por él en todos aquellos puntos débiles que poseía hasta ahora ocultos, reconociendo  en su interior que por mucho que las cosas hubieran podio cambiar , en la intimidad , ella no le recordaba y que todo lo que sentía le era completamente nuevo.

Sí, él la conocía bien, y sabía hasta dónde podía llegar.  Un pasado dónde los aparentes límites se atravesaban con demasiada facilidad hasta hacerlos desaparecer. Nada era suficiente , y nunca hubo de establecerse una especie de tabla de mínimos a considerar. En la intimidad,  la naturaleza cobraba su curso , abordaba la humanidad de los amantes hasta convertirlos , progresivamente, en una maraña de sentidos y sensaciones , llegando a hacer brotar el aspecto más primitivamente animal del que surgimos.  Ahora,  que tenía su plena confianza y los miedos habían desaparecido, era hora de continuar .

Dando por sentado todo , sólo  dejó salir aquello que en su interior le consumía, y  con un gesto seco de su cabeza hizo que le soltara mientras  ella volvía a recostarse por completo dejándole  hacer.

Sin querer dejar la observación de su rostro, Steve continuó el recorrido mientras sus dedos hacían surcos en su piel erizada , volviendo a reconocer aquellos caminos tensamente familiares que pese a los años , no habían variado en absoluto.
Encontrándose en el límite que delimitaba el borde su ropa interior, apenas los introdujo por dentro de la misma siguiendo lentamente la línea fronteriza que su borde marcaba, mientras su cuerpo se tensaba cada vez más y sus labios  eran mordisqueados con insaciabilidad.

Silencio y quietud durante el cual, mantuvo su sus ojos cerrados mientras la respiración se le entrecortaba. Una deliciosa tregua sólo interrumpida por el sonido de un cinturón abrirse y un ligero movimiento en la cama que ella no quiso  comprobar.

Sólo fueron unos segundos , extendidos mentalmente por las ansias  contenidas y la curiosidad ,  pero el aire tenso dejó pasó a la fuerza y seguridad de las manos de un Steve que con toda la seguridad del mundo para entregarse ,  volvía a  su cuerpo  ascendiendo  sus manos a lo largo de  sus piernas,   haciendo suyo  el interior de sus muslos y ascendiendo   con la piel de su pecho por todo el suyo,  hasta que ella sintió su cálida respiración y parte de su aliento en la cara. Decidida a volver a abrirlos , se enfrentó  a  los de él, tan cercanos que parecían difuminarse, y que  culminaban un rostro ligeramente sonriente y sereno, complacido y complaciente,  dispuesto a entregarse sin medida, sólo como él sabía  hacerlo cada vez que la intimidad se apoderaba de ellos.

Un minuto, sólo un minuto sin contabilización de reloj para disfrutar de aquel instante , sin prisas, sin nada que pedirse, sin nada que reprocharse.  Un momento de reencuentro para relajarse y observarse de nuevo, algo de lo que no se cansaron jamás ,y de la que tenía la impresión, ahora que se reencontraban,  de que no podrían cansarse  jamás.
Por su parte, él se encontraba de nuevo con una Sarah  entregada, confiada y sin reservas, dejándose llevar.  Sin miedos.

Apoyado entre sus codos, reteniendo su cabeza  con sus dedos entre su cabello,  lenta ,  suave e íntimamente culminaba su entrega total ,  incrementándose progresivamente  su respuesta de aceptación.  Dedos, los de  la  amante descubierta a sí misma , que en la espalda de quién  le recordaba quién era,   reflejaban el recorrido perfecto de la intensidad recibida.  Marcas que se acrecentaban una y otra vez con cada nueva entrega,  con cada nueva dación de su ser en pro de volver a tenerla, a sentirla  sólo como él recordaba , sólo como ella sabía.

 Intenso momento aquel, en el que a punto de que aquella desmedida entrega culminase, ella  le detuviera.  Con sólo aquel gesto realizado de forma instintiva , la sostuvo fuertemente por la cintura llevándosela consigo, y  con cuidado exquisito para no separarse, la comunión perfecta cerrada en torno a un abrazo inmenso continuó. Sin nada que decirse diciéndose todo. Sin prisa alguna , sin el marcar de un tiempo que se había paralizado por completo .
Una comunión perfecta culminada en un éxtasis  tan placentero como casi doloroso. Dolor  reflejado en sus rostros , los cuáles jamás habían perdido de vista . Cuerpos, que pese a la sobreexcitación y al cansancio , decidieron permanecer  en esa especie de unión perfecta consagrada por ambos ,  sintiendo la humedad del otro, el calor emanado y la respiración agitada del amante devoto que simplemente retomaba lo un día, de forma inesperada y abrupta fue interrumpido.
El mejor broche, el más deseado y tierno broche a un Fin de Año diferente e inolvidable. 

Las luces del alba comenzaban a despuntar. Los primeros rayos de sol se adentraban como bandidos inesperados por los ventanales. Sus tonos amarillentos se iban apoderando de todo, tiñendo los parajes en los que se depositaban.
Una habitación, dos cuerpos desnudos abrazados. Ella con su cabeza apoyada en el pecho de él. Él con la suya sobre la de ella y una de sus manos en su pelo.

Aquellos primeros y tímidos trazos amarillos, se atrevieron a dibujar  la paz que se respiraba en aquella foto fija de aquel encuentro. Tímidos trazos amarillos,  que iban dibujando cada pliegue de piel poseído por la sumisión y la entrega más absolutamente descarnada  durante el transcurso de  la noche anterior. Trazos amarillos que se hacían con la que era una piel con sello propio y ajeno. Trazos que iluminaban contornos,  cuya humedad había dejado paso a la transpiración tranquila,  y a la huella que el frío de la mañana conformaba  en forma de vello erizado .

Primeros y tímidos trazos amarillos,  que  aportaban tímidamente  su calor , a lo que suponía una foto fija de un nuevo comienzo.  
Ahora,  tocaba descansar.
Mañana sería otro día.
Mañana………………..

Ana Patricia Cruz  López
Todos los derechos reservados



1 comentario:

  1. ANA PATRICIA CRUZ LOPEZ. . .tengo 5 min tratando de describir lo que esta lectura me ha dejado, aun trato de ordenar las ideas y sobre todo de encontrar las palabras adecuadas para expresarte mi exitacion, me encanto fue un orgasmo esta lectura, sinceramente no esperaba menos de esta historia y al igual que los personajes los cuales seguido desde el inicio pude sentir cada paso dado por eso labios de Steve y esas emociones de Sarah, Patri a tus pies. Atte Tu Fan #1 ( eso digo yo )

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