LA LLAMADA DE LA SANGRE
CAPITULO NOVENO
(SEGUNDA PARTE)
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| Créditos a quién corresponda |
Paralizada en el vestíbulo, trataba de escuchar si por encima del silencio reinante , algún
sonido pudiera provenir de alguna parte, sin embargo , ni el viento reinante en
el exterior , se atrevía a entrar.
Respirando profundamente , se armó de valor siendo consciente de que
se encontraba completamente sola , y que como antaño, no había nada alrededor a
lo que poder aferrarse para solicitar ayuda en un momento concreto.
Con su mano en aquella baranda de pesada y labrada madera, comenzó a
subir al siguiente piso , con la misma sensación viva de sentirse observada por
los tenebrosos retratos que , como un
ejército de ánimas pulcramente reseñadas a través de los pinceles, flaqueaban
ambos lados de la escalinata de vieja madera , que pese a los años y a la no
habitabilidad de la estancia , se resistían a mostrar su edad y a crujir.
Una vez llegado al último escalón, vio su puerta, acercándose a ella,
giró el pomo con mucho cuidado. Con la oscuridad reinante en el dormitorio,
apenas un pequeño rayo de luz colado entre las contraventanas , permitía ver lo
suficiente para no tropezarse con nada, pero necesitó acercarse al ventanal y
abrirlo por completo, para , al darse la vuelta , volver a observar con los
mismos ojos de entonces aquel cuarto.
Todo permanecía tal y como lo recordaba. La misma distribución y
enseres . Al ver su cama, la imagen viva de Aengus curándole el cuello con
aquella delicadeza extraña en él, la
sobrecogió, y sin poder evitarlo, aquel
día, como entonces, volvió a tomar
asiento en el mismo lugar. Cerró los ojos convencida que, de repetir aquella
imagen, volvería a gozar de la sensación maravillosa que , venida después de
aquel doloroso momento, pudo percibir. Y aunque su mente jugó una baza extraña
trayéndosela de nuevo , sin embargo, no fue capaz de sentir nada.
Una inquietante mirada por encima de su hombro, hacia su armario, hizo
que se levantase y se acercara al mismo, abriéndolo. Vacío ahora, su mente le
trajo la imagen de su ropa colgada, de las cajas en el altillo, y el hueco
dónde escondía su libro.
Retroceder en el tiempo conforme se observa cada centímetro de aquel
habitáculo, resultaba escalofriante. Las señales en la piel , con cada roce recibido durante aquellas pesadillas
que aturdían su sueño desvelándola entre sudor y ahogo, parecían rebrotar , o
al menos así lo sentía ella cuando algo le hacía mirarse los brazos .
Aquella sensación, como si una mano ambiciosa e invisible apretase su cuello cada vez con más fuerza,
la hizo salir prácticamente huyendo de allí. De pronto, el oxígeno parecía haber desaparecido pese a encontrarse la ventana abierta, y sólo
pudo volver a sentirse liberada cuando
anduvo fuera de allí.
Una última mirada al interior desde donde se encontraba , y comenzó a
retornar hacia el vestíbulo. Apenas recién llegada al punto de partida, tras
observarlo todo de nuevo, se acercó hasta la escurridiza escalinata de piedra
que antaño la llevaba al laboratorio.
Los pequeños huecos en la piedra, permitían que la escasa luz iluminase
lo justo para poder subir extremando las precauciones . Cualquier pequeño mal
paso en los bordes redondeados de los escalones, podría terminar con su
cuerpo maltrecho al final de la angosta
escalera.
A la altura del único entrante
habido en la misma , recordó la señal en la piedra y no pudo evitar mirarla de
nuevo, pero lejos de tocarla, como una tentación irresistible e incontrolable
que la recorría por dentro, decidió continuar su camino hasta que la gran y pesada puerta de madera ,
presentada ante sus ojos , la detuvo.
De píe , retenida, cerró por un instante sus ojos tratando de realizar
de nuevo , mentalmente, el recorrido visual de cómo la recordaba , ante el
temor de que pudiera haberse cambiado o de que ya no hubiera nada . Incluso
acordándose de que la puerta permanecía cerrada bajo una única llave cuyo
portador había desaparecido, ni siquiera sabía a ciencia cierta , si podría
abrirla y volver a estar en su interior.
Tras observar su cerradura, probó suerte y abrió. A diferencia del
resto de estancias, ésta, poseía toda la luz que no llegaba a las demás, y por
un segundo, desde el mismo punto dónde la primera vez se detuvo a esperar que
Aengus le otorgara el permiso para acceder, volvió a cerrar sus ojos para a
escuchar su voz.
Una voz profunda , seria , y que enfatizaba un carácter no real del
todo , capaz de expresar la mayor de las impotencias acompañada del más liviano
de los gestos.
Y el más difícil de los pasos,
el primero, fue dado, y la retornó a antaño. Como si el tiempo no hubiera
pasado , como si los años y las circunstancias
se hubieran detenido en aquel día, la gran mesa central se conservaba
tal y como la recordaba, con los mismos tubos y vasos de ensayo, ahora
cubiertos por una gruesa capa de polvo, y decoradas con finas telarañas que parecían
apostadas por mano humana , otorgándoles una belleza especial.
Y a su espalda, las estanterías. Los prohibidos muebles cuyos tarros de cerámica pintada con motivos
bucólicos , se mantenían intactos tras los cristales de las puertas.
Un aire limpio , sin el éxtasis
de la oscuridad que lo regentaba en sus mejores tiempos, impregnando cada
madera de su suelo y de sus paredes añejas, cada sonido emitido por cada paso
suyo , cada imagen que , como una
sucesión de fotografías vivas, podía
continuarse disfrutando por entero a través de cada una de las ventanas.
Y los recuerdos volvían, y las sensaciones con ellos. Las mismas sensaciones de aquellos
roces de dedos entrelazados , de miradas imponentes y deseo constreñido, por el reconocimiento implícito de lo que se
ama de verás y se sabe que nunca podrá
ser tuyo, de provocaciones innatas buscando una reacción que nunca se encuentra,
como forma de alejarlo de ti.
Y en mitad de aquel instante en dónde todo , más que llevarla a ese
tiempo atrás, parecía traerlo consigo , un sonido lejano de tormenta la puso en
sobreaviso de que el tiempo, impredecible como siempre en esta zona, amenazaba
seriamente , y que la misma, no tardaría en desplegar toda su fuerza.
Truenos feroces con estallido
intenso demostrando su verdadera valía sobre la tierra , reclamando con su
carácter , lo que de por sí , siempre le ha pertenecido. Un mar embravecido de
forma continua ,cuyas olas crecientes son empujadas por un inesperado y helado viento del Norte que lo abarca y humedece todo . Una oscuridad
, que como una plaga, se extiende de
forma vertiginosa desde el centro de las montañas , tiñendo de gris oscuro ,
casi negro, un cielo que ese día, se negaba a mostrar algo de paz al visitante.
Viendo que apenas quedaría tiempo para que la inestabilidad se le
viniera encima , salió de allí sin pensárselo dos veces, con la
única intención, de poder llegar al pueblo más cercano y encontrar un hostal o
casa que le diera cobijo por esa noche.
Temerosa de que el agua embarrase la carretera convirtiéndola en un
peligro , no miró hacia detrás ,
simplemente se limitó a correr hacia el
coche atrayendo la puerta hacia ella al salir.
Un último estruendo atronador , prácticamente encima suya , dio paso a
una abundante lluvia que la empapó por completo antes de llegar al vehículo.
Tras abrir con el mando y lograr entrar , en medio de su intento por calmarse y con el frío calando hasta los huesos, dio la
vuelta a la llave en el contacto sin que sucediese nada. Un segundo intento ,
tendría el mismo penoso resultado.
Sin explicación aparente, miró a través del cristal y el agua, como si fuese una manta , vino
acompañada de una niebla muy espesa que dificultaba la visión de todo a pocos
metros. Tratando de averiguar qué es lo que
sucedía , salió de él y abrió el capó , y aparentemente , no habían
razones que determinasen un fallo, pero lo cierto es, que no habría
de conseguir salir de allí con él, al menos en ese momento.
Volviendo al interior , buscó en su bolso el teléfono móvil para intentar buscar ayuda
, pero nada más ver la pantalla , la cobertura brillaba por su ausencia.
Con las horas avanzando más
deprisa de lo que sería deseable, la oscuridad, por su paso , sumada a la propia del temporal,
y consciente de que no podría ni pedir ayuda ni quedarse a pasar la noche en el
vehículo ya que la temperatura bajaba de
forma bastante acuciante, sólo le restó echar un nuevo vistazo a través del
parabrisas a la imagen casi escondida y difuminada del hospital , ahora
cubierto por la espesa niebla , que sólo permitía reconocerlo por las torretas
.
Cogiendo su maleta , volvió sobre sus pasos de nuevo al edificio , y
pensando nuevamente que , al salir esta vez sí había cerrado la puerta, su
sorpresa fue mayúscula al darse cuenta
de que , como una señal del mismo destino que la había traído de vuelta tantos
años después, ésta se encontraba entre abierta , y la delgada línea de imagen
del interior , parecía reclamarla extendiendo sus brazos invisibles de su
propia historia.
Retrocediendo por un momento la cabeza, respiró hondo y trató de
olvidar , aunque le fuera difícil , la última noche habida entre estas paredes.
Quedarse a pernoctar, no era algo que
hubiese deseado, independientemente de si las historias de los lugareños eran
ciertas o no.
Viendo que la noche se avecinaba más tempranera que nunca y que la climatología no parecía
amainar, empujó por segunda vez la gran
puerta de acceso y tras entrar, se aseguró de cerrarla.
Por extraño que pareciese, mientras trataba de eludir lo que en su
mente sonaba martilleante , que aquello no era buena idea, las sensaciones
percibidas ahora en la casa resultaron diferentes. Quizás el miedo inicial
hubiera desaparecido , puesto que, aún no habiendo recorrido la casa de
nuevo por entero, las primeras
apreciaciones no le daban a entender nada que no hubiera creído, que la casa seguía solitaria ,aunque por
su apariencia , pareciera que en ocasiones alguien entrase para , simplemente,
mantenerla.
Habiendo dejado la maleta en su antiguo dormitorio, algo en su
interior la hizo ir hasta la zona que ocupaba el antiguo hospital. Atravesando
el comedor de desayunos , se encontró con la gruesa puerta de seguridad que la
separaba del ala hospitalaria, con su llave de hierro colocada en la cerradura. Una media vuelta
bastaba para tener el acceso libre, pero a diferencia de otras , hubo que
empujarla con considerable fuerza.
Largos pasillos de lo que creía recordar su blanco impoluto, perdido por el tiempo y el desuso, puertas
idénticas de seguridad con su pequeño ventanuco en la parte alta, sensación
de soledad en los pasillos bajo la tensa banda sonora del silencio absoluto. Apenas
algún ápice de luz a través de las dependencias exteriores , tendentes a jugar
con las sombras caprichosas generadas por los agujeros de las paredes o los
muebles que aún parecían permanecer intactos, como los que guardaban a buen
recaudo los medicamentos que debían despacharse en aquel entonces.
Un mostrador a mitad de pasillo que, como la primera vez que lo vio, no tenía a nadie detrás que le diese la función
para la que fue ubicado allí.
Largo pasillo, dónde al igual
que en sus mejores tiempos, las voces de quiénes trabajan en esa parte , apenas
eran escuchadas, dónde los pacientes
ingresados tampoco se conocían precisamente
por mostrarse escandalosos , y sin necesidad alguna de sedación especial, sólo
los medicamentos que tan cuidadosamente el doctor preparaba durante todos y cada uno
de los días , con el contenido de aquellas misteriosas cajas que se encargaba
de recoger en el puerto cada cierto tiempo, y de las que ella nunca tuvo constancia
de su verdadero contenido.
Y al final, dónde la oscuridad resultaba más patente , dónde apenas
llegaba la luz, la puerta del ascensor privado
con cuya llave se llegaba hasta el tercer piso , única vía directa hacia
su despacho.
Cuando se encontraba a punto de abrir su puerta , un ruido desde el otro lado del corredor hizo que
desistiese. Observando que la poca luz reinante comenzaba a desaparecer, prefirió
volver al punto de partida e intentar
localizar en alguno de los habitáculos la llave.
Encontrándose a mitad de pasillo, sintió algo que la hizo detenerse. Se
sentía observada de una forma en que ya lo había sido. Atrapada por la tentación
de girar su cabeza , mientras lo hacía lentamente, pensaba que no era posible, que no había nadie , que
toda la instalación estaba vacía, que acababa
de venir de allí.
La oscuridad, de un negro opaco , sin matices, se veía densa, temible.
Una oscuridad que parecía tener tanta vida como la misma niebla que iba
abarcando el exterior, y que como ella, tras un instante de quietud, empezó a
cobrar vida y a inundarlo todo desde las paredes hacia el centro , generando
una especie de túnel extraño . Y en ese acercamiento, aquello que sentía que la
observaba, cubierto por la negrura que lo inundaba todo, inició su camino
hacia su objetivo.
Petrificada, creyendo que todo aquello era producto de la influencia
mental de las historias contadas y los recuerdos , conforme aquello se acercaba
sin prisa pero sin pausa hacia ella, la sensación de incomodidad la inquietaba
, por su familiaridad por saber a
ciencia cierta que ya había pasado por
ello antes.
Y como en un muro invisible ,
la espesa negrura se detuvo justo a sus pies. Y la presencia que sentía viva ,
observante, se encontraba allí con ella, silenciosa pero inquietante. Tratando
una confirmación en principio imposible , alargó con cuidado uno de sus brazos
hacia aquella masa que parecía casi
respirar.
Había algo y ella lo sabía. Algo que la devoraba y aprisionaba, que
rodeaba su cuerpo sin moverse de su lugar,
sin tomar visibilidad. Un ente fuerte y
poderoso , que la reclamaba de la misma
forma peculiar que sólo ella podía reconocer pero que no podía explicar.
Una mano que se mantuvo extendida esperando una respuesta, un roce ,
algo que la confirmase que no estaba equivocada , ni que se trataba de
imaginaciones suyas fundadas en sugestión mental y que al mismo tiempo, la
ratificase en que aquello que creía no era posible.
Sin respuesta desde el otro lado, al retirarla , un aire frío
atrapante pareció abrazarla mientras sentía su piel siendo arañada . Sin aún ver nada, sintió esa presencia acercarse
a escasos centímetros de su cara, y algo penetrante , sumergirse en su
interior.
Sólo cuando la presión que sentía
la hubo soltado , comenzó a
correr rumbo a la salida . Una última mirada al otro lado de aquel pasillo, y
la imagen de que todo estaba como al principio lo hubo encontrado , pero con la
seguridad de que la presencia no se había marchado.
En el recorrido de vuelta , nada vio a su alrededor. Su mente se encontraba obcecada en la idea de
llegar a su antiguo dormitorio , y que como en aquellos días, éste fuese un
marco de protección hasta que amaneciese al día siguiente.
Sin embargo, nada, nisiquera aquellas cuatro paredes, le garantizaban
que la noche fuese tranquila o el descanso placentero. Y como entorno sin red
de protección, pese a intentar descansar algo en aquella vieja cama , con la
ropa puesta y tapada con su propio abrigo, el devenir de las horas, le depararía
algo diferente.
Durante la madrugada, la noche continuaba siendo cerrada y negra,
tanto, como espesas y amenazantes las nubes
que lo cubrían. El sonido atronador y el agua que dejaba pocos rastros de
visibilidad , no cesaron en ningún momento desde que comenzase, pero como si
una orden hubiese sido dada, todo se silenció de pronto y el agua fue deteniéndose. Y en mitad de aquel silencio sobrecogedor,
hasta las gotas , que antes montaban su propia melodía compositiva al romper contra los cristales, gozaron de su
naturalidad vertical con fin en el barro.
Un sueño profundo y distendido, resuelto de forma abrupta por un sobresalto
sudoroso e inquietante, tanto , como para no recordarlo en primera instancia.
Incómoda con la sensación de sudoración experimentada , comenzó a
tocarse encontrándose extrañamente seca por completo.
En mitad del silencio, un ligero sonido parecía adentrarse en la
habitación por la rendija que separaba la puerta del suelo. Un liviano eco casi
suspendido en el mismo aire que lo traía hasta ella , y que siendo casi
imperceptible al principio, fue cobrando sentido.
Compases lentos de una melodía que
parecía mezclar la fuerza de los compases entrantes con la intensidad de los
acordes pausados.
Acercándose a la puerta decidió
abrirla , y habiendo confirmado que la
aquel hermoso ruido nocturno parecía música, salió a píe de escalera
para tratar de averiguar de dónde provenía.
No hizo falta imponer demasiado esfuerzo, bastó reconocer que su
sonido correspondía al martilleo incesante y hermoso que sólo las teclas de un
piano podían emitir .
¿Un piano ? Pensó . Y conforme descendía por aquellos escalones, y el
sonido la imbuía sólo de la única forma
que lo hizo la primera vez que lo escuchó. Una pieza melancólica y que , tocada con todo el sentimiento
de que se podía ser capaz, comenzó a ser reconocible conforme más se acercaba a
la gran biblioteca.
Negándose a sí misma que lo que estaba sucediendo fuese real, creyendo
de verdad que allí no podía haber nadie , que la casa permanecía cerrada , creyó
encontrarse al borde la locura por lo que , desde que llegó a la misma, vivía ,
veía y sentía . Un sentimiento de impotencia , sabiéndose a sí misma más cuerda
que nadie , de que todo lo que sucedía no
era producto de su imaginación ni de sus sentidos sugestionados.
Una biblioteca , cuyas puertas permanecían entre abiertas con su
chimenea encendida . Una estancia , que una vez más, se convertía en el lugar más
acogedor de toda la construcción. Cuatro paredes , cuyo aire , a papel viejo y a madera antigua , sostenía
la esencia del paso del tiempo en su haber , y de las mil y una
historias que cada libro allí depositado , estaba dispuesto a contar .
Una sala , que como antaño, mantenía un secreto bien guardado detrás
de una de sus librerías. Una única vía , que llevaba de forma directa a él, al maravilloso
instrumento cuyo sonido , por entero reconocible y dolorosamente recordable,
impregnaba la antesala oculta y sus oídos del Beethoven más mágico, a través de su Sonata Claro de Luna (Piano Sonata No. 14), la cual se extendió en toda su amplitud nada más
abrir la puerta oculta .
Y mientras los últimos acordes
solemnes eran brindados , la puerta fue
dejando paso a una visión escalofriante . Una pequeña luz de candelabro sobre
el piano, capaz de iluminar de forma exclusiva sus teclas y a quién lo tocaba. Una
imagen angustiosamente real que se
negaba a creer. Un traje negro impoluto , elegante aunque no pareciera
antiguo, y un cabello negro como el azabache.
No. No quería creer que aquello
fuese real , pero aquella forma de tocar aquella pieza , precisamente ella en aquel lugar… Y el ser sentado frente a esa arma dolorosa que
rasgaba el interior con cada acorde, sabiendo de su presencia, sin embargo,
continúo tocando cada una de notas de
recuerdo infinito y encuentro , hasta que , tras la última, depósito las manos
en sus piernas , se levantó del asiento, y se dio la vuelta.
Sin poder pensar ,la impresión apenas la dejaba respirar mientras su
cuerpo no era capaz de responder. Apoyada en el marco interior de la puerta, y
con los nervios a flor de piel, sólo pudo cerrar sus ojos y rezar a los altísimos ,porque el guardián
del averno no hubiera decidido traerle de vuelta. Una imagen tan real como su
creencia en la pérdida de la razón y en el bordeamiento de la locura ahora sí ,
de forma definitiva.
Un aliento tibio, sentido tan
real como lo que creía haber visto , y una respiración que , sintiéndola en su cuello percibiendo su
olor le entrecortaba la suya, la convencían de que todo aquello era real, pero necesitaba una comprobación más,
pero ésta no podía partir de ella.
Bastó un profundo y serio “ Por fín
has vuelto a casa , Casey”, para que ella abriera sus ojos y se encontrara con los de él .
Kael (Aengus) había vuelto.
Ana Patricia Cruz López
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