miércoles, 3 de febrero de 2016

LA LLAMADA DE LA SANGRE (Secuela de ELECCIÓN) . CPÍTULO NOVENO. SEGUNDA PARTE ( Registrado en SAFE CREATIVE , OCTUBRE 2015)

LA LLAMADA DE LA SANGRE
CAPITULO NOVENO
(SEGUNDA PARTE)
Créditos a quién corresponda

Paralizada en el vestíbulo, trataba de escuchar  si por encima del silencio reinante , algún sonido pudiera provenir de alguna parte, sin embargo , ni el viento reinante en el exterior , se atrevía a entrar.

Respirando profundamente , se armó de valor siendo consciente de que se encontraba completamente sola , y que como antaño, no había nada alrededor a lo que poder aferrarse para solicitar ayuda en un momento concreto.

Con su mano en aquella baranda de pesada y labrada madera, comenzó a subir al siguiente piso , con la misma sensación viva de sentirse observada por los  tenebrosos retratos que , como un ejército de ánimas pulcramente reseñadas a través de los pinceles, flaqueaban ambos lados de la escalinata de vieja madera , que pese a los años y a la no habitabilidad de la estancia , se resistían a mostrar su edad y a crujir.

Una vez llegado al último escalón, vio su puerta, acercándose a ella, giró el pomo con mucho cuidado. Con la oscuridad reinante en el dormitorio, apenas un pequeño rayo de luz colado entre las contraventanas , permitía ver lo suficiente para no tropezarse con nada, pero necesitó acercarse al ventanal y abrirlo por completo, para , al darse la vuelta , volver a observar con los mismos ojos de entonces aquel cuarto.

Todo permanecía tal y como lo recordaba. La misma distribución y enseres . Al ver su cama, la imagen viva de Aengus curándole el cuello con aquella delicadeza extraña en él,   la sobrecogió, y sin poder evitarlo,  aquel día, como entonces,  volvió a tomar asiento en el mismo lugar. Cerró los ojos convencida que, de repetir aquella imagen, volvería a gozar de la sensación maravillosa que , venida después de aquel doloroso momento, pudo percibir. Y aunque su mente jugó una baza extraña trayéndosela de nuevo , sin embargo, no fue capaz de sentir nada.


Una inquietante mirada por encima de su hombro, hacia su armario, hizo que se levantase y se acercara al mismo, abriéndolo. Vacío ahora, su mente le trajo la imagen de su ropa colgada, de las cajas en el altillo, y el hueco dónde escondía su libro.

Retroceder en el tiempo conforme se observa cada centímetro de aquel habitáculo,  resultaba  escalofriante. Las señales en la piel ,  con cada roce recibido durante aquellas pesadillas que aturdían su sueño desvelándola entre sudor y ahogo, parecían rebrotar , o al menos así lo sentía ella cuando algo le hacía mirarse los brazos .

Aquella sensación, como si una mano ambiciosa e invisible  apretase su cuello cada vez con más fuerza, la hizo salir prácticamente huyendo de allí. De pronto,  el oxígeno parecía haber desaparecido  pese a encontrarse la ventana abierta, y sólo pudo  volver a sentirse liberada cuando anduvo fuera de allí.

Una última mirada al interior desde donde se encontraba , y comenzó a retornar hacia el vestíbulo. Apenas recién llegada al punto de partida, tras observarlo todo de nuevo, se acercó hasta la escurridiza escalinata de piedra que antaño la llevaba al laboratorio.
Los pequeños huecos en la piedra, permitían que la escasa luz iluminase lo justo para poder subir extremando las precauciones . Cualquier pequeño mal paso en los bordes redondeados de los escalones, podría terminar con su cuerpo  maltrecho al final de la angosta escalera.

A la altura del  único entrante habido en la misma , recordó la señal en la piedra y no pudo evitar mirarla de nuevo, pero lejos de tocarla, como una tentación irresistible e incontrolable que la recorría por dentro, decidió continuar su camino  hasta que la gran y pesada puerta de madera , presentada ante sus ojos ,  la detuvo.
De píe , retenida, cerró por un instante sus ojos tratando de realizar de nuevo , mentalmente, el recorrido visual de cómo la recordaba , ante el temor de que pudiera haberse cambiado o de que ya no hubiera nada . Incluso acordándose de que la puerta permanecía cerrada bajo una única llave cuyo portador había desaparecido, ni siquiera sabía a ciencia cierta , si podría abrirla y volver a estar en su interior.

Tras observar su cerradura, probó suerte y abrió. A diferencia del resto de estancias, ésta, poseía toda la luz que no llegaba a las demás, y por un segundo, desde el mismo punto dónde la primera vez se detuvo a esperar que Aengus le otorgara el permiso para acceder, volvió a cerrar sus ojos  para  a escuchar su voz. 
Una voz profunda , seria , y que enfatizaba un carácter no real del todo , capaz de expresar la mayor de las impotencias acompañada del más liviano de los gestos.

Y el  más difícil de los pasos, el primero, fue dado, y la retornó a antaño. Como si el tiempo no hubiera pasado , como si los años y las circunstancias  se hubieran detenido en aquel día, la gran mesa central se conservaba tal y como la recordaba, con los mismos tubos y vasos de ensayo, ahora cubiertos por una gruesa capa de polvo,  y decoradas con finas telarañas que parecían apostadas por mano humana , otorgándoles una belleza especial.
Y a su espalda, las estanterías. Los prohibidos muebles  cuyos tarros de cerámica pintada con motivos bucólicos , se mantenían intactos tras los cristales de las puertas.

Un aire  limpio , sin el éxtasis de la oscuridad que lo regentaba en sus mejores tiempos, impregnando cada madera de su suelo y de sus paredes añejas, cada sonido emitido por cada paso suyo , cada imagen  que , como una sucesión de fotografías vivas,  podía continuarse disfrutando por entero a través de cada una de las ventanas.
Y los recuerdos volvían, y las sensaciones  con ellos. Las mismas sensaciones de aquellos roces de dedos entrelazados , de miradas imponentes y deseo constreñido,  por el reconocimiento implícito de lo que se ama de verás  y se sabe que nunca podrá ser tuyo, de provocaciones innatas buscando una reacción que nunca se encuentra,  como forma de alejarlo de ti.
Y en mitad de aquel instante en dónde todo , más que llevarla a ese tiempo atrás, parecía traerlo consigo , un sonido lejano de tormenta la puso en sobreaviso de que el tiempo, impredecible como siempre en esta zona, amenazaba seriamente , y que la misma, no tardaría en desplegar toda su fuerza.

Truenos  feroces con estallido intenso demostrando su verdadera valía sobre la tierra , reclamando con su carácter , lo que de por sí , siempre le ha pertenecido. Un mar embravecido de forma continua ,cuyas olas crecientes son empujadas por un inesperado y  helado viento del Norte  que lo abarca y humedece todo . Una oscuridad , que como una plaga, se extiende  de forma vertiginosa desde el centro de las montañas , tiñendo de gris oscuro , casi negro, un cielo que ese día, se negaba a mostrar algo de paz al visitante.

Viendo que apenas quedaría tiempo para que la inestabilidad se le viniera encima , salió de allí sin pensárselo dos veces,   con la única intención, de poder llegar al pueblo más cercano y encontrar un hostal o casa que le diera cobijo por esa noche.  
Temerosa de que el agua embarrase la carretera convirtiéndola en un peligro ,  no miró hacia detrás , simplemente se limitó a correr  hacia el coche atrayendo la puerta hacia ella al salir.

Un último estruendo atronador , prácticamente encima suya , dio paso a una abundante lluvia que la empapó por completo antes de llegar al vehículo. Tras abrir con el mando y lograr entrar , en medio de su intento por calmarse  y con el frío calando hasta los huesos, dio la vuelta a la llave en el contacto sin que sucediese nada. Un segundo intento , tendría el mismo penoso resultado.
Sin explicación aparente, miró a través del cristal y  el agua, como si fuese una manta , vino acompañada de una niebla muy espesa que dificultaba la visión de todo a pocos metros. Tratando de averiguar qué es lo que  sucedía , salió de él y abrió el capó , y aparentemente , no habían razones que determinasen un fallo, pero lo cierto es,  que no habría  de conseguir salir de allí con él, al menos en ese momento.

Volviendo al interior , buscó en su bolso  el teléfono móvil para intentar buscar ayuda , pero nada más ver la pantalla , la cobertura brillaba por su ausencia.

Con las horas  avanzando más deprisa de lo que sería deseable, la oscuridad,  por su paso , sumada a la propia del temporal, y consciente de que no podría ni pedir ayuda ni quedarse a pasar la noche en el vehículo  ya que la temperatura bajaba de forma bastante acuciante, sólo le restó echar un nuevo vistazo a través del parabrisas a la imagen casi escondida y difuminada del hospital , ahora cubierto por la espesa niebla , que sólo permitía reconocerlo por las torretas .

Cogiendo su maleta , volvió sobre sus pasos de nuevo al edificio , y pensando nuevamente que , al salir esta vez sí había cerrado la puerta, su sorpresa fue mayúscula  al darse cuenta de que , como una señal del mismo destino que la había traído de vuelta tantos años después, ésta se encontraba entre abierta , y la delgada línea de imagen del interior , parecía reclamarla extendiendo sus brazos invisibles de su propia historia.

Retrocediendo por un momento la cabeza, respiró hondo y trató de olvidar , aunque le fuera difícil , la última noche habida entre estas paredes. Quedarse a pernoctar,  no era algo que hubiese deseado, independientemente de si las historias de los lugareños eran ciertas o no.

Viendo que la noche se avecinaba más tempranera que nunca  y que la climatología no parecía amainar,  empujó por segunda vez la gran puerta de acceso y tras entrar, se aseguró de cerrarla.

Por extraño que pareciese, mientras trataba de eludir lo que en su mente sonaba martilleante , que aquello no era buena idea, las sensaciones percibidas ahora en la casa resultaron diferentes. Quizás el miedo inicial hubiera desaparecido , puesto que, aún no habiendo recorrido la casa de nuevo  por entero, las primeras apreciaciones no le daban a entender nada que no hubiera  creído, que la casa seguía solitaria ,aunque por su apariencia , pareciera que en ocasiones  alguien entrase para , simplemente, mantenerla.

Habiendo dejado la maleta en su antiguo dormitorio, algo en su interior la hizo ir hasta la zona que ocupaba el antiguo hospital. Atravesando el comedor de desayunos , se encontró con la gruesa puerta de seguridad que la separaba del ala hospitalaria, con su llave de hierro  colocada en la cerradura. Una media vuelta bastaba para tener el acceso libre, pero a diferencia de otras , hubo que empujarla con considerable fuerza.

Largos pasillos de lo que creía recordar su blanco  impoluto, perdido por el tiempo y el desuso, puertas idénticas de seguridad con su pequeño ventanuco en la parte alta,   sensación de soledad en los pasillos bajo la tensa banda sonora del silencio absoluto. Apenas algún ápice de luz a través de las dependencias exteriores , tendentes a jugar con las sombras caprichosas generadas por los agujeros de las paredes o los muebles que aún parecían permanecer intactos, como los que guardaban a buen recaudo los medicamentos que debían despacharse en aquel entonces.
Un mostrador a mitad de pasillo que, como la primera vez que lo vio,  no tenía a nadie detrás que le diese la función para la que fue ubicado allí.

Largo pasillo,  dónde al igual que en sus mejores tiempos, las voces de quiénes trabajan en esa parte , apenas eran escuchadas, dónde los pacientes  ingresados  tampoco se conocían precisamente por mostrarse escandalosos , y sin necesidad alguna de sedación especial, sólo los medicamentos que tan cuidadosamente  el doctor preparaba durante todos y cada uno de los días , con el contenido de aquellas misteriosas cajas que se encargaba de recoger en el puerto cada cierto tiempo, y de las que ella nunca tuvo constancia de su verdadero contenido.

Y al final, dónde la oscuridad resultaba más patente , dónde apenas llegaba la luz, la puerta del ascensor privado  con cuya llave se llegaba hasta el tercer piso , única vía directa hacia su despacho.
Cuando se encontraba a punto de abrir su puerta , un ruido  desde el otro lado del corredor hizo que desistiese. Observando que la poca luz reinante comenzaba a desaparecer, prefirió volver al punto de partida  e intentar localizar en alguno de los habitáculos la llave.  

Encontrándose a mitad de pasillo, sintió algo que la hizo detenerse. Se sentía observada de una forma en que ya lo había sido. Atrapada por la tentación de girar su cabeza , mientras lo hacía lentamente, pensaba  que no era posible, que no había nadie , que toda la instalación estaba  vacía, que acababa de venir de allí.

La oscuridad, de un negro opaco , sin matices, se veía densa, temible. Una oscuridad que parecía tener tanta vida como la misma niebla que iba abarcando el exterior, y que como ella, tras un instante de quietud, empezó a cobrar vida y a inundarlo todo desde las paredes hacia el centro , generando una especie de túnel extraño . Y en ese acercamiento, aquello que sentía que la observaba, cubierto por la negrura que lo inundaba todo, inició su camino hacia  su objetivo.

Petrificada, creyendo que todo aquello era producto de la influencia mental de las historias contadas y los recuerdos , conforme aquello se acercaba sin prisa pero sin pausa hacia ella, la sensación de incomodidad la inquietaba , por su familiaridad  por saber a ciencia cierta que ya  había pasado por ello antes.
Y como en  un muro invisible , la espesa negrura se detuvo justo a sus pies. Y la presencia que sentía viva , observante, se encontraba allí con ella, silenciosa pero inquietante. Tratando una confirmación en principio imposible , alargó con cuidado uno de sus brazos hacia aquella masa que parecía  casi respirar.
Había algo y ella lo sabía. Algo que la devoraba y aprisionaba, que rodeaba su cuerpo sin moverse  de su lugar, sin  tomar visibilidad. Un ente fuerte y poderoso , que la reclamaba  de la misma forma peculiar que sólo ella podía reconocer pero que no podía explicar.

Una mano que se mantuvo extendida esperando una respuesta, un roce , algo que la confirmase que no estaba equivocada , ni que se trataba de imaginaciones suyas fundadas en sugestión mental y que al mismo tiempo, la ratificase en que aquello que creía no era posible.

Sin respuesta desde el otro lado, al retirarla , un aire frío atrapante pareció abrazarla mientras sentía su piel siendo arañada . Sin  aún ver nada, sintió esa presencia acercarse a escasos centímetros de su cara, y algo penetrante , sumergirse en su interior.

Sólo cuando la presión que sentía  la hubo soltado ,  comenzó a correr rumbo a la salida . Una última mirada al otro lado de aquel pasillo, y la imagen de que todo estaba como al principio lo hubo encontrado , pero con la seguridad de que la presencia no se había marchado.

En el recorrido de vuelta , nada vio a su alrededor. Su  mente se encontraba obcecada en la idea de llegar a su antiguo dormitorio , y que como en aquellos días, éste fuese un marco de protección hasta que amaneciese al día siguiente.
Sin embargo, nada, nisiquera aquellas cuatro paredes, le garantizaban que la noche fuese tranquila o el descanso placentero. Y como entorno sin red de protección, pese a intentar descansar algo en aquella vieja cama , con la ropa puesta y tapada con su propio abrigo, el devenir de las horas, le depararía algo diferente.

Durante la madrugada, la noche continuaba siendo cerrada y negra, tanto,  como espesas y amenazantes las nubes que lo cubrían. El sonido atronador y el agua que dejaba pocos rastros de visibilidad , no cesaron en ningún momento desde que comenzase, pero como si una orden hubiese sido dada, todo se silenció de pronto  y el agua fue deteniéndose.  Y en mitad de aquel silencio sobrecogedor, hasta las gotas , que antes montaban su propia melodía compositiva al  romper contra los cristales, gozaron de su naturalidad vertical con fin en el barro.

Un sueño profundo y distendido,  resuelto de forma abrupta por un sobresalto sudoroso e inquietante, tanto , como para no recordarlo en primera instancia.
Incómoda con la sensación de sudoración experimentada , comenzó a tocarse encontrándose extrañamente seca por completo.

En mitad del silencio, un ligero sonido parecía adentrarse en la habitación por la rendija que separaba la puerta del suelo. Un liviano eco casi suspendido en el mismo aire que lo traía hasta ella , y que siendo casi imperceptible al principio, fue cobrando sentido.
Compases lentos de una melodía  que parecía mezclar la fuerza de los compases entrantes con la intensidad de los acordes pausados.

Acercándose a la puerta  decidió abrirla , y habiendo confirmado que la  aquel hermoso ruido nocturno parecía música, salió a píe de escalera para tratar de averiguar de dónde provenía.
No hizo falta imponer demasiado esfuerzo, bastó reconocer que su sonido correspondía al martilleo incesante y hermoso que sólo las teclas de un piano podían emitir .
¿Un piano ? Pensó . Y conforme descendía por aquellos escalones, y el sonido la imbuía sólo de la  única forma que lo hizo la primera vez que lo escuchó. Una pieza  melancólica y que , tocada con todo el sentimiento de que se podía ser capaz, comenzó a ser reconocible conforme más se acercaba a la gran biblioteca.

Negándose a sí misma que lo que estaba sucediendo fuese real, creyendo de verdad que allí no podía haber nadie , que la casa permanecía cerrada , creyó encontrarse al borde la locura por lo que , desde que llegó a la misma, vivía , veía y sentía . Un sentimiento de impotencia , sabiéndose a sí misma más cuerda que nadie , de que todo lo que  sucedía no era producto de su imaginación ni de sus sentidos sugestionados.
Una biblioteca , cuyas puertas permanecían entre abiertas con su chimenea encendida . Una estancia , que una vez más, se convertía en el lugar más acogedor de toda la construcción. Cuatro paredes , cuyo aire  , a papel viejo y a madera antigua ,  sostenía  la esencia del paso del tiempo en su haber , y de las mil y una historias que cada libro allí depositado , estaba dispuesto a contar .

Una sala , que como antaño, mantenía un secreto bien guardado detrás de una de sus librerías. Una única vía , que llevaba  de forma directa a él, al maravilloso instrumento cuyo sonido , por entero reconocible y dolorosamente recordable, impregnaba la antesala oculta y sus oídos del Beethoven  más mágico, a través de su  Sonata Claro de Luna  (Piano Sonata No. 14), la cual  se extendió en toda su amplitud nada más abrir la puerta oculta  .
Y mientras  los últimos acordes solemnes  eran brindados , la puerta fue dejando paso a una visión escalofriante . Una pequeña luz de candelabro sobre el piano, capaz de iluminar de forma exclusiva sus teclas y a quién lo tocaba. Una imagen angustiosamente real que se  negaba a creer. Un traje negro impoluto , elegante aunque no pareciera antiguo, y un cabello negro como el azabache.

No. No quería creer que aquello  fuese real , pero aquella forma de tocar aquella pieza ,  precisamente ella  en aquel lugar… Y el  ser sentado frente a esa arma dolorosa que rasgaba el interior con cada acorde, sabiendo de su presencia, sin embargo, continúo tocando  cada una de notas de recuerdo infinito y encuentro , hasta que , tras la última, depósito las manos en sus piernas , se levantó del asiento, y se dio la vuelta.

Sin poder pensar ,la impresión apenas la dejaba respirar mientras su cuerpo no era capaz de responder. Apoyada en el marco interior de la puerta, y con los nervios a flor de piel, sólo pudo cerrar sus ojos  y rezar a los altísimos ,porque el guardián del averno no hubiera decidido traerle de vuelta. Una imagen tan real como su creencia en la pérdida de la razón y en el bordeamiento de la locura ahora sí , de forma definitiva.

Un aliento tibio, sentido  tan real como lo que creía haber visto , y una respiración que  , sintiéndola en su cuello percibiendo su olor le entrecortaba la suya, la convencían de que todo aquello  era real, pero necesitaba una comprobación más, pero ésta no podía partir de ella.

Bastó un profundo y serio  “ Por fín has vuelto a casa , Casey”, para que ella abriera sus  ojos y se encontrara con los de él .

Kael (Aengus) había vuelto.

Ana Patricia Cruz López

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