cuando siento
que es tu tacto el que me dibuja.
Enternecida
como una niña pequeña ,
cuando es tu
calor el que abriga mi soledad.
Deseada ,
cuando son tus
ojos los que me desnudan a través de la ropa .
Y ni siquiera
hoy,
después de
todo,
sabré qué es
lo que siento.
Inestable,
como el agua
de lluvia que no sabe dónde recalará esta vez.
Fría,
tratando de
creer que nada de ésto ha pasado.
Embravecida
conmigo misma,
por sentir
ésto que siento.
Me siento más
mujer que nunca
en tus
pensamientos,
en cada gesto
que te veo hacer ,
mientras
sentado en aquel sillón,
jugueteabas
con los dedos en tus labios,
sintiendo que
aquella fina piel
era la mía.
Me siento más
tuya que de nadie,
cada vez que
decides elevar los ojos
de forma lenta
pero segura
fijando tu
objetivo eterno,
mientras una
extraña sensación de paz
recorre mis
sentidos,
y mis ojos no
dejan de observarte.
Sabes muy bien
qué quieres de mí,
y apenas
esfuerzo te cuesta conseguirlo.
Deletreo cada
sílaba que en silencio te escucho pronunciar,
y me dejo
llevar una y otra vez ,
sin
posibilidad ni ganas de que ésto se detenga.
Ánima con
cadenas,
eso es en lo
que me has convertido,
con una
penitencia tan sutil como deliciosa
que araña todo
por dentro ,
dejando su
senda descrita para la próxima vez.
Marcada de por
vida por un sentimiento imposible,
estallo en mil
pedazos cada vez que recurro a tu encuentro,
mientras mi
mente ,
jugando
prodigiosamente sus cartas,
te transmite
una y otra vez cómo lo quiero.
Sentimiento
perdido en los haces del tiempo,
el que me
recubre cada vez que me oigo gritar
cuánto te he
echado de menos.
Ausencia
bañada de inexistencia,
fantasía
recubierta de realidad,
mi deseo tiene
un nombre ,
mi sentimiento
, un rostro,
mi vida ...
una imagen
ilusoria
de esa
realidad que es tan mía
como el aire
que hincha mis pulmones ,
como lo que me
da vida cada mañana ,
como lo que me
da fuerzas para continuar ,
pese a no
tenerte,
y es que el
destino quiso,
como jugador
con cartas trucadas, como siempre,
que viviéramos
separados,
cada uno en su
mundo,
mientras el
castigo por ésto que siento,
es
sentirte como lo hago.
Merecido y
dulce castigo
por
sentimiento tan sincero.
Vida
esperanzada por encontrar el camino
con mis baldosas amarillas que me guíen hasta
ti.
Merecido y
dulce castigo voluntario,
por amar un
eterno imposible real .
TÚ.
Ana Patricia
Cruz López
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derechos reservados
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